Venis ad me omnes (#9916)

9916
Venis ad me omnes

D.R.A.

 

En 1765, un pequeño empresario francés de apellido Boulanger abrió en París una casa de comidas. En la fachada puso un cartel en latín vulgar en el que se podía leer: Venis ad me omnes qui stomacho laboratis et ego restaurabo vos. (Venid a mí los que tenéis el estómago vacío que yo os lo restauraré).

En aquella época no había casas de este tipo; sólo existían las tabernas, pero en ellas se servía apenas vino y a veces algún picadillo. El éxito de la casa de Boulanger no fue inmediato, pero cuando ocurrió, veinticuatro años más tarde, tras el estallido de la Revolución Francesa, fue tan resonante que los establecimientos como el suyo ¾llamados primero restaurat y más tarde restaurant¾ se multiplicaron rápidamente por todo París y no demoraron en aparecer en otras capitales europeas.

De allí nuestros restaurantes. Gracias, Monsieur Boulanger, por su sabia iniciativa.

Pero en lo que nos interesa aquí, su oferta de “restaurar” adolece de dos fallas graves, y no nos referimos al latín vulgar. Primero, se limita al estómago. Segundo, la “restauración” es pasajera; hay que repetir a menudo.

El problema está en que nuestros pecados han hecho división entre nosotros y nuestro Dios. Ni estamos bien con Él, ni el mundo nos puede satisfacer.

Leemos en la Biblia que los cielos han recibido a Jesucristo “hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas”. Y esos tiempos vendrán cuando Él vuelva en gloria con aquellos que compró con su sangre en el Calvario.

En el Calvario, Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo. Te rogamos en nombre de Cristo: Reconcíliate con Dios. Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.

Tu restauración no será hasta otra comida en el negocio de Monsieur Boulanger, ni hasta arreglarte de nuevo conforme con algún rito humano. Justificado por la fe, tendrás eterna paz para con Dios, y acá una duradera satisfacción que fuera de Él no hay. Cuando Cristo vuelva en “la restauración de todas las cosas”, serás uno de aquellos que el pecado aleja hoy de Él, quienes Él traerá consigo en eterna armonía.

 

Las fuentes bíblicas son de Isaías capítulo 59, Romanos 11, 2 Corintios 5 y 1 Timoteo 2.

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