Tinta acusadora (#9932)

9932
Tinta acusadora

 

AVR (DRA)

 

Cuando yo era niño en Holanda cada muchacho en la escuela primaria tenía su propia pizarra. Eran prácticas; uno podía borrar y escribir otra lección, y también servían para romperlas sobre la cabeza de un amiguito — cosa que confieso haber hecho más de una vez.

Pero me acuerdo bien del primer día que nos permitieron usar cuaderno y tinta. La maestra nos asignó copiar lo que había escrito en el pizarrón. No estando acostumbrado a una pluma, la metí unos cinco centímetros en el tintero.

Desde luego, la tinta cubrió casi toda la página, así que hice lo que millones hacen al ver manchada la página de su vida: pasé a otra para comenzar de nuevo. Pero se manchó, así que fui a una tercera página.

Al rato las cosas iban mejor; yo estaba por felicitarme a mí mismo cuando me di cuenta de que mis dedos estaban mojados de tinta. Peor, los márgenes de las páginas siguientes estaban sucios también. Cual muchacho, limpié los dedos con el pantalón. Otra página — pero dejé caer más tinta.

Escupí sobre el papel, como hacíamos con las pizarras, pero ni la manga de mi saco podía borrar las consecuencias de mi desespero. Finalmente me quité el saco, avancé varias páginas en el cuaderno y comencé un trabajo decente.

La maestra llegó a mi pupitre. “Pero, Augusto, ¡tan pocas palabras y has consumido la mitad del cuaderno!” ¿Y sabe qué hizo? Yendo para atrás, ella examinó cada página una por una y se dio cuenta de la realidad de mi obra.

Y así será el día que Dios juzgue a los pecadores en el gran trono blanco: Apocalipsis capítulo 20. De nada valdrá intentar presentar una hoja limpia; Él sabrá. Todas las cosas serán desnudas y abiertas a los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta, al decir de Hebreos capítulo 13.

Cual vocero de Dios, el apóstol Pablo sentenció que “no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Nada vale, amigo, escupir sobre las manchas, ni pasar los dedos por la manga del pantalón o el saco. Dios sabe cómo es cada una de las páginas de su vida.

Es majestuoso, pero no es complicado, el lenguaje que el apóstol emplea allí mismo en Romanos 3 para anunciar la solución para quien la quiera: “Se ha manifestado la justicia de Dios … por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él … siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”.

Suena ahora, y resonará por la eternidad, la gran proclama que basta para la salvación suya, si acepta la promesa divina por sencilla, sincera fe, como su única manera de tener paz con Dios. Es: “La sangre de Jesucristo limpia de todo pecado”.

 

 

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