Los salmos mesiánicos (#154)

Los salmos mesiánicos

T. Ernest Wilson

Traducción del libro The Messianic Psalms
 publicado por Loizeaux Brothers, 1978

 

                                                                                        Introducción

 

                                                                          2             La gloria del Hijo         

                                                                        40             La encarnación

                                                                        91             La tentación

 

                                                                        41             La traición

                                                                        22             La crucifixión

                                                                        69             La ofrenda por la culpa

 

                                                                        16             La resurrección

                                                                        68             La ascensión

                                                                        45             El Rey-Esposo

 

                                                                        24             El Rey de gloria

                                                                      110             El Sacerdote-Rey-Juez

                                                                          8             El postrer Adán                                                                                           

                                                                        72             El reino milenario

                                                                        89             El pacto con David

                                                                      102             El que no cambia

                                                                      118             La cabeza del ángulo

            

 

 

Introducción

 

En el día de la resurrección el Cristo vivo encontró dos discípulos en la vía a Emaús, y les declaró en todas las Escrituras lo que de Él decían, comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas. Como consecuencia, el enfoque de aquellos dos fue cambiado radicalmente. Ellos declararon que su corazón ardía mientras Él hablaba y abría las Escrituras.

 

Al anochecer, en el aposento alto, Él se manifestó a los discípulos reunidos y les dijo: “Estas son las palabras que yo os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese lo que está escrito de mí

  • en la ley de Moisés,
  • en los profetas
  • y en los salmos”.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras.

 

Hay varios salmos que tratan de la persona y obra del Señor Jesucristo. Los llamamos los salmos mesiánicos, porque tienen que ver con el Mesías. Un salmo mesiánico es uno que: (1) contiene por lo menos una referencia directa a Él, y (2) se explica en el Nuevo Testamento al referirse a Cristo.

 

A veces todo un salmo es aplicable a Cristo; el Salmo 22 es un ejemplo. A veces sólo un párrafo es aplicable a Él; v.g., 40.6 al 10. En algunos salmos hay determinados versículos que son aplicables al Señor: 69.4,9,21; o, quizás un solo versículo: 41.9.

 

Es obvio que algunos salmos se ocupan de un todo con la persona, los pensamientos y el sentir de nuestro Señor; otros, en cambio, se refieren a la experiencia del salmista mismo y luego incluyen una referencia aislada al Mesías. Debemos tener cuidado de distinguir entre la experiencia espiritual del escritor del salmo y la referencia profética que hace a Cristo.

 

El Salmo 69 es un ejemplo. Cuando David exclama, “Dios, tú conoces mi insensatez, y mis pecados no te son ocultos”, es evidente que él se refiere a sí mismo. Pero cuando dice, “Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre”, es claro que las palabras son mesiánicas. El Nuevo Testamento las emplea en Mateo 27.34,48. Así que, tenemos que distinguir cuidadosamente entre la experiencia espiritual del escritor del salmo y la referencia profética a Cristo mismo.

 

Nos incumbe prestar oído a la exhortación de Pablo a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”.

 

Hemos sugerido que la regla para identificar un salmo como mesiánico se basa en que sea aplicado a Cristo en el Nuevo Testamento. Sin embargo, hay tres excepciones:

  • El Salmo 24 habla del rey de gloria
  • El Salmo 72 esboza el reino milenario de Cristo
  • El Salmo 89 expone el pacto con David que fue cumplido en el gran Hijo de David,
    el Mesías.

Estos tres no se usan directamente en el Nuevo Testamento pero los incluimos en la lista siguiente por sus referencias obvias a Cristo.

 

Distinguimos dieciséis salmos mesiánicos, según figuran en la lista ya presentada. Ellos no están en nuestra Biblia en secuencia cronológica en lo que se refiere a la vida del Señor:

 

Es nuestra oración ferviente que nuestro entendimiento sea abierto también para ver las cosas tocantes a Cristo en estos preciosos salmos, y que el mismo Espíritu Santo quien los inspiró nos ayude a interpretarlos y los aplique a nuestro corazón.

 

Salmo 2   La gloria del Hijo

 

Los Salmos 1 y 2 forman un conjunto en la Biblia hebraica, y juntos constituyen un prefacio a todos los salmos. Otros han señalado que el primer salmo comienza con una bienaventuranza y el segundo termina con una bienaventuranza. Los dos en conjunto forman una introducción admirable a la serie de salmos mesiánicos. En el primero vemos la gloria moral del Hijo, y en el segundo su gloria oficial.

En el primer salmo Cristo es el hombre biena-venturado, ocupado con un libro, un árbol y un río. En el segundo Él es el rey con una vara de hierro. El tema común es la gloria del amado Hijo de Dios en un mundo impío.

El Salmo 2 se cita siete veces en el Nuevo Testamento, y siempre con referencia a Cristo: Hechos 4.24 al 28, 13.33, Hebreos 1.5, 5.5, Apocalipsis 2.27, 12.5, 19.15. Hay en él cuatro títulos del Mesías: el Ungido, mi Rey, mi Hijo, y el Señor. Se puede dividirlo así, según quien habla:

  • la voz de rebelión; el hombre en sublevación; 2.1 al 3
  • la respuesta de Jehová; Dios en su ira; 2.4 al 6
  • la revelación del Hijo; 2.7 al 9
  • el llamado a la reconciliación; el Espíritu habla por la Trinidad
    en respuesta a la anarquía del hombre; 2.10 al 12

1. La voz de rebelión; 2.1 al 3

“¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas”.

El apóstol Pedro aplica estas palabras a la crucifixión en Hechos 4.27: “Verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera”. Esta es la aplicación primaria del pasaje, pero tiene una aplicación profética también.

En 2.1 al 3 hay una coalición en contra de Dios y su Hijo:

  • las naciones,
  • “el pueblo”, la nación de Israel,
  • el poder administrativo representado por Herodes,
  • el poder judicial representado por Poncio Pilato.

La confederación de la cruz predice otra que habrá al fin. Ellos piensan una cosa vana, a saber ¡que pueden derrumbar a Dios! Las palabras se levantarán y consultarán indican la adopción deliberada de una política, la aprobación de una resolución. Es un ataque contra ley y orden; es la proclama que “Dios está muerto”.

Se rechazarán tanto la ley de Dios en la Biblia como todas las reglas sobre la moral y el matrimonio. El hombre es el hacedor de su propio destino y la ética propia será la regla de vida. Toda ligadura y cuerda se echará al viento y el hombre moderno será librado de todo control.

Aun en el tiempo presente hay indicios de lo que sucederá al final cuando las barreras estén derrumbadas. La cosa comienza en la casa donde manda el hijo en vez del padre. Continúa en el colegio donde es ilegal disciplinar con la vara, y donde maestros y profesores carentes del temor de Dios enseñan la evolución y filosofía hedónica.

Va en aumento en la esfera social, donde la generación homosexual aboga abiertamente la libertad para el sexo fuera de lo natural, el aborto se legaliza y el concepto “unisex” acaba con la distinción entre hombre y mujer. Luego alcanza la esfera gubernamental: inmoralidad, corrupción, soborno, injusticia, todo desde el policía en la calle hasta el juez en el tribunal, penetrando también las esferas superiores.

Si estas cosas suceden mientras el Espíritu Santo y la Iglesia están deteniendo —2 Tesalonicenses 2.7— ¿qué será cuando sean quitados? El misterio de la iniquidad está actuando ya, pero se revelará en toda su horrenda suciedad cuando el alud caiga.

La Revolución Francesa de 1798 ofreció una pequeña primicia, cuando una ramera fue entronada en la Notre Dame, y otra vez la Revolución Rusa en 1917, cuando millones fueron aniquilados y el ateísmo asumió el mando. Se repitió en la China Roja cuando Mao y el comunismo arrasaron el país y los “tribunales” irregulares del poblacho devoraron millones de víctimas.

El segundo salmo predice el tiempo cuando la trinidad satánica —las dos bestias del Apocalipsis 13 apoyadas por el diablo— prohibirán la adoración del Cristo: 2 Tesalonicenses 2.3,4, Apocalipsis 13.4 al 8, 12.17. Aquellos que rehúsan obedecer, no llevando la marca ni adorando al hombre de pecado, serán enjuiciados. Esto será la obra culminante de las Naciones Unidas y el cumplimiento de la primera sección del Salmo.

2. La respuesta del Altísimo; 2.4 al 6

“El que mora en los cielos se reirá; el Señor [Adonai] se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira. Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte”.

Es un portento asombroso cuando Dios se ríe. Es supremamente ridícula la idea que el mero hombrecito pueda desafiar a Aquel que guarda en la palma de su mano el universo entero con todo su potencial. Los misiles balísticos y rayos láser son juguetes infantiles para Él, quien conoce todos sus secretos y mucho más.

La ira en el Apocalipsis es una expresión técnica que indica la serie de juicios en la gran tribulación que está asociada con los sellos en el capítulo 6. Se tratan de los juicios que los hombres traen sobre sí por su necedad, como por ejemplo la acumulación de armas nucleares. Estos juicios eliminarán una buena parte de la población del mundo y de sus recursos también.

Los juicios anunciados por las trompetas, capítulos 8 al 11, son mayormente satánicos, cuando los hombres recibirán la paga del pecado. Son similares a las plagas del Éxodo capítulos 5 al 12. Las copas de ira en el Apocalipsis, en cambio, son la ira del Dios Todopoderoso vaciada sobre el asiento de las bestias y sus seguidores.

Pero el punto culminante de todo esto es que Dios ha puesto su Hijo en su ciudad. Después del Armagedón, Él entrará triunfante en Jerusalén a ocupar la casa y el trono; véanse los Salmos 24 y 110 y Zacarías 6.13. Dios concibe esto como un hecho consumado.

3. La manifestación del Hijo; 2.7 al 9

“Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú”.

Este es uno de los grandes pasajes mesiánicos de la Biblia, revelado aquí por primera vez y por el propio Hijo. Esta realidad del Hijo eterno es una doctrina básica y esencial de la Palabra de Dios. Muchos cultos herejes niegan que Él era siempre el Hijo, pero los que conocen y aman al Señor Jesucristo proclaman y ensalzan esta verdad.

El versículo que estamos estudiando es el gran pasaje que sostiene esta afirmación decretada por la Deidad en la eternidad pasada. Cinco veces Juan lo expande, hablando del Hijo unigénito. Él es el Hijo desde siempre.

Algunos estudiosos enseñan que la palabra engendré no debe entenderse como una referencia a un acto específico sino a lo que ellos llaman “una generación eterna”. Entendido así, no se cuestiona la deidad eterna. Otros creen que las tres citas en el Nuevo Testamento explican a qué ocasión refiere la afirmación Yo te engendré hoy en Salmo 2.7. En realidad, parece difícil pensar en hoy como la eternidad entera; parece que se refiere a lo que nosotros llamamos el tiempo. A la vez, debemos estar en alerta acaso alguien diga que Cristo apenas llegó a ser el Hijo de Dios cuando nació de la virgen, y que Él no es el Hijo eterno.

La declaración consiste en dos partes. La primera, Mi hijo eres tú, afirma la relación eterna, desde siempre, entre el Padre y el Hijo. La segunda parte se cita tres veces, como veremos.

Hechos 13.32 al 34 dice: “el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido resucitando a Jesús; como está escrito en el segundo salmo: Mi hijo eres tú “El 13.33 se refiere claramente a la encarnación del Señor y su nacimiento a Israel, ya que dice “ha cumplido a nosotros, los hijos de ellos [los padres de la nación]”. El 13.34 se refiere obviamente a su resurrección: “le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción”

En medio de las dos declaraciones tenemos la cita de nuestro salmo: “Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy”. Se vincula tanto con la encarnación como la resurrección.

En Hebreos 5.5 la cita se hace en relación con la exaltación del Señor como sumo sacerdote: “Tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino que le dijo: Tú eres mi Hijo “En Hebreos 1.5,6 la cita se relaciona con su segunda venida. Ningún ángel recibe adoración, pero cuando Dios trae de nuevo a su Primogénito al mundo, Él dice: “Adórenle todos los ángeles de Dios”.

En su nacimiento Él fue señalado por los ángeles como Hijo, Lucas 1.35. En su bautismo, el Padre le saludó como Hijo, Lucas 3.22. En su transfiguración, el Padre le proclamó Hijo, Lucas 9.35.

Sugerimos, pues, que la afirmación te engendré hoy se refiere a la encarnación, el bautismo, la transfiguración, la resurrección, el sacerdocio y el regreso del Señor Jesús. Bien ha dicho otro que “la referencia no es a su entrada en la vida sino a la entrada en un oficio”.

Él no es sólo el Hijo; es también el Heredero: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás”.

Este lenguaje señala adelante al día cuando Él volverá a reinar. La vara del pastor, símbolo de la autoridad y el gobierno, será un cetro de oro para su pueblo, pero será una vara de hierro para las naciones rebeldes en el Armagedón; Apocalipsis 2.27, 12.5, 19.15, Salmo 110.2.

4. El llamado a la reconciliación; 2.10 al 12

La admonición del Espíritu es a los reyes y jueces de la tierra—a los poderes ejecutivos y judiciales de los gobiernos. La sabiduría verdadera está en la reconciliación oportuna, antes que caiga el juicio.

“Honrad al Hijo”, comienza el 2.12. [Besad al Hijo en la Reina-Valera de 1909, la Versión Moderna de 1883 y otras] El beso en las Escrituras es símbolo de varias actitudes.

En Lucas 7.38 el beso es señal del arrepentimiento. Hizo cinco cosas la pobre mujer que entró en la casa de Simón y se paró detrás de Jesús. Ella lloró, regó los pies de Jesús con sus lágrimas, los enjugó con sus cabellos, besó sus pies, y los ungió con perfume. Las lágrimas y el beso eran evidencias de un arrepentimiento verdadero. Nuestro Señor dijo: “Sus muchos pecados le son perdonados”.

El beso es también señal del perdón. En Lucas 15.11 al 24 el pródigo volvió al hogar paterno y, después de su confesión, recibió el beso del perdón, junto con un anillo, una túnica, zapatos y un banquete de bienvenida.

Pero aquí el beso es señal de homenaje y lealtad. Véase Génesis 41.40, donde José es exaltado al trono de Egipto; en ese versículo, se gobernará todo el pueblo es exactamente el honrar o besar de Salmo 2.12. Otro uso de la palabra está en 1 Samuel 10.1; al ungir a Saúl, Samuel le besó.

Es interesante observar que se emplean dos palabras para hijo en el Salmo. ¿Por qué la diferencia? En el 2.7 es ben, una palabra hebraica, como en Benjamín. Esta se relaciona con Cristo a la diestra del Padre. En el 2.12 es bar, como en Barrabás, y es una palabra gentil. Esta se relaciona con los poderes gentiles en el Salmo. Si en realidad se escribió el pasaje en la ocasión de la rebelión de Absalón, ¡qué referencia trágica tiene!

El Salmo termina con la bienaventuranza: “Bienaventurados todos los que en él confían”.

 

Salmo 40        La encarnación

 

En el estudio de los salmos mesiánicos nos encontramos repetidas veces frente al problema difícil de determinar qué partes se refieren al autor y cuáles a Cristo. A menudo el salmista, bajo el poder y la inspiración del Espíritu, se encuentra más allá de los límites de su personalidad propia, para presentar la persona del Mesías. La dificultad se aumenta cuando se cita en el Nuevo Testamento sólo una parte del salmo con referencia a nuestro Señor, y el resto del salmo parece referirse al salmista mismo. Es así especialmente en el Salmo 40.

En éste hay tres versículos que figuran de nuevo en Hebreos 10.5 al 7 como habiendo sido dirigidos al Padre por el Señor en la ocasión de su venida al mundo. (“Entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste”) La cita proviene de la Versión de los Setenta. Sin duda estas palabras del salmista encontraron su entero cumplimiento en nuestro Señor.

Pero en la última parte del Salmo hay dos afirmaciones que difícilmente pueden entenderse como declaraciones personales del Señor. Pueden ser ciertas en cuanto a David pero no de Cristo. Primeramente hay la confesión personal de iniquidades en el 40.12, “Me han rodeado males sin número”, y luego las imprecaciones de los versículos 14 y 15, “Sean avergonzados y confundidos “(Imprecar es manifestar el deseo de daño para otro)

Algunos piensan resolver esta dificultad con decir que la víctima intachable asumió nuestros pecados a tal extremo que los confiesa como suyos propios. No hay duda de que en la expiación voluntaria y vicaria nuestro Señor llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, pero nunca le encontramos confesando pecado personal como hacía David al decir, “Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza”. A la vez, las exclamaciones imprecatorias parecen ser todo lo opuesto a la exclamación de nuestro Señor en la cruz, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Pero no podemos equivocarnos al aplicar a Cristo la parte intermedia del Salmo, o sea, los versículos 6 al 10 de donde viene la cita de Hebreos 10. El resto lo aplicamos a la experiencia personal de David. Así, dividimos el Salmo de la manera siguiente:

  • la experiencia devastadora de David y su salvación, 40.1 al 5
  • la encarnación del Mesías, 40.6 al 10
  • la oración de David, pidiendo ayuda y consuelo, 40.11 al 17

1. La experiencia de David; 40.1 al 5

Históricamente la primera parte del Salmo puede aplicarse a la experiencia de David durante la rebelión de Absalón, o puede aplicarse al sombrío episodio cuando él pecó contra Dios en el asunto de Betsabé y su clamor de arrepentimiento descrito tan vivamente en los Salmos 51 y 32. Como Jeremías se hundió literalmente en el cieno de la cisterna en la cual el rey Sedequías le permitió ser echado por sus príncipes, así David tuvo una experiencia similar en sentido espiritual.

Esto parece haber sucedido varias veces en su vida: cuando fue perseguido por Saúl, cuando huía a Gat, cuando fue rechazado y vivía en la cueva de Adulam, y cuando sus hijos se rebelaron contra él. Él no podía levantar la vista; su clamor se levantaba; él fue levantado y arreglado, 40.12,1,2.

Sus pies fueron afirmados, sus pasos enderezados, y su boca recibió un canto, a saber, alabanza a nuestro Dios. Contemplando las obras de Dios y meditando en sus pensamientos hacia Él, David dice que no pudo calcular la cuenta. Estas experiencias tan positivas que tuvo David son propias de toda alma redimida en el día de hoy. ¡Pero nosotros podemos añadir que un día pronto seremos levantados al aire para ser recibidos por Cristo!

¡Qué gozo para el creyente contar con la Roca de los siglos para sus pies, el canto de la redención para su boca, y la ley de Dios para su corazón!

2. La encarnación del Mesías; 40.6 al 10

Este gran trozo se divide en cuatro pensamientos, y en el medio está la cláusula de la encar-nación, “He aquí, vengo”. Hay:

  • lo inadecuado de los sacrificios levíticos, 40.6
  • el oído abierto, horadado, del Siervo, 40.6
  • la predicción de las Escrituras, 40.7
  • la ley escondida en el cofre interior del corazón, 40.7

Los sacrificios inadecuados –

“Sacrificio (zebach) y ofrenda (minchah) no te agrada; has abierto mis oídos; holocausto (olah) y expiación (chataah) no has demandado”.

Las cuatro palabras hebraicas que se emplean aquí abarcan las ofrendas principales del código levítico. Zebach es un término amplio que incluye todos los sacrificios eucarísticos, o sea, la ofrenda de paz, la oblación y la ofrenda votiva. Minchah es la ofrenda de la harina, vinculada con la oblación. Olah es el holocausto. Chataah se refiere a los sacrificios por el pecado, a saber el expiatorio y el sacrificio por la culpa. Todos señalan la muerte de Cristo en la cruz.

Al estudiar los sacrificios antiguos que se describen en los primeros siete capítulos del Levítico, nos damos cuenta de que ellos se dividen en dos grupos. Hay primeramente las ofrendas de olor grato, consistiendo en el holocausto, la ofrenda de harina, y las paces. El otro grupo consiste en el sacrificio expiatorio y el sacrificio por la culpa. El primero de estos dos tenía que ver con el pecado contra Dios, la violación de su carácter santo, cosa que exigió juicio. El segundo de los dos contemplaba el daño hecho también al prójimo, cosa que exigía restitución.

Las ofrendas eran distintas, pero todas ellas presentaban varios aspectos de la persona y obra de Cristo. El holocausto era, desde luego, la ofrenda de mayor categoría. En las demás ofrendas de olor grato se ofrecían a Dios sobre el altar determinadas partes de la víctima, pero otras se dividían entre los sacerdotes y el pueblo, y se usaban como comida para el pueblo de Dios. El holocausto, en cambio, se consumía íntegro sobre el altar. Y, había algo en el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo que sólo Dios mismo podía comprender y valorar en su plenitud.

La ofrenda de harina presenta la gloria moral del Señor y su humanidad sin tacha vinculada con su deidad. La ofrenda de paces habla de aquella santa persona que hizo la paz por la sangre de su cruz. El sacrificio expiatorio presenta al Varón sin pecado quien fue hecho pecado por nosotros; y, el sacrificio por la culpa es figura de aquel que fue herido por nuestras transgresiones y en amor pagó lo que no había robado.

Es un criterio errado aquel que considera el sistema sacrificial de Israel como mero rito. Los sacrificios eran la escuela preparatoria para la nación, señalando hacia adelante a un Mesías por venir, quien padecería por los pecados de la nación y del mundo entero. Eran de un carácter profundamente educativo y espiritual. Pero, lamentablemente, ellos se degeneraron de este ideal y se convirtieron en meras rutinas externas. Dios, por lo tanto, expresó su repu-dio de ellos; véanse 1 Samuel 2.12 al 17, 15.22, Isaías 1.11,12, Amós 5.21 al 24, Proverbios 15.8, Malaquías 1.7,8.

En el sistema de sacrificios mosaicos se beneficiaron millones de animales y se originaron ríos de sangre. El buey, el chivo, la oveja, el cordero y el palomino eran puestos sobre el altar. Todos tenían su significado; todos señalaban a la cruz. Era la etapa de la historia de Israel que dependía del libro de cuadros ilustrativos. Pero el Salmo 40 pronuncia un veredicto doble: “Sacrificio y ofrenda no te agrada”, y “Holocausto y expiación no has demandado”. La Epístola a los Hebreos da las razones.

El oído abierto y horadado

“Has abierto mis oídos”. La palabra hebrea para abierto es karah. Este vocablo se traduce repetidas veces como cavar en el sentido de cavar un hoyo, pero en Salmo 22.16 figura como horadar. Aquí y una vez en el Génesis los traductores emplean nuestra palabra abrir.

Parece que el pasaje en nuestro salmo se refiere al siervo de Éxodo 21 y Deuteronomio 15: “su amo le horadará la oreja con lesna”. (La palabra horadará en el Éxodo es otra en hebreo, usada esta vez no más) En el Éxodo 20 se nos presenta la ley y el altar, y luego en el 21 el régimen sobre el siervo hebreo que no quiere la libertad sino desea quedarse con su esposa e hijos.

Este es el esquema de Salmo 40.6 al 10. Nuestro Señor asumió voluntariamente la forma de siervo, Filipenses 2.7. La esclavitud del hebreo en el Éxodo se debía al haberse endeudado a tal extremo de no poder cancelar la cuenta sino con seis años de servidumbre, pero nunca más allá del año de jubileo. Todo esto es un cuadro de la ruina del hombre a causa del pecado, y de la creación que gime por la misma razón.

Obsérvense en el Éxodo 21 dos etapas del relato. Los primeros seis años son obligatorios; luego viene la crisis y una decisión. Se lleva el hombre ante las autoridades, y allí se realiza una transacción legal: “Si el siervo dijere: Yo amo a mi Señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre”.

En la primera etapa de su servicio el motivo era la dedicación a su maestro, pero en la segunda había también el amor hacia la esposa y los hijos. En la primera el servicio era obligatorio pero en la segunda voluntario, producto sólo del amor. “Si entró solo”, (literalmente, con sólo su cuerpo) “saldrá solo”, o sea, con sólo su cuerpo.

El poste de la puerta fue el lugar donde se puso la sangre en la fiesta pascual en Egipto, Éxodo 12.7,22. Fue allí también que se escribía la ley una vez que el pueblo estuviese en Canaán, Deuteronomio 6.9, 11.20. Aquí es muy transparente y radiante el velo que cubre la enseñanza típica.

Se trata de un cuadro maravilloso de la encarnación y de aquellas heridas permanentes, las prendas de su amor para con la Iglesia, que se le infligieron al Señor en el Calvario. Viene día cuando la marca de la bestia estará sobre la frente a la mano de los muchos que ese hombre engañará, pero aquí está sobre la oreja —el lugar donde se oye la voz del Maestro. En Hebreos 10.5 el oído se cambia a “me preparaste cuerpo”. ¿A qué se debe esto? Cuando la oreja del siervo esta horadada como señal del amor, Dios dispone del cuerpo entero.

“He aquí vengo”

Tenemos aquí una conversación entre el Padre y el Hijo. Aquel bendito Ser que estaba siempre en el seno del Padre declara su venida al mundo de tiempo y espacio. Fue un hecho voluntario, efectuado a propósito. De ningún otro se podría decir esto. Fue también un acto de compasión de parte suya:

  • Yo de Dios he salido, y he venido. Juan 8.42
  • He descendido del cielo para hacer la voluntad del que me envió. Juan 6.38
  • Salí del Padre, y he venido al mundo. Juan 16.28
  • por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó
    de lo mismo. Hebreos 2.14 al 16

Fue un acto de amor de parte del Padre:

  • Él me envió. Juan 8.42
  • Dios envió a su Hijo. Gálatas 4.4
  • Dios envió a su Hijo unigénito al mundo. 1 Juan 4.9

Fue una obra de poder de parte del Espíritu:

  • lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es, Mateo 1.18 al 20
  • El Espíritu Santo vendrá sobre ti. Lucas 1.35

La encarnación es un misterio profundo. Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, Mateo 11.27. Grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, 1 Timoteo 3.16. Por la encarnación Jesús se presentó cual Dios manifestado en carne. El apóstol Juan emplea tan sólo cinco palabras para describirla: “Aquel Verbo fue hecho carne”. Lucas, en cambio, ofrece algunos detalles y emplea quizás tres mil palabras.

El Señor Jesucristo asumió una humanidad sin pecado pero jamás dejó de ser Dios. No puede haber lapso alguno en deidad. No hubo resta sino suma. Para completar deidad en su esencia, con todos sus atributos, fue añadido un cuerpo santo, perfecto y humano. ”Loor al Verbo encarnado, en humanidad velado”.

Algunos han dicho que Él no comprendía su identidad ni su misión hasta que fuese bautizado en el Jordán cuando el Espíritu descendió y moró en Él. Otros han especulado que Él tan sólo aprendió quién era por el estudio del Antiguo Testamento. Pero con toda seguridad Él conocía su identidad y misión a la edad de doce años cuando dijo a María y José, quienes le habían buscado en el templo, “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”

Es algo que se escapa de nuestra pobre comprensión finita, pero aceptamos por fe que Él no era menos majestuoso en su nacimiento de lo que será cuando sentado sobre el trono supremo. Sus manos sostenían los orbes del universo en los mismos momentos en que las manos de María le sostenían a Él. La Omnipotencia se encontró envuelto en pañales, huyendo a Egipto.

El rollo del libro

“En el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado”, 40.7,8.

Esto no puede ser otra cosa que profecía mesiánica en los escritos del Antiguo Testamento. Desde el evangelio en prototipo en el huerto del Edén, con su promesa de la simiente de la mujer, hasta el advenimiento del mensajero del pacto al comienzo de Malaquías 3, hay una serie larga de predicciones de la venida del Mesías.

 

 

 

Citemos unas pocas:

  • Promesa La simiente de la mujer, Génesis 3.15
  • Pueblo Belén (no Nazaret), Miqueas 5.2
  • Persona De una virgen; el niño nacido y el Hijo dado, Isaías 7.14, 9.6
  • Programa Un esbozo de su ministerio público, Isaías 61.1
  • Pasión Salmo 22, Isaías 53
  • Período El Mesías cortado al final de sesenta y nueve semanas, Daniel 9.26
  • Pontificado Según el orden de Melquisedec, Salmo 110

Sobre todas estas referencias se podría escribir: “El hacer tu voluntad, Dios mío,
me ha agradado”.

Encontrándose cansado y hambriento junto al pozo de Sicar, Él pudo decir a los discípulos, “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. En su gran intercesión registrada en el capítulo 17 de Juan, Él oró, “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado”. Esta es deidad conversando con deidad. Pero en su agonía en el oscuro Getsemaní, Él exclamó, “Padre, si quieres pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Toda su vida representó una realización de la voluntad del Padre, y en esto Él se gozaba.

La Ley en el corazón

La primera cláusula del nuevo pacto es: “Pondré mis leyes en sus corazones”, Hebreos 10.16. Fue el caso primeramente en cuanto a nuestro Señor. Así como las tablas de la Ley estaban guardadas en el arca del pacto, las antiguas Escrituras estaban guardadas en el corazón del Señor.

Es interesante observar el uso que Él hacía de las Sagradas Escrituras en su ministerio público. Él puso el sello de su aprobación sobre los escritos de:

  • Moisés: ni una jota ni una tilde de la ley, Mateo 5.18
  • Daniel: habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), Mateo 24.15
  • David: David en el espíritu le llama Señor, Mateo 22.43
  • Isaías: se le dio el libro del profeta Isaías hoy se ha cumplido esta Escritura, Lucas 4.17

En su tentación por Satanás en el desierto, Él citó tres veces del Deuteronomio. En la cruz Él usó las palabras del Salmo 22 en medio de las tinieblas: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” E, inmediatamente antes de entregar el espíritu, exclamó, “Consumado es”, una cita del último versículo del mismo salmo (“Él ha hecho esto”)

Verdaderamente la Palabra de Dios moraba en Él abundantemente. Él es el hombre bienaventurado del Salmo 1; en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley Él medita de día y de noche.

El anuncio en la grande congregación

“He anunciado justicia en grande congregación; he aquí no refrené mis labios, tú lo sabes”, 40.9,10.

Como consecuencia de la obra de Cristo en su encarnación y su muerte cual sacrificio en la cruz, hay un mensaje de cinco partes que Él proclama a toda la humanidad. Obsérvese los cinco :

  • tu justicia: Este es el tema de la Epístola a los Romanos; la justicia de Dios
    y cómo Él puede ser justo y a la vez justificar al impío.
  • tu fidelidad: Sara, por ejemplo, creyó que era fiel quien lo había prometido,
    Hebreos 11.11
  • tu salvación: En Efesios 2, como en otras partes, se encuentra expuesta la salvación
    en sus tres tiempos; o sea, la salvación de la penalidad, el poder y la presencia del pecado.
  • tu misericordia: La longitud, amplitud, profundidad y altura del amor de Dios nos
    son expuestas en el ministerio del Señor en el aposento alto, Juan capítulos 13 al 17
  • tu verdad: El amor está equilibrado siempre por la verdad, como Juan enseña
    en sus tres epístolas.

3. La oración de David; 40.11 al 17

La tercera sección del Salmo revierte a la experiencia personal de David, y consiste en una oración. Primeramente, hay la convicción y confesión: “Me han rodeado males sin número; me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla”.

Sigue en el versículo 13 su clamor por ayuda: “Quieras, oh Jehová, librarme “ Y, finalmente, vienen la salvación y libertad: “Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan Jehová sea enaltecido”.

* * *

El Salmo en Hebreos capítulo 10

El escritor de la epístola a los hebreos cita del Salmo como figura en la Versión de los Setenta. Esta es una traducción del Antiguo Testamento del hebreo al griego que se realizó (supuestamente por setenta eruditos) en Alejandría, Egipto en el tercer siglo antes de Cristo. El Espíritu Santo sanciona la traducción. El lenguaje en Hebreos es “me preparaste cuerpo”, mientras que en Salmo 40 es “has abierto mis oídos”.

No hay discrepancia; la mención del cuerpo entero parece ser una alusión del siervo hebreo del Éxodo 21. La oreja horadada es evidencia de que todo el cuerpo está dedicado.

El pasaje en Hebreos enfatiza:

  • la voluntad de Dios, 10.7
  • la obra de Cristo, 10.12
  • el testimonio del Espíritu, 10.15
  • el sello del pacto nuevo, 10.16,17

La ofrenda del cuerpo de Cristo hecha una vez para siempre desplazó el sistema antiguo. Encontramos dos veces más la palabra siempre: “una vez para siempre un solo sacrificio”, e “hizo perfectos para siempre a los santificados”, 10.10,14. Esto está en cumplimiento de la gran profecía mesiánica del Salmo 40, y es el punto culminante en la Epístola a los Hebreos en su enseñanza de la encarnación y el sacrificio vicario y expiatorio del Salvador en la cruz del Calvario.

 

Salmo 91        La tentación

 

Los Salmos 90 y 91 son la introducción al cuarto libro de salmos, el cual consiste en diecisiete salmos, terminando con el número 106. El cuarto libro de salmos corresponde al cuarto libro del Pentateuco —Números— y es un comentario sobre las experiencias del pueblo de Israel en el desierto.

Moisés es el autor del Salmo 90 y probablemente del 91 también. Hay muchas expresiones en los dos salmos que son similares o idénticas al lenguaje empleado por Moisés en su despedida a Israel en Deuteronomio 32 y 33. El nombre de Moisés es usado siete veces en esta sección de los salmos.

Hay marcados contrastes entre los Salmos 90 y 91. En el primero hay seiscientos mil arrebatados y en el segundo hay dos sobrevivientes, a saber, Caleb y Josué. El 90 habla del castigo judicial y el 91 de la preservación divina. Uno es realmente un lamento y el otro un canto de triunfo.

Ambos salmos comienzan con una morada: “nos has sido refugio”, y “el que habita al abrigo”. El Salmo 90 comienza con una oración que consta de siete partes y el Salmo 91 termina con una promesa que consta de siete puntos. Las siete promesas son la respuesta a las siete oraciones.

El Salmo 91 comienza con cuatro aspectos de la protección divina, versículos 1 al 4, y prosigue con diez peligros satánicos en 3 al 13. Hay siete promesas de Dios en 91.14 al 16.

El hombre pecaminoso escucha el diálogo entre el Espíritu en el 91.1, el Hijo en 91.2, el Espíritu en 91.3 al 13 y el Padre en 91.14 al 16.

Se puede aplicar el Salmo de tres maneras:

  • a la tentación del Señor Jesús, Mateo 4.6 y Lucas 4.10,11
  • a Josué y Caleb
  • al creyente hoy día.

1. La protección divina; 91.1 al 4

El salmista comienza con hablar del abrigo del Altísimo.

El Espíritu Santo emplea en estos versículos cuatro nombres de Dios, una verdadera galaxia de títulos, cada uno con su sentido propio:

  • el Altísimo, el Elyón, como en Génesis 14.19 (usado por Melquisedec) y Daniel 4.24 (usado por Daniel). Este título se usa mayormente en relación con los gentiles
    —el Altísimo hizo heredar a las naciones, Deuteronomio 32.8.
  • el Omnipotente o el Todosuficiente, Shaddai, típico del lenguaje de Jacob y Job.
    Se dice que viene de shad, el pecho.
  • Jehová, el que hace pacto y lo guarda.
  • Dios, Elohim, el Creador del Génesis 1.1.

El que habita (hace su hogar) al abrigo del Elyón morará (pasará la noche) bajo la sombra del Shaddai. Dirá de Jehová que Él es su esperanza y castillo; es su Elohim y en Él confiará.

Estos títulos tan magníficos describen la majestad de Dios, su gloria, poder, compasión y ternura. Son el recurso y el escondite para cada hijo de Dios que sea tímido o esté cansado.

El Salmo emplea cuatro descripciones para este escondedero.

  • Es un abrigo. Algunas traducciones de las Escrituras hablan más bien
    del lugar secreto; la Versión Moderna lo llama el retiro, con escondedero
    como nota al margen. Sólo Dios y sus hijos lo conocen.
  • Es un castillo; el enemigo no penetra allí. “Castillo fuerte es nuestro Dios”,
    escribió Martín Lutero en su famoso himno.
  • Es un nido de pájaro, cubierto por las alas de la gallina. Este hermoso símil se usa con referencia a la creación, la pascua, el tabernáculo; se usa acerca de Rut, por David, y por nuestro Señor en Mateo 23.37. Moisés vería el águila en el desierto de Sinaí, con sus fuertes alas, garras y pico, todo para proteger a los pichones en el nido. Los africanos con quienes yo vivía decían que la gallina tiene cuatro llamadas: una para la comida, una para peligro, otra para calor, y otra para los pichones que las acompañan.
  • Es la porción del soldado: “escudo y adarga es su verdad”. Vienen a la mente la coraza y otras armaduras que figuran en Efesios 6.

Esta misma idea del abrigo se encuentra en los querubines sobre el propiciatorio en el lugar santísimo del tabernáculo, y también en la columna y la nube sobre el mismo. Dios se hacía presente, cubriendo a su pueblo.

Teodoro Bozo era una figura prominente en la Reforma, y traductor de las Escrituras. En su lecho de muerte él se remitió a los tres pronombres personales en el 91.2: mi esperanza, mi castillo, mi Dios. Moisés, Elías, David, Pablo y Juan: todos ellos conocían bien este abrigo, este lugar secreto. Está disponible para nosotros también.

Hace 300 años, en los días de los coventarios (“la gente del pacto”) en Escocia, cuando el gobierno católico en Londres perseguía cruelmente a los protestantes del norte, un grupo de humildes labradores estaba celebrando la Cena del Señor a escondidas entre los arbustos del campo. Un atalaya dio el aviso: “¡Viene la tropa!” El anciano Sandy, el predicador, se echó a rodillas y exclamó, “¡Oh! Señor, ¡cubre a este viejo y a su grey con la sombra de tu ala!” Repentinamente, una densa neblina envolvió a los evangélicos. Los soldados no vieron nada, y siguieron.

2. Los peligros satánicos; 91.5 al 13

Israel en el desierto

Se hace mención de diez enemigos en tres categorías.

Primeramente hay las armas del enemigo: la saeta de día y el terror o la trampa de noche. Son los ataques de Amalec y de Moab, y en otra época la maledicencia de Balac y Balaam.

Luego, la enfermedad corporal: la pestilencia que anda en la oscuridad y la mortandad que gasta a uno en pleno sol. El libro de Números describe las diversas plagas que alcanzaron a los israelitas en el campo y en la marcha, todas ellas consecuencia de la necedad y el pecado. Murieron 14.700 en la rebelión de Coré, Números 16. En la plaga que vino a consecuencia del pecado con las mujeres de Moab, capítulo 25, otros 24.000. Al cabo de los cuarenta años quedaron sólo dos, Josué y Caleb, de entre los 600.000 que habían salido de Egipto.

Finalmente, hay las fieras: el león, el áspid y el dragón. Todos tres se usan en las Escrituras como figuras de Satanás. El león devora, 1 Pedro 5.8; la serpiente o el áspid es el más astuto, Génesis 3.1; el dragón es el perseguidor, Apocalipsis 12.13.

Esta sección del Salmo incluye el pasaje que Satanás usó al tentar el Señor en el desierto. En esa ocasión él utilizó la misma táctica que había empleado con Eva en el Edén; él adulteró la Palabra de Dios.

La tentación de Cristo

La tentación de nuestro Señor está relatada mayormente en Mateo 4.1 al 11 y Lucas 4.1 al 13.

El primer acto suyo después de su bautismo en el Jordán, al comienzo de su ministerio público, fue el de ir al desierto a ser tentado por el diablo. Marcos dice que el Espíritu le impulsó, 1.12. Esto no quiere decir que Él fue conducido allí contra su voluntad. Cual postrer Adán, Él sería probado donde el primer Adán había fracasado, pero no en las mismas condiciones.

La primera tentación se realizó en un huerto deleitoso, un ambiente perfecto, pero la de nuestro Señor se efectuó en un desierto después de cuarenta días de ayuno. La tentación en el Edén fue dirigida al cuerpo, alma y espíritu, y la de nuestro Señor también.

Primeramente se apeló al apetito, ya que Él tenía gran hambre. “Si eres Hijo de Dios, dí que estas piedras se conviertan en pan”. Pero Él contestó: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Luego la tentación apeló a la ambición. El diablo llevó al Señor a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo. Le dijo, “Si eres el Hijo de Dios, échate abajo”. Y ahora la cita incorrecta de Salmo 91.11,12. El diablo dijo que estaba escrito que “a sus ángeles mandará acerca de ti” y “en tus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra”. Él suprimió las palabras, “que te guarden en todos tus caminos”.

¡El diablo nunca es más peligroso que cuando cita la Palabra de Dios, sea que la cite bien o mal! La respuesta de nuestro Señor fue: “Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”. Al echarse del pináculo del templo, Él hubiera impresionado poderosamente a la multitud congregada allí, pero semejante cosa no sería conforme a la voluntad del Padre.

La tercera tentación tenía que ver con la adoración. “Le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares”.

Hay algunas consideraciones clave acerca de la tentación de nuestro Señor que debemos entender claramente. Hay una diferencia importante entre Adán y el Señor Jesucristo. Adán fue creado y antes de su pecado era inocente. Nuestro Señor era el increado, eterno Hijo de Dios y era santo. Debemos llevar en mente siempre que Él era Dios manifestado en carne, sin separar sus dos naturalezas: su deidad y su humanidad perfecta y sin pecado.

Las Escrituras declaran que Él era sin pecado. Juan dice, “En él no hay pecado”, 1 Juan 3.5. Pedro dice, “El no hizo pecado”, 1 Pedro 2.22. Pablo dice, “El no conoció pecado”, 2 Corintios 5.21. Él era el Cordero sin mancha, 1 Pedro 1.19.

Él fue tentado en todo según nuestra semejanza —o sea, según somos tentados— pero sin pecado, Hebreos 4.15. En Él no había ningún enemigo que podría abrir la puerta, ninguna naturaleza caída a la cual el enemigo podría apelar.

No obstante las afirmaciones claras de las Escrituras, algunos dirían que, si bien Él no pecó, ha podido hacerlo; de otra manera, dice, la tentación no era en verdad tal cosa. Este es terreno sumamente peligroso, y presenta preguntas graves en cuanto a la persona de Cristo. Algunos cortarían el nudo gordiano al decir que Él fue tentado en su humanidad y por lo tanto ha podido fallar, pero aquí también se dividen las dos naturalezas. ¡Es blasfemia decir que el Dios-Hombre ha podido pecar o ceder!

Pero a la vez Él padeció siendo tentado. Sus tentaciones eran veraces. Su naturaleza santa, sin tacha sintió repugnancia ante las propuestas que le fueron formuladas. Hay dos tipos de tentación. Santiago habla de uno al decir en el 1.14 que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Esto es cierto en cuanto a nosotros pero no de nuestro Señor. Otro tipo es la prueba. Abraham fue probado cuando Dios le mandó a ofrecer a su hijo como holocausto.

Se prueba cada viga en un puente, no para partirla sino para mostrar que puede llevar la carga. El oro puro puede soportar la prueba del fuego; el fuego no hace el oro, pero sí pone de manifiesto que el metal es oro. Es posible que una ciudad sea sitiada aun cuando inexpugnable. ¿Por esto el cerco es irreal? Una personalidad sin pecado ha podido sentir la fuerza de la tentación aun más que nosotros. No se trata de una lucha fingida entre la naturaleza santa de Jesús y la persona del diablo. Guardemos, pues, la verdad de un Cristo impecable.

El método que Él usó para vencer a Satanás está disponible a todos nosotros: “¡Escrito está! ¡escrito está!” La espada del Espíritu, la Palabra de Dios con sus dos filos, es como la espada de Goliat. David dijo, al huir de Saúl, “Ninguna como ella; dámela”.

El versículo 13: “Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón”.

Parece que estas palabras guardan una relación directa con el Génesis 3.15. La simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente. Satanás fue derrotado cuando tentó a Jesús en el desierto, pero fue en el Calvario que su cabeza fue pisada y su poder sobre la muerte anulado; Hebreos 2.14. Pablo pudo consolar a los santos en Roma con las palabras: “Dios aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies”, Romanos 16.20.

3. Las promesas divinas; 91.14 al 16

Aquí tenemos la voz del Padre. Siete veces oímos de acciones que Él tomará: libraré, pondré, responderé, estaré, libraré y glorificaré, saciaré, mostraré. Las siete respuestas corresponden a las siete solicitudes de Salmo 90.14 al 17.

Su amor: Todo encuentra su origen en el amor de Dios y nuestra respuesta a éste. Fue así primeramente en cuanto a Cristo y su amor para con su Padre, mencionado repetidas veces en Juan 13 al 17. Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero.

El Nuevo Testamento habla de seis personas a quienes Jesús amaba: Marta, su hermana y Lázaro; el joven rico; el apóstol Juan, el discípulo a quien Jesús amaba. Pablo pudo hablar del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Siendo nosotros la séptima persona, podemos decir, “Me amó a mí”. ¡A su nombre gloria!

Su nombre: “Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre”. Esto puede ser aplicado al Señor Jesucristo en su resurrección y exaltación a la diestra de Dios. Pero nosotros también, al conocer y regocijarnos en el sentido de los nombres de Dios al comienzo del Salmo, podemos ser sacados de este mundo triste y entrar en la paz del abrigo secreto del Altísimo.

La oración: “Me invocará, y yo le responderé”. Es verdad en cuanto a la vida secreta de oración de nuestro Señor cuando Él estaba aquí abajo, como el Evangelio de Lucas narra de una manera tan hermosa. Testificamos gustosamente que Dios contesta la oración; una y otra vez el Señor ha respondido oportunamente a nuestros ruegos.

La angustia: “Con él estaré yo en la angustia”. Job dijo que el hombre nacido de mujer es corto de días y hastiado de sinsabores, pero el Salvador, en contraste, nos manda a que nuestros corazones no se turben: “Creéis en Dios”, dice, “creed también en mí”. Qué consuelo es contar con la presencia divina en nuestra angustia.

Libertad y honra: “Lo libraré y le glorificaré”. La Palabra declara: “Yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco”, 1 Samuel 2.30. Esta realidad se ilustra en las vidas de Moisés, José y Daniel, y en las experiencias de muchos otros desde aquellos tiempos.

Larga vida: “Lo saciaré de larga vida”. El 90.10 asigna setenta hasta ochenta años para la vida del débil hombre, pero Moisés vivió hasta los 120. Al cabo de este lapso sus ojos no se habían oscurecido y su vigor estaba intacto. Josué alcanzó los 110 años. Caleb a los 85 años solicitó una responsabilidad muy exigente; él se enfrentó a los tres hijos de Anac y conquistó la ciudad real de Hebrón; Josué 14.12, Efesios 6.2,3.

La salvación: “Le mostraré mi salvación”. La salvación tiene tres tiempos: el pasado, presente y futuro. Es la libertad de la pena del pecado, del poder del pecado y de la presencia del pecado. La sangre de Jesucristo llevó nuestro pecado; el Señor lleva nuestra carga; y, ¡toda honra al Salvador! un día Él nos llevará a nosotros también. Estaremos para siempre con el Señor, la salvación realizada ya en su plenitud.

 

Salmo 41        La traición

 

Los antecedentes del Salmo 41 están en la rebelión de Absalón contra su padre David. La historia se encuentra en 2 Samuel capítulos 11 al 16. Este es el último en un grupo de salmos que corresponden a ese período; son los Salmos 38 al 41. El versículo final del 41 es la conclusión formal del Libro I de todos los salmos; el Libro había comenzado con el Varón Bienaventurado y ahora concluye con el Varón Vendido. “En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado”.

El Salmo 41 contiene un solo versículo que es claramente mesiánico. Es el versículo 9, el cual nuestro Señor citó en Juan 13.18,19 con aplicación a Judas: “El que come pan conmigo”. El resto del Salmo es la experiencia de David cuando algunos de sus mejores amigos, incluso su propio hijo, conspiraron contra él y reclutaron un ejército para derrumbar su trono y reino.

Estos fueron los padecimientos que David había traído sobre sí como consecuencia de su gran pecado registrado en 2 Samuel 11. Cuando el profeta Natán vino a David y, habiendo relatado la historia de la corderita, le acusó dramáticamente del pecado de adulterio y homicidio, David confesó su culpa y se arrepintió de verdad en las palabras de los Salmos 51 y 32.

La respuesta de Natán fue: David, tu pecado está perdonado, pero jamás se apartará la espada de tu casa. David había echado a perder el hogar de otro hombre y le había quitado la vida también. Él tendría que cosechar con lágrimas amargas y sufrimiento lo que había hecho, y sería por intermedio de las acusaciones de sus propios hijos y la familia. David tuvo que aprender que lo que el hombre sembrare, esto también segará. Él había consentido a Absalón, su hijo buen mozo y soberbio, y había cerrado sus ojos y oídos a dos crímenes de éste. Ahora vendrían las consecuencias.

Entre los conspiradores en la rebelión de Absalón figuraba Ahitofel, en un tiempo el mejor amigo de David y su consejero de confianza. Cuando David oyó que Ahitofel se había unido a los conspiradores, exclamó en angustia: “Entorpece ahora, oh Jehová, el consejo de Ahitofel”. Su mejor amigo se había vuelto traidor.

Podemos comprender el motivo detrás de su traición: Ahitofel era abuelo de Betsabé. Este es el trasfondo del versículo 9 del Salmo: “Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar”. Son las palabras que nuestro Señor aplicó al Iscariote y su traición.

Hay tres pasajes más en el Antiguo Testamento que hablan proféticamente del traidor:

  • Salmo 69.25, citado por Pedro en Hechos 1.20: “Sea su palacio asolado;
    en su tienda no haya morador”.
  • Salmo 109.8, citado igualmente por Pedro: “Sean sus días pocos; tome otro su oficio”.
  • Zacarías 11.12,13, citado en Mateo 27.9,10: “Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata. Y me dijo Jehová: Échalo al tesoro; ¡hermoso el precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro”.

Ahora, el Salmo 41 consta de cinco partes o estrofas:

  • la confianza que David tenía en Dios, 41.1 al 3;
  • su confesión de pecado, 41.4;
  • la campaña de murmuración de parte de los conspiradores, 41.5 al 8;
  • la traición de Ahitofel, 41;
  • el clamor de David por vindicación, 41.10 al 12.

El Salmo, y el primer libro de los salmos, termina con las palabras: “Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, por los siglos de los siglos. Amén y amén”.

Hemos dicho que el pasaje mesiánico es el versículo 9. El Señor lo cita en el aposento alto, aplicándolo a Judas: “El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar”, Juan 13.18.

Es difícil comprender el misterio que rodea la persona y carrera de Judas, pero él es un tipo de muchos en el mundo religioso en el día de hoy. Su historia, según las Escrituras la narra, cae en doce etapas o pasos.

1. Su mención en la profecía

Hemos citado ya Salmo 41.9, 69.25, 109.8 y Zacarías 11.12,13. Su nombre no se menciona en estos pasajes, pero sus acciones sí y su fin. Es llamativo que su nombre haya sido el mismo que el del hombre, Judá, que vendió a José a los ismaelitas por veinte piezas de plata, Génesis 37.26,27.

2. Escogido como apóstol

Después de toda una noche en oración, nuestro Señor escogió a sus apóstoles, Lucas 6.16. Él llamó a quien quiso, para que estuviesen con Él, y les mandó a predicar, Marcos 3.13 al 19. Judas estaba vinculado con Simón el cananista en este servicio, Mateo 10.4. Él siempre figuraba de último en la lista y siempre identificado como el traidor o “el que también le entregó”. Fue escogido por el Señor, aun cuando Juan 6.64 nos avisa que “Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar”. He aquí el amor y la omnisciencia del Salvador.

El hombre tiene libre albedrío; él no es una máquina sujeta a una suerte inexorable. Llegó un momento en la vida de Judas cuando escogió deliberadamente su propio camino, no obstante todo el amor y privilegio extendidos hacia él. Es un tipo de los predicadores inconversos del cristianismo: “Muchos dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declarará: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”, Mateo 7.22,23.

3. Tesorero apostólico, pero ladrón

“Era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella”, Juan 12.6. Aparentemente nuestro Señor, durante su ministerio público, vivía por fe y confianza en Dios para la necesidad de cada día. Leemos de “algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades que le servían de sus bienes”, Lucas 8.2,3. Cuando Él envió los apóstoles en sus viajes de predicación, les instruyó: “No proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino porque el obrero es digno de su alimento”, Mateo 10.9.

Pero Judas, cual experto financiero con la confianza del grupo, llevaba la bolsa y de ella se proveía subrepticiamente para sí de los escasos recursos. Cuántas veces se ha repetido la historia en tiempos modernos. Creyentes sinceros, a veces en gran pobreza, contribuyen a causas dignas, y luego se sabe a veces que sus fondos han sido objeto de desfalco por obra de uno que gozaba de la confianza del pueblo del Señor. Así era Judas.

4. El Señor ungido en Betania

Mateo 26 y Juan 12 registran una fiesta temprano en la semana pascual cuando se reveló el carácter de María y el de Judas. Sin duda fue una crisis en la vida de éste. María derrama el contenido de su frasco de costoso perfume sobre los pies y la cabeza de Jesús, y seca sus pies con los cabellos. Este hecho de amor y devoción de parte de María revela cómo era ese hombre; observemos su reacción:

  • Su actitud hacia el Señor: ¿Por qué este desperdicio? ¿Por qué no vender
    el perfume por mucho dinero, para ayudar a los pobres?
  • Su actitud hacia la mujer: Enojo y murmuración, Marcos 14.4.
  • Su actitud hacia el dinero: ¡Era ladrón! El Espíritu Santo estimó que el nardo
    era “de gran precio”, pero Judas lo tasó en trescientos denarios y tanto.

Mateo y Marcos relacionan la frustración de Judas en esta ocasión con su negocio con los sacerdotes de vender al Salvador. ¿Cuánto me quieren dar, y yo les entrego a Jesús?

Ellos pactaron por treinta piezas de plata, el precio de un esclavo acorneado por buey, Éxodo 21.32. Es llamado en Mateo 27.6 y Hechos 1.19 el precio de sangre. Este es el pecado de Balaam, 2 Pedro 2.15; Giezi, 2 Reyes 5.26; Ananías, Hechos 5.1 al 11

El diablo había puesto en el corazón de Judas que entregase a Jesús, Juan 13.2. Bien se ha dicho que la actitud de un hombre hacia el dinero es la prueba ácida de su carácter. Así fue con Judas. Desde este momento en adelante él buscaba oportunidad para traicionar al Señor.

5. A la mesa

Hay seis referencias a Judas mientras los apóstoles estaban sentados a la mesa pascual en el aposento alto.

  • “El diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón,
    que le entregase”, Juan 13.2.
  • “Vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar”, 13.10,11.
  • Luego la cita del salmo: “El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar”, 13.18.
  • La declaración directa del 13.21: “Uno de vosotros me va a entregar”.
  • El bocado.
  • Y después del bocado: “Lo que vas a hacer, hazlo más pronto”, 13.27.

El bocado consistía en una porción del cordero pascual, el pan sin levadura y las hierbas amargas. Se daba generalmente al huésped de honor como gesto de cortesía y afecto. En este caso fue la última estocada a la conciencia del hombre. Lo tomó, y salió. Era de noche, 13.30, ¡y para Judas el sol no se levantaría más nunca!

6. Satanás le entra

“Después del bocado, Satanás entró en él”. Nuestro Señor había dicho en una oración anterior—Juan 6.70,71— “¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo [diabolus]?” Él le llamó a este hombre diablo, no demonio. Satanás cuenta con muchos siervos para responder a todo mandato suyo, pero la nefasta entrega del Salvador no fue encomendada a uno de ellos. Él mismo entró en Judas, y de este momento en adelante aquel hombre fue poseído del diablo mismo.

Al comienzo de la vida del Señor, Satanás en la persona de Herodes intentó matarle. En la tentación en el desierto, procuró quitarle de una posición de dependencia de la voluntad del Padre. Ahora al final, Satanás entra personalmente en un hombre con el fin de traicionar vilmente a Jesús.

7. El arresto en el huerto

“Judas conoció el lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos”, Juan 18.1,2. Era un sitio de retiro y oración. La banda de captores llegó con linternas, antorchas y armas.

La seña fue un beso y un saludo. La mente de uno corre atrás a Absalón, 2 Samuel 15.5,6, otro traidor dado a los besos. Judas nunca llamó a Jesús, Señor. Aquí fue, “Maestro, Maestro”, Marcos 15.45. La respuesta de nuestro Señor constituyó uno de los aconteci-mientos más conmovedores de la Biblia: “Amigo “ (camarada), Mateo 26.50.

8. El regreso al templo

Cuando vio que Jesús estaba condenado, Judas se arrepintió; Mateo 27.3 al 10. Es probable que ese hombre nunca haya esperado que Jesús fuese condenado y puesto a muerte. Judas sabía que el Señor era sin pecado, y varias veces le había visto escaparse de sus enemigos. Él nunca contaba con lo que acaba de suceder. Cuando la horrorosa verdad se apoderó de él, que Jesús realmente iba a morir, el remordimiento llenó su ser.

No fue arrepentimiento en el verdadero sentido de la palabra. Ahora él no pudo cambiar de propósito, ni el de los sacerdotes, ni de sus colaboradores. Exclamó: “Yo he pecado entregando sangre inocente”. Los sacerdotes respondieron insensiblemente: “¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!” Esta es la respuesta cínica que el mundo da a la mente atormentada de un criminal. Las monedas de plata ardían como fuego en la mano de Judas; las tiró al suelo del templo, salió y se ahorcó.

9. El suicidio

Hay varios puntos de semejanza entre Judas y Ahitofel. Ambos habían estado en una posición de confianza e intimidad; ambos habían sido tratados con bondad y cortesía; ambos traicionaron. El motivo detrás de la acción de Ahitofel probablemente fue la malicia y venganza, y la de Judas la codicia. A la postre ambos se suicidaron.

Ahitofel figuraba entre los conspiradores en la rebelión de Absalón, aun cuando había sido amigo y consejero de David. Cuando el rey supo que él estaba en el complot, exclamó adolorido: “¡Entorpece ahora, oh Jehová, el consejo de Ahitofel!” 2 Samuel 15.31.

Cuando consideramos que este hombre era el abuelo de Betsabé, podemos entender el motivo detrás de su traición. Este es el trasfondo de Salmo 41.9: “Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar”. Son, pues, las palabras que nuestro Señor aplicaría a Judas Iscariote. Pero el Señor no citó todo el versículo del salmo. No dijo que Judas era uno en quien había confiado. Él sabía desde el principio, y no se fiaba en ese hombre; Juan 2.24,25.

El homicidio propio es un horrible crimen. Su historia, no sólo en las Escrituras sino en los registros seglares, se presta a lecturas tristes. La vida humana es sagrada, y su terminación siempre debe ser dejada en las manos de Dios, ya que a Él le corresponde.

10. El campo el alfarero

Aparentemente Judas tenía en mente comprar esta parcela de terreno. Fue frustrado en su propósito por el gesto de devoción de parte de María, y tampoco resultó su plan de invertir las treinta piezas de plata. Ahora, como una polilla atraída por la luz de una vela, él fue al lugar donde había puesto su afecto, y allí tomó su propia vida.

Pedro da los detalles en Hechos 1: “Con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. aquel campo se llama en su propia lengua Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre”.

Es posible que el mecate se haya partido cuando Judas se ahorcó, dando lugar al resultado que Pedro describe.

11. Matías asume su posición

Se habla de Matías solamente en Hechos 1.20 al 26. Viendo que las Escrituras no vuelven a hacer mención de él, algunos piensan que Pedro actuó apresuradamente; ellos suponen que Pablo fue el hombre que Dios había escogido para asumir el puesto de Judas como apóstol. Pero el apostolado de Pablo fue único.

Pedro suministra un resumen de las calificaciones del hombre escogido para tomar el lugar dejado por Judas entre los apóstoles. La selección tenía que ser entre: “hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día que entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección”. Tenemos que aceptar la historia como está registrada, y Matías fue el que Dios escogió.

12. A su propio lugar

Nuestro Señor le avisó a Pedro que Él prepararía un lugar en la casa del Padre, Juan 14.1 al 3. Pero Judas fue a otro lugar, preparado para el hijo de perdición. Esta expresión, hijo de perdición, se encuentra sólo en Juan 17.2 en relación con Judas y en 2 Tesalonicenses 2.3 en relación con el hombre de pecado. Este último se encontrará a la postre en ese mismo lugar.

Es un lugar de:

  • alejamiento Judas estaba cerca del Señor cuando aquí, pero ahora una gran sima
    está puesta, Lucas 16.26
  • oscuridad Judas salió a la noche, y Mateo 25.30 dice que el lugar del condenado
    está en “las tinieblas de afuera”.
  • inmundicia El que es inmundo, sea inmundo todavía, Apocalipsis 22.11
  • desespero Los que han rechazado a Cristo irán al castigo eterno, sin que
    haya esperanza jamás, Mateo 25.46

Dos lugares hay: el cielo y el infierno. El mío, ¿cuál será?

 

 

Salmo 22          La crucifixión

 

Hay cuatro salmos que hablan de la muerte de Cristo, y cada uno la considera de una manera diferente:

  • Salmo 40 El holocausto; el propósito de Dios;
  • Salmo 22 El sacrificio por el pecado; la pasión;
  • Salmo 69 El sacrificio por la culpa; la penalidad;
  • Salmo 118 La ofrenda de paz; el programa profético.

Tal vez el más importante sea el Salmo 22 en vista del caudal de detalles y por los resultados universales que emanan del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz. Este aspecto es más amplio y más profundo aquí que en los otros salmos.

El Salmo fue escrito por David aproximadamente 1050 años antes de Cristo. Contiene treinta y tres puntos referentes a la muerte por crucifixión. Cuando tomamos en cuenta que este método de homicidio, tan cruel y doloroso, fue inventado por el ejército romano siglos más tarde, nos damos cuenta de que se trata de una demostración sobresaliente de la inspiración de las Escrituras por el Espíritu de Dios.

Se divide en dos partes. La separación se encuentra en el versículo 21, donde el Salvador exclama en sus padecimientos: “Ya me has oído”. Antes de este punto, todo es sufrimiento; de aquí al final, todo es canción.

[ Nota del traductor: La versión que usamos corrientemente, la Reina-Valera de 1960, no expresa claramente la gran división que hay en el salmo a la mitad del versículo 21. Dice: “Sálvame y líbrame “ La versión de 1909 es superior en este detalle, ya que reza: “Sálvame de la boca del león. Y óyeme, librándome de los cuernos de los unicornios”. La Versión Moderna (1883) es mejor aun : “¡Sálvame de la boca del león! Y ya me has oído, clamando desde los cuernos de los uros”. Es una lástima que la versión de 1960 no deje notar de primera vista el contraste entre el versículo 2, “clamo y no respondes (oyes)” y el 21, “Ya me has oído”.]

Cada parte trata de sufrimiento y bendición y se divide en tres secciones. El sufrimiento procede de tres partes :

  • de Dios, 22.1 al 6; la santidad de Dios;
  • del hombre, 22.6 al 18; el odio del ser humano;
  • de Satanás, 22.19 al 21; la oposición diabólica.

 

 

La bendición en resurrección es para :

  • los hermanos, 22.22;
  • la simiente de Jacob y de Israel, 22.23;
  • los confines de la tierra; 22.27.

Hay dos mesas de banquete. En el versículo 26 los humildes comerán y serán saciados, y en el 29 los poderosos de la tierra comerán y adorarán.

Ahora, el título del Salmo. Es: “Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David”. Las palabras hebraicas significan “la cierva de la aurora”. La sinagoga antigua entendía este título como un nombre para la gloria de la luz divina sobre el tabernáculo, y como un símbolo de la redención por venir. Por esto lo aplicaba al sacrificio matutino. Cierto nombrado historiador dice que conforme a la definición tradicional el título se refiere a la luz del alba, cuyos rayos se asemejan a los cuernos del venado, o sea, del ciervo y la cierva mencionados a menudo en los libros proféticos. En el Cantar, por ejemplo (2.17, 8.14), la aplicación es al Señor Jesucristo.

Sugerimos, pues, que el Ajelet sahar, la cierva de la aurora, es simbolismo que se refiere a nuestro Señor. El salmo hace mención de varios animales que son enemigos naturales del venado y lo llevan al polvo de la muerte. Si es así, una llave para la interpretación del salmo está puesta a toda la puerta del mismo.

Comentaremos sobre cuatro aplicaciones del Salmo 22:

  • la simbólica: la cierva y sus enemigos;
  • la mesiánica: el gusano, mi vida, el conductor de la alabanza y el gobernador;
  • la histórica: el nacimiento, la muerte, la resurrección y exaltación del Mesías;
  • la profética: tres círculos de bendición, terminando en el reino

1. La aplicación simbólica

En la economía mosaica, nuestro Señor, cual sacrificio inmaculado, se tipifica por el buey (el hijo del rebaño), el carnero, el macho cabrío, el cordero y la tórtola. Los ponían a la muerte y se los colocaban sobre el altar. Pero en los libros poéticos Él está presentado como el venado (la cierva, el corzo y el cervatillo).

La cierva en particular se ve generalmente temprano por la mañana. Con los primeros rayos del día estos animalitos brincan y corretean con ligereza, lamiendo el rocío y mordiendo las hojas más suculentas. Es una de las criaturas más hermosas que Dios ha formado, y a la vez de las más indefensas. Sus únicos medios de supervivencia son su olfato tan perceptivo y su velocidad. Sus enemigos abundan en ese reino sangriento de diente y garra.

Esta, pues, es la figura empleada en el Salmo 22, como hemos visto en su título. Se hace mención de cuatro enemigos de la cierva:

Los fuertes toros de Basán, 22.12. El profeta Amós (4.1) compara los líderes de la nación a las vacas de Basán, y les reprocha severamente por oprimir a los pobres y quebrantar a los menesterosos. Corresponden a los principales sacerdotes y los escribas, a Anás y Caifás, quienes fueron responsables por el arresto y juicio ilegal de Cristo, y quienes le entregaron a Pilato y el gobierno romano para ser muerto. Ellos clamaron: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos”, y allí queda hasta el día de hoy. Será quitada en días venideros, pero sólo cuando, en su venida, ellos verán a aquél a quien traspasaron y confiesan su pecado en verdadero arrepentimiento. En ese entonces les será abierto un manantial para la purificación del pecado y la inmundicia, Zacarías 12.10 al 13.1.

Los búfalos, 22.21. Se trata del toro montés con sus enormes cuernos en ramales, con puntas como agujas. [ Nota: Las varias versiones en español hablan de los búfalos, uros, unicornios y toros salvajes.] Los verdugos solían echar mano a las miserables víctimas, atar sus pies y hombros a estos temibles cuernos y soltar las bestias a correr en el desierto hasta que murieran los pobres que llevaban a cuestas. Esta es la figura empleada aquí. La crucifixión era como atar a uno a los cuernos de esta fiera.

El búfalo salvaje que conocí en el África es de las bestias más feroces de la selva. Es poderosísimo. Al sentirse molesto o provocado, es capaz de emplear su enorme cabeza y cuernos para reducir su víctima a mera pulpa.

Estos toros monteses nos hacen pensar en la multitud que se reunió antes que Jesús fuese llevado al Calvario: “¡Sea crucificado! ¡Sea crucificado! No queremos que éste reine sobre nosotros”. Hay pocas circunstancias tan peligrosas como una muchedumbre fuera de control.

El perro, mencionado dos veces. En el versículo 16 está en el plural: “Perros me han rodeado, me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies”. Esta podría ser una referencia a los soldados romanos, quienes llevaron a cabo la crucifixión. Luego el versículo 20 dice: “Libra del poder del perro mi vida”. Esto podría aplicarse a Pilato, quien le consignó a Jesús a la muerte de cruz, no obstante haber dicho que no hallaba falta en Él.

Pilato era el representante oficial del poder y autoridad de Roma. Por regla general el perro en las Escrituras se refiere al gentil. ¡Cuán perfectamente el hombre se reveló ante la cruz! Los perros se reúnen allí, descorazonados, sin vergüenza, inmundos, buscando despojos del cadáver, persiguiendo en pandillas como una asamblea de malvados.

El león: Satanás es llamado un león rugiente en 1 Pedro 5.8. Dios había abandonado a su Hijo en esas densas tinieblas, y la ayuda angélica estaba ausente. Pero Satanás estaba allí con sus huestes. Le había dejado por un tiempo después de las tentaciones en el desierto, pero ya había vuelto al ataque. Él entró personalmente en Judas para realizar su nefasta obra, Juan 13.27, pero luego en la cruz llevó a cabo su embestida final.

Hay un pasaje importante en Colosenses 2.14,15 que afirma claramente que no sólo Satanás estaba allí sino también las huestes del infierno. “Despojando a los principales y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”.

Los cuernos del búfalo, la pata del perro y la boca del león son armas peligrosas, pero ninguno de éstos llevó a la muerte al divino Corzo de la Aurora. Él pudo más que ellos.

La espada: “Libra de la espada mi alma”, 22.20. Se hundió en el seno del Buen Pastor la espada de la justicia divina. “Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío”, dice Jehová de los ejércitos. “Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos”, Zacarías 13.7.

“Me has puesto en el polvo de la muerte”, dice en el 22.15. El polvo en este pasaje es aphar, y efectivamente se traduce este término como polvo por regla general. Pero en Números 19.17 se toma la ceniza de la vaca alazana para la purificación del pecado. Es el mismo término. El Señor fue llevado al polvo, la ceniza, de la muerte para nuestra purificación.

2. La aplicación mesiánica

(i) Yo soy gusano, 22.6. Esta palabra es tolaath en hebreo, figurando treinta y un veces en el Antiguo Testamento y traducida muchas veces como carmesí. Se aplica especialmente al coco bacteriológico del cual se sacaba el tinte escarlata para las telas del tabernáculo. Se la emplea por cierto en Isaías 1.18 al hablar de los pecados tan rojos como el carmesí.

Henry Ironside escribió: “El tola del oriente es un gusanito algo parecido a la cochinilla de México que se alimenta de cierto tipo de cacto. El pueblo sacude esta matica hasta que las cochinillas caen en una palangana y luego exprimen los insectos; la sangre de la cochinilla es el tinte brillante que se emplea en las telas tan coloridas de ese pueblo.

En Palestina y Siria se emplea la tola de la misma manera para producir una tinta permanente de color escarlata. Era muy costoso y usado sólo en la vestimenta de los ricos. Una y otra vez se hace referencia a esto en las Escrituras. Saúl vestía las doncellas de Israel de escarlata, y Nabucodonosor vistió a Daniel de púrpura.

El carmesí es, propiamente dicho, el esplendor del gusano. Y, el Señor Jesús dice, «Yo soy gusano; soy el tola.» Él tuvo que ser estrujado en la muerte para que usted y yo fuésemos vestidos de gloria. Las vestiduras espléndidas de nuestra salvación son producto de su sufrimiento y muerte”.

Este título, gusano, nos hace recordar su humillación a manos de hombre. A su título Él agrega, “y no hombre”, loish. No es que Él no sea hombre, sino que se hizo nadie en contraste con ser alguien: una persona distinta. “No temas, gusano de Jacob, yo soy tu socorro”, Isaías 41.14. Claro, el Santo de Israel puede ver a su pueblo en toda su debilidad e indignidad, porque Él mismo al polvo se humilló. Se hizo “gusano, y no hombre”.

(ii) Mi vida. “Libra del poder del perro mi vida”, 22.20. De nuevo la traducción nos falla. Es difícil captar la idea con sólo leer mi vida. Mejor la versión de 1909: mi única. Otras dan mi solitaria. No es que Él quería que su vida fuese salvada, sino que Él era y es la vida, el “alma única”, como dicen algunas versiones romanas. Se trata de un título, y por esto son superiores las traducciones que ponen la coma: “Libra del poder del perro, mi vida”.

La Versión de los Setenta emplea en el griego el vocablo monagenes. Esta es la palabra que el apóstol Juan utilizaría unos años más tarde al hablar del Señor Jesucristo como “el unigénito”. Se la usa con referencia a Isaac: “Toma ahora tu hijo, tu único”. El Señor Jesús es el Hijo único, el solo-engendrado, en su deidad; es el primogénito (el primer nacido) en su resurrección de entre los muertos. Así, si el gusano habla de su humanidad y humillación, su título de vida o único enfatiza su dignidad y deidad.

(iii) El que dirige la alabanza. “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré”, 22.22. Este es claramente el lenguaje de la resurrección. “Vé a mis hermanos”, dijo Él a María Magdalena en esa mañana gloriosa de su resurrección, “y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”. Aquí Él declara el nombre.

En Hebreos 2 leemos que Él no se avergonzó de llamar hermanos a los santificados de esta época, y enseguida se cita este pasaje del salmo: “ en medio de la congregación te alabaré”. Pero Él no es tan sólo el dirigente de la alabanza en la Iglesia en el tiempo presente; el pasaje señala adelante al Apocalipsis capítulo 5 y la gran sinfonía de adoración descrita allí, cuando el Cordero en medio del trono será adorado por las huestes innumerables.

(iv) El gobernador de las naciones. “él regirá las naciones”, 22.28. La parte final del salmo habla de los días milenarios cuando el gobierno estará sobre su hombro y Él reinará de mar a mar y desde el río hasta los fines de la tierra. Por vez primera este pobre, sufrido mundo contará con un gobierno libre de corrupción y opresión.

3. La aplicación histórica

Otro ha señalado que este salmo contiene treinta y tres profecías que se cumplieron en el Calvario. Cuán trágico es que aun así Israel siga ciego ante su mensaje. El capítulo 53 de Isaías no es leído en sus sinagogas y el Salmo 22 no es objeto de comentario. Es roca de ofensa y piedra de tropiezo.

El Salmo comienza con una exclamación en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” 22.1, Mateo 27.46, Marcos 15.34. Termina con otra: “ él hizo esto”, 22.31, o, “Consumado es” en Juan 19.30.

Su nacimiento se trata en cuatro declaraciones en los versículos 9 y 10:

  • Tú eres el que me sacó del vientre;
  • Me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre;
  • Sobre ti fui echado antes de nacer;
  • Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.

Su rechazamiento por Israel se señala en 22.6 al 8: “gusano, y no hombre; oprobio de los hombres”. “Se encomendó a Jehová; líbrele él; sálvele, puesto que en él se complacía”.

Ahora, entre el “clamor del huérfano” en el primer versículo y la proclama de triunfo en el último versículo, encontramos cinco facetas distintas de la vergüenza del Calvario:

  • Los lapsos de luz y tinieblas en el versículo 2: “clamo de día y de noche”.
    “Desde la hora sexta cerca de la hora novena”, Mateo 27.46.
  • La burla en el versículo 8: “líbrele él”. Las palabras textuales están en Mateo 27.43: “Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere”.
  • El despojo de la ropa en el versículo 18: Se cumplió hasta el menor detalle la rifa
    de su túnica. “Sobre mi ropa echaron suertes”. “Echemos suertes sobre ella, a ver
    de quién será”, Juan 19.24.
  • Las manos y los pies horadados en el versículo 16: Dice Juan 19.34 al 37
    que su bendito costado fue traspasado también, y que mirarán al que traspasaron.
  • Su sed, mencionada en los versículos 14, 15 y de nuevo en el 69.21: “Mi lengua se pegó a mi paladar”. “En mi sed me dieron a beber vinagre”. Fue cumplido tal cual: “empaparon en vinagre una esponja, y se la acercaron a la boca”, Juan 19.28 al 30.
  • Su resurrección se señala en el clamor victorioso al final del versículo. Como hemos indicado, la idea es “ya me has librado”. Dice Hebreos 5.7 que “Cristo, en los días
    de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente”. Él no fue salvado de
    la muerte sino de entre la muerte.

4. La aplicación profética

Desde el versículo 22 hasta el final, el horizonte va ampliándose hasta que en el versículo 27 todos los confines de la tierra se acuerdan y vuelven al Señor.

Primeramente hay “la congregación”, la cual se aplica en Hebreos 2.12 a los creyentes de la dispensación presente, o sea, la Iglesia. Somos sus hermanos, y somos copartícipes de todas las bendiciones que fluyen de su muerte expiatoria en la cruz.

Luego, hay la descendencia de Jacob, Israel. El judío de hoy es incrédulo; está en la condición lo-ammi (“no pueblo mío”, Oseas 1.9). Pero viene día cuando él será restaurado y traído de nuevo a una relación contractual con Jehová. Mirarán a aquel que traspasaron, y el olivo volverá a dar fruto para Dios.

Finalmente, todos los extremos de la tierra volverán al Señor, 22.27, y todas las familias de las naciones adorarán delante de Él.

Las bendiciones del Calvario no pueden ser limitadas a sólo la Iglesia o al judío. Su poder creciente resultará a la postre en la constitución del reino. ¡El varón de dolores, rechazado en el Calvario, se convertirá en el Rey de reyes y el Señor de señores! “Hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”, Apocalipsis 11.15.

En ese día habrá alabanza universal, adoración sin fin y una plenitud absoluta; “comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra”, 22.29. La cruz será el manan-tial de bendición material además de la fuente para la necesidad espiritual.

El Salmo concluye con una simiente espiritual, ya que cada generación suce-siva está oyendo el mensaje glorioso de la cruz: “El hizo esto”, a saber: “Consu-mado es”.

 

Salmo 69          La ofrenda por la culpa

 

Hay siete citas del Salmo 69 en el Nuevo Testamento que se refieren al Mesías, de manera que estamos sobre terreno seguro al decir que se trata de un salmo mesiánico.

La palabra clave está en el 69. 4: “¿He de pagar lo que no robé?” Él pagó el precio y sufrió la pena del pecado. Añadió la quinta parte, resarciendo los pecados del mundo. Su muerte expiatoria fue el cumplimiento del sacrificio por la culpa en Levítico 5.1 al 6.7.

El título es: “Al músico principal; sobre Lirios. Salmo de David”. La palabra shoshannim quiere decir lirios. Estos crecen frecuentemente en fango y barro —el cieno profundo del segundo versículo.

Los cuatro salmos que llevan este título se asociaban tradicionalmente con la primavera y la época de la pascua. Un escritor en Israel describe el lirio como adornando los valles y generalmente encontrado entre espinos. Nada hace más contraste que el suave y abundante lirio en toda su hermosura y la masa de cardos en derredor.

Este cuadro nos habla de la pureza de nuestro Señor en un mundo donde abundan las espinas de maldición. En el Calvario se le ciñó de una corona de espinas. En contraste tenemos el lirio con su forma perfecta, pureza inmaculada, color vivo y aroma fragante. En el Cantar de los Cantares el lirio indica lo que piensa el Señor de su pueblo, pero en los Salmos hace saber lo que ellos piensan de Él.

En las Escrituras se encuentra el lirio en cuatro lugares, correspondiendo a los cuatro salmos donde encontramos este título:

  • el lirio del valle: la cruz, Salmo 69;
  • el lirio del campo: Salomón en toda su gloria, Mateo 6.28, Salmo 45;
  • el lirio entre espinas: las pruebas y tribulaciones, Salmo 80;
  • el lirio en el huerto: testimonio y victoria, Salmo 60

La Versión de los Setenta traduce shoshannim como “aquellos que serán cambiados por ver la hermosura inmortal de la resurrección”.

El Salmo se divide en cinco partes:

  • El sufrido y su tristeza, 69.1 al 12;
  • El refugio / santuario; del llorar al orar, 69.13 al 18;
  • La cruz; el corazón quebrantado, 69.19 al 21;
  • La imprecación sobre Judas y la nación, 69.22 al 28;
  • El cántico y la simiente, 69.29 al 36

1 El sufrido y su tristeza, 69.1 al 12

El que sufre aquí habla del cieno profundo, negro, hediondo, vil; el espanto del buzo; las aguas profundas; la torrente envolvente; y, finalmente, del abismo en el versículo 15. La tumba “,el pozo” le encierra en su boca. Estamos ante el misterio profundo del juicio de Dios sobre el pecado. Cualquiera que haya sido la experiencia que tuvo David, las palabras encuentran su cumplimiento definitivo en el Salvador que padeció en la cruz del Calvario. En el Salmo 22 Él exclamó, “Sálvame, oh Dios, de la boca del león”, pero aquí es, “Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma”. Sabemos que ese clamor fue oído en resurrección, tanto en el Salmo 22 como en el 69.

Hubo tres razones principales por su tristeza:

  • Rechazamiento: Primeramente por la nación, versículo 4. Él fue aborrecido sin causa, Juan 15.25. Segundo, por su familia, versículo 8 y Juan 7.3 al 5. Tercero, en el templo, la casa de su Padre, versículo 9 y Juan 2.17. Finalmente, por la sociedad, versículo 12; por la sociedad de mayor rango, el juez en la puerta, y por el más vil, el bebedor
    de cidra.
  • Reproche: Seis veces se habla de este tema, bien llamándolo afrenta, denuestos
    o escarnio. Se trata de desdén, la calumnia y la burla.
  • Resarcimiento: En la Reina-Valera de 1960 el versículo 4 termina con una pregunta: “¿He de pagar lo que no robé?” En la de 1909 y la mayoría de las traducciones,
    es una afirmación. En la de 1883, por ejemplo, es una exclamación: “¡Ahora tengo que devolver lo que no tomé!”

El sacrificio de la culpa

Él no quitó nuestra inocencia, nuestra comunión con Dios, ni el dominio que fue enco-mendado al hombre antes de la caída. Pero en su gran obra de redención, reconciliación y restitución, Él ha restaurado todo lo que Adán perdió en la caída.

El pecado es la cosa más costosa en el universo. Sólo la sangre de Jesucristo es de mayor valor. Para comprender el desastre que ha venido a causa del pecado, tenemos que explorar tres grandes océanos: el océano trágico del sufrimiento humano desde la caída; el océano insondable del sufrimiento del Salvador en la cruz; el océano interminable de los perdidos en el Hades y el lago de fuego.

En el sacrificio por la culpa (Levítico 6.1 al 7, 7.1 al 7, etc). hay tres partes que han sufrido daño:

  • las cosas santas de Jehová. La honra de Dios ha sido afrentada.
  • las normas de los diez mandamientos. La ley ha sido infringida.
  • el prójimo. Él había sufrido en una o más de cinco áreas.

Veamos estos cinco daños al prójimo, especificados en Levítico 6.2,3.

1 En las cosas entregadas para ser cuidadas, y en mentira sobre lo que se había hecho con ellas. Esto se podría aplicar a la persona a quien se ha encomendado dinero pero lo malversa.

2 En comunión; por ejemplo, un socio en el negocio; el hombre que confía en su hermano y no prepara un escrito para definir las responsabilidades de cada cual. Al ser defraudado, no tiene reclamo.

3 Una cosa arrebatada violentamente. La viña de Nabot es un ejemplo. Cubre el caso del hombre que negocia exageradamente en su bien propio.

4 El engaño al prójimo. Ejemplos: la bancarrota fraudulenta, o el no pagar el impuesto sobre la renta que es debido.

5 El que encuentra lo extraviado y dice mentira al respecto. Ejemplos: robar al patrón de sus herramientas, o aun del tiempo en que uno debe estar trabajando. Es la codicia amparada por el engaño.

Descubierta la ofensa, la ley exigía la restauración de lo robado. Moisés, el administrador de la ley, evaluaba la pérdida sufrida, y luego se procedía con la restitución en la moneda del santuario. Era preciso cubrir no sólo el monto tasado, sino añadir un 20% a éste.

Acto seguido, se ofrecía un sacrificio a Dios; no un cordero sino un carnero, el líder del rebaño, como en Génesis 22.13. Tratándose de una ofensa contra un prójimo, era requerido efectuar la restauración primeramente y luego hacer el sacrificio ceremonial, Mateo 5.23.24.

1 La obra de Cristo

Al aplicar la ofrenda por la culpa a la obra de Cristo, tenemos que considerar primeramente el valor infinito de la expiación efectuada. La propiciación se efectuó por el mundo entero, según leemos en 1 Juan 2.1. “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, dijo Juan Bautista. Cristo se dio a sí mismo en rescate por todos, leemos en 1 Timoteo 2.6. El sacrificio y valor de la sangre preciosa eran infinitos.

Pero son eficaces, o tienen efecto, sólo en aquellos que creen; véase Romanos 3.22: “la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él”. La doctrina de una expiación limitada es contraria a las Escrituras; el 20% añadido en la ofrenda por la culpa aclara esto.

Hay una triple reconciliación. “ por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así (1) las que están en la tierra como (2) las que están en los cielos y (3) a vosotros también “ Colosenses 1.20,21.

En cuanto a la restitución, en Hechos 3.21 leemos en nuestra traducción de los tiempos futuros de “la restauración de todas las cosas”, pero es la restitución que se realizará en el milenio. La historia bíblica no es tanto un círculo como un espiral. El capítulo 22 del Apocalipsis habla de mejores cosas que el capítulo 2 del Génesis. No será tan sólo el hombre en inocencia sino el hombre en perfecta conformidad a la imagen de Cristo. Él restituirá todo. Volverán todas las cosas a la imagen y semejanza de Dios.

2 El refugio / santuario; del llorar al orar, 69.13 al 18

“Pero yo a ti oraba, oh Jehová”, 69.13. “Respóndeme, Jehová, porque benigna es tu misericordia”, 69.16. Él clama desde el cieno profundo, los abismos de aguas, la corriente arrolladora, el pozo. Por encima de todo, pide ser librado de sus enemigos y los que le aborrecen.

Cuánto más nos hace pensar todo esto en la agonía y el sudor del Getsemaní, del lloro y gran clamor con lágrimas a aquel que podría librar de la muerte. Sabemos que fue oído a causa de su temor reverente, Hebreos 5.7.

3 La cruz; el corazón quebrantado, 69.19 al 21

“Tú sabes mi afrenta, mi confusión y mi oprobio”, versículo 19. “El escarnio ha quebrantado mi corazón”, versículo 20. “Por amor de ti he sufrido afrenta”, versículo 7. “Los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí”, versículo 9. “Lloré afligiendo con ayuno mi alma, y esto me ha sido por afrenta”, versículo 10.

Colgado de la cruz, el Hijo de Dios fue objeto de burla de parte de los impíos. Los Evangelios narran que su afrenta se realizó de tres maneras:

  • Como Profeta. Esto fue el tema ante el Sanedrín. “Algunos comenzaron a escupirle,
    y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos, y a decirle, Profetiza. Y los alguaciles le daban de bofetadas”, Marcos 14.65.
  • Como Rey. Esto fue el tema ante Pilato. Doce veces se le llama Rey en el Evangelio según Juan. Al comienzo, 1.49, es en adoración, pero al final es en burla. Los soldados romanos montaron teatro, colocándole manto, corona y vara en la mano, e hincándose ellos. “¡Salve, rey de los judíos!” le dijeron en son de burla.
  • Como Salvador. Esto fue el tema cuando Él estaba clavado en cruz. Tanto los malhechores como el pueblo le vituperaron, gritando que Él a otros salvó, así que
    se salvara a sí mismo si de veras era Hijo de Dios.

Su reacción a todo esto fue: “Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; y consoladores, y ninguno hallé”, 69.20. Su última solicitud antes de morir fue por algo que aliviara la sed, pero el versículo 21 dice que más bien, “Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre”. Luego Él proclamó, “Consumado es”, bajó la cabeza y entregó el espíritu; Juan 19.30.

4 La imprecación sobre Judas y la nación, 69.22 al 28

Otro escritor ha dicho que “estas imprecaciones no corresponden al espíritu del Nuevo Testamento y están en marcado contraste con las oraciones de Jesús y Esteban, pero debajo de ellas hay un principio ético del cual no podemos hacer caso omiso”.

El pasaje tiene que ver con el rechazamiento judicial de la nación de Israel a causa de su rechazo y crucifixión del Mesías. Esto se ve en el lenguaje de Romanos 11.9,10. Las palabras también son aplicables a la traición tan vil de parte de Judas Iscariote, como vamos a leer en el lenguaje de Hechos 1.20.

En la época actual de la gracia se nos enseña perdonar a nuestros enemigos y orar por los que nos calumnian. Pero en un día venidero la gracia cederá al juicio; el ruego amoroso, del cual se habrá hecho caso omiso, dará lugar a un juicio sin misericordia. Dios es un Dios de amor, pero a la vez es santo y justo. El pecado y la rebelión traen su propia paga en juicio, tan seguro como la noche sigue al día.

5 El cántico y la simiente, 69.29 al 36

La conclusión del Salmo corre en paralelo con los versículos finales del Salmo 22; el Sufrido con su padecimiento es reemplazado por un canto de alabanza. El cantor pide en el versículo 29: “Tu salvación, oh Dios, me ponga en alto”. La respuesta está en la resurrección y ascensión.

El Señor es el único entre los hijos de hombre que ha cantado a ambas orillas del océano de la muerte. En el aposento alto Él condujo un coro de los once discípulos antes de salir al Getsemaní y la muerte; Mateo 26.30. Aquí Él dirige el canto al otro lado: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré”, Salmo 22.22. Esto agrada a Dios más que sacrificio de buey, o becerro que tienen cuernos y pezuñas.

La armonía del cántico alcanza a cuatro grupos entre el pueblo:

  • los oprimidos
  • los que buscan a Dios;
  • los menesterosos ;
  • los presos, 69.32,33.

Luego el cielo, la tierra, los mares y todo lo que se mueve en ellos. Finalmente, alcanza a Israel, 35,36, hoy en incredulidad, pero en un tiempo por venir restaurado y perdonado.

La descendencia en el último versículo trae a la memoria la promesa a Abraham. El polvo de la tierra, las estrellas en los cielos y la arena del mar nos hacen recordar la promesa de Génesis 22.17. El lector estudioso querrá comparar esto con Salmo 22.22,30 e Isaías 6.13.

 

Salmo 16   La resurrección

 

El Salmo 16 trata proféticamente de la sepultura, resurrección y ascensión del Señor Jesucristo. Es el salmo de la oblación. Describe la vida santa y pura del Mesías, terminando con su exaltación a la derecha de Dios. La senda terrenal de nuestro Señor manifestó lo que está representado en figura por los ingredientes típicos de la ofrenda levítica de la oblación, a saber, la harina fina, aceite, sal e incienso. A su vez, manifestó lo que significa la ausencia en esa ofrenda de la levadura y la miel. En el Salmo 1 encontramos el Varón Bienaventurado y en el 22 el Varón Desamparado; en este Salmo Él es primeramente el Varón Dependiente pero al final el Varón Exaltado.

Pedro cita el Salmo 16 en su discurso pentecostal, Hechos 2.25 al 28, y Pablo lo cita en la sinagoga en Antioquía de Pisidia, 13.35. Ambos lo aplican al Señor Jesús, dándonos la autoridad de considerarlo un salmo mesiánico.

El título del Salmo 16 es Mictam de David. Hay seis salmos que llevan este título, y todos versan sobre los años cuando David estaba rechazado. Algunos dicen que mictam viene del verbo grabar. La Versión de los Setenta dice en su inscripción para este salmo: “a ser grabado y colgado de una columna para conmemorar victoria”. Otros traducen mictam como “dorado”. Se ha llamado el Salmo “la joya dorada de David”, y ciertamente es una mina de oro en su enseñanza acerca de nuestro bendito Señor. “El oro de aquella tierra es buena”, como leemos en Génesis 2.12.

El Salmo se divide en dos partes:

  • la senda de la fe; el hombre que depende de Dios. En esta parte, versículos 1 al 7, encontramos la ofrenda de la oblación
  • la senda de la vida, donde hay la sepultura y resurrección a la diestra de Dios.
    Estos son los versículos 8 al 11.

1. La senda de la fe; 16.1 al 7

La primera parte del salmo presenta cinco actitudes del Señor en su peregrinación sobre la tierra. F.W. Grant lo llama el progreso del peregrino divino. Pero, a diferencia del protagonista del gran libro de Juan Bunyan, este peregrino es perfecto; ¡Él no se desvió a ningún pasto encantador al lado del camino!

(i) Su actitud hacia Dios, 16.1,2 –

“Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado”. El guardarse no necesariamente da a entender que el peligro amenazaba. En los salmos se usa la expresión mayormente en el sentido de cumplir con la voluntad de Dios, su verdad y sus preceptos.

Es provechoso observar que Dios está mencionado dieciséis veces en este Salmo: como Jehová cuatro veces, ti y seis veces, Señor una vez, y luego las veces donde el pronombre no está incluido en el texto en español: v.g., “(tú) mostrarás. Nueve veces se habla directamente a Dios, manifestando que los ojos del que habla están puestos en Jehová para protección, consejo y dirección.

Esta actitud de dependencia y sujeción a la voluntad del Padre es una que nuestro Señor asumió voluntariamente al ser encarnado. Él nunca actuó en independencia. El pecado se introdujo entre la humanidad en el Edén cuando Eva actuó independientemente de su cabeza, Adán, y desde ese entonces el lenguaje de la anarquía ha sido: “Haré lo que quiero, iré adonde quiero, y a nadie le corresponde decir nada”.

Básicamente, esto fue lo que Satanás perseguía al tentar al Señor en el desierto al comienzo de su ministerio público. Él quería que el Señor actuara independientemente de la voluntad del Padre. Pero donde nuestros primeros padres fracasaron, el postrer Adán venció gloriosamente. En el 16.2 exclama: “O alma, mía, dijiste a Jehová, Tú eres mi Señor — mi Adonai, mi señor y maestro supremo — y no hay nada para mí fuera de ti”. Dios era el lindero del alcance de su visión.

(ii) Su actitud hacia el pueblo de Dios, 16.3 –

“Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia. Íntegros significa aquí “de excelencia moral”. El título “Su excelencia” corresponde al creyente más humilde en vez de a los gobernantes de la tierra. El pueblo del Señor forma la aristocracia de los cielos, la nobleza de más alto rango.

En los sombríos días de Malaquías había una compañía de “santos” e “íntegros”, y Dios lo consideraba su especial tesoro, Malaquías 3.16. Un grupo similar existía trescientos años más tarde cuando nuestro Señor vino a esta tierra. Había sus padres, gente humilde de la casa de David; había Juan el Bautista, los pescadores que serían apóstoles, la familia en Betania y las mujeres que le ministraron.

Observemos cómo concebía Moisés al pueblo de Dios. Cuando estaba bajo severa depresión les llamó “rebeldes”, Números 20.10, pero cuando estaba por dejarles él escribió, “Bien-aventurado tú pueblo salvo por Jehová”, Deuteronomio 32.29.

 

(iii) Su actitud hacia la idolatría pagana, 16.4 –

“Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre, ni en mis labios tomaré sus nombres”.

Cuando Roma ocupó la tierra, trajo consigo su idolatría pagana, construyendo santuarios en Tiberia y Cesarea de Filipos. La actitud de nuestro Señor fue una de separación de esto. Fue precisamente en Cesarea de Filipos, bajo la sombra de un templo pagano dedicado al dios Pan, que Él testificó a sus discípulos acerca de su Persona.

Fue después de la gran confesión de Pedro, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, que Él dio su gran revelación, añadiendo: “Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. La idolatría está condenada a caer un día ante los estandartes triunfantes de la Iglesia. La victoria será del Hijo del Hombre, el Hijo del Dios viviente.

(iv) Su actitud hacia cosas materiales, 16.5,6 –

Él hace mención de cinco circunstancias: su posición, herencia, copa, suerte, cuerdas, heredad. Posiblemente hay aquí una referencia a la heredad del levita en Números 18.20: “Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel”. A diferencia de las demás tribus de la nación, Leví no recibió una asignación; Dios era su porción. Nuestro Señor era un levita de veras.

La “porción” en nuestro versículo sería lo que llamamos la posición de vida; es el conjunto de circunstancias que le toca a uno. La “copa” es lo que uno realmente toma para sí. David habla en el 23.5 de su copa rebosando. La “suerte” hace recordar que en Israel, una vez ocupada la tierra, la familia nunca pudo vender o transferir la parcela que recibió por suerte. El sacerdote y el levita no recibían tierra sino dependían de Dios; véase Deuteronomio 18.1,2.

La “cuerda” era el cordel usado para medir las parcelas; es la regla métrica, por decirlo así, y de éste se habla en Josué 17.5 y Miqueas 2.4,5. Las cuerdas del Señor le cayeron en lugares deleitosos: Belén, Betania, Hermón, Sion y Olivet. En estos días de transporte veloz por la vuelta del globo, es bueno recordar que, aparte del viaje a Egipto en los brazos de su madre, el ministerio terrenal de nuestro Señor nunca le llevó más de doscientos kilómetros de donde Él nació.

(v) Su actitud hacia la voluntad de Dios, 16.7,8 –

“Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia. A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido”.

El siervo de Jehová pudo decir en las palabras de Isaías 50.4: “Despertaré mañana tras mañana, despertaré mi oído para que oiga como los sabios”. Tenemos aquí un poquito de la historia de un alma —un alma que pasaba noches enteras en comunión con su Padre. Él pudo decir que su comida era la de hacer la voluntad del que le envió, y en acabar su obra. De nuevo, en la agonía del Getsemaní, exclamó: “No se haga mi voluntad, sino la suya”.

Esta sección del salmo termina como empieza: con Jehová el Señor a su diestra, Él no sería conmovido. La voluntad del Padre era el objetivo y meta de su vida.

2. La senda de la vida; 16.8 al 11

Esta es la gran sección mesiánica, citada por los apóstoles Pedro y Pablo en el Nuevo Testamento. Abarca la sepultura, resurrección y exaltación de Cristo. En su encarnación, el ángel Gabriel le llamó “el Santo Ser”, Lucas 1.35, y aquí el salmista le llama “tu santo”.

Se nota el uso de cuatro pronombres personales en los versículos 8 al 10: mi diestra, mi corazón, mi alma, mi carne. Él se regocija porque “no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción. Mi alma y tu santo se refieren a su alma y cuerpo, respectivamente, en el período entre su muerte en la cruz y su resurrección del sepulcro.

 

En el Seol –

Hay criterios opuestos en cuanto al sentido de las palabras “no dejarás mi alma en el Seol”.

La Biblia Anotada de Scofield, y un gran número de expositores ortodoxos de la Palabra, entienden el pasaje literalmente; o sea, que el Señor descendió al Seol en el lapso entre su muerte y resurrección. Este se llama en Lucas 16.22 el seno de Abraham, y es el lugar donde se guardaban las almas de los santos del Antiguo Testamento que murieron en fe, hasta que fue pagado el precio de su redención, la sangre preciosa de Cristo. No hay base para la idea que Él ofreció, anunció allí, una segunda oportunidad para los que murieron en rebelión contra Dios.

 

 

 

Las razones que sostienen esta interpretación son:

  • En Lucas 16.19 al 31 se describe el Seol, que es el Hades, como compuesto de dos dependencias: el seno de Abraham para los santos, y el lugar de tormento para los perdidos. Es un error grave dar sólo un sentido espiritual a estas palabras del Señor.
  • Los santos y otros del Antiguo Testamento “bajaron” en su muerte. Ejemplos: Jacob
    en Génesis 37.35, Job en 14.13 al 15, Coré en Números 16.33. Samuel ascendió,
    1 Samuel 28.15. No fue su cuerpo que vino, ya que estaba sepultado en Ramá, casi cien kilómetros distante. Es cierto que Enoc y Elías fueron llevados arriba al cielo, pero es claro que eran casos excepcionales.
  • Pedro dice que “David no subió a los cielos”, Hechos 2.34.
  • Nuestro Señor, una vez resucitado, dijo a María Magdalena” aún no he subido
    a mi Padre”, Juan 20.17.
  • Leemos en Efesios 4.9,10 que “eso que subió” también había descendido
    primeramente a las partes más bajas de la tierra”.
  • En su gloria el Cristo resucitado carga “las llaves de la muerte y del Hades”, Apocalipsis 1.18.

Entendemos, por supuesto, que el estado intermedio no es el sepulcro. La sepultura es el quebar o el shachath; estamos hablando del seol, hebreo, o el hades, griego. Es el mundo invisible de los espíritus que se han marchado.

El segundo criterio sobre el pasaje (“no dejarás mi alma en el Seol”) es uno que sustentan muchos otros estudiosos en la Palabra, también hombres distinguidos y respetados. Ellos entienden que cuando nuestro Señor dijo, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, e inclinó la cabeza en muerte, Él fue de una vez a estar con el Padre en el cielo, donde estuvo entre su muerte y resurrección.

Ellos creen que los santos del Antiguo Testamento también fueron directamente a los cielos. Las palabras consoladoras de David fueron: “En la casa de Jehová moraré por largos días”. Es más: Enoc y Elías fueron arrebatados; Moisés y Elías se presentaron en gloria con el Señor en el monte de la transfiguración.

Al que escribe estas líneas le parece que el peso de la evidencia está a favor del primero de estos criterios; o sea, que nuestro Señor descendió al Seol donde los santos del Antiguo Testamento estaban guardados, y que en su resurrección y ascensión Él les trasladó al paraíso arriba donde están hoy día. Pero en cuestiones de esta índole, tengamos un amor mutuo y tolerancia para los que están persuadidos de un criterio contrario al de uno.

La sepultura –

Hay unos detalles hermosos e interesantes en el Nuevo Testamento acerca de la sepultura de Cristo. Es parte del Evangelio: “ y fue sepultado”, 1 Corintios 15.4. Encontramos en Levítico 16.10,11 el tipo (una ilustración) de su sepultura: “El sacerdote se pondrá su vestidura de lino, y vestirá calzoncillos de lino sobre su cuerpo; y cuando el fuego hubiere consumido el holocausto, apartará él las cenizas de sobre el altar, y las pondrá junto al altar. Después se quitará sus vestiduras y se pondrá otras ropas, y sacará las cenizas fuera del campamento a un lugar limpio”.

Contamos también con la profecía en Isaías 53: “Se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos [el rico] fue en su muerte”. Probablemente se cavó un foso al pie de la cruz con la idea de enterrarle sin consideración alguna. Pero Dios tenía otros planes. Los Evangelios nos informan que José de Arimatea, un hombre rico, proveyó una tumba cavada en una peña, y que otro discípulo secreto, Nicodemo, proveyó cien libras de mirra y áloes con que embalsamar el cuerpo.

Una vez muerto el Señor, ninguna mano impía tocó su cuerpo. El hombre propuso que fuese sepultado con impíos y malhechores, pero José dio el lugar y Nicodemo el perfume. En vez de ser sepultado como un criminal, fue enterrado al estilo de rey; véase 2 Crónicas 16.14.

La senda –

“Me mostrarás la senda de la vida”, 16.11. Tanto Pedro como Pablo aplican estas palabras a la resurrección de Cristo; Hechos 2.25 al 28 y 13.35.

Hay ocho pasajes en el Antiguo Testamento que enseñan claramente la resurrección del cuerpo:

Génesis 22.5      Job 19.23 al 27

Salmo 16.11       Salmo 17.14,15

Daniel 12.2,3     Daniel 12.13

Oseas 13.14       Isaías 26.19

La resurrección de Cristo se menciona aproximadamente cien veces en el Nuevo Testamento; ningún otro hecho de las Escrituras se trata con tanto cuidado meticuloso. En la historia de la salvación, es el evento mejor autenticado y atestiguado; no es un arreglo a posteriori, ni una modificación de la voluntad divina. Es primero y último el testimonio de los apóstoles.

Se ha llamado su resurrección corporal la piedra angular del cristianismo. Quitándola, todo se cae. Dijo un brillante agnóstico inglés: “No hay por qué malgastar el tiempo discutiendo los milagros. Si la resurrección queda en pie, todo está en pie. Si ésta se va, todo se va”. Sin la resurrección, la crucifixión pierde sentido. Sin la resurrección, la muerte de Cristo es sólo la de un mártir.

La resurrección de Cristo se atribuye a todos tres miembros de la Santa Trinidad: al Padre, Romanos 6.4, Colosenses 2.12; al Hijo, Juan 10.18, Lucas 24 6,7; al Espíritu Santo, 1 Pedro 3.18, Romanos 8.11.

Es más: todos los cuatro Evangelios registran la resurrección, dedicando a este tema más espacio que a cualquier otro excepto el juicio y la crucifixión. Cada uno de los cuatro termina con una narración de las manifestaciones del Señor después de resucitado. Es ridícula y superficial la acusación que hay contradicciones y discrepancias entre los diversos relatos; ellos se encajan y complementan.

Él se manifestó diez veces y en cinco esferas:

  • en el huerto a una mujer que lloraba, María Magdalena. Cual Consolador,
    el Señor le quitó las lágrimas, Juan 20.11 al 18.
  • en una carretera a dos discípulos desanimados y decepcionados. Cual Compañero en
    el camino de la vida, Él les abrió las Escrituras y se reveló a ellos, Lucas 24.13 al 31
  • en un salón Él apareció en medio de sus discípulos temerosos; se manifestó como
    el Centro de reunión de su pueblo, Juan 20.19 al 23.
  • a la ribera de un lago Él se presentó a Simón Pedro, el hombre que poco antes le había negado. Él fue el Confesor que restauró y recomisionó a su seguidor errante,
    Juan 21.15 al 17
  • a la cumbre de un monte, cual Comandante, Él despachó a sus discípulos, enviándoles a predicar el evangelio en el mundo entero. “He aquí”, anunció, “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

Veintiunos veces se hace mención de la resurrección en Hechos de los Apóstoles. En todos los discursos y prédicas apostólicas se encuentra la resurrección, no como un detalle secundario sino como germen del mensaje. La función primaria de los apóstoles fue la de testificar al hecho de la resurrección, y fue por hacerlo que fueron perseguidos y encarcelados.

Los saduceos, quienes negaban la posibilidad de resurrección alguna, fueron los instigadores primarios en este antagonismo. Más adelante Pablo recibió el mismo trato de los filósofos en Atenas, Hechos 17.32, y de los gobernadores romanos. Él es el autor de la gran exposición sobre la resurrección corporal de Cristo en 1 Corintios 15.

“En tu presencia hay plenitud de gozo”, 16.11. Fue por el gozo puesto delante de Él que Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, Hebreos 12.2. Consumadas ya la muerte, sepultura y resurrección, Él ascendió visiblemente a la diestra de Dios. Hubo aquí gozo enlazado con pesar y tristeza, pero sólo regocijo allá. Su pueblo experimenta esta plenitud de gozo al estar en comunión con Él; Juan 15.11. “Estas cosas os escribimos”, diría Juan al comienzo de su primera epístola, “para que vuestro gozo sea cumplido”, ya que viene como comunión con el Padre y el Hijo, y con el pueblo de Dios.

“Delicias a tu diestra para siempre”, termina nuestro salmo. Aquí se revierte la posición que encontramos en el versículo 8 (“Jehová está a mi diestra”) Jehová estaba a su diestra en comunión y consejo en la época de su senda de fe aquí abajo. Ahora está a la diestra del Padre, en el sitio de poder, sacerdocio y regocijo.

 

Salmo 68    La ascensión

 

Los Salmos 42 al 72 componen el segundo libro de salmos, o sea, el que corresponde al Éxodo. Su tema es el de la redención. El Libro contiene tres grandes salmos mesiánicos:

  • el 45 nos presenta el Rey-Esposo
  • el 68 el Hombre ascendido
  • el 69 la ofrenda por la culpa

El Libro esboza la redención en tres partes principales:

  • el rescate de Egipto
  • el pacto del Sinaí
  • el santuario en el desierto

Los tres temas están presentes en Salmo 68, pero éste va más allá y contempla la constitución del reino. Es un resumen histórico y profético, y en él se incluye un caudal de nombres divinos. La verdad es que este salmo presenta dificultades, tanto para el que lo interpreta como para quien lo expone.

Históricamente, el Salmo puede corresponder a 1 Crónicas 15 cuando David trasladó el arca desde la casa de Obed-edom hasta el Monte Sión. (Así sugiere J.G. Bellett) Parece que el pueblo de Israel cantó el Salmo en seis estrofas en ese viaje. Los Salmos 24 y 132 se asocian con este mismo período.

El Salmo tiene sus raíces históricas en el Antiguo Testamento y sus frutos doctrinales en el Nuevo. La referencia mesiánica —el versículo 18— está en todo el centro. El trasfondo parece constituirse por cuatro marchas triunfales: tres históricas y una profética.

El capítulo lo dividiremos de esta manera, antes de tratar el pasaje mesiánico, cual es
el 68.18:

  • introducción, 68.1 al 6
  • la salida de Egipto hasta el Sinaí; victoria sobre Egipto, 68.7,8
  • la victoria sobre los cananeos, bajo Débora y Barac, 68.9 al 19
  • el traslado del arca al Monte Sión, 68.20 al 28
  • la victoria final y constitución del reino, 68.29 al 35

1 . Introducción; 68.1 al 6

El Salmo comienza con una cita, muy ligeramente modificada, de las palabras de Moisés cuando Israel comenzó su viaje en el desierto: “Levántate, oh Jehová, y sean dispersos tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen”, Números 10.35. El nombre Elohim se usa seis veces en la introducción y veintiséis veces en el Salmo. Encontramos también el majestuoso Jah en el versículo 4. Dos resultados de la guerra son las viudas y los huérfanos, versículo 5, pero Dios los cuida.

2. De Egipto al Sinaí; 68.7,8

Dos veces se hace mención aquí de la presencia de Dios en la marcha en el desierto y el Sinaí. Una vez realizada la redención de Egipto y la victoria sobre Faraón y sus huestes, Dios conduce a su pueblo hasta Sinaí, y allí les revela su gloria y sella con ellos un pacto. Este evento representa la constitución de la nación y es, por supuesto, uno de los acontecimientos más importantes de Israel. Aquí se dio la Ley y con ésta las instrucciones sobre el tabernáculo en el cual Dios moraría con los suyos.

3. Victoria sobre los canaanitas; 68.9 al 19

Hay muchas palabras y expresiones difíciles en este pasaje, como los expertos son prestos a reconocer, y mal puede uno ser dogmático. Sin embargo, parece que hay varias referencias al triunfo sobre Sísara, el cananeo descrito en los capítulos 4 y 5 de Jueces, y algunas referencias al cántico de Débora en el capítulo 5 de ese libro.

La tempestad: Cuando Sísara invadió la tierra con novecientos coches de hierro, el pueblo estaba del todo carente de preparación para oponerse a estas unidades blindadas. En los días de Samgar y Jael no había escudo ni lanza entre los miles de Israel, Jueces 5.6 al 8. Pero intervino Dios y la lluvia cayó en torrentes; el arroyo de Cisón se desbordó, los carros herrados se pegaron en el barro y sus conductores huyeron.

¡Dios no siempre está con los grandes batallones! Napoleón lo supo cuando invadió a Rusia; cayó la nieve del invierno y la flor de Francia fue esparcida y destruida sobre las estepas heladas en su retreta de Moscú. Hitler rehusó aprender la lección de la historia y él sufrió la misma suerte. Un ejemplo moderno es la de la Guerra de Seis Días en 1967.

Las mujeres dieron las noticias: Dice el 68.11 en la Versión Popular, “El Señor dio un mensaje; muchas mujeres lo anunciaban: ¡Están huyendo los reyes y sus ejércitos!” Los varones pelearon y las mujeres se encargaron de las comunicaciones.

La derrota y el botín: “Las que se quedaban en casa repartían los despojos”, 68.12. La victoria para Israel trajo consigo un alivio de la labor tediosa entre las bestias; ¡ahora era lujosa vestimenta de oro!

Veintenas de millares de carros; 68.17: Sísera contaba con novecientos carros herrados, ¡pero el ejército de Dios incluye una hueste invisible de miles y miles de ángeles! Jael clavó una estaca en el cráneo de Sísera y la victoria quedó sellada. Barac llevó cautiva su cautividad, Jueces 5.12. Las cosas se habían cambiado; los cananeos habían oprimido y esclavizado la tierra por veinte años, pero ahora ellos son los presos de guerra.

4. Traslado del arca; 68.20 al 28

Tan pronto como David vio conquistados los jebuseos y ocupada la ciudad de Jerusalén, y residenciado él en el monte Sion, fue su gran afán proveer un lugar para el arca de Dios. Esta había sido tomada por los filisteos en los días del sumo sacerdote Elí, 1 Samuel 4.11. Debido al juicio de Dios sobre ellos, este pueblo devolvió el arca a Quiriat-jearim, donde se quedó por muchos años.

David oyó de esto cuando todavía era muchacho en Belén Efrata, y resolvió que proveería un templo para el arca en el centro del país cuando estuviera en una posición de lograr tal cosa; Salmo 132.1 al 9. Ahora se está cumpliendo su ambición, y esta sección del Salmo 68 describe el cántico que se eleva mientras el arca, llevada por los sacerdotes de Coat, asciende a la elevación donde será depositada en la tienda que David había hecho levantar en Sión; véanse 2 Samuel 6 y 1 Crónicas 15,16.

Uno de los grandes logros de este hombre en su reinado era el de unir todas las doce tribus de la nación de Israel. Aquí las dos tribus del sur, Benjamín y Judá, están puestas en asociación con las dos del norte, Zabulón y Neftalí, con el propósito común de ensalzar a Dios en el santuario como el centro de reunión para su pueblo.

Lamentablemente, esta situación no duraría mucho tiempo. La división se realizó en los años de Jeroboam y será sanada sólo cuando vuelva el Hijo de David, el Príncipe de Paz; Ezequiel 37.15 al 28.

5. Victoria final y constitución del reino; 68.29 al 35

Las tres victorias históricas en el Salmo señalan adelante al triunfo venidero de Armagedón y el establecimiento del reino con su centro terrestre en Jerusalén. “Por razón de tu templo en Jerusalén los reyes te ofrecerán dones”, 68.29. “Esparce a los pueblos que se complacen en la guerra”.

“Juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”, Isaías 2.4. “Vendrán príncipes de Egipto; Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios”, Salmo 68.31. Los países que hoy por hoy conspiran contra Israel, buscando destruirlo, habrán aprendido su lección, y ellos llevarán tributo al Gobernador soberano y justo en Jerusalén. ¡Que Dios apresure la llegada de ese día!

6. El pasaje mesiánico; 68.18

El versículo 18 se cita en Efesios 4.8. Consta de cinco cláusulas:

  • subiste a lo alto
  • cautivaste la cautividad
  • tomaste dones para los hombres
  • también para los rebeldes
  • para que habite entre ellos Jehová

“Los rebeldes” podría aplicarse a Israel. Se publicó el evangelio primeramente al judío y, gracias a Dios, aun en estos tiempos hay un remanente fiel entre ellos. Pero la expresión se puede aplicar a nosotros mismos, los gentiles. Éramos rebeldes por naturaleza, pero el es para los tales el don de la salvación, como son las demás dádivas de Dios. Dios cargó sobre su bendito Cordero todas nuestras rebeliones e iniquidades, no escatimando a su Hijo sino dándonos todo en Él.

“Para que habite entre ellos”, ha sido siempre su gran propósito, tanto en el tabernáculo y templo de la antigüedad como en la Iglesia ahora, y también en un día por venir, Apocalipsis 21.3.

Pablo escoge las primeras tres cláusulas para su exposición en Efesios, donde trata el tema de la ascensión.

El tema principal de la Epístola a los Efesios es el de la Iglesia como el cuerpo de Cristo. Nueve veces se hace mención de éste. En el capítulo 4 el apóstol se concentra en la unidad del cuerpo, y es en este contexto que encontramos la cita del Salmo 68. En Efesios 4.3 leemos de la unidad de la fe y en el 4.13 de la unidad del Espíritu.

El capítulo nos expone el método que Dios emplea para juntar la unidad orgánica del Espíritu y la unidad doctrinal de la fe. Viene de la Cabeza de la Iglesia, nuestro Señor Jesucristo ascendido y glorificado. El método que Dios emplea es el de otorgar dones a la Iglesia para que surtan efecto en ese Cuerpo.

Hay dieciséis pasajes en el Nuevo Testamento que hablan de la ascensión de Cristo; tres de ellos son históricos y trece doctrinales. Lucas es el que narra tres hechos particulares:

 

 

 

  • su localidad fue en el Monte de Olivos en Betania, Lucas 24.50.
  • una nube le recibió al Señor, Hechos 1.9. ¿Habrá sido la misma nube de la presencia divina en el Antiguo Testamento que descendió en la ocasión de su transfiguración
    y de nuevo en su ascensión?
  • dos hombres prometieron que Él volvería conforme le habían visto ir.

Veamos ligeramente el vocabulario empleado en algunas de estas referencias. En Hechos 1.10 Él “se iba”, y en el 1.9 “fue alzado”. Fue “levantado de la tierra”, Juan 12.32; “llevado al cielo”, Lucas 24.51; “recibido arriba”, Marcos 16.19. Y en nuestro pasaje, Efesios 4.10, ¡Él “subió por encima de todos los cielos!”

Efesios 1.19 al 22 habla de su resurrección y exaltación al puesto de poder a la diestra de Dios. Su ascensión se vincula con su sacerdocio, con el derramamiento del Espíritu Santo y con su señorío sobre la Iglesia. “Llevó cautiva la cautividad”, 4.8.

Cual general victorioso, Él trae consigo a los que el enemigo guardaba presos, y los conduce en procesión triunfal. Luego distribuye el botín entre sus tropas. Véanse Génesis 14.16 donde Abram recobró los bienes al rescatar a Lot; Isaías 53.12, “con los fuertes repartirá despojos;” 2 Corintios 2.14, “nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús;” Hebreos 2.15, “librar a todos los que estaban toda la vida sujetos a servidumbre;” Hebreos 12,23, “los espíritus de los justos hechos perfectos”.

Hay por lo menos tres interpretaciones de esta cláusula, llevó cautiva la cautividad.

  • que en su muerte el Señor derrotó a Satanás y sus huestes, librando por medio
    del Evangelio a los que estaban guardados bajo su dominio.
  • que en la ocasión de la resurrección de Cristo los santos del Antiguo Testamento fueron transferidos desde el Seol abajo al Paraíso arriba; Lucas 16.22 los ubica
    “en el seno de Abraham”.
  • que no se trata de personas sino de un principio; Cristo triunfó sobre el pecado y la muerte, y ahora conduce a la libertad a los que antes estaban en servidumbre.

Es evidente que el pasaje es difícil de entender y exige respeto para los criterios de personas que difieren de uno. Él que escribe estas líneas se inclina a la segunda de estas interpre-taciones, y gustosamente reconoce que la primera y la tercera representan verdades preciosas.

“Dio dones a los hombres”, 4.8. En el Nuevo Testamento hay tres referencias principales a los dones:

  • Romanos 12.4 al 8 Aquí la fuente de todos los dones es Dios; versículo 3
    — “la medida de la fe que Dios repartió”.
  • 1 Corintios 12 Aquí se enfatiza la operación del Espíritu Santo; versículo 7
    — la manifestación del Espíritu para provecho”.
  • Efesios 4.11 Aquí los dones se otorgan por el Cristo ascendido; versículo 8
    —”Cristo dio dones”

En Romanos y Corintios los dones son los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. En el sentido primario los apóstoles estaban en la base o constitución de la Iglesia. En ese contexto, el apóstol era uno que acompañaba al Señor en su ministerio terrenal y era testigo de su resurrección, como sabemos por Hechos 1.21,22. Un profeta era uno inspirado por Dios y responsable por la comunicación de su revelación al pueblo de Dios antes de haberse completado el canon de las Sagradas Escrituras.

En ese sentido primario, no contamos con apóstoles y profetas entre nosotros en estos tiempos. En un sentido secundario, sí contamos con hombres enviados por Dios y capaces de ministrar para edificación, exhortación y consolación, 1 Corintios 14.3. Además, tenemos en el Nuevo Testamento la doctrina de los apóstoles y la revelación ya completa que Dios dio en su Palabra. En este sentido, está presente entre nosotros hoy día el ministerio apostólico y profético.

Damos gracias a Dios por la presencia de los otros tres dones: el evangelista, el pastor y el maestro. Algunos han documentado de la manera siguiente unos ejemplos de estos tres dones:

Evangelistas: ejemplo, Felipe; característica, móvil; esfera, el mundo; ilustrado por Merari.

Pastores: ejemplo, Timoteo; característica, estable; esfera, la iglesia local; ilustrado por Gerson.

Maestros: ejemplo, Pablo; característica, capaz; esfera, la Iglesia universal; ilustrado
por Coat.

Estos tres hombres dotados de estos dones representan la necesidad imperiosa de la Iglesia de Dios en nuestra generación. Posiblemente los últimos dos sean uno solo, ya que la palabra es compuesta: pastor-y-maestro. Vivimos en un tiempo de mera superficialidad. Se ha dicho que todo el ministerio verídico tiene tres ingredientes: un don sobrenatural que viene de Dios; años de trabajo y estudio; y, una vida de experiencia en la escuela de las pruebas.

Finalmente, el Cristo ascendido otorga dones a la Iglesia con un propósito en vista. Es “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. La razón por qué se dan los dones es para que los demás sean entrenados para esa obra, de manera que la Iglesia se propague a sí sola. El plan de Dios es que cada congregación del pueblo del Señor sea una escuela de entrenamiento bíblico, de manera que cada generación pase la tea a la próxima. Esta es la verdadera sucesión apostólica.

 

Salmo 45     El Rey-Esposo

 

El Salmo 45 es el séptimo en la serie, el centro y joya de los salmos mesiánicos. Hay seis en el primer Libro, presentando una cristología básica: la encarnación, tentación, traición, crucifixión, resurrección y gloria milenaria del Mesías. El Salmo 45 nos presenta las bodas del Rey y las glorias que seguirán.

El título –

  • Al músico principal: O sea, el director de música en el templo. Este título figura a la cabeza de cincuenta salmos. Las Escrituras hacen mención de tres de ellos: Asaf, Hemán y Etán, pero a la postre Cristo será el músico principal de su pueblo.
  • Sobre lirios: Cuatro salmos llevan este título, y ellos corresponden a la primavera
    y la época de la pascua. Ha pasado el invierno, y la primavera y verano han llegado
    al mundo.
  • Masquil: Enseñanza, instrucción. Este título asocia el Salmo con los postreros días; “ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos [ masquilim ] comprenderán”, Daniel 12.10.
  • De los hijos de Coré: De, o para, la familia levítica del coro. Ellos eran testigos de la gracia divina, como relata Números capítulo 16, y de ellos leemos en 1 Crónicas 6.31 al 33. Llevan este título once salmos en dos libros.
  • Canción de amores: Posiblemente “canción de amados” o “amantes”. En el 84.1 la misma palabra es “amables”. Se usa especialmente con referencia a los que son amados de Dios, como en Deuteronomio 33.12, “El amado de Jehová habitará confiado cerca de él”. Se interpreta el título como “canción del amado”, en la Versión de los Setenta y la Vulgata.

Tema y enseñanza –

Se ha aplicado el Salmo 45 a eventos contemporáneos, como por ejemplo el matrimonio de Salomón a la hija de Faraón, pero bien dijo un escritor, “He aquí más que Salomón en este lugar”. El comentario de Spurgeon fue: “Algunos ven tan sólo a Salomón en este salmo, pero son miopes. Otros ven a Salomón y Cristo, pero son bizcos. Los ojos espirituales, bien enfocados, ven tan sólo a Jesús”.

Hebreos 1.8,9 establece la interpretación mesiánica, citando los versículos 6 y 7 del Salmo. La aplicación a Cristo en Hebreos deja sin consecuencia las demás interpretaciones. Vemos aquí al Rey y su novia presentándose después de las bodas para tratar con sus enemigos y reinar sobre las naciones.

Nos es presentado el Profeta en el Salmo 91, el Sacerdote en el 110 y el Rey aquí en el 45. Los acontecimientos mundiales manifiestan que pronto se realizará lo que el Salmo presenta en imagen. Su enseñanza es práctica además de devocional.

El rapto, la bema [el tribunal de Cristo], la cena de las bodas del Cordero, el apocalipsis y el reino del Rey están todos en el programa profético, y pronto se dará comienzo al proceso con la palabra dada por el Esposo.

El Salmo nos ofrece un cuadro profético de Cristo en su manifestación para reinar después de la cena nupcial del Cordero, Apocalipsis 19. Él no encuentra el mundo aguardando su llegada, ya que el mundo está en rebelión, Salmo 2, pero trae consigo espada y cetro.

El Salmo consta de dos partes principales además de su introducción y conclusión breves:

  • Introducción; versículo 1
  • La gloria del Esposo-Rey en cuatro aspectos; versículos 2 al 8
  • La belleza de la Esposa en cuatro aspectos; versículos 9 al 15
  • Conclusión — la bendición doble del Esposo; versículos 16 y 17

1. Introducción; versículo 1

Basta un solo versículo como prefacio, pero el locutor emplea cuatro figuras para expresar sus sentimientos sobre el tema. Él se valdrá de todas sus facultades para ensalzar las glorias del Rey.

  • su corazón es una fuente desbordante
  • su boca es de orador
  • su tema es la composición musical de poeta
  • su lengua es la pluma ligera del escribano.

2. La gloria del Esposo-Rey en cuatro aspectos; versículos 2 al 8

Su gloria moral –

Se hace mención de dos factores: Él es el más hermoso de los hijos de los hombres, y la gracia se derramó en sus labios. Estas consideraciones tratan de su persona y su ministerio; de lo que es y lo que dijo.

“El más hermoso” es una expresión que el autor del salmo hizo para este caso solamente; se dice que no tiene paralelo alguno en la construcción hebraica. Algunos traducen la idea como “¡Hermoso, hermoso!” O sea, por mucho el destacado. Se le presenta en contraste con los demás hijos de hombres, y es el prototipo. Es el hombre perfecto, típico y representativo, tanto física como moralmente. Enoc, José y David no dan la talla.

Cada nación y cada época ha tenido su héroe. Moisés, Nabucodonosor, Alejandro, César Augusto, Sócrates: ellos representan el genio de un pueblo encarnado en un hombre—sea Israel, Babilonia, u otra nación o raza. Pero éste no figura en esa clase. Es un Hombre fuera de época, por encima de los tiempos; es el Dios-Hombre, hermoso en aspecto y en palabra.

“La gracia se derramó en tus labios”. Vemos primero el vaso y luego lo que está vertido en él. Se selecciona a título de ejemplo un solo detalle de su vida y ministerio. Es el de Lucas 4.22: “Todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca”. Su gloria moral estaba en equilibrio perfecto, tanto en gentileza con indignación como en gracia con verdad.

Nosotros todos somos criaturas de extremos; éste, en cambio, era sabio pero sencillo, con azote pero tierno, como las dos alas de un pájaro. Moisés era el hombre más manso en la tierra, pero él habló imprudentemente. Cristo, en cambio, manifestó cortesía, consideración, compasión y bondad. Se dice que gracia es la palabra más hermosa en nuestro idioma, pero la encontramos sólo dos veces en Salmos. Está en los labios del Señor, y en el 84.11 es un don que Dios da al peregrino.

Su gloria oficial –

Distinguimos cuatro puntos: su espada, cetro, trono y unción.

Vemos primeramente su gloria moral como Hombre y luego su gloria oficial como Rey. Aquí se cambia la gracia de su ministerio público por la espada ceñida. Él gana el reino por la conquista en vez del poder penetrante del evangelio. En su apocalipsis y epifanía le enfrentan las fuerzas hostiles del infierno y del anticristo, descritas en Salmo 2.1 al 3. El conflicto se describe gráficamente en Zacarías 14 y Apocalipsis 19.

Su cetro, representativo del poder y autoridad del gobierno, es la vara del pastor, convertida ahora en vara de hierro para sus enemigos pero en cetro de oro para su pueblo. Él fue ungido con óleo de alegría más que a sus compañeros. Tres veces David fue ungido rey: primeramente en casa de su padre Isaí; luego cuando Saúl había muerto, sobre la tribu real de Judá; y finalmente en Hebrón, sobre las doce tribus de Israel.

Nuestro Señor fue ungido dos veces cuando aquí sobre la tierra: una vez al comienzo de su ministerio público, Lucas 7.38, y otra vez al final, Juan 12.3. El ungimiento con óleo de alegría podría referirse a su consagración por el Espíritu Santo, Lucas 4.18. ¿Pero quiénes son tus compañeros en el 45.7? Se ha sugerido que son los demás ocupantes del trono de David. Algunos eran buenos y otros no, pero todos eran humanos, mientras que Él es divino.

Su gloria divina –

“Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre”, 45.6.

Este es uno de los pasajes más sobresalientes sobre la deidad del Rey. ¡Poco sorprende que haya sido atacado! No es simplemente el trono que es eterno, sino la persona. Hebreos 1.8 es específico en su aplicación del trozo a la persona del Señor Jesucristo: “Del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo”.

Su gloria como Mediador –

Debemos notar tres elementos en los versículos 8 y 9: los palacios de marfil, los vestidos perfumados y la reina a la diestra del Rey.

“Desde palacios de marfil:” la encarnación. Un palacio de marfil representa la opulencia en extremo. El rey Acab tenía uno en Samaria; 1 Reyes 22.39. El marfil se consigue mediante la muerte del elefante, la criatura más grande e imponente de la tierra. Los palacios de marfil representan la gloria que nuestro Señor dejó atrás cuando se humilló a nacer en Belén: “Glorias magníficas Él dejó para buscarme a mí; sólo su incomparable amor le hizo venir aquí”.

Este himno, que comienza con Ropaje espléndido y divinal, fue escrito por Henry Barraclough y en su forma original comienza con una mención específica de los palacios de marfil. Su inspiración se debió a un sermón sobre Salmo 45.8. La versión en castellano capta muy bien lo que veremos en el versículo 8, hablando de mirra, áloes y casia.

“… exhalan todos tus vestidos” En el versículo 8 Él sale de los palacios de marfil con una sinfonía de instrumentos de cuerda, pero en el 15 Él entra en el palacio del rey con un cántico de alegría y regocijo. (1 “Glorias magníficas Él dejó “ 2 “Con ropa hermosa vendrá otra vez”) ¿Cómo fue posible? Los vestidos dan la respuesta.

Cuando nació, los magos trajeron presentes de oro, incienso y mirra. Hubo fragancia en su nacimiento y vida. Al ser sepultado Jesús, Nicodemo llevó cien libras de mirra y áloes para derramarlas sobre el cuerpo santo. Hubo fragancia en su muerte, sepultura y resurrección; sus vestidos santos exhalan especias.

“Está la reina a tu diestra”. Esta es consecuencia de su obra en la cruz. La mención de la reina es el punto transicional entre las dos partes del Salmo.

Resumen –

En la descripción del Rey-Esposo encontramos su gloria moral como hombre, su gloria oficial como Rey, su gloria divina como Dios y su gloria interventora como Esposo. Vemos la excelencia de su persona, la equidad de su gobierno, la eternidad de su trono y el éxtasis de su corazón. ¡Al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos!

3. La belleza de la Esposa en cuatro aspectos; versículos 9 al 15

Su nombre –

La reina, 45.9, es en hebreo la shegal, y no la malkah o la gebireh que se usan corrientemente. Es una designación poco común para una persona de primera orden, pero se usa en Daniel 5.2,3 y Nehemías 2.6 con referencia a las reinas persas o caldeas. Esto parece sugerir que la reina aquí es de origen gentil. José y Booz son casos de grandes hombres entre los judíos que tomaron esposas gentiles.

La interpretación más frecuente es que se trata de Israel, una vez perdonado y restaurado, en su relación con el Mesías en los días milenarios. Pero esta interpretación es difícil, si no imposible, en vista de la palabra usada para reina y del esbozo profético en Apocalipsis 19 al 22 en cuanto a las bodas del Cordero y la gloria subsiguiente en el reino milenario.

Es cierto que Israel gozará de una relación especial e íntima con el Mesías como un pueblo terrenal y con una capital en Jerusalén, pero la esposa es la Iglesia, compuesta tanto de judío como de gentil. Es en esta relación que ella reinará sobre la tierra en la Nueva Jerusalén que procede, o se extiende, de Dios desde los cielos. Tanto Israel como la Iglesia tendrán una relación gloriosa en relación con el Rey en el tiempo del milenio; y si podemos distinguir entre uno y otro, la mayor parte de las dificultades desvanece.

Su séquito –

Las hijas de reyes estarán entre los ilustres, versículo 9, y las hijas de Tiro vendrán con presentes, versículo 12. Son madrinas y damas de honor. Tiro era la ciudad reina del comercio, y aquí ella viene, no con una cuenta a cobrar sino con un presente a dar en las bodas. Los ricos ya no son orgullosos e imponentes sino humildes y suplicantes. ¡Un mundo de diferencia, por cierto! Las vírgenes, sus compañeras, en el versículo 14 podrían representar a las naciones gentiles, evangelizadas ya e incorporadas a la bendición milenaria por medio de Israel.

Su vestimenta –

“¡Toda gloriosa es la hija del rey en su morada!” [“Gloriosamente ataviada la hija del rey espera adentro”, Versión Moderna ] En el versículo 9 ella tiene el oro de Ofir, hablándonos de la justicia impartida: “Y con vestiduras blancas como luz, Miraré la gloria del Señor Jesús”.

“De brocado de oro es su vestido”. Es el resultado del martillo y el fuego — la escuela del sufrimiento. “Con vestidos bordados “ Tiene el adorno de una vida de servicio, puntada por puntada. El lino fino es las acciones justas de los santos, Apocalipsis 19.3.

Su actitud –

Son cuatro los cargos en los versículos 10 y 11:

  • “Olvida tu pueblo, y la casa de tu padre”. Es la separación de Adán y su prole;
    ¡la vida antigua y sus costumbres! Compárese con la experiencia de Rut.
  • “Deseará el rey tu hermosura”. Es la comunión; ella es para Él no más.
  • “Inclínate a él”. La vida devocional de la esposa.
  • “El es tu señor”. Esta adoración es producto de una sujeción entera al Señor
    y su Palabra.

Ella, entonces, oye, mira, inclina y olvida. Hay la elección, la decisión irrevocable, la fidelidad consecuente, el camino elegido en el cual no hay regreso. “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí”, Mateo 10.37.

4. Conclusión: la bendición doble del Esposo; versículos 16 y 17

La procesión nupcial se relata en 45.14,15. “Desde palacios de marfil te recrean”, dice nuestra traducción del versículo 8, dejando afuera la referencia específica a los instrumentos de cuerda que algunas versiones incluyen. [Versión Moderna: “sonidos melodiosos te recrean”]

Un estallido de alabanza y júbilo celebra la llegada del Rey. Sigue la encomienda al Rey-Esposo en los versículos 16 y 17, donde se emplean tres pronombres masculinos: tus padres, tus hijos, tu nombre.

  • Tus padres: El antiguo régimen judaico, los patriarcas. “En lugar de tus padres “
  • Tus hijos: La Iglesia. “He aquí, yo y los hijos que Dios me dio”, Hebreos 2.13. “Verá linaje y la voluntad de Jehová será en su mano prosperado”, Isaías 53.10. “a quienes harás príncipes en toda la tierra”, los cargos administrativos en el reino milenario.
  • Tu nombre: La alabanza eterna se vincula al final del Salmo con el Nombre.
    Termina la canción con una gran bendición asociada con el Nombre.

Jesús, tierno nombre de precio y valor,
tu nombre bendito, Jesús Salvador,
por cima de todos, sin par, sin igual,
exhala fragancia de amor celestial.

Ha concluido la ceremonia nupcial, y Dios se dirige al rey. La bendición impartida versa sobre la prolongación de la raza real y la exaltación del Rey eterno. Una simiente servirá al Señor, contada para Él como generación. Se cumplirá entonces la profecía de Isaías 53.10: “Verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada”. Su posterioridad espiritual sobrepasará a sus progenitores humanos en honor, poder y gloria; su nombre se recordará en todas las generaciones, y su alabanza será eterna y para siempre.

 

 

Salmo 24      El Rey de gloria

 

Se ha señalado a menudo que los Salmos 22, 23 y 24 constituyen un trío que abarca el pasado, el presente y el futuro. Ellos hablan de Cristo como el que padeció, el que pastorea y el que reinará, respectivamente. Nos hacen recordar el altar en el atrio del tabernáculo, la mesa en el lugar santo y el trono en el lugar santísimo.

Se ha interpretado de tres maneras Salmo 24:

  • históricamente se refiere al traslado del arca a Sion,
    2 Samuel 6
  • típicamente es un cuadro de la ascensión de Cristo. El gran oratorio de Handel, El Mesías, lo emplea de esta manera.
  • proféticamente es un esbozo del regreso del Señor en gloria.

El Salmo presenta una escena terrenal, no celestial. El monte, la casa y el lugar santo son sitios reales. El Salmo presupone un trono desocupado, el trono del dominio mundial, y un reto en cuanto a quién se califica para ocuparlo. En las Escrituras hay varios tronos:

  • el trono de Dios se menciona varias veces en los dos Testamentos
  • el trono de la gracia, Hebreos 4.16, existe en la época actual
  • el trono de la gloria, Mateo 25.31, será para el juicio de las naciones
  • el trono grande y blanco, Apocalipsis 20.11, también es para juicio
  • el trono de Dios y del Cordero se menciona en Apocalipsis 22.1

Pero hay otro, y es terrenal; es el del dominio mundial. Por muchos siglos lo han ocupado los gentiles; muchos son los tiranos aventureros y sedientos de sangre que han osado tenerlo por suyo, pero hoy por hoy ese trono está desocupado. El Salmo 24 contesta la pregunta en cuanto a quién tiene el derecho de sentarse allí.

El Salmo le llama el rey de gloria, un título encontrado cinco veces en este capítulo, pero en ninguna otra parte de la Biblia. Hechos 7.2 hace mención del Dios de la gloria, 1 Corintios 2.8 del Señor de la gloria, Efesios 1.17 del Padre de gloria, pero sólo Salmo 24 del rey de gloria.

El Salmo consta de dos partes, con la división señalada por el selah al final del versículo 6:

  • 1 al 6, el reto y las credenciales para gobernar
  • 7 al 10, el conquistador en la ciudad y el santuario

El reto y las credenciales; 24.1 al 6

El reto es: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?”

Hay dos alturas en la ciudad de Jerusalén: el monte Sión a un lado con el palacio real, y el monte Moriah al otro lado con el templo. Estos son el monte y la casa del Salmo. El candidato para tomar posesión de éstos debe ser tanto rey como sacerdote.

Jerusalén está destinada a ser la metrópoli del mundo durante el milenio, y en Ezequiel 40 al 48 hay una descripción detallada del templo reconstruido con la adoración renovada y un río que fluye desde el santuario. A la vez, el pacto con David garantizó una dinastía, un trono y un reino perpetuo; véanse 2 Samuel 7.8 al 17 y Salmo 89.20 al 37. Por lo tanto el reto: ¿Quién cuenta con las credenciales y cualidades para ocupar el palacio real y a la vez funcio-nar cual sacerdote en el templo?

Las credenciales necesarias son las manos limpias, el corazón puro, el alma humilde y la lengua recta. La tal persona, prosigue el versículo 5, recibirá bendición de Jehová y justicia del Dios de salvación.

Se exigen aquí cuatro calificaciones morales de la persona digna de ocupar el monte y la casa. El primer aspirante fue Satanás. En la ocasión de la tentación del Señor en el desierto, él pretendió contar con dominio sobre todos los reinos del mundo y de la gloria de éstos, Lucas 4.5,6, pero es evidente que usurpaba lo ajeno y que carece de las cualidades exigidas.

Otros candidatos han sido Nabucodonosor, Ciro, Alejandro Magno y César Augusto en representación de los cuatro grandes imperios gentiles: Babilonia, Medo-Persa, Grecia y Roma. En tiempos más cercanos hemos visto las pretensiones de hombres como Napoleón, Hitler, Stalin y Mao. Cuando les examinamos a la luz del nivel moral requerido, vemos cuán deficientes son.

Adolfo Hitler se jactó de que establecería un imperio que duraría mil años. ¿Tiene manos limpias? Están manchadas de la sangre de seis millones de judíos que fueron entregados cínicamente a los hornos. ¿Nerón, el emperador romano, cuenta con corazón puro? Era monstruo humano que mató a su propia madre y a su esposa también, dándole a ésta una patada cuando llevaba una criatura no nacida aún.

Napoleón elevó su alma a cosas vanas. Le fue sugerido que el papa fuese invitado a la ceremonia de su coronación como emperador, pero él rechazó la idea con desdén. Tomó la corona en sus manos y la puso él mismo. Josef Stalin juró con engaño al firmar alianzas políticas sólo para violarlas. Se dice que fue responsable de planificar la muerte de once millones de ucranios y rusos.

Aseguradamente ninguno de estos aspirantes puede satisfacer las demandas de la santidad necesaria para que uno ocupe el trono del dominio mundial.

Pero reflexionemos sobre otro: Jesús de Nazaret. ¿Da la talla? ¿Tuvo manos limpias? Sus manos eran puras, poderosas, perforadas y pontificales. Fueron puestas por compasión sobre el leproso, el ciego y las cabezas infantiles de niños que recibían bendición de Él. ¿Y corazón puro? Era sin pecado; no había pecado en Él. No había traición en su mente, ni corazón que abriría la puerta al tentador. Él podía retar a la humanidad: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” Juan 8.46. No hubo ni hay quien pueda.

¿Su alma fue elevada a cosas vanas? Él pudo decir que era manso y humilde de corazón, Mateo 11.29. El orgullo fue el pecado original de Satanás, quien estimó ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. Jesucristo más bien se humilló a la muerte de cruz. ¿Pero juró con engaño? Él era la verdad en persona, y pudo decir, “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, Juan 14.6.

Ninguno de los líderes políticos que han aparecido en este mundo ha aprobado la prueba moral. Solamente Jesús de Nazaret ha dado la talla. Él es la única persona moralmente perfecta que este mundo ha visto.

Se ha dicho que de los cuatro aspectos de la pureza aquí, los dos en el medio se refieren a la vida interior y están montados en el marco de los exteriores, que son de obras y palabras. Las manos no están rojas de sangre ajena ni sucias con el afán de riquezas. Lo de afuera está bien sólo cuando lo de adentro es puro.

Hay también su derecho. Suya es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan, dice el primer versículo del Salmo.

La primera parte de esta afirmación se refiere a la riqueza mineral y otros recursos naturales que guardan este planeta. Hay oro, plata, hierro, cobre, diamantes, etc., y hay también carbón, petróleo, electricidad, agua y fuerza atómica. Hay los recursos del campo y del bosque, como son las plantas y cosechas. La declaración abarca todo lo que enriquece el ambiente y hace más viable y más placentera la vida de hombre y bestia.

La segunda parte, “el mundo y los que en él habitan”, se refiere a la población humana. Hoy por hoy hay unas ciento veinte naciones que agrupan aproximadamente tres mil millones de personas. Hay poco más de tres mil lenguas y varios miles de dialectos.

Pablo emplea cinco preposiciones en Colosenses 1.16,17 para describir la obra creadora de Cristo: en Él (en); por medio de Él (día); para Él (eis); antes de todo (pros); y en Él (en) subsisten todas las cosas; o sea, se quedan unidas. Esta gran declaración manifiesta que Él es el Creador y Sustentador del universo, pero Pablo enseña también que Él es el Redentor y Conciliador.

Cristo tiene no sólo las credenciales morales sino también el derecho al dominio mundial por su obra en la creación y la redención.

Está asociada con Él una generación que busca su rostro; véase el versículo 6 donde el título usado es “Dios de Jacob”. Hay otras escrituras donde se emplea Jacob en sentido figurativo, como son Números 23.7 (Balac dijo: “Maldíceme a Jacob”), Deuteronomio 32.9 (“Jacob la herencia de Jehová”), Salmo 44.4 (“Manda salvación a Jacob”) y 47.4 (“la hermosura de Jacob”).

Parece que nuestro versículo encierra dos pensamientos distintos: aquellos que buscan a Jehová son el Israel verdadero; y, cuando las naciones vean a Israel en busca de Dios, ellas irán en pos de Israel. En cuanto a esta segunda idea, pensamos en Zacarías 8.23, “Iremos con vosotros”, e Isaías 55.5, “Llamarás a gente que no conociste”.

La entrada del Conquistador, 24.7 al 10

La época actual de la Iglesia y la del rapto no entran en el Salmo 24. El trasfondo profético del Salmo es más bien la sección del Apocalipsis que va desde el capítulo 4 hasta el 19. En este salmo, el Señor ha venido ya para la Iglesia y también queda en el pasado el período de siete años que comenzará con “el principio de dolores”, Mateo 24.8, y continuará con “la gran tribulación”, 24.21.

Los eventos en el Salmo tendrán lugar después de la culminación de los sucesos que pondrán fin a la tribulación, que son la manifestación en gloria del Mesías cuando Él atenderá a sus enemigos en la batalla de Armagedón, y en su revelación posterior a la nación de Israel que hasta ese momento le habrá rechazado cual Hijo de Dios. Pero ahora en el Salmo este pueblo suyo, arrepentido y restaurado, se incorpora en su marcha triunfante y gloriosa.

Las últimas profecías mesiánicas del Antiguo Testamento están en Malaquías 3.1 y 4.2, respectivamente:

  • He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí;
    y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel
    del pacto, a quien deseáis vosotros.
  • A vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas
    traerá salvación.

La segunda sección del Salmo expone el cumplimiento de estas dos grandes profecías.

Una vez consumada la gran victoria en el Armagedón, el rescate de Israel y su arrepentimiento y conversión, el Conquistador con su comitiva se acerca a los portales de la ciudad de Jerusalén. Están cerradas y trancadas contra el enemigo. El heraldo da la voz: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria”. Desde lado adentro de las murallas viene la pregunta: “¿Quién es este Rey de gloria?” La respuesta del heraldo es: “Jehová [el Señor] el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla”.

 

 

Tres grandes batallas que Él habrá ganado son:

  • la lucha contra Satanás cuando fue tentado en el desierto
  • el encuentro decisivo con las huestes del infierno en el Calvario
  • el choque con los enemigos de Dios en el valle de Armagedón

Las puertas se abren de par en par. El Conquistador entra para ocupar la ciudad y el palacio real. La procesión continúa hasta el lugar del templo. Aquí Él fue rechazado en su primera estadía en la tierra cuando vino “justo y salvador, humilde y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino de asna”. Ahora, cual mensajero del pacto, viene al templo súbitamente sobre caballo blanco. De nuevo se oye el reto del heraldo: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria”. De nuevo la indagación, esta vez desde dentro del santuario: “¿Quién es este Rey de gloria?”

Y la respuesta majestuosa: “¡Jehová de los ejércitos [Señor Sabaoth], El es el Rey de la gloria!” El título usado es el mismo de Isaías 6.5: “Han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos”. [Es el título que Martín Lutero emplea en su gran himno, Castillo fuerte es nuestro Dios. Dice: “Jesús, el que venció en la cruz, Señor de Sabaoth”.] Entra el Rey; son suyos el monte de Jehová y el lugar santo: casa y templo ocupados por el rey de la gloria.

Cuando nuestro Señor vino en humillación en su primer advenimiento, Él fue llamado el Rey de los judíos, aun cuando le rechazaron aquellos que le tildaron así. En su manifestación en el milenio Él será Rey de reyes y Señor de señores. Pero en su relación con su pueblo Él es el Rey de gloria. Él será el sacerdote-rey: se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado, y Él llevará gloria, Zacarías 6.12,13.

 

Salmo 110    El Sacerdote-Rey-Juez

 

Catorce veces se cita el Salmo 110 en el Nuevo Testamento—más que cualquier otro pasaje—y en cada caso se lo aplica al Señor Jesucristo. No son sólo los apóstoles Pedro y Pablo y el autor a la Epístola a los Hebreos que lo identifican así, sino que tenemos la autoridad del Señor mismo, quien dijo que el Salmo fue escrito por David bajo la inspiración del Espíritu Santo; Mateo 22.41 al 46.

Su argumento en cierta ocasión giró sobre estos dos puntos: que David fue el autor, y que el Espíritu le mandó a llamar el Hijo su Señor. Los fariseos captaron estas ideas y no intentaron disputarlas.

El Salmo sigue al 109, donde el Mesías se presenta como el “afligido y necesitado”. Aquí Él es el Señor exaltado.

Otro ha dicho que el Salmo 110 nos da una clave para entender la historia. Aquel que puede corregir las injusticias del mundo, calmar sus tempestades, romper sus ligaduras, sanar sus heridas, enderezar sus recodos y alumbrar su penumbra, está sentado en los cielos porque no hay lugar para Él en la tierra. Sentado allí a la diestra de Dios, un privilegio exclusivo del Hijo y Heredero, Él espera pacientemente el tiempo cuando Dios intervendrá en la tierra, colocando sus enemigos al estrado de sus pies.

El Salmo nos presenta tres cuadros magníficos de Cristo, terminando con un apéndice maravilloso:

  • un sacerdote ensalzado a la diestra del Padre, versículo 1. Él está a la expectativa.
  • un rey-sacerdote con el mando a gobernar, versículos 2 al 4. Él está esplendente.
  • un juez que administra justicia a sus enemigos, versículos 5 y 6. Él es el triunfante.
  • como apéndice, en el versículo 7, Él se refresca y se yergue.

Hay dos órdenes que se destacan en los primeros versículos:

  • ¡Siéntate!” Dos mil años sobre el trono del Padre.
  • ¡Domina! Mil años sobre el trono milenario.

1. El sacerdote ensalzado. 110.1

“Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”.

Se ha dicho que éste es el oráculo de Jehová en su Adonaí, pero que el idioma nuestro es inadecuado para transmitir la majestad de la comisión. Es la única vez en el Libro de Salmos que encontramos una manera de hablar que es común en los libros poéticos del Antiguo Testamento. La vemos por vez primera en Génesis 22.16: “Por mí mismo he jurado, dice Jehová”. Es la afirmación absoluta de la inspiración.

David, entonces, nos presenta una escena en los concilios de la deidad, nada menos que un mensaje del Padre al Hijo. En respuesta a esta orden, “Siéntate a mi diestra”, cuatro veces en la Epístola a los Hebreos encontramos al Señor sentado a la diestra de Dios:

  • Cual purificador de nuestros pecados, Él se sentó a la diestra de la majestad
    en los cielos, 1.1 al 5. Es por Él que Dios ha dado la revelación completa y definitiva.
  • Cual sumo sacerdote Él se ha sentado, permitiendo que nos acerquemos a Dios, 8.1,2
  • Cual oferente del sacrificio que perfeccionó para siempre a los santificados, Él se ha sentado por haber realizado esa obra, 10.1 al 12
  • Cual pionero y consumador de la fe, Él es ejemplo e inspiración de una fe semejante
    en su pueblo, 12.1 al 3

El sacerdocio de Cristo en esta misma epístola se presenta de dos maneras: según la figura de Aarón, y según el orden de Melquisedec.

La fase sacrificadora del sacerdocio de Aarón fue realizada al altar de cobre. Al llevar a cabo el rito del Día de Expiación, descrito en el capítulo 16 del Levítico, Aarón entraba tres veces en el lugar santísimo, vestido de lino fino.

Entró primeramente con el incienso que dejaba frente al expiatorio, Hebreos 9.4. Luego, con la sangre de un becerro que ofrecía por sí y por su familia. Finalmente, entró con la sangre del sacrificio por la culpa, la cual esparcía una vez sobre el propiciatorio y siete veces delante del mismo. Esto tipificaba la gran obra de la propiciación ante Dios.

Hecho esto, él procedía al altar donde le esperaba el macho cabrío. Colocando las manos sobre la cabeza del chivo, él confesaba todos los pecados, iniquidades y transgresiones del pueblo, y luego el animal era conducido por un hombre apto al desierto y abandonado en tierra no habitada. Esto tipificaba la sustitución y la remoción del pecado confesado.

La sangre esparcida dentro del recinto santo era propiciación; o sea, satisfacía la santidad de Dios. El pecado confesado y transferido era sustitución. Ambos son cuadros o figuras de la obra sacrificante de Cristo en la cruz del Calvario.

Próximamente, Aarón entraba en el lugar santo — el salón mayor del tabernáculo en sí — para quitarse la vestidura de lino blanco y poner la de honra y hermosura. Él colocaba sobre su cabeza la mitra con su lámina de oro y la inscripción Santidad a Jehová. Ponía luego el manto azul con el efod de lino por encima. Sobre sus hombros estaban los nombres de las doce tribus colectivamente, grabados en dos piedras de ónice; sobre su corazón estaba el nombre de cada tribu, grabado cada uno en una piedra preciosa, de color distinto y montada individualmente en su estuche de oro.

De último, ponía la faja o cinto en torno a su cintura. En esta vestimenta él representaba al pueblo común como su intercesor ante Dios.

Al final de este gran día él salía, habiendo efectuado un último sacrificio sobre el altar, levantaba las manos y bendecía al pueblo con el lenguaje sacerdotal de Números 6.24 al 26: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti; y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”.

Hebreos 9 es el cumplimiento del Día de Expiación, comenzando con el incensario de oro dentro del velo y terminando con las palabras: “Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”.

 

 

  • Como sacerdote ahora sobre su trono, Él realiza una obra tripartita en beneficio
    de su pueblo:
  • Como abogado, se ocupa de nuestros pecados. “Si alguno hubiere pecado,
    abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”, 1 Juan 2.1.
  • Como intercesor, se ocupa de nuestras súplicas. “Este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede salvar perpetuamente
    a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”,
    Hebreos 7.24,25
  • Como gran sumo sacerdote, se ocupa de nuestras tribulaciones. “Tenemos un sumo sacerdote que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”, Hebreos 4.14 al 16

Si bien el sacerdocio de Cristo es según el orden de Aarón en cuanto a su sacrificio e intercesión, a la vez está en contraste con ese ministerio terrenal. Aarón fracasó en muchos aspectos. A él no le fue dado sentarse en las ceremonias; tuvo que realizar éstas año tras año; a la postre puso esas vestiduras a un lado y fue vencido por la muerte. Nuestro gran sumo sacerdote, en cambio, era sin pecado, se ha sentado sobre el trono y ha ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre.

Así, el primer versículo del Salmo abarca la obra sacerdotal de Cristo en el día de hoy pero se extiende también a cuando los enemigos suyos estén debajo de sus pies cual entablado para los mismos. Esto abarca el rapto, el tribunal de Cristo y la venida en gloria. Terminará este lapso cuando Dios emita la segunda orden: “Domina en medio de tus enemigos”.

2. El Rey-Sacerdote, 110.2 al 4

La orden Siéntate en el versículo 1 es seguida por la de Domina en el 2. Esto nos dirige al reino milenario de Cristo que se extenderá por mil años, Apocalipsis 20.1 al 6.

“Jehová enviará desde Sión la vara de tu poder”, dice. La vara aquí es la del pastor que se convierte en cetro de oro a su pueblo pero vara de hierro a sus enemigos. Fue el símbolo de autoridad para Moisés cuando él fue enviado por Dios a enfrentarse con Faraón. Con ella él abrió las aguas del Mar Rojo y con ella golpeó la peña de la cual fluyeron las aguas vivas, Éxodo 4.2,4, 7.19, 8.15,16, 14.16. Es una vara de hierro en Salmo 2.9 y Apocalipsis 2.27.

En una monarquía, el cetro se pone en la mano del rey o la reina en el día de su coronación como símbolo de autoridad en el gobierno. En los días milenarios Cristo será monarca absoluto con poderes supremos.

“Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder”, versículo 3. Esto se refiere a una reliquia de judíos que le dará la bienvenida cuando Él venga en gloria para reinar. En su primer advenimiento, Él vino a lo suyo [singular] pero los suyos [plural] no le recibieron, Juan 1.11. Consumado ya el rapto de la Iglesia, Dios abrirá los ojos de un remanente de Israel para que vean el sentido verdadero de Isaías 53 y la esperanza mesiánica.

Al estilo de la conversión dramática de Pablo en el camino a Damasco, ellos serán iluminados por el Espíritu de Dios. Serán sellados y preservados durante los días de la tribulación y constituirán el testimonio para Dios en la tierra durante “el tiempo de angustia para Jacob”. Serán los predicadores del evangelio del reino, y en un sentido real serán ofrendas voluntarias a Dios en su consagración y dedicación a Él.

No es fácil entender e interpretar la parte postrera del versículo: “en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud”. [Versión Moderna de 1883: “Tu pueblo se presentará como ofrendas voluntarias en el día de tu poder, ataviados con los adornos de la santidad: como el rocío que cae del seno del alba, así te será tu valiente juventud”].

“El seno de la aurora” es una frase poética que señala aquel amanecer sin nube cuando Cristo vendrá en gloria y el Sol de justicia nacerá con salvación en sus alas. Es su manifestación, el apocalipsis, la epifanía, el despliegue de su gloria descritos en Apocalipsis 19.11 al 16 y Zacarías 14.3,4. Las huestes celestiales saldrán con el Cristo glorificado a su cabeza.

Se describe primeramente su séquito. La frase, “en la hermosura de la santidad” corresponde, en lo que a su carácter se refiere, al atavío de los sacerdotes en vestimentas santas. Los santos, quienes acompañarán a Cristo en el día de la manifestación de su gloria cual Sacerdote-Rey, constituirán un sacerdocio real de por sí.

Dirigiéndose a su pueblo Israel, el Señor dijo en Éxodo 19.6: “Vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa”. Tocante a la Iglesia, Pedro escribió: “Sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa”, 2.9. El apóstol Juan, en la dedicación inicial del Apocalipsis, dice: “Al que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén”, 1.5,6.

“El rocío de tu juventud” se refiere, en la opinión de algunos, a esta compañía de acompañantes sacerdotales, ya que ellos leen la frase como “tu juventud es para ti como rocío”. [Véase la versión alternativa citada arriba.]

W.E. Vine, por ejemplo, comentó que “las partículas de rocío que brillan en el sol temprano en la mañana reflejan en imagen la redondez del orbe celestial. Así, cada creyente brillará esplendente en la semejanza del Hijo de Dios”. Max Isaac Reich escribió: “Son el ejército de voluntarios, sacerdotes-guerreros cuyas armas no son carnales sino hermosas como el rocío, renovadas constantemente como el rocío matinal, cada gota reflejando el sol en miniatura”. Esto encaja con Apocalipsis 19.14: “Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguirán en caballos blancos”.

Pero posiblemente “el rocío de tu juventud” se refiere a Cristo mismo. En su ascensión Él volvió a los cielos en el vigor de la vida, a los treinta y tres años de edad. Dos mil años no han inscrito arrugas en su rostro. Para siempre jamás Él será el Varón perfecto y a la vez Rey de reyes y Señor de señores.

El versículo 4 nos presenta el punto céntrico y mayor del Salmo: “Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”.

Hay sólo tres escrituras que hablan de Melquisedec:

  • en Génesis 14.17 al 24, históricamente
  • en Salmo 110, proféticamente
  • en Hebreos 5 y 7, doctrinalmente

La característica sobresaliente de él es que era tanto un rey como un sacerdote. Aparece súbitamente en el registro histórico, bendiciendo a Abram en el nombre del Dios Altísimo y recibiendo diezmos de éste, y desaparece abruptamente también. Melquisedec era un verdadero personaje histórico, pero el factor importante es esa combinación en él de sacerdocio y realeza.

Son dos oficios que Dios ha separado en lo que al hombre se refiere. Uzías intentó realizar las dos funciones, y Dios le castigó, y fue leproso hasta el día de su muerte, 2 Crónicas 26.16 al 23. El hecho es que Dios ha reservado para una sola cabeza la mitra sacerdotal junto con la diadema real, y ésta es la cabeza de su Hijo amado.

Zacarías 6.12,13 nos cuenta: “He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces y edificará el templo de Jehová. El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos”.

La primera guerra, narrada en Génesis 14, donde apareció Melquisedec, es un cuadro de la guerra mundial definitiva, la batalla de Armagedón. Cristo vendrá cual Sacerdote-Rey y, una vez subyugados sus enemigos, recogerá su cetro y reinará de mar a mar.

3. El Juez, 110.6

La segunda venida de Cristo, revelada en el Nuevo Testamento, consiste en dos etapas. Él viene primeramente para su esposa, la Iglesia, 1 Tesalonicenses 4.13 al 18, 1 Corintios 15.51 al 58. Esta es la parousia, la presencia de Cristo con los suyos. Luego viene la bema, el tribunal de Cristo en los cielos, cuando se repartirán los galardones por servicio prestado fielmente.

A la vez, habrá sobre la tierra una temporada de juicio sin comparación, que es el día del Señor o la gran tribulación. El punto culminante será el encuentro de los ejércitos de las naciones, coordinando ellos sus esfuerzos para tomar a Jerusalén. Su objetivo será la aniquilación de Israel como “solución” definitiva de la cuestión de los judíos. La operación será al estilo de los zamuros u otra ave de rapiña rodeando un caparazón; “donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas”, Mateo 24.28. El petróleo del Medio Oriente y los químicos del Mar Muerto serán despojos de guerra.

Aparentemente las Escrituras trazan este arreglo político: Las democracias occidentales tendrán su sede en Roma y en el occidente serán encabezadas por el hombre de pecado del Apocalipsis 13. La confederación noreste constará de Rusia y sus satélites en el extremo norte. El rey del norte encabezará las naciones árabes al lindero norte de Israel, siendo ésta el área de donde surgió el asirio, “el turbión del azote” de Isaías 28.15. El rey del sur vendrá de Egipto con las fuerzas del África. Finalmente, habrá también los reyes del este con un ejército de doscientos millones de hombres. ¡Qué combinación de poder y fuerza militar!

Todo dará a entender que la situación para Israel es imposible. “Yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad”, Zacarías 14.2.

En el momento crítico se abrirán los cielos y Cristo vendrá.

Prosigue el profeta: “Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur Y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos”.

El Salmo avisa en los versículos 5 y 6 que el Señor desatará cuatro golpes poderosos contra sus enemigos en el Armagedón. Esa batalla tendrá lugar una vez que Él haya venido, según leemos en Zacarías.

(1) Quebrantará a los reyes en el día de su ira.

Los dos líderes sobresalientes serán las dos bestias del Apocalipsis 13. El hombre de pecado, la bestia que sale del mar, exigirá adoración universal y levantará su imagen en el templo en Jerusalén. La segunda bestia es su secuaz, el falso profeta, el líder de los apóstatas en la nación de Israel. El primer líder tiene su sede en Roma y el segundo en Jerusalén. Ambos serán tomados vivos y lanzados al lago de fuego, Apocalipsis 19.19,20.

(2) Juzgará entre las naciones.

Terminada la batalla, se realizará el juicio de las naciones, Mateo 25.31 al 46: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidos delante de él todas las naciones, apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda”.

Las naciones [¿gente; personas?] serán juzgadas conforme a lo que han hecho con los mensajeros que les llevaron el evangelio del reino. Aquellas que recibieron el mensaje procederán al reino, pero aquellas que rechazaron a Cristo en la persona de sus siervos procederán al juicio eterno.

(3) Amontonará cadáveres.

Los capítulos 38 y 39 de Ezequiel describen una invasión de la tierra por Gog y Magog, Mesec y Tubal, junto con fuerzas aliadas. Ellos vienen de “las regiones del norte”, 38.15. Generalmente se entiende que este pasaje se refiere a Rusia y sus satélites. Ellos vienen a tomar un botín y “sobre el pueblo recogido de entre las naciones”, 38.12. Pero una vez que el Señor haya tratado con ellos, el entierro de los muertos se prolongará por siete meses y la limpieza del terreno por igual número de años, Ezequiel 39.9 al 12, Apocalipsis 19.17 al 21.

(4) Quebrantará las cabezas en muchas tierras. [Mejor la Versión Moderna: “Magullará la cabeza que domina sobre la ancha tierra”].

Los comentaristas, en su mayoría, aplican este trozo al hombre de pecado de 2 Tesa-lonicenses 2.3 al 10, quien es la primera bestia del Apocalipsis 13. ¿Pero no sería aplicable también al diablo mismo, el tercer miembro de la impía trinidad que es una caricatura de la Trinidad divina?

Hay la primera bestia a quien se dirige la adoración, representando al Padre. Hay la segunda bestia, el falso profeta, el que viene en nombre propio, el líder de la parte apóstata de Israel, el anticristo, quien dirige adoración a la primera bestia y quien obra milagros delante de él. Detrás de éste está aquel espíritu inmundo, el diablo, quien obra en ambos. Esos dos son lanzados vivos al lago de fuego, pero el diablo está puesto bajo arresto y lanzado al abismo, donde se le guarda durante el milenio.

Génesis 3.15 promete: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. La cabeza de Satanás fue herida en el Calvario y, después de una última sublevación al final del milenio del cual él es líder, él también será lanzado al lago de fuego donde están la bestia y el falso profeta, Apocalipsis 20.7 al 10.

4. Un apéndice, 110.7

“Del arroyo beberá en el camino, por lo cual levantará la cabeza”.

La cabeza levantada del Cristo conquistador está en contraste con la cabeza magullada del versículo 6. En su humillación terrenal Él dijo, Lucas 9.58: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar la cabeza”.

La referencia a la bebida del arroyo en el camino puede ser a la ocasión cuando los tres-cientos hombres de Gedeón, antes de entrar en batalla, lamieron el agua como un perro. En vez de beber acostados, ellos guardaron vigilia, listos para enfrentar al enemigo; Jueces 7.5.

O, posiblemente David estaba pensando en su propia experiencia en la cueva de Adulam cuando, rechazado y nostálgico, él reflexionó en voz alta, “¡Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!” Tres hombres valientes, sin haber sido obligados a hacerlo, se levantaron para dejar la fogata, envainar sus espadas, penetrar la línea de los filisteos y traer el agua a David.

Contemplando los tres que habían arriesgado sus vidas a favor suyo, David se negó a beber el agua. Ese gesto de devoción había convertido simbólicamente el agua en sangre, y David lo derramó como libación delante de Jehová, 2 Samuel 23.15 al 17. Él no olvidó aquella hazaña; al llegar a ser rey, la misión de aquellos valientes recibió el galardón apropiado.

Y así es en el día de hoy. Por medio de alguna obra de devoción nosotros también podemos dar de beber a nuestro David celestial, y un día veremos aquella Cabeza, de antaño coronada de espinas, levantada en gloria y majestad.

 

 

 

Salmo 8    El postrer Adán

 

Se cita el Salmo 8 cuatro veces en el Nuevo Testamento, y siempre con referencia al Señor Jesús.

Mateo 21.16 Al presentarse oficialmente en el templo como el Hijo de David, Él ahuyenta a los cambistas. Los niños claman: “¡Hosanna al Hijo de David!” y en respuesta a las protestas indignadas de los líderes, Él responde: “¿Nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?” Todavía Dios es magnificado en la fe sencilla de los menores, y sus cantos glorifican el nombre suyo.

1 Corintios 15.27 En este pasaje vemos el triunfo a la postre del Cristo resucitado y glorificado, a quien se declara ser el segundo Hombre y el postrer Adán. “El fin” se describe en cuatro etapas:

  • Cuando Él haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.
  • Cuando Él haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. El postrer enemigo
    a ser destruido es la muerte.
  • Cuando El Hijo mismo se haya sujetado al que le sujetó a Él todas las cosas.
  • Dios todo en todos.

Efesios 1.20 al 22 A la Cabeza de la Iglesia, resucitado, ascendido y entronado, con todo debajo de sus pies, le es dada la primacía de su Iglesia que es su cuerpo y plenitud.

Hebreos 2.6 al 9 Esta porción presenta a Cristo como el postrer Adán coronado de gloria y de honra, tomando la corona y el cetro que cayeron del primer Adán. En compañía con su consorte, la Iglesia, Él ejerce dominio y soberanía sobre una creación redimida.

¡Qué tesoro de enseñanza y qué galaxia de glorias del Cristo resucitado nos presentan estos cuatro pasajes!

El octavo salmo nos hace contemplar la gloria y majestad de Dios, luego nos lleva atrás al huerto del Edén, y finalmente adelante a la época del milenio cuando el Mesías se sentará sobre el trono para reinar sobre una creación restaurada.

El título del Salmo es Al músico principal; sobre Gitit. Salmo de David. Los comentaristas judíos dicen que Gitit se deriva de Gat y se emplea aquí como instrumento musical. Otros interpretan la palabra como “lagar”.

Hay hombres entendidos en las Escrituras que asignan los títulos, o ciertos de ellos, al salmo anterior en cada caso, de manera que ponen como título al Salmo 8 aquel que figura como encabezamiento del 9: sobre Mut-laben. Este título es “muerte del campeón”, a saber, Goliat.

Al ser así, la referencia podría ser al triunfo de David sobre Goliat, un cuadro elocuente del triunfo de Cristo sobre Satanás en la tentación y la cruz. Donde el primer Adán cayó y perdió el dominio bajo las sutilezas y la tentación del diablo, el postrer Adán triunfó gloriosamente.

 

El Salmo 8 consta de cuatro partes:

  • adoración y testimonio, 8.1,2
  • creación en su esplendor, 8.3
  • dominio del hombre, 8.4 al 8
  • adoración, 8.9

1. Adoración y testimonio, 8.1,2

El Salmo comienza y termina con la misma alabanza: “¡Oh Jehová, Señor nuestro [Adonaí], cuán grande es tu nombre en toda la tierra!” Está, pues, enteramente encerrado en alabanza y la exaltación del glorioso nombre de Dios. Asechada en el trasfondo de esta adoración está la figura siniestra de uno llamado el enemigo y el vengativo, quien sin duda es Satanás. Él, cual serpiente, se interpuso astutamente en el huerto del Edén para engañar y así destruir la obra de Dios.

El vengativo aquí, el naguan, es el mismo del 44.16, “la voz del que me vitupera, del enemigo y del vengador”. Pero su boca está cerrada por los niños y los que maman. Dijo el Señor mismo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños”, Mateo 11.25.

Por lo general son los entendidos y sofisticados que toman la parte del enemigo y vengador, negando la Palabra de Dios. El Señor hace referencia a esto de nuevo en Mateo 18.1 al 6: “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. Luego en el 21.16 Él cita el Salmo: “De la boca los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza”. El enemigo y vengador aquí era los líderes de la nación que rechazó sus reclamos.

2. La creación en su esplendor, 8.3

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos “Dios llama al hombre a mirar arriba y considerar la luna y las estrellas. Satanás anima al hombre a mirar abajo como las bestias del campo que se revuelcan en el polvo. La palabra griega por “hombre”, anthropos, quiere decir uno que mira arriba.

El único telescopio con el cual contaba David era el de la fe. Cuidando sus rebaños en los campos de Belén, acostado de noche al lado de una fogata, él habrá dispuesto de largos ratos para mirar arriba al cielo de esplendor. Salmo 19 hace mención del sol de día, el cual, “como esposo que sale de su tálamo, se alegra cual gigante para correr el camino”, y en el 8 de la luna y estrellas en la noche.

La astronomía reduce el hombre encanijado a su tamaño real. ¡Pensemos en el efecto sombrío sobre el yo de un estudio del espiral de las galaxias y los universos de la Vía Láctea! Estas la Biblia llama obra de los dedos de Dios; ¡son apenas su bordado! La obra de su mano y brazo es la salvación y la seguridad eterna del creyente.

La Biblia dice que las estrellas son como la arena que está a la orilla del mar. No tienen número. Los escépticos se reían en un tiempo de esta afirmación. El ojo desnudo puede contar unas tres mil estrellas en el mejor de los casos, pero en estos tiempos de la radioastronomía y los telescopios enormes, todo ha cambiado. Nuestras mentes, asombrosas en complejidad que son, no pueden comprender la inmensidad insondable del universo. La estrella Betelgeuse en Orión es tan grande que se dice que todo nuestro sistema solar—sol, luna y planetas— podría trazar sus órbitas dentro de él. Uno habló del “palacio silencioso del Eterno, ¡del cual nuestro sol es la lámpara del porche!” Y nuestra tierra es como un grano de arena en una vasta playa de mar.

3. El dominio del hombre, 8.4 al 8

Al considerar la inmensidad y majestad del universo, puede parecer increíble que el Dios Todopoderoso, el creador suyo, hiciera caso de nosotros los moradores de este pequeño planeta, y más aun que nos visitara. Pero al otro extremo del espectro, una pequeñísima gota de agua en una zanja, llena de vida en movimiento y, todavía más asombroso, llena del poder invisible que hay dentro de un átomo.

Esa gotita da fuerza a la pregunta de David: “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre [ben-Adán], para que lo visites?” Y él comenta: “El hombre es semejante a la vanidad; sus días son como la sombra que pasa”.

Como consecuencia de la caída y maldición sobre el ser humano, un mosquito o un microbio puede poner a un hombre en el suelo o el sepulcro. El salmista, sin embargo, procede de la pequeñez del humano a la grandeza que la Deidad le ha otorgado por gracia. Dios hace tres cosas a favor del hombre:

 

  • le tiene en mente en sus propósitos eternos
  • le visita en la encarnación de su Hijo
  • le hace señorear sobre las obras de sus manos; le corona

Tenemos aquí al hombre en dignidad, dominio y destino. Estos versículos miran atrás
al capítulo 2 del Génesis y adelante al capítulo 2 de Hebreos.

En Génesis 2 el hombre fue hecho un poco menor que los ángeles. La palabra en hebreo es elohim, el vocablo común para Dios. Este es el único caso donde se traduce “ángeles”, y en Hebreos 2 asume este sentido. El hombre en inocencia fue puesto como vicerregente sobre la creación de Dios. Fue creado en imagen y semejanza de Dios y dos veces le fue dicho que ejerciera el dominio. Su área de mando abarcó cuatro esferas: los animales domésticos, las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar. En Génesis 2.19,20 él nombra a los animales.

En su inocencia el hombre recibió cuatro grandes dones: la soberanía, el reposo, un cónyuge y el servicio. El Edén era un medio ambiente perfecto. Le fueron dados cetro y corona; era “rey de la creación”.

Pero en el capítulo 3 todo está perjudicado por la caída y sus consecuencias funestas. La corona ha caído de su cabeza y el cetro está en el suelo. Tristemente, el escritor a los hebreos reconoce, “Todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas”. Lo que sí vemos es una creación que gime bajo la maldición. ¡El hombre teme al león, y aun al perro y al ratón! El primer Adán y su prole han fracasado tristemente ante el mandato que recibieron.

En Hebreos capítulo 2 el escritor introduce el tema de la Cabeza de una creación nueva y una familia nueva, mentando: “Vemos a aquel Jesús”. Encontramos aquí al segundo hombre, el postrer Adán. En Hebreos 1 hay una declaración de su deidad que consta de siete citas del Antiguo Testamento, mayormente de los salmos mesiánicos. Ahora en el segundo capítulo vemos la gloria del Hijo del Hombre en siete facetas, respaldadas por cuatro profecías mesiánicas. La mayor de éstas viene del Salmo 8.

El 2.5 habla de “el mundo venidero”, una expresión técnica que Hebreos emplea para el milenio. Este no ha sido sujetado a los ángeles; ellos no han recibido dominio. Una vez citados los versículos 4 al 8 de nuestro salmo, el escritor afirma que “todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas”, y agrega en seguida: “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra”.

Él esboza cuatro eventos trascendentales que se cumplen Salmo 8, dos históricos y dos proféticos:

  • hecho un poco menor que los ángeles. Esto fue con miras al padecimiento de la muerte. De la encarnación a la crucifixión hubo un lapso de treinta y tres años.
  • coronado de gloria y de honra. Van dos mil años de gloria.
  • sobre las obras de tus manos. Mil años de coronación.
  • todo sujeto bajo sus pies. La consumación de todo en el estado eterno.

Durante la estadía del Hijo del Hombre aquí abajo quedaron demostrados su poder y autoridad que están por venir:

  • sobre las fuerzas de la naturaleza. “reprendió al viento, y dijo al mar: Calla”, Marcos 4.39; “Llenad estas tinajas de agua”, Juan 2.7; “Recoged los pedazos que sobraron”, 6.12.
  • sobre las bestias. “estaba con las fieras”, Marcos 1.13; “hallaréis un pollino atado traedlo”, Lucas 19.30.
  • sobre los peces y las aves: “Echa el anzuelo hallarás un estatero”, Mateo 17.27; “Descendió el Espíritu en forma corporal, como paloma”, Lucas 3.22.

El título Hijo del Hombre; Salmo 8.4, Hebreos 2.6

El título Hijo del Hombre se emplea por vez primera en el Salmo 8 y se cita en Hebreos 2.6 con referencia al señorío de Cristo sobre la tierra, el mar y el aire. De esta posición cayó Adán. La primera referencia en los evangelios lo encontramos en Mateo 8.20: “El Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza”, manifestando que Él estaba rechazado en vez de ejercer dominio.

Este título figura ochenta y cuatro veces en los Evangelios, cada vez en boca del Señor. Indicaba su propiedad sobre el universo. Está estrechamente vinculado con su tentación en el desierto, donde se repitió la escena del Edén, pero con la diferencia que el Hijo del Hombre triunfó gloriosamente donde el primer hombre había fracasado miserablemente.

Cual Hijo del Hombre, le ha sido otorgada la autoridad para ejecutar juicio, Juan 5.27. Con dos excepciones (la muerte de Esteban en Hechos 7.56 y el pasaje que hemos estudiado en Hebreos 2), no se emplea el título más hasta el primer capítulo del Apocalipsis. Es significativa su ausencia de las Epístolas.

Hijo del Hombre es el título prominente en los juicios del Apocalipsis. La última referencia a éste, Apocalipsis 14.14, presenta al Señor en su venida, coronado de muchas diademas y la hoz aguda en su mano, para asumir el mando. Dondequiera que se hace mención de su reino, es el Hijo del Hombre que viene; un buen ejemplo es Daniel 7.13: “He aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre”. Le son dados dominio, gloria y un reino. Por consiguiente, entre los judíos éste era su título popular y oficial. Ezequiel lo emplea noventa y tres veces para el hombre débil y corto de días en contraste con el Dios eterno.

Así, se emplea este título de cuatro maneras en las Escrituras:

  • el Hombre ideal; el prototipo que conquistó donde Adán fracasó. Salmo 8 y Hebreos 2
  • el Mesías; Daniel 7.13, Apocalipsis 14.14
  • la humanidad perfecta; el título favorito del Señor
  • el Rey y Juez que vendrá; el que asumirá el dominio mundial en el milenio.

Tres veces leemos en el Nuevo Testamento de todo puesto por debajo de los pies del Señor Jesucristo. En Hebreos 2.5 al 15 lo dice en relación con su coronación de gloria y honra. En Efesios 1.22 es en relación con Cristo y su Iglesia. En 1 Corintios 15.25 al 27 la referencia es a su venida en gloria.

Bien ha dicho otro que la dignidad y el dominio otorgados al hombre en su creación y coronación podrían ser encomendados a, y ejercidos por, solamente un hombre perfecto en su carácter, sabiduría y poder. Ahora en Él, quien fue hecho Hijo del Hombre, hemos encontrado el ser divinamente perfecto y perfectamente divino.

Bien, puede el salmista terminar su escrito con las palabras con las cuales comenzó su alabanza al Señor: “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!”

 

Salmo 72    El reino milenario

 

El segundo libro de los Salmos comienza con Salmo 42 y termina con éste. El Libro contiene cuatro salmos que son claramente mesiánicos:

  • el 69, la cruz
  • el 68, la ascensión
  • el 45, el Rey-Esposo
  • el 72, el reino milenario

Muchos pasajes en el Antiguo Testamento predicen una época de paz universal y descanso para este mundo atribulado:

  • El séptimo día de la creación, cuando Dios descansó de su obra, y la fiesta de tabernáculos, la última en el almanaque de Israel, presentan esta paz en sentido típico.
  • Los reinados de David y Salomón, sobre doce tribus unidas, lo presentan desde
    el punto de vista político.
  • El profeta Isaías, empleando lenguaje tan hermoso como en cualquier obra de literatura, lo describe proféticamente. Hay cuatro pasajes en Isaías que tratan del milenio: el capítulo 8; el 11; los capítulos 32 y 33; y también 65 y 66.
  • Ezequiel, Daniel y Zacarías contienen largas secciones sobre las glorias de este mismo reino por venir.
  • Varios salmos hablan de estos mil años de gobierno mesiánico: 2, 8, 22, 24 y 95 al 100.

En el Nuevo Testamento, la escena de la transfiguración —Mateo 17.1 al 9 y Lucas 9.27 al 36— es una presentación para los discípulos de las glorias milenarias del Mesías. Seis veces leemos en el Apocalipsis de “mil años”, refiriéndose al período cuando Satanás estará encarcelado. Los que habrán sufrido bajo la persecución de la bestia, y habrán participado en la primera resurrección, vivirán y reinarán con Cristo mil años.

En vista de toda esta evidencia acumulativa, es marcadamente sorprendente que hay gente hoy día, llamada amilenialistas, que niegan la verdad del milenio, o espiritualizan el gran hecho que el Mesías reinará literalmente en la ciudad de Jerusalén donde antes fue rechazado y crucificado.

Salmo 72 no se cita textualmente en el Nuevo Testamento, pero en realidad recoge todos los detalles tocantes a esta época gloriosa y los expresa poéticamente. Es en verdad un salmo mesiánico, con seis temas:

  • Los juicios del Rey, 72.1 al 7
  • El alcance del reino, 72.8 al 11
  • La justicia del reino, 72.12 al 15
  • El efecto sobre la naturaleza, 72.16
  • La promesa a Abraham, 72.17 al 19
  • Las oraciones de David, 72.20

1. Los juicios del Rey, 72.1 al 7

El Salmo es “para Salomón”. El reino suyo, un cuadro del milenio, comenzó con un juicio sobre los enemigos del reino. Adonías se había rebelado contra su padre David; Simei le había maldito en la oración de la sublevación de Absalón; Joab no tenía respeto alguno por el sentir de David y le había quebrantado el corazón en su matanza cruel de Abner y Amasa;
1 Reyes 2.1 al 9. La primera tarea que enfrentó a Salomón fue la de tratar en juicio con estos hombres, pero tenía que hacerlo justamente: “Hombre sabio eres, y sabes cómo debes hacer”. La palabra justicia figura cuatro veces en los primeros versículos de nuestro salmo. De una manera parecida, el reino del Mesías comenzará con un juicio, primeramente sobre los ejércitos aliados que habrán sitiado a Jerusalén en la batalla de Armagedón, y luego sobre las naciones, los sobrevivientes de la gran tribulación; Mateo 25.

Entrarán en el reino aquellos que habrán aceptado a los mensajeros y el evangelio del reino durante la tribulación, pero irán al juicio eterno, preparado para el diablo y sus ángeles, aquellos que lo habrán rechazado.

2. El alcance del reino, 72.8 al 11

“Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones”.

Durante el milenio, Jerusalén será la metrópoli del mundo. Tarsis era el extremo oeste para los antiguos, y Sabá y Seba el lejano oriente. “Las costas” en las Escrituras significan, según podemos entender, la parte occidental de Europa. La tierra que fue prometida a Abraham, Génesis 15.18, se extendía “desde el río de Egipto hasta el río grande, el Eufrates”. Abarcaría Líbano, Siria, Iraq, Irán y Arabia Saudita. “De mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra” sería desde el Mediterráneo hasta el Golfo Pérsico y desde el Nilo hasta el Eufrates.

Los linderos de la tierra de Emanuel en el milenio se trazan en Ezequiel 47.13 al 23, pero el dominio del Mesías abarcará el mundo entero, norte, sur, este y oeste. Todo caerá bajo su administración justa pero benévola. Las comunicaciones serán veloces y seguras.

La parábola de los talentos en Lucas 19.11 al 27 enseña que a los que entre nosotros han sido fieles con el depósito encomendado en esta época de la Iglesia, les serán asignadas posiciones de administración en el reino.

3. La justicia del reino, 72.12 al 15

“El librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra De engaño y violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos”.

Los cuatro imperios mundiales en los tiempos de los gentiles se han fundado sobre el derramamiento de sangre y la violencia. Una vez establecidos, se caracterizaban por la opresión y esclavitud. Pero en la administración del Mesías no habrá coartación, corrupción ni abuso en los juicios. Él que va a sentarse sobre el trono es la perfecta expresión de sabiduría, amor y poder.

4. El efecto sobre la naturaleza, 72.16

“Será echado un puñado de grano en la tierra Su fruto hará ruido como el Líbano, y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra”. La cumbre de los montes suele ser tierra rocosa y nada productiva, pero aquí es como un campo fértil. Como consecuencia de la caída y la maldición con sus espinas y cardos, malezas y plagas, el agricultor tiene que luchar contra las fuerzas de la naturaleza para conseguir una cosecha y lograr una renta adecuada.

Pero todo esto cambiará. “Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro”, Isaías 1.2.

Otro pasaje hermoso en este sentido es Isaías 11.6 al 9: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi monte santo; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar”.

La esclavitud y los gemidos de la creación, Romanos 8.18 al 22, se cambiarán en un canto de alabanza al manifestarse los hijos de Dios.

5. La promesa a Abraham, 72.17 al 19

Cuando el Señor —Jehová— se manifestó a Abraham en Génesis 12, le dio una promesa de siete rubros. El punto final fue: “Serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Se le prometió una simiente triple cual polvo de la tierra, las estrellas del cielo y la arena del mar. Efectivamente, Él tiene una simiente terrenal, el pueblo de Israel; una celestial, aquellos que tienen una fe similar a la suya—la Iglesia; y, a través de Él, todas las naciones de la tierra.

Pablo señala en Gálatas 3.16 que la palabra simiente es singular y que la simiente procede de una sola; aquella simiente única es Cristo. Toda bendición, sea para judío, gentil o la Iglesia de Dios, tiene su fuente y fruto en Aquel que padeció la cruz y será el Rey-Sacerdote sobre su trono.

6. Las oraciones de David, 72.20

“Aquí terminan las oraciones de David”.

El último versículo es importante. No le fue revelado a David el propósito de Dios, del cual la Iglesia es el objetivo. Un Cristo glorificado, reinando sobre Israel y las naciones del mundo, llenó la plenitud de su esperanza como el receptor de la promesa y un profeta de Dios. Sus oraciones terminan con la expresión de aquel gran anhelo.

De cosas celestiales, como ya han sido reveladas en la Iglesia por el Espíritu, él no tenía conocimiento. Como maestro y profeta en Israel, hablaba de cosas terrenales, y su alma las abrazaba como objetos idóneos de su esperanza y anhelo. (Cita de Arthur Pridham)

David era un hombre de oración. Una y otra vez en las expectativas y crisis variadas de la vida él inquiría de Jehová. Esta es una de las diferencias sobresalientes entre este hombre y Saúl. Pero ahora se han terminado sus oraciones con esta magnífica visión del milenio, cuando el Hijo de David y el Señor de David se sentará sobre el trono.

 

Salmo 89     El pacto con David

 

El autor del Salmo es Etán ezraíta, conocido también como Jedutún; véanse 1 Crónicas 25 y 16.41,42. Era uno de los consejeros más sabios de Salomón, 1 Reyes 4.31, y creemos que sabía de lo que Dios había dicho a Salomón acerca de su pecado e idolatría, y que el reino le sería quitado a su hijo, 11.9 al 13. Esta circunstancia echa luz sobre su ruego apasionado a Jehová en la parte final del Salmo. Es posible que Etán haya sobrevivido a Salomón y visto el desmembramiento del reino que él describe.

Es un salmo masquil, o de instrucción, y se divide en dos partes extensas:

  • El pacto en sí, basado en la fidelidad de Dios, 89.1 al 37
  • El fracaso por ahora y el cumplimiento futuro, 89.38 al 52

1. El pacto, 89.1 al 37

Los pactos que Dios celebró con su pueblo constituyen uno de los temas principales de las Sagradas Escrituras. Cuatro de estos testamentos tienen que ver con la nación de Israel:

  • El pacto con Abraham trataba de simiente y tierra, Génesis 15
  • El pacto en el Sinaí se celebró con el pueblo de Israel en su redención de la esclavitud en Egipto. Aquí se constituyó la nación y aquí se encomendaron al pueblo la ley y un lugar para la adoración, a saber, el tabernáculo; Éxodo 19.25
  • El pacto del Palestino fue una advertencia contra la idolatría y el alejamiento, y una promesa de restauración a la tierra en un tiempo futuro, Deuteronomio 28 al 30
  • El pacto con David fue la promesa de un reino, una dinastía y un trono que le sería dado a él y a los suyos en perpetuidad, 2 Samuel 7.8 al 17

El Salmo 89 se ocupa principalmente del pacto sellado con David y su simiente. Los versículos 3 y 4 lo mencionan en síntesis y los versículos 19 al 37 abundan sobre el tema. Se basa en dos de los atributos de Dios: su fidelidad y su misericordia, cualidades mencionadas siete veces cada una. Su fidelidad nos lleva atrás y su misericordia adelante. Hubo muchos fracasos y pecado en la vida de David, como lo hay también entre el pueblo de Dios hoy día, pero nosotros también podemos testificar de la fidelidad y misericordia de Dios, no obstante nuestro pecado y falta de constancia.

En la exposición extensa sobre el pacto hay una referencia preciosa al Mesías quien procede del linaje de David: “Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia, y mi pacto será firme con él. Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos”.

Primogénito es un título que puede referirse tan sólo a Cristo. Pablo lo emplea en relación con la creación y la redención. Al afirmar la gloria de Cristo en su deidad, dice en Colosenses 1: “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, el que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud”.

Obsérvese en el pasaje el doble uso del término: primogénito en creación y en resurrección. Él no es una criatura sino el Creador y también el Redentor. Encontramos el vocablo de nuevo en Apocalipsis 1.5: “Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de [entre] los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra”.

Él es también, según 89.27, “el más excelso de los reyes de la tierra”. Esto puede referirse tan sólo al Emanuel: Isaías 7.13 al 15, 9.6,7, Miqueas 5.2.

Hay una advertencia en los versículos 31 y 32: “Si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades”. La historia registra como esto se ha cumplido al pie de la letra. Los setenta años de cautiverio en Babilonia, la dispersión subsiguiente a los fines de la tierra y los sufrimientos a manos de los enemigos de los judíos, dan testimonio elocuente a la veracidad de la profecía.

Pero el pacto queda firme: “Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David”, 89.33 al 37.

2. El fracaso seguido por cumplimiento, 89.38 al 52

Se observa en el versículo 38 un cambio súbito y dramático. El cántico de alabanza y la nota de esperanza se vuelven en desaliento y desespero. ¿A qué se debe? El escritor habla de brechas en los muros y fortalezas destruidas. La corona se ha caído al suelo; el ungido está menospreciado.

Nosotros hoy en día, con la historia de los siglos ante nuestros ojos, sabemos la causa del lenguaje de desespero en la segunda sección del Salmo. El judío ortodoxo, lamentándose y golpeándose la cabeza contra el muro ahí en Jerusalén, es un cuadro de la nación de Israel en su incredulidad en el tiempo presente.

Cuando el Hijo de David nació en Belén, la casa de David encontró su expresión en una doncella piadosa y un artesano humilde, la virgen María y el varón José. No nació Aquel en un palacio en el Monte Sión, la fortaleza antigua de David, sino fuera del mesón y para sera acostado en un pesebre. Cuando se presentó a la nación como el Mesías, el hijo de David y el cumplimiento del pacto de la promesa, Él fue rechazado con desdén y luego crucificado. Cuarenta años después, la ciudad y el templo fueron reducidos a escombros y el pueblo esparcido. Aseguradamente, “aportillaste todos sus vallados; has destruido sus fortalezas”.

Pero Dios no se ha olvidado de su promesa. Han transcurrido dos mil años desde que el Hijo y Señor de David fue crucificado y resucitado de entre los muertos, pero en los pensamientos de Dios mil años son como un día.

Hay un pasaje sobresaliente en Oseas 6.1 al 3: “Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra”.

Al considerar la condición actual de Israel, ocupando a medias su tierra en incredulidad, nos preguntamos si está por amanecer el tercer día de la profecía. Está a la vista que Dios ha castigado con vara a la simiente de Israel, y sin duda quedan por delante más días lúgubres en los tiempos de la aflicción de Jacob, pero podemos estar confiados en que no se ha anulado el pacto con David ni se ha olvidado el propósito divino. En el momento que la voluntad suprema lo disponga, se cumplirá la promesa; el trono, la corona y el reino serán restituidos.

Pero el que llevará la corona será el Hijo de David, el Señor de David, el Primogénito, el más exaltado que los reyes de la tierra. La penumbra pasará, el amanecer llegará y se cumplirán las palabras finales de éste, el Salmo 89: “Bendito sea Jehová para siempre. ¡Amén, y amén!”

 

Salmo 102    El que no cambia

 

Hebreos 1.10 al 12 es nuestra autoridad para considerar el Salmo 102 como mesiánico: “Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos se envejecerán como una vestidura, y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán”.

Estas palabras, dirigidas al Hijo amado de Dios, son una cita de 102.25 al 27. Pero el título del Salmo, “Oración del que sufre, cuando está angustiado, y delante de Jehová derrama su lamento”, está en contraste con el último párrafo del mismo salmo. En el título y la primera parte encontramos al solitario Varón de Dolores, ¡pero en la parte postrera al inmutable, inalterable Dios Eterno!

El Salmo se divide en dos partes:

  • La oración del Hombre solitario y rechazado, 102.1 al 24
  • La respuesta del Dios Todopoderoso al Hijo eterno, 102.25 al 28

1. La oración, 102.1 al 24

Hay tres temas principales en la oración de este hombre divino: lamento, soledad y lo efímero de la vida.

Su lamento –

Se trata de un diálogo entre el Padre y el Hijo. Se ha sugerido que el escenario de este diálogo es el huerto del Getsemaní. Nos informa Hebreos 5.7,8 que Él, “en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”. No podemos sondear las profundidades de aquella agonía en la cual su sudor era como grandes gotas de sangre que caían a la tierra. Fue una transacción personal e íntima entre Él y su Padre. En los primeros once versículos de este salmo, Él habla veintitrés veces de mí, mi y me.

Su soledad –

Él emplea tres símiles:

  • soy semejante al pelícano
  • soy como el búho
  • soy como el pájaro.

El pelícano es el cuadro perfecto de la depresión, sentado a la orilla de la ciénaga con la cabeza sobre el pecho. En su libro, The Land and the Book, Thompson lo describe en derredor de un cierto lago en Israel, el único sitio donde lo encontraba, y comenta: “Es el ave más sombría, más austera que jamás he visto”.

Este cuadro melancólico es seguido por el del búho, cuyo ululato triste se oye entre las ruinas. Abatiéndose entre edificios abandonados y sobre los sepulcros, es la esencia del adolorido. El gorrión, en cambio, es un pájaro sociable, pero cuando pierde su pareja es un cuadro silencioso del abandono y la tristeza. Todos tres son emblemas de la extrema soledad. Uno puede sentirse abandonado entre una muchedumbre; aun la metrópoli puede ser el lugar más solitario sobre la tierra.

La soledad de Cristo en su vida aquí sobre la tierra se enfatiza en los Evangelios en cuatro contextos por lo menos:

En el hogar: Él tenía como mínimo cuatro hermanos y dos hermanas, Marcos 6.3. Cuán significantes son las palabras proféticas de Salmo 69.8: “Extraño he sido para mis hermanos, y desconocido para los hijos de mi madre”. Aparentemente fue solamente después de la resurrección que ellos creyeron; Hechos 1.1.4.

En la oración: En muchas ocasiones Él salió al lugar solitario a orar, como se enfatiza en el Evangelio según Marcos 1.35, 6.46 y 14.32. En dos ocasiones por lo menos Él pasó una noche entera en la oración: antes de escoger a los doce apóstoles, Lucas 6.12, y después del asesinato de Juan el Bautista, Mateo 14.23. Sus períodos de sagrada comunión con el Padre se pasaron en la soledad.

En el Getsemaní: En el huerto el grupo se dividió en tres: primeramente los ocho discípulos, luego tres—Pedro, Jacobo y Juan—y el Señor, quien se retiró de ellos a distancia como de un tiro de piedra, Lucas 22.41. Puesto de rodillas, oró a solas en su agonía.

En la cruz: En el aposento alto Él les había advertido a los discípulos: “Seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo”, Juan 16.32; pero había afirmado también: “El que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre”, 8.29.

Ahora Judas le había traicionado, Pedro le había negado y los demás habían huido. Pero la cruz fue el colmo. Al ser crucificado, sus primeras palabras fueron, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, y al final Él exclamó, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Pero de en medio de las densas tinieblas Él clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” En su sufrimiento vicario para redimir, Él se encontró abandonado de su Dios.

La vida efímera –

Él emplea tres símbolos de la brevedad de la vida: el humo en el versículo 3, la hierba en el 4 y el 11, y una sombra que se va, también en el 11. Su ruego en el versículo 24 es: “Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días”, y la respuesta a esto se encuentra en el 27: “Tus años no se acabarán”.

La oración y su respuesta hacen resaltar nítidamente dos pasajes en el Antiguo Testamento: “Después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí”, Daniel 9.26; y “Su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido”, Isaías 53.8.

Pero aquí tenemos la promesa de nuevo: “Verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada”, 53.10. Su vida, en vez de prolongarse hasta los setenta años contemplados en Salmo 90.10, fue cortada a los treinta y tres. La respuesta de su Padre enfatiza su eternidad en contraste con el sueño efímero del mundo, que a nosotros parece ser sólido y duradero.

2. La respuesta, 102.25 al 28

“Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán”.

Son las palabras majestuosas que se citan en Hebreos 1 como aplicables a nuestro Señor. Contrastan de un todo con el Varón solitario y abandonado, cortado en medio de sus días en la primera parte del Salmo.

Al contemplar nosotros la maravillosa creación de Dios en los cielos y la tierra, todo parece permanente y duradero. Vienen y van las generaciones de hombres, y la duración de la vida humana es tan corta en comparación con los años-luz de las estrellas y las galaxias de la Vía Láctea. El olivo y la secuoya duran un milenio, pero estos árboles mueren también. Las montañas y los océanos siguen y siguen, y uno llega a pensar que van a existir para siempre. ¡Pero no es así! La Palabra de Dios declara que ellos también se están envejeciendo, cual vestidura gastada, y un día serán mudados.

Todo esto, se nos enseña, está en conformidad con la ciencia moderna. De acuerdo con una ley de la termodinámica llamada la entropía, todo el universo se está gastando. El sol está quemando toneladas astronómicas de materia cada segundo, y es sólo cuestión de tiempo hasta que se consuma a sí mismo para quedar frío y muerto. El planeta nuestro se está desnudando poco a poco de sus recursos, gracias a una población explosiva. El carbón, el petróleo y los bosques se agotan a un rito siempre más acelerado. Los ríos, lagos y océanos sufren envenenamiento químico a manos de la industria, y aun el aire y la atmósfera que sostienen la vida han sido invadidos por las invenciones feas del hombre.

La vestidura se hace más andrajosa y raída. Pero la Biblia declara que habrá en un día futuro cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales morará la justicia. Habrá orden en ellos; Isaías 65.17, Apocalipsis 21.1.

El apóstol Pedro ofrece un pasaje sobresaliente que describe cómo esto sucederá. Él declara al final de su segunda epístola que “el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en la cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”. Él prosigue con una aplicación para nosotros: “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!” Y agrega: “Los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán”.

En contraste a un mundo perecedero, el Dios eterno se dirige al Hijo Eterno: “Tú eres el mismo, y tus años no se acabarán”.

Uno de los títulos del Mesías en Isaías 9.6 es “el Padre de la Eternidad”. En la eternidad pasada Él era el Hijo Eterno, siendo en la forma de Dios; Filipenses 2.6. En la eternidad futura, cual Pariente Cercano y Redentor, con su esposa a su lado, Él será todavía y siempre el Hijo Eterno del Padre. Uno de los atributos de la Deidad es la inmutabilidad. “Eres el mismo”. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”, Hebreos 13.8.

Bien escribió el himnista:

Hoy, ayer y por los siglos Cristo es siempre fiel.
Cambios hay, mas Cristo siempre permanece fiel.¡ Gloria pues a él !

 

 

Salmo 118    La cabeza del ángulo

 

Este es el último de los salmos mesiánicos. En él se resume la enseñanza de los demás salmos mesiánicos, esbozando la historia de persecución antisemítica a lo largo de las edades y terminando con la venida del Mesías para establecer su reino. El Salmo comienza y termina con las mismas palabras de alabanza a Dios: “Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia”.

Es a la vez el cántico final de la Aleluya Egipcia, así llamada porque celebra la liberación de Egipto, Salmo 114.1. La Aleluya consiste en seis salmos, el 113 al 118. David Baron, el comentarista hebreo-cristiano, dice que se cantaba la Aleluya en las tres grandes fiestas: la pascua, el pentecostés y la fiesta de tabernáculos.

En la pascua anual se cantaban los Salmos 113 y 114 antes de tomar la segunda copa, y los cuatro restantes (115 al 118) al haberse tomado la cuarta copa, al final de la ceremonia. Es muy probable que éste haya sido el himno cantado por nuestro Señor en Mateo 26.30. Es la única ocasión mencionada en los relatos históricos de los cuatro Evangelios en que encontramos a nuestro Señor cantando. En Mateo le encontramos ocupado en la predicación y enseñanza; en Marcos Él está sirviendo; en Lucas le vemos orando; pero sólo aquí Él canta.

Es intensamente interesante estudiar las palabras y los sentimientos en el párrafo final de este salmo. Nos proporcionan una comprensión de los pensamientos del Señor inmediatamente antes de salir del aposento alumbrado para emprender su marcha al Getsemaní y la cruz. El Salmo 118 ha debido estar muy en mente para el Señor en la última semana de su ministerio público, ya que se hace referencia a este capítulo:

  • en su presentación pública en el templo. Mientras le rechazaba la nación en general,
    los niños cantaron, “¡Hosanna al Hijo de David!” Mateo 21.9, Zacarías 9.9.
  • en la parábola de la viña, Mateo 21.42. Él citó los versículos 22 y 23 del Salmo,
    que hablan de la piedra rechazada.
  • en su lamento sobre Jerusalén. Él exclamó, “Os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor”, Mateo 23.39.

Pedro cita el Salmo en Hechos 4.11 y también en 1 Pedro 2.7, y Pablo en Efesios 2.20, confirmando nuestra autoridad para decir que se trata de un salmo mesiánico.

El Salmo consta de tres partes:

  • Tres grupos llamados a dar alabanza a Dios, 118.1 al 4
  • Una reseña histórica de los sufrimientos de Israel a lo largo de los siglos,
    culminando en la gran tribulación, 118.5 al 18
  • La salvación al final cuando aparecerá el Mesías, 118.19 al 29

1. Tres grupos alaban a Dios, 118.1 al 4

Los grupos son Israel, la casa de Aarón y los que temen a Jehová. Primeramente el pueblo en general; luego el sacerdocio; y, tercero, la reliquia fiel de la cual leemos en Malaquías 3.16. Obsérvese que estos mismos grupos se encuentran en el Salmo 115. Los profetas Isaías y Ezequiel los mencionan también.

En el Salmo 115 ellos están vinculados dos veces y en cada una hay la exhortación de confiar en el Señor por cuanto Él es su ayuda y escudo. En cada época el pueblo de Dios ha podido clasificarse de esta manera: el pueblo en conjunto, los líderes y un núcleo central de creyentes dedicados, que son la columna vertebral del testimonio. Cuán dichoso es cuando todos pueden unirse al decir: “Para siempre es su misericordia”. El remanente, 118.4, sería aquellos que guardan confiadamente la esperanza mesiánica.

2. Una reseña histórica, 118.5 al 18

La historia del antisemitismo, el esfuerzo intenso para eliminar al judío, es larga, triste y trágica. Es el conflicto de las edades, la batalla entre las simientes. La simiente de la mujer y la de la serpiente se han odiado a muerte desde hace muchos siglos, y perdurará esta situación hasta el fin del tiempo. Faraón, Nabucodonosor, Amán, Antíoco Epifanes, Herodes el Grande, los César, Hitler y Stalin: todos han jugado su papel en el drama infame. Ahora es el mundo árabe, con sus millones y millones en riqueza petrolera, que se ha unido al clamor, “¡Muerte al judío!” La Roma pagana, y luego la Roma de la Inquisición, como también los pogromos de Rusia, los hornos de gas en los campos de exterminio de Europa, los juicios de Nuremburgo, todas han acumulado evidencia de que Satanás ha utilizado toda táctica conocida para exterminar la simiente de Jacob.

Y esa historia queda incompleta. Días sombríos están por delante para Israel. Lo que ha sucedido en el pasado volverá a ocurrir de nuevo en una forma intensificada en el tiempo de la angustia para Jacob; Jeremías 30.7. El sitio de Jerusalén en el año 70 fue un anticipo pequeño de lo que sucederá al final. Israel será rodeado de nuevo por sus enemigos, y se encontrará a punto de ser exterminado; pero, los cielos se abrirán en el momento crítico y el Mesías vendrá para salvar.

Las naciones gentiles no han aprendido todavía la lección que la historia enseña, la que Israel es la niña del ojo de Dios, su pueblo escogido. Quien ataca al pueblo de Israel le ataca a Dios en un área muy sensitiva, y cosechará juicio veloz. ¡Hitler aprendió esto demasiado tarde! Cuando Gran Bretaña protegía y ayudaba al judío, ella subió a la grandeza y se hizo un imperio sobre el cual el sol nunca se ponía. Pero cuando cambió su política, y sus soldados con bayonetas al desnudo le dieron la espalda al remanente torturado de Israel que huía de los guetos de Europa a la tierra prometida, y embarcaron a esa gente rumbo a campamentos en el Chipre, el futuro británico se hizo sombrío. Dentro de una generación, esa nación se ha vuelto una potencia de tercer grado, hastiada de anarquía y caos económico.

Esta es la enseñanza de Salmo 118. Leemos cuatro veces en los versículos 10 al 12 que las naciones rodearon o asediaron a Israel. “Me rodearon como abejas”, dice. El cumplimiento definitivo de esta afirmación se verá en el Armagedón. El escenario para este último cerco de la nación se está elaborando en tiempos modernos, pero el resultado será la derrota total de las fuerzas del mal de parte del jinete del caballo blanco, el Mesías.

“Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes”, 118.8. Se dice que estas palabras están en todo el medio de la Biblia. En días anteriores, Israel buscó ayuda de Egipto y Asiria, sólo para salir decepcionado. En tiempos modernos fue Gran Bretaña y la Declaración Valor. El brazo de la carne siempre ha sido una caña cascada. En contraste, tres veces en los versículos 15 y 16 se hace mención de “la diestra de Jehová”.

En el versículo 6 Israel puede decir, “Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”. Este es el factor importante. El Señor (Jehová en el Antiguo Testamento) no está al lado de los grandes batallones con sus armamentos y recursos sin límite, sino de los que ponen su fe y confianza implícita en Él. “Mi fortaleza y mi cántico es Jal”, 118.14, es una cita del cántico de salvación del Mar Rojo, Éxodo 15.2, y se lo cita de nuevo en el exquisito canto del profeta sobre el triunfo milenario en Isaías 12.2.

La sección termina con una nota de victoria. “No moriré, sino que viviré, y contaré las obras de Jal”, versículo 17. “Me castigó gravemente”, dice, “mas no me entregó a la muerte”. ¡Los eventos en nuestros propios días en la escena política en el Medio Oriente manifiestan la verdad de todo esto!

3. La salvación al final, 118.19 al 29

Se ha llamado esta sección “una preciosa joya mesiánica”. En los últimos tres o cuatro días precedentes al Calvario, la mente de nuestro Señor parece haber meditado en este gran pasaje mientras Él se fortalecía para el Getsemaní, Gábata y Gólgota. Hay siete particulares sobresalientes:

  • las puertas abiertas de la ciudad y del templo, versículos 19 al 21.
    Compárese con el Salmo 24.
  • la piedra rechazada, hecha cabeza del ángulo, versículos 22 y 23
  • el día que hizo Jehová, versículo 24. Es el gran día de expiación.
  • Hosanna, bendito el que viene en el nombre de Jehová, versículo 25 y 26
  • la conversión nacional, versículo 27
  • el sacrificio futuro, versículo 27. Es la fiesta de tabernáculos.
  • la bendición final, versículos 28 y 29.

Las puertas –

En aquel día trágico de la semana del Calvario, montado el Señor sobre el pollino de asna, Él se presentó en el templo, Mateo 21.2 al 10, y cumplió así la escritura profética en Zacarías 9.9: “Alégrate mucho, hija de Sión tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno”. El acontecimiento queda registrado en todos cuatro Evangelios. Robert Anderson ha calculado que esto sucedió el último día de la semana 69 de la profecía al final de Daniel capítulo 9, un hecho que señala la importancia de la presentación oficial en el templo del Rey a la nación. Pero sabemos que fue rechazado. Abandonando el templo y la ciudad, Él pronunció tristemente: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta”, Mateo 23.38. Acabad (“abandonado”) fue la leyenda escrita figurativamente; 1 Samuel 4.21, 22.

Pero viene día cuando los portones del templo y de la ciudad serán abiertas de par en par para que entre el gran Conquistador. Él ocupará tanto el monte como la casa, y se cumplirá el Salmo 24: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria”.

La piedra

“La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. De parte de Jehová es esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos”. En el Antiguo Testamento hay cuatro referencias adicionales a la piedra / roca:

  • Los brazos de sus manos [de José] se fortalecieron por el nombre del Pastor,
    la Roca de Israel, Génesis 49.24.
  • Yo he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa,
    de cimiento estable, Isaías 28.16
  • Sobre esta única piedra hay siete ojos, Zacarías 3.9
  • Él sacará la primera piedra en aclamaciones de: Gracia, gracia a ella, Zacarías 4.7

El pasaje central es Mateo 21.42, donde nuestro Señor cita el Salmo 118 al relatar su parábola de la viña. Es la ilustración de unos labradores que golpearon a los siervos y mataron al heredero. Por lo tanto Él dijo: “El reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará”.

Más adelante se lo cita seis veces en el Nuevo Testamento, primeramente en relación con el rechazamiento del Mesías de parte de Israel y luego en relación con la edificación de la Iglesia de la cual Cristo es la cabeza principal del ángulo, y en la cual Él será la piedra céntrica del arco. Pedro nos explica que cada creyente es una piedra viva en ese edificio; véanse Hechos 4.11, 1 Pedro 2.4,8, Efesios 2.20.

El día que hizo Jehová –

El día mayor en el almanaque judaico era el gran día anual de la expiación (Yom Kippur), descrito en Levítico 16 y expuesto en Hebreos 9. Era el día de confesión de pecado y su remoción por la sangre del sacrificio. Era tipo y señal de otro día, aquél cuando el Cordero de Dios, el Señor Jesucristo, ofrecería el sacrificio único y eterno sobre la cruz del Calvario.

Pero ese día también mira adelante a un día futuro cuando la nación de Israel contemplará a aquél a quien ha traspasado. Al verle en su venida en gloria, con las marcas de la crucifixión sobre su persona, los israelitas reconocerán colectivamente por vez primera la enormidad de su pecado y culpa.

Ese pueblo se agrupará en tribus y familias, y se arrepentirá de veras como individuos, confesando su pecado en el lenguaje de Isaías 53. Se abrirá un manantial para la purificación del pecado y la inmundicia, y una nación nacerá en un día; Zacarías 12.10 al 13.1. Se cumplirá en forma definitiva el día de la expiación.

El que viene –

Cerca del comienzo de la semana de la pasión, cuando nuestro Señor subió al templo cual Rey, la muchedumbre voluble exclamó, “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” Pero unos pocos días después, cuando las sombras comenzaron a extenderse y la cruz se acercaba, Él exclamó, “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

Han transcurrido dos mil años desde que Él dijo eso, e Israel como nación continúa incrédula y obcecada. El velo está todavía sobre su mente y sus ojos, pero se quitará al cumplirse nuestros versículos.

La conversión nacional –

“Jehová es Dios, y nos ha dado luz”.

Se ha sugerido que la luz aquí es la gloria de Dios que había vuelto, pero puede haber otro sentido al término. El apóstol Pablo relata en 1 Timoteo 1.15, que su conversión en el camino a Damasco fue ejemplo para los que habían de creer para vida eterna. Lo que le sucedió a él particularmente fue un delineamiento de lo que le sucedería a Israel nacionalmente. Una y otra vez él se refiere a aquella luz más brillante que el sol que le cegó la vista cuando iba desenfrenado a perseguir al pueblo de Dios. El testificó al rey Agripa que había sido comisionado para ser ministro y testigo de las cosas que había visto, para abrir los ojos de su pueblo, para que se conviertan de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios. Fue para que ellos reciban por fe el perdón de pecados y herencia entre los santificados.

Hubo el caso de Tomás—”Si no viere no creeré” —una visión del Cristo resucitado, con la marca de los clavos en sus manos y pies y de la lanza en su costado, tornó la duda e incredulidad en fe y adoración cuando exclamó, “¡Señor mío, y Dios mío!” Así será con Israel en aquel día. Ese pueblo mirará a aquel a quien traspasó y, una vez arrepentido y perdonado, será restaurado a su relación con Jehová.

El sacrificio futuro

“Atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar”, 118.27.

El fundamento de todas estas bendiciones es la obra expiatoria de Cristo sobre el madero. La palabra usual para “sacrificio” en el Antiguo Testamento es zebach pero aquí se emplea chag, traducida como “víctimas”, vocablo empleado para la pascua, el pentecostés y la fiesta de tabernáculos. Se asocia con los sacrificios ofrecidos en estas fiestas levíticas. Veamos Éxodo 23.18, que habla de las fiestas, o convocaciones, anuales y es el único versículo en el Pentateuco donde encontramos chag: “ ni la grosura de mi víctima quedará de la noche hasta la mañana”.

Si es verdad que este salmo fue el himno entonado en el aposento alto cuando se instituyó la cena del Señor, cuán solemne es la luz que el mismo echaría sobre los pensamientos de nuestro Señor. Él sería la víctima atada con cuerdas a los cuernos del altar.

Fue la estación pascual en aquel año. Las familias y los grupitos de peregrinos se estaban convergiendo sobre la ciudad, cada familia con su cordero para la pascua. La tradición dice que cada cordero llevaba un aro de flores en torno del pescuezo, el cual se quitaba al amarrar el animal a los cuernos del altar previo a beneficiarlo.

Leemos cinco veces de nuestro Señor atado en los días de la última pascua:

  • para ser llevado ante Anás, cuando Judas fue el responsable: La compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron, Juan 18.12
  • para ser llevado a Caifás: Anás entonces le envió atado a Caifás, Juan 18.24
  • para ser llevado ante Pilato: Le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato,
    Mateo 27.2
  • en el patio de éste: Tomó Pilato a Jesús, y le ató, Juan 19.1
  • por los clavos, en la cruz

Para todo preso es un momento amargo cuando los representantes de la ley le esposan. Pablo habla de Onesífero como un hombre que “no se avergonzó de mis cadenas”. Nuestro Señor sintió agudamente el oprobio de ser atado como si fuera hombre violento. En la primera ocasión, en el huerto, Él reconvino a los alguaciles: “¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme?”

Pero fueron cuerdas de amor divino que ataron a este gran sacrificio al altar de la cruz: Primero, la voluntad de Dios. “No lo que yo quiero, sino tú”. Segundo, la palabra de Dios. “para que se cumpliese la escritura”. Tercero, el gozo por delante: “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz”. Y, la actitud del siervo hebreo en Éxodo 21: “Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre”.

La bendición final

“Mi Dios eres tú, y te alabaré; Dios mío, te exaltaré. Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia”.

 

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