Leyendo día a día en Marcos (#788)

Leyendo día a día en Marcos

E. L. H. Ogden
Day by day through the New Testament

Precious Seed Publications, Reino Unido

 

Introducción

El nombre completo del autor de este Evangelio es Juan Marcos, y a él las Escrituras hacen referencia nueve veces. En secuencia cronológica las referencias son Hechos 12.12,25, 13.5,13, 15.37, 1 Pedro 5.13, Colosenses 4.10, Filemón 24, 2 Timoteo 4.11. Además, “cierto joven” en Marcos 14.51,52 ha podido ser Marcos mismo.

Tenemos pues una breve síntesis de su vida y su ministerio en favor de Pablo, Pedro y Bernabé. Su debilitamiento nos da una historia equilibrada de este siervo del Señor a quien fue encomendada la santa tarea de escribir uno de los Evangelios. Es generalmente aceptado que, bajo la inspiración del Espíritu Santo, Pedro fue la mayor fuente de información para Marcos, y hay muchos detalles en el Evangelio que confirman esto.

Marcos, como servidor a aquellos que fueron llamados al servicio más destacado con y por su Señor, fue escogido por el Espíritu Santo para retratar el carácter suyo como el Siervo. Lo hizo de una manera sencilla, impactante y directa. Sus frases son pequeños retratos. Este Evangelio está lleno de actividad. Por ejemplo, en las estampas del capítulo 1 el Señor se encuentra en las aguas del Jordán, en el desierto, al lado del mar, en la sinagoga, en una casa, en un lugar solitario y en los pueblos de Galilea.

Su programa se puede analizar a grandes rasgos de esta manera:

la recomendación del Siervo, desde el 1.1,

el Siervo en sí, 1.14,

la autoridad del Siervo, 2.1,

los amigos del Siervo, 3.7,

las influencias del Siervo, 6.7,

la instrucción del Siervo, 8.27,

la senda del Siervo, 11.1,

la profecía del Siervo, 13.1,

el rechazo del Siervo, 14.1,

la exaltación del Siervo, 16.1.

Este Evangelio es como un río de corriente veloz, fluyendo hasta Galilea, 1.14 al 9.50, luego Cisjordania, 10.1 al 31, y finalmente Judea, con Jerusalén como el punto focal, 10.32 al 16.18. Saliendo hasta Betania, su obra realizada a perfección, el Señor regresa a los cielos para comenzar una obra nueva a través de otros.

capítulo 1
Amanece el día del Siervo

Cuán significante es la declaración que da comienzo a este Evangelio. Su estilo es objetivo y su mensaje directo. De una vez se enfatiza el carácter de Jesús como un siervo, sin ocuparse de una genealogía o informe sobre su nacimiento. Para mostrar que el comienzo a que se refiere Marcos no es el origen de las buenas nuevas que va a presentar, se oye a Jehová hablando a su siervo perfecto por intermedio de su profeta Malaquías. Luego Isaías habla de la voz de Uno que seguirá en el camino preparado.

Fue la responsabilidad de Juan el Bautista, a quien se refieren los pronunciamientos proféticos, presentar a su Señor. Él se conformaba con ser el mensajero y el preparador de la senda. Tenía sentido de vocación; conocía su asignación; conocía su mensaje. Reconocía también la autoridad que Dios había investido en él. El Señor iba a decir que ninguno sería mayor profeta que él, Lucas 7.28, pero con todo se confesó indigno de servir a su Señor aun en la capacidad del menor de los esclavos.

Ahora Marcos se dirige al Siervo en sí. Ya le ha reconocido como el Hijo de Dios, 1.1, y le presenta como Señor, el poderoso y el amado, 1.3,7,11. Se centró sobre Él la atención divina, la satánica y la humana. El Espíritu reposó sobre Él, identificándole con la actividad divina, 1.10. El Padre le aclamó, declarando la complacencia santa, 1.11. El diablo le atacó, enfatizando su carácter completamente libre del pecado, 1.13. Los discípulos le reconocieron, acusando su señorío, 1.20.

Leemos en apretada secuencia de tres milagros específicos y un resumen de varios más al cierre de un día sabático. Al echar fuera el demonio, el Señor manifestó su autoridad sobre el mal. Al curar la fiebre dio evidencia de su autoridad sobre la enfermedad. Al sanar al leproso, aplicó sobre autoridad sobre la impureza.

Así Marcos traza dibujos escritos de las muchas y variadas actividades del perfecto Siervo de Dios. Su ministerio fue eficaz y muy difundido, ya que “venían a él de todas partes”, 1.45.

capítulo 2
Conversiones y controversias

Capernaum figuró mucho en el capítulo anterior, y de nuevo la casa es la escena de un milagro. La narración hace de esta casa el punto céntrico de atención, 2.1 al 12. Fue la casa de interés; “se oyó que estaba en la casa”, y “les predicaba la palabra”. Hubo una interrupción que condujo primeramente al perdón de los pecados del hombre discapacitado que cuatro amigos bajaron con fe a través del techo, y luego la restauración de sus fuerzas. Y, fue también la casa de bendición. Por cuanto Dios fue glorificado por los observadores atónitos, fue la casa de alabanza y testimonio, 2.12. No podemos ofrecer una oración más hermosa a Dios que la solicitud de que nuestros propios hogares tengan las características espirituales de esa casa.

La gracia de Dios en elección se ve en la conversión de Leví. Las consecuencias fueron de largo alcance, ya que este hombre era nadie menos que Mateo, apóstol y también escritor del Evangelio.

En el resto del capítulo se formulan dos críticas. En respuesta a la pregunta de por qué sus discípulos no ayunaban, el Señor contestó de manera de poner de relieve el contraste entre la conformidad legalística y la gracia libertadora que Dios ha revelado en sí. Habiendo venido el Señor, se hizo posible el disfrute de una nueva relación de parte de los suyos, 2.13. No sólo esto, sino que la verdad que Él reveló no podía ser puesta como un parche sobre la ropa vieja del judaísmo, sino era un nuevo vestido de santidad; véase Filipenses 3.3. Los cueros viejos representaban el judaísmo. El vino nuevo del evangelio no podría ser guardado en ese tipo de odre, sino trajo la experiencia de “la libertad gloriosa con que Cristo nos hizo libres”, Gálatas 5.1. Así, el Señor perfecto enseñó la libertad verdadera.

La crítica sobre las espigas recogidas en el día de reposo por los discípulos recibió del Señor una respuesta que colocó la ley en su debida perspectiva en relación con el señorío de Cristo, aun por encima de las tradiciones bajo las cuales los fariseos se habían puesto en servidumbre: 2.23 al 38. El reconocimiento del señorío de Cristo en todo asunto resolverá los problemas que surgen de día a día.

capítulo 3
Gracia y autoridad

Es un triste comentario sobre la naturaleza de los fariseos el hecho de que, al ver que estaban en la sinagoga el Señor y el hombre con la mano seca, ellos buscaron una oportunidad para acusarle de sanar en el día sábado. Fue por esta actitud que el Señor se enojó y se entristeció con un enojo santo, no un pecado. “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”, Efesios 4.26. Fue enojo a causa del estado de sus mentes, acompañado de tristeza a causa de la dureza de sus corazones.

Habiendo sanado a muchos, la próxima tarea de este Siervo perfecto fue la de designar doce hombres como sus compañeros cercanos. La elección fue sobresaliente en su importancia. Marcos señala el doble propósito del Señor: (i) “para que estuviesen con él;” (ii) “para enviarles a predicar”. He aquí su deseo para ellos y su comisión para ellos; 3.14. La secuencia es importante, ya que establece la necesidad de comunión con el Señor antes de servicio para Él. Es todavía un principio básico.

La lista de nombres que da Marcos difiere de la de Mateo 10.2 al 4 y Lucas 6.14 al 16, por cuanto cada nombre está puesto por separado. Cada siervo es responsable al Señor por su llamamiento.

Al entrar en una casa, el Señor se encontró primeramente ante amigos que querían impedirle, y luego ante escribas que habían venido para criticarle, 3.21 al 30. Ellos lanzaron una muy grave acusación acerca del poder con que echaba fuera los demonios. La respuesta del Señor dio a entender que (i) si un demonio echara fuera a otro, su reino se derrumbaría, y (ii) el hecho de expulsar a los demonios es prueba absoluta del poder de Jesús sobre Satanás, el hombre fuerte, y por lo tanto su casa se caería oportunamente. Debe ser leída en el contexto del párrafo entero la advertencia del Señor en el 3.29 acerca de la blasfemia contra el Espíritu Santo.

Su madre y sus hermanos no podían comprender su obra. Sus nexos se extendían más allá de los simples lazos naturales, y abarcaban a todos aquellos que hacían la voluntad de Dios, 2.31 al 35. La fe, y no la familia, es la base de esta relación eterna que le permite al Señor decir de la Iglesia, “He aquí, yo y los hijos que Dios me dio”, Hebreos 2.13.

4.1 al 34
Sembrador, semilla y suelo

Esta sección contiene tres parábolas, todas relacionadas con la siembra y el crecimiento.

La primera se conoce generalmente como la del sembrador pero a veces se llama con igual certitud la parábola de las tierras. Marcos abre su relato con las palabras, “Oíd, he aquí”, y esta es la clave. La parábola versa sobre la receptividad a la Palabra de Dios distribuida como semilla por el fiel siervo de Dios. Aun la tierra buena no era pareja en su productividad. Tenemos una responsabilidad en cuanto a qué parte del ministerio y enseñanza que recibimos estamos dispuestos a poner por obra. ¿Su rendimiento es de treinta veces, sesenta o cien?

El Señor amplió el mensaje de la tierra buena con referirse a la inutilidad de una lámpara debajo de un cajón o una cama. Las actitudes con respecto a la responsabilidad propia se manifestarán con un reconocimiento personal de cuánto más ha podido ser la producción. Debemos desplegar la luz que tenemos. Mientras más repartamos el conocimiento de nuestro Señor, más recibiremos. La indiferencia o indolencia no permitirán que la luz resplandezca, y sufriremos pérdida.

La parábola siguiente, 4.26 al 29, es la única que solamente Marcos relata. Una vez más se destacan el sembrador, la semilla y la tierra, pero aquí el Señor se ocupa de sólo la tierra receptiva y el desarrollo de la semilla en ella. El sembrador ha cumplido con su responsabilidad. La semilla tiene vida y va a crecer desapercibidamente. Su desarrollo se ilustra en tres etapas y, en el contexto del evangelio, muestra el comienzo sencillo, el proceso misterioso y los resultados de la madurez espiritual. Que todo sembrador fiel tome aliento; véase Isaías 55.10,11; “… así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía …”

En la tercera parábola, 4.30 al 32, el Señor escogió un grano de mostaza de entre toda su gran creación, y esto para ilustrar el reino de Dios. Este reino tuvo un comienzo insignificante por medio de doce hombres con un potencial que parecía ser muy reducido; pero de ellos brotaron ramas para cubrir el mundo entero, y por su carácter único en Cristo el reino atrajo a todos cuantos querían. El metáfora de las aves del cielo se emplea en un contexto similar en Ezequiel 17.23 con la ilustración del magnífico cedro, el cual es una figura de Israel, “… habitarán debajo de él todas las aves de toda especie …”

4.35 al 41
¿Quién es éste?

Al estudiar los Evangelios, siempre es provechoso e instructivo tener por delante la porción relevante en cada uno de ellos cuando más de uno trata el tema. Al hacer esto con respecto a la historia de cuando Jesús calmó la tempestad, se verá que Marcos incluye cinco observaciones que se omiten en Mateo 8.23 al 27 y Lucas 8.22 al 25. Son: “le tomaron como estaba, en la barca”; “había también con él otras barcas”; “él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal”; “¿no tienes cuidado que parecemos?” y “respondió al viento, y dijo al mar, Calla, enmudece”.

No es difícil visualizar la descripción gráfica que Marcos nos ofrece. Con cuánto cariño los discípulos habrán conducido a Jesús a una parte tranquila, y allí se acostó a dormir el Hijo de Dios, humanamente cansado después de haberse entregado voluntariamente al ministerio del día. No tenía preocupaciones a causa de una tempestad que se presentó. Él, los discípulos que le acompañaban y las demás barcas, iban a llegar a la otra ribera. Lo había dicho. Pero este hecho fue olvidado rápidamente en el pánico que resultó cuando la tempestad llenó la barca de agua. La presencia del Señor no eximió al grupo de encontrar circunstancias adversas pero sí les garantizó la seguridad.

Muy a menudo el temor distorsiona la perspectiva, y así ellos despertaron al Señor crudamente para preguntarle si acaso no tenía cuidado de ellos. Cuántas veces el hijo de Dios duda en tiempos de adversidad. Es tan fácil, pero tan incorrecto, olvidarnos de que las tempestades que se presentan en la experiencia cristiana están bajo el supremo control del Señor. Acordémonos de esta manifestación de su poder en la tempestad, y el “pero después” que figura en Hebreos 12.11 donde se habla de la disciplina que al presente no parece ser causa de gozo.

Él reprendió al viento y calmó al mar. Este incidente reúne dos verdades en cuanto a Jesús. Siendo verdadero hombre, se manifestó aquella tarde como verdadero Dios. Con razón los discípulos temieron con gran temor ante semejante despliegue de actividad, y dijeron entre sí, “¿Quién es éste?” 4.41.

5.1 al 20
Poder sobre demonios

Ahora Marcos dirige la atención a las circunstancias revoltosas de la presencia de demonios. Tan pronto como Jesús salió de la barca, le salió al encuentro un hombre con un espíritu inmundo. Su manera de dirigirse al Señor indica que su voz estaba bajo el poder de demonios, y el nombre Legión que usó era el de sus opresores, 5.7,9. El poder de los demonios sobre él se hace obvio en el relato, pero con todo reconocieron sujeción a la autoridad de Uno que sabían ser “Hijo del Dios Altísimo”.

Ellos no eran capaces de resistir su orden de salir del hombre, y le rogaron permiso al Señor a entrar en el hato de puercos que se pacía cerca de los cerros. Es importante observar que el Señor no les mandó a entrar en los cerdos sino que les dio permiso. Las actividades malignas están sujetas a la autoridad divina. Los demonios entraron en los animales por iniciativa propia, con resultados desastrosos para los dueños del hato. La liberación de este hombre trajo paz no sólo a su mente atormentada sino al vecindario. Esto valió más que unos cochinos cuya carne, cualquiera sea el fin que daban a ella, ha debido ser ofensiva a sus dueños judíos.

El objeto depravado de la compasión del Señor experimentó un gran cambio, y le encontramos con su Libertador. Está ahora sentado, que habla de su reposo; vestido, que habla del reajuste; y en su juicio cabal, que habla de su restauración. Las repercusiones condujeron a que el Salvador de gracia fuese rogado a marcharse de la comarca.

Había uno, sin embargo, que no tenía semejante deseo, y el hombre renovado expresó su gratitud, manifestando su devoción al pedir permiso para acompañar al Señor. Jesús había sido rechazado por los porcicultores y no había quien les hablara de su compasión y poder, excepto la persona que los había experimentado. Con gracia el Señor mostró al hombre que su esfera de testimonio estaba entre sus amigos, y ¡qué misionero resultó ser este individuo! 5.18 al 20. A veces el mayor servicio es el que se presta más cerca de la casa.

5.21 al 43
La hija y la enfermiza

Estos milagros se encajan de una manera única en los cuatro Evangelios, por cuanto el incidente acerca de la hija de Jairo fue interrumpido por la curación de la mujer que padecía de flujo de sangre. El período de doce años conecta las dos de una manera singular; el temor y tristeza del principal de la sinagoga señaló el fin de doce años de contentamiento (véase Lucas 8.42), pero para la mujer había sido un período de sufrimiento y desespero que terminó en sanidad y paz.

Lo que Jairo había visto u oído le impulsó a encontrarse con este gran hacedor de milagros cuando Él se desembarcó en el regreso de Gadara. Su rogativa manifiesta reverencia por el Señor, aprecio y preocupación por su hija, y fe en el Señor cuya visita él solicitó. El Siervo-Hijo, siempre ocupado en los negocios de su Padre, le acompañó sin demora, 5.24. La preocupación de Jairo por su hija puede servir de recordatorio de la responsabilidad paternal en nuestros tiempos de llevar cada día a los hijos al Señor en oración sincera, rogando que sean guardados de todos los peligros morales y espirituales que los rodean constantemente.

El Señor fue detenido en su marcha pero no impedido en su propósito. La mujer estaba resuelta a vencer la muchedumbre y llegar hasta Jesús, quizás avanzando a rodillas, y logró tocar el borde de su vestimenta. La virtud no estaba en el borde, sino en la fe de la enferma a quien el Señor reconoció en seguida.

Estos versículos se pueden resumir al notar (i) su condición en 25,26, (ii) su conducta en el 27,
(iii) la conclusión en 28 y (iv) la curación en 29. Ella recibió el título de “hija”, siendo la única persona a quien el Señor se dirigió así en lo que las Escrituras narran. No es sólo que gozó de este nexo de afecto, sino que entró en la paz que el mismo implica, 2.35.

El Señor fue informado que la niña estaba muerta, pero con todo continuó hasta la casa, donde manifestó su poder sobre la muerte. El interés que tuvo en el bienestar de la joven resucitada habla de la necesidad hoy día de cuidar como pastor a los recién renacidos, dándoles “de comer”, 5.43.

6.1 al 32
Profetas rechazados y apóstoles enviados

Seguido por sus discípulos, el Señor llegó a su propio pueblo donde Él y su familia eran bien conocidos. Aquí ejerció su autoridad al enseñar en la sinagoga. Había aquellos que le escucharon pero no entendieron la fuente de su conocimiento, sabiduría y poder, 6.23. No querían reconocer que el Hijo de Dios estaba en medio. Se escandalizaron. El verbo tiene su raíz en scandalon, que era la parte de una trampa que enredaba el animal al toque. Al oir las palabras de Jesús, ese pueblo se encontraba atrapado.

La controversia se debió a que ellos, gente imperfecta que no tenía respuesta, le retaban a Él, el Perfecto. Los suyos no creían en la divina fuente de donde procedían su conocimiento, sabiduría y poder, y por consiguiente su obra fue restringida allí, 6.5. Ciertamente el profeta estaba sin honra en su propio país.

Había llegado el tiempo para el cumplimiento del segundo motivo para el llamamiento de los doce. Ellos habían estado con Él para aprender, y ahora iban a salir para predicar; véase el 3.14. Los principios que les enunció tendrían vigencia sólo hasta el fin de su propio ministerio terrenal; véase Lucas 22.35 al 38. No obstante, se quedó el principio básico de la fe. “Les dio …”, pero el sentido es el tiempo continuo que encierra una fuente constante de poder en el Señor, 6.7 al 13.

El nombre y las obras del Señor llegaron a los oídos de Herodes, quien tenía mala conciencia a causa de la muerte de Juan el Bautista. Marcos abre un paréntesis para contarnos del nefasto hecho; su narración encierra a una mujer impía, una muchacha degenerada, un gobernante desviado y un mártir noble. El versículo 20 es una expresión elocuente de la opinión personal de Herodes acerca de este poderoso profeta: “varón justo y santo”. Aquí había un hombre bajo la convicción del pecado por la vida y predicación de Juan, pero con todo llegó a ser manipulado por una mujer sin escrúpulos.

La lección en 6.30 al 32 es la necesidad de las ocasiones de soledad con el Señor en una dependencia reposada en Él. Es posible encontrarse tan ocupado en el servicio del Señor que no hay tiempo para oir su voz. ¡Cuánto necesitamos el silencio del lugar solitario con él! Tengamos cuidado de la aridez de una vida de agite.

6.33 al 56
Compasión y control

Muchos que conocieron al Señor le vieron salir en una barca con sus discípulos. Aparentemente se adelantaron a la nave, de manera que una gran multitud esperaba al Señor cuando se arribó. Su corazón de pastor fue conmovido de pasión al verles, y Él comenzó al darles alimento espiritual. Hacia el final del día, los discípulos les hubieran despachado a las aldeas en busca de comida, pero el Señor colocó sobre los Doce la responsabilidad de darles de comer, 6.37.

Él nunca aplica una prueba sin disponer de la solución. Lo que pide es confianza absoluta. Quería que sintiesen ejercicio personal en el asunto, y por lo tanto le traen cinco panes y dos peces. Poco, pero suficiente al ser traído con fe. El principio del buen orden, cosa distintiva del trabajo de un buen siervo, es muy evidente en la exigencia del Señor en el versículo 40: “se recostaron”.

Obsérvese los pasos del Señor en el 6.41: tomó, levantó, bendijo, partió, dio, repartió. No fue un milagro de extensión, ¡sino de creación! La parte que tocó a los discípulos era la de distribuir a otros lo que el Señor les había dado primeramente a ellos. Una cesta quedó para cada uno de ellos; el Señor siempre recompensa a sus servidores.

Después de este gran acontecimiento, Jesús despachó a los suyos en una barca. Él mismo se fue a orar aparte. En la travesía se levantó una tempestad; los discípulos habían actuado de acuerdo con las instrucciones del Señor pero con todo se encontraron en turbulencia. A veces sucede lo mismo hoy día. Pero si no hubiera sucedido esto, ellos hubieron perdido mucho.

En la tempestad, y a causa de ella, Jesús se reveló como Señor de todas las circunstancias que perturban, y las olas tempestuosas se volvieron como pavimento de plata debajo de sus pies. Se agrega en Mateo 14.28 al 31 que Pedro también caminó sobre las aguas. El temor de los suyos se disipó entre la presencia del Señor; la tempestad fue calmada bajo su poder y los discípulos llegaron sanos y salvos a la otra ribera, Marcos 6.50 al 53.

Estos dos milagros forman una parábola. El Pan de Vida trae la bendición eterna a las almas hambrientas que le reciben. Como Sumo Sacerdote, Él intercede por los suyos y pronto vendrá a donde están ellos en las tempestuosas escenas de este mundo, para llevarles a estar eternamente con Él.

capítulo 7
Tradición y realidad

Este capítulo comienza con los fariseos criticando a los discípulos del Señor por comer sin haberse lavado las manos, lo cual era una contradicción de la tradición de los ancianos. Como respuesta el Señor citó Isaías 29.13 y a Moisés en Éxodo 20.12, 21.17, “Este pueblo de labios me honra …; Honra a tu padre y a tu madre …”

De esta manera, usando la misma ley que ellos profesaban guardar, Él dejó a la vista su concha vacía de hipocresía; ¡las manos limpias jamás compensan un corazón sucio! En privado el Señor explicó que un hombre no se contamina por lo que come sino por lo que es, e ilustró el asunto con la mención de trece venenos que proceden del corazón humano, 7.17 al 23.

Es sobresaliente el caso de la mujer sirofenicia que rogó al Señor echar fuera el demonio en su hija, 7.24 al 30. No siendo judía, no tenía reclamo sobre la gracia de Dios. La salvación no era para los gentiles, ya que el tiempo para la invitación de gracia a todas las naciones no llegaría hasta después de Pentecostés. La respuesta que recibió no dio aliento por cuanto se basó estrictamente en este principio. Pero fue una prueba de su fe. Ella aceptó la respuesta parabólica del Señor en el sentido que ella, siendo gentil, no tenía derecho al pan de los hijos, pero a la vez completa la ilustración al reclamar acceso a las migajas debajo de la mesa.

Es solamente Marcos que narra la recuperación del hombre sordo con el impedimento en su habla, 7.32 al 37. El Señor empleó una metodología única. Tal vez la razón fue que así el hombre entendería el proceso, ya que no escucharía si el Señor le hablara. Primero, le apartó de la muchedumbre, como una reprensión sin palabras a los que buscaban señal. Se ve que los contactos que hizo Jesús con el hombre eran de carácter personal.

Aquellos dedos que empleó en la obra celestial de la creación, Salmo 8.3, fueron usados también en la curación de una de sus criaturas. El uso de la saliva del Señor subrayó el hecho de que su poder a sanar no sólo estaba en Él sino que era suyo propio. Su exclamación, “Sé abierto”, fue una orden a los órganos latentes a responder a la voz del Restaurador y a cantar su alabanza. Al Señor, el Siervo perfecto, fue dirigida la alabanza más sublime que puede ser dada en reconocimiento de una obra realizada: “Bien lo ha hecho todo”, 7.37.

capítulo 8
Compasión, curación, confrontación

Al comparar los dos casos distintos de la alimentación de las multitudes como Marcos los narra, el lector observa detalles diferentes, como el lugar donde sucedieron los milagros, el tiempo que la gente pasó con el Señor, el número de comensales, los sobrantes y los recipientes usados.
(Las palabras usadas en el idioma original para cestas y canastas son diferentes. Véase en Hechos 9.25 la misma palabra canasta).

De los detalles similares mencionaremos sólo dos: la compasión del Señor, 8.2, 6.34, y la satisfacción de los que comieron, 8.8, 6.40. ¿Por qué tuvieron problema los discípulos con la necesidad de los cuatro mil? ¿Se había olvidado que el Señor atendió a cinco mil, o fue que dudaban de su capacidad de repetir aquel milagro?

El milagro siguiente, 8.22 al 26, es el segundo y último que solamente Marcos relata. Su realización fue instantánea pero no así su pleno efecto. Las lecciones que podemos aprender son: (i) la luz espiritual aumenta poco a poco; (ii) un día lo imperfecto volverá perfecto. Hay un sentido real en que podemos orar que el Señor aumente nuestra visión espiritual con el toque invisible de su mano.

A parir del 8.27 hay un cambio fundamental en el ministerio del perfecto Siervo de Dios, cuando entra en preparación definitiva para la realización de la obra que vino para hacer. Si bien Pedro no comprendió todo lo que su confesión encerraba, reconoció en el 8.29 que éste era el Cristo, el Ungido divino en quien se cumplía toda Escritura. Esta confesión proveyó la base para que el Señor comenzara a enseñar a sus discípulos acerca de su muerte: “era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho”.

Ellos también deben tomar su cruz y reconocer el costo. Esto no quiere decir, ni significa ahora, una adversidad personal o enfermedad, como algunos quieren entender la idea de tomar su cruz. Es más bien llevar el reproche de Cristo, Hebreos 13.13, “salgamos … llevando su vituperio”.

El Señor exige todavía que uno se niegue a sí mismo, que se identifique con la cruz de Cristo y su estigma y se comprometa a seguirle para honrar al Él y al Evangelio. Uno “pierde” su propia vida para buscar lo espiritual, y la “salva” al ganar tesoro espiritual, 8.34 al 38. ¿Estamos dispuestos?

9.1 al 29
El contraste de la experiencia

Los tres escritos sinópticos registran los incidentes que precedieron y siguieron de inmediato la transfiguración del Señor, presentándolos en la misma secuencia; Mateo 7.1 al 8, Lucas 9.28 al 36.

Este hecho hace relativamente fácil un ejercicio comparativo. El 9.1 está conectado con aquellas cosas que el Señor decía en el capítulo anterior; pero es idóneo para introducir el tema de la transfiguración como la ocasión que señala la manifestación futura de su gloria como consecuencia de su muerte, la cual les había anunciado.

Marcos cuenta que los llevó solos a subir el monte. Las condiciones de elevación y separación deben ser satisfechas antes de que la gloria del Señor sea vista. Así es hoy en un sentido espiritual. Reflexione sobre la descripción de la escena y considere el grupo reunido y la voz de la nube. Es llamativo que Pedro, al describir su experiencia en 2 Pedro 1.16 al 18, no se interese más por Moisés y Elías sino habla solamente de su Señor, cuya majestad había visto “cuando estábamos con él en el monte santo”.

Mientras sucedía esto en el monte, los discípulos abajo estaban involucrados en un incidente del cual no salieron bien, 9.14 al 18. Marcos enfatiza la condición del muchacho y los esfuerzos del demonio a destruirle. La llegada del Señor del monte trajo alivio a todos los interesados. Su averiguación compasiva y la reafirmación del poder de la fe, mencionadas sólo por Marcos, merecen nuestra cuidadosa atención, 9.21 al 23. Los discípulos sabían que habían fracasado donde el poder estaba a su alcance – véase 6.13 – y preguntaron al Señor por qué. Su respuesta en el 9.29 fue clara: la oración y el ayuno. Mateo menciona en 17.20 otra causa: la incredulidad.

La oración y la fe no pueden ser separadas en la experiencia cristiana. Si no creemos, no podemos orar. Si no oramos, perdemos el poder. Nosotros, al igual que los discípulos, estamos ante las fuerzas del mal. “No tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernantes de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales”, Efesios 6.12.

9.30 al 50
Lecciones en humildad

Es un comentario triste acerca de los Doce el hecho de que se hayan ocupado solamente de sus propias ambiciones durante el viaje cuando el Señor les había hablado de nuevo de su muerte y resurrección. La enseñanza que dio seguidamente tuvo que ver con la frase que figura tres veces: “en mi nombre”.

Con un niño en medio Él enseñó la humildad de posición, 9.35 al 37. La sencillez de una fe como la de niño es una marca de grandeza espiritual. Pablo habló de la sencillez o “sincera fidelidad a Cristo” al referirse a la firmeza del testimonio, 2 Corintios 11.3.

Como respuesta al informe de Juan que ellos habían prohibido a uno que echaba fuera demonios en el nombre del Señor, porque no les seguía a ellos, Él enseñó la lección de la humildad de relación, 9.38 al 40.

Algunos emplean este acontecimiento para apoyar el ecumenismo, o el asociarse indebidamente con cualesquier cristianos profesantes. No tenemos autoridad alguna para tratar así las palabras del Señor. Este hombre tenía su propia parte con el Señor y Jesús la reconoció, pero no mandó a sus discípulos a salir y unirse con Él. Los principios del carácter de una iglesia local están en la Palabra de Dios para que sean cumplidos en humildad y obediencia. Con todo, nos regocijamos en la unidad del cuerpo del Cristo, y debemos amar a todos los que están en Él.

En la figura del vaso de agua “en mi nombre”, el Señor enseñó la humildad en actuación y obras. Aquí aprendemos la importancia en los ojos del Señor de la tarea mínima que hagamos en su nombre. Requiere un espíritu humilde obsequiar algo cuando nadie más lo sabe, en vez de actuar de una manera que va a llamar la atención, si es que hagamos algo con este fin.

“Revestíos de humildad”, escribió Pedro unos años más tarde; 1 Pedro 5.5. El Señor resumió su discurso con advertir primeramente acerca de hacer a otro tropezar, y aquí usó la figura del niño que puede ser influenciado fácilmente. Luego se refiere a la posibilidad de estorbos personales por vía de la mano, el pie o el ojo, 9.42 al 48.

Este poderoso lenguaje simbólico enseña la necesidad de un rígido examen propio que se hace sólo por la crucifixión de la carne; “Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”, Gálatas 5.24. El Señor clarificó sus ilustraciones al hacer mención de que el fuego y la sal se refinan y purifican para traer la paz mutua.

capítulo 10
Palabras de sabiduría

Este capítulo abre con la conocida afirmación de que Jesús enseñaba. Sin embargo, los fariseos que vinieron no querían ser enseñados, sino probarle sobre el asunto del divorcio. El Señor les refirió primeramente a Moisés y luego a la creación, y repitió los principios del matrimonio en los propósitos eternos de Dios, 10.2 al 9. Luego les señaló a los discípulos que las personas que violan estos principios se colocan en la posición de adúlteros. No se han abrogado las palabras suyas.

La historia de los niños en los brazos del Señor será siempre una fuente de inspiración a los padres y a los demás que anhelan en el corazón el bienestar espiritual de los pequeños.

El joven vino corriendo al Señor a preguntar qué debería hacer para heredar la vida eterna, y recibió una respuesta muy cortés pero desafiante. Alegó haber guardado los mandamientos pero carecía del amor para el Señor que le hubiera hecho sacrificarse y tomar los cinco pasos que le eran requeridos: andar, vender, dar, venir y seguir. El Señor, quien le amaba, vio una cosa que faltaba, pero era todo en cuanto a la salvación de su alma, y el hombre se marchó triste.

Cuando Santiago y Juan solicitaron sentarse al lado del Señor en su gloria, Él se valió de dos palabras en su respuesta: una copa y un bautismo. La primera habla de recibir y la segunda de participar. Esto fue lo que el Señor sostuvo en la cruz. Él recibió el juicio sobre el pecado; fue la copa. Entró en, o se hizo partícipe de, la muerte de la cruz; fue el bautismo. En las persecuciones y sufrimientos ellos ciertamente iban a beber de la misma copa y ser bautizados del mismo bautismo, pero las posiciones que anhelaban no les correspondían, 10.35 al 40. Su servicio era más elevado, siguiendo el ejemplo de Uno que “no vino para ser servido, sino para servir”, 10.45. Vendría al ministerio de ellos en el nombre de Aquel que daría su vida en rescate por muchos.

En vivos cuadros gráficos Marcos nos relata la restauración de vista para Bartimeo, usando esas palabras elocuentes, “Jesús, deteniéndose”, al oir el clamor del mendigo.

capítulo 11
En Jerusalén

Este capítulo encierra acontecimientos que tuvieron lugar en tres días sucesivos en la semana sobresaliente que se desarrollará a nuestra vista. La entrada del Señor en Jerusalén se registra en los cuatro Evangelios, 11.1 al 4, Mateo 21.1 al 11, Lucas 19.29 al 44 y Juan 12.12 al 15. La pluma profética también escribió de ella en Zacarías 9.9.

El que había hablado a sus discípulos de su rechazamiento recibió momentáneamente la aclamación del pueblo. La procesión triunfante no terminó en el palacio, porque su reino no sería establecido sobre la tierra hasta un día todavía venidero. Terminó en el templo, los ojos penetrantes de Jesús “mirando alrededor todas las cosas”, donde había sólo una representación formal de la gloria de Dios. Luego, con los Doce, regresó a la posada deseada en Betania.

El segundo día en la secuencia se relata en función de dos incidentes: la maldición de la higuera, 11.12 al 14, y la exclusión del área del templo de los comerciantes y cambistas. Vemos aquí una perversión de la ley de Dios, la cual incluía cierta provisión para la compra de lo requerido para el sacrificio, Deuteronomio 14.25,26. La desviación había dado lugar a deshonestidad y profanación, de modo que la casa de oración se había vuelto cueva de ladrones.

Estos dos sucesos dieron lugar a otro en el tercer día de la semana de fechas trascendentales. La higuera se había secado desde las raíces, habiendo fracasado en su función de llevar fruto. El Señor convirtió el evento en una lección espiritual de la cual podemos sacar aplicaciones hoy día. El no llevar fruto en nuestro propio testimonio puede ser remediado por la fe en Dios. La dependencia interior puede ser el medio del logro exterior. Esta dependencia se manifiesta en la oración con tal que haya un espíritu perdonador.

Los funcionarios presentes en el templo desafiaron al Señor al atacarle en dos frentes. Primero, cuestionaron la naturaleza de su autoridad, y segundo la fuente de la misma. El Señor les devolvió su pregunta al preguntarles si la autoridad de Juan era del cielo o de los hombres. Ellos sabían que la fuente era Dios y que Juan había presentado al Cordero de Dios, quien estaba delante de sus ojos. Resintieron esta autoridad, y le rechazaron a Él. Pero quizás en sus corazones sabían la respuesta.

capítulo 12
Parábola, precepto, alabanza

Callados ya aquellos que criticaban al Señor, Él les relató una parábola cuyo efecto se nota en el 12.12. Ellos sabrían del canto de Dios a su viña, Isaías 51.1 al 7, que versa sobre los privilegios y responsabilidades de Israel. El viñador es Dios y la cerca es la pared intermediaria de separación entre judío y gentil, Efesios 2.14. Los labradores son ellos mismos, los líderes de los judíos. Los siervos son los profetas, y el hijo amado es figura del Señor. Los otros Evangelios abundan sobre este punto; Mateo 21.42, Lucas 20.17.18.

El Señor respondió a los fariseos y herodianos que habían sido enviados para sorprenderle en alguna palabra, ubicando el gobierno en su lugar debido. A la vez, sujetó la obediencia al mandamiento humano a los derechos mayores de Dios.

Los saduceos plantearon luego un caso hipotético sobre las relaciones personales después de la muerte, 12.18 al 23. La respuesta del Señor ofrece un espléndido ejemplo del uso de las Escrituras. Cuánta más autoridad tiene una respuesta cuando se basa solamente en la Palabra de Dios y no en los pensamientos de hombres. El Señor concluyó que Dios es Dios de los vivos, pero se refería a los ya muertos. El conocimiento de esta verdad trae gran consuelo en la hora de la más honda tristeza y establece una esperanza bienaventurada.

Entonces siguió una pregunta de un escriba interesado y quizás turbado, 12.28 al 34. Una vez más el entero conocimiento de las Escrituras proveyó una respuesta amplia para el Señor. El amor es una actitud que controla los pensamientos e inspira las acciones. El amor para el vecino se encuentra en el pueblo de Dios. Tal era la gracia del Señor que el pueblo le oía con gozo, pero a la vez Él estaba tan lleno de la verdad que nada dejaba pasar por alto en su juicio de los escribas, 12.35 al 40.

El capítulo termina con el relato acerca de una viuda pobre quien recibió el mandamiento del Señor. Disponiendo de sólo dos moneditas, ella echó las dos en el arca. ¡El valor de una ofrenda se mide por lo que le queda al que dio!

capítulo 13
¿Cuándo serán estas cosas?

Los pronunciamientos proféticos del Señor a cuatro de sus discípulos fueron hechos en respuesta
a dos preguntas que le formularon después de su profecía acerca de la destrucción del templo.

Comenzando con las condiciones sobre la tierra inmediatamente después de su ausencia de entre ellos, Él expone la secuencia de los eventos que tendrán lugar dentro de un período cuya severidad se nota en los versículos 19 y 20. Nunca se ha visto ni se volverá a ver una adversidad como la que habrá en lo que el Señor llama en Mateo 24.21 y Apocalipsis 7.14 “la gran tribulación”. Esa época venidera se llama también el tiempo de angustia para Jacob, Jeremías 30.7.

Las Escrituras dan muchas evidencias de que la Iglesia no va a estar expuesta a ella, ya que será levantada a la presencia del Señor antes de que la tribulación venga. Luego el Señor relató cómo Él mismo va a venir con gran poder y gloria cual Hijo del Hombre para buscar a su escogido, Israel, 13.24 al 27.

Comoquiera que sea la naturaleza de una enseñanza del Señor a sus discípulos, ella siempre se acompaña de exhortaciones prácticas y a veces de advertencias. Estas son necesarias y apropiadas para la Iglesia aun en estos tiempos. En el contexto de este discurso, Marcos registra dos parábolas que el Señor interpretó con la misma palabra velad.

(i) La higuera, 13.28 al 32. Una vez más se emplea este árbol como símbolo de la nación de Israel, la cual será la señal sobresaliente de que estas cosas se acercan. Por supuesto, no hay autoridad para aplicar interpretaciones a incidentes específicos en nuestros días, pero este papel de Israel sirve para mostrar el desarrollo de la verdad profética en el comienzo de su desenvolvimiento. Hoy día Israel es el aviso más fiel de cosas venideras que el mundo jamás ha visto. Esta parábola enseña la relativa inminencia de tales cosas.

(ii) El portero, 13.33 al 37. La parábola se presenta como una exhortación a mirar, velar y orar. El viajero está en el campo, donde abundan peligros invisibles y desconocidos, y por lo tanto tiene que estar en alerta en todo momento. La parábola en sí trata de los siervos que están trabajando en la casa; el portón de la idea de una expectativa de que el amo de casa puede legar de un momento a otro. ¡Que estas actitudes sean nuestras!

14.1 al 31
Ungüento, aposento y monte

Los versículos 1 y 2 cuentan de la resolución de los principales sacerdotes y de los escribas de hacer todo cuanto podían en contra del Señor, pero los versículos 3 al 9 cuentan de cómo María de Betania hizo lo que pudo a favor suyo. En su gesto de ungirle con alabastro de mucho precio se ve la calidad de un amor que no veía nada como demasiado costoso para dárselo.

Ella quebró el vaso y derramó su contenido sobre Jesús. Esto resultó en dos comentarios de parte de Él: “Buena obra me ha hecho”, y “Esta ha hecho lo que podía”. Fue un acto hermoso, como es siempre la legítima adoración, y fue así a causa del motivo de la mujer. El Señor interpretó la expresión de su corazón, y aquel día ella erigió un monumento que jamás sería quitado dondequiera que se proclame el evangelio en el mundo entero.

De este caso de adoración Marcos pasa a uno de participación en la cual dos hombres, no nombrados, se involucran en los preparativos para el suceso que se ha conmemorado desde que el Señor murió, y será conmemorado hasta que Él venga, 14.12 al 25. El que llevó el cántaro señaló el camino. El dueño de la casa contribuyó su parte de tres maneras, ya que aportó un salón que Marcos describe como alto, amueblado y listo.

A todos los que le aman, el Señor está preguntado, “¿Dónde está el aposento?” Hacemos bien en prepararlo a diario, de manera que Él pueda tener comunión con nosotros. Ciertamente nuestros corazones deben ser amplios, nuestras mentes dispuestas y todo nuestro ser equipado por la preparación espiritual para el encuentro. Todo en orden ya, el Señor llegó con los doce. Hizo referencia al traidor en el grupo, y esto dio lugar a la triste pregunta, “¿Seré yo?” El relato que ofrece Marcos es breve pero completo. No nos cansemos de leer los versículos 22 al 25, ni despreciar cualquier oportunidad de hacer memoria del Señor cada primer día de la semana.

En la quietud del monte de los Olivos, el Buen Pastor participó a sus ovejas que iba a ser herido y ellos dispersados, pero prometió que serían reunidos de nuevo, una vez resucitado Él. No obstante las protestas de Pedro, el Señor predijo su negación. Nuestra lectura de hoy comenzó con devoción silenciosa pero termina con necias afirmaciones de lealtad, 14.31.

14.32 al 72
El huerto y el palacio

¡Getsemaní! En este huerto se reveló la profundidad de las emociones y experiencias personales del Señor. Las expresiones “entristecerse, angustiarse, muy triste” son suficientemente elocuentes como para hacer innecesario un comentario en este estudio devocional. El Señor prosiguió, se postró en tierra y oró. Tres veces oró.

Marcos especifica que dijo: “Abba, Padre”, 14.36. Las Escrituras no cuentan que haya usado esa expresión en otra ocasión, y la encontramos sólo dos veces más, en Romanos 8.15 y Gálatas 4.6. Abba significa una confianza producto del afecto, mientras que Padre expresa una comprensión inteligente del nexo. Le adoramos a Él por haber dicho, consciente de la terrible realidad de la copa, “mas no lo que yo quiero”.

En contraste con la fidelidad de Uno en cuanto al cumplimiento de su misión, vemos la infidelidad de otro en la satisfacción de su avaricia, 14.43 al 52. Los medios por los cuales Jesús traicionó al Señor hacen el incidente más asqueroso. La señal de afecto se convirtió en expresión del mal diabólico en esa ocasión cuando ese hombre habló de Maestro pero a la vez le vendió.

Los Evangelios informan que el Señor fue sujetado a tres juicios a manos de judíos. El primero fue ante Anás, el segundo ante Caifás (Marcos ofrece detalles en 14.53 al 65) y el tercero ante el Sanedrín. En estos juicios la acusación fue la de blasfemia. El Siervo fiel había sido despachado, y ellos intentaron desacreditarle. El Señor se quedó callado ante todas sus preguntas hasta que el sumo sacerdote insistió en preguntar acerca de su persona y su relación con Dios. Ahora Él sí afirma que es el Mesías y será su juez.

Todos los Evangelios relatan la negación de Pedro a su Señor, 14.66 al 72. Lo que dice Marcos es de gran interés porque bien puede ser lo que Pedro mismo contó. ¡Pobre, querido Pedro! ¿Pero acaso nosotros nunca hemos negado al Señor, si no tan directamente, por lo menos tan efectivamente al no testificar que le conocemos como el nuestro? Gracias a Dios por el lloro, versículo 72. Nunca debemos avergonzarnos de las lágrimas del verdadero arrepentimiento; son preciosas en los ojos de Dios y señalan el camino a la verdadera restauración.

capítulo 15
El lugar llamado Gólgota

Aun cuando los judíos ya habían condenado al Señor Jesús a ser “digno de muerte”, la parodia de justicia continuó bajo jurisdicción romana. Así como en los juicios judíos, hubo tres etapas. Marcos registra las dos sesiones ante Pilato; la parte correspondiente a Herodes tuvo lugar entre los versículos 5 y 6.

La acusación fue diferente. La de blasfemia no hubiera tenido influencia sobre Pilato, pero él escucharía una acusación política, y este fue el curso que los judíos tomaron.

Pilato sabía que el Señor no era culpable de traición y le hubiera puesto en libertad al no haber permitido que le controlaran las circunstancias del momento. Su intento final fue el de ofrecer una elección entre Barrabás y el Señor, pero la iniciativa fue rechazada y Él permitió que el acusado fuese crucificado. 15.1 al 15.

De manera que una procesión emprendió su vergonzosa marcha hasta fuera de la ciudad al lugar llamado Gólgota. Nunca antes, ni después, cielo y tierra habían contemplado semejante escena: una chusma, una tropa repugnante y varios gobernadores complacidos. De un todo debilitado, Simón llevando la cruz, el Señor llegó a aquel lugar y allí le crucificaron.

Marcos anota que esto sucedió a la tercera hora, y se permitió que por tres horas el ojo pecaminoso del hombre le observara. Pero desde la sexta hora hasta la novena tinieblas envolvieron toda la tierra. Dios estaba cargando sobre su Amado el peso del juicio santo, y ningún ojo humano debería ver en su esencia la naturaleza espiritual de sus padecimientos a causa del pecado humano.

¿Quién explicaría el único clamor registrado por Marcos de los siete que el Señor formuló desde la cruz? “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” 15.34 Debido a la santidad de Dios la cruz fue absolutamente esencial, y por el amor de Dios la cruz fue una posibilidad y un hecho consumado para realizar la redención del pecador.

capítulo 16
El Siervo vindicado

Marcos abre su relato de la resurrección con la cláusula significativa, “cuando pasó el día de reposo”. Los sábados de reposo vinieron y pasaron, pero éste, cuando el cuerpo del Señor había yacido en el sepulcro, sería el último, porque Él ya no estaba allí.

La resurrección había marcado el fin del régimen de la ley, y en su lugar ya estaba el de la justicia. “Si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación”, 2 Corintios 3.9. Un día nuevo, el día de la gracia, había amanecido de veras.

A las mujeres fueran dadas las buenas nuevas por el visitante celestial, con el mensaje que ellas debían llevar a los discípulos del Señor. Marcos agrega las palabras “y a Pedro” en el 16.7. ¡Cuánto habrá atesorado Pedro aquella mención muy especial de su nombre!

Los versículos 9, 12 y 17 relatan tres de las ocasiones cuando el Señor se manifestó a sus seguidores. María Magdalena había regresado del sepulcro y fue premiada con ver a su Señor y conversar brevemente con Él; véase Juan 20.11 al 18. Su informe no fue creído. Los dos que le vieron en el campo, Lucas 24.13 al 35, encontraron la misma reacción. De que el Señor haya reprendido a los Once por su incredulidad no es sorprendente, ya que les había dicho que resucitaría el tercer día.

Marcos narra sólo una parte de la gran comisión que el Señor encomendó a sus discípulos, y el bautismo quedó establecido como consecuencia de la fe, 16.15,16. Las señales de las cuales habló al final del capítulo fueron transicionales y en gran parte carecen de relevancia hoy en día.

Entonces, terminada ya su obra, el Siervo perfecto en carácter, diligente en servicio, fiel en muerte y triunfante en resurrección, volvió a Quien le había enviado. Fue recibido arriba en el cielo y se sentó a la diestra de Dios. Suyo el lugar de honor y autoridad.

Sus siervos salieron, su fuente de poder quedando declarada en el versículo 20, “ayudándole el Señor”. Esta expresión es única, vinculando el Siervo con sus servidores de una manera muy íntima. De manera que el comienzo del Evangelio que Marcos escribió no tuvo fin cuando el Señor volvió al cielo. Su obra continúa, ya no en sus propios labios y manos, sino a través de los nuestros. Con todo, el poder para aquella obra es suyo todavía, y solamente en el nombre suyo se puede realizarla.

 

 

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