Timoteo (#445)

Timoteo

Héctor Alves

 

 

Bien se ha dicho que lo que Josué era para Moisés, y Eliseo para Elías, Timoteo lo era en relación con Pablo. Dios levantó a este hermano para ser un consiervo con el apóstol cuando ya no contaba con la compañía de Bernabé ni Juan Marcos, sino solo Silas. Son varias las lecciones estimulantes que uno aprende de los relatos de la vida de Timoteo y su servicio para el Señor.

Solamente dos veces en el Nuevo Testamento leemos de un varón de Dios, y en ambos casos se aplica el término a Timoteo, 1 Timoteo 6.11, 2 Timoteo 3.17. Esto le pone en la misma categoría de Moisés y Elías, quienes también ostentaban el título.

Timoteo quiere decir “valorado de Dios”, y Él honró a este varón hasta el fin. Era instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra, 2 Timoteo 2.21. La primera mención de Timoteo como un varón de Dios sigue a la declaración que el amor al dinero es raíz de todos los males, cosa que de ninguna manera enredó a nuestro protagonista. La otra mención del término está vinculada con el provecho de la inspirada Palabra de Dios, dada con el fin de que el varón de Dios sea completo, enteramente preparado para toda buena obra.

 

Conversión

La conversión de Timoteo no está relatada. Se nos informa que “desde la niñez has conocido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por fe en Cristo Jesús”, 2 Timoteo 3.15. Algunos nos dirían que Timoteo heredó aquella fe y creció en la salvación por conocer las Sagradas

 

Escrituras. Así no fue, ni es cómo Dios salva. Pablo se dirigió a él como su hijo en la fe, 1.2. Es decir, Pablo era el medio usado para la salvación del joven, así como escribió a otros: “como a hijos míos amados”, 1 Co-rintios 4.14. Aparentemente Timoteo fue convertido durante la primera visita de Pablo y Bernabé a Listra y Derbe, Hechos 14.20 al 22. No sabemos si Pablo estaba al tanto en aquella ocasión.

 

Encomendamiento

Unos siete años después de su primera visita encontramos a Pablo en Listra de nuevo, y parece que en esta ocasión llegó a conocer de cerca de Timoteo. “Había allí cierto discípulo llamado Timoteo … Quiso Pablo que éste fuese con él”, Hechos 16.1 al 3. El informe que recibió le habrá dado gozo y compensaba haber sido apedreado y sacado fuera de la ciudad.

Durante aquellos siete años Timoteo había progresado espiritualmente y merecido la atención de sus hermanos. Ahora lo endosan gustosamente ante Pablo. Este a su vez ejerce su autoridad apostólica, llevando a Timoteo consigo en servicio a tiempo completo para el Señor; el encomendamiento de sus hermanos era todo lo que se necesitaba.

Dios tiene diversas maneras para enviar sus siervos a predicar el evangelio, pero una cosa necesaria es la recomendación de su propia asamblea. Se puede decir que Timoteo salió con el llamado de Dios, la aprobación de los hermanos y el ejercicio de Pablo. Es evidente que había manifestado las cualidades necesarias, y posiblemente estaba esperando la hora de Dios y la aprobación de la asamblea para marcharse a la obra que había comenzado en casa. Feliz el hombre llamado de Dios para entrar en el servicio con el beneplácito de otros cristianos y el estímulo de un siervo del Señor mayor.

 

Curso

Al escribir Pablo a los corintios siete años más tarde, dijo que Timoteo hacía la obra del Señor así como él mismo la hacía. Contaba con la colaboración de varios hombres buenos, pero da la impresión que el más confiable y aprobado era Timoteo. A los filipenses Pablo escribió: “Conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio”.

Listra e Iconio nunca tuvieron por qué lamentar el encomendamiento dado a este hombre. Parece haber sido evangelista de primera, y una consideración cuidadosa de su carrera sería buen incentivo para uno en estos días cuando los campos están blancos para la siega.

Lord Beaverbrook (1879-1964) era un empresario excepcionalmente exitoso en Gran Bretaña y Canadá. Declaró: “Si yo estuviera hoy en la posición de influenciar la vida de un joven sincero, le diría que escogiera ser evangelista en vez de ministro de gabinete o millonario. Cuando joven sentía lástima por mi padre por ser hombre pobre y predicador humilde de la Palabra. Ahora que soy mayor le envidio a él y a su carrera. Esta es la verdadera satisfacción de la vida; no hay nada que admiro tanto como el evangelista, fuente suprema de la satisfacción”.

 

Cuidado

“A ninguno tengo del mismo ánimo al saber de vuestro estado … porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús”, Filipenses 2.19, 21. Unos trece años después de haber llevado a Timoteo a servir a su lado, Pablo le escribió desde la cárcel: “No descuide el don que hay en ti, que te fe dado mediante profecía”,
1 Timoteo 4.14, y un año más tarde, desde el mismo lugar, “Te aconsejo que avives el fuego del don que está en ti”, 2 Timoteo 1.6.

Aparentemente este don se había desarrollado en el intervalo, porque Timoteo tenía también la capacidad de cuidar las iglesias. En esto era como su padre en le fe: “sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”. Timoteo se ocupaba genuinamente por el estado de los santos en Filipos, y como Pablo pudo decir: “os tengo en el corazón”. No era así con una asamblea no más, porque al escribir a otros Pabilo dijo que enviaría a Timoteo, “nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo”, para confirmarlos y exhortarlos respeto a su fe, 1 Tesa-lonicenses 3.2.

Entre los dones que nuestra Cabeza ha dado a la Iglesia, hay los evangelistas, pastores y maestros, según consta Efesios 4. Timoteo era evangelista y pastor, si no maestro también. Damos gracias a Dios por todo aquel que hace la obra de evangelista, pero, ay, ¿dónde están los pastores que cuidan a los santos? Las palabras de despedida de Pablo a los señores efesios fueron; “mirad por vosotros y por todo el rebaño … para apacentar a la iglesia del Señor”, Hechos 20.28.

No se hace mención del ministerio oral o escrito de Timoteo; lo dicho versa sobre lo que era e hizo. Es claro que era capaz y era provechoso adonde quiera que fuera. Le encontramos en Corinto, 1 Corintios 4.17; viviendo en Éfeso, 1 Timoteo 1.3; y llamado a Roma, 2 Timoteo 4.9.

 

Cargo

“Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado”. La intensidad que sentimos en la primera epístola a este hombre llega a su clímax en estas palabras en el último capítulo: cuida el depósito. Era responsable por el evangelio y su enseñanza, la doctrina de los apóstoles, o en otras palabras la fe una vez dada a los santos,
Judas 3.

Se le responsabilizó a Timoteo a protegerlo de ataques y a evitar argumentos espurios, 6.20. Pablo habla de esto de nuevo en su segunda carta: “Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros”, 1.12, 14, y agrega algo; le dice a Timoteo que él está por devolver su propio depósito al Señor, quien lo cuidará “para aquel día”. “Yo sé en quién he creído”. Pablo está diciendo en el v. 12 que está blindado de pérdida. Conoce a Aquel en quien confía y está convencido de que, no obstante la cercanía de su muerte. Cristo puede proteger la verdad por la cual él, Pablo, había sido responsable de predicar y enseñar.

Y prosigue: “el buen depósito … que mora en nosotros”. El Señor le había responsabilizado a Timoteo por la misma doctrina que Pablo debía resguardar. Y más adelante: “lo que has oído de mí ante muchos testigos” él debía encargar ahora a hermanos fieles. Ellos a su vez enseñarían a otros.

Esta es la gran responsabilidad que Timoteo tenía en su tiempo y ahora es la nuestra.

 

Constancia

Pablo le exhorta a su querido amigo procurar venir pronto a verlo, y que sea antes del invierno, 2 Timoteo 4.9, 21. Este capítulo expresa sus últimas palabras registradas e incluye mención de algunos colaboradores. La carta tiene un trasfondo de tristeza: “Me abandonaron todos los que están en Asia”, 1.15; “Ninguno estuvo a mi lado”, 4.16. Pablo era hombre solitario, le era negada la comunión de aquellos que había conducido a Cristo, cosa que estimaba sobremanera y a la cual tenía pleno derecho. “Sólo Lucas está conmigo … Alejandro me ha causado muchos males”, 4.11, 14.

Hay algo enternecedor en la manera en que pide dos veces a Timoteo venir lo antes posible. Es su última solicitud que conocemos. Las palabras hacen ver que Timoteo había seguido fiel y gozaba de la plena confianza del apóstol. No leemos nada peyorativo acerca de Timoteo desde el día que aquellos dos asumieron el yugo juntos. No sabemos si llegó a Roma a tiempo para ver a Pablo.

Y, lo que está escrito de este hombre está allí para estimularnos a tener un espíritu como el suyo.

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