Demas (#417)

Demas

A. W. Joyce

 

 

La historia de la humanidad es un estudio provechoso y las Sagradas Escrituras constituyen el mayor texto de historia que el mundo tiene. En ellas encontramos el origen del universo, la formación y caída de civilizaciones, la historia de pueblos y naciones y las experiencias personales de muchos hombres y mujeres. Algunos individuos abren sendas beneficiosas para los que siguen en sus pisadas pero otros brillan como faros de advertencia para que sepamos evitar las rocas que les llevaron al desastre.

Entre estos últimos está Demas. La Biblia narra su trayectoria muy escuetamente en tres etapas. Le encontramos (1) bien, (2) fallando y (3) ido.

 Demas en la corriente

  • Te saludan Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.
    Filemón versículo 24.

La primera mención de este hombre, cronológicamente, le presenta como consiervo del apóstol Pablo en los días difíciles de su encarcelamiento en Roma. Demas está visto entre excelentes compañeros: Pablo, Juan Marcos, Lucas y Aristarco. Acertadamente se dice en el mundo, “Dime con quién andas, y te diré quién eres”. Las Escrituras lo habían dicho antes: “El que anda con sabios, sabio será”, Proverbios 13.20.

Todo creyente debe escoger sus amistades con cuidado. Aun entre cristianos se hace importante buscar a los espirituales: aquellos que enfilan a uno hacia la Biblia y lo celestial, y no abajo y afuera a lo mundano. Sin embargo, andar en buena junta no basta; no es una garantía de prosperidad del alma si no está acompañado de comunión con Dios. Esto se insinúa en la próxima etapa de la vida de este hermano en Cristo.

Demas a la deriva

  • Os saluda Lucas el médico amado, y Demas. Colosenses 4.14

Cada palabra en el Santo Libro ha sido escogida por designio y no por casualidad. En Colosenses 4 encon-tramos a ocho hermanos asociados con Pablo y siete de ellos reciben algún voto de confianza. Demas está entre los ocho, pero de él nada se dice.

Tíquico, 4.7, es un amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor. Onésimo, versículo 9, es amado y fiel hermano. Aristarco es “mi compañero de prisiones”. A Juan Marcos se le recomienda y de él se escribe nota aparte. Justo, 4.10, es un consuelo también. Epafras se describe como fervoroso intercesor y creyente celoso. Lucas es “el médico amado”.
¿Y Demas? Nada.

Parece que Marcos, después de un problema en su vida años antes, ha ganado la confianza del anciano apóstol, pero que Demas, después de un tiempo de servicio en las cosas del Señor, está fallando.

 Demas naufragado

  • Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido.
    2 Timoteo 4.10.

Han transcurrido unos años,* y ahora llegamos al Capítulo III en el relato. Pablo, fiel y anciano guerrero de la cruz, yace en un calabozo romano en espera del martirio. Cristo llena su corazón; su fe y esperanza no admiten derrota pero él es muy humano y anhela el compañerismo de sus hermanos. Pide a Timoteo y Marcos que vengan porque, “sólo Lucas está conmigo”. Bajo estas circunstancias, ¡cuánto le dolió que Demas le haya dejado!

¿Cuál fue la causa? No fue un caso de haber sido vencido por la presión y persecución. Fue amor a “este mundo”. La expresión está en contraste con la del versículo 8 acerca de la corona que el Señor dará a “todos los que aman su venida”. Demas se ha marchado y nada más sabremos de él en la historia bíblica.

Seamos de los que demos todo nuestro tiempo a la obra del evangelio, seamos ancianos en las asambleas o creyentes maduros, o seamos nuevos en los caminos del Señor, tengamos todos el mismo cuidado, acaso el amor para Cristo en nuestro corazón sea desplazado por el amor al mundo.

El mundo luce atractivo y próspero. Los poderes de Satanás se hacen sentir, pero la venida del Señor se acerca. Que nunca sea dicho de nosotros que “él / ella se ha ido, amando a este mundo”.

 

* La opinión general es que la carta a Filemón en Colosas y la carta a la asamblea de los colosenses fueron escritas en el mismo año, y 2 Timoteo seis o siete años más tarde.


 

 

Héctor Alves

 

Demas es notable en el sentido que es un faro que advierte que el mar esconde escollos que pueden traer desastre a todos los que desean vivir para Dios hasta el final del viaje de la vida. Su biografía es muy corta, constando de tres menciones breves en las epístolas de Pablo con quien trabajó. Le colocamos la etiqueta de desertor, por cuanto faltó en fidelidad a un líder. Hay lecciones solemnes por aprender de éste cuyo nombre quiere decir popular, o del pueblo.

Le encontramos primeramente en Colosenses 4.14, donde su nombre figura de último en una lista de ocho hermanos. Algo se dice de cada uno excepto de él. En cuanto a los primeros dos, Tíquico y Onésimo, leemos que eran amados y fieles. Luego Aristarco, “mi compañero en prisiones”, y Marcos, “recibidle”. Sigue “Jesús llamado el Justo” y los que ayudaron en el reino de Dios. Después de éstos, se alude a Epafras como un siervo de Cristo; en séptimo lugar está Lucas, tildado aquí como médico amado. Al final, Demas  sin comentario.

¿Pablo no tenía ninguna palabra de recomendación para este hombre que menciona en Filemón versículo 24 como uno de sus colaboradores? Sin duda ambas cartas fueron escritas en la misma oportunidad. Hay que suponer que Demas estaba en buena condición espiritual cuando asumió el yugo junto con Pablo en servicio para el Señor, ya que sabemos que éste era cuidadoso en aceptar la colaboración de consiervos. En Hechos 15 no estaba dispuesto a contar con Juan Marcos debido al problema en un viaje anterior, pero escogió a Silas quien resultó ser compañero digno; es un ejemplo para los siervos del Señor hoy en día.

¿Por la falta de palabras de aprobación en Colosenses podemos sobrentender que Pablo discernía cierto deterioro o señales de alejamiento en Demas? De que la tal condición sea posible, sabemos muy bien. El enfriamiento espiritual no es cosa de la noche a la mañana, sino gradual.

Quizás fue dos años más tarde que Pablo hizo mención de él en su Segunda Epístola a Timoteo, hasta donde sabemos la última carta que escribió. Él figura allí con cinco más, y esta vez a la cabeza de la lista. El anciano Pablo dice a su hijo devoto. “Procura venir pronto a verme, porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica”,

Pablo está conmovido al escribir estas líneas. El cuerpo de la carta está redactado; su martirio se aproxima. Sus últimas palabras son comentarios personales y saludos. Nada se dice de pecado de parte de Demas, ni de que haya dejado de predicar; es sencillamente que se alejó, “amando este mundo”. No hay duda de que se marchó a causa de esto mismo.

No nos parece que “este mundo” se refiera a los placeres de, por ejemplo, el cine, el estadio de pelota o el cóctel de nuestra época. Demas fue arrastrado por el tenor de la sociedad de su época, la cosa de la cual ha debido ser liberado. Uno de los objetivos de la muerte de Cristo fue el de “librarnos del presente siglo malo”, Gálatas 1.4.

Si Demas no abandonó su lugar de servicio, es evidente que sí abandonó su lugar de separación. Sus afectos abrazaron el espíritu de los tiempos, y sus pies siguieron en pos. Tal vez los principios paulinos fueron demasiado rígidos para Demas; por alguna razón le faltó en este hermano la resolución de proseguir con el apóstol, especialmente en el reproche del encarcelamiento. No pocos auténticos siervos de Cristo han tropezado al optar por una senda menos exigente, sin renunciar la fe.

 

 

 

 

 

Vemos entonces que la última mención de este hombre no le coloca en la misma categoría que el amado Lucas, el útil Marcos, el fiel Tíquico, o la estimada pareja Aquila y Priscila, fieles hasta el final. Todos ellos se mencionan al final de la última carta, junto con Alejandro el dañino. En lo que a Demas se refiere, su breve biografía puede resumirse en tres palabras: devoción, declinación y deserción.

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