Respuestas a preguntas: Héctor Alves (#777)

¿Cómo lees? ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?  Lucas 10.26

Respuestas a preguntas escogidas de entre aquellas publicadas en la revista Truth & Tidings desde 1948 hasta 1978

Héctor Alves 1896-1978
Vancouver, Canadá

 

Donde la explicación del autor lo permite, se han emplead0 traducciones de las Escrituras al español en vez de aquellas en inglés que él emplea como alternativas a la versión de uso común.

 

Génesis 1.1,2      En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía …

La fecha 4000 a.C. asignada al Génesis 1 por algunos estudiosos ha hecho pensar que el mundo fue creado hace 6000 años y de una vez Dios creó al hombre y lo puso en el hermoso huerto de Edén. No parece. El 1.1 trata de la creación original; en el principio es un período sin fecha en el pasado.

Elohim, el Dios trino, creó, hizo de la nada. En ninguna parte leemos que creó los cielos y la tierra en seis días, pero sí leemos en Éxodo 20.11 que en seis días “hizo Jehová”, donde hizo expresa el hecho de formar algo de material ya existente. Génesis 1.2 nos informa de la degeneración de la creación original. “La tierra estaba desordenada”, literalmente, se hizo confusión, “y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo”. Dios no creó las tinieblas, y nunca dijo que eran buenas. Las tinieblas es uno de los términos abstractos empleados para expresar los efectos malos del pecado. Dios no es tinieblas; Él es luz y dijo, “Sea la luz”, y fue la luz.

Isaías 45.18 afirma que Jehová no creó la tierra en vano, sino “para que fuese habitada la creó”. Comparando esto con el 1.2, entendemos que el pecado había entrado en alguna ocasión, y sabemos que la caída de Satanás ha debido preceder la del hombre. Todo esto hace pensar que hay un lapso de tiempo entre los primeros dos versículos de nuestra Biblia. Es imprudente especular; sabemos sólo lo que Dios ha revelado y nos conformamos con que nos haya revelado lo que necesitamos saber. El Espíritu cobijaba la faz, la Palabra fue dada y en seis días de obra divina todo fue reconstruido y era hermoso. Se lo pronunció bueno y apto para el hombre.

Véase también el comentario sobre Isaías 45.7.

Génesis 1.27       Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó.

Es difícil decir precisamente qué constituyó la imagen de Dios en la creación del hombre. Su semejanza original no estaba en una similitud física, por cuanto Juan 4.24 dice que Dios es Espíritu; Él no posee cuerpo en el sentido que nosotros entendemos el término. Posiblemente el hombre era en la imagen de Dios por poseer intelecto, emociones y voluntad. Dios es trino – Padre, Hijo y Espíritu – y está expresado aquí en el plural. Por su parte, el hombre es tripartito – espíritu, alma y cuerpo – y en esto es como Dios. Y también el hombre fue hecho como Dios en que fue creado sin pecado.

Poco importa ahora si la semejanza era física, espiritual o moral; lo importante es que la hemos perdido. Cuando el hombre cayó en el huerto de Edén aquella imagen o semejanza fue desfigurada y distorsionada. “Adán … engendró un hijo a su semejanza”, 5.3. La prole del hombre ya no era la imagen de Dios en algunos aspectos, sino la de un Adán caído.

Sin embargo, sabemos por Romanos 8.29 que “a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo”. El hecho de que Dios nos conformará a Cristo hace ver que se ha perdido la semejanza que había una vez; es necesario reconstruirla. Alguien ha dicho que el hombre es como una moneda antigua que por haber sido usada tanto, se han borrado la inscripción, la efigie y la fecha. Así, “aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.

Génesis 4.3         Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.

Dios no podía aceptar de Caín una ofrenda del fruto de la tierra, pero posteriormente mandó a los hijos de Israel a darle precisamente esto. “Como ofrenda de primicias las ofreceréis a Jehová …”, Levítico 2.12, etc. La razón es clara y los casos son muy diferentes.

El pueblo de Israel como nación había sido redimido por la sangre del cordero pascual y por cual gozaba de una posición ante Dios. Esto les daba el privilegio y la responsabilidad de dar a Dios una porción de aquello con que les había bendecido. En el caso de Caín era una cuestión de la aceptación de un pecador irredimido. Él ha debido saber mejor que traer a un Dios santo el fruto de una tierra maldita, y ha debido haber aprendido que la única base de aceptación ante Dios era la del derramamiento de sangre. Sus padres se habían hecho túnicas de hojas de higuera cosidas pero Dios les había vestido con túnicas de pieles.

Esta diferencia se enseña claramente en el Nuevo testamento. Para el pecador, “sin el derramamiento de sangre no hay remisión”. Para el hijo de Dios, “hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. Dios espera y recibe de un pueblo redimido una ofrenda que sería presunción en manos de una persona irregenerada. El sacrificio de Hebreos 9.22, citado aquí, debe ser aceptado por el pecador antes de que Dios pueda aceptar el de Romanos 12.1.

Génesis 4.16,17  Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén. Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió …

El hecho de que Caín haya vivido en Nod nada tiene que ver con la procedencia de su esposa. Los incrédulos afirman que fue en Nod donde la encontró, pero las Escrituras no lo dicen. Es cierto que se alejó de la presencia de Dios, fue a Nod y su esposa salió embarazada, pero esto no quiere decir que se haya casado con ella en esa tierra. El sentido de Nod es vagar. Caín salió de la presencia divina donde había traído a Dios una ofrenda inaceptable, y se convirtió en un ambulante.

En 5.3,4 aprendemos que Adán en su larga vida de 930 años fue padre de hijos e hijas, y hay buena razón para creer que la familia era numerosa. Esto permitió que la raza humana se multiplicara conforme a la voluntad de Dios. Lo más razonable es creer que Caín se casó con una de sus hermanas y la llevó a Nod.

Lo cierto es que Dios creó tan sólo a Adán e hizo a solamente una mujer de la costilla que había tomado de aquel, 1.27, 2.22. En cuanto a tomar a una hermana como esposa, leemos en el 20.12 que la de Abraham era su media hermana. Dios permitió en las primeras etapas de la historia que uno se casara con su pariente cercano, pero más adelante, bajo la ley de Moisés, lo prohibió.

Génesis 6.3         … serán sus días [del hombre] ciento veinte años

Nos gustaría saber por cuánto tiempo Noé estuvo ocupado en la construcción del arca, pero la Biblia no nos informa que hayan sido 120 años ni cualquier otro período. Los 120 años mencionados en el 6.3 posiblemente se refieran a que los años de vida del hombre iban a ser recortados, o posiblemente al plazo que Dios iba a ceder en gracia antes de mandar el diluvio. Probablemente se trata de esta segunda sugerencia en vista del contexto.

Génesis 9.6         El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.

Casi mil años más tarde esto fue confirmado por Moisés bajo la ley: “No tomaréis precio por la vida del homicida, porque está condenado a muerte; indefectiblemente morirá”, Números 35.31. En Romanos 13.4 leemos que el servidor de Dios, que en este caso sería un juez, no lleva la espada en vano. La espada aquí da a entender la sentencia de muerte; el tema es el castigo del malhechor.

Si bien ha sido reemplazada la ley ceremonial o levítica, y hoy en día rige un nuevo pacto para el pueblo de Dios, en ninguna parte leemos que la divina ley moral haya sufrido cambio. Indudablemente la pena de muerte es bíblica. El gobierno y la gracia no se deben confundir; están a diferentes niveles y no chocan. La justicia debe dar efecto a su justa demanda de “Ojo por ojo, diente por diente”, Éxodo 21.24.

Génesis 13.16, 15.5     Haré tu descendencia como el polvo de la tierra.
Cuenta las estrellas … así será tu descendencia.

La descendencia se compara con el polvo y luego con las estrellas, lo cual es significativo. El polvo de la tierra se refiere al pueblo terrenal de Abraham, Israel, que tendrá su herencia sobre la tierra en un tiempo venidero y de una manera que no ha disfrutado hasta ahora. Las estrellas tipifican una herencia celestial, la Iglesia. “Los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”, Gálatas 3.7,29.

La promesa en el 15.5, “Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas … Así será tu descendencia”, fue cumplida en Cristo y se está cumpliendo en todos los que están en Cristo. El gentil se hace descendencia de Abraham por fe. Tan pronto que se mencione la semilla de fe en el 15.3, se declara en 15.6 el principio que aplica. “He aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa … Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia”. Sobre este mismo principio se está levantando su descendencia hoy día.

Génesis 17.17, 18.12, 21.6   Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo?
Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?  Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo.

Reírse es de la misma raíz en cada uno de estos pasajes, pero el sentido se desprende del contexto respectivo. Abraham se rió por gozo; estaba contento al pensar que tendría un hijo. En el versículo anterior Dios había dicho, “Te daré de ella hijo”, y leemos en Juan 8.56, “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó”. Cuando Sara se río entre sí, fue diferente; lo hizo en incredulidad. Esto se ve en 18.13 al 15 donde ella negó haberlo hecho.

Sin embargo, en el 21.6 la risa de Sara es muy diferente; la versión de Scío lo expresa como, “Dios ha hecho risa para mí”. Entendemos que ella aceptó la reprimenda de Dios cuando se rió en incredulidad. En algún punto entre los dos eventos, Sara creyó la promesa divina. No sabemos cuándo, pero sabemos por Hebreos 11.11 que, “Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido”. Así, Dios le preparó risa y muchas la han acompañado en este regocijo. Tal fue el caso con Elisabet en Lucas 1.58; sus vecinas y sus primas oyeron que el Señor había tenido gran misericordia con ella, y se alegraron.

Génesis 44.2       Pondrás mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, con el dinero de su trigo.

La palabra común para un vaso de beber es kos, y se emplea en el 40:11, “La copa de Faraón está en mi mano”, y otras partes del Antiguo Testamento, pero no en este versículo que habla del costal de Benjamín. El término empleado aquí es gubia, una copa.

Se relata que la copa de José era para adivinar; según el versículo 5 el mayordomo debía decir, “¿No es esta … por la que suele adivinar? Habéis hecho mal en lo que hicisteis”. La adivinación se puede entender como efectuar una prueba, como en el versículo 15, “¿No sabéis que un hombre como yo sabe adivinar?” Los egipcios de la antigüedad empleaban las copas para la adivinación, pero es poco probable que José haya practicado ese oficio. Hacerlo él hubiera sido una contradicción de su confianza en Dios a lo largo de la vida y su poder para revelar los secretos, como se percibe en Génesis 40 y 41.

Colocar la copa de plata en el costal de Benjamín fue una parte de la estrategia de José para convencer a sus hermanos de su pecado y hacerles ver que conocía sus pensamientos. La Vulgata de Scío traduce el 44.15 como, “¿Ignoráis por ventura que no hay quien se asemeje a mí en la ciencia de adivinación?” Los hermanos vieron la mano de Dios en el asunto, y Judá confesó, “Dios ha hallado la maldad de tus siervos”.

Génesis 49.24     Mas su arco se mantuvo poderoso, y los brazos de sus manos se fortalecieron por las manos del Fuerte de Jacob (por el nombre del Pastor, la Roca de Israel), por el Dios de tu padre …

El mas vincula el versículo con lo que Jacob está diciendo acerca de José. Éste era un pastor cuando encontró y cuidó a los hijos de su padre. José era también “la roca de Israel” al protegerles y favorecerles en su hora de angustia.

Sin duda hay una aplicación adicional y más amplia de estas palabras; se trata de una profecía acerca del Señor Jesucristo de quien José es un tipo por demás hermoso. Cristo es el gran Pastor de las ovejas, Hebreos 13.20, y la piedra principal del ángulo de la Iglesia que está levantando en este momento.

Éxodo 3.1, Números 10.29, Jueces 4.11

Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián…
Dijo Moisés a Hobab, hijo de Ragüel madianita, su suegro:
Heber ceneo, de los hijos de Hobab suegro de Moisés …

Un erudito nos explica: “Moisés escribió la misma palabra en cada caso, empleando los mismos tres caracteres en la misma secuencia y, así como el término correspondiente en árabe y arameo, se trata de cualquier nexo por matrimonio. Ragüel era el kothan kathan de Moisés porque éste se casó con su hija. Pero el mismo vocablo aplica igualmente a Jetro y Hobab porque Moisés se había casado con su hermana. De la misma manera Moisés era el kathan de Séfora porque era su esposo”.

La Versión Moderna (1893) reza en Jueces 4.11, “Hobab, cuñado de Moisés” y Scío lo traduce, “… otros Cinéos sus hermanos hijos de Hobâb, pariente de Moysés”. Por otro lado la LXX presenta Números 10.29 como “Ragüel madianita, el cuñado de Moisés”.

Es evidente que se trata de cómo traducir las palabras hebreas kothen y kathan. Algunos comentaristas sugieren que Jetro ha podido tener más que un nombre.

Éxodo 3.2   Se le apareció [a Moisés] el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza … y la zarza no se consumía.

Hemos escuchado aplicaciones que emplean la zarza ardiente como figuras del Señor Jesús y del evangelio de la gracia de Dios. Difícilmente se puede aplicarla al Señor Jesús. En Hechos 7.30 Esteban habla de un ángel del Señor en la llama de fuego en una zarza, y en el mismo Éxodo 3 se habla de aquel Ángel como Dios mismo, quien dijo que era “el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham”, etc. Aun si se considera que se trata de una de las teofanías del Antiguo Testamento, el locutor – no la zarza – sería el Hijo de Dios.

En los días de esta revelación a Moisés, los hebreos estaban padeciendo en manos de los egipcios. Leemos en Deuteronomio 4.20, “a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto”. La llama de la tiranía egipcia había ardido por más de cuatrocientos años, pero no había consumido a los israelitas; ellos eran tan numerosos como siempre.

Ha sido así a lo largo de los siglos; los fuegos de la persecución han sido feroces pero no han consumido la nación de Israel. Lo vemos en nuestros propios tiempos, el fuego arde pero la nación no se disminuye. Se afirma en Isaías 54.17, “Ninguna arma forjada contra ti prosperará”. Creemos que la zarza ardiente es un símbolo de la nación de Israel; lo que le impresionó a Moisés fue que no desapareció en el incendio.

Éxodo 4.10, Hechos 7.22      Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra … tardo en el habla y torpe de lengua.
Fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras.

En Hechos 7 Esteban se refiere a lo que Moisés era en Egipto, “poderoso” en palabras y hechos, pero en Éxodo 4 Moisés dice de sí mismo que no era elocuente, sino torpe para expresarse. La ocasión fue cuando Dios le comisionó a hablar con Faraón. Entre el período que Esteban tenía en mente y el discurso ante Faraón, Moisés había pasado años pastoreando ovejas en el desierto. Se ha dicho que él pasó cuarenta años en Egipto aprendiendo a ser alguien, cuarenta en Madián aprendiendo a no ser nadie y cuarenta en el desierto aprendiendo qué puede hacer Dios con un nadie.

El apóstol Pablo era poderoso en su modo de hablar, como fácilmente se desprende de su defensa ante el rey Agripa en Hechos 26, pero con todo lo encontramos escribiendo en 1 Corintios 2, “Cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría … ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría”. Esto tiene su porqué. “Mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar”, Santiago 1.19. A veces cuando pensamos que podemos hablar, haríamos bien en callarnos. El siervo debe aprender a ser poco o nada para que Dios sea exaltado en todo.

Éxodo 4.24          Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo.

Pareciera que el Señor se enfrentó a Moisés con una amenaza, una vara o una enfermedad que ha podido ser fatal. El contexto deja en claro que fue Moisés quien no había cumplido con la circuncisión del hijo, bien por descuido o a causa de su esposa Séfora. Era de capital importancia que aquel que sería el líder de Israel cumpliera con la señal del pacto que hablaba de la separación a Dios. Séfora hizo lo que debía hacer, pero aparentemente bajo protesta, y posiblemente porque Moisés no podía hacerlo en esa ocasión. Ella no entendería el pleno significado de lo que estaba haciendo. Moisés era el responsable y Dios tenía pleito con él, no con ella.

Éxodo 12.22        Tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo

En cierto libro de comentarios se dice que es lamentable que figure el término lebrillo, porque en el idioma original se trata del umbral de una casa. Sin embargo, hombres competentes señalan que el vocablo hebreo saph se usa más de veinte veces en el Antiguo Testamento en el sentido de una puerta o un umbral, pero también siete u ocho veces para significar un recipiente.

El contexto decide el sentido. Por ejemplo, en 2 Samuel 17.28, Barzilai y otros le llevaron “camas, tazas, vasijas de barro”, etc. a David. La palabra se usa también en Jeremías 52.19, donde las tropas invasoras sacaron copas y ollas de la casa de Dios. Mal puede la palabra significar un umbral en estos casos.

Hemos oído decir que la sangre en Éxodo 12 estaba en la depresión de la entrada, pero no podemos estar de acuerdo. Nada que es típico de la sangre de Cristo, su persona o su obra, se puede pisotear, como Hebreos 10.29 nos hace saber.

Éxodo 13.2   Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es.

No siempre captamos el sentido de un término bíblico por su uso común hoy en día. Por ejemplo, el primer sentido dado al verbo “consagrar” en el Diccionario de la Real Academia es “hacer sagrado a alguien o algo”. Tenemos que llegar al cuarto sentido para leer que “consagrar” también es “Dedicar a Dios por culto a una persona”.

Esta consagración de por sí no hacía bueno al primogénito, ni limpia a la bestia. Dios mandó a Moisés a asignar al primogénito para Dios. De esta manera habla de consagrar o santificar el séptimo día; Él quiere que sea puesto aparte para sí.

Éxodo 24.10, 33.20      Vieron al Dios de Israel. No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.

Efectivamente, parece haber una contradicción. La pregunta es difícil, y los comentaristas poco la tratan.

Leemos en Juan 4.24 que Dios es Espíritu y en Juan 1.18 que a Dios nadie le vio jamás. Esencialmente, es invisible en su persona. No vamos a entrar aquí en la cuestión de las teofanías, sobre las cuales hay diferencia de opinión; ellas son todo un tema en sí.

Sin duda las palabras del 24.10 quieren decir que aquellos setenta y cuatro hombres vieron con sus ojos naturales alguna apariencia de Aquel que les había convocado. Quizás lo que vieron fue aquello de lo cual leemos en Números 12.8, “verá la apariencia de Jehová”. Éxodo 33.20 concuerda con nuestra cita de Juan 1.

Las palabras en 24.10 y 33.20 no se contradicen. Jehová le habló a Moisés cara a cara pero decretó que no podía ver su rostro. La señorita Fanny Crosby, la himnista de un todo ciega, solía decir a sus visitas, “Bendito sea tu corazón, tanto me agrada verte”.

Qué fue la forma de lo que vieron estos cuatro hombres y veinticuatro ancianos, no sabemos. Contemplaron lo que estaba bajo los pies de Dios, como si fueran los mismos cielos en claridad. Debemos distinguir siempre entre ver a Dios en la forma de una persona y verle en la revelación de su carácter y obra. De su majestad invisible se declara en 1 Timoteo 6.16 que Él habita en luz accesible, “a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver”.

Véase también el comentario sobre Juan 1.18.

Éxodo 27.4          … le harás [para el altar de bronce] un enrejado de bronce de obra de rejilla

Creemos que esta rejilla estaba dentro del altar, “y llegará hasta la mitad del altar”. El señor Darby tradujo la cláusula “la malla será hasta todo el medio del altar”. [Pero la Versión Moderna, por ejemplo, reza, “de modo que llegue la red hasta la mitad del altar”] El fuego del altar ardía en el enrejado, Levítico 6.9. La altura de esta sería la del propiciatorio, a saber, cubo y medio. La justicia y la paz se encontraron al mismo nivel. “La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron”, Salmo 85.10.

Éxodo 28.30        Pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Jehová

El sentido del Urim y Tumim es de luces y perfecciones, y algunos opinan que eran dos piedras adicionales a aquellas que estaban sobre el pectoral, posiblemente puestas en el bolsillo que estaba formado al doblar esta prenda.

Una comparación de los pasajes que hacen mención de éstos da a entender que, de alguna manera no revelada en la Palabra de Dios, se empleaban el Urim y Tumim para discernir la voluntad de Dios. Números 27.21 reza, “El se pondrá delante del sacerdote Eleazar, y le consultará por el juicio del Urim delante de Jehová; por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación”. También en 1 Samuel 28,6, cuando Saúl inquirió de Jehová. “Jehová no le respondió (1) ni por sueños, (2) ni por Urim, (3) ni por profetas”. Adicionalmente, Esdras 2.63, “El gobernador les dijo que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote para consultar con Urim y Tumim”.

Más allá de esto, no podemos decir qué eran el Urim y Tumim.

Éxodo 33.7          Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión.

Poco se sabe de este tabernáculo, o tienda, que parece haber sido de donde Moisés despachaba. Éxodo 18.13,14 da a entender que era su oficina, o tribunal.

Aparentemente era una estructura pequeña, ya que él podía trasladarla. Leemos en el 33.11 que Josué se quedaba en “el tabernáculo”. Ahora, él no tenía funciones sacerdotales, así no estaba ubicado en lo que nosotros comúnmente llamamos el tabernáculo. Aquel tabernáculo debía estar levantado en medio de la congregación, como enseña Números 3, y no lejos como en el 33.7. De todos modos, este tabernáculo principal no había sido construido en la ocasión del pasaje en referencia, véase el 40.2.

Éxodo 33.18        Te ruego que me muestres tu gloria.

Véase el comentario sobre Juan 1.18.

Levítico 19.28     No haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Jehová.

Este versículo nada tiene que ver con la pregunta planteada; a saber, si es correcto que un cristiano done su cuerpo para estudios científicos o el trasplante de órganos. Trata sobre lacerar el cuerpo cuando uno está en luto.

En cuanto a donar nuestros órganos o un cadáver, vienen a la mente Gálatas 6 10 y 1 Corintios 6.19. “Según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. ¿Ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”

A la luz del primer versículo citado, uno estaría dispuesto a donar sangre o un miembro del cuerpo, cuando puede prescindir de él, para salvar la vida de otra persona. Pero, debemos llevar en mente la santidad de nuestro cuerpo; le pertenece a Dios y es templo del Espíritu Santo. Por esto debemos tener cuidado cómo usarlo.

Levítico 21.21     Ningún varón de la descendencia del sacerdote Aarón, en el cual haya defecto, se acercará para ofrecer las ofrendas encendidas para Jehová.

Los versículos anteriores ofrecen una lista de estas anormalidades o defectos. Hay los ciegos, cojos, enanos y otros. En ningún caso la culpa era del individuo y ninguno de estos  defectos quitaba del hecho de que el sujeto dejara de ser “de la descendencia del sacerdote Aarón”. Sin embargo, cualquiera de estas condiciones le descalificaba para “ofrecer las ofrendas encendidas para Jehová”. Dios no permitía que un sacerdote defectuoso funcionara a su altar. Adicionalmente, “No se contaminará como cualquier hombre de su pueblo, haciéndose inmundo”, 21.4.

Se pregunta en qué medida esto aplica al anciano en la asamblea local o al que se ocupa a tiempo completo en la obra del Señor hoy por hoy. Primeramente, no creemos que ninguna doctrina del Nuevo Testamento pueda basarse en un pasaje del Antiguo Testamento si el Espíritu Santo no lo ha hecho. (Ejemplos de esta última circunstancia se encuentran en
1 Corintos 9, “no podrás bozal al buey que trilla”, y en otras partes). Si se tomaran literalmente hoy en día los requerimientos para el sacerdocio en Levítico 21, no habría ningún legítimo siervo de Dios entre nosotros, salvo acaso alguno de la tribu de Leví y la casa de Aarón.

Sin embargo, hay un sentido en que estas leyes de la antigüedad tienen cierta relevancia al ministerio cristiano. Los principios divinos son los mismos en todas las dispensaciones. Por ejemplo, “Es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo …”, Tito 1.7. En cuanto a Tito mismo, Pablo le escribió, “presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras”, 2.7. La razón era, “que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros”. Esto le aplica al siervo del Señor, uno que “come del templo” y es “partícipe del altar”, 1 Corintios 9.13.

Algunos cristianos caben en 2 Pedro 1.9: “tiene la vista muy corta; es ciego”. Deben ser diligentes, haciendo firmes su vocación y elección. En Hebreos 12.13 leemos que algunos son “cojos” y en peligro de tropezar. La exhortación allí es que sean sanados. Hay enanos espirituales en estos tiempos, pero podrían desarrollarse a una estatura normal si tuvieran interés por hacerlo. No creo que los defectos de esta naturaleza sean necesariamente permanentes, sino que pueden ser superados y los individuos pueden llegar a ser capacitados para todo servicio santo.

Sin embargo, hay “defectos” por los cuales uno es enteramente responsable por haberlos traído sobre sí, y ellos pueden quedarse como cicatrices hasta el final del peregrinaje. La tal persona puede ser restaurada. Pedro fue restaurado y perdonado plenamente después de su amplio arrepentimiento, y fue a él que el Señor dijo, “Apacienta mis corderos”. Desde luego, uno puede ser completamente restaurado a la vista de Dios y ante sus hermanos, pero su defecto todavía puede ser ocasión de tropiezo para los inconversos que no se satisfacen fácilmente por las realidades de la restauración. Esto aplicaría especialmente entre los “incircuncisos” que tenía conocimiento del “defecto”.

En cuanto a la pregunta respecto al servicio a tiempo completo, sugiero que cada caso debe ser visto a la luz de sus propios méritos. Requiere sabiduría de lo alto.

Números 12.1     Él [Moisés] había tomado mujer cusita

La palabra cusita aquí [y etíope en algunas versiones en inglés] no necesariamente da a entender que la esposa de Moisés era africana. La palabra cusita se refiere a los descendientes de Cus y también a un pueblo que se radicó en Arabia, Persia y África. Esta mujer no necesariamente era negra, pero probablemente de un cutis más pronunciado que el de su esposo.

Posiblemente Habacuc 3.7 sugiere una conexión entre Cus y Madián, “He visto las tiendas de Cusán en aflicción; las tiendas de la tierra de Madián temblaron”. No insisto sobre este detalle, porque la referencia puede ser a Cusan-risataim, mencionado en Jueces 3.8 como opresor de Israel.

Números 23.19   Dios no es hombre … para que se arrepienta.

El sentido bíblico del arrepentimiento es un cambio de parecer. La idea queda clara en Salmo 119.59, “Consideré mis caminos, y volví mis pies a tus testimonios”. El arrepentimiento no debe ser confundido con la penitencia, aunque el arrepentimiento del hombre puede traer penitencia.

Es cierto que en ciertos pasajes leemos del arrepentimiento de parte de Dios. Por ejemplo, en Génesis 6.6 “se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra”; Éxodo 32.14, “Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo”; y Jonás 3.10, “Vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo”. Ahora bien, sabemos que Él no cambia; “Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos”, Hechos 15.18.

“A menudo los escritores sagrados representaban a Dios como movido por lástima, o arrepentimiento, o una disposición de ceder por haber tomado ciertas iniciativas … Esto no debe ser entendido como si Dios sufriera remordimiento por haber actuado indebidamente, o que Él se arrepienta de un paso falso de parte suya, como hace un hombre al darse cuenta de que se ha equivocado. Dios no es capaz del arrepentimiento en este sentido, pero a veces cambia de conducta ante aquellos que le son infieles”. (Alexander Cruden)

Escribió Pablo: “Aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté”, 2 Corintios 7.8. No es que él estaba consciente de ser culpable de algo, sino pesaroso por las consecuencias infelices que podrían resultar de su postura. No pocas veces esta es la experiencia de un siervo del Señor, u otro, que ha ministrado cierta reprensión que se ajustaba a la Palabra de Dios. Cuando se ve el efecto de aquel ministerio, él se siente arrepentido, o aun triste.

Véase también el comentario sobre Romanos 11.23

Deuteronomio 32.10    Lo guardó como a la niña de su ojo

Esto se refiere al cuidado de Dios para su pueblo terrenal Israel. En Salmo 17.8 David ora, “Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas”. Se trata de un profundo deseo por lo mismo: la preservación y el cuidado. En Proverbios 7.2 encontramos un consejo de Salomón para su hijo: “Guarda mis mandamientos y vivirás, y mi ley como las niñas de tus ojos”, y el lamento de Jeremías fue, “El corazón de ellos clamaba al Señor; Oh hija de Sion, … no descanses, ni cesen las niñas de tus ojos”.

En Zacarías 2.8 se dice que “Ha dicho Jehová … el que os toca, toca a la niña de su ojo”. Aquí la palabra en hebreo es otra, pero con el mismo sentido. La frase se refiere el pulpillo del ojo, cosa de valor inestimable y debe ser guardada con sumo cuidado.

Jueces 11.31       Cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto.

Sería de mucho agrado concluir que este hombre severo y celoso no llegó a ofrecer a su hija como sacrificio en cumplimiento de su juramento tan imprudente. Lo cierto es que era capaz de hacer tal cosa; la narración hace entrever su carácter. Él acaba de triunfar sobre los amonitas “con muy grande estrago”, y al llegar a su casa, con la espada roja con sangre, estaría dispuesto a cumplir con su promesa.

El capítulo siguiente relata cómo mató sin misericordia a cuarenta y dos mil hombres de Efraín. El hecho de ser israelitas no les salvó de su ira, sino que murieron por una mínima provocación. ¿Tenemos que llegar a la conclusión, entonces, que este varón egoísta hizo lo que dijo que haría, y ofreció a su propia hija como holocausto?

Por el otro lado, conviene no suponer demasiado. Jefté sabía algo de la ley de Dios y que los sacrificios de seres humanos eran prohibidos en Israel por Deuteronomio 18.9,10. Ha podido redimir a la hija por treinta piezas de plata. “Cuando alguno hiciere especial voto a Jehová … si fuere mujer, la estimarás en treinta siclos”, Levítico 27.2,4.

Hay traducciones que rezan, “será de Jehová, o lo ofreceré en holocausto”. De todos modos, la narración no hace mención de sangre.

Ahora, en la Reina-Valera el 11.40 dice que las doncellas endechaban a la hija cada año, pero es de notar que la Versión Moderna, entre otras, dice que se reunían para celebrarla. Parece casi increíble que ellas se dedicaran anualmente a celebrar la muerte de esta mujer. Da la impresión que ella estaba dedicada a una virginidad perpetua, y el versículo 39 nos informa que nunca conoció varón. Cuatro días del año eran dedicados a “conversar con ella”, no de su muerte, sino de su castidad. Tengamos presente que cada mujer aspiraba que el Mesías viniera por medio de ella, y la virginidad era considerada una calamidad.

Rut 4.8       Entonces el pariente dijo a Booz: Tómalo tú.
Y se quitó el zapato.

Hay quienes creen que fue Booz que se quitó el zapato.

Si fue el pariente que lo hizo, hay una lección importante en el incidente, a saber, que le dio a Booz el derecho legal a redimir. Quitarse el zapato le dejó en el lugar de un siervo que camina descalzo; entregarlo a Booz le pone a éste en el lugar de hijo y heredero; véase Lucas 15.22.

El zapato se relaciona con la herencia en algunos lugares donde figura en las Escrituras, y cuando este desconocido pariente se quitó el suyo, él renunció el derecho de andar en, o posesionarse de, el campo de Elimelec. El calzado transferido a Booz en la presencia de diez testigos sirvió de título de propiedad del inmueble; la puerta de la ciudad era el lugar donde se formalizaban estas transacciones.

El procedimiento en Rut 4 equivale el sello de una notaría pública en nuestros tiempos. El siervo se quita el zapato, Éxodo 3.5; el hijo lo pone, Lucas 15.22.

Rut 4.13     Booz, pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer

La ley de Moisés establecía claramente en Deuteronomio 23.3 que “no entrará amonita ni moabita en la congregación de Jehová, ni hasta la décima generación de ellos; no entrarán … para siempre”. Sabemos que fue en los días de Jueces, cuando cada cual hacía según le parecía, que Booz se casó con esta mujer de Moab, pero aparentemente era un varón temeroso de Dios. Dios no nos ha dicho por qué aprobó esta unión; Él no siempre explica sus decisiones.

Todo el relato tiene un sentido dispensacional, y también una enseñanza típica. La lección sobresaliente que aprendemos es la de la gracia. La fe gobernó las acciones de Rut desde el principio; era ella, por decirlo así, una israelita antes de salir de Moab. La fe la sacó de allí y la llevó al campo de Booz; toda su experiencia fue una de “gracia sobre gracia”.

1 Samuel 3.1       La palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.

La palabra de Jehová se refiere aquí a una revelación de Dios, cosa poca frecuente en aquel entonces. Dios hablaba muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, pero cuando Samuel era muchacho era cosa poco común. La decadencia espiritual había llegado a un punto tal que Dios no encontraba a uno por quien pudiera comunicarse con la nación.

1 Samuel 17.12  David era hijo de aquel hombre efrateo de Belén de Judá, cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos.

En 16.10,11 se afirma que David era el menor de ocho hijos de Isaí, y de nuevo en este versículo que el padre tenía ocho, pero en 1 Crónicas 2.13 al 15 leemos de solamente siete, y de nuevo que David era el menor.

No hay una solución definitiva a este problema. Se han ofrecido varias sugerencias, inclusive la de un error tipográfico. Debemos ser cuidadosos ante las explicaciones de errores en las Sagradas Escrituras, inclusive de parte de los escribanos al copiar números y nombres. Es mejor intentar encontrar soluciones entre las tapas del Libro.

Posiblemente uno de los hermanos de David había fallecido sin dejar prole, y por esto no figura en Crónicas. Conformémonos con que toda Escritura es inspirada de Dios.

1 Samuel 28.15 Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más,

¿El rey Saúl era salvo? Por cuanto las Escrituras no nos dicen explícitamente, no es fácil responder a esta pregunta. Es más, debemos ser cautelosos con el uso del calificativo salvo en el contexto del Antiguo Testamento.

Hay dos argumentos de cierto peso para hacer pensar que Saúl sí era hijo de Dios. (1) Se dice que “le mudó Dios su corazón”, 10.9, como si se tratara de un nuevo nacimiento. (2) Dijo Samuel, “Mañana estarás conmigo”, 28.19. Ciertamente Samuel estaba en el lugar de los justos, pero esto de por sí no quiere decir que Saúl estaría asociado con él en el estado eterno, sino que estaría muerto y sepultado.

El fin de la vida de Saúl fue tal como para hacernos pensar que no era hijo de Dios, sino que murió cual impío. Las palabras de 28.15,16 parecen apoyar este criterio. “Dios se ha apartado de mí”, y “es tu enemigo”. Dios nunca abandona a un hijo suyo al cierre de la vida, como hizo con Saúl. Sugerimos que no era salvo.

 

2 Samuel 3.33    ¿Había de morir Abner como muere un villano?

Soy de la opinión que Abner tenía el derecho de huir a una ciudad de refugio y que parece claro de 2 Samuel 2.21 al 23 que él no mató a Asahel adrede. Al haber sido Abner un homicida, Joab hubiera tenido derecho pleno a matarlo dondequiera que lo encontrara; véase Números 35.19.

Las palabras de David, “Tus manos no estaban atadas, ni tus pies ligados con grillos; caíste como los que caen delante de malos hombres”, tal vez dan luz sobre el asunto. Abner fue muerto en toda la puerta de Hebrón, 3.27, una de las ciudades de refugio según Josué 20.7. En la mente de David, una de las razones (había otras) por haber muerto como un villano ha podido ser que estaba en la puerta de un lugar de seguridad.

2 Samuel 12.23 Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.

No hay escritura que trate específicamente la condición presente de aquellos que mueren en la infancia. David podía decir de uno de ellos que, “yo voy a él”.

1 Juan 2 habla de Jesucristo como la propiciación de no solamente los pecados nuestros, sino de los del mundo entero, y 1 Timoteo dice que se dio en rescate por todos. La provisión hecha por la muerte de Cristo no tiene límite, pero para que sea aplicable en la redención de uno, cada cual debe ejercer la fe de por sí. Es sólo “para todos los que creen en él”, Romanos 3.22. Un infante es incapaz de ejercer esta fe, y parece que Dios en misericordia puede aceptar al tal legítimamente. 1 Corintios 15.23 habla de la resurrección de los que son “de Cristo”, pero prefiero “los que están en Cristo”.

Hablamos de alcanzar la edad de responsabilidad en cuanto a la salvación del alma, pero las Sagradas Escrituras no emplean esta terminología. Nadie puede decir cuál sería esa edad, aun cuando creemos que hay un momento en que cada uno se hace responsable ante Dios respecto al pecado y la salvación.

Lucas 19.10 sigue al relato de la conversión de un hombre maduro, Zaqueo, y reza, “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Mateo 18.11 sigue al relato de los niños que entran en el reino de Dios, 18.5,6,10, pero no dice nada de buscar. El lenguaje es más bien que el Hijo del Hombre ha venido a salvar al perdido.

Salmo 8.4  ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?

Las dos palabras presentadas como hombre son diferentes. La primera es enosh, el hombre mortal, y la segunda, hijo del hombre, es “hijo de Adán”. El salmista reflexiona sobre el hecho de que Dios se digne pensar en el débil, frágil hombre, y que visite a los hijos de Adán de la manera descrita en el salmo.

Hebreos 2.6 al 8 nos cuenta el lugar de supremacía que Dios le dio a Adán, pero deja en claro que aquél era tan sólo un tipo o figura de Uno que iba a venir, a saber, Cristo. El octavo salmo fue escrito acerca del hombre en su creación, no en su presente estado caído, prefigurando así al Hombre de Hebreos 2.9, “vemos a Jesús”. La realización del propósito por el cual Dios creó al hombre, a ejercer dominio, ha sido aplazada, por así expresarlo, pero tendrá su cumplimiento en Cristo por toda la eternidad.

Salmo 15.5; Lucas 19.23      Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? … quien su dinero no dio a usura ¿Por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?

Estas palabras fueron dirigidas a Israel; Dios no quería que su pueblo terrenal abusara el uno al otro en las cuestiones financieras. Éxodo 22.25 establece, “Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura”.

El trato transparente en las finazas, y la ayuda mutua de manera cristiana, son parte de la ética del Nuevo Testamento. Creemos que da gloria a Dios y rendirá buenos dividendos ante el tribunal de Cristo cuando uno ayuda al pobre por motivos sanos y aun presta dinero con toda rectitud. Es más, el testimonio no sufre.

Un hermano puede dar prestado sin aprovecharse del otro, así como puede dar su casa en alquiler por una cuota justa. Una tasa de interés exorbitante, o un descuento ilícito del monto capital, es malo y un hijo de Dios no debe hacerlo. Cuestionamos la espiritualidad de quien tenga esas prácticas. Proverbios 10.9 aplica: “El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”.

Se pregunta si hay enseñanza acerca de los principios de la usura en Lucas 19.23 o Mateo 25.27. Nada tienen que ver. Al siervo negligente en Mateo se le dijo, “Debías haber dado mi dinero a los banqueros …” En el otro pasaje se enseña que el hombre aplicado se cuida de servir al Señor fielmente; él negocia con lo que tiene, y percibe ganancia. Claro está que nuestro Señor no iba a aprobar un principio malsano,

Salmo 22.14        He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas.

Pocos son los detalles que se nos han dado acerca de la crucifixión del Señor. No sabemos si se puso la cruz en el suelo primeramente para fijar el cuerpo allí, o si la levantaron para luego clavar el cuerpo. Lo que sabemos es que Él fue “levantado” en la terminología de Juan 3.14, 8.28 y 12.32,33. Sus pies fueron perforados para fijarlos al madero, un procedimiento atípico.

En cuanto a la cláusula “todos mis huesos se descoyuntaron”, Albert Barnes escribe, “No es necesario suponer que sus huesos fueron literalmente dislocados, como tampoco que Él fue “derramado como aguas” o que su corazón estaba “como cera”. El sentido es que se quedó completamente postrado e impotente; estaba en una condición que no podía usar las extremidades”.

***

La ciencia médica ha intentado encontrar una causa física por la rapidez de la muerte del Señor Jesús, ya que normalmente la muerte por crucifixión es un proceso lento. Hay quienes concluyen que la causa inmediata fue una ruptura del corazón, consecuencia de un intenso sufrimiento mental. Esto, dicen, se ve por haber sido perforado su costado y el consecuente derrame de sangre y agua, Juan 19.34. Explican que un corazón “partido” emite agua en la defunción.

Cuestionamos la reverencia a encontrarse en atribuir la muerte del Hijo de Dios en la cruz a una causa física. David exclamó prudentemente, “Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí”, Salmo 131.1.

Algunos de aquellos que razonan que su muerte resultó de una causa física apoyan su teoría con Salmo 69.20, “El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado”. Pero no vamos a pensar que el Señor Jesús haya muerto por el reproche de los hombres; fue Dios, y no los hombres, quien le afligió. Sabemos que, aparte de los dolores físicos, fue a mano de Dios que Él sufrió, y esto elimina el 69.20 como una causa. El 22.14 tampoco se refiere a la causa.

Aun cuando nuestro Señor fue crucificado en el Calvario, Él no murió por crucifixión. Pedro acusó a los varones de Israel, “a éste … prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole”, Hechos 2.23, y de nuevo, “matasteis al Autor de la vida”, 3.15, pero con todo las palabras de nuestro Señor también son acertadas, “Yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo”, Juan 10.17,18. Sin duda esto basta para mostrar que Él no falleció debido a alguna debilidad o causa física.

Cualquiera puede morir de un corazón “partido”, o tomar su propia vida, o aun entregarse a otro para que la quite, pero el poder para entregar el espíritu voluntariamente no es suyo. Esto lo hizo el Señor en la cruz. Por esto su muerte, y por ninguna otra razón. Disponemos de pocos detalles, pero sabemos que la rapidez de su muerte está registrada para nuestra instrucción y consideración.

Véase también el comentario sobre Juan 19.37.

Salmo 69.5; 2 Corintios 5.21          Dios, tú conoces mi insensatez, y mis pecados no te son ocultos. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado

Nuestro Señor no hizo pecado, no tenía pecado y estaba sin pecado. No fue hecho pecador, cosa que no podía ser, sino que en la cruz del Calvario fue hecho nuestro aval; se hizo responsable, por decirlo así, por todo lo que estaba en nuestra contra. Por consiguiente, nuestros pecados se hicieron suyos; Él satisfizo las demandas que la justicia divina nos hacía. Cual ser sin mancha y sin falta, Él se presentó para quitar de en medio el pecado.

En el versículo citado de Corintios tenemos el pensamiento de Salmo 69.5, “mis pecados no te son ocultos”. No dice que el Señor haya sido hecho un sacrificio por el pecado, sino que fue hecho pecado por nosotros. Los estudiosos nos explican que hay una misma palabra en hebreo por pecado y sacrificio por el pecado. Sin embargo, es mejor ceñirnos a las palabras precisas de 2 Corintios 5.21, aun cuando posiblemente no entendamos plenamente lo que significan

Podemos observar que ningún salmo se cita en el Nuevo Testamento más que el 69 en relación con los sufrimientos de Cristo; se emplean los versículos 19, 21, 22 y 25.

Salmo 116.15     Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos.

Los versículos 3 al 8 nos permiten entender este versículo. A la luz de su salvación de la muerte, el salmista declara que en los ojos del Señor la muerte es una cosa costosa o estimada. No es poco cosa para Dios cuando uno de los suyos fallece, y especialmente en el caso de un mártir. En el 72.14 leemos, “… la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos”.

Ahora, en la traducción literal del señor Young este versículo reza, “Preciosa en los ojos del Señor es la muerte por sus santos”, y el señor Rotherham lo traduce, “Costosa en los ojos de Jehová es la muerte por sus hombres de misericordia”. Cambiar de de a por aplicaría esta muerte a la del Señor Jesús en la cruz. De que esa muerte haya sido estimada costosa a los ojos de Jehová, no lo vamos a dudar. Sin embargo, reconocemos que algunos estudiantes del hebreo consideran que el texto no permite estas traducciones alternas.

Salmo 119.70     Se engrosó el corazón de ellos como sebo, mas yo en tu ley me he regocijado.

El vocablo sebo aquí es una figura de la terquedad e insensibilidad. “Su corazón” se refiere a los soberbios mencionados en el versículo anterior. Por el orgullo, la prosperidad y la influencia mundana los corazones se “engordan”. En Isaías 6.9 se le demanda al profeta: “Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis”. El resultado del mensaje se ve en el versículo que sigue: “Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad”.

Una deliberada resistencia a la Palabra de Dios, la luz del evangelio y a la voz del Espíritu Santo hace que el corazón del pueblo se hinche, se ponga insensible. Pero sigue en el salmo, “mas yo en tu ley me he regocijado” El corazón del escritor no tenía grasa en contraste con aquellos que tenían “sebo”. Él tenía hambre por la Palabra de Dios.

Proverbios 25.16, 27   ¿Hallaste miel? Come lo que te basta, no sea que hastiado de ella la vomites. Comer mucha miel no es bueno, ni el buscar la propia gloria es gloria.

La idea en el versículo 16 es que no conviene comer miel en exceso, porque el resultado puede ser un estómago indispuesto. En el 24.13 el escritor dice, “Come, hijo mío, de la miel, porque es buena, y el panal es dulce a tu paladar”. La miel es agradable para el paladar, y por esto hay el peligro de sobrepasarse. Una cantidad prudente es positiva; una cantidad excesiva es dañina.

En el versículo 27 se ofrece un consejo práctico. La miel en las Escrituras habla de la dulzura natural. Estaba vedada para las ofrendas según Levítico 2.11: “Ninguna ofrenda que ofreciereis a Jehová será con levadura … ni de ninguna miel se ha de quemar ofrenda para Jehová”. La lección a ser aprendida es que la alabanza propia – la dulzura natural – es como comer miel en exceso; es dañino.

Eclesiastés 9.5    Los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben …

En el libro de Eclesiastés Salomón escribe desde la perspectiva de las cosas “debajo del sol”, 8.15,17, 9.6. Los vivos saben que van a morir; los muertos no están inconscientes, pero no saben qué está sucediendo “debajo del sol”. No tienen contacto con la tierra. En este versículo tenemos, entonces, un contraste entre los vivos y los muertos desde el punto de vista de la tierra.

A lo largo de la Palabra de Dios se deja en claro que los muertos están en un estado consciente. A los hijos de Dios Pablo escribió en Filipenses 1.23 que partir y estar con Cristo “es muchísimo mejor”. Estas palabras nos enseñan que los tales tienen un conocimiento agradable, aun estando en una condición “desnuda”, 2 Corintios 5.4.

Véase también el comentario sobre Juan 11.11.

Cantares 4.11, Isaías 2.13 al 16    el olor de tus vestidos como el olor del Líbano.  Todos los cedros del Líbano altos y erguidos, y sobre todas las encinas de Basán

El sentido de líbano es blancura. Hay una montaña con este nombre en el norte de Palestina, referida en Jeremías 18.13, Oseas 14.5,6, etc. y en sus laderas crecían los “cedros” de Líbano que se usaron en la construcción del templo, 1 Reyes 5.6, Salmo 104.16, Ezequiel 27.5, etc. Eran árboles gruesos, altos y hermosos que daban una fragancia parecida al bálsamo. Por esta fragancia agradable de sus bosquecillos, el “olor del Líbano”.

Su madera no se deteriora ni admite insectos, y por esto “El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán”, Salmo 92.12,13.

Sin embargo, no siempre se emplea el cedro del Líbano como una figura de lo que es de Dios. Se le da ese mote al imperio asirio en Ezequiel 31.3, y hay también Isaías 10.34, “el Señor … cortará con hierro la espesura del bosque, y el Líbano caerá con estruendo”.

Isaías 2.13 habla de los cedros del Líbano como altos y erguidos. Parece ilustrar aquella gloria natural y el poder humano de los líderes militares de las naciones que se congregarán para oponerse al pueblo terrenal de Dios en un día venidero. El Día de Jehová será un tiempo de juicio sobre toda forma de arrogancia. En aquel pasaje encontramos cuatro pares de palabras que resumen la altivez que será cortada en esos años: cedros y encinas; montes y collados; torre alta y muro fuerte; naves y pinturas. Los logros sociales y comerciales de los hombres, como también su poderío militar, están simbolizados en estas metáforas, y serán castigados en el Día de Jehová.

Isaías 9.6   un niño nos es nacido, hijo nos es dado … se llamará … Padre Eterno,

Hay una diferencia importante entre niño e hijo, y nos incumbe notarla cuidadosamente. Dice que el niño nació, pero el hijo no nació, sino fue dado. Se refiere a Aquel que ya era el Hijo de Dios en toda la eternidad. “La virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”, 7.14. Efectivamente, nació cual niño, pero Dios dio a Israel y al mundo su Hijo eterno.

El Señor Jesús es el Padre de la Eternidad, el Padre de las Edades, el Padre del mundo venidero, porque de él fueron trazadas las edades. Este nombre aplica al creador de todas las cosas; “por quien asimismo [Dios] hizo el universo”, Hebreos 1.2.

Él es antes de todo y por Él todas las cosas subsisten, Colosenses 1.17. Es el que habita la eternidad, Isaías 57.15. Es el Padre Eterno en el sentido de su eterna existencia, tanto pasada como adelante por todos los ciclos de una eternidad futura. Es aquel que Juan oyó decir, “He aquí, hago todas las cosas nuevas”, y es también aquel que aporta la vida eterna por su propio poder y deidad.

Isaías 19.20, Ezequiel 29.14,15    Los ejércitos en la tierra de Egipto … clamarán a Jehová

los cautivos de Egipto … allí serán un reino despreciable.

A Egipto le esperan una gran derrota militar y su reconciliación a Dios a la postre.

Los profetas aluden a menudo al decaimiento de Egipto. “Vendrá espada a Egipto … también caerán los que sostienen a Egipto, y la altivez de su poderío caerá”, Ezequiel 30.4 al 6. “Toma bálsamo, virgen hija de Egipto; por demás multiplicarás las medicinas; no hay curación para ti. Las naciones oyeron tu afrenta, y tu clamor llenó la tierra; porque valiente tropezó contra valiente, y cayeron ambos juntos”, Jeremías 46.11,12.

Se ven tres líderes militares en la guerra mundial previa a Armagedón: la cabeza del Imperio Romano reavivado, llamado la bestia; el rey del norte, llamado el asirio; y el rey del sur, sin duda a la cabeza del ejército egipcio. Algunos dicen que el rey del sur no puede ser éste porque Ezequiel 30.13 afirma que no habrá príncipe en la tierra de Egipto. Respondemos que tal vez él no sea egipcio, pero sin duda conducirá el ejército de aquella tierra.

A la vez que estos tres grandes poderes tienen el ojo puesto en la rica tierra de Palestina, el rey del norte atacará al rey del sur. Será la última operación militar de Egipto, y terminará en desastre. “Extenderá su mano contra las tierras, y no escapará el país de Egipto. Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto”, Daniel 11.42,43.

Hay por delante una bendición divina para Egipto posteriormente, en el milenio. “En aquel tiempo habrá altar para Jehová en medio de la tierra de Egipto, y monumento a Jehová junto a su frontera … Jehová será conocido de Egipto, y los de Egipto conocerán a Jehová en aquel día, y harán sacrificio y oblación; y harán votos a Jehová, y los cumplirán”, Isaías 19.19,21. Una profecía como esta parece muy sorprendente; o sea, que tanto Egipto como Asiria van a ser favorecidos. “En aquel tiempo habrá una calzada de Egipto a Asiria, y asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiria; y los egipcios servirán con los asirios a Jehová … porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad”, 19.23 al 25.

Desde luego, Israel estará a la cabeza y en el centro de las bendiciones terrenales. Esta calzada se llama Camino de Santidad en el 35.8, y ninguna barrera impedirá la amistad entre naciones una vez enemigas entre sí. Será usada para las peregrinaciones a Jerusalén para adorar a Dios, y para el comercio también.

No obstante esta conversión tan llamativa, se aplicarán medidas disciplinarias por la desobediencia. “Acontecerá que los de las familias de la tierra que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia. Y si la familia de Egipto no subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá la plaga con que Jehová herirá las naciones que no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Esta será la pena del pecado de Egipto, y del pecado de todas las naciones que no subieren para celebrar la fiesta de los tabernáculos”, Zacarías 14.17 al 19.

Isaías 45.7          Formo la luz y creo las tinieblas … hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto.

Versión Moderna: “creo la calamidad”; Biblia de las Américas: “el que crea el bienestar y causa las calamidades”.

No se habla aquí de la impiedad moral. Esta “adversidad” es el “mal” de Amós 3.6: “¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?” Obsérvense los contrastes en Isaías: luz / tinieblas; paz / adversidad.

La adversidad, o calamidad, es lo opuesto a la paz, y a menudo se encuentra en este sentido en las Escrituras. “Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir su hijo?” 1 Reyes 17.20. “¡Oh Señor Jehová! … has hecho venir sobre ellos todo este mal”, Jeremías 32.23. Es evidente que se trata de contratiempos. “Dijo Jehová: He aquí yo traigo sobre este lugar … todo el mal de que habla este libro”, 2 Reyes 22.16. Dios no crea el mal moral pero sí aplica la calamidad, “el mal”, al hombre, guardándole responsable por su pecado.

En cuanto a “creo las tinieblas”, véase el comentario sobre Génesis 1.1,2.

Isaías 53.10 al 12        Jehová quiso quebrantarle … Verá el fruto de la aflicción de su alma … Por tanto, yo le daré parte con los grandes

En un tiempo todavía en el futuro, Israel volverá a su propia tierra en incredulidad. Entonces Dios humillará la nación en la misma tierra donde aquel pueblo crucificó al Señor. En aquel tiempo contemplarán a Aquel que laceraron, y lamentarán cada familia aparte; Zacarías 12.9 al 13.

Isaías 53 contiene el lenguaje que emplearán en aquellos días de una conversión nacional. Probablemente Zacarías 13.1 se refiera a lo mismo. La fuente fue abierta tiempo ha en el Calvario, pero Israel como una nación se dará cuenta de ello en un tiempo todavía futuro. Su confesión será, “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”.

La confesión comienza, por supuesto, con el 52.13 y se divide en tres partes. En 52.13 al 15 Dios presenta a su Siervo y dirige la atención de todos a él. En 53.1 al 9 Israel lamenta su conducta en un espíritu de gracia y súplica. Emplean el tiempo perfecto, ya que miran atrás a los que sucedió y lo que ha sido su actitud a lo largo de los siglos. En 53.10 al 12 se resumen el fruto de los sufrimientos del Mesías y su gloria.

Esta tercera sección comienza en el versículo 10 al enfatizar de nuevo que fue Dios que hirió a su Hijo y le afligió a causa de los pecados de la humanidad. Era la voluntad suya y su consejo predeterminado. Dice “cuando haya puesto su vida”. Es cierto que ya lo hizo, pero se contempla el futuro aquí; Él va a ver su simiente y vivirá “por largos días”. Su prole espiritual está en la mira. La voluntad de Dios será realizada en su plenitud en un tiempo todavía futuro; lo ha sido en parte, pero falta mucho para que Israel reconozca que el fruto se madurará después de su restauración.

El versículo 11 también trata del fruto de la cruz todavía en el futuro. El sentido es que por conocerle muchos otros serán justificados. Esto concuerda con Juan 17, “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo”. El versículo termina con, “llevará las iniquidades de ellos”. Delitzch escribe: “Este símbolo, llevará, está entre los verbos en el futuro y está en sí en el futuro. Se refiere a algo que hará el Siervo de Jehová después de haber terminado la obra que fue suya en esta vida. Da a entender una carga continua, 53.4, por medio de su propia obra activa de mediador. Él toma sobre sí continuamente los yerros nuestros cual presentación constante de su expiación que ofreció una vez por todas. El que murió vive aún y es un sacerdote para siempre en virtud de su solo sacrificio, y vive ahora para repartir las bendiciones que Él ha obtenido”.

El versículo remata con afirmar que Él ha orado por los transgresores, pero entiendo que el verbo está en el tiempo imperfecto o futuro indefinido. Es decir, expresa una obra comenzada pero no terminada. La Biblia de las Américas traduce las últimas palabras del capítulo como “intercediendo por los transgresores”.

Dice el señor Vine: “Sin duda se refiere a su oración intercesora al ser clavado al madero; fue en ese momento que intercedió por los transgresores”. Sin embargo, otro comentarista fidedigno escribe: “El verbo está en el futuro; Él hará intercesión. Se expresa con exactitud la distinción cardinal entre cuando hizo expiación por medio de su muerte, que siempre se presenta como cosa del pasado, y su intercesión por su pueblo que se extiende por tiempo indefinido al futuro”. Hebreos 7.25 enseña que “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”.

Se entiende de Isaías 53.12, entonces, que Él intercederá por todos los que en un tiempo futuro aceptarán su obra como por ellos. Creo que esto comenzó en el Calvario, continúa ahora y continuará a la diestra de Dios.

Isaías 53.12        Yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos;

Una explicación de “con los grandes” es que Dios le da al Señor Jesucristo su porción entre los sobresalientes de este mundo. No podemos justificar esta interpretación. Es contrario a toda la enseñanza de las Escrituras que Aquel que se humilló a sí mismo y se hizo obediente a la muerte de la cruz podría compartir su galardón, aun con la gente grande de este mundo. Los grandes, o si quiere los muchos, mencionados aquí no pueden ser personas que comparten algo con Cristo, porqué Él tendrá un galardón único.

“Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”, y ese nombre está “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra”. No es asunto de compartir, sino de asignar.

En cuanto a la segunda cláusula, la de repartir despojos, es Él quien lo hará. Dios le asigna su parte, pero Él reparte con, o entre, los poderosos. Escribe W. E. Vine: “El Padre y el Hijo colaboran, y el Hijo va a repartir con los fuertes. Éstos se mencionan en Salmo 110.3 como los voluntariosos en el día de su poder, compartiendo con él el botín de su triunfo”. (“Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder”).

Otro escritor pregunta: “¿Pero quiénes son estos fuertes?” Y prosigue: “Tiene que ser su pueblo dispuesto, como sus antepasados de Hebreos 11.34 que ‘sacaron fuerzas de debilidad’ y los de Daniel 11.32 que ‘conoce a su Dios se esforzará y actuará’. Él, como una vez antes, se identifica con, y se pone a la cabeza de, aquel pueblo con quien va a compartir el fruto del triunfo de ellos y de sí mismo. ‘He entesado para mí a Judá como arco, e hice a Efraín su flecha, y despertaré a tus hijos, oh Sion, contra tus hijos, oh Grecia, y te pondré como espada de valiente’, Zacarías 9.13. Dios nos ha dado una ilustración de esto en David, una figura del Mesías, quien comparte el botín con Israel en 1 Samuel 30.26 al 31 al derrotar a los amalecitas. Si estoy en lo cierto, la primera referencia sería el gentil hostil y la segunda el arrepentido Israel, el remanente creyente. Los gentiles son los despojos que Él comparte con Israel”.

Isaías 65.20        No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito.

Satanás va estar encadenado durante el así llamado milenio, pero habrá pecado y pecadores sobre la tierra. Sólo los convertidos entrarán en aquel período, pero los nacidos en los mil años habrán nacido en pecado y cometerán pecado así como la gente de hoy en día. Sin embargo, el pecado no se manifestará plenamente. Habrá la apariencia de obediencia al Rey y la rebelión manifiesta contra él será castigada con la muerte. Varios salmos y otras partes del Antiguo Testamento hablan de juicios contra los ofensores en el milenio.

Jeremías 31.22   Jehová creará una cosa nueva sobre la tierra: la mujer rodeará al varón.

Esta declaración es fuera de lo común y, como muchas en el libro del Profeta Llorón, nada fácil de interpretar. Se trata de una revelación del propósito divino a ser cumplido después de sus tiempos.

Algunos opinan que la creación de una cosa nueva es que una virgen dé a luz a un hijo, cosa cierta que está apoyada por escrituras en ambos Testamentos. Sin embargo, no creemos que esta sea la interpretación de la declaración. Aplicarla a la encarnación es sacarla enteramente de su contexto, un proceder poco aconsejable. Es claro que el contexto aquí contempla la reunión de todo Israel, las doce tribus. En aquel día Dios traerá a su pueblo a la tierra de nuevo. En la primera parte del versículo leemos, “¿Hasta cuándo andarás errante, oh hija contumaz?” Ni una palabra tiene que ver con la concepción milagrosa de parte de la virgen María.

Creemos que el sentido sea que, no obstante la debilidad de Israel en aquel entonces, no habrá por qué preocuparse por el fuerte, porque podrá andar alrededor de él. Una traducción que he leído es, “Una fémina defiende a un varón fuerte”. Literalmente, una mujer va a abrazar a un hombre. Cuando Israel vuelva a su tierra, las mujeres prevalecerán sobre los varones fuertes.

Ezequiel 41.23,24        El templo y el santuario tenían dos puertas. Y en cada puerta había dos hojas

No habrá velo en este templo y sólo los sacerdotes tendrán acceso al santuario. Tampoco habrá arca, Jeremías 3.16. No habrá sacrificios; la fiesta de la Pascua será una conmemoración de la muerte de Cristo.

Ezequiel 43.18    Estas son las ordenanzas del altar el día en que sea hecho, para ofrecer holocausto sobre él y para esparcir sobre él sangre.

Los sacrificios del templo en Ezequiel 43 presentan una dificultad y varias opiniones han sido expresadas.

Hay quienes nos dicen que hablan de la Iglesia con bendiciones terrenales, pero esta no puede ser la interpretación acertada por la sencilla razón de que nunca se ve la Iglesia en el Antiguo Testamento. Otros sugieren que el templo de los capítulos 42 y 43 quedaba en el futuro cuando el profeta escribió pero ahora está en el pasado. Es decir, se trata del templo reconstruido en el regreso de Babilonia, y los sacrificios son aquellos que fueron ofrecidos hasta los días de nuestro Señor sobre la tierra. Esta tampoco puede ser la interpretación, porque sólo un remanente volvió en aquella oportunidad y la profecía de Ezequiel tiene que ver con el reino plenamente reestablecido y el templo lleno de la gloria del Señor de nuevo, cosa que nunca sucedió con el segundo templo.

Ezequiel 43 presenta una escena milenaria, futura aún. Todo hijo de Dios debidamente instruido sabe que los sacrificios del Antiguo Testamento señalaban adelante al gran sacrificio de Cristo en la cruz. Durante la edad de la Iglesia, en curso hoy día, los memoriales celebran y señalan atrás al solo sacrificio por los pecados. En la cena del Señor proclamamos la muerte del Señor hasta que Él vuelva. Una vez que venga, la cena cesará, así como cesaron los sacrificios en los propósitos de Jehová cuando se rasgó el velo del templo y se abrió un camino nuevo y vivo al santísimo.

Una vez quitada de esta tierra la verdadera iglesia, el mundo se hundirá en la apostasía. Un remanente de Israel, por ahora volviendo a su tierra en incredulidad, será restaurado plenamente a Jehová, de quien ya está alejado. La venida del Señor a la tierra hará posible la reanudación de la adoración en el templo en la tierra de Emanuel, y este templo, del cual habla Ezequiel, será el gran centro de la adoración terrenal durante el reinado milenario del Rey de Reyes y Señor de Señores. Los sacrificios serán llevados a ese templo y su significado será comprendido como nunca antes.

¿Qué será el significado de esos sacrificios? Sencillamente este: Los sacrificios levíticos eran prospectivos, pero éstos retrospectivos. Aquéllos señalaban a la cruz en el futuro, éstos a la cruz en el pasado. ¡Y qué memorial serán! Todos los comprenderán, y se producirá tal vez el mayor despliegue de adoración que el mundo jamás conocerá. Serán un recordatorio de la cruz, proclamando la historia de la redención a Israel y a todo el mundo gentil.

Daniel 12.2          Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.

Algunos escritores competentes creen que esto se refiere a los santos del Antiguo Testamento y el segundo advenimiento de Cristo. Uno de ellos explica: “Se concluye que la resurrección de Israel no sucede en la ocasión del rapto porque aquella resurrección abarca a solamente los que están en Cristo – 1 Tesalonicenses 4.16 – pero Israel no goza de aquella posición”.

Por otro lado muchos ven el 12.2 como una resurrección espiritual y nacional, y por ende no ven en el pasaje la resurrección de cuerpos. Otro expositor dice de este versículo: “Creo que no hay aquí ninguna referencia a la resurrección del cuerpo, sino a la resurrección nacional de Israel tratada en Isaías 25.19, Ezequiel 37, etc.” Y todavía otro: “El segundo versículo del capítulo no enseña una resurrección física, porque, de ser así, el pasaje estaría en conflicto con la revelación de la resurrección en el Nuevo Testamento … Habrá la primera resurrección en la cual participarán solamente los justos”.

Es evidente que hay opiniones cruzadas sobre la cuestión de cuándo los santos del Antiguo Testamento van a resucitar y ser galardonados. No es fácil saber si acompañarán a la Iglesia en el rapto.

Un criterio se basa en 1 Corintios 15.23: “Cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida”. Un comentarista escribió, discrepando con el criterio resumido en el primer párrafo arriba: “Los santos del Antiguo Testamento claramente se incluyen en la frase ‘los que son de Cristo’, ya que son suyos y por esto van a ser resucitados juntamente con la Iglesia. En 1 Tesalonicenses 4.16 estos últimos se llaman ‘los muertos en Cristo’. Los santos del Antiguo Testamento no están en Cristo pero son de Cristo”.

Aparentemente esto encuentra apoyo en Hebreos 11.39,40: “para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros”. En Hebreos 12.23 se ven dos grupos: la iglesia de los primogénitos, que son los santos de esta dispensación, y los espíritus de los justos perfeccionados, que son los santos del Antiguo Testamento. Si es así, la secuencia de la primera resurrección sería (1) Cristo las primicias, (2) en el rapto, los que son de Cristo y los que están en Cristo, (3) los santos de la tribulación, Apocalipsis 21.4.5.

Pero uno no puede insistir sobre esto. Estamos en una dispensación cuando aun los más alumbrados del pueblo del Señor conocen sólo en parte, de manera que sólo podemos ofrecer sugerencias al responder algunas de estas preguntas. Al terminar, nos permitimos la observación que, si aquellos santos no van a resucitar hasta después de la tribulación, tampoco van a estar presentes en el tribunal de Cristo.

Véase también el comentario sobre 1 Tesalonicenses 4.14.

Amós 6.10           Un pariente tomará a cada uno, y lo quemará para sacar los huesos de casa; y dirá al que estará en los rincones de la casa

Posiblemente esta sea la única mención en las Escrituras de la cremación del cuerpo humano. Sin embargo, de ninguna manera es una recomendación a hacerlo, porque el pasaje dice en seguida, “Calla, porque no podemos mencionar el nombre de Jehová”. Algunas de las personas que practican la cremación lo hacen en desafío de la resurrección, pero sabemos que el cuerpo saldrá a la voz del Hijo de Dios, Juan 5.28,29. La cremación no encuentra sus antecedentes en la Palabra de Dios, sino en el paganismo.

La práctica de enterrar el cuerpo se encuentra varias veces en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Dios sepultó a Moisés en un valle en Moab, Deuteronomio 34.6. Abraham compró una parcela en la cueva de Macpela como cementerio, Génesis 23.8,9. Débora fue sepultada debajo de una encina cerca de Bet-el, 35.8. Jacob sepultó a su esposa en el camino de Efrata, 35.19. Eleazar fue enterrado en un collado en el monte de Efraín, Josué 24.33. Nuestro Señor fue sepultado en la tumba nueva de José, “conforme a las Escrituras”. Los discípulos de Juan el Bautista enterraron su cuerpo, Mateo 14.12, y hombres piadosos llevaron Esteban a su sepultura, Hechos 8.2.

En 2 Samuel 2.4,5 hay un toque agradable en cuanto a la sepultura. “Dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saúl. Entonces envió David mensajeros a los de Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor, con Saúl, dándole sepultura”. Vemos cuál es el proceder de Dios para la disposición del cuerpo muerto.

Amós 9.1   Vi al Señor que estaba sobre el altar, y dijo: Derriba el capitel, y estremézcanse las puertas

Varias traducciones, entre ellas la Versión Moderna y la Biblia de las Américas, rezan junto al altar. Entiendo que se refiere al altar idólatra que Jeroboam erigió en Bet-el, que es el de 1 Reyes 13.1,2, “He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso, aquél clamó contra el altar …”

Amós era boyero de un pueblito en el sur de Judá y Dios le mandó, “Ve y profetiza a mi pueblo Israel”. Su mensaje tenía que ver mayormente con Israel (el reino del norte) pero Judá no estaba excluido. Nunca antes se había enviado un profeta de Judá a profetizar contra Israel; el varón de Dios mencionado en 1 Reyes 13 es el que más se acerca a aquello. Esto le parecía cosa ridícula a Amasías, el sacerdote en Bet-el, quien intentó ahuyentar a Amós, y dijo, “No profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey”, 7.13.

Los últimos tres capítulos registran cinco visiones de Amós: langostas en 7.1, fuego en 7.4, plomada en 4.4, frutos en 8.8 y Dios junto al altar en el capítulo 9. Esta quinta visión es muy llamativa. No se emplea ningún símbolo como en las otras cuatro; más bien Amós ve a Dios mismo y escucha las palabras, “Derriba el capitel …” Se trata de ejecutar juicio. El altar se asocia con la misericordia basada en un sacrificio ofrecido en él, pero se torna en un lugar de juicio al ser despreciado junto son su sacrificio. Viene a la mente Juan 12.31: “Ahora es el juicio de este mundo … el príncipe de este mundo será echado fuera”.

Malaquías 4.5     He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

Estas palabras hacen ver claramente que alguien iba a volver con el ministerio de Elías, y leemos en Mateo 7.11 al 13, “aquel Elías que había de venir”. Vino en el espíritu y poder de Juan el Bautista. Lucas 1.17 dice de él, “irá delante de él (Jesús) con el espíritu y el poder de Elías”.

Citamos a William Kelly cuando escribe acerca de cómo Juan el Bautista volverá el corazón de los padres a los hijos, etc. “El lenguaje parece guardar del error de suponer que fue la predicha misión de Elías el profeta. ‘Si lo reciben’ dice el Señor mismo, ‘este es Elías que vendrá’. Fue un testimonio a la fe y no el cumplimiento de las condiciones de la última intimación de Malaquías”.

Varios expositores competentes son de la opinión de que uno de los dos testigos de Apocalipsis 11.3 será el profeta Elías. Hay varias razones válidas para esto, pero no se nos dice quiénes son los testigos. Nada definitivo se dice respecto al regreso de Elías y sólo lo podemos inferir.

Mateo 2.1   Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos

La tradición, los cuadros y la himnología representan el lugar como Belén, el infante recibiendo adoración y el pesebre como la escena de la visita de los magos de Oriente. No hay Escritura para todo esto. Es “después de nacer Jesús”, o “habiendo nacido Jesús”. Es la declaración de un hecho consumado y no el registro de un evento en proceso. Parece claro de Lucas 2.39 que José, María y el bebé se quedaron poco tiempo en Belén. “Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret”.

Hay buenas razones para creer que la visita de los magos fue a Nazaret. La estrella les guió a donde estaba el niño, no el bebé. Es evidente que algún tiempo había transcurrido desde el nacimiento de nuestro Señor y la visita de estos sabios. Ellos no le encontraron en un pesebre, sino “al entrar en la casa, vieron al niño con su madre”. Se mandó que fuesen muertos todos los niños de menos de dos años, pero al haber sido la visita muy poco después del alumbramiento, hubiera bastado la masacre de sólo los recién nacidos. En el relato de la visita de los pastores en Lucas capítulo 2 se habla en el griego de nuestro Señor como un infante pero en todo Mateo 2 es un niño pequeño.

Estos hechos parecen indicar que la visita narrada en Mateo 2 se realizó en la casa en Nazaret. Los acontecimientos en este capítulo pueden ser insertados, probablemente, entre los versículos 39 y 40 de Lucas ca–pítulo 2.

Mateo 6.13          No nos metas en tentación,

A menudo se traduce este versículo como, “líbranos del maligno” (Besson: “… del malo”). Las palabras son parte de lo que algunos llaman ‘La oración del Señor’. En ninguna parte de las Escrituras se sugiere que debe ser repetida o usada por los creyentes en esta dispensación; sin duda fue dada a los discípulos para que la emplearon antes de recibir el Espíritu Santo, y tiene también un nexo con el reino venidero.

Al aplicar esta oración a nuestros tiempos, la solicitud es que seamos guardados del peligro y del dolor de la tentación. La pedimos a nuestro Padre que intervenga para que no seamos conducidos por esa senda. Santiago nos dice, “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie”, 1.13, y nos dice también que debemos tener por gozo encontrarnos en diversas pruebas. Así que, Santiago resuelve el asunto en lo que se refiere al tentador. 1 Corintios 10.13 señala cómo Dios responde a esta petición, “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.

Mateo 7.1   No juzguéis, para que no seáis juzgados.

En Mateo 7 el Señor está instruyendo a sus discípulos acerca del espíritu y la conducta que les correspondían como discípulos suyos, y en este contexto encontramos en el primer versículo la in junción a abstenerse del indebido juicio a otras personas.

Hay una diferencia entre juzgar las acciones y juzgar los motivos. Se nos manda a hacer lo primero en la iglesia en relación con el pecado conocido. “¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?” 1 Corintios 5.12. Pero en cuanto a los motivos, se pegunta en Romanos 14.4, “¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae”. A menudo el juicio humano falla al basarse en la apariencia externa. Para juzgar los motivos correctamente uno tiene que ver el corazón, ¿y quién sino Dios puede hacerlo? Al escribir a los corintios Pablo les dijo, “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros”.

Sin embargo, afirmamos sólo una parte de la verdad al decir que podemos juzgar los hechos y no los motivos. Hay muchas iniciativas que son correctas o incorrectas según haya sido el motivo detrás de ellas. Lo prudente para cada uno de nosotros es ser cauteloso, llevando en mente que conviene ver la viga que está en nuestro propio ojo, Mateo 7.2. “Examinadlo todo; retened lo bueno”, 1 Tesalonicenses 5.21.

Mateo 8.22          Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.

El hombre a quien fue dada esta instrucción había dicho, “Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre”. Obsérvese: “Señor … primero”. Es una paradoja. ¿Cómo podría dirigirse a “Señor” y a la vez fijar una prioridad? Nuestro Señor hace ver el sentido del señorío, y agrega que los espiritualmente muertos atiendan a los físicamente muertos, porque Él, cual Señor, tenía otra responsabilidad para ese hombre.

Mateo 10.4, Marcos 3.18       Los nombres de los doce apóstoles son … Simón el cananista …

Este señor figura en Lucas 6.15 y Hechos 1.13 como Simón el Zelote. Es el segundo Simón entre los Doce y es tan poco desconocido como es bien conocido el primero, Simón Pedro. Se encuentra nombrado solamente en los cuatro pasajes que hemos señalado. Tanto cananista (una palabra hebrea) como zelotes (una palabra griega) identifican el partido político al cual él había pertenecido. Era Simón el celoso, habiendo militado en un partido que se alzó en rebelión para protestar los impuestos romanos, unos veinte años antes de Cristo. Aquí encontramos a un ex-activista político como seguidor de Jesucristo, pero identificado como tal para distinguirle de Simón Pedro.

Mateo 12.32        … al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.

En el versículo 24 de este capítulo encontramos a los fariseos respondiendo a una pregunta referente al Señor. “Este … echa fuera los demonios … por Beelzebú, príncipe de los demonios”. Leemos en Marcos 3.30 que dijeron que Él tenía espíritu inmundo. Se trata de un pecado contra el Espíritu Santo, el cual por su propia naturaleza no podía ser perdonado. Estos fariseos reconocían que el Señor echaba fuera demonios, pero atribuían a Satanás este poder de Dios tan evidente.

Hoy día no oímos de algo exactamente equivalente. Generalmente la gente habla de Jesús como un hombre bueno, aunque posiblemente no le reconozcan como el Mesías, el Hijo de Dios, pero no como un endemoniado. Los hombres han rechazado al Señor Jesús en una larga vida de pecado, y a menudo han tomado su nombre en vano, pero no creo que en nuestros tiempos haya quien quepa en esta parte de Mateo 12.32.

O sea, mi opinión es que el pecado de la blasfemia contra el Espíritu se limitó a los días del ministerio del Señor sobre la tierra, y que no es posible ahora ni para creyente ni para inconverso. Es un pecado peculiarmente judío, relacionado con los milagros realizados por nuestro Señor. Nosotros podemos llevar el evangelio a cualquiera, donde sea, y esa persona puede ser salva por fe en el Señor Jesucristo. No hay un pecado imperdonable, salvo que por ese término uno quiere decir la incredulidad.

La primera parte de este versículo reza, “a cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado”. La incredulidad y la ignorancia les condujeron a hablar así en contra del Señor Jesucristo, y sobre esta base era perdonable. Dijo Pedro en una ocasión posterior, “Hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho”. Encontramos a nuestro Señor orando desde el árbol de la cruz, “Padre, perdónales, por que no saben lo que hacen”. De esto desprendemos que hay perdón, comoquiera sea la incredulidad o la crueldad.

Mateo 12.40        Estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.

No leemos en ninguna parte que el cuerpo del Señor iba a yacer en el sepulcro por setenta y dos horas. Conforme al modo de calcular de los judíos, tres días y tres noches no son de hecho tres veces veinticuatro horas. Estamos ante una expresión antiguotestamentaria que ha sido llevada al Nuevo Testamento. En el caso de Jonás no podemos saber cuánto tiempo estaba dentro del gran pez, pero en otros pasajes del Antiguo Testamento hay buenas razones para entender que el lapso era menos de setenta y dos horas. Véase 1 Samuel 20.12 y también Ester 4.16 junto con 5.1.

Llegando al Nuevo Testamento, encontramos cómo algunas personas interpretaron las palabras del Señor, bien sea en 12.20, “tres días y tres noches”, o en 16.21, “resucitar al tercer día”. En el 27.63 leemos, “Nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré”, y en Lucas 24.21, “Hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido”.

El espacio aquí no permite abundar sobre la cuestión polémica del día de la semana en el cual crucificaron al Señor. Sin embargo, guardemos en mente que el día judaico comenzaba con el amanecer y terminaba con la puesta del sol, y que nuestro Señor, al igual que el cordero pascual, murió “entre las dos tardes”.

La hora novena sería las 3:00 pm, cuando en aquella estación del año el sol estaba por ponerse pronto. Tarde en la tarde del jueves, José de Arimatea fue a la ciudad, logró entrevistarse con Pilato (quien a su vez conversó con el centurión) y recibió permiso para embalsamar. A esta hora el sol ya se habría puesto, así que el entierro se efectuó el día viernes al modo de decir de los judíos. De manera que el cuerpo del Señor estuvo en el sepulcro toda la noche del jueves, el viernes, el día y la noche del sábado y un mínimo de tiempo el domingo.

Si así fue, tenemos tres días y tres noches. Sin embargo, Juan 19.31 parece dar a entender que la crucifixión se realizó el día viernes.

Mateo 16.23        Dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!

El Señor hablaba a Pedro en respuesta a sus palabras en el versículo 22, “Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca”. Sin duda se dirige a él como Satanás, porque, sin estar consciente de ello, y con buenas intenciones, Pedro se hizo siervo de Satanás en esta ocasión.

Nuestro Señor no quiso decir que Pedro era Satanás, sino en su reprimenda dejó en claro que estaba haciendo la obra de Satanás al impedir que Jesús fuera a Jerusalén a morir allí; versículo 21. La respuesta del Señor muestra cuánto le dolieron las palabras de Pedro, quien había sido un implemento de Satanás por un momento. Las palabras fueron las de Pedro pero el espíritu que las expresó era el de Satanás.

Mateo 16.28        Hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.

Seis días después de haber pronunciado estas palabras, Jesús tomó a Pedro, Jacobo y su hermano Juan a una montaña donde vieron su gloria. Pedro habló de esto años más tarde: “Cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo”, 2 Pedro 1.16 al 18.

Fue una manifestación de su reino y gloria, futura aún, y las personas presentes que la vieron fueron los tres discípulos que hemos nombrado. Vieron una gloriosa confirmación de esto justamente después de haber Él anunciado su propia muerte en el versículo 21, “Comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho … y ser muerto, y resucitar al tercer día”.

Algunos sugieren que “viniendo en su reino” se cumplió en Pentecostés, en el descenso del Espíritu Santo. “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”, Juan 14.18. No creo que Pentecostés haya sido la ocasión cuando vino en poder, sino que se trata de acontecimientos distintos. Hasta donde sabemos, todos los presentes en el 16.28 vieron los eventos que tuvieron lugar en Pentecostés en Hechos 2, porque, con la excepción de Judas, no sabemos de alguno que haya muerto en el intervalo. Nuestro Señor, sin embargo, al hablar de venir en su reino, dijo que “algunos de los que están aquí” – no todos – lo iban a ver. Se entiende que esta promesa fue cumplida con la transfiguración que se relata en 17.1 al 5.

Mateo 18.17, 1 Corintios 5.13        Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.
Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros

No hay dificultad en ubicar al hombre de 1 Corintios 5. Está fuera de la asamblea, habiendo sido excluido como inicuo.

En cuanto a Mateo 18, el problema es privado en primera instancia pero se convierte en uno que involucra a los ancianos, y termina como un problema para la asamblea entera. Cuando el ofensor no se somete al parecer de la iglesia local, se le considera un pagano (gentil) y publicano. Ahora, la asamblea no se compone de paganos ni de publicanos; ellos están afuera. El pasaje no dice que el hombre es un pagano ni un publicano; es un hermano en la asamblea, pero debido a su obstinación la asamblea va a darle ahora el lugar de esas personas.

Frecuentemente se ha afirmado que uno no debe ser excluido de la iglesia de Dios excepto por la inmoralidad, como en 1 Corintios 5, o por enseñar falsa doctrina, como en 1 Timoteo 1.19,20. Sin embargo, creemos que Mateo 18 presenta un caso de excomunión. La dificultad para algunos es ese pronombre ti en el versículo 15 – “si tu hermano peca contra ti”, como que si fuera una cuestión entre dos personas no más.

Cierto; al principio fue justamente eso. Cuando no pudo ser resuelta en privado entre los dos, requirió ayuda de parte de otros, pero todavía se ha guardado el problema dentro del límite más reducido posible. Les correspondió a hombres con conocimiento y sabiduría espiritual interesarse por el caso sin prejuicio.

Cuando esto falló, el asunto se convirtió en uno que requería la consideración de la asamblea. Ahora es más serio de lo que algunos posiblemente piensan; el hombre ha negado arreglar la cuestión con su hermano y ha rehusado escuchar a uno o dos más. (W. E. Vine lo expresa como “oir sin hacer caso”). La iglesia local es, por decirlo así, el tribunal de última instancia en la tierra. Su juicio es que el tal sea considerado como si fuera un gentil o un publicano. La ti se refiere al hermano que se consideró agredido en primera instancia, pero es evidente que lo que le aplica a él, aplica ahora a todos en la congregación, porque ellos actuaron en conjunto en el asunto. Por esto todos le dan el lugar de afuera, el mismo lugar que en 1 Corintios 5.

***

A lo largo de este pasaje se dirige la instrucción al individuo, tu hermano, a ti, etc., pero el problema se ha convertido en uno que involucra la asamblea. Esto se ve en el versículo siguiente, “lo que atéis en la tierra”. Esta iniciativa de la asamblea debería conducir al hombre a ver la gravedad de su insistencia en su posición. Su exclusión de la asamblea debería tocar su conciencia. Así que, el hermano incorregible y el hermano inmoral en Corinto están en la misma posición, fuera de la comunión de la asamblea.

Nuestra actitud y responsabilidad hacia cada cual es esencialmente la misma. Hay una diferencia; se dice que el corintio es un inicuo y está escrito que con el tal no se come, a saber, compartir una cena social. Esto aplicaría hasta que su actitud haya cambiado de la de un inicuo a una de humildad y arrepentimiento al someterse a la disciplina que está en curso. Una vez que haya un legítimo arrepentimiento, debemos manifestar nuestro amor.

Cuando un cristiano ofende a otro adrede, claramente no basta que el ofensor simplemente confiese su transgresión a Dios no más; esto no arregla el asunto para con el ofendido. Leemos en Santiago 5.16, “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”. Si la ofensa es tal que realmente puede ser considerada una transgresión, el ofendido debe acudir a la otra parte y pedir que el incidente sea aclarado, de manera que se restaure plenamente la comunión. Creemos que este proceder haya sido descuidado muchas veces, permitiendo que la brecha entre hermanos se abra.

Mateo 18.18        Todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

El cielo autoriza una disciplina efectuada por una asamblea de una manera bíblica. Sea una disciplina interna o la excomunicación de una iglesia local, aquí el Señor autoriza que sea efectuada en la iglesia que Él iba a constituir. Se debe leer como un conjunto los versículos 15 al 20 de este capítulo. Cuando se haya comprobado la culpa más allá de una duda razonable, se debe realizar la disciplina con arreglo a la Palabra de Dios, y la misma queda ratificada en el cielo. Por esto, cada iglesia de Dios está obligada a reconocer la disciplina. Entendemos que el sentido de las palabras del 18.18 es, “Lo que atan en la tierra será, habiendo sido, atado en el cielo; y lo que se desata en la tierra será, habiendo sido, desatado en el cielo”.

Mateo 18.20        Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Mateo 18.20 debe ser leído en su contexto, pero debemos cuidarnos de leer lo que no está escrito en el versículo. La referencia inmediata es a lo que precede, como se ve por la primera palabra, porque. Los versículos 15 al 20 forman un solo párrafo, y la iglesia es el tema. Sea para efectuar una disciplina o para formular peticiones a Dios, el principio es el mismo: el Señor está presente entre los dos o tres, y por lo tanto debemos entender el versículo 20 en el contexto de cualquier reunión de la asamblea donde se reconoce su señorío.

Él afirma que los recursos del Padre en los cielos están disponibles al menor número de personas que pueden estar de acuerdo entre sí. No se trata de simplemente un culto de oración donde cada cual puede expresar sus peticiones, sino “si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren”. Por ejemplo, al dirigirse a los santos en Corinto en su calidad de iglesia de Dios en aquella ciudad, él escribe, “en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros …” Se trataba de una disciplina a ser realizada al estar ellos congregados en el nombre del Señor, es decir, en cualquier reunión en la capacidad de una iglesia local, conforme con Mateo 18.20.

Mateo 19.23, Marcos 10.23, Lucas 18.24

difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos
¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

El reino de los cielos y el reino de Dios comparten muchas características El primer término se encuentra solamente en el Evangelio según Mateo, pero encontramos que Marcos y Lucas emplean el reino de Dios en el mismo sentido que Mateo emplea el reino de los cielos, y por esto muchos creen que las expresiones son sinónimas.

Creemos que hay una diferencia. El reino se describe como de los cielos, de Dios y de su amado Hijo. Parece que el reino de los cielos se vincula con lo que hay en la tierra en este momento y por lo tanto vemos en él lo genuino y lo espurio. El reino de Dios es universal, abarcando todo y a todos que están sujetos al gobierno de Dios. Por consiguiente, abarca una esfera mayor que el reino de los cielos, se extiende más allá de esta tierra y de la dispensación en curso.

Aprendemos de Juan 3.3,5 que hoy en día el reino de Dios no puede ser visto ni accesado por uno que no haya renacido. Por esto lo que es espurio en el reino de los cielos no está en el reino de Dios. Pero, al final de la edad los ángeles distinguirán entre lo genuino y lo falso; Mateo 13.41. Son tan parecidos que el hombre difícilmente puede distinguir entre lo uno y lo otro.

Mateo 19.28, Tito 3.5   En la regeneración … os sentaréis sobre doce tronos
Nos salvó … por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

Los versículos referidos son los únicos en el Nuevo Testamento que emplean el vocablo regeneración, o sea, una creación nueva. No obstante, la doctrina de la regeneración se encuentra a lo largo del Testamento.

El que nos escribe cita a otro: “La palabra regeneración no se usa en las Escrituras en el contexto del renacimiento, sino para describir un cambio de posición en nosotros … y por esto en Tito el lavamiento por el bautismo está usado como una figura de salir de la vieja condición en Adán y entrar en la nueva que es cristiana”. No es así; esta manera de escribir genera confusión.

El lavamiento en Tito 3 no describe el hecho de limpiarse sino alude al instrumento usado. La palabra es loutron, un lavacro. En nuestro caso el lavamiento de la regeneración fue la operación divina por medio de la Palabra. 1 Pedro 1.23 dice que no renacimos de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios. Esto tuvo lugar una sola vez en cada uno de nosotros los salvos y no será repetido.

El sacerdocio en Israel es una ilustración hermosa. En Éxodo 29.4 leemos: “Lavarás a Aarón y a sus hijos … los lavarás con agua”, cosa que se hizo una sola vez, pero el hecho es que los sacerdotes se lavaban a menudo, 30.19 al 21. La misma verdad se enseña en Juan 13.10, “El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis”. Esta recreación puede ser descrita como nacer de nuevo y se expresa claramente en 2 Corintios 5.17, “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

No se debe separar el lavamiento de la regeneración y la renovación en el Espíritu Santo, aunque son distintas. El Espíritu comenzó a renovarnos cuando nos impartió vida, y es algo que debe estar en proceso todavía. El hombre interior se renueva día a día, 2 Corintios 4.16. Nos transformamos por medio de la renovación de nuestro entendimiento, Romanos 12.12, y en el espíritu de nuestra mente, como lo expresa Efesios 4.23.

Dirigiéndonos ahora al versículo en Mateo, encontramos que allí se emplea regeneración de una manera muy diferente. Se trata de un renacimiento que no puede realizarse hasta que el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, algo que sucederá cuando vuelva a la tierra y sus santos ángeles con él, 25.31.

Así como el Señor regenera al pecador, lo hará con el mundo también. Israel nacerá de nuevo como una nación, como narra Isaías en lenguaje exuberante en el 35.10, “Los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido”. La sufrida creación será liberada y la tierra transformada. Es lo que llamamos el milenio, porque esta condición perdurará por mil años, Apocalipsis 20.4.

Mateo 24.28        Dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.

Mateo 24 se ocupa de la apostasía, la tribulación y el castigo. Sin duda el cuerpo muerto representa la nación judía, corrupta y apóstata, como serán a la postre todas las naciones. Ese cuerpo muerto simboliza el juicio de Dios y los ángeles son sus instrumentos para ejecutarlo. Aparentemente la imagen viene de Job 39.27 al 30, donde el águila está presentada sobre la peña cual lugar seguro y desde allí acecha la presa. Donde están los cadáveres, dice, allí está ella. El versículo en Mateo es un cuadro de un juicio repentino y seguro.

Mateo 24.40        Estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado.

Mateo 24 contiene la primera parte de la respuesta a la pregunta triple del v. 3 que los discípulos formularon cuando sentados con el Señor en el monte de los Olivos. Desde el v. 4 hasta el v. 44 el pasaje es netamente judío. Los vv 40,41, hablan del reino terrenal del Señor que se establecerá al venir Él en gloria. Al venir al aire, previo a esto, el orden será al revés de lo que hemos citado; los salvos serán arrebatados para encontrar al Señor en el aire y los irregenerados serán dejados atrás.

La secuencia del 24.40 queda clara en el contexto. En los días de Noé, vv 37 al 39, el diluvio vino, llevó a los impíos en juicio y dejó a los justos en vida. Así será en la revelación del Hijo del Hombre; Él quitará a los impíos de entre los justos, llevándolos a juicio y dejando a estos últimos para disfrutar de bendición.

Sin embargo, el predicador del evangelio no transgrede al aplicar (pero no al interpretar) esta porción de las Escrituras como una ilustración de lo que sucederá cuando el Señor venga ahora pronto por los suyos, dejando atrás a los que no lo son. Es una buena ilustración, pero no es el sentido del versículo.

Mateo 25.1          El reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.

Cuando se usa esta parábola como una aplicación en el evangelio, no conviene emplear las lámparas como una figura de la Palabra de Dios, sino de la profesión de ser salvo. El aceite representaría al Espíritu Santo; el v. 3 dice que las doncellas insensatas tomaron sus lámparas sin llevar aceite también, y leemos más abajo que protestaron cuando, literalmente, se estaban apagando.

Despertadas repentinamente porque el esposo estaba por llegar, ellas procuraron avivar la llama en sus lámparas, pero no podían por falta de aceite. Es un cuadro del mero profesante que no está preparado para la venida del Señor. No se puede decir del creyente genuino lo que está dicho en la parábola de las vírgenes, “Que no os conozco”.

Mateo 25.10        Vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.

Los santos de esta dispensación no están a la vista en Mateo capítulo 25, el cual comienza con las palabras, “Entonces el reino de los cielos será semejante a …” Nunca es aconsejable basar una doctrina tocante a la Iglesia sobre una parábola. Las parábolas sí nos dan mensajes, pero no debemos tomarlas textualmente como doctrina.

El reino de los cielos en su forma presente aplica al cristianismo y en él hay mucho que es espurio, ilustrado por vírgenes, peces malos, etc.; véase Mateo 13. Cuando el Señor viene al aire para recibir del mundo a los suyos, ninguno de éstos será dejado atrás, y en ninguna parte de las Escrituras leemos que algunos santos de esta dispensación no serán arrebatados.

Mateo 26.7          Vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa.

Los detalles difieren entre sí, pero hay suficiente en común para dejar ver que se narra un mismo acontecimiento en Mateo 26, Marcos 14 y Juan 12. Mateo y Marcos hablan de una mujer y Juan dice que se llamaba María. Solamente él comenta que la casa se llenó de la fragancia de su perfume, pero todos tres mencionan que el mismo era de mucho valor. Dos evangelistas dicen que de ella se hablará dondequiera que se predique el evangelio.

Sin duda María ungió tanto la cabeza como los pies de Jesús, y Juan aclara que enjugó sus pies con su cabello. Se ha sugerido que él ofrece más detalles que los otros historiadores porque escribió después de ellos, pero no hacemos énfasis en esto. Sugerimos que por ser Juan el que estaba “recostado al lado de Jesús”, él haya narrado lo que vio: la mujer a los pies del Salvador.

Mateo 27.34; Juan 19.28, 30         Le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo.
Dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.
Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es.

Se trata de incidentes distintos. El vinagre mezclado con hiel – mirra en Marcos 15 – tenía un efecto anonador con el fin de dejar a la víctima insensible a los dolores de la muerte. El Señor lo rechazó. “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?”

Posteriormente, en la cruz, poco antes de morir y “sabiendo Jesús que todo ya estaba consumado”, Él aceptó la oferta de un vino aguado y ácido del tipo que se solía suministrar a los soldados romanos. No fue para darle alivio; Lucas 23.36 habla de que le escarnecían y le presentaban vinagre.

El hecho de tomar este vino muestra que el Tengo sed se expresó en son de solicitud. Westcott comenta: “Nuestro Señor pidió y recibió este refrigerio liviano que restauró sus fuerzas naturales, aun cuando había rehusado la pócima ofrecida anteriormente”.

Pero parece que las palabras encierran todavía más. Citamos a F.W. Grant: “Nos damos cuenta ahora que se ha llegado al fin establecido por Dios, alcanzado, como tenía que ser, de una manera divina. El Señor mismo declara aquí la realización perfecta de todo lo que las Escrituras habían predicho, salvo una sola cosa … Él no decide por sí mismo realizar el detalle faltante, sabiendo que Dios podía encargarse de ello. Él da expresión a su angustia … La terrible sed de la crucifixión le ha sobrevenido, pero no basta para que sus labios resecos hablaran. Escrito está: “En mi sed me dieron a beber vinagre”, Salmo 69.21. Esto le abre los labios, para mostrarse siempre en obediencia activa a la voluntad de Dios, la cual vino a realizar. Dice sencillamente, ‘Tengo sed’, y de manos nada simpatizantes de aquellos que rodeaban la cruz, se le entrega el vinagre en cumplimiento de la profecía”.

Mateo 27.64        Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.

Para entender debidamente la afirmación que el postrer error podría ser peor que el primero, debemos captar primeramente el sentido de la palabra primero. El Evangelio según Mateo emplea nueve veces el término griego protón, traducido “primero” o “primeramente” en el sentido del primero en una secuencia. Por ejemplo, “Reconcíliate primero con tu hermano”, “Buscad primeramente el reino de Dios” y “Saca la viga primero de tu propio ojo”, 5.24, 6.33 y 7.5. Pero en la frase que nos interesa, “peor que el primero”, el término es prótos, que Mateo emplea quince veces. Quiere decir el más preeminente, el destacado. Por ejemplo, el 10.2, “primero Simón, llamado Pedro”. Ahora, sabemos por Juan 1 que Andrés y Juan fueron llamados antes de Pedro, pero sabemos también que este último era el que más estaba a la vista entre los doce apóstoles.

No se nos dice específicamente cuál fue el error más sobresaliente en cuanto al Señor Jesús en la mente de los sacerdotes y fariseos, pero la palabra ha podido ser traducida mejor como “impostura” o “engaño”. Sugerimos que, en los ojos de estos señores, la mayor decepción estaba en el hecho de que Él se decía ser Hijo de Dios, y por esto dijeron, “no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos”.

Pero el mayor engaño puede relacionarse también con el v. 63, “después de tres días resucitaré”. Estos hombres tienen en mente lo que Jesús decía y hacía en vida, y cómo apelaba al pueblo. Por esto temían que cumpliera o dicho, y le hicieron ver a Pilato la posibilidad de que sus seguidores hurtaran el cuerpo y dijeran que en efecto había resucitado.

Esta impostura de una resurrección, decían, sería ir de mal en peor, algo más destacado de lo que Él había hecho en vida. Ellos aparentaban gran piedad en su intento de poner a descubierto un engaño, pero eran culpables de la peor de las imposturas. Reunidos con los ancianos, sobornaron a los soldados, diciendo, “Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron”.

Mateo 28.19,20 Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

A menudo se habla de los vv 19,20 como la Gran Comisión, pero estamos convencidos de que esto es un error en la medida que se quiera decir que constituyen la comisión a la Iglesia. Sería extraño encontrar la comisión a la Iglesia en el Evangelio del Reino, y vemos estas palabras precisamente como la Comisión al Reino.

En Hechos de los Apóstoles los apóstoles no laboraron bajo la comisión en Mateo. No predicaron el evangelio del reino, el único conocido en Mateo y el que proclama que “el reino está cerca”, sino proclamaron el evangelio de la salvación del individuo, con base en la gracia de Dios y por la fe. También en Hechos no se habla del bautismo como en/hacia las Tres Personas, como en el 28.19, sino en el nombre de Jesús, Jesucristo y el Señor Jesús, 2.38, 8.16, 10.48 y 19.5.

Los apóstoles laboraron con arreglo a la comisión en Hechos 1.8, “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. En esta dispensación hacemos todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él, Colosenses 3.17. La comisión del reino entrará en vigencia una vez arrebatada la Iglesia, cuando Dios levantará una gran compañía de evangelistas en Israel que irán a todas partes como un testimonio a las naciones. Entonces el Hijo del Hombre vendrá en las nubes del cielo con poder, y “vendrá el fin”, 24.14.

***

En cuanto a “haced discípulos a todas las naciones”, 28.19, es de todos sabido que “naciones” se traduce a menudo como “gentiles”. Esto de hacer discípulos y bautizar se hará persona por persona en las naciones gentiles en un tiempo todavía futuro, y creo que será efectuado por un remanente de judíos creyentes después del rapto. Sin embargo, es cierto que Dios volverá a tratar con Israel como una nación. El 25.32 se refiere a las naciones gentiles, “Serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos”. Isaías 11.1 al 12 habla de un pendón, o estandarte, a las naciones que éstas buscarán.

Marcos 8.34 al 38         ¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

En el pasaje paralelo, Mateo 16.24, no hay mención del Señor llamando a la gente a venir a él, sino dice, “Entonces Jesús dijo a sus discípulos …” Posiblemente la multitud estaba cerca y el Señor les dio el beneficio de oir lo que estaba diciendo a sus discípulos, v. 34. Claramente el mensaje fue para los creyentes; los incrédulos no tienen una cruz a tomar ni porqué negarse a sí mismos. Estas cosas no forman parte del evangelio, sino, como leemos en el v. 35, son algo que se hace por el Señor y por el evangelio. El mensaje que el Señor tenía para la multitud era el de creer en el Hijo de Dios.

Mejor se ha podido emplear la palabra vida, “y perdiere su vida”. O sea, los traductores vierten un mismo término como “alma” y “vida”. El Señor habla aquí de cosas que pide de los que le siguen, pero vv 36,37 abundan en material del cual uno puede aprovecharse al predicar el evangelio al inconverso.

Marcos 9.29        Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.

No todas las versiones incluyen las palabras y ayuno. (p.ej. las excluyen Besson, Nueva Versión Internacional y Biblia Textual), y en Mateo 17.21, el pasaje paralelo, se omite toda la cita. Es difícil ver cómo los discípulos hayan dispuesto de tiempo suficiente para ayunar; había tiempo sólo para orar mientras se traía el muchacho para ser sanado. El ayuno sería algo para hacer de antemano, pero la oración a favor de la necesidad presente sería algo inmediato, fervoroso y audible.

El ayuno era una costumbre voluntaria entre los judíos cuando nuestro Señor estaba aquí abajo, pero Él abominaba toda suerte de hipocresía. El ayuno no tenía cabida en la doctrina de los apóstoles, ni se lo exige en las Epístolas. El apóstol Pablo ayunaba voluntariamente en algunas ocasiones. El verdadero ayuno es del corazón y no es cosa de qué jactarse; posiblemente al haber más piedad entre nosotros habría más ayuno de una especie que es para la gloria de Dios.

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Sin duda se practicaba el ayuno en los tiempos novotestamentarios. En Hechos 13.2,3 los varones de Dios habían “ayunado y orado”. Pablo, por su parte, se encontraba en “muchos ayunos”, 2 Corintios 11.27. Encontramos a Juan el Bautista en un espíritu de ayuno y él enseñaba la práctica a sus discípulos. Nuestro Señor mismo ayunó antes de enfrentar al diablo, Marcos 4.2.

En ninguna parte del Testamento se establece el ayuno como un deber del pueblo del Señor; siempre era una iniciativa voluntaria y por regla general relacionada con la oración o asuntos espirituales de especial importancia. La forma externa del ayuno no significa nada espiritualmente, aunque puede ser beneficiosa corporalmente. Su valor está en ser un ejercicio espiritual, personal e interno. En lo posible es cosa secreta: “… no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”, Mateo 6.18.

Estar en ayunas da a entender deshacerse de lo natural y terrenal. Indudablemente una rutina de negación propia es el espíritu que nos corresponde hoy en día, en vez de la abstención de alimentos por un período prolongado. Negarse de bienes de lujo y gastos innecesarios no es ayunar, pero es un buen comienzo. El control propio, la disciplina del “viejo hombre” y el “golpear” el cuerpo, 1 Corintios 9 27, aportarían más poder en nuestro servicio y más del gozo del Señor en nuestras vidas.

Véase también el comentario sobre 1 Corintios 7.5.

Marcos 13.11      Cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.

El Señor dio esta directriz a los discípulos que iban a ser perseguidos a causa del evangelio, y nada tiene que ver con la predicación o el ministerio entre nosotros hoy por hoy. Eclesiastés 12.10 enuncia un buen principio: “Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad”. Hemos escuchado a algunos que no se preocupaban por lo que iban a decir, y esto era evidente en lo que decían.

Algunos predicadores tienen buena memoria y les es fácil retener cuando en la tribuna los apuntes que querían comunicar, pero para otros es necesario anotarlos de antemano para evitar confundirse o que los oyentes pierdan su tiempo. No veo por qué no hacerlo. Sin embargo, debemos ser cautelosos ante la práctica de leer sermones escritos desde la plataforma. Que el predicador tenga el debido ejercicio antes de dar su mensaje, y que lo estudie bien antes de intentarlo. Con esto podrá depender del Espíritu Santo para exponerlo de una manera aceptable.

Marcos 13.32      De aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.

La humanidad del Señor de ninguna manera restaba su deidad y omnisciencia. En el Evangelio según Marcos Él es presentado como el Siervo de Jehová, y “el siervo no sabe que hace su señor”. Sin embargo, la porción paralela en Mateo 24.36 es todavía más enfática: “nadie sabe … sino sólo mi Padre”. Hay asuntos que el Padre ha guardado en su sola potestad, Hechos 1.7, pero esto no implica inferioridad ni superioridad.

William Kelly comenta lo siguiente acerca de las limitaciones insinuadas y las específicas del Hijo: “La razón por esta expresión extraña o aun desconcertante me parece ser que Cristo asume profundamente el lugar de uno que se restringe a lo que el Padre le ha dado … Aun en relación con el futuro Él sabe y comunica a los demás solamente lo que el Padre le da para este fin. Por cuanto Dios no dice nada acerca del día y la hora, Él no sabe más”.

Lucas 1.15 [Juan el Bautista] será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.

El hecho de que el Bautista haya sido lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre no insinúa en lo más mínimo que haya nacido hijo de Dios. Ninguna persona nace con esa naturaleza; todos han sido formados en maldad y concebidos en pecado.

El Bautista no estaba poseído del Espíritu Santo de la manera que lo está un hijo de Dios hoy en día. Debemos llevar en mente que vivió antes del Día de Pentecostés cuando el Espíritu vino a morar en la tierra. El Bautista fue ordenado de Dios para realizar una cierta obra, y el versículo en referencia hace saber que estaba bajo el control del Espíritu a partir de su nacimiento.

Lucas 1.19          Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios

La obra de Gabriel era la de llevar mensajes del trono de Dios a la tierra. Lo hace en Daniel 8.16, 9.21 y en Lucas: primeramente al sacerdote Zacarías en el contexto del nacimiento de Juan el Bautista, y también a la entonces virgen María en el contexto del nacimiento de Jesús. No es correcto hablar de Gabriel como un arcángel, ya que sólo Miguel es designado de esta manera.

Lucas 2.7   Dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Se sobreentiende que otra persona acostó al bebé en un pesebre. Todo lo que podemos aprender de las Escrituras acerca del lugar de nacimiento de Jesús es que fue en Belén. El pesebre ha podido ser un establo, pero de ninguna manera se nos informa que nuestro Señor nació en un establo entre el ganado.

Citamos del libro The Land and the Book, donde W. M. Thomson discurre sobre las costumbres de la Tierra Santa. “Las cunas de Isaías 1.3 (“El asno [conoce] el pesebre de su señor”) son, me parece, los pesebres del Nuevo Testamento. Es común encontrar que un agricultor indígena viva en una sola pieza, con un lado designado para acomodar el ganado. La parte reservada para la familia está a una elevación de unos sesenta centímetros más arriba que estos pesebres. El pesebre en sí, hecho de piedritas y mezcla, tiene la forma de un cajón, o mejor dicho de un comedero. Limpiados en el verano y con una mano de cal, son idóneos como cuna, y lo cierto es que nuestros chicos han dormido en ellos”.

Otro escribe: “Encontraron un paradero, sin duda en algún pueblito de los parientes de José. La casa era pequeña y a lo mejor consistía en sólo una o dos dependencias y algún sitio para el ganado. Se hospedaron aquí, y al nacer el bebé encontraron sólo el pesebre donde acostarlo”.

Lucas 5.8; Juan 1.42   Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.
Este [Andrés] halló primero a su hermano Simón … , y le trajo a Jesús.

No es nada fácil decir precisamente cuándo fue salvo uno u otro de los apóstoles. Aplicamos la palabra salvo a una persona que cree en Jesucristo, y con razón: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”. La palabra da a entender el perdón y la libertad de la pena del pecado.

Así como Andrés y otros de los apóstoles, Pedro ha podido ser seguidor de Juan el Bautista y bautizado por éste al arrepentimiento para el perdón de pecados. Él estaría dispuesto a recibir el Mesías prometido a quien el Bautista anunciaba. Cuando su hermano Andrés lo señaló en Juan 1, se hizo un seguidor de Jesús. Su experiencia en Lucas 5 es la de muchos después de salvos; él aprendió algo de la realidad del pecado. En aquella ocasión Pedro fue comisionado por el Señor a predicar el evangelio.

La experiencia de este hombre puede ser resumida de esta manera:
1. Posiblemente bautizado por Juan el Bautista al arrepentimiento y la remisión de los pecados, Marcos 1.5 al 7. 2. Se hizo seguidor del Mesías prometido, Juan 1.40 al 42. 3. Fue comisionado por el Señor a predicar el evangelio, Lucas 5.8 al 10. 4. Formó parte de la Iglesia juntamente con otros en el Día de Pentecostés, Hechos 1 y 2.

Lucas 7.50          Tu fe te ha salvado …

No se encuentra en las Escrituras la expresión fe salvadora, pero parece ser escrituraria. Probablemente fue tomada de las palabras que Jesús hablo a la mujer en la casa de Simón el fariseo, o al ciego en Lucas 18.42, “Tu fe te ha salvado”. Entendemos que el Señor quería decir que la fe era el canal que les traía salvación de su aflicción y de la pena del pecado.

Para nosotros, es la fe en Cristo ordenada por Dios que libra al pecador de la pena del pecado, salva el alma y le une a Cristo. El pecador ejerce la fe pero es el Señor Jesús quien salva. Santiago distingue entre la fe viva y la muerta, 2.17. La fe que salva es la primera y ella produce obras como prueba. La fe muerta meramente accede a una verdad y cree en los hechos simplemente como hechos, pero no salva. En Hebreos 10.36 leemos de los que creen para la salvación del alma.

Lucas 9.23          Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

La cruz es la del cristiano, y no de Cristo. Esto queda claro en el 14.27, que habla de aquel que viene y carga su cruz para ser discípulo. Obsérvese aquí en el 9.23: 1. Llevar la cruz es un acto voluntario; si uno quiere, niéguese y siga. 2. Llevar la cruz es obediencia; es venir y seguir. 3. Llevar la cruz es una experiencia diaria; uno toma su cruz cada día. Pablo sabía esto: “cada día muero”, 1 Corintios 15.31. 4. Así que, llevar la cruz es muerte: “todo el que quiera salvar su vida, la perderá”.

Lucas 12.20        Esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?

El texto original no incluye ninguna palabra para indicar un actor, de manera que la Versión Moderna, por ejemplo, reza, “tu alma será demandada”. Nada se dice de quienes la piden. En el 16.22 leemos que el mendigo fue llevado por los ángeles. Para el justo, no hay nada que demandar, por cuanto el alma del tal ya está encomendada a Dios. Pero no así para el impío: “Su alma se acerca al sepulcro, y su vida a los que causan la muerte”, Job 33.22.

Lucas 13.25        Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo …

Se encuentra la interpretación acertada de estas palabras al leer los vv 28,29: “… veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios”. Esto sucederá al final del tiempo de juicio divino sobre la tierra, al principio del reino milenario del Señor, una vez pasado el día de la gracia, la Iglesia arrebatada ya.

Las palabras están dirigidas a la masa de judíos incrédulos cuando el remanente fiel se sienta a la mesa en el reino de Dios, al decir del v. 29, junto con los patriarcas nombrados, “todo los profetas” y la gran compañía de gentiles que previamente creyeron el evangelio del reino. Estos formaran el núcleo del reino milenario de nuestro Señor, y el “sentarse” es una escena terrenal.

Nuestro corresponsal pregunta si es “permisible” predicar el evangelio con base en este versículo. Muchos de nuestros textos evangélicos tienen una interpretación diferente de la aplicación que se les da. No esperamos oir una exposición de las Escrituras en un culto de evangelización, y es enteramente aceptable aplicar el v. 25 a título de advertencia.

***

Al predicar el evangelio se suele aplicar estas palabras al final del día de la gracia, cuando el Señor, hoy día sentado, se levantará y descenderá con voz de mando. Sin embargo, cuando Él las habló lo hizo en el contexto del reino y los hijos de Israel. Hubo un período de oportunidad para ellos, pero ahora la puerta está cerrada. Hubo una última oportunidad en los días de Noé y la habrá para Israel, el reino quitado de ellos. Habrá también una última oportunidad para creer el evangelio del día de hoy; “He aquí el tiempo aceptable”.

Lucas 14.14        Te será recompensado en la resurrección de los justos.

La resurrección de los justos se refiere a la resurrección de aquellos que la Palabra de Dios designa como los santos.

“Sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos”, Hechos 24.14,15. “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos”, Apocalipsis 20.6.

Se refieren a un mismo acontecimiento los términos “resurrección de los justos” y “primera resurrección”. Juan 5.29 menciona dos resurrecciones: la de la vida y la de condenación. La primera será la resurrección de los justos y tendrá lugar cuando el Señor venga al aire. La postrera tendrá lugar después de los mil años que menciona Apocalipsis 20.6.

Lucas 14.28        ¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?

Se puede entender esta parábola mejor al leerla juntamente con la que la sigue acerca del rey que sale a guerrear. Las dos tienen una misma aplicación, pero hay diferencia de opinión acerca de cuál es esa interpretación.

Desde el v. 25 en adelante el tema es el del discipulado. Nuestro Señor está advirtiendo que uno debe contar el costo antes de decidir ser discípulo suyo, y hace ver la posibilidad de no poder, o aun no querer, pagar el precio que aquel discipulado demanda. Cuando uno no prosigue, es como el hombre que empezó a construir y luego se dio cuenta de que no contaba con qué terminar el proyecto.

Nuestro Señor no dice que no debe edificar la torre, aunque algunos quieren interpretar la parábola de esta manera. Él quería que aquellos fuesen discípulos suyos, pero en vv 26,27 les hace ver que iba a costar mucho. Algunos opinan que se refería a sí mismo, que Él sí había contado el costo, pero creemos que esta interpretación no cabe en el contexto. Parece que está dando a entender que uno no debe seguirle si no está dispuesto a pagar lo que cuesta. No me sigan, dice, si no están dispuestos a “aborrecer” a los suyos, tomar su cruz y andar en pos.

Lucas 15    ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas … Qué mujer que tiene diez dracmas … Un hombre tenía dos hijos …

La primera parábola trata de una oveja, la segunda de una moneda y la tercera de un hijo. Cada uno de estos es típico a veces de una persona salva, y por consiguiente hay quienes enseñan que las parábolas se refieren a la restauración de un hijo de Dios alejado. Sin embargo, leemos que la oveja estaba perdida, la moneda perdida y el hijo tanto muerto como perdido: “este mi hijo muerto era … se había perdido”. Nunca se habla de un creyente como perdido, cualquiera su condición de alma, ni de que haya muerto uno recibido como hijo.

El Señor relató estas parábolas tan pronto que los fariseos hubieron dicho, “Este a los pecadores recibe, y con ellos come”. Por esta razón creo que tenía en mente la salvación del pecador. El v. 1 narra que se acercaban los publicanos y pecadores para oírle y el v. 3 que habló a los fariseos y escribas que habían estado murmurando contra él.

La interpretación de las parábolas es la salvación del pecador, pero admiten ser aplicadas a un santo.

Lucas 16.9          Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.

La Versión Interlineal da lo que entendemos ser el sentido: “Para vosotros haced amigos de la riqueza de la iniquidad, para que cuando falte, reciban a vosotros en las eternas moradas”. El dinero en sí no es ni santo ni inicuo, sino deriva su calidad moral de quien lo posee. La palabra mamón, que figura en algunas traducciones de este versículo en lugar de “riquezas injustas”, es arameo para las riquezas personificadas como un dios. Nosotros los cristianos debemos considerarnos mayordomos, o administradores, de todo lo que Dios nos ha encomendado. Si empleamos egoístamente lo que tenemos, nuestros talentos naturales y las posesiones van a impedir nuestra espiritualidad. Pero podemos usarlos para el Señor, “hacer amigos” de ellas.

“Cuando éstas faltan” quiere decir que estamos aquí por poco tiempo, y después tendremos que rendir cuenta; “Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo”, 2 Corintios 5.10. Si somos fieles ahora, ganaremos en las moradas eternas. De ninguna manera nuestro Señor alabó al protagonista de la parábola, ni aprobó las vivezas como una manera de ganar amigos o favores, pero Él sí insta a los creyentes a utilizar sus habilidades para fines loables. No puede haber un mejor aprovechamiento de los bienes materiales que la promoción de los fines espirituales.

Lucas 22.21        He aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa.

El hecho de que este versículo figure inmediatamente después del relato de la cena del Señor parece dar a entender que Judas estaba presente y participó en aquel evento. Es claro que sí participó en la celebración de la pascua, pero parece estar acorde con el tenor de las Escrituras que se haya ausentado de la cena aquel hombre en quien Satanás entró y quien iba a “su propio lugar”. Veamos, entonces, el relato narrado en cada uno de los Evangelios.

Siempre conviene llevar en mente que Lucas no respeta un orden cronológico en su Evangelio, sino agrupa según su sentido moral aquellos eventos que tienen una cierta semejanza de sentido. En el capítulo 22 él emplea este estilo en vez de seguir una secuencia de tiempo. La mesa del v. 21 se refiere a la Pascua, aunque se menciona después de la cena bajo el nuevo régimen. Se menciona también la mano del traidor, empleando las mismas palabras citadas en Mateo 26.24 en el contexto claro de la comida pascual.

Mateo no afirma tajantemente que Judas estaba presente cuando el Señor partió el pan y circuló la copa. Encontramos que en el 26.25 Judas pregunta, “¿Soy yo, Maestro?” pero de nuevo hay un cambio en el relato; el v. 26 comienza con hablar de otro incidente, la inauguración de la cena del Señor, y aquí nada se dice de la presencia de Judas. Fácilmente ha podido marcharse después del v. 25.

La historia según Marcos concuerda con esto; de nuevo tenemos un párrafo nuevo que cuenta lo del pan y la copa. Oímos a cada cual decir en el 14.19, “¿Soy yo?” pero no tenemos por qué suponer que Judas haya estado presente en el v. 22.

La narración en Juan 13 parece dejar en claro que Judas no estaba presente en la cena del Señor, aunque nada se dice de partir el pan y tomar de la copa. La secuencia en Juan 13 es: v. 26, el Señor le dio las sopas a Judas durante la ceremonia pascual; v. 27, una vez que Él hubo hecho esto, Satanás entró en Judas; v. 30, recibido el pan mojado, el discípulo salió del recinto.

Salió de inmediato; era de noche y esto es significativo. El Señor había dicho, “Lo que vas a hacer, hazlo más pronto”. Parece que el ambiente cambió una vez que Judas se hubo retirado y se instituyó la cena del Señor. Hubo el ministerio de los capítulos 14 al 16, la oración del 17 y la respuesta a las palabras del 14.31, “Levantaos, vamos de aquí”. El Señor y los Once cruzaron el Cedrón, cosa que Judas ya había hecho solo, 18.2,3.

Lucas 22.44        Estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

Lucas, cual médico, es preciso en su descripción de esta circunstancia; él incluye la frase acerca de las gotas cuando los otros Evangelistas no lo hacen al relatar la agonía del Señor en el Getsemaní. Algunos entienden que en realidad gotas de sangre salieron del cuerpo de nuestro Señor al estilo de sudor, y algunos comentaristas citan a especialistas que han escrito que bajo circunstancias patológicas anormales el cuerpo humano puede transpirar sangre y agua por los poros.

Pero hacemos bien en ceñirnos a las palabras de las Escrituras: “sudor como grandes gotas de sangre”. Tengamos cuidado cómo entendemos las palabras del buen himno, “sudor y sangre caen allí”; es mejor “sudor cual sangre”. La Versión Moderna reza: “su sudor vino a ser como grandes gotas de sangre”. Al haber sudado sangre, es probable que un médico hubiera descrito el hecho en lenguaje más claro, como “su sangre era grandes gotas”.

Debemos cuidarnos de cualquier idea de que el Señor Jesús derramó sangre para la expiación del pecado en alguna ocasión previa al Calvario.

Lucas 23.31        Si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?

Los versículos anteriores se refieren a los juicios que pronto iban a caer sobre los oyentes; el ejército romano de Tito destruyó a Jerusalén unos treinta y cinco años más tarde. Nuestro Señor anunció esto a las mujeres afligidas al decir, “¿en el seco, qué no se hará?”

El sentido no es claro y las interpretaciones han sido muchas. El Señor está rumbo al Calvario, v. 38, y ha anunciado la suerte de Jerusalén a una multitud, vv 28 al 30. Hay un contraste entre la madera del árbol verde y la de un tronco caído. El árbol verde puede ser una referencia al Señor mismo, el inmaculado que estaba por ser herido y muerto en el Calvario. La madera seca puede referirse a la nación de Israel como lista para el fuego.

Puede haber una aplicación más amplia. Si nuestro Señor, quien no tenía pecado en sí, fue sometido a la ignominia y la muerte, y fue hecho pecado por nosotros, ¿que puede esperar el que le ha rechazado, cuando cae el juicio de Dios sobre el tal? En ese entonces serán relevantes las palabras del v. 30, “comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros”. Según esta interpretación, los montes serían “el seco”.

Juan 1.14   Vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre

Juan no se refiere a sí mismo al decir “vimos”, sino a los doce discípulos, si no a un círculo mayor. No creo que tenga en mente una ocasión específica, como por ejemplo el Monte de la Transfiguración cuando él, Pedro y Jacobo vieron la gloria. Aquello fue una manifestación especial relevante al venidero reino terrenal del Señor.

La del v. 14 era la gloria personal y moral que radiaba del Hijo de Dios cuando el Verbo fue hecho carne y moraba entre nosotros. En el 2.11 leemos del principio de señales cuando Jesús manifestó su gloria. Fue una de muchas ocasiones en las cuales Él desplegó su gloria aquí abajo.

Juan 1.18   A Dios nadie le vio jamás

Dios es invisible en su Persona. Es Espíritu, y leemos de él en 1 Timoteo 6.16, “… a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver”. Por otro lado, Éxodo 24.10 habla de hombres que “vieron la gloria del Dios de Israel”. Esta y otras declaraciones parecidas no contradicen las palabras “a Dios nadie vio jamás”. Su esencia no puede ser vista por ojo mortal. Cuando Moisés dijo en Éxodo 33.18, “Te ruego que me muestres tu gloria”, poco comprendía lo que estaba pidiendo. Sin embargo, Dios le dio el privilegio de ver sus espaldas. Él no podía contemplar a Dios en su gloria como nosotros tampoco podemos contemplar a ojo desnudo el brillo del sol.

Véase también el comentario sobre Éxodo 24.10.

Juan 2.20   En cuarenta y seis años fue edificado este templo.

El templo existente cuando nuestro Señor estaba aquí en la tierra era el que se llama de Herodes y a menudo se habla de él como el tercer templo. El primero fue levantado por Salomón y destruido en la invasión de Nabucodonosor. El segundo, edificado en los días de Esdras, estaba en pie hasta Herodes el Grande, el rey idumeo.

Herodes recibió permiso de los judíos para derrumbar ese templo y construir otro en su lugar. Se registra que ellos temían que no haría otro, pero para mostrar buena fe él reunió los materiales antes de deshacer el edificio existente. La construcción tardó cuarenta y seis años, aunque se dice que la mayor parte fue construida en uno solo y el resto en los años posteriores.

Si podemos confiar en lo que relata el historiador judío Josefo, este templo era de mayores dimensiones y altura que el de Salomón. Fue de este templo que el Señor dijo, “¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada”. Fue destruido por los romanos en el año 70.

Juan 3.10   ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?

Nuestro Señor exteriorizó su sorpresa cuando Nicodemo decía no comprender qué era el renacimiento; “¿No sabes esto?” Ese hombre ha podido encontrar en las Escrituras, en las cuales se jactaba cual fariseo, un nacimiento espiritual para la nación de Israel. Siendo maestro, ha debido captar el sentido de Isaías 66.8, que una nación iba a nacer en un día, y de Ezequiel 11.19, “les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos”. Aquel renacimiento, aunque espiritual, era terrenal en su manifestación. Nicodemo no entendía estas cosas terrenales, y así tampoco las celestiales. Nuestro Señor le habló en términos que un maestro en Israel ha debido entender.

Juan 3.11   Lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

Algunos expositores creen que hemos y nuestro se refieren a los discípulos además del Señor. No lo creo, dado que esta declaración fue hecha muy temprano en su ministerio como para incluir a los suyos en su testimonio público. Y, es dudoso que alguno entre ellos haya estado presente cuando Él pronunció estas palabras. Algunos opinan que incluía a Juan el Bautista, porque estaba activo aún. Y, hay quienes dicen que, por cuanto habló en el singular en el v. 12, el plural en el 11 indica que incluía a otros al hablar de nuestro.

Mi opinión es que Él usó el plural para el singular, afirmando su testimonio con base en su conocimiento personal; le dio peso por el uso de un lenguaje figurativo. No es la única ocasión cuando lo hizo. Al decir en Marcos 4.30, “¿A qué haremos semejante el reino de Dios?” es evidente que está hablando en el singular con un verbo en el plural.

En Juan 3.32 el Bautista dice, “lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio”. Aquí él aplica al Señor Jesús las palabras del v. 11, y éste dice en el 8.38, “Yo hablo lo que he visto cerca del Padre”. Así que, parece que en el 3.11 Él declara con autoridad lo que ha visto personalmente en unión con el Padre.

Juan 3.13   Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Entendemos de Génesis 5.24 y Hebreos 11.5 que Enoc fue arrebatado al cielo. 2 Reyes 2.11 afirma claramente que Elías subió al cielo en un torbellino.

Proverbios 30.4 pregunta: “¿Quién subió al cielo, y descendió?” H. A. Ironside comentó sobre esto: “Cuán vasta la ignorancia de los más sabios de los hombres cuando confrontados con una pregunta como esta … No se halló respuesta hasta lo que habló nuestro Señor en Juan 3.13 … Enoc fue trasladado para no ver la muerte y Elías fue llevado al cielo en un carro de fuego, pero ninguno de los dos lo hizo por su propia fuerza”.

Viendo las palabras a la luz de su contexto, percibimos que nuestro Señor Jesús está impresionando sobre Nicodemo su propósito de enseñar cosas celestiales. Él declara que nadie hasta ese entonces había ascendido, aprendido cosas celestiales y vuelto para enseñarlas. Ninguno sobre la tierra como testigo para Dios había ido al cielo, y por lo tanto nadie podía enseñar las cosas celestiales. Pero el Hijo del Hombre había venido del cielo precisamente para esto y a la vez estaba siempre en el seno del Padre. Cualquier otro hubiera tenido que ascender para estar en capacidad de enseñar estas cosas, pero Él no, porque estaba en el cielo desde un principio.

Juan 5.22,30       El Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo.
No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo;

El 5.22 declara que el Padre ha encomendado todo juicio al Hijo. Viendo esto a la luz del v. 30, concluimos que el Hijo actúa en representación del Padre. No hay contradicción; el Señor dice, “mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”. Él ejecutaba la voluntad del Padre; cada uno de estos versículos complementa al otro.

Es difícil para nosotros captar la relación existente entre el Padre y el Hijo y encontrar lenguaje para definir una cosa tan profunda. Estas son dos de varias porciones en la Palabra de Dios que dejan entrever la unidad de voluntad y propósito entre Padre e Hijo.

Juan 5.25,29       Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán … los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.

En estos versículos tenemos un cuadro de la resurrección que todavía está por realizarse. La resurrección de vida tendrá lugar en el rapto de la Iglesia; se llama también la primera resurrección. La de condenación tendrá lugar más de mil años después. En el v. 25 la palabra ahora se refiere al tiempo ahora presente. Los muertos en este versículo son los que están espiritualmente muertos; ellos no tienen la vida eterna y en Efesios 2.1 son descritos como muertos en deleites y pecados. Es una condición universal; leemos en Romanos 5.12 que la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Por medio de la voz del Hijo de Dios y por el evangelio, algunos en aquella condición oyen y viven. En el camino a Damasco Saulo de Tarso tuvo la experiencia de oir la voz audible del Hijo vivo. Ninguno oye de esta manera ahora, pero la fe es por el oir, y el oir, por la Palabra de Dios, Romanos 10.17. Aquellos que oyen y creen, pasan de muerte a vida.

Juan 6.53 al 58   Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

Es solamente por la muerte de nuestro Señor Jesucristo que se puede decir, “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna”. Su carne y su sangre fueron separadas cuando murió. Su sangre preciosa fue derramada, y es evidente que Él no la asumió en resurrección. (Lucas 24.39: “un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”). En resurrección nuestro Señor tiene un cuerpo de gloria, vive en la presencia de Dios, está sentado a su derecha y nos suple esa vida. La carne viva del Hijo de Dios es el sostén de aquellos que participan de él.

Sería difícil para un judío aceptar la idea de comer sangre. “Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá sangre”, Levítico 17.12. El Señor quería enseñarles que la vida eterna era posible para ellos por la muerte suya. En los sacrificios del régimen mosaico se derramaba la sangre frente al altar y ellos tenían que comer la carne, pero ahora, en la muerte de Cristo, “¿cuánto más la sangre de Cristo … limpiará vuestras conciencias de obras muertas?”

El Señor veía adelante al tiempo después de ser muerto, cuando comer su cuerpo y beber su sangre tendría el sentido de apropiarse de su muerte por fe como la manera de obtener la vida eterna. La vida se imparte por este comer y beber figurativo. Nuestro Señor vino del cielo; el Verbo fue hecho carne. Entonces en la cruz Él dio esa carne por la vida del mundo, y quien no participa de aquella carne y sangre, no tienen vida en sí.

Muchos han tomado estas palabras como referentes a la cena del Señor y como evidencia de que la vida eterna, además del perdón de los pecados, están vinculados con esa ordenanza. Si tal fuere el caso, ¿qué esperanza tendría el que creyó a última hora? No, nada tienen que ver con la cena del Señor. En Juan 6.53 al 58 tenemos la vida por medio de su muerte, y en la cena proclamamos esa muerte.

Juan 7.5     Ni aun sus hermanos creían en él.

Después de la resurrección del Señor, se habla de sus hermanos como discípulos suyos, y es evidente que estaban contados entre los creyentes; véase hechos 1.14. Leemos de Jacobo como hermano suyo, Gálatas 1.19, y ciertamente llegó a destacarse entre los apóstoles y ancianos en Jerusalén.

En varios pasajes bíblicos se aluden a los hermanos del Señor. Tenía hermanas también, pero poco se dice de ellas. “He aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar; ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? Descendieron a Capernaum, él, su madre, sus hermanos y sus discípulos”; Mateo 12.46, 13.55, Juan 2.12.

Hay quienes niegan que María haya tenido hijos aparte de nuestro Señor, y basan su convicción en el hecho de que el vocablo griego adelfós, “hermanos”, tiene el sentido de un pariente y puede significar un primo hermano. Sin embargo, una ojeada a una concordancia griego-español permitirá ver que se traduce “hermanos” en el contexto de una madre o de hermanas. Parece contundentes las palabras de Salmo 69.8, que sin duda se refieren a Cristo, “Extraño he sido para mis hermanos, y desconocido para los hijos de mi madre”.

Juan 8.56   Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Abraham vio el “día” de Cristo aun antes de haber ofrendas levíticas, y también podía decir, “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío”, Génesis 22.8. Aarón, el primer sumo sacerdote de Israel, ha debido ser otro que reflexionaba sobre mucho de lo que le era requerido hacer, como por ejemplo el esparcimiento de sangre sobre y ante el propiciatorio.

Sin embargo, no sabemos en qué medida los santos del Antiguo Testamento percibían a Cristo en los sacrificios y tipos. Sin duda algunos comprendían más que otros, así como en nuestro día algunos tienen una apreciación más profunda que oros de aquellos mismos tipos y ceremonias.

***

Es cierto que el israelita común esperaba un Mesías prometido, pero hay duda de cuánto veía en los diversos sacrificios. Los suyos esperaban a uno que sería como Moisés, Deuteronomio 18.15. Nuestro Señor dijo que Moisés había escrito de él, pero aun cuando estaba aquí en la tierra tuvo que abrir el entendimiento de seguidores suyos para que creyeran lo escrito de él en la ley, los profetas y los salmos.

 

Juan 9.4,5 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.

Parece claro que el día se refiere al período en que nuestro Señor estaba obrando aquí en la tierra y la noche al tiempo siguiente, cuando nuestro Señor habrá regresado al cielo. Actualmente estamos en la noche; la Luz vino y fue apagada. Hay un himno que nos exhorta a “trabajar, porque la noche está por llegar”, pero no es correcto. El tiempo en curso es la noche de este mundo. Lo que el mundo necesita ahora es el Sol naciente, Malaquías 4.2.

Esto no quiere decir que podemos reposar sin hacer nada. Lo que el Señor estaba diciendo es que nada se podía hacer por el mundo, o por Israel como nación. Mientras tanto debemos brillar como luces en el mundo, resplandeciendo como luminares, asidos a la palabra de vida, Filipenses 2.15. Cuando la municipalidad enciende el alumbrado público, no es para traer de regreso al día que pasó. La noche tiene que correr su tiempo, pero la luz está allí para alumbrar la calle mientras tanto. Nosotros no podemos hacer nada para traer el día, pero durante la noche podemos brillar como luces en el mundo. Pronto se levantará el Sol de Justicia, trayendo salvación en sus alas.

Juan 9.6,7 Escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé

Aquí el Señor hace de las obras de Aquel que le envió.

La eficacia de la saliva como remedio para problemas oculares data desde antes de los días del Señor sobre la tierra. La historia antigua menciona el uso de la arcilla en relación con afecciones de los ojos. Sin embargo, no se nos dice por qué nuestro Señor empleó este método. Ha podido simplemente tocar los ojos del sujeto, o hablar la palabra, para que el hombre quedara sanado.

Está dentro del alcance de las Escrituras decir que el lodo es una figura de la humanidad, porque el hombre fue hecho del polvo de la tierra. La saliva significa humillación. El lodo y la saliva pueden sugerir la humanidad del Señor y la gran humillación a la cual fue sujeto. Su humanidad y muerte vergonzosa nos trajeron la salvación.

El Señor sometió a prueba la fe de este ciego: “Ve a lavarte en el estanque de Siloé”. Supongo que tuvo que buscar quien le llevara. Siloe quiere decir “enviado”. No bastaría ninguna otra agua, ningún otro estanque. El Señor hizo el lodo y untó los ojos como obra suya, y ahora el hombre tenía que ir y lavarse como responsabilidad suya. Así fue con Naamán en 2 Reyes 5, que debía sumergirse cinco veces en el Jordán.

Muchas veces la fe nos humilla, pero trae resultados.

Juan 10.8   Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.

Aparentemente el redil mencionado en los vv 1 al 6 alude al judaísmo. Algunos que se presentaron a la nación judía antes de los tiempos del Señor Jesús no eran pastores genuinos. Todos aquí no es absoluto; Moisés, muchos de los profetas y líderes piadosos del pasado eran reconocidos de Dios. En el 5.46 leemos, “si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él”.

Sin embargo, no todos los que vinieron antes eran pastores genuinos. “Los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado”, Isaías 56.11. “Ovejas perdidas fueron mi pueblo; sus pastores las hicieron errar … y se olvidaron de sus rediles”, Jeremías 50.6. De veras eran “ladrones y salteadores”.

Entonces el Señor enfoca sus pensamientos sobre el mundo en el cual vivían. El cambio del tiempo gramatical a son daría a entender que se refería en especial a los fariseos que le escuchaban; véase 9.40. En contraste con estos ladrones y salteadores, Jesús vino al redil como el Buen Pastor.

Juan 11.11          Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.

El señor W. E. Vine explica que es apropiado el uso del verbo dormir debido a la similitud entre un cuerpo dormido y uno muerto. Normalmente ambos se caracterizan por reposo y paz. El objeto de la metáfora, dice, es sugerir que como el que duerme no deja de existir, también el difunto sigue con vida no obstante su ausencia de la esfera donde los sobrevivientes pueden comunicarse con él. Y, así como el sueño es un estado temporal, resultará ser lo mismo la muerte del cuerpo.

Ahora, el hombre se compone de espíritu, alma y cuerpo, 1 Tesalonicenses 5.23. En ninguna parte de las Escrituras se afirma que el alma duerme. La figura es muy sugestiva; la faena del cuerpo termina con la muerte; el cuerpo duerme y el alma se va para estar con Cristo. Cuando nuestro Señor dijo tocante a Lázaro, “Voy a despertarle”, quería decir que le iba a restaurar a vida física al levantar su cuerpo del sepulcro y con esto reunir alma y cuerpo.

La doctrina falsa del sueño del alma parece relacionarse con el estado entre la muerte y la resurrección. El sueño nunca se emplea en las Escrituras con referencia al alma sino al cuerpo. Algunos darían una interpretación errónea a las palabras de Eclesiastés 9.5, “los muertos nada saben”. En ese libro de “las cosas debajo del sol” los difuntos están fuera de contacto con la tierra y desconocen las actividades que se están realizando “debajo del sol”. En la muerte, el cuerpo duerme, y así habla 1 Tesalonicenses 4.14 de traer con Jesús “los que duermen con él”. El ladrón moribundo recibió la promesa de estar con Cristo en el paraíso aquel mismo día.

Pablo deseaba ausentarse para estar con Cristo. Mientras el cuerpo duerma en el intervalo del estado desnudo, el alma y el espíritu están en casa con el Señor. “No quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida”, 2 Corintios 5.1 al 6.

Juan 13.13,14     Me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he …

Maestro quiere decir un profesor, un docente; el verbo correspondiente es enseñar. Es de ser creído lo que el docente dice, como es de ser obedecido lo que el señor manda. Los discípulos usaban “Maestro y Señor” al dirigirse a Jesús, pero ni una vez encontramos a los apóstoles dirigiéndose a él como Jesús mientras estaba con ellos en la tierra.

Posiblemente hayan dado el mayor énfasis a su calidad de maestro, como hizo Nicodemo, “sabemos que has venido de Dios como maestro”, pero ahora les da la secuencia debida. Deben obedecerle como Señor y hacer lo que Él enseña. Es el corazón obediente que mejor aprende. Pero su señorío no emana tan sólo de sus enseñanzas; Él era Señor de ellos antes de enseñarles cosa alguna.

Juan 14.12          El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

Aparentemente el Señor se refiere a sus discípulos; o sea, que ellos harían las obras mayores. Sin embargo, la declaración posiblemente admite una aplicación mayor para encerrar a todos los que creen en él. Los discípulos harían obras mayores porque, como dice, Él iba al Padre. Ir al Padre significaría enviar al Espíritu Santo por medio de quien se realizarían estas obras. “Las obras que yo hago” se mencionan en los dos versículos anteriores, a saber, los milagros de sanidad, la resurrección de muertos, etc. El libro de Hechos registra que los discípulos hicieron estas cosas oportunamente.

Las obras mayores pueden ser la evangelización y sus resultados poderosos en la salvación de almas. La omnipotencia está revelada en los milagros, pero esta obra es mayor porque la salvación revela la gracia de Dios. Las grandes obras tienen que ver con cosas materiales pero las mayores de éstas con cosas espirituales. Fueron el regreso de nuestro Señor al Padre, la finalización de su misión en la tierra y la realización de la redención que hicieron posibles las obras mayores de la salvación a través del evangelio. Encontramos el primer cumplimiento de esta promesa en Hechos de los Apóstoles – los Hechos del Espíritu – en la obra mayor de la salvación de tres mil almas cuando Pedro predicó en el Día de Pentecostés.

Se dice que ganar almas es la obra mayor en el mundo, mayor aun que alimentar a cinco mil personas, etc., pero debemos llevar en mente siempre que la mayor obra que cualquier hijo de Dios haya hecho lo hizo “no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”, Zacarías 4.6. Esto excluye la posibilidad de que las obras mayores de los apóstoles les hayan puesto a un mismo nivel que el Señor.

Juan 14.31          Levantaos, vamos de aquí.

No se nombra el lugar donde el Señor habló de sí como la vid (capítulo 15) y levantó los ojos al cielo (capítulo 17). Algunos opinan que se abandonó el aposento alto después de las palabras, “Levantaos, vamos de aquí”, y que los eventos de los capítulos 15, 16 y 17 tuvieron lugar en otra parte. Me parece que las palabras citadas no dan a entender un cambio de lugar en ese momento, sino que aquellos hombres se levantaron de estar reclinados en torno a la mesa al estilo del país.

Es muy probable que el resto del discurso de los capítulos 15 y 16, y también la oración del 17, correspondan al período en que el grupo estaba parado y preparado para salir. A la luz del 18.1, “salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón”, parece que nuestro Señor terminó de hablar todo lo que está registrado en los capítulos 15 al 17, cosa que ocuparía poco tiempo. Es poco probable que haya dicho todo esto mientras caminaban del salón al arroyo.

Juan 15.6   El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.

Esta parábola no ilustra cómo guardar la salvación sino cómo llevar fruto; no trata de unión sino de comunión. La unión no puede ser rota pero la comunión sí. No hay mucha dificultad en entender lo que el Señor dice en este versículo cuando uno lo toma tal como es, sin añadir lo que no está allí. El que, o “alguno”, no se refiere a personas sino a vides cortadas y muertas. No se les quema como castigo sino por ser inútiles.

Una vid, torcida como es, no sirve para nada. ¡El profeta Ezequiel pregunta en el 15.3 de su libro si acaso sirva de estaca! Cuando un hijo de Dios deja de llevar el fruto del Espíritu, su alma está seca y por lo tanto inútil para Dios en su servicio. Debemos permanecer en comunión con Cristo, no sea que seamos “echados fuera” cuales creyentes inservibles.

Juan 17.22          La gloria que me diste, yo les he dado

El Señor Jesús está contemplando el resultado de la obra de la cruz que estaba por realizarse. Tenía y tiene una gloria que es peculiarmente suya, la de su persona y deidad que ha tenido desde antes que el mundo fuese. Él estaba por recibir una gloria adicional como consecuencia de su triunfo en la cruz. “… creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria”, 1 Pedro 1.21.

Esta gloria, les dice a sus discípulos, Él va a compartir con ellos. La compartirá con nosotros también, por cuanto es Cabeza del cuerpo del cual somos miembros. Esto se ve en la parte final del versículo, “que sean uno, así como nosotros somos uno”.

Juan 18.37          Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey.

En los cuatro Evangelios se habla más de treinta veces de Cristo como Rey, casi siempre en relación con su pueblo terrenal, Israel. Esta es una excepción. Jesús le respondió a Pilato, “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían”. Pilato preguntó, “¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido”.

Cuando Pablo predicaba en Tesalónica, se entendía que se refería a un rey, Hechos 17.7, “diciendo que hay otro rey, Jesús”. Aprendemos de Colosenses 1.13 que el Padre nos ha trasladado “al reino de su amado Hijo”. Si estamos en el reino del Hijo ahora, entonces Él es nuestro Rey y reconocemos su soberanía. Apocalipsis 17.14 le atribuye el título de Rey de Reyes y Señor de Señores.

Sin embargo, una cosa es que Él sea Señor y otro que sea Rey. No es incorrecto hablar de él como nuestro Rey, pero hablar de él como Señor parece estar más acorde con nuestra posición en la Iglesia. En 1 Corintios 14.37, por ejemplo, Pablo escribe “los mandamientos del Señor”, no los decretos del Rey. Se observa que nunca se habla de él como Rey de la Iglesia ni Rey de nuestra vida. El lenguaje es que “éste es Señor de todos”.

Juan 19.11          El que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.

Uno no puede ser dogmático y afirmar que el Señor haya tenido en mente a una cierta persona al hablar de “el que a ti me ha entregado”. El sentido puede ser amplio, dando a entender que otros eran más culpables que Pilato, a quien le correspondía decidir el caso cuando quería soltar al acusado. Mal puede referirse a Judas, porque él nada tuvo que ver con Pilato. Éste traicionó al Señor pero fueron los sumos sacerdotes que le entregaron al gobernador. En el 18.35 éste dice, “Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí”.

La responsabilidad por este hecho recaía mayormente sobre los hombros de Caifás, y es razonable creer que el Señor le tenía a él en mente. Caifás parece haber sido intransigente y duro, Pilato inescrupuloso y débil. Humanamente, la responsabilidad de la crucifixión de nuestro Señor le correspondía a estos dos, pero la culpa de Pilato era proporcionalmente menos que la de Caifás, aunque bastaba de por sí.

Juan 19.16,17     Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. Y él, cargando su cruz, salió …

Son casi idénticos los relatos de Mateo, Marcos y Lucas: “Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz”, Mateo 27.32. Marcos agrega un detalle: “uno que pasaba … Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo”, y Lucas escribe, “le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”.

La práctica corriente en aquel entonces era que el condenado portara al suplicio la cruz sobre la cual iba a morir, y Juan dice que el Señor lo hizo, pero por alguna razón omite mención de Simón. (Juan 19.17 según Besson: “llevando la cruz para sí mismo”; según Biblia Textual: “cargando Él mismo la cruz”).

Parece evidente que al comienzo de la procesión al Gólgota solamente el Señor llevó el madero pesado, pero que en algún momento fue pasado a Simón. Por qué, no sabemos. Posiblemente Él no podía con el peso; es razonable pensar que la angustia del Getsemaní y el dolor de los azotes hayan incidido. Sin embargo, las Escrituras no lo dicen, y no debemos intercalar lo que no está allí.

Hay cierta indicación de esto en Marcos 15.22: “Le llevaron a un lugar llamado Gólgota”, donde llevar se traduce en ciertos versículos como “sostener”, “dejar llevar”, “soportar”. Se usa, por ejemplo, para “trayendo un paralítico”, “trajo su cabeza en un plato” y “traedme la moneda”.

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Es posible que Él haya emprendido la marcha llevando la cruz pero resultó necesario que él mismo fuese llevado. Por ejemplo, Juan 4.6 dice que, conforme con su humanidad, se sentó junto a un pozo, “cansado del camino”. Es sólo una sugerencia; donde las Escrituras guardan silencio, los supuestos son peligrosos.

Aun cuando otros hayan sentido muy poca simpatía por nuestro Señor cuando llevó su cruz, hubo uno que fue obligado a que la llevase. Posiblemente era conocido como un seguidor del Señor, pero de nuevo no sabemos. Sea como fuere, este hombre Simón prestó un servicio noble al caminar al Calvario llevando a cuestas la cruz donde el Señor sería colgado. Esto deja en claro que no había comenzado todavía la obra de expiación, porque nadie ayudó a nuestro Señor a llevar nuestros pecados. Éstos le fueron impuestos cuando llegó al Calvario, no antes. En 1 Pedro 2.24 leemos que “llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”, no “hasta el madero”.

Juan 19.25          Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.

Mi parecer es que aquí se mencionan cuatro mujeres, pero uno no puede insistir porque el texto deja lugar para duda. Conviene tener presente que el texto original de la Biblia no incluía signos de puntuación. Algunos opinan que la esposa de Cleofas era hermana de la madre de Jesús. Al ser así, las mujeres eran tres, y este es el criterio que predomina. Otras traducciones, incluyendo la antigua aramea, insertan la palabra y después de “hermana de su madre”, de suerte que el texto reza: “su madre, y la hermana de su madre, y María mujer de Cleofas, y María Magdalena”.

Juan 19.26          Mujer, he ahí tu hijo.

Al decir esto, el Señor está sencillamente encomendando su madre al cuidado de Juan. La madre de Jacobo y Juan recibe mención como esposa de Zebedeo en Mateo 27.56 y está identificada en Marcos 15.40 como Salomé. Algunos creen que se refiere a ella en Juan 19.25 como “la hermana de su madre”. Si es correcto – porque no admite prueba – Juan habrá sido primo hermano del Señor Jesús.

Aparentemente a la sazón la madre de nuestro Señor era viuda, y su relación espiritual con Juan sería más cercana que con aquellos identificados en Mateo 13.55 como los hermanos del Señor. Él habló de los que hacían la voluntad de su Padre como “mi hermano, y hermana, y madre”, Mateo 12.50. Es sólo en ese sentido que dice, “Mujer, he ahí tu hijo”. Juan no era su hermano en la carne.

Juan 19.28          Sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.

Es evidente que los que estaban cerca de la cruz sabían qué quería el Señor por “Tengo sed”, porque leemos en el versículo siguiente que “empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca”. Además, lo dijo para que la Escritura se cumpliese, a saber, Salmo 22.15, 69.3,21: “Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte; cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios; me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre”.

Se dice que una sed extrema acompaña la muerte por crucifixión, y sería así especialmente bajo el sol candente de aquella tierra al mediodía y en las horas siguientes. La expresión, entonces, se refiere a los sufrimientos físicos del Señor cuando colgado en cruz.

Véase también el comentario sobre Mateo 27.34.

Juan 19.30          Consumado es.

Estas palabras no tienen que ver con la salvación. Oímos a menudo de “la obra consumada de la salvación”, pero las Escrituras no emplean este lenguaje, aun cuando nadie va a negar que la obra de la redención esté completa. Consumado es es una sola palabra en el idioma original y se refiere a la obra que el Padre le dio al Hijo para la hiciese. Es la idea de algo llevado a término, como en el v. 28, “sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado”.

Si bien este es el más breve de los siete dichos de nuestro Señor en la cruz, es el más completo. Abarca más del hecho de que sus padecimientos habían terminado y las profecías del Antiguo Testamento cumplidas. Todo había sido hecho ya, no había más que hacer en la tierra. Se trata del cumplimiento de las palabras del 17.4, “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”.

Juan 19.37          Mirarán al que traspasaron.

Los dos grandes hechos a favor nuestro que han sido atestados son la muerte y la resurrección del Señor Jesucristo. Si hubiese quedado alguna duda en cuanto a su muerte, entonces debería haber para siempre la misma duda en cuanto a su resurrección.

La perforación de su costado y el flujo de sangre y agua eran pruebas infalibles de que había muerto. Su sangre fue derramada y “el que lo vio da testimonio”. Es el testimonio solemne del testigo divinamente designado. Al haber faltado, sin duda el enemigo hubiera insinuado que Jesús no estaba muerto de verdad, sino que se había desmayado y se suponía que estaba muerto. El despiadado traspaso de su costado no sólo cumplió la Escritura sino confirmó a la vez, más allá de toda duda razonable, el poderoso hecho de la muerte del Hijo de Dios.

En el Salmo 22 el Espíritu de Cristo vierte su lamento en los oídos de Dios, diciendo, “Horadaron mis manos y mis pies”. Es un ejemplo llamativo de la hermosura y la precisión de las Escrituras que el salmo no haga mención de su costado. ¡Oh, la agonía cuando los clavos traspasaron sus benditos manos y pies! Él lo sintió y lo aceptó en su plenitud, rehusando la hiel que posiblemente hubiera mitigado el dolor. Pero ya había muerto cuando los soldados horadaron su costado. No lo sintió.

Los poetas y los predicadores han abundado acerca de la sangre que el Señor transpiró en el Getsemaní, pero las Escrituras no relatan nada al respecto. Su sudor era como grandes gotas de sangre. Es más: se colocó una corona de espinas sobre su cabeza, y sin duda los soldados laceraron su frente. Con toda probabilidad los látigos que recibió hicieron largos surcos en su espalda, pero de nuevo las Escrituras no afirman que corrió sangre. Cuando sus manos y sus pies fueron clavados, sangre ha debido fluir de aquellas heridas crueles, pero la Palabra no lo dice.

Ninguna de estas iniciativas trajo la muerte. Lo singular de la sangre derramada por su costado abierto es que da fe a su muerte. Es aquí donde el autor pausa y dirige la atención al testimonio acerca de la muerte del Señor Jesús.

Véase también el comentario sobre Salmo 22.14.

Juan 20.17          No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

Algunos opinan que cuando el Señor dijo, “aún no he subido a mi Padre”, Él se refería a su ascensión a la diestra del Padre que se registra en Marcos 16.19, Lucas 24.51, Hechos 1.9, etc., pero nuestra opinión es que se refirió más bien a una ascensión inmediata. El lenguaje sugiere una acción presente en vez de un evento a realizarse en cuarenta días. Algunas traducciones expresan el sentido de, “No me toques por el momento”, o, (como la Nueva Versión Internacional) “No me retengas”. (Varias emplean “Suéltame”)

Este es un hermoso cumplimiento de la gavilla mecida en Levítico 23.9 al 11. Se habrá cortado ese grano unos días antes del sábado y el día siguiente al sábado el sacerdote lo tomó para mecerlo de lado a lado ante Jehová. Y así con nuestro Señor; su cuerpo reposó en el sepulcro todo el sábado y en la mañana fue levantado. Para cumplir el tipo, Él se presentó al Padre como primicias en resurrección. ¿Y qué sería más apropiado? Parece que el tipo antiguotestamentario no se hubiera cumplido hasta presentarse el Señor ante el Padre el día después del sábado.

Véase el comentario que sigue.

Hechos 1.3          Después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.

Es claro que era de cuarenta días el período entre la resurrección y la ascensión de nuestro Señor y que en ese lapso Él se presentó – mejor, se manifestó – a solamente los apóstoles y a los que andaban con ellos, y en cada ocasión con un propósito específico. Fue con ellos que les habló, les mostró sus manos y sus pies y cenó. Solamente los Doce le vieron ascender al cielo. Diez días después el Espíritu Santo descendió conforme a la promesa en el Día de Pentecostés (“quincuagésimo”)

Parece evidente que nuestro Señor ascendió al Padre después de manifestarse a María Magdalena en la mañana de su resurrección, y que estaba de regreso antes de la tarde, cuando estuvo con los discípulos, Juan 19.17 al 20. Este evento no interrumpió el lapso de cuarenta días.

Hechos 1.15, 1 Corintios 15.16      … los reunidos eran como ciento veinte en número Apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún,

Los ciento veinte de Hechos 1 se refriere al número de hermanos en Jerusalén en ese momento. No sabemos cuántos había en la tierra en ese entonces; serían más de quinientos. Este es el número aproximado que vio al Señor después de su resurrección, pero no necesariamente vivían en Jerusalén, ni estaban todos presentes cuando Pedro se puso de pie con los Once.

Hechos 1.26        Les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías;
y fue contado con los once apóstoles.

No vemos por qué decir que los discípulos actuaron apresuradamente en este asunto. Su elección fue de uno que había estado junto con ellos mientras el Señor estaba en medio, v. 21. Además, el ministerio de Pablo era diferente de aquél de los Doce por cuanto era el apóstol a los gentiles. El hecho de que Matías no sea mencionado posteriormente no da razón para decir que se había equivocado; tampoco se vuelve a mencionar a la mayoría de los otros apóstoles. Tengamos presente que en el 2.14 Pedro se puso en pie con once más – no con diez. Y, en el 6.2 “los Doce” convocaron a una multitud.

Véase el comentario sobre 1 Corintios 15.5

Hechos 2.41        Los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

Se ilustran en Hechos de los Apóstoles tres responsabilidades que recaen sobre el nuevo creyente y sobre la asamblea. Primero, la responsabilidad relativa a la salvación. “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”, 16.31. Segundo, la responsabilidad relativa al bautismo. “Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?” 8.36. Tercero, la responsabilidad relativa a su incorporación en una asamblea. Saulo “trataba de juntarse con los discípulos”, 9.26.

Felipe tenía una responsabilidad en el segundo caso y su reacción fue, “Si crees de todo corazón, bien puedes”. En cuanto a Saulo de Tarso, “todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo”. Una persona que desea el bautismo o la recepción en una iglesia local debe manifestar claramente su conversión y una vida que honra al evangelio. No creemos que el bautismo sea la puerta a la asamblea, ni un umbral tampoco; es un paso antes de que uno llegue a esa entrada. El bautismo viene después de la conversión y antes de la recepción, pero la Palabra no establece lapsos de tiempo.

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Las Escrituras no dicen en Hechos 2 y 3 que tres mil personas fueron salvas mientras Pedro predicaba, sino que tres mil fueron añadidas al número. Posiblemente algunos fueron salvos en otras ocasiones. En cuanto al 2.7, hay versiones (como la de Besson), que rezan, “¿Todos estos que hablan no son galileos?”

Sin embargo, es bueno llevar en mente que el Señor le dijo a Pedro en Mateo 16.19, “te daré las llaves del reino de los cielos”. Sin duda Pedro usó estas llaves para abrir la puerta a los judíos en Hechos 2 y a los gentiles en Hechos 10. A la vez, encontramos en el 2.11 que los judíos y prosélitos usaron el plural al decir, “les oímos hablar en nuestras lenguas”, y preguntaron, “¿Qué quiere decir esto?”

En su prédica Pedro habló de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo e insistió en la culpabilidad de sus oyentes por haberle crucificado. Esto no dio lugar a asombro, como en el v. 12, sino a una verdadera convicción de pecado y un clamor, “¿Qué haremos?” Concluimos entonces que fue el mensaje de Pedro en el poder del Espíritu el que fue usado para producir tan maravilloso resultado en el “nacimiento” de la Iglesia.

Hechos 2.42        Perseveraban en la doctrina de los apóstoles.

La doctrina de los apóstoles era la doctrina que el Señor Jesús les enseñó mientras estaba con ellos y de la cual el Espíritu Santo les recordó. “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”, Juan 14.26. La doctrina de los apóstoles como tal no se encuentra en el Antiguo Testamento porque encierra la revelación de un pacto nuevo que se basa en la muerte y resurrección de nuestro Señor.

Encontramos esta doctrina predicada en los Evangelios y expuesta más ampliamente en Hechos de los Apóstoles, pero no se puede negar que en el Antiguo Testamento hay atisbos de ella. Los apóstoles mismos citaban ampliamente de ese Testamento, el cual era toda la Biblia que tenían. Pero difícilmente podemos pensar que aquellas prefiguraciones constituían parte de la doctrina de los apóstoles.

Hechos  5.1         Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad …

Todo el contexto da a entender que Ananías y Safira eran creyentes auténticos. Es claro que pertenecían a la Iglesia; de haber sido cizaña entre el trigo, hubieran tenido poco o ningún interés por compartir sus bienes comunalmente. Era la multitud de ellos que creyó y tenía todo en común. La mención de sus nombres y su trato con los apóstoles nos hace pensar que gozaban de aceptación en la congregación en Jerusalén, posiblemente hasta ser prominentes en ella.

El resultado del juicio sobre su pecado fue que gran temor vino sobre quienes supieron del asunto. De haber sido ellos inconversos, no es probable que su pecado y sus consecuencias hubiesen producido tanto efecto entre el pueblo del Señor; muchos hubieran dicho, “Pues, no eran salvos”. El impacto se sintió afuera también; leemos en el v. 13, “De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos”.

Surge la pregunta de por qué un castigo tan severo. Debemos tener presente que Pedro está actuando con base en su autoridad apostólica: “Te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos …” El atar y desatar se refieren a la disciplina. Sin duda la severidad de esto guardó la Iglesia primitiva de mucha iniquidad, y hoy día el tratamiento del pecado con arreglo a la Palabra de Dios es la salvación del testimonio de la Iglesia.

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El suyo fue un pecado de muerte y el castigo fue un caso de juicio que comenzó por la casa de Dios, 1 Pedro 4.17. Leemos acerca de Ananías, “¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo?” Ahí estaba el gran pecado, el de intentar engañar al Espíritu Santo. Es cosa que puede ser hecha por sólo una persona en quien Él mora; un inconverso estaría tan sólo mintiendo a sus semejantes. De haber sido inconversos, es dudoso que se hubieran interesado por profesar seguir el ejemplo de Bernabé. Obsérvese que el relato acerca de Bernabé y el de esta pareja están separados por sólo la palabra pero.

Hay una relación entre el pecado de Hechos 5 y el de Josué 7 de parte de Acán en el campamento de Israel. En ambos se trata de avaricia, en un caso al comienzo de la historia del pueblo terrenal de Dios al entrar en la tierra, y en otro caso al comienzo de la historia de creyentes en una iglesia local. Los protagonistas en los dos relatos fueron castigados con la muerte.

Hechos 7.14, Génesis 46.26,27     Enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas.
Todas las personas que vinieron con Jacob a Egipto … fueron sesenta y seis.

Se ha intentado encontrar una contradicción entre el relato de Esteban y el pasaje en Génesis. El 46.26 fija en sesenta y seis el número de personas que entraron en Egipto con Jacob, prole suya y las esposas incluidas. Si agregamos a Jacob mismo, José y los hijos de José, que ya estaban en el país, se suman a setenta, como se afirma en el v. 27. Si a los sesenta y seis añadimos las nueve esposas de los hijos de Jacob (parece que Judá y Simeón habían perdido las suyas), llegamos a las setenta y cinco que menciona Esteban.

Otra sugerencia es: “En Hechos 7.14 Esteban habla de toda la gran familia como compuesta de setenta y cinco personas, debido a que en la Septuagenta, la Biblia que Esteban leía, se incorporan de hijos de Manasés y tres de Efraín. Estos cinco más los setenta de Génesis suman a setenta y cinco”.

Hechos 7.55        Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios,

(La mayoría de las traducciones al español – y, por cierto, al inglés— rezan “Jesús de pie / en pie a la diestra de Dios”).

La apertura del cielo y la posición del Hijo del Hombre de pie fueron especialmente para el beneficio de Esteban. Cristo se ha puesto en pie para consolar y asegurar a este varón, y lo hizo cual todopoderoso Hijo del Hombre.

Como Redentor nuestro, Él “se ha sentado a la diestra de Dios”, Hebreos 10.12. En la Epístola a los Hebreos Él se siente cual Sumo Sacerdote que ha terminado la obra de redención una vez por todas por el sacrificio de sí mismo. En Hechos 7 el cuadro es otro. Es el único pasaje que habla de nuestro Señor como parado a la diestra de Dios, y la única mención de él como Hijo del Hombre en el libro de Hechos. Esto le fortalecería a Esteban.

También, Cristo está en pie preparado para recibir al primer fiel mártir por su nombre. Quizás, más de esto, se puso de pie en juicio, como hará de nuevo para tratar con los enemigos de los suyos. En Apocalipsis 4.1 al 3 el cielo está abierto y nuestro Señor está sentado sobre el trono de nuevo, pero en Apocalipsis 19.11 vemos el cielo abierto de nuevo y Él se levanta para juzgar y guerrear.

Véase también el comentario sobre Hebreos 10.12.

Hechos 8.13        También creyó Simón mismo …

Surge a menudo esta pregunta que si Simón el mago era salvo en verdad. Hay diferencia de criterio.

Al ver el pasaje en conjunto uno concluye que no. Él se perfila como un mero profesante. Simón “creyó” cuando vio los milagros que Felipe hacía y aparentemente se ubicó en la categoría de los de Juan 2.23 al 25: “Muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos”. La solemne advertencia de Pedro en vv 20 al 23 confirma esto. Antes de profesar fe, Simón se hacía pasar por algún grande al ejercer la magia, y ahora buscaba prominencia en este nuevo movimiento de la gracia y el poder de Dios.

Hechos 10.1,2     Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa.

Cornelio practicaba tres cosas que se mencionan en Mateo 6 en el así llamado Sermón del Monte: daba limosna, v.2; oraba, v. 5; ayunaba, v. 6. Adicionalmente, era piadoso y temeroso de Dios, viviendo ante él con apego a la luz que tenía. Sin embargo, el 11.14 deja en claro que tenía que ser salvo: “Pedro … te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa”. Parece evidente en 10.44 al 48 que recibió una nueva posición ante Dios mientras Pedro estaba predicando. En otras palabras, fue salvo.

Al considerar preguntas como esta, es bueno llevar en mente que este evento tuvo lugar en el período de transición entre la ley y la gracia, entre la dispensación anterior y la vigente.

Hechos 10.48      Mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús

No había una asamblea en aquel entonces en ese lugar y ni siquiera se dice aquí que Pedro fue quien efectuó el bautismo. Posiblemente sí, pero le acompañaban seis hermanos, 11.12.

Creemos que aquellos que son usados en alguna medida en la salvación de almas son a la vez responsables para enseñar a los convertidos la doctrina del bautismo, pero no es necesario que sean ellos quienes bauticen. Cualquier hermano de buen nombre puede bautizar, así como Ananías en el caso de Saulo de Tarso, 9.17,18. Donde no hay una asamblea, la tarea generalmente recae sobre el evangelista, como en el caso de Felipe con el etíope, 8.38.

Hay el peligro de que el predicador se apresure en ver que los convertidos se bauticen, y todos sabemos que esto ha dado lugar a problemas innecesarios. Al existir una asamblea en la localidad, la responsabilidad por el bautismo de creyentes nuevos y no tan nuevos corresponde netamente a los ancianos.

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El apóstol mismo bautizó a Crispo, quien aparentemente estaba entre los primeros convertidos cuando Pablo fue a Corinto a predicar, Hechos 18.8, y a Gayo también. Él hace saber que no bautizó a ningún otro de los muchos que creyeron en la ciudad. Otros lo hicieron, y posiblemente antes de formarse una asamblea. Pablo bautizó también a aquellos del hogar de Estéfano, 1.16, pero ellos eran de los primeros convertidos en la provincia de Acaya, de manera que es probable que no había otro que atendiera a esto.

El bautismo está vinculado con la obra del evangelista, y el que escribe ha presenciado y efectuado bautismos a centenares de kilómetros de una asamblea. El acto de bautizar no es de ninguna manera una función oficial; cualquier anciano de confianza puede hacerlo cuando hay unanimidad en la asamblea. El hecho de que lo haga debería satisfacer la asamblea y a la vez posiblemente evitar contratiempos en la congregación.

Hechos 13.39      En él (Cristo) es justificado todo aquel que cree.

Ser justificado es ser absuelto de toda acusación, cosa que la ley de Moisés no podía hacer. Dios es el que justifica, afirma Romanos 8.33. El versículo que sigue dice que es por gracia. Justificados ya en su sangre, por él seremos salvos de la ira, 5.9. La resurrección de Cristo es el testimonio de que su muerte satisfizo los requerimientos de la justicia, de manera que fue resucitado para nuestra justificación, 4.25. Solamente el creyente está a salvo de toa acusación; él está justificado por fe, 5.1.

Y, Santiago nos explica que un hombre es justificado por obras, y no sólo por fe, 2.24. Esto no contradice lo que enseña la Epístola a los Romanos; Santiago nos dice en el versículo anterior que cumple las Escrituras. La justificación por fe es lo que dice Dios y la justificación por obras es la que manifiesta el hombre. Otros no pueden ver nuestra fe, pero sí pueden ver los frutos que produce.

Hechos 14.23      Constituyeron ancianos en cada iglesia,

(Entre las diversas traducciones, quizás la más común sea, “habiendo designado ancianos”).

La Iglesia estaba en su infancia; apenas unos doce años habían transcurrido desde Pentecostés y el descenso del Espíritu Santo. Era necesario designar ancianos para cuidar las iglesias nuevas y a éstos se refiere en 20.17,28.

Esta designación era una acción apostólica, efectuada en este caso por Pablo y Bernabé. No hay apóstoles hoy en día y por ende no se sigue esta práctica. 1 Tesalonicenses 5.1,13 habla de reconocer y estimar a los que trabajan entre nosotros.

Hechos 16.1        Había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego;

Pero, ¿cómo sabemos que la madre de Timoteo hizo mal? Posiblemente se casó antes de salva. Ella no contaba con 2 Corintios 6.4 para instruirla acerca del yugo desigual. Sea como fuere, la gracia soberana de Dios desconoce límites y aprendemos de las circunstancias qué puede hacer una mujer espiritual por su hijo aun siendo su esposo inconverso. El hecho de que Eunice haya estado casada con uno que no era creyente de ninguna manera anula la enseñanza clara en 2 Corintios.

Hechos 15.18      … el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos.

Dios veía todo desde la eternidad. Este es un versículo clave acerca de la precognición divina, o el conocimiento anterior que tiene Dios. El vocablo griego proginósko figura cinco veces en el Nuevo Testamento, traducido de diversas maneras, y el verbo correspondiente dos veces.

(1) La precognición relativa al Señor Jesucristo: “… éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis”, Hechos 2.23. Dios decretó que su Hijo fuese entregado por nosotros para llevar a cabo sus propósitos de gracia. La muerte de Jesús no fue tan sólo obra de hombre, sino parte del plan eterno y algo hecho de acuerdo con su esquema. (Esto de ninguna manera exime de culpa a la nación de Israel por haber traicionado y dado muerte al Hijo de Dios; Hechos 7.52). El Señor Jesús fue predestinado (conocido de antemano) por el Padre como el Cordero sin mancha, el Salvador del mundo, 1 Pedro 1.20.

(2) La precognición relativa a Israel: “No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció”, Romanos 11.2. Él sabía de antemano que los hijos de Jacob llegarían a formar la nación de Israel. En Deuteronomio 7.7,8 Dios les dice a los israelitas, “No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa”. Pablo habla en el 11.2 de “su pueblo” porque eran de Dios por elección divina; su precognición de ellos y su manera de actuar hacen imposible que cambie de propósito para con aquel pueblo. No se dejará sin cumplir ninguna de sus promesas a ellos. Por el momento ese pueblo está enjuiciado y descartado, pero Él recogerá a aquellos que conoció de antemano.

(3) La precognición relativa al creyente en esta dispensación:  “A los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”, Romanos 8.29. Hay una relación pero también una distinción entre la precognición, la elección y la predestinación. Pedro escribió su epístola a los “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo”, 1.2. Dios eligió con plena comprensión de que no hay quien haga lo bueno, ni uno. Es más: sabía quiénes ejercerían fe para salvación; pero su presciencia va mucho más allá. Nos predestinó no sólo para la salvación, sino para ser conformados a la postre a la imagen de su Hijo.

(4) La precognición relativa a nuestra conducta: “Oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza”, 2 Pedro 3.17. El saber aquí es el mismo conocer y destinar que hemos visito en otros versículos.

La profecía ocupa mucho espacio en las Escrituras y es comparada a una luz que alumbra en lugar oscuro. Hacemos bien a en prestar atención, dice el apóstol en 2 Pedro 1.19. Aun cuando una gran parte de la profecía tenga que ver con Israel, nos ofrece también un conocimiento anticipado y observaciones prácticas para el tiempo presente. Por esto, dice Pedro, ya que saben de antemano, tengan cuidado. En Mateo 24.12 nuestro Señor advirtió: “por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”. Esto insinúa que la condición del mundo impacta sobre el pueblo de Dios. Pedro lo sabía, y aquí en 3.17 nos exhorta a la firmeza, mientras que en el versículo siguiente su exhortación es a crecer en la gracia.

Hechos 16.31      Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

La palabra casa se usa aquí en sentido colectivo para el hogar del carcelero. La promesa es condicional e individual; si él solo creyera en el Señor Jesucristo, sería salvo, pero no así los demás en el hogar por el solo hecho de que él había creído. Tampoco se refiere a sus hijos no más, si es que los tenía. El sentido se percibe claramente en el v. 32: “le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa”. Entonces fueron bautizados él y los suyos, a saber, todos aquellos que eran capaces de recibir las buenas nuevas de la salvación por fe en Jesús y, creyendo, fueron salvos. Es ajena a la Palabra de Dios la idea de atribuir la salvación a los hijos con base en la fe de la cabeza del hogar, por el hecho que no hayan alcanzado una edad cuando lo pueden hacer por sí mismos.

Hechos 17.30      Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;

Dios no intervino en la causa de las naciones gentiles, pero esto no quiere decir que hizo caso omiso del mundo gentil. Hacerlo hubiera sido en contradicción del versículo siguiente: “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó”.

Dios pasó por alto su ignorancia culposa al ver a Cristo y la salvación que había planeado. Se reveló a ellos en la naturaleza y la providencia, y a veces le hacía sentir su ira. También permitió los efectos de su depravación. Aunque se imponía en sus cuestiones geográficas y políticas, Dios les dejó solos en sus actividades espirituales y religiosos. “En las edades (generaciones) pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos …”

Pero ahora todo ha cambiado. Él ha inaugurado una dispensación nueva, y las personas que han sabido de Cristo no pueden disculparse por ignorantes. “Ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”. Este versículo se refiere en primera instancia a los gentiles, mientras que Romanos 3.15, “los pecados pasados”, al creyente israelita.

Hechos 19.5        … fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

El bautismo en agua es para aquellos que han renacido. Ellos ya están “en Cristo”, “porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo.”, 1 Corintios 12.13. No es más que una figura de nuestra identificación con Cristo en su muerte y resurrección. “Somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección”, Romanos 6.4,5. Las palabras “en – mejor, hacia – el nombre del Señor Jesús” se refieren a la confesión del nombre hacia el cual uno es bautizado. Al bautizarse en agua el hermano o la hermana en la fe no está iniciado en algo a lo cual no pertenecía antes.

Véase también el comentario sobre Mateo 28.19.

Hechos 20.7        El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba,

No conozco una Escritura que afirme definitivamente que había una asamblea, o iglesia local, en Troas en aquel tiempo, pero es muy fuerte la insinuación que sí. En el 16.8 se registra la primera visita de Pablo a Troas y en 2 Corintios 2.12,13 la segunda: “Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo … no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia”. El uso de ellos hace ver que había hermanos en la ciudad y sugiere la probabilidad de que se reunían en iglesia. Pablo esperaba encontrar a Tito, conforme habían acodado. Así, se despidió de los demás, y se emplea el mismo verbo que en el 18.18 cuando dejó el núcleo en Corinto.

Volviendo a Hechos 20, es claro que Pablo está apurado. Quería marcharse el día siguiente pero se quedó por siete, haciendo ver que estuve allí en el día del Señor. Tenía las maletas hechas, pero quería participar en el partimiento del pan.

Se trata de la reunión acostumbrada; como norma los creyentes en Troas la celebraban en cierto aposento alto, v. 8. El señor Newberry aclara el verbo en el v. 7 expresa que lo habían estado haciendo y lo hicieron. Quienes se reunieron aquel día en Troas eran los santos de la localidad, Pablo y los siete que viajaban con él. Ellos no se habían reunido con el propósito principal que el apóstol diera ministerio, pero él aprovechó la oportunidad.

Hechos 20.28      … para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

Sí, es cierto que hay diversas traducciones que rezan, “la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre”, pero no creemos que el texto justifique la expresión “la sangre de Dios”. Fijémonos en el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español y su uso de paréntesis: “la iglesia de Dios, que adquirió mediante de la sangre del propio (Hijo)”.

Dios es Espíritu, y mal se puede decir que tiene sangre que derramar, pero nuestro Señor participó de carne y sangre. Por la sangre de Aquel que es de Dios, se compró la Iglesia. La sangre derramada es evidencia de muerte y uno nunca debe decir que Dios murió en la cruz, aun cuando es muy cierto que el que murió allí era Dios manifestado en carne.

Hechos 21.26      Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos.

Algunos han estado dispuestos a acusar al apóstol Pablo de duplicidad en las acciones reatadas aquí, pero debemos llevar en mente tres consideraciones: 1. Sin duda Jacobo era el vocero y Pablo estaba siguiendo su consejo. 2. Esto tuvo lugar en el período de transición entre la ley ceremonial y la dispensación de la Iglesia. 3. El apóstol se está ciñendo a la norma que expuso en 1 Corintios 9.19 al 23: “Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos …”

En ninguna parte se dice que Pablo mismo cumplió el voto, aunque muchos suponen que sí lo hizo. Posiblemente fue cuestión de convivencia; él no proponía volver a construir lo que profesaba haber derrumbado. Su acción era de concesión y no de contradicción del trozo aquí citado. Pablo que recomendarse a los individuos cuya salvación buscaba, particularmente a sus hermanos en la carne.

Este apóstol no encontraba lenguaje demasiado severo en su carta a los gálatas al tratar con los maestros judaizantes, escrita esa carta tal vez un poco antes de lo sucedido en Jerusalén. Es dudoso que él haya estado a gusto con las ceremonias onerosas que caracterizaban la ocasión, pero parece que siempre estaba dispuesto a reconocer los prejuicios de sus hermanos en la carne, aun sin lograr la confianza de ellos.

Reconocemos que lo que hizo dio lugar a su arresto por los judíos. Nunca se podrá decir arbitrariamente si fue bajo la dirección del Espíritu Santo que el apóstol fue a Jerusalén y tomó este paso, o si fue que Dios simplemente lo permitió. Él estaba persuadido de que era la voluntad divina: “aunque de nada tengo mala conciencia”, 1 Corintios 4.4; “las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio”, Filipenses 1.12.

Hechos 22.16      Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.

No hay aquí ninguna insinuación de que el bautismo sea esencial para el perdón de los pecados. El apóstol está relatando la historia de su conversión. En el 2.38 hay un orden parecido en una fecha anterior, cuando Pedro predicaba a judíos que habían rechazado abiertamente a su Mesías: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Aquella gente tenía que cumplir con cierta condición para poder ser salvos.

La Interlineal reza, “sé bautizado y sé lavado de los pecados de ti”. Besson (como algunas traducciones al inglés) es parecida: “bautízate, y lávate tus pecados”. Esa gente había negado de plano al Hijo de Dios y por lo tanto debían confesarle públicamente son ser bautizados en el nombre del Señor Jesucristo para la remisión. Cuando Pedro predicó a los gentiles en 10.44 al 48, no se incluyó esta condición: “¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús”.

Saulo de Tarso era judío y, al igual que aquellos de su pueblo en el día de Pentecostés, se le exigió reconocer su culpa abiertamente, invocando el nombre del Señor. Hoy día está condición no está impuesta sobre el creyente, ya que correspondía solamente al período transitorio. El bautismo no es esencial para el perdón de los pecados y el malhechor, por ejemplo, fue directamente de la cruz al paraíso, para estar con Cristo sin ser bautizado. El bautismo se estila ahora como un gesto de obediencia una vez que uno haya confesado a Cristo; es un reconocimiento externo de identificación con Cristo en muerte y resurrección.

Hechos 24.25      … al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero …

Hay predicadores que aparentemente no quieren mencionar el infierno y por esto hablan sólo de “una eternidad perdida”. Ahora, eternidad y perdida son términos bíblicos, pero no leemos de una eternidad perdida. Tengamos cuidado a no evitar el tema del juicio venidero simplemente para suavizar nuestro mensaje. El testimonio al infierno en las Escrituras es tan contundente y autoritario como lo es su testimonio al cielo. Es un enorme sesgo predicar acerca del uno a expensas del otro, y dudamos que se haya hecho una verdadera obra de Dios en cualquier serie de cultos donde no se ha abordado el tema del infierno.

Pero quien lo predique debe hacerlo sólo con plena sinceridad, buscando equilibrio entre el juicio de Dios y el amor de Dios. Algunos tienen que recurrir a la imaginación para decir loo que creen que deben decir acerca del lago de fuego, y esto no debe ser. Rabiar acerca del infierno tampoco es evidencia del amor de Dios en el corazón.

En cierta ocasión, en Dundee, Escocia, el piadoso Andrew Bonar volvió al hogar de su anfitrión después de haber predicado el evangelio en un culto. El igualmente piadoso Robert Murray M’Cheyne le preguntó sobre qué había predicado. “Acerca del rico en el infierno”, fue la respuesta. Y el segundo preguntó, “Andrew, ¿lloraste?”

Hechos 26.16      Ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti,

Mi parecer es que Pablo, al relatar la historia de su conversión, incluye detalles de ciertas revelaciones que recibió del Señor después de salvo. Él no está añadiendo a los eventos registrados en la narración en el capítulo 9, sino le cuenta a Agripa la comisión divina que recibió adicionalmente, la cual dio lugar a su presencia ante el rey.

***

Algunos opinan que en el camino a Damasco le fue revelado a Saulo todo lo que relata en los vv 16 al 19. En cambio, es posible que una parte le haya sido comunicada a través de Ananías; véase 9.15 al 19.

Leemos cinco veces de la conversión de este hombre, en todo o en parte. Hechos 9 es el relato histórico, hechos 22 el relato judío y Hechos 26 el relato gentil. Hay también lo escrito en Filipenses 3 y en 1 Timoteo.

Hechos 27.22, 31    Os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave.
Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros.

Tenemos aquí, como en muchas otras partes de las Escrituras, el lado divino y el lado humano de un asunto. Debemos distinguir. Dios conoce el principio y el fin y en este caso relata por boca de Pablo que no habrá pérdida de vida en la tempestad. Por otro lado, la realización de su propósito requiere obediencia a su voluntad, y en este caso fue que todos debían quedarse en la nave. El resultado se conoce en el v. 44, “aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra”.

Romanos  2.12    Todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán

Millones de paganos nunca han oído el mensaje del evangelio y nada indica que por esta razón van a ser salvos. Las palabras del 1.18 al 32 y del 2.11 al 15 dan enseñanza solemne acerca de los gentiles que nunca han oído. “Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”.

Se administrará la ira de Dios bajo una norma aparte de la ley que fue dada a los judíos. Y, “el Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” Génesis 18.25. Se juzgará a los hombres y las mujeres conforme a la ley que cada cual haya tenido – el conocimiento del bien y el mal, y de Dios.

Especialmente en vista de esto, se pregunta si los salvos superarán en número a los perdidos. Sí, lo harán; en la eternidad habrá muchos más salvos que perdidos. Las Escrituras no responden textualmente a esta pregunta, pero creemos que la contestan, y de una vez viene a la mente Colosenses 1.18, “… él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia”. Una traducción de Isaías 53.12 (inclusive la Vulgata Latina de Scío) es, “le dará una porción con los muchos”, en el sentido de la mayoría.

Más de la mitad de los nacidos mueren antes de llegar a una edad de responsabilidad, y también van a estar seguros bajo la sangre de Cristo los mentalmente enajenados que han sido incapaces de comprender lo del pecado y las demandas de Dios. En los tiempos del Antiguo Testamento había mucha gente de fe, inclusive entre los gentiles como Rahab, Rut y Naamán. Millones han renacido en esta dispensación. Después del arrebatamiento de la Iglesia muchos serán salvos entre las doce tribus de Israel, antes del período del reino. En ese mismo entonces será salva una multitud de gentiles que ninguno puede contar (que no hayan rechazado a Cristo en este día de la gracia). Posteriormente, en el milenio, Israel como nación será convertida y una multitud será salva bajo la predicación del evangelio del reino.

Romanos  3.20    Por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

Esta declaración aplica al judío y al gentil por igual. El texto griego no incluye el articulo definitivo; dice, “por medio de ley es el conocimiento del pecado”. Se refiere al estado de derecho en general, y no a la ley de Moisés. Uno conoce el pecado mediante cualquier ley que aplica a sí mismo. El apóstol está por declarar que “no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. El judío queda convicto por la ley de Moisés y el gentil por ley en general.

Romanos  3.25    … para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.

Los pecados pasados no son aquellos que un cristiano cometió en sus días de inconverso, sino aquellos de quienes vivían antes de la dispensación del evangelio de la gracia de Dios. Dios pasó por alto en paciencia, y en anticipación de enviar a su Hijo para ser el Salvador del mundo, los hechos pecaminosos de los pecados de los creyentes antiguo-testamentarios.

Los santos del Antiguo Testamento eran perdonados, pero no justificados en el sentido que lo somos nosotros en esta dispensación. “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”, exclamó David al abrir Salmo 32. En realidad era la sangre de Cristo la que quitaba los pecados de aquellos santos, pero hasta el Calvario la remisión de pecados no era más que un asunto de no hacer caso de ellos mientras tanto. Pero tengamos claro que no era poca cosa; para ellos era el perdón.

Valiéndonos de un término propio del Antiguo Testamento, era la expiación, o “el pasar por encima”. Este versículo se refiere en primera instancia al judío, pero Hechos 17.30 al gentil: “Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”.

Romanos  4.25    Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Algunas traducciones al español emplean “a causa de” una o dos veces. La versión Rotherham en inglés aclara el sentido: “resucitado debido a la declaración de nuestra justificación”, y la Literal del señor Young reza “resucitado por cuanto somos justos”. [Nota: Esto es exactamente lo contrario a la interpretación dada en la Nueva Versión Internacional: “para que alcanzásemos la justificación”].

No somos justificados porque Cristo fue resucitado, sino al revés. La resurrección de nuestro Señor no fue enteramente el medio para lograr un fin, sino el resultado de un hecho. La fuente de nuestra justificación es la gracia de Dios y ella se efectuó con base en la sangre de Cristo y es recibida por medio de la fe.

Romanos  5.10;  Mateo  5.24         si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

Dios está reconciliando al hombre y va a reconciliar todas las cosas. La Biblia nunca habla de él como siendo reconciliado; no hace falta ningún cambio de corazón de parte suya. “Yo Jehová no cambio”, Malaquías 3.6.

Se trata de “cambiar enteramente de”, como se percibe aquí en Romanos 5.10. El hombre tiene que ser cambiado de un todo. La muerte del Hijo lleva el pecador creyente a una relación pacífica con Dios, y la vida del Hijo le permite gloriarse en él, como lo expresa el versículo siguiente. No tenemos que esperar esta reconciliación por cuanto la recibimos el día que confesamos a Cristo.

En 2 Corintios 5.18 aprendemos que fue Dios que nos reconcilió a sí por medio de Jesucristo, y que nos ha dado el ministerio de la reconciliación. Nuestro mensaje es: Reconcíliese con Dios. Nuestro privilegio – mejor, nuestra responsabilidad – es el declarar a todos el mensaje de Colosenses 1.21: “Vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él”.

Más que esto, Dios va a reconciliar todas las cosas a sí mismo, sean de la tierra o del cielo; Colosenses 1.20. No habrá reconciliación de la cosas debajo de la tierra; el lenguaje de Filipenses 2.10 es otro: “en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra”.

Mateo 5.23,24 trata de una reconciliación muy diferente y emplea una palabra griega diferente. El versículo es claramente judaico pero nosotros de la Iglesia hacemos bien al llevarlo en mente. “Reconcíliate con tu hermano”. La hostilidad es mutua; el uno tiene algo en contra del otro, y ambos lo saben. El uno debe estar contento cuando el otro viene a reconciliarse. Pero si una parte niega hacerlo, la culpa es suya. Estos versículos presentan un cuadro diferente de aquél de Mateo 18.15 al 17, “Si tu hermano peca contra ti …”

Romanos  5.14    No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.

La muerte prevalecía aun cuando no existía la ley de Moisés. Desde Edén en adelante todos murieron, con la sola excepción de Enoc. Fue así inclusive con aquellos que no conocían la ley de Dios como Adán la conocía, los bebés incluidos. Fue por Adán (no por Eva) que el pecado entró en el mundo, y con el pecado la muerte, de manera que la muerte pasó a todos, v. 12. La muerte se impone todavía, y lo hará hasta la vendida del Señor, cuando los que viven serán arrebatados para estar con él, sin pasar por la muerte.

Romanos  5.16,18        Ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.

La mayoría de los pasajes de las Escrituras hablan de la justificación en relación con nuestros pecados, y el v. 16 es un ejemplo. El juicio divino fue de una sola transgresión pero el don gratuito es de muchas transgresiones para justificación. Pero en el v. 18 tenemos otro aspecto de la justificación. Por medio de un solo acto de justicia [sic] viene a todos los hombres la sentencia para justificación. (Versión Moderna de 1893) El tema es el pecado en su raíz a diferencia del fruto del mismo.

Para entender este don gratuito del v. 18 es necesario considerar el texto desde el v. 12 hasta el final del capítulo. Por naturaleza todos nos relacionamos con Adán, pero como consecuencia del don todos los creyentes nos relacionamos con Cristo. Su muerte nos absuelve judicialmente de toda la culpa que nos correspondía a causa de ese solo hombre. La justificación se nos presenta, entonces, en la Epístola a los Romanos no sólo como la absolución de todas las transgresiones sino también como la absolución de nuestra condenación en Adán. Ese solo hombre constituyó a muchos pecadores y uno solo, Cristo, hizo justos a muchos.

Romanos  6.11    Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

En principio Dios nos concibe a todos los auténticos creyentes en Cristo como muertos al pecado, y aquí se nos exhorta que sea así en la práctica también. La voluntad de Dios es que vivamos sólo para él. El v. 17 es una aplicación práctica del v. 11: “habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados”. Bien se ha dicho que el pecado no puede controlar al creyente como tampoco pueden las cosas de este mundo controlar a los difuntos en el cementerio. En los vv 1,2 el apóstol muestra lo absurdo de que uno viva pero a la vez se someta al dominio del pecado. Por cuanto hemos muerto a él, ¿por qué seguir viviendo en el pecado?

Romanos  6.19,22        ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia, enéis por vuestro fruto la santificación

Se trata de la santificación práctica, a diferencia de la santificación posicional que es propia de todo verdadero hijo de Dios. (En cuanto a esta última, véase el comentario sobre 1 Corintios 1.21). Dios santifica nuestra posición pero nosotros somos responsables por la santificación de nuestra condición. No es algo que se logra una vez por todas, sino que es progresiva. Debemos estar cada vez más puestos aparte para Aquel que nos santificó – nos puso aparte.

El creyente es santificado, puesto aparte, por medio de las Escrituras. “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”, Juan 17.17. Si andamos conforme con la Palabra de Dios que ha alcanzado nuestros corazones, ella nos alejará del mal. “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra”, Efesios 5.25,26.

La santificación es personal. “Seguid la paz con todos, y la santidad (la santificación), sin la cual nadie verá al Señor”, Hebreos 12.14. Esta condición de alma califica a un creyente para la comunión con el Señor. No hay nada más lamentable que jactarse de una posición sin la santificación de nuestra condición; la exhortación de 1 Pedro 3.15 es, “santificad a Dios el Señor en vuestros corazones”. Esto no es simplemente recibirle como Salvador, sino reconocerle como Señor.

Romanos  7.24,25        ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Sin duda Romanos 7 narra la experiencia personal de Pablo en alguna coyuntura de su vida. Está lleno de yo, me y . Todo el capítulo parece relacionarse con un judío; “hablo con los que conocen la ley”. El conflicto descrito no es uno entre la naturaleza vieja y la nueva en el creyente, sino entre la carne y la ley. Tampoco es la experiencia de una persona inconversa por cuanto la tal no podría decir que se deleitaba de la ley de Dios en el hombre interior, v. 22; el inconverso no tiene un hombre interior. Muchos hoy en día pasan por la experiencia de Romanos 7 en mayor o menor grado. Es pasajera, diferente entre uno y otro y desconocida para algunos.

Se puede decir que es la experiencia de un cristiano, pero no la experiencia normal del cristiano. El punto crítico está en el v. 24, “¿Quién me librará?” Hasta aquí nada se dice del poder del Espíritu ni se menciona a Cristo. Pero en el v. 25 Pablo da gracias a Dios que la solución vendrá por Jesucristo Señor nuestro.

Hay una diferencia entre la victoria sobre el pecado y la libertad del pecado. Escribe W. E. Vine acerca de ‘Gracias a Dios…’ “Esto tendrá lugar en el regreso del Señor, cuando el cuerpo será redimido. El apóstol no está esperando la muerte, sino la venida del Señor. La expresión de gratitud anticipa las referencias a esta venida en el capítulo 8”.

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Algunos comentaristas y maestros explican el capítulo como la experiencia de un pecador que lucha con su carne en un esfuerzo vano por dominar sus pasiones y reformarse de esta manera. Sugieren que posiblemente Romanos 7 tuvo lugar en el camino a Damasco cuando Saulo se dio cuenta de que estaba haciendo la obra de Satanás.

Sin embargo, la comprensión del capítulo no gira en torno de que uno sea salvo o no. El tema es la ley de Dios y el cuadro es de uno bajo la ley que conoce sus demandas pero fracasa a causa del pecado cada vez que intenta guardarla. El apóstol proyecta esta experiencia como la suya propia, pero en realidad ha podido ser la de cualquier irregenerado que intente guardar la ley por su propio esfuerzo. Ejemplo tenemos en el joven sincero de Marcos 10, que dijo: “Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud”.

Al ver Romanos 7 como la experiencia propia del apóstol, se encuentra en el v. 22 la objeción a la interpretación que se refiere a sus días de inconverso. Uno que no era salvo no ha podido decir, “según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios”, porque su deleite no está en esa ley, ni entiende la naturaleza del pecado, ni lo odia como lo odiaba Pablo. Sí, la experiencia puede ser de uno que no es salvo, pero aquí el texto mismo hace ver que no lo es.

Creemos que se trata de la experiencia de un genuino hijo de Dios. Muchos, pero no todos, la han conocido. Los vv 4 al 6 expresan la experiencia típica del creyente: “Habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios … de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra”. Ella está en el v. 12 también, “La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno”.

Generalmente se entiende la experiencia de los vv 14 al 25 como una lucha que tiene lugar en una etapa de inmadurez en la vida del creyente, y termina una vez que le haya sido revelado que la obra de Cristo le ha libertado de la ley, v. 6. A veces se oye decir, “Aquel está en Romanos 7, pero pronto llegará al capítulo 8”.

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Mal se puede decir que Romanos 7 describe un conflicto entre la carne y el Espíritu. No se menciona el Espíritu Santo en los primeros siete capítulos de la Epístola, salvo una referencia pasajera en el 5.5, pero cuando llegamos al Capítulo 8 encontramos una abundancia de menciones de su persona y su obra en el creyente. Dicho sencillamente, este capítulo relata cómo un hijo de Dios ha intentado cumplir con las exigencias de la ley por valerse sólo de su propia fuerza, y reconoce su derrota en el v. 24. El triunfo viene al final del capítulo, “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”, y la victoria en Capítulo 8.

Romanos  8.8      Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

Sin duda esta declaración aplica tanto a un irregenerado como a un hijo de Dios. Un creyente que actúa según la carne no puede agradar a Dios, pero creo que el contexto deja en claro que en el v. 8 el apóstol se refiere a uno que no es salvo. En v. 9 dice, “mas vosotros no vivís según la carne”. Se ve que estos creyentes romanos no estaban viviendo según la carne, sino en el Espíritu.

Posicionalmente, todo creyente en el Señor Jesucristo está en el Espíritu y toda persona inconversa en la carne. “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”, Juan 3.6. Aquí en 8.4,5 la secuencia es primeramente la carne y después el Espíritu, y lo que se dice del segundo es lo opuesto a lo que se dice del primero. El hombre o la mujer en quien no mora el Espíritu Santo no puede agradar a Dios por su orientación a la carne; el Espíritu mora en la persona salva para hacerle capaz de crucificar la carne y agradar a Dios.

Romanos  8.11    Si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Si bien es cierto que Romanos 8 describe el poder de la morada del Espíritu en uno, éste no es el tema del v. 11. “Vivificará vuestros cuerpos” se refiere a algo futuro. El v. 10 nos dice que el cuerpo está muerto a causa del pecado, y de él nunca se dice que volverá a vivir. El hijo de Dios es mortal mientras está en este cuerpo, aun siendo heredero de la inmortalidad.

Este cuerpo mortal es el tema del v. 11. En el versículo anterior se dice que está muerto, pero en el v. 11 que vivirá. ¿Cómo? El que levantó a Cristo de los muertos dará vida a estos cuerpos mortales por su Espíritu que está en nosotros.

Dice la Reina-Valera que lo hará por su Espíritu; otras versiones rezan mediante y puesto que. El caso es que el Espíritu es el agente de la resurrección del creyente. Adicionalmente, aprendemos de Efesios 1.14 y 2 Corintios 1.22, 5.5 que Él es el garante de nuestra herencia.

Romanos  8.24    En esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?

Fuimos y somos salvos en esperanza, pero no por haber esperado. “La esperanza no fue el instrumento de nuestra salvación, sino una característica esencial en relación con ella. La esperanza es la gozosa anticipación de algo bueno, que en este pasaje es la resurrección del cuerpo”. (W. E. Vine) Parece que el sentido es que había un propósito para el futuro detrás de salvarnos por la libre gracia de Dios. La salvación tiene sus aspectos pasado, presente y futuro. Aunque nuestras almas son salvas ya, estamos viviendo en la expectativa de una salvación que está por verse. “Sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero,” 1 Pedro 1.5. La fe es la confianza de las cosas que se esperan.

Romanos  9.3      Deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne.

Pablo quiere decir que renunciaría su propio gozo como creyente si esto de alguna manera salvaba a los israelitas del v. 4. Moisés dijo algo parecido en Éxodo 32.32. Se ha expresado nuestro versículo como, “Yo estaba deseando, si hubiera sido posible …” y en esto se ve su intensa devoción a sus compatriotas. Él hubiera hecho cualquier cosa a su alcance para verlos convertidos, aun a expensas de su propia salvación.

Romanos  10.17 La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

“La fe viene de lo que se oye, y la audición por la palabra de Dios”. Esta fe no emana del corazón apartado de las Escrituras. El versículo resume lo dicho en los vv 14 al 16, y comienza con “así que”. Juan 5.25 declara que los que oyen vivirán. Hay un oir interno, como si fuera, que es la recepción de corazón del testimonio de Dios en las Escrituras.

Romanos  11.29 Irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

En el versículo precedente Pablo expresa la esperanza de que los judíos, hoy día desgajados, sean injertados en el olivo. Esta esperanza es el tema principal en el contexto, y la basa en el pacto que Dios hizo antes con su pueblo terrenal. Los cambios de parte del hombre pueden hacer variar algunas de las iniciativas de Dios para respetar el carácter que tiene, como vemos en el caso de Níneve, Jonás 2.10, pero su pacto con Israel está vigente sin modificación. En Números 23.19 leemos, “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?”

Los dones mencionados en el 11.29 son los favores que Dios ha extendido a la humanidad. Se especifican algunos de ellos para Israel en 9.4,5: “la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas … los patriarcas”. El llamamiento mencionado en nuestro versículo denota su elección de Israel como nación. “Irrevocables” quiere decir que Él no cambiará sus propósitos para con su pueblo terrenal. Lo que ha prometido, lo hará. Dios no ha desechado a su pueblo, v. 1, y cumplirá el juramento que hizo a sus padres “por cuanto Jehová os amó”, Deuteronomio 7.8.

Hoy día no hay una diferencia entre cómo se salva un judío y cómo se salva un gentil. En esta dispensación Dios no está tratando a los judíos como una nación, sino con individuos. Todos hemos pecado; el mismo evangelio se predica a judío como a gentil; la misma gracia alcanza a ambos; el uno y el otro se salvan al creer en Cristo como Salvador. En Hechos 16.31, por ejemplo, Pablo y Silas dijeron al carcelero gentil, “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”, y en Romanos 10.9 el primero de estos dijo a sus hermanos en la carne, “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”.

Romanos  13.1,  Hechos  5.29       No hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.  Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.

Tito 3.1 explica el principio de la obediencia civil de parte del cristiano: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”; y 1 Pedro 2.13,14: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien”. Tanto Daniel como sus amigos en el horno son ejemplos de cómo un hijo de Dios debería someterse a los que gobiernan.

Sin embargo, el principio mayor es el de 1 Pedro 2.17: “Temed a Dios. Honrad al rey”. No hay contradicción entre la obediencia civil y la obediencia a Dios. Cuando la primera estorba la sujeción a la Palabra de Dios, el camino a escoger es evidente. Las parteras hebreas, Sifra y Fúa, rehusaron obedecer al rey cuando demandaba la muerte de los bebés, y el resultado fue que Moisés fue levantado para liberar a su pueblo. Más adelante este mismo rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón y Dios honró esta posición. Mardoqueo no se arrodillaba, Ester 3.2, y más adelante, “la ciudad de Susa entonces se alegró y regocijó”, 8.15. En la dispensación en curso Pedro y Juan retaron al concilio: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios”, Hechos 4.19, y el resultado fue, “les amenazaron y les soltaron”.

Romanos 14.5     Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.

El trasfondo de Romanos 14 es la libertad que tiene el creyente en Cristo. Algunos la estaban disfrutando plenamente pero otros eran débiles en la fe y se ocupaban de ciertos alimentos y los días festivos. En el v. 5 se nos informa que algunos consideraban que todos los días están consagrados al Señor para ser usados a favor suyo, pero otros asignaban una santidad especial a determinadas fechas. No es claro que el pasaje esté referido a un cierto día.

Sin embargo, tomando esta afirmación por sí sola, se puede considerar la declaración de una manera general. Para que uno esté plenamente persuadido en su propia mente, debe leer y estudiar la Palabra de Dios; al comparar escritura con escritura, conocerá su sentido y se convencerá. Al haber llegado a cierta comprensión de la enseñanza, uno procura obedecerla. Tenemos que pedir sabiduría de lo alto para conocer la Palabra y tener propósito ante Dios para cumplirla. Más abajo en el capítulo Pablo podía decir: “Yo sé, y confío en el Señor Jesús”. Hay una gran necesidad en la Iglesia ahora de hombres y mujeres que tengan principios y convicciones.

Romanos  15.7    Recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.

El Nuevo Testamento no enseña una recepción a la cena del Señor, pero sí una recepción a una comunión existente en una iglesia local. Uno de los privilegios de aquella comunión es la participación de la cena del Señor. En el 16.2 leemos en cuanto a una cierta Febe, “que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros”, y en Filipenses 2.29, en cuanto a Epafrodito, “Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él”. Estas recomendaciones se refieren a la recepción en las asambleas de Roma y Filipos, respectivamente.

Romanos 15.7, en cambio, trata de las relaciones interpersonales y no la recepción de un individuo a la comunión colectiva. Aquellos a ser recibidos en el 15.7 pertenecían ya a su respectiva asamblea, y el apóstol anima a los santos en Roma a recibir los creyentes en sus hogares, sus actividades sociales y todo lo que corresponde al compañerismo cristiano. Existía el peligro de que el judío en la congregación se alejara del gentil y visa versa. Había los débiles en fe – no en “la fe”.

En el 14.1 el apóstol exhorta: “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones”, y en el 15.1 él se incluye entre los fuertes que deberían recibir a estos débiles. Ellos debían tener un mismo sentir entre sí, v. 5, para ser unánimes en su alabanza, v. 6. El débil debía recibir al fuerte, así como el fuerte al débil; el judío al gentil y el gentil al judío. Ellos recibían por igual la gracia de Dios y esta recepción mutua encontraba su patrón en el hecho de que Dios había recibido al uno y al otro para la gloria suya.

Romanos  15.16 … para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo.

El tema es el apostolado de Pablo a los gentiles. Ministro es un funcionario público, como en el 13.6 donde figura como “servidores” al designar los jueces de municipio. En Hebreos 10.11 la forma verbal de esta palabra se usa en relación con el sacerdote que “está día tras día ministrando … los mismos sacrificios”.

En el 15.16 Pablo emplea un lenguaje figurativo y se llama un ministro por estar haciendo la obra que el Señor Jesús le dio. Dice que sus convertidos son una ofrenda santificada que él percibe como agradables a Dios por el Espíritu. En realidad Pablo no era sacerdote ni sus convertidos una ofrenda; el lenguaje es netamente metafórico. Es una manera de decir que Dios le dio gracia para servirle y él a su vez le presentaba el fruto de sus labores, a saber los convertidos gentiles.

Romanos  16.16 Os saludan todas las iglesias de Cristo.

Al decir que cierta asamblea es “de Cristo” se denota su responsabilidad a él. Cada iglesia local le reconoce como Señor. Tengamos claro que “la iglesia de Cristo” no es un término que se encuentra en el Testamento. Algunos otros nombres que se encuentran son: las iglesias de Dios, 1 Tesalonicenses 2.14, porque Él es su dueño; las iglesias de los santos, 1 Corintios 14.33, porque ellos las componen; las iglesias de los gentiles, Romanos 16.4, porque el evangelio traspasó los límites del judaísmo; las iglesias de Galacia, 1 Corintios 16.1, por que cada una estaba radicada en un lugar específico en aquella provincia (como en Apocalipsis 1.11, “las siete iglesias de Asia”).

1 Corintios  1.2   a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar  … invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:

Esta descripción aplica a todo verdadero creyente en aquella asamblea, cualquiera su condición espiritual cuando el apóstol escribía. Eran lo que llamamos santificados espiritualmente; eran santos. Dios mismo llamó al nuevo creyente a este estado que desconoce grados de intensidad o progreso, ya que Cristo nos es hecho santificación, 1.30. Nosotros, los hijos de Dios, “somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”, Hebreos 10.10. Sin embargo, veamos más de cerca algunas escrituras que tratan de la santificación posicional.

(1) La voluntad del Padre nos santifica. “Vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad … en esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo”, Hebreos 10.9. El propósito eterno de Dios es que seamos puestos aparte para él.

(2) Cristo nos santifica, como vimos arriba. El mismo pensamiento se encuentra en Hebreos 2.11: “El que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos”.  Esto nos introduce a la relación de hijos.

(3) El Espíritu Santo santifica al hijo de Dios. 1 Corintios 6.11 lista ciertas condiciones pecaminosas, pero prosigue con “pero”; a saber, “habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”. El que escribe aquí preguntó en cierta ocasión a un señor que decía que la santificación depende de una segunda experiencia de bendición: “¿Por qué la santificación precede a la justificación?” La respuesta fue, “Pues ¡supongo que Pablo no estaba al tanto del movimiento pentecostal!” Este versículo, el 6.11, habla de la operación del Espíritu Santo en poner aparte al creyente para Dios, como en Hechos 20.32, “Os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados”.

(4) La sangre santifica. “Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta”, Hebreos 13.12. Moisés trasladó su tabernáculo / oficina fuera del campamento al ver el pecado con el becerro de oro, separándose de esta manera del pueblo en su adoración idolátrica. El Señor Jesús, para ponernos aparte para Dios, padeció fuera de la puerta de la ciudad, en el lugar de la ofrenda por el pecado.

Véanse también los comentarios sobre Éxodo 13.2 y Filipenses 3.10.

1 Corintios  1.9,  Filipenses 3.10   Fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.  … a fin de conocerle … y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,

Es el privilegio de todo creyente entrar en ambas de estas comuniones, una de ellas llamada una “participación” en la Reina-Valera. En Corintios el apóstol habla de una comunión a la cual hemos sido llamados. La fe en Cristo y la obediencia a la Palabra de Dios nos conducen a ésta. En Filipenses, en cambio, él habla de una comunión que es para nosotros, la de los sufrimientos de Cristo. En un sentido todo creyente sufre con Cristo al testificar por el Señor en un mundo donde es rechazado. Era una experiencia que el apóstol quería conocer más a fondo, y antes en la Epístola escribe, “a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él”, 1.29. Pedro escribió acerca del sufrimiento, aunque usaba el vocablo “padecimiento”; por ejemplo, “si alguno padece como  cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello”. Otros apóstoles conocían la comunión de sus padecimientos; leemos en Hechos 5.41 que salieron de la presencia del concilio gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.

1 Corintios  3.13           La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada.

El tribunal de Cristo evaluará las obras, no los pecados. Como pecadores estábamos condenados ya y la sentencia fue ejecutada en la cabeza de Cristo en la cruz del Calvario. Como siervos de Dios, nuestra obra será quemada o galardonada. Las cosas hechas en el cuerpo se catalogarán como buenas o malas, 5.10, y serán tratadas apropiadamente.

El pecado confesado por el creyente es anulado por la sangre y no por la confesión, pero el pecado no confesado probablemente será seguido por la disciplina tarde o temprano con el fin de producir arrepentimiento y confesión. El castigo conlleva la idea de instrucción pero encierra también un elemento punitivo. El pecado no confesado, creemos, será tratado de alguna manera en la vida del creyente, pero no podemos ver en las Escrituras que la cuestión del pecado o la culpa será tratada en el tribunal de Cristo. Aquél es un lugar donde se repartirán galardones.

***

Creo que cuatro porciones de las Sagradas Escrituras versan sobre el tribunal de Cristo: Romanos 14.10 al 12, 1 Corintios 3.12 al 15, 4.3 al 5 y 2 Corintios 5.9,10.

Ninguna escritura dice que allí tendremos que rendir cuenta de los pecados cometidos en vida. La cuestión del pecado fue resuelta en la cruz cuando Jesucristo llevó nuestras culpas en su cuerpo. “Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones”, Hebreos 10.17. “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”, Romanos 8.1. Pero, Dios traerá a la luz las cosas ocultas de las tinieblas; los motivos serán juzgados y cada cual tendrá que responder por sí.

Mi apreciación es que el procedimiento será personal y privado. Las palabras de Romanos 14.10, “todos compareceremos”, no dan a entender que vamos a estar todos de una vez, ni todos presentes cuando cada cual rinda cuenta. Algunos nos dicen que el agraviado y el ofensor van a presentarse juntos para resolver su problema, pero los pasajes identificados arriba no dan base para esa idea. El punto clave es vivir aquí y ahora a la luz de aquel día que tal vez no esté tan lejos como pensamos.

Véase también el comentario sobre 2 Corintios 5.10.

1 Corintios  5.8   Celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.

Este versículo tiene una aplicación a la cena del Señor pero en realidad su sentido es mucho más amplio. La palabra fiesta no se refiere a una cena ni un banquete, sino a un día santificado; por ejemplo, la fiesta de la pascua, Lucas 2.41, y la fiesta de los panes, Juan 7.37. Comenzamos con Cristo como nuestra pascua y estamos amparados por su sangre. La vida posterior debería ser una continua “celebración de la fiesta”, caracterizada por la separación del mal moral y doctrinal. En cuanto a nuestra posición delante de Dios, somos el pan sin levadura, a saber, sin el mal que la levadura tipifica. El meollo del asunto es que nuestra condición debe ajustarse a esa posición. Este versículo, entonces, emplea a título de figura la pascua y la fiesta de los panes. Por cuanto siete es el número típico de lo que es completo, nos hace recordar que debemos observar esta fiesta, como si fuera, todos los días de la vida en un andar de sinceridad y verdad.

1 Corintios  5.11           Os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.

El caso bajo consideración difiere grandemente de aquel de Gálatas 6.1, por ejemplo, donde un creyente es sobrecogido, o sorprendido, en una falta. Es más grave: no juntarse con el ofensor.

Un acto de relación sexual voluntario entre dos personas que no son cónyuges según la ley constituye a los dos fornicarios.

Avaro es una palabra que se origina en “desear tener más”, y una persona avara es una que está resuelta a conseguir más como dé lugar. Se trata de lo opuesto de Hebreos 13.5, “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis”. A veces un solo acto es suficiente para calificar a uno como avaro, pero por lo regular esto depende del tenor de su vida. Una persona como esta carece de escrúpulos en su proceder; tiene la conciencia cauterizada.

Un idólatra es uno que adora algo o alguien aparte de Dios. Se arrodilla ante una imagen u objeto, posiblemente un demonio.

En cuanto al maldiciente, no podemos hacer mejor que citar a J. R. Caldwell: “El maldiciente no es uno que es meramente apresurado o desconsiderado en sus expresiones. Si fuera así, pocos estaríamos exentos. Un ingrediente necesario para esta calificación es la animosidad personal. La maledicencia es un patrón de abuso personal y malicioso que se aplica con el fin de desacreditar a otro y restar su influencia. Es un mal de raíces profundas que hace entrever alejamiento de Dios y una disposición de llevar a cabo la voluntad de la carne por medios inescrupulosos y carnales. Donde existe, la única posibilidad para salvaguardar la asamblea y alcanzar la conciencia del malhechor es lo que las Escrituras ordenan; a saber, apartar al individuo de la congregación. Este espíritu es contagioso”.

Es preciso distinguir entre un solo acto de lenguaje abusivo, consecuencia de descuido (por serio que esto sea) y el vilipendio repetitivo. Un ejemplo de esta injuria está en la conducta de Nabal en 1 Samuel 25.14: “David mandó mensajeros … y él los ha zaherido”. En Juan 9.28 el pueblo injurió al hombre que había recibido la vista, y en Hechos 23.4 los curiosos acusaron,:“Al Sumo Sacerdote injuria”. Al leer el contexto de cada uno de estos relatos uno comprende el sentido de un maldiciente en la Palabra de Dios.

Un borracho no es uno que haya sido encontrado alguna vez bajo la influencia del licor. Es más bien una persona que está intoxicada a menudo. Un ladrón – en las diversas traducciones, un robador, un estafador, un rapaz – es más que avaro, aunque su conducta sea el fruto de la avaricia. Posiblemente cobra demás en el negocio para enriquecerse ilícitamente; posiblemente abusa de sus obreros por no recompensarles decentemente. La palabra encierra la idea de aprovecharse de las circunstancias desfavorables de otra persona.

Estos casos ameritan que al culpable le sea negada la comunión en la asamblea; a saber que sea excomunicado. Es requerido dejarle en aislamiento hasta haber evidencia de humillación y arrepentimiento.

1 Corintios  6.4   Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia? … ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos …?

El apóstol está llamando la atención al problema serio entre los corintios por su práctica de presentar a los jueces paganos los pleitos que tienen los creyentes entre sí. El v. 1 dice, “¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?” Una comparación entre versiones del texto hace ver que hay diferentes maneras de entender lo que dice en el v. 4.

En la Reina-Valera, etc. él expresa sorpresa. Parece que la idea es que si ellos no recurrirían al menos indicado en la asamblea, ¿entonces para que acudir a los todavía menos indicados fuera de ella? Busquen, dice, a uno capacitado dentro de la congregación. Quizás hay una cierta ironía en su lenguaje. (Esta traducción concuerda con la Revisada en inglés).

En la Versión de 1893, por ejemplo, el lenguaje parece recomendar en primer lugar que no es tan malo acudir a los menos indicados, con tal que estén en la asamblea. Mejor, por supuesto, que un sabio en la congregación resuelva los problemas. “Si pues tuvieres pleitos respecto de las cosas de esta vida, poned por jueces a los que son de menos estimación en la iglesia … ¿Es que no puede hallarse entre vosotros ningún hombre sabio, que sea capaz de juzgar entre sus hermanos?” (Este enfoque concuerda con la Autorizada en inglés).

En todo caso, es posible que los injustos del v. 1 y los de menor estima del v. 4 sean de la misma clase: a saber, inconversos.

***

De las cuatro interpretaciones que conozco, la lección que aprendo es que no llevemos fuera de la asamblea, a las autoridades civiles, los problemas y las diferencias entre hermanos que surgen en el seno de la misma. Son asuntos que se resuelven dentro de la congregación, sin que los que están afuera tengan conocimiento de ellos. Al escribir a la asamblea en Filipos, Pablo exhortó, “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”.

1 Corintios  6.11           Esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

La Reina-Valera y varias otras versiones rezan, “ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados”, pero hay otras que rezan, “os lavasteis, pero fuisteis santificados (apartados)”. Los expositores apoyan esta segunda manera de traducir las primeras palabras. W. E. Vine escribe: “No es, por supuesto, que ellos quitaron su inmundicia por esfuerzo propio, sino que su fe en Cristo y su confesión de él fueron los medios de parte suya para efectuar la limpieza que el Espíritu Santo realizó”.

Decimos en respuesta a la pregunta que no creemos que esto se refiere a restituir los agravios hechos a otros antes de la conversión, aun cuando creemos firmemente que se debe hacer tal cosa. Zaqueo nos da un hermoso ejemplo de esta restitución de parte del nuevo creyente: “si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”, Lucas 19.8.

1 Corintios  6.15,16     ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera?

Este pasaje no habla de motivos para el divorcio o la separación conyugal. Siempre conviene considerar un versículo de las Escrituras en su contexto; o sea, a la luz de lo que precede y lo que sigue. En el v. 13 el apóstol enseña que la fornicación no es como una comida: “las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas”; a saber, una cosa hecha para la otra. El cuerpo no está hecho para la fornicación, sino para ser presentado a Dios cual sacrificio vivo, santo, aceptable a él. Estos cuerpos nuestros, dice el apóstol, son miembros de Cristo, y los corintios han debido saberlo.

El v. 15 hace ver qué está involucrado en esta realidad que el cuerpo es para el Señor y el Señor para el cuerpo. “Vuestros cuerpos son miembros de Cristo”. Así como nosotros poseemos y usamos nuestros miembros, nuestros cuerpos a su vez son poseídos por Cristo y deben estar a la disposición suya. Somos de él.

Él prosigue en el v. 16: si tiene dudas acerca de lo que estoy diciendo de robar a Cristo de sus miembros, ¿será que no ven lo que esto involucra? Pablo no está hablando del divorcio de los esposos, sino, como ejemplo, de usar de una manera inicua lo que es del Señor – a saber, nuestros cuerpos. “Habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo”, v. 20.

1 Corintios  6.20           Habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Entre nueve versiones o traducciones al español que hemos revisado, solamente tres incluyen las palabras “y en vuestro espíritu”. Algunos comentaristas son de la opinión que la frase fue añadida para redondear la exhortación – el cuerpo se refiere a la conducta exterior y el espíritu a la interior.

Me parece que la frase no encaja en el contexto; el pasaje trata de la dignidad del cuerpo. En el versículo anterior el apóstol dice a los santos que el cuerpo es el templo del Espíritu Santo y por esto debemos usarlo para la gloria de Dios. La excelencia del cuerpo del creyente es el tema aquí, y la necesidad de honrar a Dios el argumento. Sin duda le honramos en el espíritu si lo hacemos en el cuerpo.

Nuestros cuerpos están identificados con Jesús y con el Espíritu Santo. “El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor”, v. 13. “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?” v. 15. “¿Ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?” v. 19. En este sentido el cuerpo no es nuestro para donar; lo guardamos y lo usamos para el Señor. Su compra y su redención nos obligan. La única dirección que el Señor nos ha dado en cuanto a su disposición es que lo sepultemos. De allí en adelante está en manos divinas; uno de los triunfos del Calvario es la resurrección del cuerpo. Dios tiene derechos sobre él después de la muerte, y leemos que Miguel disputó con el diablo acerca del cuerpo de Moisés.

1 Corintios  7.7,8          Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo.

Esto no establece más allá de duda que Pablo nunca se había casado. Ha podido haber enviudado, y así recomienda a las viudas a “quedarse como yo”. Bueno les fuera, dice, “si permanecieran como yo” (Biblia Textual, etc.) No podemos ser dogmáticos sobre esto, pero es la opinión del que escribe que el apóstol era, en efecto, un viudo. Parece claro que había sido miembro del Sanedrín, el concilio judío, y hemos oído explicado que un soltero no podía ocupar esa posición.

1 Corintios  7.14           El marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.

Pablo no está hablando de unirse una persona salva con otra inconversa. El tema es la conversión del cónyuge después de casado y la permanencia de la unión en vez de una separación entre creyente y no creyente. Santificado significa “puesto aparte”, de manera que en un caso como éste la parte inconversa está puesta aparte, santificada, por la influencia de la que ha recibido a Cristo. Esta influencia de ninguna manera imparte un cambio delante de Dios.

El padre convertido puede orar por la salvación de los hijos y su cónyuge. Además, la presencia de un creyente en el hogar tiene un efecto santo. Pero con todo no debemos entender por esto que los hijos del pueblo del Señor gozan de una posición más favorable en los ojos de Dios que los hijos de padres inconversos. Una separación entre los padres impactaría sobre los hijos, pero mientras estén juntos los chicos tienen el beneficio de la influencia del padre convertido.

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Claro está que el hecho de que la esposa se convierta no incide en la posición de su esposo delante de Dios. Aquel corinto seguía siendo un incrédulo y en toda probabilidad un idolatra, pero la conversión de su esposa lo puso aparte para vivir con ella. Ella no debe separarse de él, ni él la iba a profanar por no ser salvo.

En 1 Timoteo 4.4,5 tenemos un uso similar de esta palabra santificado: “Todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado”. Claro está que el hecho de dar gracias por una comida no la santifica en el sentido corriente de la palabra. El sentido es que se reconoce a Dios como el dador y se la identifica como procedente de él para el disfrute de la persona que le da las gracias por la misma.

1 Corintios  7.15           Si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.

Aquí hay un contraste entre la ley y la gracia. En los días de Esdras, Esdras 10.2 al 4, muchos habían desobedecido la ley de Dios al casarse con mujeres paganas. Tanto las esposas como los hijos debían ser despedidos, pero ahora un hermano o una hermana no está bajo yugo en semejante caso.

Hay quienes toman las palabras “si se separa … sepárese” como un abandono del hogar, y opinan que el efecto es el mismo que un caso de divorcio y por lo tanto la unión conyugal queda disuelta. Por esto, dicen, la parte creyente está libre a casarse de nuevo.

No creemos que el apóstol haya tenido esto en mente, sino que escribe para que se evite, al ser posible, una ruptura en la unión conyugal; él apela a la parte creyente a continuar en esta relación sagrada. Ni el divorcio ni el rematrimonio se encuentran en todo el pasaje. Cierto, la parte incrédula no está obligada a quedarse, pero con todo la que ha sido abandonada tampoco está libre a casarse de nuevo.

Hacerlo estaría en contravención con Mateo 5.32 y Marcos 10.9. Ni nuestro Señor ni el apóstol Pablo enseñaban semejante cosa, y no debemos dejar que una declaración posiblemente poco clara sea usada para contradecir a otra que es clara. Los cónyuges son uno solo en los ojos de Dios al unirse en matrimonio conforme a las leyes de su jurisdicción, y han entrado en una relación que es única en el mundo.

Cuando la parte incrédula desea marcharse, la parte creyente debe dejarle libre para hacerlo. Insistir en que sigan viviendo juntos posiblemente perturbaría la paz que el versículo menciona. Una vez que esta separación haya tenido lugar, poco se puede hacer, pero una cosa que no se debe hacer es valerse de la circunstancia para casarse de nuevo. Quédese sin casar, o reconcíliese. El contexto hace ver que el creyente no actúa en la separación; es el inconverso que se va.

No obstante esta condición triste, Pablo anticipa un resultado positivo. “¿Qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?” Busque la paz; si el incrédulo insiste, que así sea. Los matrimonios mixtos no son lo ideal, pero son uniones tan genuinas como las de creyentes. Pablo toma la situación como está, e insiste que los dos continúen como esposos. Él no insinúa que una separación disolvería el yugo matrimonial, ni que el rematrimonio sea una opción, sino deja la puerta abierta para una reconciliación.

1 Corintios  7.34           Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.

Se han sacado conclusiones erróneas de estas palabras. Algunos pondrían la soltera en un pedestal al dar a la palabra santa un significado que no tiene aquí. En este versículo, quiere decir una puesta aparte para el Señor. Tampoco hay aquí una insinuación que la casada hace mal si no complace a su esposo.

No vamos a pensar que una soltera se haya perjudicado de hecho por no haber contraído matrimonio, ni que la casada haya triunfado sobre la no casada. Muchas son las que han optado por la soltería, aun habiendo tenido la oportunidad de casarse. La mujer casada tiene obligaciones de familia, mientras que es posible que la soltera esté menos atada por las cosas de esta vida y más disponible para las del Señor.

Elogiamos a las señoritas que se han dedicado a los diversos servicios que una mujer puede prestar en la obra del Señor; para algunas es casi una meta exclusiva, a veces en funciones que una casada difícilmente empeñaría. En algunas asambleas se notaría un gran vacío si no fuera por lo que hacen las hermanas en Cristo no casadas. A la vez, tengamos claro que no descontamos a las muchas que sí son casadas y a la vez tienen las manos llenas para el servicio. La hospitalidad es uno de los privilegios que tienen, pero muchas veces la soltera no lo tiene.

1 Corintios  7.36 al 38           Si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case

El Nuevo Testamento emplea la palabra griega parthénos al referirse a la Virgen María, las diez vírgenes de la parábola y las hijas de Felipe. La emplea figurativamente de la iglesia en Corinto y metafóricamente de las personas en Apocalipsis 14.4. Aparte de estas dos últimas referencias, su uso es siempre en sentido literal, y entendemos que éste es el caso en el 7.36.

La Reina-Valera y otras versiones hablan de actuar el padre impropiamente con la hija, pero algunas otras versiones hablan del novio y “su prometida”. Entre versiones acreditadas en inglés hay esta misma diferencia, y las hay que hablan sencillamente de “su virgen” o “su virginidad”. El asunto es entonces si el apóstol está pensando en el deber del padre con su hija soltera, o del deber de un joven para con su prometida. Si el primero es el caso, ¿debe darla en matrimonio, o guardarla por tiempo indefinido en el hogar? Si el segundo aplica, ¿deben casarse, o quedarse permanentemente solteros?

Diversos comentaristas favorecen la primera interpretación. “Si se presenta un caso en que un padre piensa que estaría actuando injustamente con su hija (a saber, exponiéndola a tentación) a prohibir que se case, él debería hacer como se inclina y consentir a la unión. En todo el pasaje el apóstol presupone el control absoluto del padre sobre la hija, conforme con el régimen legal griego y con el judío”.

El v. 38 declara que “el que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor”. “Hace bien” quiere decir que no contraviene ninguna ley, y “hace mejor”, el que actúa como es preferible. El matrimonio es lícito y el celibato también, y tiene sus ventajas.

1 Corintios  8.11           … por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió.

La persona bajo consideración aquí es llamada un hermano débil, de manera que es evidente que se trata de un hijo de Dios que nunca perderá su salvación eterna. Dijo el Señor en Juan 10.28, “Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”. O sea, el Buen Pastor nunca permitirá que una oveja suya se pierda.

El apóstol desea proteger la conciencia del hermano débil. El capítulo comienza con el tema de comer lo sacrificado a los ídolos, pero el punto decisivo está aquí en el v. 11, y es la libertad, no la comida. No es una cuestión de conocimiento sino de la libertad que uno ejerce y su efecto sobre el cristiano con una conciencia sensible. Debemos considerar el uno al otro, acaso pongamos una piedra de tropiezo en el camino del prójimo. Es en este sentido que puede perecer aquel por quien Cristo murió; no es asunto de perder el alma, sino de tropezar (Biblia Textual: “se echó a perder”).

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La idea de perderse (apólomi en este caso) no es la de destrucción, sino de ruina, como se percibe en algunos usos de la palabra en las Escrituras. Por ejemplo, cuando “el vino se derrama, y los odres se pierden”, los odres no dejan de existir, sino se dañan. “Trabajad, no por la comida que perece”, encierra la idea que los alimentos pueden llegar a no ser aptos para el consumo, aun cuando están allí todavía. Un hermano débil, entonces, puede sufrir daño espiritual debido al descuido de otro. El pronunciamiento no tiene nada que ver con la seguridad eterna, sino enseña que una acción inapropiada de parte de un creyente puede neutralizar a otro.

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El apóstol escribe todo este capítulo para advertir contra el peligro de hacer tropezar a otro. Se visualizan dos creyentes, uno bien fundado en la fe y otro débil, sensible y posiblemente de poco tiempo en Cristo. Puede ser que el segundo sea excesivamente escrupuloso. El hermano firme puede comer carne que fue ofrecida a los ídolos porque sabe que el ídolo no es nada y la carne no ha sufrido por haber sido presentada ante un altar pagano.

El razonamiento es este: el que tiene conocimiento está convencido de que el ídolo no es más que un poco de madera o bronce y que la comida no está contaminada. Por esto, puede comer con conciencia limpia. Pero aquel conocimiento, que concede esa libertad, daña espiritualmente al otro al ver que su hermano hace eso. Posiblemente este cristiano ha sido convertido recientemente de ese mismo esquema idolátrico y por esto aborrece la práctica. Ahora ve a un hermano en la fe, uno que ha gozado de su confianza, tomando una vianda que poco antes fue sometida a esa rutina abominable. Está por demás sorprendido y llega a pensar que tal vez, al fin y al cabo, la idolatría no es tan mala como pensaba. Su conciencia débil ha sido herida y él se permite nuevas libertades. Sufre deterioro en su carrera cristiana; ha perdido el rumbo.

En el v. 1 leemos que el conocimiento envanece; tengamos cuidado que el nuestro no perjudique al creyente débil.

1 Corintios  9.27           Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Esta palabra eliminado ha creado un problema para no pocos, y muchas veces ha sido usada para mostrar que un creyente no puede estar de un todo seguro de su salvación a la postre. Sin embargo, el tema no es el de la vida o la salvación; el contexto hace ver que el versículo tiene que ver con el servicio y el galardón.

La palabra quiere decir no aprobado; se traduce como descalificado, rechazado y “por indigno”. La encontramos en Hebreos 6.8 donde se habla de tierra que produce espinos y es “reprobada”. Es decir, el dueño la abandona como inútil para el fin que tenía en mente.

Pablo, entonces, no está pensando en un destino eterno, sino dice que en el estadio todos corren pero un solo atleta recibe el premio, v. 24. Y agrega: corran ustedes de tal modo que reciban la corona. Como creyentes tenemos la vida eterna asegurada, pero como siervos estamos expuestos al peligro de perder un galardón debido al descuido.

1 Corintios  10.21, 11.20      No podéis participar de la mesa del Señor, de la mesa de los demonios.
Esto no es comer la cena del Señor.

La mesa del Señor y la cena del Señor no son una misma cosa. La mesa es una expresión figurativa mientras que la cena es un evento, una ordenanza. Sin embargo, no podemos apreciar la una sin la otra; nuestra participación en la cena expresa públicamente que profesamos estar privadamente a la mesa. La mesa del Señor se menciona en 1 Corintios 10 y la cena en el capítulo siguiente.

 

Hagamos mención de algunos contrastes

En el capítulo 10 nada se dice de una reunión de creyentes, pero en el capítulo 11 sí.

En el capítulo 10 no se ordena una ceremonia, pero en el capítulo 11 se destaca la ordenanza.

El 10.16 habla de la sangre y el cuerpo de Cristo, mientras que el 11.27 habla del cuerpo y la sangre del Señor.

El 10.17 trata del cuerpo místico de Cristo, y en cambio el 11.29 y otros versículos tratan del cuerpo humano del Señor.

En el capítulo 10 la copa es una comunión, como en el versículo 16, pero en el capítulo 11 es un nuevo pacto, como en el versículo 25.

No se menciona una conmemoración en el capítulo 10, pero 11.24,25 exigen que se realice la cena en memoria del Señor.

El 10.20 advierte contra una conducta indigna, “No quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios”, mientras que el capítulo 11 contempla la posibilidad de comer y beber de una manera indigna.

El capítulo 10 no menciona la venida del Señor, pero el 11.26 establece que la cena se realiza sólo hasta que Él venga.

Veamos ahora el sentido de los términos, y llevaremos en mente que el Espíritu no distingue cuando no hay diferencia. A veces uno oye expresiones basadas en la mesa y la cena, pero no en la Biblia. No hay tal cosa como recibir a un creyente a la mesa del Señor; no nos sentamos a su mesa; y, no es correcto recomendar un cristiano “para la cena del Señor”. Las Escrituras sí hablan de que somos participantes de la mesa, 10.21, y claro está que recomendamos a un viajero a la comunión de otras asambleas, a sabiendas que ellas también celebran la cena entre otras actividades y responsabilidades.

La cena nunca se llama una fiesta, pero debemos “celebrar la fiesta”, 5.8, en nuestro modo de ser los siete días de la sema­na. Somos o debemos ser participantes constantes de la mesa, día tras día, pero realizamos la cena una sola vez a la semana, y precisamente el primer día según el ejemplo de Hechos 20.7. La mesa significa comunión; la cena, conmemoración.

La mesa del Señor está en contraste con la confraternidad de “los demonios” en el 10.21, y la cena del Señor se contrasta con el círculo familiar en el 11.22, 34. Así, “la mesa del Señor” es una expresión simbólica de la comunión continua del creyente con su Señor, y no es en sí la ceremonia semanal.

La mesa se menciona en primer lugar, aparentemente porque la cena expresa lo que la mesa simboliza. No podemos expresar lo que desconocemos. La comunión es el tema del con­texto en que se trata la cena; véase el lenguaje en 10.16 al 21. Se había recordado a estos corintios en el 1.9 que ellos habían sido llamados a la comunión con su Señor, y el 10.16 pregunta si acaso la copa de comunión que ellos bendecían no fuera la comunión de la sangre de Cristo. La referencia en el capítulo 10 es a la copa de bendición para nosotros, y en el 11.27 es a la copa del Señor. Nosotros gozamos de la comunión, pero Él tomó una copa llena de la ira del Santo Dios. Bendecimos, resaltamos, la copa, y de ella habla primeramente el apóstol porque la sangre de Cristo es la base de la comunión. El pan, por su parte, enseña que “nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo”, 10.17, y así todos participamos de aquel mismo pan.

“No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios”, 10.21. Estar en la comunión con la sangre y el cuerpo de Cristo conlleva inclusión y exclusión. Incluye a los que gozan de esa comunión, pero excluye a los que son de otra “mesa”.

En resumen, la mesa del Señor es un término figurativo que significa la unidad y comunión que el pueblo de Dios tiene entre sí y con Jesucristo; la mesa de los demonios es un término figurativo que significa el sistema malo que predomina en el mundo y la comunión con lo que él representa. El versículo 20 dice que las cosas que sacrifican los gentiles —los inconversos— a los demonios lo sacrifican.

La primera epístola a los corintios consiste mayormente en la corrección de las fallas y el desorden que existían. Había esa actitud de “yo de Pablo; yo de Apolos”. Otro problema fue la costumbre de frecuentar los templos paganos. Para corregir estos males, el apóstol introduce el tema de la mesa del Señor. Él desea enseñar la unidad del cuerpo espiritual de Cristo y mostrar que la división y el interés en las prácticas mundanas estaban degenerando la comunión del pueblo de Dios.

1 Corintios 10.21 es la única mención de la mesa del Señor en las Escrituras. (Algunos en Pérgamo guardaban la doctrina de Balaam, y de esta manera ellos negaban la comunión que la mesa significa). La participación a aquella mesa, con una comprensión de lo que encierra, nos separará de la Babilonia espiritual que es la confusión que nos rodea en el cristianismo. Guardará de agruparnos en partidos dentro de nuestra asamblea. Si profesamos estar a esa mesa, será evidente que realmente creemos que con ser muchos, somos un cuerpo. Al participar de veras a la mesa invisible, participaremos “en espíritu y en verdad” de la cena visible.

Ahora bien, la cena del Señor, que es el tema en 11.17 al 36, es una función de la iglesia local, o la asamblea. A Israel se exigía muchas ceremonias, tanto para el individuo como para la nación, cada una en un lugar y una ocasión específica. En la época de la Iglesia, hay sólo el bautismo como una responsabi­lidad del creyente en particular y la cena del Señor como una responsabilidad colectiva. Tal vez no sean ordenanzas en el mismo sentido que las convocaciones santas de Israel, pero son formas de conducta a ser respetadas literalmente durante esta dispensación.

Los corintios habían rebajado la cena al nivel de una comida corriente. El apóstol les recalca en el 11.23 que había recibido del Señor mismo las instrucciones sobre este acto sagrado, y enfatiza esto con decir: “El Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan”. No fue ningún banquete.

Nos reunimos, y en grupo hacemos memoria de una persona, y no simplemente de un acontecimiento. Resuena lo que Él quiere: “Haced esto en memoria de mí”. Es cierto que queremos tenerle en mente siempre, pero lo hacemos de una manera peculiar al participar “obediente a su mandato”, como comienza el buen himno. En Hechos 20 se afirma que los discípulos se reunieron para partir el pan. No lo hacemos de entrada, pero para esto estamos. “Es bueno cantar salmos a nuestros Dios”, Salmo 147.1, y conviene avanzar a paso fijo y reverente al Calvario, pero nunca perdemos de vista que estamos en la cena para meditar en las glorias del Señor mismo.

Otro ha escrito: “La dirección del Espíritu se hace evidente cuando varios creyentes … se someten a su guía y el indicio de un tema definido para esa reunión en particular, bien sea que Él instruya a uno cómo orar e impresione sobre otro la relevancia de un cierto himno o la lectura de determinado trozo de las Escrituras. Este tema, sin arreglo previo ni anuncio, conduce a un ascenso en la adoración, culminando en el partimiento del pan y la participación de la copa”.

En el capítulo 11, a diferencia del capítulo anterior, encontramos el pan antes de la copa. Es por lo dicho ya: en el 10 el tema es la comunión pero en el 11 es la conmemoración.

La sangre es la base de la comunión, así como se discier­ne en Hechos 2.42 cuando muchos fueron añadidos a la Iglesia. Perseveraban en la doctrina como base; perseveraban en la comunión, que es lo que hemos aprendido de la mesa del Señor; perseveraban en el partimiento del pan, que es la cena del Señor; perseveraban en las oraciones, que es cónsono con el ejercicio en lo demás. Hagamos lo mismo.

1 Corintios  11.5,15     Toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.
A la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.

En este capítulo se habla tanto del velo como del cabello como cubiertas para la cabeza. En el v. 15 es el cabello (“le es dado el cabello”), pero no así en vv 5 al 7 (“la cabeza descubierta”, si la mujer no se cubre”, “el varón no debe cubrirse la cabeza”). El v. 10 explica que “por lo cual” la mujer debería portar una señal de autoridad a causa de los ángeles. La cubierta mencionada no se refiere al cabello, como se ve por el contexto, sino a algo que cubrirá la cabeza, como un sombrero, velo o pañuelo. Aplica a la casada y a la soltera: “Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”.

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Los vv 2 al 6 versan sobre la conducta de las mujeres de la asamblea cuando están congregadas con los varones para provecho mutuo. Se les insta a cubrirse la cabeza en reconocimiento de que el hombre es cabeza, como establece el v. 3. Esta posición relativa es el orden divino.

No se trata de que si la mujer puede orar en público, de esto se habla en el 14.34. El asunto es su apariencia en la presencia de hombres en la reunión mientras la oración y la exposición van en progreso. Cuando congregados delante de Dios con Cristo en medio, todos los varones deben estar descubiertos como señal de reconocimiento de su presencia cual Cabeza; de la misma manera, todas las mujeres deberían tener la cabeza cubierta en reconocimiento de estar en la presencia de la cabeza suya.

Entendemos que el apóstol escribe exclusivamente acerca de una reunión pública. El v. 10 dice que es a causa de los ángeles. Dios quiere que éstos vean que su orden se lleva a cabo en la iglesia local. Nada se dice de la familia o las devociones privadas de la mujer. En el hogar el hombre es cabeza; si desea que la mujer cubra su cabeza mientras se lee las Escrituras o la familia se reúne en oración, conviene respetar este deseo. En algunos lugares las mujeres mantienen la cabeza cubierta en los oficios del comedor en una conferencia, por ejemplo. No se trata de un mandamiento del Señor, ¡y lo cierto es que ellas no acostumbran guardar silencio mientras prestan este servicio!

1 Corintios  11.10        Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.

Las Escrituras hablan varias veces de la relación entre los ángeles y la época en curso. Ellos están observando los eventos. “… las cosas que ahora os son anunciadas … cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”, 1 Pedro 1.12. El Señor Jesús fue “visto de ángeles” y Pablo escribe que “hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres”. Sin duda presenciaron la caída del hombre en Edén. Debido a aquella caída, la mujer porta señal de autoridad sobre sí y se somete correspondientemente. Esto constituye una advertencia a los ángeles elegidos, quienes se acuerdan de la sublevación y caída de Satanás.

No se nos dice por qué, pero suponemos que de alguna manera los ángeles se interesan por el buen orden en la asamblea. La mujer se cubre y los ángeles por su parte están velados ante el trono de Dios en sujeción a él. Si no van a ver el orden divino respetado en el mundo, Dios quiere que lo vean en la congregación de los santos.

1 Corintios  11.24        … esto es mi cuerpo que por vosotros es partido;

Algunos manuscritos de los más antiguos omiten la palabra partido en este versículo y por esto tampoco se encuentra en diversas versiones confiables en inglés. En las versiones en español encontramos, por ejemplo, en la Biblia Textual: “Este es  mi cuerpo que es por vosotros”; y en la Interlineal: “… el cuerpo a favor de vosotros”. Por otro lado, muchas autoridades competentes rehúsan prescindir de la frase. La Vulgata Latina dice: “que será entregado por vosotros”.

1 Corintios 11.32    siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

Se refiere a la condenación definitiva y futura del mundo. Pablo hace ver que los creyentes están sujetos al castigo como hijos de Dios, pero no a una condena punitiva. Ningún creyente está sin disciplina; todos la reciben, Hebreos 12.8. A partir de esto, entonces, ningún creyente sufrirá la condenación del mundo, valiéndose del castigo disciplinario del Señor. Es una marca de ser hijo y una evidencia de que no sufrirá la condenación que le espera al mundo.

1 Corintios  12.3           Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

“Por tanto” vincula esto con lo que precede: “Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos”. No era inusual que los enemigos de Cristo dijeran “Anatema Jesús”, a saber, “Jesús maldito”, de manera que el apóstol les hacer recordar a estos santos corintios sus días en el paganismo cuando estaban acostumbrados a adorar los dioses falsos. Pero ahora, dice, el hombre que dice, “Jesús Señor” [sic] lo hace por iniciativa del Espíritu. El creyente que le llamaba Señor estaba haciendo más que simplemente confesar su fe en Cristo; él estaba reconociendo un señorío sobre sí, a saber, la autoridad del Señor en su vida.

1 Corintios  12.9           … a otro, fe por el mismo Espíritu

Parra entender estas palabras es necesario revertir al v. 7: la manifestación del Espíritu a cada uno es para su provecho. Esta fe, dada a algunos, no es la fe que salva el alma. Es aquella apreciación más elevada de las cosas divinas por la cual se logran metas que de otra manera serían imposibles. Se mueve montañas, hablando figurativamente.

1 Corintios  12.13        Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo … y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

Es una referencia al día de Pentecostés que amplía las últimas palabras del v. 12, “así también Cristo”. Por el bautismo referido aquí todo creyente en Cristo Jesús fue incorporado en lo que se llama el cuerpo de Cristo. No es el bautismo en agua, ni un bautismo en el Espíritu Santo. El resultado es que todos fuimos bautizados hacia [sic] un cuerpo.

El apóstol se dirige a la iglesia de Dios en Corinto. Aunque no formaba parte de la misma, emplea el plural: nosotros. Se ve que está pensando en los creyentes en todas partes, y no sólo en aquella asamblea. El v. 27 se lee mejor como “sois cuerpo de Cristo” (p.ej. la Interlineal; Besson); la asamblea en Corinto era parte del conjunto. “Fuimos todos bautizados en un momento determinado, y con efectos permanentes, y en ese momento se nos dio a beber de los ríos de agua viva de Juan 7.38,39. El Espíritu Santo, recibido una vez por todas, permanece en nosotros, de manera que Romanos 8.9 al 11 habla de “si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros”.

Algunos ven en este trozo una ilusión a tomar de la copa en la cena del Señor, pero no es el caso.

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El señor Vine escribió: “Hay dos criterios. El uno es que se trata de lo que sucedió en el día de Pentecostés; el apóstol abre un paréntesis para recordar a sus lectores que aquellos que constituyen toda la iglesia en Corinto fueron bautizados prospectivamente por el Espíritu Santo en el cuerpo místico de Cristo. El otro criterio es que, por cuanto el apóstol está hablando a la asamblea local bajo la figura de un cuerpo, se debe entender el versículo a la luz de esto, y que se trata de la formación de una congregación, los creyentes siendo bautizados y recibidos en la asamblea de tiempo en tiempo”.

El señor William Rodgers me escribió: “Creo que se trata de lo que sucede en cada cual en el momento de su conversión”. Particularmente creo que esta es la interpretación correcta, pero reconozco que la mayoría de los hermanos con quienes he conversado sobre esto creen que en el día de Pentecostés todo creyente de esta dispensación fue bautizado prospectivamente en el cuerpo de Cristo. [Obviamente H.A. cambió de parecer entre las primera y última respuestas a la pregunta].

1 Corintios  13.10        Cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.

Hay quienes creen que “cuando venga lo perfecto” se refiere al tiempo, no muy lejano en ese entonces, cuando el pueblo del Señor contaría con la totalidad del canon de las Sagradas Escrituras. Existían sólo tres o cuatro Epístolas del Nuevo Testamento en el momento en que Pablo redactó estas líneas. Sin duda estaba escribiendo en un período de transición cuando se estaban despareciendo los dones que habían sido dados como señales, los profetas y los apóstoles. Las personas que sostienen esta interpretación destacan que el don de lenguas y las profecías eran necesarios hasta contar con la revelación completa, los veinte y siete libros del Nuevo Testamento.

No lo veo así. Es necesario leer los vv 8 y 12 juntos.

Si la idea fuera que “lo perfecto” es la totalidad del Testamento, ¡sabríamos más que Pablo mismo! Significaría que el gran apóstol conocía sólo en parte pero nosotros podemos saber perfectamente. Parece más bien que la frase se refiere al estado que será introducido en la venida del Señor por los suyos. Entiendo que el v. 10 se refiere al mismo período que el entonces del v. 12: “entonces lo que es en parte se acabará”; a saber, al llegar a nuestro hogar eterno. Hoy por hoy tenemos toda la Palabra de Dios, pero vemos por espejo, oscura o veladamente. Al llegar al cielo, veremos cara a cara, y Pablo prosigue, “conoceré plenamente, conforme fui conocido”.

En el texto original es enfática la cláusula “entonces lo que es en parte se acabará”. Lo imperfecto será desplazado por lo perfecto; es decir, los dones cesarán cuando el Señor nos lleve al estado perfecto. El Señor dio apóstoles, profetas, evangelistas, pastores maestros para el perfeccionamiento del cuerpo de Cristo “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, Efesios 4.11 al 13.

1 Corintios  13.13        ahora permanecen la fe …

La tierra es la esfera para ejercer nuestra fe, bien como pecadores o como santos. Por gracia somos salvos, por medio de la fe. Andamos por fe, no por vista. Leemos de la prueba de nuestra fe que es mucho más preciosa que el oro. El justo vivirá por fe, la cual es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.

Vemos de estos trozos que la fe tiene que ver con la salvación del alma, la conducta en la tierra, los problemas mientras estemos aquí y el disfrute de lo invisible y lo desconocido hasta ahora. Todo esto se realizará y se poseerá plenamente en el cielo. La fe será desplazada por la vista y la realidad.

1 Corintios 14.16         el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias?

No entendemos la falta de los Amén en muchas reuniones, porque ciertamente es bíblico decir Amén después de la lectura pública de la Palabra o la oración de otro, con tal que haya sido acorde con la mente de Dios. Cuando Esdras abrió el libro de la ley a la vista de la multitud, ellos respondieron Amen, Amén. Nuestro Señor usaba la expresión a menudo, aunque no está traducida así en nuestras Biblias, y el apóstol Pablo también. Merece atención su uso abundante en Apocalipsis.

Cuando uno dice Amén después de la lectura o la intervención de otro, está diciendo sencillamente, “Así sea”. Queremos oírlo más a menudo – no un clamor ruidoso, sino una apacible ratificación de lo dicho.

1 Corintios  14.26        Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.

A menudo se confunden los impulsos naturales con la dirección del Espíritu Santo. Por ejemplo, el hecho de que venga a la mente cierto himno o versículo no es por sí un indicio de que debe ser anunciado en la reunión. Puede que sea bueno y provechoso, pero no apropiado en el momento o el lugar. Una pausa en una reunión no es un indicio de que alguien debe intervenir en seguida; un poco de silencio no es necesariamente una señal de sequía espiritual. “En toda labor hay fruto; mas las vanas palabras de los labios empobrecen”, Proverbios 14.23.

Cuando uno es guiado por el Espíritu a orar, anunciar un himno o leer las Escrituras, habrá una identificación evidente con el tenor de la reunión. No es de esperar un Amén cuando lo dicho no encaja con lo que ha precedido o carece de evidencia de ser una palabra oportuna en el momento oportuno. El primer himno en cualquier reunión es importante; mucho de lo que sigue posiblemente dependerá de su contenido, y por esto el ejercicio para anunciarlo es crucial. Todos los creyentes son sacerdotes, pero no todos los hermanos son igualmente competentes para dirigir en ministerio, canto y alabanza.

1 Corintios  14.29        Los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.

Aprendemos aquí cómo se ha debido ministrar la Palabra en la asamblea corintia. Los varones que creían tener un mensaje para comunicar debían ser gobernados por ese deseo y con miras a edificar a los oyentes, v. 26, pero con todo, el auditorio no debía ser fastidiado por discursos largos. El apóstol fija en dos o tres el número de conferencistas, pero no dice “a lo más tres”, como en el caso de las lenguas desconocidas, v. 27.

Se lee en algunas versiones, “que otros disciernen”, y algunas personas opinan que los “otros” son los demás profetas; es decir, que el discernimiento de espíritus era un don especial concedido a ciertas personas. Pero en realidad ha podido incluir a cualquiera en la congregación, así como en otras ocasiones el apóstol apela al juicio de sus hermanos: “Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio …”, 10.15, 11.13. Él consideraba que todos tenían la facultad de evaluar lo que habían oído en una reunión. “Examinadlo todo; retened lo bueno”, 1 Tesalonicenses 5.21.

1 Corintios  15.3             Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;

Los pecados son el fruto de los pecadores. “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”, 1 Pedro 3.18. En 1 Juan 2.2 leemos: “Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”. En varias traducciones se omite el vocablo los al final de este último versículo; por ejemplo, “también acerca de todo el mundo”. Aprendemos de esto que la muerte de Cristo fue tal que ahora Dios es propicio, favorable al mundo entero. En Hebreos 10.1 leemos que Cristo ofreció un solo sacrificio por cuenta de [sic] los pecados. Por éstas y otras porciones concluimos que en el 15.3 “por nuestros pecados” tiene el significado de “por los pecadores”, y que Cristo murió por los hombres y las mujeres en su calidad de tales.

Sin embargo, debemos llevar en mente que expresiones tales como “Cristo murió por nuestros pecados” y “llevó él mismo nuestros pecados” fueron dirigidas a personas que creían ya el evangelio. Otros casos son versículos como Isaías 53.5, “por su llaga fuimos nosotros curados”, y Gálatas 3.13, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley”. No creemos que sería bíblico decir a un inconverso:, “Cristo llevó tus pecados en la cruz”, o “Jesús murió en tu lugar”. Nos ceñimos a la Palabra de Dios al decir que Él murió por los impíos, el Justo por los injustos. Nosotros que hemos ejercido fe podemos decir, “quien llevó él mismo nuestros pecados”.

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Es cierto que esta declaración encierra la idea de la sustitución, pero tengamos presente que fue escrita al pueblo de Dios. Hay este concepto también en la profecía hecha en incredulidad en Juan 11.50: “nos conviene que un hombre muera por el pueblo”.

Al predicar el evangelio, por regla general uno no se ocupa de teología y emplea textos que fueron dirigidas en primera instancia al pueblo de Dios. Sin embargo, abundan términos en la palabra de Dios que uno puede usar al referirse a la obra de la cruz sin valerse de Sustituto y sustitución. Pedro lo expresa bien al decir que el Justo murió por los injustos; es mejor lenguaje que decir que murió como el sustituto del pecador.

El cristiano reconoce, por supuesto, que hay mucho más que esto en la obra de Cristo. Hacemos bien al estar conscientes de lo que se llama el aspecto del holocausto: “… Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios”, Hebreos 9.14. Dios percibía un olor grato, por decirlo así, y obtuvo entera satisfacción.

1 Corintios  15.5           apareció a Cefas, y después a los doce

¿Quiénes fueron “los doce” una vez que Judas se ahorcó pero antes del nombramiento de Matías? Hay dos soluciones al problema, si es que lo hay.

Una expresión como “los doce” se usa al referirse al grupo colegiado, aun en la ausencia de uno de sus miembros. Por ejemplo, Lucas 24.33 habla de “los once” en una ocasión cuando Tomás estaba ausente; ¡los once eran diez! Parece, entonces, que en Corintios “los doce” se refiere al remanente que había en cierto momento.

Sin embargo, es posible que Matías estaba presente en la ocasión mencionada en el 15.5. Hechos 1 deja en claro que estaba junto con los once y fue ordenado a ser testigo con ellos de la resurrección.

1 Corintios  15.22        así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.

Ni este versículo ni ningún otro en la Santa Biblia enseña que todos serán salvos. Lo que el versículo sí enseña es que van a morir todos los que están solamente “en Adán”, y serán vivificados todos los que están “en Cristo”. Claro está que no todos están “en Cristo”, y por ende no van a resucitar en el contexto de este versículo. La salvación es para todos, pero no todos la aceptan, por mucho que Dios quiere que sí.

1 Corintios  15.24        Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.

¿Cómo es que Cristo va a entregar el reino al Padre, ya que nos dicen que reinará eternamente? Debemos leer la afirmación en su contexto. El reino a ser entregado es aquel que Él tiene como el Hijo del Hombre, y aquél sobre el cual reinará eternamente es suyo como Dios. “Luego el fin” – no un momento sino un período; es télos, cuando todo habrá sido realizado. La palabra ha sido explicada como el inicio de un estado perfecto, a diferencia del cierre de uno anterior. El postrer enemigo, la muerte, habrá sido destruido, v. 26. Todo lo que viene antes conduce hacia la dispensación final que nuestro versículo  prevé.

El ángel dijo a María, “… y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”, pero no hay contradicción. Nuestro Señor no dejará de reinar, ni Dios cesará a reinar en el milenio. El fin introducirá una nueva dispensación.

Véase también el comentario sobre Efesios 1.10.

1 Corintios  15.29        ¿Qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?

Es difícil entender esta declaración, el versículo central en un capítulo que trata de la resurrección. Se ha dicho que existen treinta explicaciones de su sentido, pero aquí vamos a mencionar sólo las que parecen ser las mejores.

(1) H. A. Ironside —  Los vv 20 al 28 forman un paréntesis y el v. 29 recoge el hilo dejado en el v. 19. ‘Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos …’ Se puede traducir esto como ‘bautizados en el lugar de los muertos si ningún muerto resucitará’. ¿Por qué bautizarse en lugar de los difuntos?’

El argumento es claro. Aquellos que duermen en Jesús han perecido si es que Cristo no ha sido levantado a vida, pero el caso es que todos los días se bautizan en lugar de ellos, otros están profesando fe en Cristo, otros están valiéndose de la ordenanza del bautismo y ocupando el lugar en la tierra que han dejado vacío aquellos que murieron después de haber profesado fe en Cristo. Pero si de veras Él no resucitó, están perdidos aquellos que murieron, y nada han ganado por su profesión. ¿Por qué seguir reponiendo la fila?

(2) W. E. Vine —  Es preciso tener presente que el texto original fue redactado con casi ningún signo de puntuación. Lo siguiente es una traducción legítima: ‘¿O qué harán los que se bautizan? Es por los muertos, si nunca se levantan los difuntos. ¿Por qué, entonces, bautizarse por ellos?’

La primera pregunta, ‘¿Qué harán?’ es una manera de preguntar qué utilidad o valor tiene el bautismo. Se ha insertado la palabra es para proporcionar la respuesta, cosa que concuerda con el hecho de que el verbo ser se omite a menudo en el original, pero es requerido en el español, como se evidencia tantas veces en esta misma Epístola por el uso de bastardillas. Si no hay una resurrección de los muertos, la ordenanza del bautismo carece de sentido para Cristo y para ellos; si todos perecemos al morir, no puede ser una ilustración de la identificación del creyente con él en resurrección. Véase v. 18.

La próxima pregunta fluye de manera apropiada: ¿Por qué nos exponemos a peligro cada hora? Si no hay resurrección, ¿por qué vivir una vida amenazada diariamente por la muerte?

(3)  También se ha sugerido que el pasaje tiene que ver con una práctica en el área de Corinto, desconocida a nosotros y desaprobada por el apóstol. Se dice que cierta gente, que el escritor no identifica por nombre, se bautizaban por cuenta de sus parientes y amigos difuntos, y el apóstol emplea este argumento. Todavía otra interpretación es que el bautismo “por los muertos” se refiere a que la persona bautizada ha muerto con o en Cristo. Nos cuesta pensar que el texto griego admita esto, ya que los muertos es plural.

Nunca he estado de un todo satisfecho con las explicaciones que he oído.

1 Corintios  15.31        Os aseguro, hermanos,  … que cada día muero.

Pablo está hablando de sus sufrimientos corporales para el Señor. Debido a su testimonio y denuedo, día a día es autosentenciado a muerte; se exponía a peligros y sufrimientos físicos. “Cada día muero” es el equivalente de “en peligros de muerte muchas veces” en 2 Corintios 11.23. Estaba siempre entregado a la muerte, al decir de 2 Corintios 4.11, por cuanto vivía con amenazas y peligros.

1 Corintios  16.2              Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo.

Se puede deducir razonablemente que el apóstol está exhortando a los santos a depositar consigo mismos, el primer día de la semana, la suma que proponen dar al congregarse ese mismo día. Es claro de otras porciones de la Palabra que esta no es la única manera de dar al Señor. En 3 Juan 5 al 8 hay el ejemplo de dar a los que “salieron por amor del nombre de Él”. Pero no nos olvidemos de que cada cual tiene una responsabilidad de aportar cada domingo en la mañana para sufragar los gastos necesarios de la asamblea.

2 Corintios  2.6   Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos;

El castigo es por mala conducta; es la pena por una falta. En términos amplios, Dios castiga en calidad de juez. La disciplina, en cambio, no necesariamente se debe a mala conducta. Su fuente es un corazón de amor; “El Señor al que ama, disciplina”, Hebreos 12.6. Dios el Padre efectúa la disciplina y nosotros la recibimos como hijos; “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor”, 12.5. Es la instrucción del niño, sea para prevenir o para corregir.

2 Corintios  3.17           El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

El Espíritu Santo está a la vista en este versículo, y en el 3.8 también, donde debe figurar la E en mayúscula: “lo que ministra el Espíritu”, Versión Moderna.

Para entender el sentido, tenemos que ver este pasaje difícil a la luz de los versículos que lo preceden, y recordar que comienza con el enlace porque. Nos dice por qué acudir al Señor quita el velo de los corazones de los israelitas. Sin duda Señor aquí se refiere al Señor Jesucristo, el título que le es dado a menudo en las epístolas de Pablo.

El Señor es aquel Espíritu de quien el apóstol ha estado escribiendo, y “en donde estuviere el Espíritu del Señor, allí hay libertad”. El sentido puede ser que cuando Israel acuda al Señor, habrá libertad de la ceguera causada por el velo sobre su corazón, o puede referirse a la libertad que el apóstol menciona en otras partes, a saber la gloriosa libertad que disfruta el creyente al buscar al Señor para servirle y obedecerle.

2 Corintios  5.2 a 4       No quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.

Un criterio es que este pasaje enseña que cuando nosotros los salvos seamos quitados de aquí, encontraremos que nos espera un cuerpo provisional en el cielo, y más adelante en la resurrección se nos dará un cuerpo glorificado. Pero no es así.

Estos versículos presentan tres estados: el presente, el intermedio y el final.

Primeramente, el estado presente: En este “tabernáculo” gemimos, y anhelamos ser vestidos más bien de nuestra casa que es del cielo.

Segundo, el estado intermedio, o “desnudo”, de aquellos que han ido a estar con Cristo que es mucho mejor. Las Escrituras hablan poco de este estado. Es claro que al morir uno se desprende del vestido que es este cuerpo, y que el alma está con Cristo. El apóstol expresa su deseo de estar vivo cuando el Señor venga; él anhela pasar directamente al estado glorificado. O sea, no quiere ser desnudado sin revestido de una vez. Él habla de la muerte como estar desnudo, por cuanto el espíritu no tiene ni el cuerpo presente ni el glorificado.

Tercero, hay el estado de “revestido”. En la venida del Señor el creyente tendrá un cuerpo nuevo, semejante al cuerpo de gloria del Señor, Filipenses 3.20,21.

No encontramos nada en las Escrituras acerca de un cuerpo provisional, o intermedio, entre la muerte y la resurrección. El apóstol habla de aquel período como uno de desnudez y emplea metáforas como vestir y habitación para expresar las ideas.

2 Corintios  5.10           Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

“Lo que se haya hecho” se refiere a todo lo que el creyente hace desde el momento de su conversión hasta el final del peregrinaje. Todo lo hecho antes de su conversión a Dios fue juzgado, en lo que al creyente corresponde, en la muerte de Cristo cuando llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero. Por esto, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.

El pecado, y los pecados como tales, no serán tema del tribunal de Cristo; nada judicial será tratado allá, pero habrá un repaso de la vida del creyente. La obra de cada cual será puesta de manifiesto y él o ella recibirá galardón, pero no condenación; 1 Corintios 3.13,14. “Entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios,” 4.5. Ninguna porción de las Escrituras da a entender que en el tribunal de Cristo habrá mención de lo que hicimos antes de salvos. “Todo fue pagado ya, nada debo yo”.

2 Corintios  5.16           De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.

Algunas personas piensan que esto quiere decir que Pablo conocía al Señor cuando era hombre aquí en la tierra, pero esto es insertar en el versículo algo que no está allí. Pablo no habla aquí de Jesús, el nombre por el cual se conocía a nuestro Señor cuando andaba entre hombres. Lo que dice es que en un tiempo conocía a Cristo solamente como cualquiera le conocería. Todo ha cambiado, dice, desde aquel día en el camino a Damasco; la vida eterna ha modificado toda la perspectiva.

También ha sufrido un cambio nuestra manera de considerar al prójimo. De ahora en adelante no conocemos a nadie según la carne, dice Pablo. Nuestra norma no es ahora lo que uno es por naturaleza; no vemos a los irredentos como ellos se ven el uno al otro. En el v. 14 el apóstol fija un enfoque nuevo: el amor de Cristo nos constriñe.

Ahora él aprecia al judío y al gentil por igual, cualquiera su origen o posición en el mundo. Antes, había pensado en Cristo con base en distinciones humanas, pero ahora escribe de él como “el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Después de haber dicho que no conocía a nadie según la carne, y que antes veía a Cristo así, declara: “si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, v. 17.

2 Corintios  5.21           Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Muchos han sugerido que una mejor traducción sería “por nosotros lo hizo una ofrenda por el pecado”, porque los eruditos explican que en el hebreo del Antiguo Testamento se usa una misma palabra para ‘pecado’ y ‘ofrenda por el pecado’, pero no hay ejemplo de esto en el griego del Nuevo Testamento. Por mi parte, espero que quienes quieren cambiar el texto de esta manera no tengan controversia (ni inconscientemente) con Dios que inspiró el pasaje.

Nos sentimos tentados a intentar explicar lo inexplicable. Lo asombroso aquí es que Dios hizo que el que no tenía pecado fuese hecho pecado por nosotros. Obsérvese que no lo hizo pecador. Hizo menos, e hizo más; dejó a nuestro Señor tan carente de pecado como siempre había sido. Lo que hizo fue cargar en él la iniquidad de todos nosotros. Cristo fue hecho maldición a causa nuestra; murió por nosotros. Dios le responsabilizó a él por todo lo que es pecado en nosotros. La palabra griega es upér, ‘de parte de’; y, de nuevo en el v. 20, somos embajadores de parte de él.

Así, en el v. 21 Dios hizo al impecable pecado en vez de de nosotros. El contexto deja en claro que Cristo fue hecho pecado por nosotros en el mismo sentido que nosotros somos hechos justicia de Dios en él. El pecado no era suyo, ni la justicia de Dios nuestra.

Véase también el comentario sobre Salmo 69.5.

2 Corintios  12.2           Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.

En el v. 7 descubrimos la identidad de este hombre: “para que no me enaltezca”. Sin duda los vv 2 al 9 hablan de Pablo mismo, quien durante esta experiencia extraña recibió una “grandeza de revelaciones” acerca de la Iglesia. Posiblemente sucedió cuando fue apedreado en Listra y la gente pensaba que había muerto, Hechos 14.19. Sea como fuere, no sabía si vivía corporalmente o no, pero Dios sí sabía.

En otras palabras, Pablo sabía que este ser humano fue arrebatado hasta el tercer cielo, pero no sabía cómo. Quizás por humildad, no se atreve a decir que fue él, porque es cosa asombrosa ser trasladado al cielo. ‘El tercer cielo’ da a entender un grado sumo; lo llama el paraíso. Es la palabra que usó el Salvador en la cruz: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Nada se dice acerca de qué vio ni cómo se sintió, pero sí dice que oyó cosas que no se pueden expresar. Estas palabras dichas en el paraíso fueron para él no más, y no para ser comunicadas a otros. Posiblemente fue un mensaje para estimularle, que otros emplearían de una manera fanática – cosa que se ha querido hacer, por cierto. Difícilmente concebimos qué experimentó su alma cuando entró momentáneamente en la presencia del Señor, y ésta será la experiencia nuestra algún día. No podemos expresar lo que vamos a sentir y oir.

Véase también el comentario sobre Gálatas 1.11,12.

2 Corintios  12.7           Me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera;

Algunos piensan que “el aguijón” era una visión defectuosa; “os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos”, Gálatas 4.15. Otros, que Pablo era deforme físicamente, “la presencia corporal débil”, 2 Corintios 10.10. Y, se ha sugerido que este versículo nos lleva atrás a Listra en Hechos 14 y que sus sufrimientos allí por el nombre de Cristo le dejaron desfigurado.

No estoy satisfecho con estas sugerencias, y como se ha dicho antes en esta columna, donde las Escrituras guardan silencio, la especulación es peligrosa. La gran lección está en el v. 9, “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.

2 Corintios  12.10        Por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Sería cosa positiva si más de nosotros fuésemos fortalecidos por medio de nuestra propia debilidad. No es inusual encontrar paradojas en la Palabra; por ejemplo: “Todo el que quiera salvar su vida, la perderá”. Y, “muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros”. Estas y otras semejantes no son contradictorias.

Tres veces el apóstol pidió al Señor que su “aguijón” le fuese quitado, pero no lo fue; el Señor respondió, “Mi poder se perfecciona en la debilidad”, a saber, en la debilidad de Pablo. El apóstol aceptó esto de buena gana para que el Espíritu de Cristo estuviera sobre él. En su propia debilidad él era fuerte en el Señor. Encontramos una declaración parecida en Hebreos 11.34: “sacaron fuerzas de debilidad”.

2 Corintios  13.4           aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios.

Cristo no fue crucificado en debilidad, sino por debilidad, Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español, o a causa de flaqueza, Versión Moderna y Biblia Textual. El sentido es que fue posible crucificar a nuestro Señor en vista de la flaqueza de su cuerpo humano. Él tenía una susceptible naturaleza humana además de una omnipotente naturaleza divina. Su cuerpo era para él lo que el nuestro es para nosotros, pero sin pecado en el caso suyo. Sentía hambre y sed, y se cansaba.

Su muerte fue voluntaria, y al hablar de su vida dijo: “Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar”. Para estar en condiciones de poner esa vida, asumió un cuerpo humano capaza de morir. El poder de Dios le levantó de los muertos, y ahora vive por ese poder, como nuestro versículo afirma. “Estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”, Filipenses 2.8,9.

Gálatas  1.11,12,  1 Corintios  11.23                El evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Yo recibí del Señor lo que también os he enseñado:

No sabemos dónde estaba Pablo cuando recibió las revelaciones a la cuales alude. Esto no sucedió en su arrebatamiento al paraíso descrito en 2 Corintios 12; en aquella ocasión oyó palabras inefables que no le eran permitidas expresar. Probablemente recibió algunas o todas esta revelaciones del Señor en Arabia, 1.17. Su estadía allí figura en el contexto de haber recibido el evangelio que predicaba “por revelación de Jesucristo”. Dice que después de su conversión él no consultó con carne y sangre, ni visitó a los apóstoles en Jerusalén, sino fue a Arabia.

No podemos insistir, pero por la manera en que están agrupados estos detalles en el texto, sugerimos que fue allí, a solas con Dios, que aquel que fue llamado por gracia “para que yo le predicase entre los gentiles” recibió estas revelaciones, antes de ir a Jerusalén para ver a Pedro, 1.15 al 18.

Gálatas  1.17       fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco.

Hechos 9 narra la conversión de Pablo y los eventos subsiguientes, pero no hace mención de su viaje a Arabia. Posiblemente fue breve y no necesariamente conocido al autor de Hechos de los Apóstoles. Si Pablo no lo hubiera mencionado en su carta a los gálatas, nosotros tampoco lo sabríamos. Al cotejar Gálatas 1.15 al 19 con Hechos 9.22 al 28, parece que encontramos poca dificultad para insertar la visita entre los versículos 22 y 23 del capítulo 9. Una vez recuperada la vista, él fue bautizado y predicó brevemente en la sinagoga, 9.19,20. Aparentemente se retiró a Arabia y volvió pronto a Damasco, para quedarse por casi tres años.

La secuencia de los acontecimientos parece ser, entonces: su conversión, una estadía breve en Damasco, el viaje a Arabia, menos de tres años en Damasco y luego la visita a Jerusalén, Gálatas 1.18. Esta visita tuvo lugar tres años después de convertido, y no después de tres años en Arabia, como algunos afirman. Muchas han sido las sugerencias, pero en realidad no sabemos por qué fue a Arabia, ni por qué lo hizo antes de ir a Jerusalén.

Gálatas  3.20       el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.

El v. 19 se refiere a Dios y afirma que la ley fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador, lo que Hebreos 3.6 también sugiere al decir que Jesús, en contraste con Moisés, era mediador de un pacto superior. Moisés, entonces, era el intermediario entre muchos, pero Dios necesita a uno que se coloque entre sí y sus beneficiarios. A diferencia del patriarca, Cristo lo hace solo.

Aquí en Gálatas 3 se le presenta como uno – el Padre y el Hijo son uno en propósito, deseo y juicio. Este versículo establece dos hechos: la certeza del cumplimiento de las promesas de Jehová en Cristo a la simiente de Abraham, y la deidad del hombre Cristo Jesús. Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 1 Timoteo 2.5.

Gálatas  3.27       todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

Creemos que se refiere aquí al bautismo en agua, y por cierto es nuestra opinión que la referencia es al bautismo en agua dondequiera que se menciona el bautismo en el Nuevo Testamento sin especificar cuál. Es cierto que “nos vestimos” de Cristo en el momento de recibirlo como Salvador y por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo,
1 Corintios 12.13. Sin embargo, en el 3.27 el apóstol no afirma que estos gálatas “se vistieron” de Cristo al ser bautizados en agua, sino que este hecho era un símbolo de que ya lo habían hecho. Fueron sepultados con él en bautismo, Romanos 6.4, donde también se refiere al bautismo en agua.

Gálatas  4.4,5      Dios envió a su Hijo … a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

El Catecismo de Westminster describe bien la adopción de hijos como un acto de la gracia libre de Dios por el cual somos incorporados en la compañía y disfrutamos de todos los derechos y privilegios de los hijos de Dios. La adopción nos proporciona los beneficios de una familia de la cual formamos parte. Por nacimiento espiritual somos todos hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, 3.26. Por cuanto somos hijos, Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, y clamamos: ¡Abba, Padre!, Gálatas 4.6, Romanos 8.15.

Efesios 1.5 vincula estrechamente la adopción con la predestinación; el Padre nos predestinó “para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”. Cuando un niño entra en la familia, no necesariamente disfruta de una vez de todos sus beneficios, aun cuando puedan estar asegurados. Por nuestra parte, no gozamos todavía de todo lo que el Padre ha propuesto desde la eternidad al adoptarnos. “Gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”, Romanos 8.23, porque por ahora somos herederos con Cristo, 8.17.

La adopción, entonces, nos proporciona posición y privilegio, y a la postre perfección. Mientras tanto, conlleva responsabilidad: ¿no debemos ser santos en nuestra manera de vivir?

Gálatas  4.27       Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz; Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; Porque más son los hijos de las desolada, que de la que tiene marido.

Debemos leer este versículo junto con los dos anteriores, por no decir que tenemos que entenderlo en su contexto amplio. El escritor cita Isaías 54.1 y alude a Sara y a Agar como madres. La desolada es Sara y la que tiene marido es Agar al ser dada a Abraham. (Aun cuando era esposo de Sara también, Agar le tenía momentáneamente por una razón).

Pablo emplea esta alegoría para mostrar la diferencia entre Agar y Sara, entre la ley y la gracia, entre la Jerusalén de entonces y la Jerusalén “que es de arriba”. Esta última es libre y es madre nuestra, v. 26. Sara era mujer libre pero parecía ser estéril. Agar, la esclava, produjo muchos hijos por vía de Ismael, pero las maquinaciones humanas nunca cumplen las promesas divinas. Sara, la mujer desolada, produjo “más hijos que la desolada” por vía de Isaac y por esto se regocijó. El hijo de Agar nació según la carne, v. 23, pero el de Sara por el poder de Dios. Sus “más hijos” incluyen todos aquellos que son la simiente de Abraham, los hijos de la promesa vigente hasta el fin del tiempo.

Gálatas  6.1         Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.

Sorprendido expresa la idea de un cristiano sobrecogido “en cualquier transgresión”; algo le alcanzó desde atrás. Él se sorprendió antes de darse cuenta de un todo. Ha podido ser una costumbre traída de sus días de inconverso. Sea como fuere, necesita restauración. El confesar y abandonar lo puede hacer él a solas, sin nadie más involucrado. Y, Dios puede obrar por medio de otro  creyente como catalizador para llevar el culpable a la confesión de su falta o pecado. Restaurar viene de una palabra griega que expresa la idea de conciliar los elementos, fijar huesos rotos o remendar redes. Tenemos el sentido en Efesios 4.16: “el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente”, y en 1 Pedro 5.10: “os perfeccione”.

Pablo habla del creyente como miembro del cuerpo de Cristo, Efesios 5.30, del cual Él es Cabeza, Colosenses 1.10. El santo con pecado en su vida no está en una debida relación con la Cabeza ni con el resto del Cuerpo. Sigue siendo miembro, pero hasta no ser restaurado el brazo no obedece a la cabeza y es inútil para los demás miembros. Así un creyente sorprendido en una falta; hace falta un reposicionamiento, la obra de una persona espiritual actuando con espíritu de mansedumbre. (1 Corintios 5, por ejemplo, trata de algo muy diferente).

Gálatas  6.8         El que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

El v. 7 advierte que el hombre siega lo que siembra, y el principio de sembrar y segar figura en Génesis 1 en la frase “según su especie”. Este principio prevalece al sembrar para la carne; la siega será corrupción. Resultará en deterioro moral ese deseo de satisfacer los apetitos de la naturaleza inferior y la mente carnal. Ese sembrar y cosechar se limita a la vida presente, pero el galardón – o falta de galardón – nos seguirá hasta el tribunal de Cristo. No será afectada nuestra posición como justificados ante Dios, pero puede caer sobre nosotros aquí y ahora el castigo de parte de nuestro Padre Celestial. ¿Cómo podemos evitar esta corrupción? Al no sembrar para la carne.

Gálatas  6.11       Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano.

Pablo no está diciendo que está redactando una carta de muchas palabras, sino que está escribiendo a mano propia y en letras grandes. Aparentemente su costumbre era valerse de un amanuense, un escriba, al componer sus epístolas y luego agregar unas pocas líneas en letra propia a título de saludo y para dar autoridad a lo que había dictado. Generalmente se reconoce que su vista era deficiente, y aun se sugiere que esto haya sido su “aguijón en la carne”, consecuencia del resplandor que vio en el camino a Damasco. Sea así o no, sus letras grandes han podido ser producto de su ansiedad acerca de la condición judaica en Galacia y para manifestar su interés personal en aquellos santos.

 

Efesios  1.4,5      Nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

Hay duda tocante a la puntuación al final del v. 4. Algunos opinan que las palabras en amor corresponden a ese versículo, y no al pensamiento del v. 5; o sea, ellos escribirían: “santos y sin mancha delante de él en amor, habiéndonos predestinado …” (Ejemplos: el texto corriente en inglés; Besson; la Vulgata Latina). El debate es si el amor se refiere a nuestra posición o al motivo de nuestra adopción.

¿No es cierto que Dios nos predestinó en amor para adopción en Cristo Jesús? El contexto parece favorecer esta interpretación (como figura en la Reina-Valera), aunque es posible cualquiera de las dos maneras de redactar este pasaje extraordinario, y debemos guardar ambos pensamientos en mente al leerlo. En amor nuestro Padre determinó de antemano ponernos delante de él como hijos y su propósito es que un día seamos como el Hijo de su amor.

***

No existe un mensaje de predestinación para los inconversos. No leemos en las Escrituras de alguien predestinado a la perdición, al extremo que “cayó Judas por transgresión”. De las cinco menciones de la predestinación, una se refiere al Señor Jesucristo y las otras al creyente.

En cuanto al Señor Jesucristo, Pedro dijo en alta voz: “se unieron … para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera”, Hechos 4.28. Dios determinó de antemano el medio por el cual su “santo Hijo Jesús” iba a padecer y morir. Pedro declara que los gobernantes, ancianos y escribas habían hecho exactamente lo que Dios planeó desde la eternidad, pero esto no era excusa para las manos impías de aquellos que se reunieron en su contra.

Volviendo a nuestro tema de la predestinación del creyente, Romanos 8.29,30 afirma que Dios predestinó a los que antes conoció, para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo. Además, a quienes predestinó, también les llamó. “Así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”, 1 Corintios 15.49. Lo hará cuando venga por nosotros: “Cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”, 1 Juan 3.2. En su venida Él cambiará el cuerpo de nuestra humillación para que se conforme a su cuerpo de gloria.

***

Indudablemente Pablo abarca un lado de la verdad de la soberanía de Dios en Romanos 8 y 9 y el otro lado en 10.8 al 13: “Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo”. El mensaje de Dios está colmado de invitaciones; Él quiere que todos sean salvos. Nuestro Señor se dio en rescate por todos, y por la justicia de uno vino a todos los hombres la justicia de vida. Le dijo Pablo a Tito que la gracia de Dios se ha manifestado a todos para salvación.

Dicho sencillamente, las doctrinas de elección y libre albedrío se juntan en 2 Tesalonicenses 2.13,14: “… que Dios os haya escogido desde el principio para salvación … os llamó mediante nuestro evangelio”.

***

El sentido escriturario de la elección no está en cualquier diccionario de uso común. Se encuentra el término seis veces en el Nuevo Testamento, cuatro de ellas en Romanos y en relación con Israel. Dios dijo acerca de esa nación: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra”, Amós 3.2. La elección es una doctrina para los creyentes y debemos estar dispuestos a aceptar por fe lo que jamás vamos a comprender bien en esta vida. Es desde la eternidad, de manera que nadie sino Dios podría conocerla.

Nuestra elección, entonces, se realizó mucho antes de nuestro nacimiento. “… que Dios os haya escogido desde el principio para salvación”, 2 Tesalonicenses 2.13. “… la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”, 2 Timoteo 1.9. Dios elige conforme a su voluntad: “… para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama”, Romanos 9.11, Santiago 1.18. Nadie puede acusar a los escogidos de Dios, Romanos 8.33. Es de gracia, no por obras. De Saulo de Tarso el Señor dijo a Ananías: “instrumento escogido me es éste”. “… aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia”, Romanos 11.5.

Parece que donde se menciona la elección como corporativa, se refiere generalmente a la salvación o la gloria eterna; por ejemplo, citado ya: “Dios os haya escogido desde el principio para salvación”. Parece que generalmente (aunque no necesariamente siempre) se refiere al servicio, y ejemplo tenemos en Hechos 9.15 (Saulo), citado ya.

Hay un lado práctico. “Hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”, 2 Pedro 1.10. Sin duda esto se relaciona con las siete virtudes que debemos añadir a nuestra fe. Aquí están lado a lado el llamamiento y la elección. Somos llamados a ser puestos aparte, 1 Corintios 1.2; a la santidad, 1 Tesalonicenses 4.7; y a ser conformados a la imagen de Cristo, Romanos 8.28,29. Hacer firme (o poner mayor empeño) nuestra vocación y elección no es algo que se hace de una vez por todas, sino se procura. “Prosigue la meta”, leemos en Filipenses 3.14, y procuramos andar dignamente del llamamiento, 2 Tesalonicenses 1.12,13.

Efesios  1.10       el misterio de su voluntad … de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

Algunos aplican esto al milenio cuando nuestro Señor habrá dejado el trono del Padre que ocupa actualmente, y se sentará sobre su trono de gloria aquí en la tierra. Dudamos de que esto sea el mensaje del versículo.

Es cierto que reinará un rey para justicia, Isaías 32.1, pero en aquel entonces Dios no habrá recapitulado todas las cosas en Cristo. Durante aquel período algunos van a fingir fidelidad* pero estarán dispuestos a seguir luego a Satanás cuando él sea soltado por un tiempo al cierre de los mil años, Apocalipsis 2.7.8.

* “Por la grandeza de tu poder se te humillarán fingidamente tus enemigos. Los aborrecedores de Jehová le dirían lisonjas serviles; pero el tiempo de ellos sería para siempre”. Salmo 66.3, 81.15 en la Versión Moderna de 1893.

La palabra dispensación significa una administración, y no un lapso de tiempo como tal. Una vez finalizadas estas cosas, comenzará la administración del cumplimiento de los tiempos, o como lo expresa cierta traducción, “los tiempos deben llegar a su madurez”; a saber, al estado eterno.

Entendemos que este versículo y 1 Corintios 15.24 (“Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia”.) se refieren al mismo período. La plenitud de los tiempos es cuando todos ellos ya hayan cumplido el propósito que Dios tiene en sus consejos eternos. El milenio en sí es un período de tiempo, una de las siete dispensaciones: inocencia, conciencia, gobierno humano, promesa, ley, gracia y el reino. La última de estas administraciones será un período de prueba en el sentido que pondrá a descubierto a los genuinos y a los falsos, y hasta que finalice, mal puede haber una recapitulación de todo en Cristo. Él debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos por estrado de sus pies.

Vemos que la plenitud de estos tiempos llegará después del milenio, habiéndose realizado la sujeción de todas las cosas. La administración de esta madurez unirá cielo y tierra, cosa que no se puede decir del milenio cuando la Iglesia está por encima de la tierra, Apocalipsis 21.9 al 27. La plenitud de los tiempos, el estado eterno, los cielos nuevos y la tierra nueva, serán el reposo eterno de Jehová. El tabernáculo de Dios estará con los hombres y Dios será todo en todos. El Creador reunirá todas las cosas en uno, en Cristo. Es la respuesta definitiva al Calvario.

Efesios  1.13,14   Vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

Las arras del Espíritu son la garantía de Dios al creyente y el sello es su marca de propiedad. Nuestra herencia ha sido asegurada por la morada del Espíritu Santo adentro. En el v. 12 la herencia se llama la posesión adquirida; Cristo la compró y pagó el precio completo. La vamos a reclamar, o a redimir, en la ocasión mencionada en Romanos 8.23: “Nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”.

En su sentido más amplio la posesión adquirida abarca todo lo que resultará finalmente de la muerte de Cristo en cruz. Aquí en el v. 14 el sentido es más restringido, refiriéndose a una herencia para nosotros. Hemos sido rescatados y redimidos, pero hay un hasta en este versículo; estamos en espera de la redención definitiva, la del cuerpo, y por esto contamos con el sello del “Espíritu Santo de la promesa”. Pero habrá más; Cristo tendrá su posesión adquirida en toda la eternidad; a saber, toda su herencia, todo lo que adquirió para sí en el Calvario.

Efesios  2.7          … para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

El estado eterno se expresa por “los siglos de los siglos”, los aión de los aión. (Una de las definiciones de siglo es un período que no implica ni denota determinación alguna). En el v. 2 se habla de la corriente, o el curso, de este mundo, usando aión en singular, pero la palabra figura aquí en el v.7 en el plural, “los siglos”, para expresar que la eternidad no tiene fin. El Espíritu emplea términos que nuestras mentes finitas pueden captar. La eternidad se expresa en función de tiempo, y por esta razón algunos quieren decirnos que aión es una dispensación más, o un lapso de tiempo sujeto a medición. No. La corriente de este mundo se puede medir, pero la eternidad no es tiempo, por esto nuestro versículo habla de los “siglos” sin fin.

Efesios  2.8          por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

Oímos a menudo que “la gracia es la parte que corresponde a Dios y la fe a nosotros”. No es incorrecto, pero me parece un tanto extravagante. Sin duda la salvación es un don de Dios, y en Filipenses 1.29 leemos que “a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él”. Ser salvo es un privilegio.

El v. 8 no dice que la fe es el don de Dios, sino que la salvación por gracia y por fe es su don. La enseñanza es que su gracia ha proporcionado una salvación gratuita y Él le ha dado al hombre la capacidad de aceptarla. La fe no es de confección propia, como la salvación tampoco lo es, pero la ejercitamos al oir la Palabra de Dios y tener la disposición de creerla. Por esta fe Dios hace nuestro el don de la gracia. La salvación es por gracia y la fe es el medio esencial por el cual uno la recibe.

Efesios  3.18,19 … a fin de que … seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento

El lector superficial aplica estas dimensiones – la anchura, longitud, profundidad y altura – al amor de Dios, que es el tema del v. 19. Sin embargo, el v. 18 no nombra el objeto y sugiero que se refieren a lo que el apóstol ha venido tratando en la parte anterior del capítulo. Habla en el v. 4 de su conocimiento en el ministerio de Cristo, en el v. 6 de los gentiles como coherederos y miembros del Cuerpo, y en el v. 9 de hacer ver a todos cuál sea la dispensación de misterio. Creo que las dimensiones se refieren al magno propósito de Dios para nosotros en Cristo. La anchura puede aludir a lo vasto que es, la longitud a su dimensión eterna, la profundidad a su intensidad y la altura a su grandeza.

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El texto inmediato no nombra el genitivo de estas dimensiones y por esta razón hay diferencia de criterio acerca de qué describe. Algunos comentaristas pasan por encima del detalle y otros las aplican al amor de Dios en el v. 19. Hay apoyo para esta interrelación, dado que se habla del amor en el v. 17 y otra vez en el v. 19.

Sin embargo, es de dudar que los vv 18 y 19 traten de un mismo asunto. Estas dimensiones tienen sus límites, pero no así el amor de Dios: es como Dios mismo, sin anchura, longitud, profundidad y altura. Las dimensiones parecen ser el lenguaje del corazón del apóstol al contemplar el gran tema de la Epístola en conjunto, que no es el amor divino sino el gran misterio tratado en los capítulos 2 y 3. Es “crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre”, 2.15. Este es el misterio de Cristo que en otras edades no se dio conocer a los hijos de los hombres pero ahora ha sido revelado a sus apóstoles, 3.4,5.

La imaginería de las dimensiones sugiere algo espacioso, como un gran edificio, y sugerimos que la idea sea la del misterio de (el) Cristo, que los gentiles sean coherederos y del mismo Cuerpo, vv 4, 6.

Efesios  4.4,5      … un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo,

El “un Espíritu” es sin duda el Espíritu Santo, aunque el nombre no lleva una E mayúscula en todas las traducciones. Es el Espíritu mencionado en el versículo anterior en relación con la unidad que debemos guardar. Este Espíritu único nos une a Cristo y se relaciona aquí con el cuerpo único. El Espíritu de Dios mora en este cuerpo único; ningún miembro del místico Cuerpo de Cristo está sin el Espíritu adentro.

La “una esperanza” se refiere a la esperanza de la Iglesia, la de estar con el Salvador, verle como es, ser semejante a él y compartir su gloria con él. Es propio que el versículo agrupe el Cuerpo, el Espíritu y la esperanza.

El bautismo incluido aquí ha sido motivo de mucha controversia; algunos abogan por el bautismo en agua y otros por el bautismo en el Espíritu. Mi parecer es que se trata del primero de estos y ofrezco cuatro razones. (1) Encontramos “un bautismo” en el versículo que agrupa el Señor, la fe y el bautismo, tres elementos que involucran un testimonio y una responsabilidad pública. Si el bautismo del Espíritu fuera el caso, estaría en el círculo del v. 4 en vez del grupo del versículo del v. 5. (2) Dondequiera que se mencione el bautismo solo, sin mayor explicación, parece referirse al bautismo en agua, o lo que llamamos corrientemente “el bautismo”. El bautismo del Espíritu se denota como tal. (3) Una sola de las siete expresiones aquí, la del cuerpo, es metafórica; las otras seis se entienden literalmente. (4) Por cuanto el Espíritu único ha sido mencionado en el v. 4, parecería ser una repetición referirse a él nuevamente en el v. 5.

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¿Por qué señalar específicamente el “un cuerpo” en el v. 4 en un intento de enseñar lo que muchos llaman “congregarse con base en el cuerpo único”? No hay tal cosa en la doctrina de los apóstoles, y nunca he oído una explicación satisfactoria (bíblica) de parte de personas que profesan “congregarse con base en el cuerpo único”. En el mismo versículo leemos de un Espíritu y una esperanza; ¿por qué insistir en un cuerpo? Los miembros del Cuerpo de Cristo se congregan en la capacidad de iglesias locales por obra del Espíritu Santo y en el nombre del Señor Jesucristo. Hechos 2 relata acerca de una congregación de esta índole en Jerusalén antes de que le fuese dada a Pablo la revelación del cuerpo único como se divulga en este y otros versículos.

Efesios  4.8          Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.

“Llevó cautiva la cautividad” es tema de discusión y mucho puede ser dicho a favor de cualquiera de las dos principales opiniones.

Muchos de nosotros que usamos la carta gráfica Los dos caminos y los dos destinos nos ceñimos en un grado u otro a lo que se ha llamado “la teoría de C. J. Baker”. A saber, cuando nuestro Señor ascendió al cielo, llevó el paraíso consigo, y ahora el paraíso y el cielo son uno y el mismo. El lugar donde Lázaro fue visto en el seno de Abraham era una sala de espera para los redimidos del Antiguo Testamento hasta hacerse una realidad la obra de Cristo en el Calvario. Aquella obra consumada abrió el acceso al Santísimo, y ahora aquel compartimiento del hades está desocupado. Aquellos que en un tiempo eran “cautivos” allí fueron llevados “cautivos” al cielo cuando Cristo ascendió a lo alto.

Sin embargo, hay buenos hermanos que creen que “llevó cautiva la cautividad” se refiere al triunfo del Señor sobre Satanás y los poderes mencionados en Colosenses 2.15 (“despojando a los principados y potestades”) y otras partes. Este criterio prevalece, por ejemplo, entre hermanos de las asambleas “exclusivistas”, quienes señalan que la expresión puede verterse como “condujo una multitud de cautivos”. Quiere decir, ellos opinan, que Cristo, por su muerte sobre el pecado, llevó cautivo a aquel que nos tenía cautivados, a saber Satanás.

Esta idea de una multitud de cautivos puede ajustarse al texto griego, pero el pasaje en Efesios 2 es una cita del Salmo 68, y los entendidos en el idioma explican que el texto hebreo de ese salmo no admite ese sentido. Debemos tener en mente que más de una vez el Nuevo Testamento da a un pasaje del Antiguo Testamento un sentido diferente a cómo figura en el Antiguo. Un ejemplo es aquel de Mateo 2.15 al 18, “De Egipto llamé a mi Hijo”.

Podemos estar seguros de que, antes de la muerte de nuestro Señor Jesucristo y su ascensión a la diestra el Padre, el hades era un lugar de dos dependencias. Véase Lucas 16.26, donde una gran sima separaba a los perdidos y los salvados. Esto ha cambiado; el paraíso está en la presencia de Dios ahora. 2 Corintios 12 relata el arrebatamiento de Pablo al tercer cielo, al paraíso.

Creo que Efesios 4.8 al 10 señala cuándo ocurrió ese cambio.

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Hombres (en “dio dones a los hombres”) es una traducción de la palabra griega ánthropos que quiere decir “seres humanos”. Al haber sido la idea la de los varones se hubiera empleado anér, como en 1 Timoteo 2.8, “Quiero que los hombres – los varones – oren en todo lugar”. Si bien los hombres de Efesios 4 no incluían la humanidad entera, tampoco se insinúa de hecho que se hayan dado dones específicos a las mujeres. Lo cierto es que ninguno de los dones mencionados en el v. 11 fue dado a las mujeres para uso público; me refiero a los de apóstoles, profetas y predicadores.

Habiendo dicho en 1 Timoteo que los hombres oren en todo lugar, el apóstol dice “no permito a la mujer enseñar”. Las hijas de Felipe profetizaban, Hechos 21.8,9. Es decir, contaban con el don de hablar lo que el Espíritu les revelara; pero lo hacían en privado. Cuando el Señor tuvo a bien enviar un mensaje al apóstol, trajo un profeta masculino de Judea aun cuando estaban presentes en la casa cuatro mujeres con el don de profecía. Encontramos en Romanos 16 que Febe tenía don, siendo diaconisa de la asamblea donde vivía, y parece que otras mujeres nombradas en el mismo capítulo también estaban dotadas de dones: María, Trifena, Trifosa y Pérsida trabajaban de diversas maneras para el bien del apóstol y “en el Señor”. Dorcas también fue elogiada por sus labores; Hechos 9.36.

No hay duda de que la Cabeza de la Iglesia haya dado dones a las mujeres, pero no podemos decir que ellas hayan recibido los dones de Efesios capítulo 4.

Efesios  4.11,13 Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros … para la edificación del cuerpo de Cristo,

Parece que los apóstoles representan la autoridad de Dios y los profetas entregan sus mensajes. Los apóstoles mencionados en las Escrituras son los únicos que la Iglesia ha recibido, y son falsos cualesquier otros que ostenten ese título. Los apóstoles y profetas estaban en el fundamento de la Iglesia y llevaban estas designaciones dondequiera se encontrasen. Pablo y Bernabé eran apóstoles, como lo era Agabo en Hechos 21.10. En Hechos 13.1 encontramos una lista de apóstoles en Antioquía. Barjesús era un apóstol falso, 13.6.

Por cuanto ya ha sido revelada de un todo la mente y voluntad de Dios por medio de las Sagradas Escrituras, no existen ahora profetas en el sentido de portadores de noticias acerca del futuro, pero sí los tenemos en el sentido de pregoneros de la verdad ya revelada. Tienen el don de exponer la verdad a los creyentes.

“para la edificación del cuerpo de Cristo”  Véase el comentario sobre 1 Corintios 13.10.

Efesios  4.26       Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,

No es pecado airarse, pero todo enojo injustificado es pecado.

Hay circunstancias donde sería pecado no airarse. Hay tal cosa como una indignación santa, y parece ser que es esto lo que el apóstol tiene en mente en su exhortación. Tenemos porqué enojarnos al ver que el pueblo del Señor cometa ciertos pecados o que otro – sea santo o no – sea objeto de una injusticia. Nuestro Señor se indignó ante la actitud de los fariseos en Marcos 3.5, pero fue un enojo acompañado de la compasión [el caso del hombre que tenía seca una mano]. Luego en el 10.14 del mismo Evangelio leemos que le desagradó mucho la conducta de los discípulos, y dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis”. De nuevo, manifestó su indignación santa al ver a los cambistas negociando en la casa de su Padre. Los corrió a azotes.

No debemos consentir nuestro enojo ni permitir que se cambie en envidia o en malicia. Nunca debe exceder sus límites, acaso se convierta en pecado y se torne en un arma por demás peligrosa. Aun el enojo justificable no debe perdurar después de la puesta del sol en el día en que fue provocado. Por cuanto no podemos impedir que el sol se ponga, el enojo debe terminar ese mismo atardecer. Si no, bien puede robarnos de gozo y comunión con Dios y hombre.

 

Efesios 4.31, 1 Pedro 2.1      Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones …

Pablo agrupa cinco pecados y Pedro cinco, terminando también con la maledicencia. La exhortación de Pablo es que los quitemos y la de Pedro que los desechemos. La maledicencia es afín a la blasfemia. En Apocalipsis 12.10 Satanás es llamado el acusador de los hermanos, y hacemos la obra suya al maldecir. Posiblemente sea el más dañino de estos yerros por cuanto entristece al Espíritu Santo y trae deshonra sobre el nombre de Cristo. Por seguro, perjudica la reputación de la víctima.

Efesios  5.24, 1 Pedro 3.1     Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas,

El versículo que sigue en Efesios reza: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia”. Cuando el esposo lo hace, está dispuesto a exhibir su gentileza. Debe llevar en mente que su esposa tiene una conciencia, no presionarla hasta herirla ni insistir que le acompañe a lugares donde ella cree que no debe ir. Conocemos a hermanos que visitan congregaciones donde su esposa no se siente en libertad a ir, pero en estos casos él no debe obligarla ni esperar una sujeción por algo que no goza de “Escrito está”.

El contexto de los versículos 5.24 al 29 hace ver que un esposo no exige de su esposa una sumisión que cause aflicción a su espíritu. En el hogar él ocupa el lugar que Cristo ocupa en la Iglesia; le corresponde amar a aquella a quien le toca la sujeción, pero no dominarla en una tiranía doméstica. Creemos que el alcance de la sumisión de la esposa debe estar gobernado por la Palabra de Dios. Las palabras “en todo” no quieren decir una servidumbre, sino la respuesta a las solicitudes que proceden de un corazón de amor de parte de su cónyuge.

Aun cuando el versículo en Pedro va dirigido a la mujer con un marido inconverso, expresa a la vez un precepto que rige donde ambos cónyuges son salvos. A menudo una esposa logra que el marido comparta su punto de vista por medio de la Palabra de Dios y su manera de vivir. Donde ella se somete a todo lo razonable, es probable que convenza a su esposo aun cuando ha habido diferencia de criterio, con tal que ella esté en la corriente del Espíritu.

Efesios  5.27       … presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

No conocemos ninguna escritura que comunica la idea que Cristo presentará a la Iglesia al Padre. Se afirma aquí que la presentará a sí mismo. En Judas 24 leemos de santos como individuos presentados sin mancha delante de su gloria, y con una mención de nuestro Salvador, no del Padre. Se ha traducido este v. 27 como “para que presente a sí la Iglesia, gloriosa, no contando con mancha …”; y, “para que Él mismo se presente a sí la Iglesia como gloriosa”.

Efesios  6.12       No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

“Los gobernadores de las tinieblas de este siglo” son Satanás y los espíritus malignos que son súbditos suyos. Satanás no está en el infierno. En 2.2 es el “príncipe de la potestad del aire”. Es evidente en Job 1.6 que tiene una esfera de operaciones celestial: “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás”.  Es llamado también el acusador de los hermanos. Su acceso al cielo no será prohibido hasta el tiempo descrito en Apocalipsis 12.7 al 13. “Las regiones celestes” en el 6.12 significan literalmente el cielo.

Efesios  6.13, Filipenses 1.6           Tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.
… el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;

La palabra que normalmente se traduce como “siglo” es aión, que significa un cierto período de tiempo, pero aquí “día” es eméra, que puede referirse a un lapso de veinticuatro horas o a una época como “el día de salvación”. Este “día malo” puede ser el tiempo presente o puede ser un evento especialmente adverso en nuestras vidas. En un sentido amplio toda la dispensación en curso es un día malo, lo que Gálatas 1.4 llama “el presente siglo malo”. Pero es cierto también que en su vida el creyente puede experimentar más de un día especialmente adverso.

***

Frecuentemente en las Escrituras un día no es un período de veinticuatro horas, sino una serie de eventos que tuvieron o tendrán lugar sobre un determinado lapso. El día en el 1.6, “el día de Jesucristo”, es el tiempo cuando se galardonará y bendecirá al hijo de Dios en el rapto de la Iglesia. Es un período de regocijo. El Señor ha dicho: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”, Apocalipsis 22.12.

El día de Cristo figura en versículos tales como:

él día la declarará, 1 Corintios 3.13

irreprensible en el día de nuestro Señor Jesucristo, 1 Corintios 1.8

gloria … para el día del Señor Jesús, 2 Corintios 1.14

sellados para el día de la redención, Efesios 4.30

guardar mi depósito para aquel día, 2 Timoteo 1.12

la corona … en aquel día, 2 Timoteo 4.8

Filipenses  1.19 Sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación,

Pablo no se refería a su salida de la cárcel al escribir que “esto resultará en mi salvación” como una consecuencia de las oraciones del pueblo del Señor en Filipos. Cuando entendemos sus palabras en este sentido, debilitamos el enlace con el pasaje y perdemos una verdad preciosa. La palabra sotería se traduce como “salvación” más abajo en el v. 28, donde la persecución es indicio de la salvación de los creyentes, y en 2.12, en el conocido trozo, “ocuparos en vuestra salvación”. El hecho de que en nuestro versículo aparezca aquí en el v. 19 como “salvación” en algunas versiones, en vez de “liberación”, sólo hace mayor la confusión. Se trata en los tres casos de una liberación espiritual. Dios estaba empleando las aflicciones del apóstol para su bien, y las de los filipenses para el bien espiritual de ellos: “en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios”, 1.28.

Es cierto que en los vv 20 al 24 Pablo no sabe qué va a suceder, pero en el v. 19 sabe que va a ser para bien: “mi liberación”. En el v. 20 no sabe si “por vida o por muerte” pero “con toda confianza” el desenlace de su encarcelamiento será positivo. Esto de “resultará para mi liberación” es una adaptación de Job 13.16: “El mismo será mi salvación”. Job no está pensando en lo doloroso de sus furúnculos, sino en el desenlace de sus pruebas a mano de Dios. Hay comparaciones llamativas entre estos dos hombres: (1) Ambos estaban en circunstancias aparentemente adversas, y ninguno sabía cómo iban a terminar. (2) Job dijo en el versículo anterior: “aunque él me matare, en él esperaré”, y Pablo dijo en el versículo siguiente: “conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado”. (3) Ambos recién estaban escribiendo de amigos falsos que querían añadir a sus aflicciones. Job llegó a una postura en que podía orar por sus “amigos” y Pablo se contentaba por la predicación del evangelio aun de parte de los envidiosos y contenciosos.

Cada uno de estos dos podía sucumbir físicamente pero no quería hacerlo espiritualmente. Job no quería ser encontrado hipócrita y Pablo no quería deshonrar al nombre del Señor: “a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos”, 3.10,11.

Filipenses  3.10,11      … a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.

Algunos creen que Pablo estaba afirmando su esperanza de una resurrección corporal en la venida del Señor, pero este no puede ser el sentido porque requeriría su muerte, y su esperanza no era el sepulcro. Pablo siempre escribía bajo el supuesto que el Señor vendría en su tiempo; por ejemplo 1 Tesalonicenses 4.15: “nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor”. Además, la resurrección del cuerpo nunca se proyecta como un logro, sea de creyente o de inconverso. Todos resucitaremos aparte de cualquier iniciativa propia; la resurrección será un acto de Dios. “Si en alguna manera llegase” insinúa cierta duda de que eso suceda. En el versículo siguiente dice “no que lo haya alcanzado ya”, haciéndonos ver que tenía en mente algo aparte de la resurrección literal del cuerpo.

Creemos que el apóstol tenía en mente una resurrección presente y práctica. Él se refiere a una vida de poder espiritual y de santidad, por encima de las cosas muertas en derredor, sean eclesiásticas, sociales, comerciales o políticas. Su deseo era vivir y andar en comunión con Dios. Colosenses 3.1,2 expresa lo mismo: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”.

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En Efesios 5.14 Pablo exhorta: “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo”. Estas palabras presentan al hijo de Dios como dormido espiritualmente en medio de los muertos espirituales, y la admonición es a despertar a una vida espiritual vigorosa y efectiva. Nuestro interés está en el cielo, de donde esperamos al Salvador, y Él puede sujetar todo a sí, Filipenses 3.21. Pablo quiere vivir por encima del mundo aun estando en el mundo, y luego ser quitado de un todo.

Filipenses  3.18,19      Por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.

No entendemos estas palabras como una descripción de un hijo de Dios sino de aquellos que profesan la cristiandad. Probablemente se trata de judaizantes que deseaban cambiar el orden enseñado y practicado por el apóstol. Los peores enemigos de la cruz no son aquellos que objetan a un Salvador crucificado, sino los que niegan que la obra de la cruz, y ella no más, puede justificar al pecador.

Una clase análoga figura en 2 Corintios 2.17 y 11.13. Ellos falsifican la Palabra de Dios, dice, y “son falsos apóstoles, obreros fraudulentos”. Profesan conocer a Dios pero le niegan en obras y palabras. Transitaban por una senda peligrosa que desemboca en la perdición. Es solemnemente posible que un creyente auténtico sea extraviado a tal extremo como para asemejarse a aquellos mencionados aquí.

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Estos opositores no son presentados como enemigos de Cristo mismo; eran enemigos de la cruz. La cruz con sus enseñanzas les era ofensiva. (“la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”, Gálatas 6.14). Es muy posible que un recaído vaya lejos, aun al extremo de parecer ser semejante al inconverso, por esquivar el oprobio de la cruz.

Quienesquiera que fueran, estas personas no eran creyentes en el Señor Jesucristo. El fin, la suerte eterna, de ellos será perdición, porque nunca conocieron la gracia de Dios en verdad. Si profesaban ser creyentes, sus obras dejaban ver que no lo eran. En cambio, el fin del creyente genuino es la vida eterna. “Ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna”, Romanos 6.22.

Filipenses  3.20 Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

Ocho entre diez traducciones / versiones en español que conocemos hablan de nuestra ciudadanía en los cielos, pero las más viejas hablan de nuestra morada, o habitación. La correspondiente palabra griega figura solamente aquí en el Testamento. La concordancia de G. V. Wigram la traduce como “comunidad” y “derecho de voto”. Escribió H. A. Ironside: “Entonces ciertamente nuestra ciudadanía y política están en el cielo”. La declaración no contradice Hechos 16.38: “los magistrados … tuvieron miedo al oír que eran romanos”; ni 22.26: “¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano”. Pablo mismo dijo que era “ciudadano de una ciudad nada insignificante”, pero escribió que nuestra ciudadanía está en los cielos.

En respuesta específica a la pregunta, aclaramos que Mateo 17.27 no viene al caso. (“hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti”) El Señor y sus discípulos hubieran causado una provocación innecesaria al rehusar cancelar la tasa, exponiéndose a la acusación de ser enemigos del templo y su adoración. En Tito 3.1 leemos: “Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra”. Pagar impuestos es nuestro deber como ciudadanos terrenales; no involucrarnos en la política es nuestro deber como ciudadanos celestiales.

Filipenses  3.21 Señor Jesucristo … transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya

Creemos que nuestro Señor se refiere a los que van a estar vivos en la tierra en el momento de su venida. Las Escrituras no contemplan que el creyente va a morir. Pablo escribió como si el Señor iba a venir en su día; por ejemplo, “nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados”. Estas palabras en el v..21 van dirigidas a los santos vivos cuyos “cuerpos de su humillación” hubieran sido cambiados al haber venido el Señor antes, pero aplican también a estos mismos creyentes una vez que sus cuerpos hayan yacido largo tiempo en el sepulcro. Los muertos, lo corrupto, se revestirán de incorrupción; los vivos, lo mortal, se revestirán de inmortalidad. Tanto los muertos como los vivos serán cambiados en un momento – 1 Corintios 15.50 al 53.

Véase también el comentario sobre Filipenses 3.10,11.

Filipenses  4.5    Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

Sin duda todos abarca a los salvos y los no salvos. En este caso posiblemente se refiere de una manera especial a la asamblea en Filipos por cuanto es evidente que había malestar en la congregación. Gentileza figura como “amabilidad”, “mansedumbre”, “lo mesurado” en diversas traducciones y se asigna a la palabra el sentido de condescendencia. Quiere decir que no debemos ponernos muy dignos, sino estar dispuestos a ceder al juicio de otros cuando se trata de criterios personales. Desde luego, si hay de por medio un “Escrito está”, debemos definir nuestra posición, especialmente si existe el peligro de errar en la doctrina.

El apóstol agrega: “El Señor está cerca”. Esto se entiende de dos maneras: Él está cerca para guardarnos; y, viene pronto. Prefiero el segundo sentido. Unos diez años antes Pablo había escrito a los tesalonicenses acerca de la pronta venida del Señor; el evento estaba siempre en su mente.

Colosenses  1.6   la palabra verdadera del evangelio, que … lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,

Conocer la gracia de Dios en verdad es tomarla como una experiencia propia, como una realidad en nuestro corazón. Es el conocimiento de una realidad divina y no meramente una teoría. Una cosa es contar con una comprensión ortodoxa e intelectual de la gracia de Dios, pero otra es que esa gran verdad ocupe el corazón y gobierne nuestra conducta día a día.

Este conocimiento le permite a uno decir: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven”, Job 42.5. Es el comienzo de una buena obra de parte de Dios. Es una repetición de la experiencia de Pablo: “Dios … me llamó por su gracia (para) revelar a su Hijo en mí”, Gálatas 1.15,16. Los santos en Colosas, pues, tenían un conocimiento personal y espiritual de lo que es la gracia de Dios.

Esto no termina con confesar a Cristo como Salvador; es progresivo. Hay aquel conocimiento inicial, pero “Él da mayor gracia”, Santiago 4.6. Pedro termina sus epístolas con exhortarnos a crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Y en Hebreos 13.9 el escritor declara que “buena cosa es afirmar el corazón con gracia”. Se nos exhorta a ser fuertes en la gracia que es en Cristo Jesús, 2 Timoteo 2.1. En fin, conocer la gracia de Dios en verdad es probar la realidad de la promesa: “Bástate mi gracia”.

Colosenses  1.15          El es la imagen del Dios invisible

En cuanto a la aparición del Ángel de Jehová en el Antiguo Testamento, es cierto que algunos estudiosos competentes está confiados de que se trata de manifestaciones de Aquel que algunos llaman la Segunda Persona de la Trinidad. Al efecto, creemos que en la mayoría de los casos así fue. En toda probabilidad fue el Hijo de Dios que se presentó a Gedeón en Jueces 6, a Manoa y su esposa en Jueces 13 y a Josué en Josué 5.

No se trata de una inferioridad del Hijo antes de su encarnación. ¿No aplica bien, en misiones importantes como estas, la declaración: “Enviaré a mi Hijo”?  Posteriormente el Padre envió al Hijo para ser el Salvador del mundo, 1 Juan 4.14. La obediencia no tiene que conllevar una inferioridad. Las relaciones dentro de la Trinidad son un asunto muy sagrado.

Colosenses  1.23          … si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído,

Debemos tomar en cuenta el contexto al ver esta mención de permanecer en la fe. En el v. 21 leemos; “ahora nos ha reconciliado”; en el 22: “para presentaros santos y sin mancha”; en el 23: “si en verdad permanecéis”. No se da a entender que la salvación depende de nuestra perseverancia; la seguridad del creyente depende solamente de la obra de Cristo. La palabra si en varios pasajes del Nuevo Testamento es una afirmación positiva en el sentido de “por cuanto” o “en vista de”. Un ejemplo lo tenemos en el 3.1: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo”. Claro está que habían resucitado con él. Este si no trata de duda su condición, sino de certeza. “Si … permanecéis”, entonces, no insinúa duda acerca de la condición de aquellos creyentes, sino expresa evidencia de fe y reconciliación con Dios. La idea es la de proseguir en esa fe. Quien no lo hace muestra que no es, ni ha sido, un cristiano de verdad.

Colosenses  2.14,15     Os dio vida … anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

Cristo fue clavado en cruz y el v. 14 nos informa que también clavó. Nuestro Salvador quitó de en medio y clavó a su cruz todo lo que estaba escrito en contra de nosotros, todo lo que tenía que ver como pecadores delante de Dios. Posiblemente la imaginería sea la de una costumbre romana cuando se consideraba el endeudamiento un crimen. El acreedor estaba en el derecho de tomar a uno como esclavo cuando el deudor no podía cumplir la obligación. Al ser grande la deuda, podía llevar a varios de su hogar. Sería un gran día cuando por fin el saldo fue cancelado. La cuenta sería clavada a la puerta para que todos supieran que la deuda había sido satisfecha. Esto es lo que nuestro Señor ha hecho por nosotros; todo lo que estaba registrado en nuestra contra fue, hablando en figura, clavado en la cruz.

El v. 15 habla de despojar a principados, o quitarse de sí a éstos. Sugiero que el sentido sea que el Señor Jesús, por su obra en cruz, les quitó su fuerza, les dejó completamente desarmados. Al resucitar de los muertos hizo saber públicamente que ellos con él no podían. Se trata de ángeles caídos y demonios, encabezados por Satanás, quienes se oponían al Señor y a todos sus intereses. El Hijo de Dios fue manifestado para destruir las obras del diablo, 1 Juan 3.8, Hebreos 2.14. En Colosenses 2 se destruye el sistema y en Hebreos 2 se destruye a la cabeza del sistema.

La Reina-Valera y otras traducciones dan a entender que Cristo triunfó sobre ellos en la cruz. Pero la Biblia de las Américas, por ejemplo, reza al final del v.15: “triunfando sobre ellos por medio de Él”, a saber, Dios. Así figura en el texto de la Autorizada en inglés y así lo entiendo.

1 Tesalonicenses  4.14          Si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

“Traerá Dios con Jesús” se refiere al día cuando nuestro Señor volverá a esta tierra en gloria. El apóstol explica a los santos en Tesalónica que aquellos de su número que habían muerto no van a sufrir pérdida por no estar vivos cuando Él venga antes de eso. Aparentemente esta posibilidad preocupaba a aquellos que esperaban su venida al aire. El Señor descenderá del cielo con exclamación, los muertos serán resucitados y los vivos recogidos, y ambos estarán con el Señor. Entonces, al volver para reinar, traerá a los suyos consigo. El sentido se hace más claro al encerrar en paréntesis el pasaje 4.15 al 18 y leer el 4.14 entre los capítulos 4 y 5.

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No creo que los santos del Antiguo Testamento se incluyan entre “los que durmieron” en Jesús. Ellos mueren en fe, como bien sabemos por Hebreos 11.13, pero nunca leemos que están “en Cristo”, ni que durmieron en él. Sin embargo, son de Cristo y resucitarán a la misma vez que los del Nuevo Testamento que han muerto en él. 1 Corintios 15.23 declara que el orden será: “Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida”. Aquellos que son de Cristo – los del Antiguo Testamento – y los que están en Cristo – los del Nuevo Testamento – serán resucitados juntamente en su venida.

Es que durmieron mediante Jesús (como lo expresa la Versión Interlineal Griego-Español) (Biblia Textual: en unión con él). La mayoría de las traducciones que hemos leído asocian en Jesús con “durmieron” (como la Reina-Valera), pero algunas aplican la frase a “traerá”. (Ejemplo, Besson: Dios traerá por Jesús y con él a los que durmieron). En ninguna parte se lee del creyente como “en Jesús”; él está en Cristo. La muerte del hijo de Dios es presentada como un sueño; desde luego, es el cuerpo que duerme y no el alma. No favorecemos las traducciones en el sentido de “los que durmieron en Jesús”. La idea es más bien que el cuerpo dormido se despertará en la venida de Cristo, de Jesús.

Véase también el comentario sobre Daniel 12.2.

1 Tesalonicenses  4.16,17    El Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

arrebatados juntamente con ellos en las nubes  El apóstol  declara que los vv 13 al 18 son un mensaje directo del Señor con el fin específico de consolar a los creyentes en Tesalónica. Los vv 15 al 17 dan una descripción vívida, aunque breve, del arrebatamiento de los santos al final de la dispensación en curso. En 1 Corintios 15.51 dice que es un misterio, algo no revelado previamente. Se nota que el encuentro con el Señor será en el aire, refiriéndose a su venida antes del tiempo de tribulación en la tierra. Él descenderá con un grito de mando que despertará a vida inmortal a los cuerpos de aquellos que durmieron en Cristo, y simultáneamente nosotros los vivos seremos recogidos con ellos en las nubes.

No hay nada en estos versículos (vv 15 al 18) que concuerde con la venida del Señor a la tierra, un evento que tendrá lugar después del período de la tribulación. En esa ocasión Él saldrá del cielo montado sobre un caballo blanco, seguido de los ejércitos celestiales, sin grito pero con una gran espada que sale de su boca, Apocalipsis 19.11 al 16. No vendrá por sus santos de esos tiempos, sino los traerá consigo.

Los muertos en Cristo, creemos, incluirán a todos los que han renacido desde el Pentecostés en adelante, hasta esa venida del Señor por la Iglesia que es su cuerpo. Cada uno en su debido orden: Cristo, y luego los que son de Cristo. Los santos del Antiguo Testamento son de Cristo en virtud de su muerte expiatoria en la cruz, y por ende serán resucitados a la misma vez que los que están en Cristo. Ellos desean una patria mejor, una celestial; Hebreos 11.13 al 16.

Véase también el comentario sobre Daniel 12.2.

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con voz de arcángel   No se nombra el arcángel aquí, pero difícilmente puede haber más de uno por cuanto arzo quiere decir el primero o el más destacado. Apocalipsis 12.7 habla de “Miguel y sus ángeles”. Sus actividades tienen que ver mayormente con Satanás; véanse Apocalipsis 12,7, Judas 9 y Daniel 10.13,21. Él invocó el nombre del Señor al oponerse a Satanás, dejando entrever que no es el Señor. Los hijos de Dios que alaban en Job 38.7 como estrellas del alba incluirán a Miguel y a Gabriel.

2 Tesalonicenses  1.6  Es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan,

Las Escrituras enfatizan que Dios es enteramente justo. Conviene leer en conjunto los vv 5 al 10 de este capítulo. El v. 6 e refiere a aquellos que van a estar sobre la tierra cuando el Señor venga en gloria y poder (no su venida al aire), una ocasión de recompensa. Los santos de nuestros tiempos habrán sido llevados a la gloria, y será manifiesto a todos que ellos reposan, v. 7. Los perturbadores no podrán afligirles más, sino serán recompensados por sus hechos perversos; los perturbadores serán perturbados y los perturbados estarán en paz.

Escribe William Kelly: “Él se vengará de sus enemigos y recompensará a los que le odian. ¿Cuál será entonces su actitud hacia los perseguidores de sus hijos y de aquellos entre ellos que han sufrido? A los tales administrará tribulación, pero a los suyos que sufrieron tribulación les dará descanso, junto con Pablo y sus compañeros en servicio amoroso en bien de aquellos”.

2 Tesalonicenses  1.10          … cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros).

Este versículo no presenta dificultades al ser leído en su contexto, aunque sí al ser tratado en algunos comentarios y traducciones. Por ejemplo, se ha explicado que el Señor va a ser glorificado por aquellos que creerán en él en el futuro. Y: que en aquel día Él glorificará a los que ya han creído. También se ha enseñado que debemos leer el versículo sin paréntesis, queriendo decir que los tesalonicenses creían el testimonio de Pablo y Silas acerca de “aquel día”.

Lo que la declaración sí enseña es que, cuando nuestro Señor vuelva a la tierra, será glorificado en sus santos y se hará admirar en todos los que hayan creído. Esto tendrá lugar en “aquel día”, una ocasión futura aún, inclusive para nosotros. Un espejo refleja el brillo del sol; los alumnos en la ceremonia de graduación atribuyen mérito al maestro; los santos reflejan la gloria del Señor; es obra suya, maravillosa a nuestro entender.

Pero no tenemos que esperar hasta ese entonces para que Él sea glorificado en nosotros: “… para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él”, 1.12. Esto debe ser nuestra meta. Sin duda será glorificado en el futuro, pero esto no redundará en mérito para nosotros; queremos estar glorificándole aquí y ahora. El apóstol lo expresa en otro lugar como: “vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo … no sois vuestros. Habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”, 1 Corintios 6.19.

2 Tesalonicenses  2.3 El día del Señor … no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición,

La apostasía aquí es la de 1 Timoteo 4.1: “El Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”. Será una característica de los tiempos inmediatamente antes de la revelación del hombre de pecado; muchos rechazarán la fe, o se alejarán de la doctrina de los apóstoles. La vemos comenzando.

2 Tesalonicenses  3.6 Os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros.

Este versículo no autoriza que uno se desasocie de la asamblea, sino establece sencillamente que no debemos asociarnos con una persona desordenada, como en el v. 14: “Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence”.

Retirarse de su asamblea es lo último que uno debe hacer, aun si la condición de ella no es la que se desea. Un paso como este admite justificación solamente cuando los que son responsables por la congregación hayan puesto a un lado el cuidado de la misma y aprueben prácticas viles o doctrina errónea.

1 Timoteo  2.1     Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias

La ley de la primera mención nos ayuda. La primera mención de las rogativas está en 1 Samuel 13.12: “Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado [rogado] el favor de Jehová”. La primera mención de la oración (pero no la primera oración) está en Génesis 20.7: “Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás”. La primera mención de las peticiones la encontramos en Isaías 53.12: “Derramó su vida hasta la muerte … habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”.

En las rogativas hay la idea de pedir a Dios que impida las calamidades. En la oración  solicitamos algo de Dios y en la intercesión le pedimos a él en bien de otros. La súplica (rogativa) expresa una necesidad urgente. Oración es un término más amplio; es hacer saber que lo deseamos. La intercesión (petición) conlleva la idea de apelar a un superior. Las acciones de gracias complementan las tres.

1 Timoteo  2.15 La mujer … se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia.

No hay nada en el versículo para sugerir que la mujer salva su alma al criar un hijo; todos sabemos que esa salvación del pecado es sólo por fe en el Señor Jesucristo. Hay traducciones de reconocido prestigio que expresan la idea de “salvada por la maternidad” o “en el parto”, pero es difícil comprenderlas cuando conocemos a esposos que sí permanecieron “en fe, amor y santificación” pero la madre falleció al dar a luz. Otra interpretación es la de una referencia al nacimiento del Salvador: que la mujer fue salvada por esa maternidad.

Coneybeare y Howson insisten en que el griego no soporta la idea de “en maternidad”. El sentido, dicen, es que las mujeres evitan peligros al no asumir el papel que corresponde al varón, sino en realizar las funciones propias que Dios ha asignado a su sexo.

Sugerimos que el pensamiento sea el de atender a la crianza de los hijos. Las mujeres jóvenes serán guardadas de la ociosidad y el chismeo; su matrimonio traerá gloria a Dios y su dedicación resultará en que los hijos sean criados en la disciplina y amonestación del Señor. El contexto apoya esta interpretación. Aun habiendo fracasado, y el varón habiendo caído del lugar del favor de Dios, las mujeres espirituales serán salvadas del reproche de Eva al criar a sus hijos para Dios. La Peshita (versión siríaca) soporta este criterio: “Ella vivirá (se salvará) por medio de sus hijos, si ellos continúan en …”

1 Timoteo  3.2     Es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer,

La expresión “marido de una sola mujer” no señala que el obispo (anciano) debe ser hombre casado, sino que no debe tener más de una esposa viva. Se enfatiza una en el texto original, no mujer. Aparentemente la poligamia abundaba entre los gentiles, y bien han podido los convertidos contar con más de una esposa. Los tales no estaban calificados para ejercer la supervisión. Si el apóstol hubiera deseado comunicar la idea que un soltero no puede ser anciano, hubiera empleado “unido en matrimonio”, como en 1 Corintios 7.10. Si intentamos probar del 3.2 que un hombre no puede ser un anciano al no tener esposa, entonces a la luz del v. 4 tendremos que decir que tampoco lo puede si no tiene hijos.

Esta pregunta surge vez tras vez y no entendemos por qué. Lo cierto del caso es que el matrimonio no es contrario a la Palabra de Dios.

1 Timoteo  3.15 Esto te escribo … para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios

En este caso la casa de Dios se refiere sin duda a la iglesia de Dios en una localidad específica, a saber, la asamblea en Éfeso donde Timoteo estaba residenciado. No hay tal cosa como una conducta en la Iglesia universal, el Cuerpo de Cristo, pero sí hay una buena y una mala manera de vivir en una iglesia local. Pedro escribe que es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios, aludiendo a personas que están sujetas al juicio divino, no en la casa en su totalidad sino en la asamblea local. Dios juzga la conducta que desaprueba. Aquellos que están en la esfera descrita como la casa de Dios están donde el juicio suyo está activado: “… Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza”, Hebreos 3.6. La casa de Dios en esta cita se refiere a la esfera de profesión cristiana y aplica a todos los creyentes en el Señor Jesucristo.

1 Timoteo  4.14 No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.

El presbiterio significa a los ancianos en conjunto. (Se traduce los ancianos en Lucas 22.66 y Hechos 22.5). Este versículo reconoce que Timoteo había recibido cierto don (por obra del Espíritu Santo), y los ancianos le impusieron las manos en alguna ocasión para significar que ellos lo reconocían también.

Por profecía posiblemente sea una referencia a pronunciamientos de parte de Pablo u otros; “conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti”, 1.18. Sea como fuere, era claro que el Espíritu había señalado la idoneidad de Timoteo para una obra determinada, y los ancianos hicieron saber su aprobación mediante la imposición de manos.

1 Timoteo  4.16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

Salvarás aquí es el mismo verbo que se emplea en otras partes al hablar de la salvación del alma; por ejemplo, Mateo 1:21: “salvará a su pueblo de sus pecados”. Sin embargo, en el 4.16 uno mismo se salva. El escritor le dice a Timoteo que al cuidarse a sí y a sus enseñanzas, y al proseguir bajo esta cautela, él será preservado de males y errores, algunos de los cuales se mencionan más arriba en la Epístola. Pablo deseaba que no hubiera nada en la vida de Timoteo, ni en la de sus oyentes, que no estuviera conforme con su elevado llamamiento.

1 Timoteo  5.8     Si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.

Los suyos se refiere a los parientes de uno, y los de su casa a los familiares viviendo con el cristiano. El contexto trata de las viudas, pero la ayuda aquí se extiende más allá de viudas. Se nos instruye que el hombre que está en condiciones de proveer para los miembros de su hogar, pero no lo hace, es peor que un infiel. Él no contradice su propia fe, sino “la fe una vez dada a los santos”, Judas 3; o sea, la doctrina de los apóstoles profesada por la Iglesia. Las acciones de esta persona niegan lo que profesa creer.

1 Timoteo  5.14,  Tito  2.4,5 Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia.  Las ancianas … enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa,

Estos versículos definen lo que debería ser una condición normal en el hogar cristiano. Es un camino más excelente que aquel que se encuentra frecuentemente. Cuando una mujer casada acepta empleo fuera del hogar, dejando sus pequeños al cuidado de otros, ella no les proporciona todo el cuidado maternal que podría dar y a la vez pone a riesgo el nivel de su propia espiritualidad. Por supuesto, si su objetivo es superarse socialmente o ganar más de lo que realmente necesita, puede ser tropiezo a otros.

Las instrucciones a Timoteo se refieren en primer lugar a las viudas jóvenes pero las dadas a Tito instan a las mayores a instruir ocho preceptos a las jóvenes en general y entre ellos está “cuidadosa de su casa”. La exhortación no está condicionada a que tenga hijos a no.

Sin embargo, expresamos una opinión. Pueden existir atenuantes. Posiblemente la esposa no tenga hijos en el hogar; posiblemente tenga una preparación que puede aplicar de una manera que honra al Señor. O, quizás no cuente con un esposo que puede proveer adecuadamente para el hogar. O quizás hay endeudamiento que debe ser cancelado para no deshonrar la Palabra de Dios.

1 Timoteo  5.17 Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.

La palabra traducida honor tiene dos aceptaciones: la de respetar o estimar, y la de un precio. La manera en que está usada aquí se encuentra en cláusulas como “dando honra a la mujer”, “en cuanto a honra, prefiriéndonos” y “al que honra, honra”. En ninguna parte de la doctrina de los apóstoles encontramos la idea de un estipendio por servicios espirituales prestados a una iglesia local. El doble honor sugiere un grado de estima que le corresponde al hermano por su edad y por la manera en que desempeña la obra de anciano.

Por otro lado, citamos a W. E. Vine: La palabra vertida honra significa algo más que respeto. A lo mejor Pablo tenía en mente su otro sentido, el de sostén financiero, como se comunica en nuestro término honorario, porque basa su exhortación en un precepto de la ley: “No pondrás bozal al buey que trilla”.

1 Timoteo  5.23 Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.

No esperamos encontrar en la palabra de Dios un texto para todo lo que no debemos hacer ni para todo que queremos hacer. La Biblia es un libro de principios y en ella aprendemos lo que agrada a Dios y lo que es contrario a su santa voluntad. No es sabio afirmar que una costumbre es permisible porque no hay una prohibición específica de ella. Por ejemplo, ningún versículo dice que no podemos bautizar por rociamiento, pero no por ello es correcta la práctica.

Estamos sobre buen terreno al decir que Timoteo no contaba con un versículo que le decía que no debía beber vino. El caso es que Pablo le animó a usar un poco en aras de su salud, y algunos toman esto como autorización para una libertad que Pablo no tenía en mente. Timoteo estaba tomando agua solamente para no exponerse a crítica, pero Pablo le hace ver que un poco de vino no sería incoherente con su posición en la iglesia. Sus palabras siguen de inmediato a la exhortación: “Consérvate puro”.

El trago social no está contemplado aquí. Bajo la ley se les prohibían a los sacerdotes tomar vino, y creemos que el mismo principio impera aún.

1 Timoteo  5.24,25       Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después.

Será de ayuda vincular este versículo con el v. 22, ya que el v. 23 (“No bebas agua …”) es un paréntesis. La instrucción a Timoteo es: “No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro. Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después”. La imposición de manos tiene que ver con los ancianos y el ministerio; véase el 4.14 acerca del don y Hechos 13.3. Timoteo no debía escoger a otros precipitadamente; su conciencia tierna estaría herida al darse cuenta de haber errado en un asunto tan importante.

No es difícil darse cuenta de que algunos hombres no son idóneos para ministrar; sus faltas están a la vista y son suficientes para que nadie les impusiera las manos. Pero hay otros cuyos pecados no son tan evidentes, como Ananías y Safira. Cometen sus pecados en secreto y éstos no salen a la luz de una vez.

Me gusta la traducción de Moffat para el v. 25: “Las buenas obras son igualmente conspicuas, y cuando no, no pueden escapar de ser vistas”.

1 Timoteo  6.16  … el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver

a quien ninguno de los hombres ha visto   Véase el comentario sobre Éxodo 24.10.

el único que tiene inmortalidad   Algunos dicen que estas palabras se refieren al Señor Jesucristo y otros que se refieren al Padre. Al responder a una pregunta similar años atrás, dijimos que posiblemente se refieran a ambos, por cuanto el Hijo es la imagen misma de la sustancia del Padre, Hebreos 1.3. Sin embargo, nos inclinamos a creer que la referencia sea al Señor Jesucristo, por las razones siguientes.

(1) La mortalidad y la inmortalidad tienen que ver con el cuerpo solamente: “vivificará vuestros cuerpos mortales”, Romanos 8.11; “esto mortal se haya visito de inmortalidad”, 1 Corintios 15.54. Por tanto, la referencia debe ser a Cristo quien tenía cuerpo; Dios, en cambio, es Espíritu. El cuerpo de nuestro Señor es inmortal en cuanto no estaba sujeto a la muerte; Él puso su vida, la cual no vio corrupción. Cuando venga por nosotros, nos vestiremos de inmortalidad.

(2)  El quien en nuestro versículo se refiere al Rey de Reyes y Señor de Señores en el 6.15. Es el título del Señor Jesús en Apocalipsis 17.14.

Citamos a William Kelly: “Aun el Señor Jesucristo mismo es presentado aquí de la misma manera que Jesucristo el Justo, reconocido y desplegado por Dios en la gloria de aquel gran día. El Espíritu habla de su gloria invisible e inaccesible; nuestro Señor Jesucristo es aquel cuya manifestación desplegará la gloria del universo en sus propias sazones. Es esta manifestación la que da lugar a la llamativa doxología que cierra la sección, donde se presenta a Dios en sí como aquel que tiene inmortalidad y mora en luz inaccesible. Pero será en la manifestación de nuestro Señor que Dios desplegará sus diversas glorias, el que sólo tiene inmortalidad, en y por él que murió y resucitó y vive de nuevo para siempre jamás, Rey de aquellos que reinan y Señor de aquellos que gobiernan, en el reino de nuestro Señor Jesucristo”.

2 Timoteo  1.18 Concédale el Señor [a Onesíforo] que halle misericordia cerca del Señor en aquel día.

En toda probabilidad el día aquí es aquel del v. 12: “estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”. Es el día de Cristo cuando todos nos presentaremos ante el tribunal de Cristo. Ahora, en cuanto al hallar misericordia acerca del Señor en aquel día, observamos que al comienzo de su carta Pablo le desea a Timoteo “misericordia y paz” de parte del Padre y de Jesucristo. La necesitamos a lo largo de toda la peregrinación. Judas 21 reza: “Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna”. Tenemos misericordia ahora y ella marcará la consumación de aquel gran día. Es decir, el tribunal de Cristo manifestará misericordia además de juicio. Todo nos es concedido con base en la misericordia; por ella recibimos la vida eterna y en ella tendremos el privilegio de estar presentes en aquel día. La misericordia a sernos extendida no será por oraciones a nuestro favor, pero con todo Pablo no quiere que Onesíforo pierda lo que haya granjeado. “Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo”, 2 Juan 8.

2 Timoteo  2.20 En una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles.

Hay hermanos en la fe que enseñan que la casa grande es la cristiandad, y otros la aplican a la casa de Dios mencionada en 1 Timoteo 3.15 donde Pablo habla de la conducta en la iglesia local. No creemos que sea correcta ninguna de estas interpretaciones.

La figura sirve de ilustración de la enseñanza del capítulo a partir del v. 15. La ilustración es cualquier casa grande donde uno esperaría encontrar diversos recipientes. Una casa grande contiene todos los tipos mencionados, pero no necesariamente así una pequeña.

Hay que arrancar la ilustración de su trasfondo para decir que se está construyendo la casa sobre el fundamento del v. 19. A Pablo no le interesa la casa aquí, sino su contenido; la aplicación se encuentra en los vasos de oro, plata, madera y barro.

Romanos 9.23 nos hace saber que todo hijo de Dios es un vaso de misericordia – “las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria” – y por ende un vaso para honra. Sin embargo, no todo cristiano es santificado y útil al Señor, v. 21. El mayordomo en una casa grande pondrá a un lado un vaso de oro o plata que esté sucio, valiéndose de uno menos lujoso pero limpio y útil para su propósito. La lección es que Dios emplea vasos limpios en su servicio, sin consideración del prestigio que ostentan.

2 Timoteo  4.5     Cumple tu ministerio.

El apóstol había realizado su obra, peleado la batalla y guardado la fe. Con su partida, terminaría la mayor parte del ministerio apostólico. En el v. 3 le dice a Timoteo que iban a venir tiempos cuando la gente no prestaría atención a la sana doctrina, sino buscarían maestros de su agrado. A la luz de esto exhorta a Timoteo a cumplir su ministerio. En la ausencia de ministerio apostólico Timoteo debía proseguir en lo que había aprendido y de lo cual estaba convencido. Cumplir su ministerio sería predicar la Palabra en sazón, redargüir, reprender y exhortar. En otras palabras, debía dedicarse de lleno a su obra por el Señor, no haciendo nada a medias.

Tito  1.10,11, 3.10       Hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores … a los cuales es preciso tapar la boca;
Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo,

Tenemos aquí en el 1.10 el caso de hombres que se entregan a palabras inútiles y dañinas. A los tales se debe prohibir que intervengan en la iglesia, una vez considerado su caso debidamente en el temor de Dios. Esta disciplina corresponde a los ancianos, quienes tienen la responsabilidad de redargüir y reprender en nombre de la asamblea. Es una iniciativa de parte de la iglesia y debe ser administrada en una reunión de la misma.

La situación es parecida a la del 3.10: el hombre que causa divisiones. Este hombre tiene su caballito de palo y con él aflige al pueblo del Señor. Cree tener la razón a como dé lugar, y debe ser reprendido con miras a que se corrija. Si dos amonestaciones no lo logran, debe ser rechazado. Esto no quiere decir puesto fuera de comunión, sino estar en silencio. Puede haber otras razones también para realizar esta disciplina, como la de una conducta inaceptable pero que no amerita la excomunicación. Creemos que en todo caso se debe notificar al ofensor antes de presentar el caso a la congregación.

Tito  2.13   … aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,

No tenemos conocimiento de algún pasaje que afirma específicamente que la venida del Señor se realizará en dos etapas, pero al comparar un pasaje con otros y ver cada uno en su contexto, queda claro que vendrá primeramente por su pueblo y posteriormente con ellos. Una venida es el preludio de la otra, y el 2.13 las pone lado a lado como la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa.

La esperanza bienaventurada es la venida del Señor por sus santos que se describe en 1 Tesalonicenses 4.16,17. Él mismo descenderá del cielo con un grito, con voz de arcángel y con trompeta de Dios. La manifestación gloriosa, o la manifestación en gloria, de nuestro Dios y Salvador será posterior a su venida a la tierra con su pueblo. Habrá un intervalo importante entre los dos acontecimientos.

La venida del Señor por sus santos se realizará en privado; con ellos, en público. El Antiguo Testamento no menciona la primera pero abunda sobre la segunda. En su última noche con los suyos en el aposento alto el Señor les contó a sus discípulos en lenguaje sencillo que iba a la casa de su Padre pero volvería para recibirles a sí, Juan 14.1 al 3. Sin embargo, antes de abandonar aquel aposento, les describió su posterior regreso a la tierra: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”, Mateo 24.30. Quizás una razón por qué algunos no han visto esta distinción sea que se emplea para ambos aspectos de la venida una misma palabra parousía, que quiere decir una venida o, mejor, una presencia.

Se usa el término en el contexto de su venida por nosotros en 1 Corintios 15.23, 1 Tesalonicenses 2.19, 4.15, 5.23: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. / Nuestra esperanza … lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida. / … que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. / Sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Se usa el término en el contexto de su venida con nosotros en Mateo 24.3,37, 2 Tesalonicenses 2.1,8, 2 Pedro 3.4: ¿Qué señal habrá de tu venida? / Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.  / Con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo …  / el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida;  / ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?

Hebreos

identificación del autor  Véase comentario sobre 2 Pedro 3.15

Hebreos  2.3       ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?

Dios demanda que le den cuenta aquellos que han sido salvos de la pena del pecado, que están siendo salvos de su poder y que van a ser salvos de su presencia. La palabra traducida aquí como descuidamos figura en Mateo 22.5 como “sin hacer caso” y en Hebreos 8.9 como “desentendí”. La encontramos de nuevo en 2 Pedro 1.12 como “no dejaré”. Si no tomamos en serio esta salvación, no escaparemos pérdida en el tribunal de Cristo.

Ejemplos de la salvación de nuestras almas, o de la pena del pecado, son Romanos 1.16, “es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”; Lucas 19.9, “Hoy ha venido la salvación a esta casa”; Efesios 2.8, “por gracia sois salvos por medio de la fe”; Hechos 28.28, “Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios”. La gracia la da y la fe la recibe.

Ejemplos de la salvación diaria, del poder del pecado, son Hebreos 7.25, “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios”; Romanos 5.10, “estando reconciliados, seremos salvos por su vida”. Al escribir a los filipenses el apóstol dijo que las circunstancias del momento conducirían a su salvación (“liberación”), y más adelante dijo: “en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios”, 1.19,28.

Hay también una salvación futura de la presencia del pecado, y por regla general el contexto deja en claro cuándo se trata de ella. Romanos 13.11, “ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos”; 1 Tesalonicenses 5.9, “no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Hebreos  2.9       Vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles … para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.

Aparentemente todas las traducciones al español rezan al final “la muerte por todos”, o “por todos los hombres”, pero algunas traducciones antiguas (al inglés, por lo menos) rezan “por todo”, o “por todas las cosas”, y Darby vierte el texto así. El texto del Salmo 8 es: “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” “Por todos los hombres” concuerda con 1 Juan 2.2: “Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”. Todos pueden acudir a Cristo para la salvación, y Él está llevando muchos hijos a la gloria.

Sin embargo, hay razones de peso a favor de “gustase la muerte por todas las cosas”, o todo propósito. A la postre, y aun ahora, los resultados de la cruz se extienden más allá de la humanidad. En Juan 12.32 Cristo dijo: “Yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”, y de nuevo a veces encontramos todo en vez de todos. En Colosenses 1.20 leemos: “… y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”. Es evidente que la muerte de nuestro Señor trajo bendición no sólo al alcance de todo hombre, sino a toda la creación. Todo en cielo y tierra va a beneficiarse de la muerte de Cristo en cruz; aquella muerte forma el fundamento de las bendiciones milenarias y eternas.

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No vamos a entender mal el sentido de “gustase la muerte”, o “probara la muerte”. No es que lo haya tanteado no más. En la cruz nuestro Señor experimentó la muerte en todo su amargor, cuando cayó sobre él la maldición del pecado en toda su plenitud. Su muerte fue la pena entera y el fruto entero del pecado. Tampoco debemos pensar que fue por el bien de la humanidad no más; leemos en Hebreos 9.22,23: “Casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos”.

Hebreos  2.17     Debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.

De entrada, vamos a descartar, para los fines de la doctrina del Nuevo Testamento, esa palabra expiar, para valernos de, por ejemplo, la Versión Moderna: “para hacer propiciación por los pecados del pueblo”. (La expiación corresponde al Antiguo Testamento). Un texto claro es 1 Juan 2.2: “Él es la propiciación por nuestros pecados …”

En la tipología del caso, se efectuó la propiciación al derramar sangre ante el altar de bronce en el atrio del tabernáculo. Una vez al año se esparció sangre sobre el propiciatorio en el Lugar Santísimo en señal de su eficacia continua y como base para acceso a la presencia de Dios. Debemos observar que Juan habla en tiempo presente: Él es, no “Él fue”. Nuestro Sumo Sacerdote a la derecha de Dios nos representa continuamente en virtud de su sangre derramada en el Calvario.

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Algunos cristianos creen que la declaración se refiere al ministerio presente del Señor Jesucristo. El tiempo presente del verbo nos lleva a esta interpretación, pero en realidad se trata de un solo y eterno hecho. La muerte de Cristo fue necesaria para realizar esta propiciación, cosa que hizo una vez por todas.

Esto no contradice el hecho de que el sacerdocio de Cristo no se hizo funcional hasta que Él entró en el cielo y se sentó a la diestra de Dios. Otro ha escrito: “El sumo sacerdote había realizado su sacrificio antes de entrar velo adentro para esparcir la sangre, pero en realidad fue ese esparcimiento la que realizó la expiación. Es por la aplicación de la sangre expiatoria de Cristo al corazón de cada pecador en particular que se efectúa la reconciliación con Dios”.

En el día de la expiación en Israel se presentaban dos chivos ante Jehová. Uno era para él y el otro, que se llevaba lejos, para el pueblo. Estos hechos son tipos de dos partes de la obra del Señor Jesucristo, que son: satisfacer por medio de la sangre las demandas de Dios, y llevar los pecados de los culpables. Si se ven por separado, la propiciación corresponde a la obra bendita realizada velo adentro ante el ojo de Dios, y la carga de los pecados corresponde al hecho de conducir al otro chivo bien lejos. La propiciación es para Dios, aunque nos afecta a nosotros. Ahora Cristo es el propiciatorio, como se ve por nuestro versículo en Hebreos.

Romanos 3.25 y 1 Juan 2.2 enseñan la misma verdad: “… a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”.  “El es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”. La misma palabra está en Lucas 18.13: “Dios, sé propicio a mí, pecador”, y en Hebreos 9.5: “… sobre ella [el arca] los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio”.

La reconciliación se refiere al efecto que tiene para nosotros la obra de Cristo; somos reconciliados. La propiciación se refiere a lo que Dios recibe por esa obra; Él está propiciado. Nuestro versículo en la Epístola de Juan dice que fue el amor de Dios para el hombre que impulsó la propiciación. El pecado nos separaba de él, pero Dios presentó a su Hijo para permitir que tuviera misericordia.

Pero hay más. No es sólo que Dios haya tenido misericordia, sino que nosotros estamos justificados. El publicano clamó: “Ten misericordia”, y el Señor explicó que se marchó justificado. Esta es la enseñanza de Romanos 3.25, citado ya.

Véase también el comentario sobre Efesios 4.11.

Hebreos  3.1       Considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;

Un apóstol nos habla de parte de Dios, mientras que un sacerdote habla a Dios de parte de nosotros. Un apóstol procede de Dios, mientras que un sacerdote del pueblo a Dios. Moisés y Aarón son ejemplos de apóstol y sacerdote, respectivamente, mientras que el Señor Jesús es apóstol y sumo sacerdote a la vez.

Hebreos 3.6        Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros

Véase el comentario sobre 1 Timoteo 3.15.

Hebreos  6.1       … dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento …

El sentido es de dejar estos “principios elementales” de la manera que un constructor deja el fundamento del edificio para proceder a levantar la estructura en sí. La doctrina tocante al Señor Jesucristo está en el fundamento de toda la enseñanza novotestamentaria. Estas palabras en el 6.1 son parte de un paréntesis que comienza en el 5.11 y continúa a lo largo del capítulo 6. El escritor amonesta ligeramente a los cristianos hebreos porque eran tardos para oir, como él lo expresa en el 5.11. Cuando ya han debido ser maestros en estas materias, eran alumnos todavía. Él quiere que esta reprensión tenga el efecto de que dejaran los ABC de la fe, lo que es como la leche para un niño, para alcanzar un estado de madurez, vv 13.14.

Hebreos  6.4,6    Es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial … [ser] otra vez renovados para arrepentimiento,

Esta declaración se refiere a ciertos hebreos que no eran salvos pero decían ser. La Epístola tiene su propia línea de doctrina y para entender estas palabras es necesario leerlas desde una perspectiva judía. Los vv 4 al 6 tratan de judíos que profesaban ser creyentes en Cristo pero se echaron para atrás al llegar a la puerta de la salvación. Habían sido alumbrados y saborearon el don celestial, pero no lo aceptaron. Eran como los oyentes de los pedregales en Lucas 8.13. Fueron hechos partícipes del Espíritu (algunos dirían “compañeros”) pero se alejaron. Ni una palabra se dice de fe de parte de ellos. El templo estaba funcionando cuando se redactó esta epístola, y para esa gente la recaída consistía en volver al altar y sus sacrificios, lo que se tilda aquí como crucificar de nuevo al Hijo de Dios. En 10.26 es pecar voluntariamente y en 10.29 es pisotear la sangre.

Al haber caído de este alumbramiento de la manera como hicieron aquellos hebreos, sería imposible llevarles a Cristo y la salvación, porque al recurrir a las ofrendas levíticas ellos negaban la eficacia de la sangre de Cristo. En ese sentido, ya no quedaba más sacrificio por los pecados, v. 26. En el 6.6 la palabra griega para recayeron es más enfática que la que Jesús usó en Mateo 7.27, “cayó, y grande fue su ruina”. Significa aquí un abandono absoluto de cristianismo.

El v. 9 habla de otra clase: “en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación”. Vosotros y amados hacen ver que éstos eran auténticos creyentes en Cristo, y por esto era de esperar que manifestasen lo que corresponde a la salvación.

Hebreos  9.3       Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo

El Lugar Santísimo era un cubo perfecto, enseñándonos que el proceder de Dios es siempre parejo. “Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud”, Salmo 98.9. Veamos cómo sabemos que era un cubo. Al comparar una escritura con otra podemos discernir varios detalles que no están dichos textualmente.

La altura del tabernáculo era de diez codos por ser esta la medida de las tablas de las paredes, Éxodo 26.16.

Las cortinas de lino eran de veintiocho codos y las de pelo de cabra treinta codos, y en cuanto a éstas leemos: “un codo de un lado, y otro codo del otro lado, que sobra a lo largo de las cortinas de la tienda, colgará sobre los lados del tabernáculo a un lado y al otro, para cubrirlo”, 26.13. Si restamos diez codos para cada pared, llegamos a la conclusión que el ancho de la estructura era de diez codos. La altura era, entonces, diez codos y la anchura diez.

La tercera medida la conocemos por Éxodo 26.33: “pondrás el velo debajo de los corchetes” – a saber, de las cortinas que formaban el techo, cada una de veinte codos. Se ve que el velo estaba suspendido a veinte codos de la puerta de entrada a la tienda, a saber el largo del Lugar Santo. Ahora, la estructura total era de treinta codos (veinte tablas de pared de codo y medio cada una) y por ende la longitud de cada una de las tres paredes del Santísimo era de diez codos.

Hebreos  9.12     … por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

El versículo no dice que Cristo entró en el cielo con su propia sangre, sino por medio de ella; “por virtud de su propia sangre una vez para siempre”, leemos en la Versión Moderna, o “mediante la propia sangre de un vez por todas” en la Interlineal Griego-Español. El sentido es que ahora Cristo es nuestro Sumo Sacerdote en el cielo con base en la sangre de su muerte expiatoria.

Las Escrituras no dan base para decir que llevó allí verdadera sangre. Si hubiera entrado de nuevo en virtud de su deidad, hubiera tenido que quedarse aparte de su pueblo, pero entró porque había quitado el pecado con su propia sangre y puede compartir su título con los suyos. Por esto Él es el propiciatorio, el lugar de encuentro entre Dios y el hombre.

***

Es verdad que la redención se realizó en un punto en el tiempo y es eterna en sus efectos, pero debemos reconocer también que es presentada como pasada, presente y futura.

En cuanto a la redención efectuada en el pasado, podemos citar Efesios 1.7: “… en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”, y Gálatas 3.13, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición”. Estos pensamientos concuerdan con “habiendo obtenido eterna redención” en Hebreos 9. Fuimos redimidos, y Pedro dice que fue por la sangre preciosa de Cristo. Él ha sido hecho redención para nosotros, 1 Corintios 1.30.

Hay una redención presente por cuanto el pecador ha sido redimido del poder del pecado. “Nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”, Tito 2.14. Esto fue uno de los objetivos de la muerte de Cristo, y por ser el precio tan grande, hacemos bien en preguntarnos en qué medida ese objetivo ha sido realizado en nosotros.

Romanos 8.23 menciona nuestra redención futura: “Gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”. El precio fue pagado en su totalidad pero la promesa está en espera todavía. Cuando creímos, fuimos sellados con “el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”, Efesios 1.13,14. En Efesios 4.30 se incluye una exhortación solemne al hablar de ese día: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”.

En cuanto a la pregunta de que si “redimiendo el tiempo”, Colosenses 4.5, tiene que ver con el tema, la respuesta es que no. “Haciendo buen uso del tiempo” es una de las traducciones que nos aclara el sentido.

Hebreos  9.23     Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.

Parece que aquí se emplea la palabra sacrificios en un sentido amplio, aludiendo sin duda al solo sacrificio por los pecados que nuestro Señor ofreció en la cruz. Es una aplicación de la alusión al día de expiación en el mismo capítulo. En aquel gran día se unieron en uno, por decirlo así, todos los sacrificios por el pecado, aun cuando se sacrificaba más de un animal.

El uso del plural no contradice lo que el 10.12 llama “un solo sacrificio por los pecados”. El escritor se dirige a lectores que conocían el régimen de las ceremonias levíticas, y enfatiza que “los mejores sacrificios” fueron el cumplimiento de las cinco ofrendas de Levítico capítulos 1 al 7 y el día de expiación del capítulo 16, todos juntos. El Señor Jesús realizó esto, siendo lo que Romanos 10.14 llama al fin – el propósito – de la ley. Su solo sacrificio es el equivalente de los muchos en el sacerdocio levítico y de él se habla en plural sólo en el sentido de eficacia, no de número.

Las figuras de las cosas celestiales era el tabernáculo en el desierto, a saber, el modelo mostrado a Moisés, 8.5. No nos es difícil entender por qué sería necesario purificar este tabernáculo terrenal, dado que las personas identificadas con él eran un pueblo pecaminoso y a veces sus sacerdotes eran infieles en su servicio. Era posible purificar estas cosas terrenales con la sangre de toros y chivos, como queda claro en las instrucciones para las ofrendas levíticas.

Ese tabernáculo era una copia o un modelo de lo que hay en los cielos donde el pecado encontró entrada a raíz del alzamiento de Satanás. De cielos hay el primero, el segundo y el tercero. Las estrellas no son limpias, Job 25.5, y Satanás se presenta allí cual príncipe del poder del aire, Efesios 3.2. Por nuestra parte, luchamos con huestes espirituales de maldad en regiones celestes, Efesio 6.12. Hay un rastro de pecado desde el lugar donde cayó Satanás, de manera que la necesidad de purificación es evidente. Nuestro Señor no echó mano de los ángeles para salvar, Hebreos 2.16, pero con todo el lugar que Satanás abandonó fue corrompido y debía ser limpiado por la obra de Cristo en la cruz.

Hebreos  9.28     Cristo … aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

Estas palabras se refieren a la venida del Señor con sus santos cuando vuelva a la tierra para establecer su reino terrenal. Vendrá a un remanente de creyentes judíos; están en la expectativa del regreso de su Mesías.

Hebreos  10.1     la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas …

En más de un lugar en el Nuevo Testamento se designan las profecías y los tipos como sombras. Una luz que cae sobre algo sólido forma una sombra, y los tipos en las Escrituras son producto de la ley de la eterna Palabra de Dios cayendo sobre Cristo en el cuerpo que asumió al encarnarse. Aquella ley echó su sombra en la tierra en profecías y tipos. Eran sombras de su persona, cruz y gloria. Una sombra no tiene sustancia y tiene valor tan sólo para quien haya visto y conocido la sustancia. Algunos de estos hebreos abandonaron la sustancia y volvieron a las sombras.

Hebreos  10.2     los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.

El creyente no tiene los pecados sobre su conciencia aun cuando está muy consciente de pecar. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.  Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”, 1 Juan 2.1, 1.8, Hebreos 10.14. La muerte expiatoria limpia la conciencia, y es la apreciación de esta verdad que da reposo. Pero, las Escrituras no dan base para pensar que uno puede estar sin pecado, aun después de haber aceptado a Cristo como Salvador.

Hebreos  10.12   Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios

El v. 11 dice en algunas traducciones que los sacerdotes estaban “en pie”, o “de pie” al ofrecer sus sacrificios. El v. 12 dice que Cristo se sentó. En cuanto a estar “de pie”, véase el comentario sobre Hechos 7.55. Por supuesto, el lenguaje es figurativo.

Es necesario tener en mente que los signos de puntuación en nuestra Biblia son obra de los redactores de las diversas versiones; los documentos originales llevaban muy pocos signos a lo sumo. Así que, hay ediciones de las Escrituras (como la Reina-Valera) que rezan aquí: “habiendo ofrecido un solo sacrificio para siempre, se ha sentado a la diestra de Dios”, como las hay que rezan: “habiendo ofrecido un solo sacrificio, se ha sentado para siempre …”

Samuel Ridout, por ejemplo, es tajante: “Si hay una coma en su Biblia después de ‘siempre’, quítela. No es que Él haya ofrecido un sacrificio para siempre, porque eso da la idea de un sacrificio continuo, constante. Es que, al haber ofrecido una sola vez, se ha sentado a la diestra de Dios para siempre”.

Hebreos  10.20   … teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne …

El velo aquí estaba en el desierto, no en el templo, pero el significado es el mismo. El escritor tiene en mente el día de la expiación cuando el sumo sacerdote de Israel entraba en el Lugar Santísimo detrás del velo, Levítico 16.2. En la tipología, el velo habla de la humanidad de Jesucristo. El azul presenta a Aquel que descendió del cielo, la púrpura de su genealogía real cual Hijo de David, el carmesí de sus sufrimientos en la cruz y el lino fino de su humanidad sin tacha. El velo en el tabernáculo y en el templo era la vía de entrada a la presencia de Dios.

Nuestro acercamiento hoy en día es por la sangre de Jesús, una vía nueva y viva que Él ha consagrado para nosotros por muerte y resurrección. Él se ofreció a Dios y expió el pecado por el sacrificio de sí mismo; en virtud de su propia sangre, entró en el Santísimo. Por esto cantamos: “Rasgóse el velo … entrar podemos donde entró Jesús el Salvador”. Es de esta manera que la carne del Señor Jesús es el antitipo del velo. Fue partido; Él murió para llevarnos a Dios.

Hebreos  10.25   … no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

Puede ser una buena aplicación de estas palabras la del descuido del culto de oración y otras reuniones de la asamblea – y así se han usado a menudo en ministerio al pueblo de Dios – pero esta no es la interpretación correcta de la exhortación en Hebreos.

Uno de los propósitos de esta Epístola era el de contrarrestar la deserción de la fe cristiana que ya estaba en marcha de parte de algunos creyentes judíos. Les había costado caro dar la espalda al templo, el sacerdocio y los sacrificios. Estaban tentados por el judaísmo. La palabra dejando quiere decir “poner atrás”. No es que estaban descuidando las reuniones, sino su costumbre de congregarse como creyentes.

Cierto escritor explica: “Es muy fuerte el término griego vertido aquí como dejar; es un compuesto doble que significa abandonar en tiempo de peligro. Lo usó nuestro Señor en la cruz: “¿Por qué me has desamparado?” Lo usó Pablo en 2 Timoteo 4.10: “Demas me ha desamparado”. Se ve que estos ‘algunos’ habían renunciado a la profesión cristiana”.

Hebreos  11.13   Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido,

La frase “conforme a la fe” tal vez se refiere exclusivamente a Abraham, Isaac y Jacob, mencionados en el v. 9. Conforme vivieron, murieron, sin recibir las promesas que “saludaban desde lejos”. Pero es claro que el v. 39 habla de todos en el capítulo, y no solamente los de v. 36, al decir que “todos éstos” no recibieron las promesas.

No creemos que toda israelita en el Antiguo Testamento haya buscado a Dios. Absalón, hijo de David, era uno de muchos que no murieron en fe. Entre 1 Samuel 3.7 y 3.20 Samuel ha debido dar una vuelta para buscar al Señor: “Samuel no había conocido aún a Jehová”, pero luego: “todo Israel … conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová”.

En el 11.6 leemos que el que se acerca a Dios debe creer que lo hay, y que es galardonador de los que le buscan. Se insinúa aquí un sentido previo de distanciamiento de Dios, como también un deseo de acudir a él. La palabra creer figura aquí en el tiempo aorista, señalando un hecho en un momento determinado. Creer que Dios es quiere decir sencillamente que la fe acepta que es el verdadero Jehová Dios en contraste con los dioses falsos.

La fe de Abraham le fue contada por justicia, Romanos 4.3. De todo lo que leemos en Hebreos 11 podemos concluir con confianza que los santos del Antiguo Testamento tuvieron una experiencia personal con Dios y por esto vivieron una vida de fe. Murieron conforme a la fe en Dios, y aquella fe les había hecho extranjeros y peregrinos en la tierra.

Hebreos  12.2     Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio,

Existe el criterio que “por el gozo puesto delante” quiere decir “a causa de – o debido a – el gozo puesto delante”. Posiblemente el prefijo anti en griego sea como nuestro por, permitiendo el sentido de “en vez de” y también “debido a”. Si el sentido aquí es “en vez del gozo”, el escritor tiene en mente que el Señor Jesús pudo escoger entre el disfrute de ciertas bendiciones por un lado y el padecimiento de la cruz por otro lado.

No creemos que ese sea el sentido. Una preposición se interpreta mejor por su contexto; por cierto, es arriesgado entenderlo fuera de su contexto. El tema aquí es la carrera que es puesta por delante y el galardón que el atleta va a recibir. Nuestro Señor anticipaba el gozo que le fue puesto por delante, y con el fin de alcanzar aquel gozo que le fue puesto Él sufrió la cruz y menospreció el oprobio.

Uno encuentra la misma preposición anti en el v. 16: “Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura”. Con el propósito de recibir algo (una comida) él hizo algo (vendió su derecho). El Consumador de nuestra fe vio el gozo por delante y a sabiendas de esto Él sufrió la cruz.

Santiago  1.1      Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo,

Identificar a los varios Jacobo / Santiago (es el mismo nombre) en el Nuevo Testamento requiere tanta diligencia como distinguir entre las varias María. Algunos encuentran tres Jacobo, otros cuatro, y es posible que haya hasta cinco en el Testamento con este nombre. Es claro que están Jacobo hijo de Zebedeo, Jacobo hijo de Alfeo y Jacobo hermano del Señor. Ofrecemos algunas observaciones –

(1) El hermano del Señor: Mateo 13.55, etc. y Gálatas 1.19. Posiblemente sea el autor de la epístola. (2) El hijo de María: Mateo 27.56, llamado Jacobo el menor en Marcos 15.40. (3) El hijo de Zebedeo: Mateo 4.21, etc. y Hechos 12.2. (4) El hijo de Alfeo: era uno de los Doce, Mateo 19.3. (5) El hermano de Judas: Judas 1, Lucas 6.16.

Gálatas 1.19 dice: “No vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor”. Al leer esto con cuidado uno se da cuenta de que no afirma que este Jacobo era uno de los doce apóstoles. Probablemente es aquel que se menciona en Hechos 12.17 donde Pedro manda a decir que ha salido de la cárcel, y aquel de Hechos 21.18 a quien Pablo visitó en Jerusalén. Probablemente sea también el autor de la Epístola de Santiago y el Jacobo de 1 Corintios 15.7 donde se habla de los que vieron al Señor en resurrección.

Santiago  3.1      Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.

“No os hagáis muchos maestros, hermanos míos, sabiendo que así recibiremos más riguroso juicio”, Versión Moderna de 1893.

El maestro ejerce influencia sobre otros y por esto es responsable ahora y lo será ante el tribunal de Cristo. Por esto, Santiago aconseja no estar excesivamente deseoso de ser un maestro. El Espíritu Santo da este don, Romanos 12.6,7, Efesios 4.11. El que interpreta o aplica incorrectamente la Palabra de Dios tendrá que responder por haberlo hecho, Romanos 14.2, 2 Corintios 5.10. Y, una indebida ambición en este sentido provocará mucha objeción y crítica de parte de nuestros hermanos.

Santiago  4.5      ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?

Este versículo difícil ha sido traducido de tres maneras –

¿Ustedes suponen que es en vano que las Escrituras dicen: Él anhela celosamente sobre el espíritu que ha hecho morar en nosotros?

¿Ustedes creen que las Escrituras han hablado en vano al decir que el espíritu en nosotros nos anhela celosamente?

¿Ustedes creen que la Escritura habla en vano? ¿Nos anhela celosamente el espíritu que Él hizo morar en nosotros?

Sugerimos que se trata de una pregunta y una declaración. Hablemos de ellas por separado.

¿Ustedes creen que las Escrituras hablan de una manera hueca, que sus palabras no significan nada? Santiago es sumamente práctico; él acaba de decir que la amistad del mundo es enemistad contra Dios. Sus lectores sabrían muy bien de las Escrituras lo que dice. Él intenta enfatizar esto en el v. 4 y agrega ahora un “¿Ustedes piensan que no es para nada?” Si está citando un pasaje de las Escrituras, tenemos un problema, porque estas palabras no se encuentran en al Antiguo Testamento.

El escritor dice que el Espíritu en nosotros es celoso y se siente agraviado cuando nos hacemos amigos del mundo y de hecho nos enemistamos con Dios. Lo que dice en su Palabra dista mucho de ser palabras huecas. El Espíritu está en nosotros y desea nuestra entera devoción. El v. 6 dice que da mayor gracia. Es lo que hace la amistad con Dios, ¿entonces por qué renunciarlo a favor de la amistad con el mundo?

El señor William Kelly traduce el trozo de esta manera: “¿Anhela celosamente el Espíritu que hizo su morada en nosotros?” Si esta es la traducción correcta, la respuesta es un enfático No. Por otro lado algunos sugieren que se trata del espíritu propio del hombre, pervertido y caído, y que el celo aquí es perverso. No podemos aceptar esta interpretación, porque no se habla del espíritu propio de un individuo como morando en él, sino que es parte de él: “todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo”.

Solamente podemos sugerir que el sentido del versículo sea que la primera parte señala una enseñanza generalizada de las Escrituras y la segunda parte revela que el Espíritu Santo no tolerará un rival en el corazón del creyente.

Santiago  5.14    ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.

La Epístola de Santiago está dirigida a los judíos cristianos de la Diáspora. No señala ninguna asamblea en particular como receptora, pero creemos que este versículo contempla la iglesia en Jerusalén. Hay poca duda de que Santiago estaba asociado con esa congregación, y se cree que su epístola sea uno de los primeros documentos, si no el primero, en el Nuevo Testamento.

En este versículo la iniciativa no está sobre la asamblea sino sobre el enfermo. Él debía llamar a los ancianos de la iglesia y dejar que oraran por él. A Dios le agrada usar este procedimiento para la recuperación de los enfermos, pero era la oración fervorosa la que prevalecía, v. 16.

Sin duda algunos de los primitivos convertidos judíos no tenían otro recurso. Posiblemente un médico judío no les atendería por haber renunciado al judaísmo. No sólo tenían que aceptar de buena gana la pérdida de sus bienes, sino también una falta de atención médica al no ser que acudieran a un practicante pagano. Los ancianos de la congregación podían ungir con aceite, sí, pero no vamos a descartar la oración de fe que se ofrecía en el nombre del Señor.

Por regla general es muy diferente hoy en día la situación de un creyente enfermo. Dios puede valerse de los conocimientos y las habilidades de la ciencia de la salud, pero sigue tan vigente ahora como en los días de Santiago el lenguaje del v. 16: “La oración eficaz del justo puede mucho”.

Santiago  5.19,20        Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.

Puede haber casos donde Santiago emplea el vocablo hermanos para abarcar a los judíos en general, pero aquí sin duda tiene en mente a sus hermanos en Cristo. Sólo ellos podían hacer volver a uno que se hubiera extraviado de la verdad. La “verdad” aquí sería la Palabra de Dios revelada, Aquel que dijo: “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz”, Juan 18.37.

Santiago hace ver que es posible que un creyente encamine a otro en la restauración, y es en este sentido que le salva de más error en su camino y cubre una multitud de pecados. Se encuentra en ambos Testamentos la idea de cubrir pecados (pero no se trata de encubrirlos). “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”, Salmo 32.1. Tal vez no se sabrá este lado de la eternidad cuánto unos han ayudado a otros por estas conversaciones. Obsérvese el contraste: la verdad y el error de su camino.

La muerte aquí no es eterna, como tampoco lo es en algunas otras partes. Puede tener el mismo sentido que en 1 Corintios 11.30: “Hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen”. Un hermano desviado en el camino se expone al trato judicial de Dios. Lo cierto es que está perdiendo su vida aquí y al volver al camino la está ganando.

1 Pedro  2.2        Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,

El señor Alexander Cruden lo expresa acertadamente: “Leche: un alimento líquido que tenemos de las vacas, etc. con la cual los nenes y los niños reciben su sustento principal. A la cual se compara el alimento espiritual más débil, o las verdades más sencillas del evangelio, y por ella se identifican y sustentan a los convertidos más jóvenes. Véanse 1 Corintios 3.2 y Hebreos 5.12”. [Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces. … habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.]

Muchos entre el pueblo del Señor anhelan las ollas de carne egipcias; la leche de la Palabra les es fastidiosa, auque es maná para el alma. Es indicio de un gran deterioro espiritual cuando uno deja de beber de la leche divina. Termina en la descomposición, así como un bebé muy desnutrido pierde fuerza y se desvanece. El autor de Salmo 119 exclamó: “quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo”. Pedro prosigue con decirnos que anhelar la Biblia es gustar la benignidad del Señor.

Esto no significa que la leche sea el Señor, como algunos quieren hacernos pensar. “Por ella crezcáis” insinúa un agente, a saber, el Señor. Sería extraño presentarle como leche, y Pedro no lo hace. El salmista tampoco, cuando escribe “Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él”, 34.8. El desear en nuestro v. 2 es bueno al darnos la leche pura, la Palabra, para permitir que crezcamos.

1 Pedro  2.24      … quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero

Parece que está ganando terreno una interpretación errónea de esta declaración en el sentido que Cristo sufrió por nuestros pecados en su peregrinación como hombre entre hombres. No. Aun si hay de veras alguna duda del sentido preciso de llevó, un argumento intelectual nunca debe ser aprovechado para apoyar una doctrina errada. Nadie niega que Cristo haya sufrido en vida, pero el asunto es si llevó pecados en ese período, o si en esos años fue guardado como el Cordero para expiar los pecados oportunamente.

En ninguna parte de las Escrituras encontramos que eran vicarios los sufrimientos de Cristo durante sus años de servicio público. Llevar implica sacrificio, y así se emplea en Hebreos 9.28: “Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos”. Este mismo término griego anaféro es el que se usa en Santiago 2.21: “cuando ofreció a su hijo sobre el altar”. Pedro habla aquí de Jesús “puesto” sobre el madero, a saber, la cruz.

Él no está citando Isaías 53.4: “llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores”, un versículo que se cita en Mateo 8.17: “El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”. En Mateo el verbo bastázo no encierra la idea de ofrecer sacrificio.

Es ajena al Antiguo Testamento la idea de traer una víctima viva al altar. Una vez presentado el animal y las manos del oferente puestas sobre él, era beneficiado a la puerta del tabernáculo. Era allí que la muerte de la víctima expiaba el pecado. Cristo, por su parte, no se ofreció con nuestros pecados, sino se ofreció a sí mismo y llevó nuestros pecados. La muerte los pagó.

1 Pedro  3.19,20          Cristo … vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.

Los vv 13 al 22 forman un solo párrafo y mencionan tres personas además de tres períodos de tiempo. Las personas son los santos, vv 13 al 17; Cristo, vv 18,19; y Dios, 3.20. El sufrimiento caracteriza a las primeras dos y la paciencia a la tercera. Los períodos son el tiempo presente, el día de la crucifixión del Señor y los días de Noé. El v. 18 habla de la muerte y resurrección del Señor.

Los vv 19 y 20 son más difíciles; mi opinión es que tratan del Espíritu de Dios obrando a través de la persona de Noé.  No creyeron su mensaje de arrepentimiento y juicio venidero. En el 1.11 leemos que el Espíritu de Cristo estaba en los profetas del Antiguo Testamento y testificaba por medio de ellos, y en 2 Pedro 2.5 leemos que Noé era un pregonero de justicia. El v. 20 describe los espíritus encarcelados como habiendo sido desobedientes en los días de Noé. No creyeron su mensaje de arrepentimiento y juicio venidero. “La paciencia de Dios en los días de Noé” nos trae a la mente Génesis 6.3: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre”. En aquel entonces ellos eran desobedientes, y por ende en aquel entonces estos “espíritus encarcelados” no estaban encarcelados, precisamente por no haber sido aprehendidos aún, sino que andaban en desobediencia.

Además, se afirma que durante el período de su desobediencia ellos oían la predicación: “Cristo … vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó”. Los oyentes del mensaje de ese predicador desobedecieron lo que oyeron; solamente la familia de Noé creyó. Estas almas, ahora detenidas en el hades, habían sido desobedientes en los días de Noé cuando les predicó, y ahora Pedro dice que son espíritus encarcelados en espera del juicio.

Pero Cristo no les predicó personalmente; lo hizo por su Espíritu a través de Noé. Dios fue paciente, pero había dicho que su Espíritu no iba contender para siempre. Esa gente pereció pero no fue aniquilada.

Efesios 2.17 ayuda en este asunto: Cristo “vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca”. En realidad fue Pablo que había predicado pero él lo atribuye a Cristo. Así también Cristo había predicado a través de los labios de Noé.

1 Pedro 3.21       El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,

La salvación de Noé es una figura de la de aquellos que son salvos por fe en Cristo. Jesús pasó por las aguas turbias de la muerte en el juicio de la cruz; murió, fue sepultado y resucitó. El arca es un tipo de estos y el bautismo “corresponde a esto”. El creyente pone su cuerpo en el lugar de muerte, “sepultado en bautismo”.

Es el antitipo de la salvación de Noé, es decir, su preservación simboliza el juicio de la cruz. El creyente, a su vez, se identifica con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección. El bautismo no significa ningún lavamiento, “no quitando las inmundicias de la carne”, sino es como la respuesta de una buena conciencia delante de Dios.

1 Pedro 4.6         por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.

Al mundo le parece extraño que el pueblo de Dios, los que son salvos, no persiga los placeres que a ellos les agradan. Es por esta misma razón que se predica el evangelio. Se lo hacía a aquellos que estaban espiritualmente muertos en los tiempos del apóstol; ellos creyeron y fueron revivificados. Habían sido juzgados por tribunales humanos por su confesión de Cristo, pero ahora estaban viviendo para Dios en espíritu.

1 Pedro 4.7         el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.

Aparentemente esto era la expectativa constante del apóstol. La idea aquí es tanto la finalización de un estado o actividad como el comienzo de algo diferente. El tema es la prueba y el sufrimiento, y el fin de eso estaba a la vista, como también el juicio de aquellos que perseguían al pueblo de Dios. Él estaba preparado para juzgar a los vivos y a los muertos, v. 5, pero nada se dice de cuándo. Aquí se limita a la moraleja: sean sobrios y entréguense a la oración.

Pedro no dice que la venida del Señor se acerca. El arrebatamiento no es tema de su Epístola, pero para nosotros está insinuado aquí. Por cuanto Cristo se ha ido, no tenemos otra esperanza sino la de su pronta venida por y con sus santos. ¡Cuán diferentes serían las cosas, y cómo cambiarían nuestras vidas, si aquella verdad se apoderara de nosotros!

1 Pedro 5.1         Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo …

No creo que este versículo otorgue autoridad para que un hermano en servicio a tiempo completo se llame obispo o anciano en la asamblea. Posiblemente sea uno en el sentido de un presbítero, que quiere decir uno mayor en años.

2 Pedro 1.20       ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,

Esto quiere decir que ninguna profecía de las Escrituras da su propia interpretación, sino que debe ser vista como parte de un gran conjunto. No debemos tomar ningún pasaje fuera de su contexto, ni interpretarlo aparte del resto de la Palabra de Dios. Ningún trozo es aislado, y si tratamos algunos como si fueran, podemos hacerles decir casi cualquier cosa.

***

Ciertamente ningún pasaje de las Escrituras puede tener dos o más interpretaciones que se contradicen. Habrá una sola interpretación pero puede haber varias aplicaciones. (Pero, tengámoslo claro, ¡no cualquier aplicación!) Por supuesto muchos pasajes en el Antiguo Testamento tienen un cumplimiento cercano y otro lejano. En Mateo 2.14 al 18, por ejemplo, el Espíritu Santo aplica dos versículos del Antiguo Testamento de una manera que claramente no es su aplicación [De Egipto llamé a mi Hijo … Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos] Nosotros no podemos hacer eso, y debemos ser muy cuidadosos en nuestras aplicaciones de la Palabra de Dios.

2 Pedro 2.4         Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio …

Los ángeles caídos están en Tártaro, el “infierno” más profundo. Judas 6 nos dice que los ángeles que no guardaron su dignidad primitiva, sino abandonaron su morada, están reservados en cadenas de oscuridad hasta el juicio del gran día.

Los demonios, en cambio, están presentes y activos sobre la tierra en este momento. 1 Corintios 10 habla de sacrificios a demonios, comunión con ellos, la “copa” de demonios y su “mesa”. 1 Timoteo 4.1 advierte que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.

2 Pedro 3.3,4      En los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?

Estas palabras de Pedro constituyen una profecía, ya que quiere que sus lectores sepan lo que va a suceder en “los últimos de los días” del período de la Iglesia. Algunas traducciones rezan: “los burladores vendrán con su burla”. (La Versión Hispano Americana es una). Es probable que no sean cristianos genuinos, pero es evidente que tienen cierto conocimiento de la Palabra de Dios. “La promesa de su advenimiento” se refiere a la venida del Señor en gloria, cosa que los profetas trataban a menudo. Pedro poco habla del rapto de la Iglesia, sino del día del Señor, cuando vendrá a vengarse de sus enemigos. De ello habla más adelante en el capítulo.

El v. 2 dice que “los santos profetas” y “vuestros apóstoles” hacían saber este regreso. Por cuanto se mencionan los profetas antes de los apóstoles – lo opuesto de Efesios 2.30 – percibo que se trata de los del Antiguo Testamento. Pero el Señor Jesucristo había hablado de su regreso y el apóstol Pablo escribió acerca de ello. Con todo, “los padres durmieron”. Entiendo que se refiere a los cristianos más primitivos; dormir es un término que aplica solamente al hijo de Dios. Esteban estaba muerto, Jacobo fue martirizado también, y muchos otros de aquellos que esperaban al Señor dormían en Cristo ahora. Así que los burladores decían: “¿Y entonces?”

Ellos se valían de dos argumentos. Por un lado los padres se habían ido sin que nada hubiese sucedido, y por otro lado todo seguía como desde el principio. Apelaban a la vida natural y la continuidad del orden natural. Había aquellos que negaban al Señor que les rescató y aquellos que negaban que venía por o con nosotros. Mientras más se prolongue la paciencia de Dios, más convencidos van a estar los burladores de que su razonamiento es acertado. Pero para el legítimo hijo de Dios basta que haya dicho: “Vendré”. Y vendrá.

2 Pedro 3.12       esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios

“Apresurándonos” es una traducción de spéudo, un vocablo que se encuentra cinco veces en el Nuevo Testamento: “Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José. Zaqueo, date prisa. Entonces él descendió aprisa”, Lucas 2.16, 19.5,6. “Pablo … se presuraba por estar el día de Pentecostés. Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén”, Hechos 20.16, 22.18.

Se nos dice que hay igual autoridad para traducirlo como “desear intensamente”. (La Nácar-Colunga se acerca a esto: “en la expectativa de la llegada”). Obsérvese que no dice en la Reina-Valera que apresuramos el día, sino que nos apresuramos a él. No sabemos de ningún pasaje bíblico que dice que podemos adelantar la fecha del día de Dios, pero de que debemos anhelar que venga, hay muchos.

2 Pedro 3.15       también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito,

Si Pedro no se refiere a lo que conocemos como la Epístola a los Hebreos, entonces no tenemos en el canon de las Escrituras el documento que tenía en mente. Uno no puede ser dogmático al afirmar quién redactó aquella Epístola singular, pero damos aquí algunas razones por creer que fue Pablo. Él era claramente el apóstol a los gentiles, Romanos 11.3, pero no restringió su ministerio a ellos. Hechos 9 dice que fue un vaso escogido para llevar el Nombre a los gentiles, a reyes y a los hijos de Israel.

(1) Hebreos 3.1 dice que la Epístola no fue escrita a la nación en general, sino a “hermanos santos, participantes del llamamiento celestial”. Pedro a su vez escribe su primera carta a “los expatriados de la dispersión”, y su segunda también, véase 3.1. Es en este contexto que alude a los escritos de Pablo. (2) Se encuentra al final de cada epístola de Pablo una referencia a la gracia de Cristo, pero no así en las epístolas de Juan, Judas, Santiago y Pedro. Se encuentra en el cierre de Hebreos, dando un toque paulino. (3) Los términos en paralelo en Hebreos dejan entrever una característica literaria paulina. (4) En el 2.10 el escritor habla de los muchos hijos que Cristo está llevando a la gloria. Ahora, Pablo es el único que habla de hijos; otros emplean una palabra que da la idea de niños. (5) “Orad por nosotros”, 13.18, es una expresión que Pablo usa más de una vez en su carta pero los otros no la usan. (6) 5.12 al 14 habla de leche, alimento y niños, como hace Pablo en la apertura de 1 Corintios capítulo 3. (7) La Epístola fue escrita por uno que estaba encarcelado, como sabemos del 10.34. El tal estaba separado de sus hermanos judíos, como sabemos por 13.19. Esto aplicaría bien a Pablo preso en Roma. (8) Se menciona a Timoteo, un hombre asociado estrechamente con Pablo en sus labores. (9) Finalmente, este escritor tenía gran amor por sus hermanos judíos, así como se deja entrever en cuanto a Pablo en Romanos 9. La carta a los hebreos bien ha podido ser escrita por uno que para ellos tenía “gran tristeza y continuo dolor en mi corazón”.

1 Juan 1.7 la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

Juan declara aquí una gran verdad que se negaba en su día y se niega en el nuestro: a saber, que la sangre conlleva sacrificio. “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Por cuanto su sangre fue derramada en expiación, ella limpia de todo pecado. Pero hay más aquí. Limpia señala continuidad. La sangre de Jesucristo nos conserva en el lugar donde Dios nos puso con base en aquella misma sangre preciosa. Nos establece y mantiene nuestra comunión con un Dios santo, y con otros en la misma situación. Nos guarda en comunión solamente dentro de lo dicho en el v. 9: si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar y limpiar. Tengamos claro que es la sangre la que limpia, no la confesión.

***

El pensamiento no es una aplicación continua sino la eficacia continua de la sangre que fue derramada una vez por todas. Ella responde continuamente ante Dios por nosotros y, como lo expresa el himnista: “Tu sangre nunca perderá, oh Cristo, su poder”. La Biblia no enseña una segunda aplicación de la sangre; el lavamiento judicial no se repite.

El v. 7 puede tener también la idea de un lavamiento moral. Es, creemos, lo que se encuentra en Apocalipsis 7.14: “Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”.  Estas palabras, “han lavado sus ropas”, hacen contraste con las del 1.5: “(el que) nos lavó”. Tenemos un paralelo en el 3.4: “unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas”. Es decir, se guardaron limpias, cosa que podían hacer sólo en la sangre del Cordero. No insistimos en esta interpretación de Apocalipsis 7.14, pero la presentamos para su consideración.

Se efectúa una vez por todas el lavamiento judicial de los pecados por la sangre de Cristo. La “una sola ofrenda” perfecciona: “Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio  … con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”, Hebreos 10.14. “… la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo”, Hebreos 9.14.

La limpieza moral es por la palabra mediante el ministerio sacerdotal del Señor Jesús; ella guarda el creyente en comunión. Juan 13.5 al 10 versa sobre esto: “Si no te lavare, no tienes parte conmigo”. También en Salmo 119.9 uno se limpia por obediencia: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”.

1 Juan 2.7,8        No os escribo mandamiento nuevo.  Os escribo un mandamiento nuevo.

Esta contradicción aparente desaparece cuando aprendemos qué quiere decir Juan. El mandamiento viejo se vuelve nuevo porque se reviste de un sentido más elevado y más profundo para sus lectores. Él no está escribiendo un mandamiento nuevo para reemplazar uno viejo, sino uno que se puede llamar nuevo porque es veraz en Cristo y en ellos. Nunca antes se les había revelado esto. Viejo era, sin duda; era la misma palabra que habían oído desde el principio, pero ahora les era gloriosamente nuevo, así como para algunos de nosotros la Biblia se nos hizo nueva cuando primero confiamos en Cristo.

1 Juan 3.9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

Este versículo no admite una interpretación que sea contradictoria a 1.8,10: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.

El renacido “no practica el pecado” porque la naturaleza divina está en él. Este regenerado no se entrega a pecar constantemente porque el nuevo nacimiento produce una conciencia ejercitada en cuanto a una vida recta delante de Dios. Un hijo suyo no puede estar feliz en el pecado.

El versículo no enseña que un cristiano puede vivir sin pecar. Él o ella posee la vieja naturaleza adánica y la naturaleza nueva, de manera que adentro hay un conflicto constante. Una traducción buena del versículo es: “Quien haya nacido de Dios no está practicando el pecado debido a una simiente en él, y no puede estar pecando por haber nacido de Dios”. Los verbos están en el tiempo presente. Cierto escritor explica bien: “El verbo practicar no describe un hecho sino una costumbre, un proceder que adrede se aplica persistentemente. Decir aquí que no puede hacerlo es equivalente a Romanos 6.1: ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?”

1 Juan 5.7 Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.

Este versículo no figura en muchas versiones dignas de confianza. Varios eruditos opinan que un escriba lo insertó sin base para hacerlo. [De hecho, está ausente de las versiones en español que no se basan en el Textus Receptus. La Biblia Textual, por ejemplo, discurre sobre esto en una nota extensa]. Una buena traducción de vv 6 al 8 sería: “Este es el que vino mediante agua y sangre, Jesús el Cristo; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y es el Espíritu que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque los que dan testimonio son tres: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan” Es de interés notar el uso abundante de testimonio en los vv 6 al 11.

1 Juan 5.16,17    Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte.

“Si alguno”: Para ser coherente con el resto de la Epístola, esta frase tiene que referirse a un hijo de Dios: “si alguno hubiere pecado”, 2.1; “si alguno ama”, 2.15; “todo aquel”, 2.3. “Viere” se refiere a una ocasión en particular, in franganti. “Cometer pecado”, aprendemos del contexto, quiere decir continuar en el pecado. “De muerte”, creemos, quiere decir que conduce a la muerte física, dada que un creyente no puede morir espiritualmente.

Tenemos ejemplos del pecado de muerte en el Antiguo Testamento; o sea, donde la muerte fue consecuencia de pecado. Moisés falleció en el monte “por cuanto pecasteis contra mí”, Deuteronomio 32.49 al 51. Nadab y Abiú cometieron un pecado de muerte, Levítico 10.1,2. Acán también, Josué 7.16 al 26. En el Nuevo Testamento hay el caso de Ananías y Safira en Hechos 10, como también el de varios corintios, 1 Corintios 11.30.

En 1 Juan no se nos dice la naturaleza del pecado, pero es claro en los pasajes citados que la muerte es el castigo mayor de la mano de Dios a causa del pecado. En Proverbios 15.10 leemos que la reconvención es molesta al que deja el camino y el que aborrece la corrección morirá. Dios reprende a sus hijos por el pecado y semejante castigo no es de despreciarse. El tema es la disciplina paternal de Dios. Juan no está abogando la oración por los difuntos, sino por uno que haya cometido un acto que puede desembocar en la muerte. No se nos quitan por cualquier pecado, pero una continuidad en él puede tener esta consecuencia. Que no menospreciemos el castigo divino.

La oración es el tema de 5.14 al 16, así que el resultado de un pecado de muerte puede evitarse por la oración a favor del extraviado. Santiago nos instruye, 5.19,20: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”. Las palabras hermanos y entre vosotros dejan en claro que esto se refiere al hijo de Dios.

Sin embargo, para reconocer que hay otro criterio, vamos a citar al finado William Rodgers: “Por lo tanto me inclino a aceptar el punto de vista sugerido por varios comentaristas en el sentido que el tipo de pecado que Juan tiene en mente es el rechazo de las demandas de Cristo como el Hijo de Dios. De que Juan tenga este concepto es evidente por lo que dice en 2.22,23, 2 Juan 7 al 11, etc.”.

Judas 14    De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo …

Judas identifica a Enoc como el séptimo desde Adán para distinguir entre él y el Enoc en Génesis 4.17. En las Escrituras el número siete se reviste de un sentido dispensacional y también sugiere lo que es completo. Sin embargo, no parece haber un sentido simbólico aquí, sino la intención de identificar al hombre que pronunció esta profecía que no se menciona en el libro de Génesis. Enoc era el séptimo según el modo de contar de los judíos, el cual incluye la primera y la última en una secuencia: Adán, Set, Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared y Enoc; véase Génesis 5.4 al 20. Por supuesto, está mención de Adán enfatiza la antigüedad de la profecía.

Judas 21    Conservaos en el amor de Dios

Encontramos conservar cinco veces en esta corta epístola, traducida mayormente como guardar: vv 1, 6, 13 y 21. Somos guardados en Jesucristo y Dios nos guardará de caída, pero aquí nos corresponde guardarnos a nosotros mismos. Conservarnos en el amor de Dios no es proseguir en amarle, sino reconocer constantemente que Él nos ama.

Hacemos esto al obedecer su Palabra: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor”, Juan 15.10. Conservarnos en su amor incluye la oración, la lectura de la Biblia, la disposición de dar a Dios de lo suyo y la separación del mundo. Tenemos que guardarnos en una condición y un lugar donde Dios puede amar nuestras acciones.

Apocalipsis 1.7   He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él.

Creemos que se trata de la nación judía. Zacarías 12.10 profetiza: “Derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito”. Es cierto que soldados romanos perforaron las manos, los pies y el costado de Jesús, pero los líderes judíos eran los responsables. Fueron judíos los que exclamaron: “¡Crucifícale!” y fue a un auditorio judío que Pedro proclamó: “A éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole”, Hechos 2.23. Pablo, por su parte, dijo que ellos “mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas”, 1 Tesalonicenses 2.14,15. Es claro que ese pueblo lleva esa culpa, y creemos que nuestro versículo en Apocalipsis alude a los judíos que verán el regreso del Señor.

Apocalipsis 1.10           Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor

Estamos muy conscientes de la divergencia de opinión acerca de la expresión el día del Señor.

Algunos opinan que se refiere al tiempo futuro llamado “el día del Señor” (o de Jehová) cuando Dios derramará terribles juicios sobre la tierra. Al ser esta la referencia, el 1.10 enseña que Juan fue proyectado por el momento más allá de la edad presente a aquel período venidero para ver las cosas que van a suceder según él relata en los capítulos 6 al 19. Puede ser, pero no entendemos la expresión de esa manera. Esta interpretación expone a uno a pensar que Juan va a estar sobre la tierra en aquel entonces, pero los vv 4.1 al 3 presentan en figura el traslado de la Iglesia al cielo.

Creo que Juan estaba en el Espíritu en el primer día de la semana. La traducción precisa es “el día dominical” o “señorial”. 1 Corintios 11.20 emplea la misma palabra al referirse a la cena del Señor, a la cena señorial. Esta es la razón por llamar el domingo el día del Señor; es cuando las iglesias primitivas celebraban la cena, Hechos 20.7. La frase tiene un paralelo en 1 Corintios 4.3 donde algunas versiones rezan: “poco tengo el ser juzgado … por tribunal humano”, pero otras: “por día humano”, significando lo que pertenece al humano.

Algunos creen que el día del Señor terminó una vez que Juan había escrito las siete cartas de los capítulos 2 y 3, y que las palabras “después de esto” en el 4.1 se refieren no sólo a la secuencia de la visión sino también a un intervalo de horas o días. Sea como fuere, fue en el primer día de la semana que Juan vio la visión de las iglesias sobre la tierra. En el capítulo 4 él es trasladado al cielo y no se ocupa más de candeleros en la tierra.

Apocalipsis 2 y 3          Escribe al ángel de la iglesia en …

Las siete cartas admiten una interpretación tripartita: literal, histórica y profética.

Una interpretación literal es que el contenido de una carta en particular revela la condición de la asamblea respectiva en el momento de su redacción. La interpretación  histórica expone condiciones a encontrarse en mayor o menor grado en cualquier asamblea en cualquier período de tiempo. La interpretación profética muestra la condición que imperaba, o imperará, durante períodos específicos entre Pentecostés y el rapto.

Nuestra base para este último punto es: (1) En el 1.19 leemos del misterio de los siete candeleros de oro, y sabemos que en el Nuevo Testamento un misterio es algo no revelado previamente. Estas cartas revelan siete condiciones en tiempos todavía futuros cuando fueron entregadas. (2) La historia ha demostrado que estas condiciones han prevalecido en la secuencia en que Juan supo de ellas en aproximadamente el año 96.

Apocalipsis 2.6   aborreces las obras de los nicolaítas

Algunos sugieren que los nicolaítas eran seguidores de un tal Nicolás, posiblemente el hombre de quien leemos en Hechos 6.5, un prosélito de Antioquía. No hay prueba de ello ni mención de él en los relatos confiables de la época. La palabra se compone de nico, que quiere decir un gobernante o conquistador, y laitanes, de la cual se deriva “laicos”, el pueblo. El sentido de nicolaítas se puede parafrasear como los señores que se enseñorean del pueblo. Esta clase dominante sería el origen de la clerecía entre el pueblo de Dios, cosa que Él odia como doctrina y como práctica.

Apocalipsis 2.7   Al que venciere, le daré …

En cada carta la promesa especial se dirige solamente al vencedor, y perdemos el sentido del mensaje al insistir que todo creyente recibirá estas bendiciones. Estos galardones fueron dados para consolar y animar a aquellos que procuraban superarse en el conflicto. Bien dijo William Penn, un líder entre los cuáqueros: “Sin cruz, sin corona; sin conflicto, sin consuelo”. Los galardones correspondían a los individuos que sufrieron y prosiguieron sin negar el nombre del Señor hasta el fin.

No todos, entonces, van a ser vencedores. En la primera iglesia, por ejemplo, algunos habían dejado su primer amor y a ellos se les exhorta a la restauración, o sea, a vencer. Esta clase de creyente procura trazar una senda bíblica en todo aspecto de la vida, separado de lo que no es de Dios y ceñido a la palabra fiel. “Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”, 1 Juan 5.4.

Apocalipsis 3.7   Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre

Aparentemente hay una alusión a Isaías 22.22: “Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá”.

El que porta la llave tiene responsabilidad y goza de la confianza del amo; sólo él puede abrir y cerrar. Desde luego, se emplea la llave en sentido metafórico aquí y en Isaías. En aquella profecía aprendemos que Sibna fue sustituido por Eliaquim debido a su infidelidad, y el profeta agrega en cuanto al postrero: “pondré la llave … sobre su hombro”.

En la iglesia en Filadelfia el Señor ejercía autoridad suprema, y así debe ser en toda asamblea. Puede que no intervenga cuando no la ejerza, pero pronto se hará evidente. Ninguno debe intentar asumir su poder, porque Él porta la llave para abrir el candado de cualquier puerta de servicio. Por mucho que parezca a veces que un instrumento humano está abriendo y cerrando puertas, en realidad Él nunca entrega su autoridad a otro.

Apocalipsis 8.3, 9.13   Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.
Oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios,

Creemos que el ángel del v. 3 es una figura de Cristo y no un ser creado. Se le ve actuando en bien de un pueblo sufrido que va a estar sobre la tierra. Ningún ángel ofrece a Dios las oraciones de los creyentes; lo hace sólo nuestro gran sumo sacerdote. En la ocasión referida, los santos imploran intervención, y en el v. 5 el ángel toma un incensario como símbolo de juicio divino. Claro está, se trata del futuro. Algunos afirman que el ángel no puede ser Cristo porque éste no precisa de incienso, pero el argumento nos parece débil.

La única otra referencia al altar de oro en el Apocalipsis está en el 9.3. Este altar está identificado siempre con las oraciones del pueblo de Dios: “Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde”, Salmo 141.2. “el pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso … a la derecha del altar del incienso”, Lucas 1.9 al 11. “añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro”, Apocalipsis 8.3.

La voz en el 9.13 parece haber venido de la presencia inmediata de Dios, sin duda siendo la suya propia. En figura se trata del mismo lugar donde el ángel ofreció las oraciones en el 8.3, de manera que se trata de una respuesta a éstas.

Apocalipsis 13.8           Adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

Hay diferencia de opinión sobre si “desde el principio del mundo” modifica el libro de la vida o el Cordero inmolado. (Por ejemplo, a diferencia de la Reina-Valera, la Biblia Textual reza: “cuyo nombre no ha sido escrito desde el principio del mundo en el libro del Cordero inmolado”).

Sabemos que el Cordero no fue inmolado antes o en el principio del mundo, sino en el Calvario. Sin embargo, 1 Pedro 1.20 aclara que en los consejos divinos Cristo estaba “destinado antes de la fundación del mundo” cual cordero sin mancha y sin contaminación.

William Kelly cita el 17.8: “no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida”, y observa: “El Espíritu Santo ha dejado afuera ‘del Cordero que fue inmolado’ para juntar el registro en el libro y la fundación del mundo”. Pero particularmente entiendo el 13.8 a la luz de 1 Pedro 1.20.

Apocalipsis 14.13        Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor.

Estas palabras pueden ser aplicadas a los cristianos fallecidos en esta dispensación, pero fueron pronunciadas con respecto a las personas encontradas en el versículo anterior que van a ser martirizadas en el período de la gran tribulación. Especialmente bienaventurados son aquellos que mueren a partir de ese entonces; ellos descansarán e irán a su galardón. No irán al gran trono blanco.

Apocalipsis 20.5           Los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.

“Los otros muertos” son los que mueren en sus pecados. Mil años después de la resurrección de los santos de esta dispensación, estos otros serán resucitados para presentarse ante el gran trono blanco. Solamente ellos van a estar para recibir la sentencia de su pena definitiva. Para ese entonces los santos del Antiguo Testamento y del Nuevo estarán en sus cuerpos glorificados, habiendo participado en la primera resurrección sobre la cual la muerte no tiene dominio, conforme dice el v. 6. La Iglesia habrá sido trasladada antes del período de la tribulación; aquella gente salva no habrá participado en una resurrección universal, sino “de entre los muertos”.

Pero la primera resurrección abarca a más que la Iglesia, ya que incluye a todo santo desde Abel en adelante, inclusive a los mártires del 20.4. Se realizará en tres etapas: Cristo las primicias, los que son de Cristo en su venida (1 Corintios 15.23) y los mártires de nuestro texto. Esto se ve en la vara de Aarón que reverdeció, Números 17 (las flores, los renuevos y las almendras).

Apocalipsis 21.1           Vi un cielo nuevo y una tierra nueva

Creo que el cielo nuevo será la morada de los santos que habrán sido resucitados y cambiados en las dos últimas etapas de la primera resurrección. Me parece que la tierra nueva será la morada de los que estarán vivos sobre la tierra al final del reino milenario del Señor Jesucristo. Pero, seamos cautelosos en este respecto. Las Escrituras no aclaran que esa gente será los únicos habitantes de la tierra nueva en el estado eterno.

Apocalipsis 22.19        Si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida,

“Las palabras del libro” son el libro de Apocalipsis, pero quitar de cualquier parte de las Sagradas Escrituras sería desmembrar la Biblia. El Apocalipsis trata de toda suerte de mal y el juicio que merece, de manera que el profesante hueco se inclinaría a manipularlo. Es muy dudosa que un genuino regenerado desearía cuestionar o negar cualquier parte del Apocalipsis o de la Biblia entera.

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El “libro de la vida” en este versículo se traduce en muchas versiones como “el árbol de la vida”. Se entiende el versículo a la luz del v. 14: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida”, y entendemos que  estos en el v. 19 están en contraste con los bienaventurados del v. 14. Conviene tener en mente que el Apocalipsis es un libro de símbolos. El árbol de la vida en la calle simboliza al Señor Jesucristo cuyo fruto es perenne y fresco en toda sazón; véase el v. 2. En esto vemos las múltiples perfecciones y bellezas de nuestro adorable Señor. Todos los que guardan sus mandamientos van a disfrutar de este “árbol”.

 

 

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