Segundo (#450)

Cuarto, Tercio, Segundo, Aristarco

Héctor Alves

Estos nombres significan, respectivamente
el cuarto, el tercero, el segundo y el líder.

“el hermano Cuarto“, Romanos 16.23. En estas tres palabras tenemos todo lo dicho acerca de este hombre. Entendemos que vivía en Corinto, la ciudad de donde se escribió la Epístola a los Romanos. Su nombre da a entender que era romano; y, él se asoció con Pablo en enviar saludos a los santos en Roma.

Era un hermano; el hermano. De todos los nombres dados al pueblo de Dios en el Nuevo Testamento, el de hermano es el que más figura (ejemplo: ¡19 veces en
1 Tesalonicenses!) Se le preguntó a cierto creyente: “¿Usted pertenece a los Hermanos?” Respondió: “No; soy uno de los hermanos”. Segunda pregunta: “¿Con mayúscula o minúscula?” Respuesta: “Prefiero que la palabra entera, tan hermosa que es, se escriba todo en mayúsculas”.

En nuestro primer encuentro con el apóstol Pablo aprendemos que Ananías lo saludó con las palabras; “Hermano Saulo”, Hechos 9.17. Unos treinta y tres años más tarde, al final de su vida, Pedro se refiere a él como “nuestro amado hermano Pablo”, 2 Pedro 3.15. Es una denominación noble; ¿quién quisiera comenzar con otra superior? Desde luego, significa un hermano en el Señor. Hacemos bien al saludar el uno al otro de esta manera.

Cómo Cuarto recibió su nombre, no sabemos. Posiblemente era el cuarto al nacer en la familia. Pero esto sabemos: por cuanto era hermano, había nacido en la familia de Dios. En este capítulo Pablo menciona veinte y ocho personas, algunas sólo por nombre y otras con un breve comentario acerca de su servicio. Cuarto está vinculado con Erasto, el administrador de la municipalidad. Tal vez no ocupaba un cargo prominente, pero merece ser incluido en el saludo. Su nombre figura de último, pero tiene la dignidad de ser llamado el hermano.

“Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor”, Romanos 16.23. Se nos dice un poquito más acerca de este hombre, pero sólo lo dicho aquí. Era el amanuense de Pablo; es evidente que pocas veces el apóstol escribía cartas de su puño y letra. Posiblemente por esta razón dice a los gálatas: “Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano”. No dudamos de que Tercio haya prestado este servicio por amor, y hábilmente.

Es posible que este hombre no haya contado con otras habilidades, pero con esto hizo lo que podía. Estaba dispuesto a ocupar el tercer lugar, por decirlo así, como su nombre sugiere. No hay nada jactancioso en la manera como se identifica: “Yo Tercio”. Él simplemente se aprovechó de la oportunidad de enviar un saludo personal.

De esta manera Tercio señala que está del mismo parecer que el apóstol. Su saludo va “en el Señor”, una frase encontrada a menudo en la epístolas paulinas, y una a ser notada. La colaboración de este hermano estaba bajo el señorío de Cristo, y Tercio recibirá su galardón por ese gesto de comunión.

“Le acompañaron hasta Asia, Sópater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica …”, Hechos 20.4. En esta sola mención de Segundo él está vinculado con Aristarco, a saber “el primero”. Un escritor sugiere que Segundo, Tercio y Cuarto eran el segundo, tercero y cuarto al nacer en una misma familia. Es conjetura. Eran nombres comunes, así como Quinto y Sexto.

Todo lo que sabemos de Segundo es que era uno de siete que acompañaron a Pablo en su viaje de Grecia a la provincia de Asia. Era oriundo de Macedonia y estaba dispuesto a acompañar a sus hermanos sin asumir el liderazgo. No todo el mundo desempeña de buena gana un papel secundario. “Acompañaron” parece sugerir que los siete viajaron por voluntad propia para ayudar. Estos viajes demandaban sacrificio propio, y la actitud de Segundo sería: “Pablo primero, yo después”.

Sin embargo, necesitamos a los Aristarco, los líderes. “Dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra”, Marcos 13.34.

“La ciudad se llenó de confusión … arrebatando a Gayo y a Aristarco, macedonios, acompañaron a Pablo”, Hechos 19.29. Así conocemos por primera vez a Aristarco, cuyo nombre quiere decir el líder, o “gobernando”. Nuestra palabra aristocracia es de la misma raíz. Tres veces se menciona este hombre en Hechos, una vez en Colosenses y una en Filemón. De estas escrituras aprendemos que le acompañó a Pablo en viajes, en la cárcel y en sus labores.

La primera mención está en Hechos 19, en el contexto de la arremetida contra los siervos del Señor. Nada sabemos de cuándo había sido salvo; posiblemente fue cuando Pablo visitó a Tesalónica. Sea como fuere, es evidente que tomó el yugo con Pablo y siguió con él hasta el fin. Pablo escribió a Filemón unos once años después de su prédica en Tesalónica. Bienaventurado el siervo de Cristo que merece estar entre la aristocracia del cielo.

El alboroto en Éfeso hubiera perturbado a cualquiera, pero apenas había terminado cuando Aristarco y otros estaban rumbo a una labor nueva y a enfrentar más peligro. La fidelidad parece haber caracterizado a Aristarco desde el principio. Lucas cuenta que “embarcándonos en una nave adramitena que iba a tocar los puertos de Asia, zarpamos, estando con nosotros Aristarco”, Hechos 27.2. Entendemos por esto que Aristarco se quedó con Pablo para el viaje a Jerusalén, a Cesarea, por mar y en el naufragio.

Leemos en Colosenses 4.10 de “Aristarco, mi compañero de prisiones”, así que es probable que voluntariamente compartió el encarcelamiento con Pablo; o, posiblemente fue aprehendido por estar identificado con él. Vemos que si este hombre era aristocrático, como su nombre hace entender, él renunció su posición social, como han hecho muchos entre el pueblo del Señor, para hacerse siervo de Jesucristo. La tradición es que fue decapitado junto con Pablo, pero no tenemos certeza de que haya sido así.

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