Tito (#453)

Tito

Héctor Alves

 

 

Todo lo que sabemos de Tito está relatado en cuatro Epístolas: 2 Corintios, Gálatas, 2 Timoteo y la carta a Tito mismo. Le mencionan doce veces por nombre. Es llamativo no encontrar su nombre en Hechos de los Apóstoles, porque ciertamente acompañaba a Pablo durante el período reseñado en ese libro.

No contamos con la historia de su conversión, aparte de ser “verdadero hijo en la común fe”, Tito 1.4. Dónde vivía y dónde oyó el evangelio, no lo sabemos, aunque parece probable que haya sido Asia Menor; muchos griegos residían allí, y Pablo evangelizó extensamente en aquella región.

 

Gálatas 2 ofrece la primera información en función de tiempo, y allí aprendemos que Tito era griego. No dudamos de que en sus días de inconverso haya andado como andaban otros gentiles, y no había sido circuncidado.

Los trozos breves acerca de él revelan su carácter y su obra variada: “Rogué a Tito, y envié con él al hermano. ¿Os engañó acaso Tito? ¿No hemos procedido con el mismo espíritu y en las mismas pisadas?”

Juntando trozos de lo que sabemos de él, concluimos que era afectuoso, presto a estimular y hombre de elevados principios. Vemos estas características en 2 Corintios 7 y 8: Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito; Nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido confortado su espíritu por todos vosotros. Exhortamos a Tito para que … acabe también entre vosotros esta obra de gracia Gracias a Dios que puso en el corazón de Tito la misma solicitud por vosotros.

Tito asistió al concilio en Jerusalén.

 

En Hechos 15.1 ciertos hombres de Judea enseñaban que no hay salvación sin circuncisión. La asamblea de Antioquía envió una delegación a Jerusalén, y en Gálatas 2.1 Pablo escribe: “subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito”. ¿Por qué llevar a Tito? Posiblemente el v. 3 de la respuesta: “ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse”. Él recibe mención especial porque su caso podría fijar un patrón sobre algo importante; era creyente gentil incircunciso. Pablo era reconocido como el apóstol a los gentiles, y aquí ante los ojos de todos estaba fruto innegable de sus labores.

Como resultado de aquel concilio, Pablo volvió a Antioquia con un acuerdo que los creyentes gentiles no estaban bajo la ley de Moisés y por lo tanto no obligados a someterse a la ordenanza de la incircuncisión. Tenemos base para concluir que la presencia de Tito había tenido que ver con la decisión anunciada, aunque aparentemente era testigo mudo en la reunión.

Él amerita atención como colaborador de Pablo, quien afirma en 2 Corintios 8.23: “En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador para con vosotros”. No leemos que este hermano haya acompañado a Pablo en su segundo viaje misionero, que tuvo lugar después del concilio ya mencionado, ni en el tercero tampoco. Si podemos confiar en las fechas anotadas en el margen de nuestras biblias, aquel concilio fue celebrado en 52 y 2 Corintios fue escrita en 60. No sabemos cuánto tiempo Tito estaba con el apóstol en este lapso de ocho años, pero sabemos por
2 Corintios 7.6 que Pablo dijo haber sido consolado por la llegada de Tito.

Las próximas noticias que tenemos de él son las de su presencia en Creta, y es evidente que los dos hombres habían trabajado juntos en la isla. “Te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé”, Tito 1.5.

Muchos estaban hablando desorde-nadamente, “mayormente los de la circuncisión”, y era necesario taparles la boca, 1.10,11. Y: “tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina … al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo”, 2.1, 3.10. Pablo gira estas y otras exhortaciones con autoridad apostólica. No sería tarea fácil cumplirlas, especialmente cuando “los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos”, pero Pablo no le hubiese escogido para este ministerio sin saber que Tito era hombre de principios.

 

Tito era pionero. La última mención de él está al final de 2 Timoteo: “Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica … y Tito a Dalmacia”. Parece que visitó a Pablo en su último encarcelamiento pero se marchó de Roma por decisión propia, y no por la voluntad expresa del preso, como en el caso de Tíquico, 4.11. El médico amado Lucas estaba allí, así que no fue negligencia de parte de Tito haber ido a atender a la obra. Dalmacia está al norte de Iconio y Macedonia, y nos acordamos de lo que Pablo acota en Romanos 15.19: “desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo”. Se ve que Tito prosiguió en una obra que Pablo había iniciado. Nos agrada leer esto acerca de él.

Un comentarista, Dean Alford, advierte que “las noticias tradicionales acerca de la vida de Tito después de esto no ameritan mucha atención por cuanto se basan en un mal entendido. Butler nos informa que el hombre recibió honores en Dalmacia, volvió a Creta y falleció allí a una edad avanzada”.

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