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601. Cómo usted puede ser salvo

#601

La salvación está al alcance de todo ser humano.

Sin duda alguna la salvación es la más importante de todas las iniciativas de Dios. La creación de este vasto inmensurable universo fue una obra mucho menor que la realización del plan divino para salvar a los pecadores.

La salvación de pecadores nunca se basa en que Dios meramente haga caso omiso, o cierre sus ojos como si fuera, al pecado. Dios salva al pecador sobre una base enteramente justa y conforme con su carácter santo. Se llama la gracia. Ella depende de Dios, de manera que el hombre no puede obrar por su salvación ni puede merecerla.

Sin embargo, la aceptación de la salvación que Dios ofrece es la cosa más sencilla que hay en la vida. Uno no tiene que ser rico, sabio o educado. La edad no es barrera ni lo es el color de la piel.

La recepción de los enormes beneficios de la redención divina se basa en las más sencillas de condiciones de manera que no hay persona alguna en el universo entero para quien la oferta no sea válida.

Es más: Es la cosa más necesaria de su vida.

¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? Hebreos 2:3. Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos, Hechos 17:30,31

El plan de salvación es sencillo.

Ser salvo no es un ejercicio intelectual ni un proceso mecánico. Con todo, sin darse cuenta o no, hay tres elementos.

  • Primero usted tiene que reconocer que es pecador.

No hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, Romanos 3:23. La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro, Romanos 6:23. El alma que pecare, esa morirá, Ezequiel 18:4. El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida, Juan 5:24.

  • Debe mirar al Señor Jesucristo como el único Salvador.

Lo hace por querer una justa relación con el Dios Todopoderoso, reconociendo que Él es perfecto y usted no.

Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; fue sepultado, y resucitó al tercer día, 1 Corintios 15:3. Llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados, 1 Pedro 2:24. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él [en Jesús] el pecado de todos nosotros, Isaías 53:6.

  • Tercero, en el ejercicio de su propia voluntad, recibe al Señor Jesucristo como su Salvador.

Cree que Él murió por usted, que vive y es lo que afirma ser para usted personalmente en una estrecha relación viva.

A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, Juan 1:12. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él, Juan 3:36. En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos, Hechos 4:12.

Los resultados de la salvación son grandes.

Las consecuencias son inexplicablemente maravillosas.

Sus pecados son quitados.

Vio Juan a Jesús que venía a Él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, Juan 1:29.

Posee de una vez la vida eterna y segura.

Este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida, 1 Juan 5:11,12.

Es hecho una nueva creación en Cristo.

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas, 2 Corintios 5:17.

El Espíritu Santo hace su morada en su vida.

Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros, 1 Corintios 6:19.

¡Y nunca será condenado!

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre, Juan 10:27 al 29.

Esta es de veras la mayor transacción de la vida. Es la meta de toda persona, es lo máximo de nuestra existencia.

Reconozca su obligación; acepte la oferta. Tome para sí mismo el plan de salvación que se señala arriba, de manera que nazca de nuevo y eternamente en la familia de Dios.