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674. El bufón y el bastón

#674

Cierto noble tenía un bufón en su corte, como era costumbre en los tiempos antiguos.

Una vez el bufón recibió de su señor, como premio por un dicho gracioso, un hermoso bastón de oro cincelado. Al dárselo el noble, le dijo: “Te regalo este bastón con el compromiso de regalarlo, a tu vez, a cualquiera persona que diga o haga un disparate mayor que el que tú acabas de decir”.

Pasaron los años. El noble se enfermó. Al saberlo, el bufón fue a visitarle. Entonces se entabló entre los dos el siguiente diálogo—

— Estoy muy mal, dijo el noble. De esta hecha me voy.

— ¿Y adónde va su excelencia?

— ¡Oh! Es un viaje muy largo …

— ¿Si? ¿Muy largo? ¿Y cuándo volverá su excelencia? ¿Dentro de un mes?

— ¡No! Ni dentro de un año. Me voy adonde no se vuelve nunca.

— ¡Caramba! ¿De veras? ¿Y qué provisiones ha hecho su excelencia para ese viaje?

— ¡Ay! Ninguna, hijo. ¡Ninguna!

— ¡Vaya! Pues, aquí tiene usted su bastón; ¡no puede haber disparate mayor que ese!

El bufón tenía razón, y seguramente usted, amigo lector, concordará en esto. Mayor disparate no puede imaginarse. Vivió el noble sin pensar seriamente en su alma. Seguro tenía riquezas, educación y amigos; pero llegó a su lecho de muerte, y de nada le valían estas cosas.

Es difícil creer que uno tal dejaría un asunto tan importante sin atenderlo hasta el último momento. Desgraciadamente, hay multitudes como el arriba mencionado.

Por más que el hombre haga, su vida pronto se acabará. Será llamado a cuentas. Oh amigo, ¿qué será ir sin estar preparado? ¿Puede el lector esperar la muerte con calma y confianza? Antes de que sea demasiado tarde, le ruego que atienda a la salvación de su alma.

La Biblia cuenta de un carcelero, quien, cuando despertado de su indiferencia, clamó: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Pablo le contestó: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”. (Hechos 16:31) ¡Qué sencillez! Nada de bautizarse, rezar o hacer. Nada de pagar o cosa semejante; sólo “cree en el Señor Jesucristo”.

A los que hablan de “Los Últimos Ritos”, advierto que la Palabra de Dios desconoce tal cosa. Los ritos no son sustitutos por la fe, y no es necesario agregarlos a ella. El Salvador dio su sangre en la cruz para que la salvación fuera nuestra por la fe, sólo por la fe.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. (Romanos 5:1) “Por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. (Efesios 2: 8,9)

¿Piensa usted salvarse algún día? ¿Por qué no hoy? Ocasión más oportuna no llegará. “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”. (Hebreos 4:7)

Si usted muere no arrepentido, y sin Cristo como su Salvador personal, tendrá que lamentar el haber despreciado tal oportunidad. Ojalá sirva la triste experiencia del noble, para hacerle resolver hoy mismo la importante cuestión de su salvación.