El canto le salvó

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Sandy era un pescador que vivía en la parte norteña de Escocia, donde la costa es muy rocosa y el mar muy bravo. Se levantan tempestades fuertes con recios vientos, y el frío penetra hasta el alma. Los pescadores que trabajan esas aguas tienen que ser valientes, y están acostumbrados a la vida dura y arriesgada.

Cuando Sandy salió un día en su bote junto con su hijo y otros pescadores, hacía buen tiempo, y aparentemente todo iba bien. Sin embargo, de repente se levantó una feroz tempestad de viento. Luego el bote se fue a pique entre las enormes olas, y toda la tripulación fue lanzada al agua.

Sandy divisó a su hijo a poca distancia e hizo todo esfuerzo por alcanzarle con un trozo de madera en el cual él se apoyaba, pero no pudo, y lo vio desaparecer debajo de las olas.

Por la fuerza de la tempestad, no pudo nadar, y luego se encontró completamente separado de sus compañeros que todavía estaban con vida. Cuanto tiempo pasó no supo ... el viento se calmó un poco, pero estaba oscuro y no podía ver la tierra.

Se daba cuenta que sus fuerzas se acababan. Estaba seguro que dentro de poco se ahogaría y estaría en la presencia del Salvador que amaba y había servido por años. Tenía buena voz, y con la poca fuerza que le quedaba, empezó a cantar:

¡Señor Jesús! Contar tu amor, será para siempre nuestro honor:
Unidos a almas que ya te alaban en gloria allá.

Resultó que él estaba mucho más cerca de la costa de lo que imaginaba, en una parte donde había una pequeña aldea. Algunos pescadores estaban en la playa, cuando para asombro suyo, sintieron el débil sonido de alguien que cantaba. El viento corría hacia la costa, y llevaba la voz de Sandy a través de las olas.

Estaba oscuro ... no veían nada, pero rápidamente lanzaron un bote al agua y siguiendo el sonido del canto, encontraron al náufrago. Llegaron a tiempo para rescatar a Sandy, y lo llevaron a una casa cercana.

El siguiente día todos los pescadores se congregaron en la casa del huésped de Sandy para conocer al hombre que había sido rescatado bajo circunstancias tan extrañas. Aunque todavía no se sentía muy recuperado, Sandy se levantó y entró en la sala de la casa que estaba completamente repleta de gente.

Les contó todo lo que había acontecido, y como su hijo se había ahogado, no obstante el esfuerzo que hizo el padre para salvarle. A continuación, sobreponiéndose a la angustia que embargaba su corazón, les predicó del Salvador. Nadie se movía ni hablaba, y todo ojo estaba fijo en Sandy mientras él decía con lágrimas:

"Yo quise salvar a mi hijo, y no pude. Pero sé de un Salvador que no solamente quiere, sino que puede salvar a todos, a mí, a ustedes, y a todos sin excepción.

"Yo tuve que reconocerme por pecador, y que no podía salvarme a mí mismo, entonces supe que, "Cristo Jesús vino al mundo para buscar y salvar a los pecadores," 1 Timoteo 1:15.

"Yo confié en ese Salvador," agregó Sandy. "Sé que lo que él hizo en la cruz lo hizo por mí, y su sangre preciosa me ha salvado."


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Creado el 26/10/02

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