Leyendo día a día en 1 Tesalonicenses | Leyendo día a día en 2 Tesalonicenses | La segunda epístola a los Tesalonicenses (#772)

 

Leyendo  día  a  día  en  1  Tesalonicenses

Paul Young, Coventry, Inglaterra
Day by day through the New Testament
Precious Seed Publications

Ver

Introducción

Tesalónica era una ciudad importante en el contexto romano, tanto rica como grande. Estaba situada en la Vía Ignaciana, una carretera militar que unía el Este a Roma. Era un puerto en el rincón noroeste del Mar Ageo y capital de la provincia de Macedonia. Su estatus y ubicación atraían comerciantes romanos bien acomodados a residenciarse allí, y en estas condiciones florecían la impiedad y la lascivia, sin duda vinculadas en buena parte con el paganismo y la adoración de ídolos.

Fue corta la visita de Pablo a Tesalónica en su segundo viaje misionero, pero su predicación fue fructífera. Hechos 17.1 al 9 relata la historia. Pero de inmediato estos nuevos en la fe sintieron el calor de la persecución, cuando los judíos incrédulos provocaron un alboroto de una magnitud tal que Pablo se vio obligado a dejar la ciudad y trasladarse a Berea.

Más adelante, él envió a Timoteo de Atenas a Tesalónica para averiguar cómo progresaban en la vida cristiana, 3.2. Timoteo volvió con un informe muy positivo de su fe y amor, y él, junto con Silas, acompañó a Pablo en Corinto. 1 y 2 Tesalonicenses fueron escritas en esta ciudad.

Pablo escribió 1 Tesalonicenses en aproximadamente 53 d.C.; fue una de las primeras epístolas del Nuevo Testamento. Sin embargo, no refleja una enseñanza elemental o inmadura, porque su autor tenía ya unos veinte años de creyente y su teología estaba desarrollada plenamente, tanto en su mente como en su experiencia misionera.

En esta primera Epístola Pablo se identifica con Silvano (Silas) y Timoteo, 1.1, y escribe mayormente en el plural. Elogia a los tesalonicenses por su amor y su fe, y procura animarles en medio de la persecución. Les recuerda de la obra que hizo entre ellos, no para provecho o beneficio propio sino para el bienestar espiritual de ellos. Responde a preguntas doctrinales acerca de la segunda venida de Cristo y trata también dificultades en la vida eclesial y la santidad personal.

Grosso modo, Pablo está satisfecho, aun emocionado, con el progreso experimentado en la iglesia en Tesalónica, y quiere fortalecerles en la fe.

 

 

 

capítulo 1
El encomio de Pablo

Una vez expresado el saludo, Pablo elogia a los tesolonicenses y da gracias a Dios por tres características espirituales desplegadas en ellos.

La primera característica que reconoce es su “obra de fe”, refiriéndose mayormente a la ocasión cuando estaba entre ellos, “cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero”, 1.9. Procede a dar tres razones por la confianza de su fe en Cristo. Les recuerda que el evangelio les vino no solamente en palabra (es decir, no simplemente  por el oratorio humano, el cual carece de poder), sino “en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”, 1.5. Es siempre el Espíritu quien, obrando por medio de la palabra predicada, produce el poder que engendra la convicción y la conversión. Pablo dice también que el evangelio vino “en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo”. El Espíritu les dio a tanto el apóstol como a los convertidos una profunda confianza de que la obra de fe era genuina.

La segunda característica que estimula gratitud en el apóstol es su “trabajo de amor”, 1.3. Un gran cambio fue obrado en esta gente al hacerse cristianos. Ahora no estaban sirviendo a los ídolos, sino al Dios vivo y verdadero, 1.9. Trabajar trae un costo y la palabra “servir” alude al servicio de un esclavo. Esta labor requiere una devoción absoluta a Dios, sin pensar en beneficio propio, y así fue la obra de amor entre los tesalonicenses al predicar el evangelio en toda la zona adyacente.

Tercero, él elogia su “constancia en la esperanza”, 1.3. Lejos de resignarse a lo que podría suceder en el futuro, él ve una perspectiva alentadora en la venida del Señor por su pueblo. Esta esperanza infundía un gozo auténtico en los tesalonicenses en medio de contratiempos y persecución, 1.6.

El centro de su esperanza era el Señor Jesús, Aquel que Dios levantó de los muertos. En el último versículo del capítulo encontramos tres percepciones hermosas de la Persona de nuestro Salvador. Primeramente, es divino en su esencia: “esperamos de los cielos a su Hijo”. Con todo, es Jesús, el Varón humano; y, en tercer lugar, es el Libertador que guarda de la ira venidera en virtud de su obra en el Calvario.

capítulo 2
Servicio y sufrimiento

Pablo les recuerda de su labor entre ellos y la bendición que se había hecho evidente. Él predicó el evangelio osadamente, no obstante la persecución que había sufrido en Filipos. Con todo, su denuedo no se debía a una valentía humana y carnal, sino a una capacitación de parte del Señor; él tenía “denuedo en nuestro Dios”, v. 2.

Tres consideraciones le dieron confianza en el evangelio: no se originaba en el engaño, no apelaba a la lascivia, ni requería astucia para convencer. Se recomendaba a sí mismo. También, en su predicación él agradaba a Dios y no a los hombres, v. 4, cosa que quedaba evidente por su abnegación propia, ausencia de adulación de otros y exaltación de sí, y de codicia. Más bien, él actuaba con gentileza, cual nodriza que cuida afectuosamente los niños a su cargo. Había manifestado también una disposición a dedicar todo, aun su propia alma, al bienestar espiritual de ellos, v. 8.

Pablo invoca a sus lectores (quienes ven su actuación exterior) y a Dios (que ve su corazón y mente) a testificar a la verdad de su afirmación de haberse comportado “santa, justa e irreprensiblemente”; a saber, no había dado lugar a reproche. Conducta de esta índole daba base para exhortar, porque no lo podría hacer si no fuera recto.

Los convertidos eran el sello que mostraba que la obra de Pablo en Tesalónica no había sido en vano, v. 12. Habían aceptado la Palabra de Dios, un hecho evidenciado por su aguante paciente en los sufrimientos. Pablo se preocupa por ellos en la persecución y les recuerda que no están solos en sus aflicciones. Por ejemplo, las iglesias de Judea también habían padecido a manos de los judíos, vv 14 al 16. Pero al persistir los perseguidores en sus malas obras, la naturaleza pecaminosa del ser humano se hacía ver claramente, y esto en contraste con el carácter justo del juicio que Dios tiene guardado para el futuro. Él está obrando al permitir que el sufrimiento se prolongue.

Finalmente, Pablo expresa su deseo de estar con ellos y se regocija en la firmeza que habían manifestado. Son la esperanza suya, su gozo y corona, y van a ser su trofeo al estar juntos con él delante del Señor.

capítulo 3
La visita de Timoteo

Pablo continúa en su preocupación por los sufrimientos de los tesalonicenses, pero dice que nadie debe sorprenderse porque es norma que el cristiano padezca persecución. El Señor había declarado: “El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán”, Juan 15.20. Además el evangelista les había advertido previamente que iba a suceder, para que no les fuera causa de sorpresa. Sin embargo, ha podido incitar a algunos a rendirse, y en este caso su obra hubiera sido en vano, v. 5.

El apóstol despachó a Timoteo a Tesalónica para averiguar cómo estaban llevando su tribulación, y habla de él como “nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo”. Son tres términos de afecto y hacen entrever la estima que él tenía para Timoteo.

El informe que trajo en su regreso fue positivo; enfatizaba la fe de ellos en Dios, su amor para con sus prójimos y su amor espiritual para Pablo en particular, cosa que no había menguado en su ausencia. Le recordaban “con cariño” y deseaban verle a él tanto como él a ellos. Este informe le consolaba a Pablo, quien estaba pasando por necesidad y aflicción en Atenas. Se desvaneció su melancolía y él recibió estímulo al saber que ellos estaban firmes en el Señor. La única nube era que se encontraba impedido para visitarles de nuevo. Día y noche él oraba por una oportunidad para completar lo que faltaba, v. 10, porque quería fortalecerles espiritualmente para evitar cualquier defecto en su fe.

Pablo procede a exhortar a los tesalonicenses a abundar en amor, v. 12, tanto entre sí como concreyentes como a sus prójimos. Se emplea a sí mismo como ejemplo. Les había amado, como su evangelización evidenció, cuando ellos no eran creyentes, y ahora que son él quería afirmarles en su fe.

Una abundancia de amor afirmaría sus corazones para que fueran “irreprensibles en santidad delante de su Dios”. Al hablar así de sus corazones él quiere decir su personalidad entera, ya que este proceso de santificación, o ser puestos aparte para Dios, debería incidir en toda fase de la vida del creyente. La mención de la segunda venida del Señor, v. 13, refuerza este punto, porque deben andar en santidad los creyentes que están en la expectativa de su pronto regreso.

 

 

4.1 al 12
Pureza y amor

Dos características distintivas de la cristiandad deberían ser la pureza, vv 1 al 8, y el amor, vv 9, 10   Ellas permitirán a un testimonio justo delante del mundo, vv 11, 12. En esta sección Pablo dirige su atención a cuestiones prácticas y doctrinales.

Les exhorta a los santos a “andar y agradar a Dios”. En otras palabras, que el cristiano agrade a Dios no es una opción, sino una necesidad que emana de su relación con Cristo. Se les insta a la santificación, vv 3, 4; o sea, que estén puestos aparte para Él, que sean santos en su conducta. Todo creyente goza de una posición santificada en Cristo, pero la santificación práctica debe ser una meta en la vida e involucra la separación de lo malo. “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”, Hebreos 12.14.

En particular, él manda a los tesalonicenses a abstenerse de la fornicación. Tal vez parezca extraño que una iglesia tan espiritual haya contado con esta debilidad, pero debemos llevar en mente que se trata de una ciudad pagana y que estos creyentes habían sido criados en un paganismo que practicaba toda suerte de inmundicia. Así que esta era una de sus deficiencias como creyentes renacidos, y debía ser rectificada porque el cristianismo nunca ha tomado sus normas de la sociedad en derredor sino de Dios mismo. Pablo exhorta, entonces, que se fomenten la santificación y la pureza. El poder para obedecer este mandamiento a santificarse es el Espíritu Santo quien mora en cada creyente, v. 8.

El escritor procede a escribir del amor hacia “todos los hermanos”, vv 10, 11. El amor fraternal es aquel amor especial que une a los hijos de una misma familia. La única limitación a esta clase de amor es la disponibilidad de oportunidades para expresarla. Era típico de los creyentes en Tesalónica, pero Pablo quiere que aumente más y más. Siempre hay espacio para que se desarrolle el amor fraternal.

Finalmente, el testimonio ante el mundo requiere que los creyentes trabajen concienzudamente y que procuren “tener tranquilad” (… seáis ambiciosos de vivir quietos, Versión Moderna),
v. 11. Parece que se refiere a la paz mental producida por una entera dependencia de Cristo – ¡un gran contraste con el agite en el mundo!

4.13 al 18
En cuanto a los muertos

Aparentemente Pablo había ministrado en Tesalónica sobre el tema importante de la segunda venida de Cristo y los creyentes estaban en la viva expectativa de este acontecimiento, pero unos pocos entre ellos habían muerto y esto daba lugar a preguntar si ellos perderían los beneficios del glorioso regreso de Cristo.

Ahora él aborda el tema valiéndose de la metáfora del sueño al describir a los muertos, v. 13. Esto sugiere que la muerte tendrá su resurrección así como el sueño tiene su despertar. Los cristianos no tienen por qué entristecerse por un ser querido que se haya ido. Ciertamente su desenlace produce tristeza, pero no el gran pesar de los no cristianos que no tienen esperanza. La muerte y resurrección del Señor son hechos que permiten esta confianza en la resurrección de los muertos, v. 14.

Pablo explica en seguida que los que están vivos en el momento del regreso del Señor no precederán a los que duermen. Más bien, los cuerpos muertos serán resucitados y después, de inmediato, los vivos también irán a estar con el Señor. Así que en realidad los muertos en Cristo, en vez de ser perdedores, tendrán la parte primaria en el regreso del Señor. Pablo vivía en la expectativa de su llegada inminente y esta esperanza maravillosa siempre ha estado muy viva en los corazones del pueblo del Señor, no importa cuánto se haya tardado. Sin duda alguna, debe brillar en nuestros corazones hoy mismo.

Disponemos de un cuadro vívido de lo que sucederá en la segunda venida del Señor por su pueblo. El Señor mismo descenderá, v. 16, y habrá un grito autoritario. No sabemos quién gritará; quizás el Señor, quizás un arcángel. De todos modos, se oirán la voz de un arcángel y el sonido de la trompeta de Dios. ¡Ocasión majestuosa, espléndida! En este arrebatamiento de la Iglesia los cuerpos de los creyentes vivos serán cambiados, sin disolverse todavía la muerte. “…  es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”, 1 Corintios 15.50 al 53.

Entonces habrá una reunión doble: primeramente con los seres queridos que nos han precedido, v. 17, y también con el Señor, para dar inicio a una unión y una comunión ininterrumpidas con Él. Por esto no habría por qué seguir entristeciéndose a causa de los difuntos, sino aquellos tesalonicenses han debido consolarse en la esperanza de la reunión gloriosa. Y hoy por hoy esta esperanza puede consolar los corazones nuestros también

5.1 al 11
El Día del Señor

Pablo trata ahora una dificultad adicional en cuanto a la segunda venida, que es la de cuándo se realizará. Ciertamente los tesalonicenses la habían expresado a Timoteo y él le había informado a Pablo. Así, el apóstol escribe aquí acerca de la oportunidad del Día, y no del Día en sí. El arrebatamiento de la Iglesia no es un tema de revelación en el Antiguo Testamento, ya que era un misterio en aquellos tiempos. “He aquí, os digo un misterio. No todos dormiremos …,” 1 Corintios 15.51.

En cambio, el Día del Señor (o de Jehová) sí fue revelado:

Isaías 2.12                           Joel 1.15
Isaías 13.9 al 11                  Amós 5.18                   Sofonías 1.14

Parece que el término abarca tanto juicio (la tribulación) como bendición (el milenio), dado que Dios intervendrá en los asuntos del mundo. El rapto, o el arrebatamiento, precederá a la tribulación y esta al milenio.

El comienzo del Día del Señor será como la llegada de un ladrón en la noche, v. 2. Uno no espera que llegue y por lo tanto no está aparejado para recibirle. De la misma manera, una destrucción repentina, irresistible y veloz, tendrá lugar cuando el mundo se siente seguro por sus propuestas de paz, v. 3, porque aquel evento marcará una gran división entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas.

Solamente los creyentes son los hijos de la luz y se les exhortan a vigilar y ser sobrios – o sea, deben estar en alerta y con un enfoque de mente equilibrado. Para mantener esta sobriedad, Pablo les insta a poner la coraza de fe y el yelmo, o casco, de la esperanza de la salvación, v. 8. La fe, la esperanza y el amor capacitan a los cristianos a ser sobrios y a pelear las batallas espirituales. Se hace entender aquí que uno debe portar esta protección en todo momento y estar siempre a la ofensiva. Al cristiano no le es permitido volver al pecado de sus tiempos de inconverso.

“La esperanza de la salvación” quiere decir que seremos salvos. La salvación se realizará plenamente sólo al ser quitado el pecado de un todo, cuando estaremos en la presencia del Señor. “Dios … nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte”, 2 Corintios 1.10. Por la muerte de su Hijo, Él nos ha designado a recibir la salvación en vez de la ira.  Debemos reconocer que el énfasis en nuestra salvación recae sobre Dios, quien nos ha “puesto” para recibirla. Así que, no nos tocará la ira asociada con el Día del Señor, y esta esperanza debe consolar y edificar a todos los creyentes hasta que Él venga, v. 11.

5.12 al 28
Pensamientos al concluir

Aquí Pablo discurre sobre las relaciones con los ancianos, con los creyentes y con los ajenos. Los ancianos deberían ser reconocidos como tales y tenidos en mucha estima con amor, vv 12, 13. Esto es debido a la labor difícil que desempeñan y las cargas pesadas que llevan en la asamblea. Si estos hombres reciben su debido respeto, entonces la asamblea se someterá a su dirección y sus admoniciones. En cuanto a nuestras relaciones interpersonales, se nos instruye en el v. 13 a estar en paz. No debe haber cismas en la congregación, porque anulan el testimonio.

Ahora encontramos cuatro exhortaciones a los creyentes: advertir a los turbulentos, sostener al que es espiritualmente débil, alentar a los de poco ánimo y ser sufridos para con todos. Son prácticas que deben estar evidentes en toda iglesia local. Observamos que la paciencia es para con todos, no sólo con los demás creyentes. También se nos manda a seguir lo bueno para con todos, no sólo con el pueblo de Dios.

En cuanto a la persecución, la exhortación es a estar gozoso siempre y orar sin cesar. El creyente debe estar siempre en una actitud de oración; su instinto en cualquier circunstancia es de orar. Cuando el rey le preguntó a Nehemías qué quería, éste, dice, oró al Dios del cielo. Pero, adicionalmente, cuando tenemos un asunto específico por el cual oramos, debemos persistir hasta recibir la respuesta. Este fue el ejemplo de Pablo en el capítulo 1.

La próxima exhortación es a no apagar al Espíritu Santo, porque parece que ellos veían de mal agrado cualquier manifestación del Espíritu. Aun tenían en poco la profecía – a saber, la exposición de la Palabra, bien como amonestación o bien como enseñanza acerca de la venida del Señor. Pero, dice en los vv 19 al 21, no toda manifestación debe ser aceptada, sino sólo las genuinas. Luego, los vv 22 al 24 hablan del proceso de ser santo. Es obra de Dios, y la oración de Pablo es que todo el ser de uno sea presentado irreprensible cuando la santificación se complete en la venida del Señor.

Pablo concluye con pedir que oren por él y sus compañeros, y exige solemnemente que la Epístola sea leída a todos para que todos tuvieran conocimiento de su mensaje. Él pide gracia para sus lectores a quienes ama tiernamente en el Señor.

Leyendo  día  a  día  en  2 Tesalonicenses

Arthur Shearman, Inglaterra
Day by day through the New Testament

Ver

Introducción

Pablo escribió su segunda carta a los tesalonicenses aproximadamente un año después de la primera. Aun cuando los críticos han intentado enfatizar las diferencias entre las dos epístolas, en su estilo y contenido hay mucha más evidencia que hace ver que son obra del apóstol a los gentiles. Es llamativa la semejanza en las dos salutaciones; ambas contienen un saludo de Pablo, Silvano y Timoteo, consiervos en el evangelio.

Ofrecemos un bosquejo de la Epístola:

Saludo y acción de gracias                        1.1 et seq

El juicio que se avecina                1.5

Oración por cumplimiento                        1.11

La manifestación del Anárquico   2.1

Palabras de consuelo y oración     2.13

Actuación ante el desorden                       3.6

Conclusión y bendición                3.16

La Epístola tiene tres temas principales:

  1. Consolación. Aparentemente no se había menguado, sino intensificado, la aflicción que experimentaba esta iglesia desde su inicio. En medio de sus tribulaciones Pablo quiere que reposen a la luz del evento final de juicio: la manifestación del Señor con los ángeles de su poder, 1.7. Les encomienda al consuela de Dios mismo, 2.16, 17, y desea que el Dios de paz les dé paz “en todo tiempo y de todos modos” (Versión Moderna), 3.16. La carta fue redactada para vendar las heridas de aquellos que sufrían.
  2. Corrección.  Ciertos problemas en Tesalónica requerían atención. Algunas personas estaban redactando comunicaciones engañosas como si fueran del apóstol, 2.2, 15, 3.17. Circulaba una enseñanza que la venida del Señor ya se había realizado y el Día del Señor había comenzado. La sección 2.1 al 12 trata específicamente de esto. Había entremetidos y turbulentos que andaban contrario a las tradiciones que fueron enseñadas previamente, y era preciso alejarse de ellos, 3.6 al 15.
  3. Confirmación. La Epístola estimula a los creyentes a continuar en lo que habían aprendido del apóstol y a ceñirse a las tradiciones que habían recibido, 2.17. En fin, está diseñada para establecer esta iglesia sana y creciente en los caminos del Señor.

capítulo 1
Palabras de consolación

En esta segunda carta a los santos en Tesalónica Pablo, en unión con sus colaboradores, saluda cariñosamente a aquellos que le eran amados en Cristo. Estaban “en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo”, lenguaje que no carece de significado. Había quienes estaban escribiendo con intenciones malas, afirmando que sus escritos eran de Pablo, 2.2, pero los tesalonicenses podían aceptar esta carta confiadamente como genuina. Cuán sabio era el apóstol al tratar los problemas de sus convertidos; era pastor prudente, digno de imitación.

El capítulo menciona tres puntos principales:

  1. 1. Él expresa beneplácito por el desarrollo espiritual de los creyentes, vv 3, 4. Esto era velar genuinamente por la grey, y donde podía dar gracias por progreso, lo hacía. Crecer en la fe, abundar en amor y aguantar la persecución, todo esto hacía constar una obra profunda de Dios en este pueblo que en un tiempo era pagano. Pero un cuidado pastoral abundaría en fruto duradero. Pablo no estaba conforme con convertidos no más, sino le complacía ver una iglesia en expansión.

 

  1. El apóstol quería consolar a los creyentes afligidos, haciéndoles conocer los propósitos de Dios, vv 5 al 10. Sus sufrimientos eran parte del justo proceder divino, y para ellos eran evidencia de ser contados dignos de participar en el reino de Dios. La manifestación del Señor Jesús en gloria es lo más sublime en ese plan divino y para aquellos que desobedecen el evangelio este evento anunciará su destrucción. Pero en aquel día Él vendrá también para ser admirado en todos sus santos.

Obsérvense, entonces, las dos etapas en la venida de Cristo: será por ellos, 1 Tesalonicenses 4; con ellos, 2 Tesalonicenses 1. Podemos regocijarnos en los propósitos seguros de Dios.

  1. Finalmente, Pablo les asegura a los creyentes de su oración constante, una evidencia del interés que tenía por ellos en sus circunstancias presentes. Él quería ver el cumplimiento de la obra de fe al inicio, por medio del poder de Dios. No bastaba que en el futuro Jesús sería glorificado en ellos, sino que oraba que el nombre del Señor Jesús fuese glorificado en ellos en el tiempo presente. De esta manera ellos serían vistos como dignos del llamamiento divino. ¡La oración es vital para el desarrollo continuo de la obra de Dios en los creyentes!

2.1 al 12
Palabras de corrección

Había problemas en Tesalónica y en este pasaje Pablo trata de uno muy serio. Al leerlo vemos cuán peligrosas pueden ser las impresiones erróneas.

Él comienza con una exhortación y es hermoso ver cómo lo hace. Les ruega, les suplica fervorosamente, por la venida (la paurosía, o presencia) del Señor Jesucristo y su reunión con Él (su congregación en torno de Él, Versión Moderna). Es interesante el método de énfasis que Pablo emplea, así como en Romanos 12.1 (os ruego por las misericordias de Dios), 2 Corintios 5.20 (os rogamos en nombre de Cristo) y 2 Corintios 10.1 (os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo).

Había dos aspectos al problema que los creyentes tenían por delante. Una gente, portadores de mala doctrina, decía escribir cartas en nombre de Pablo. Afirmaban que el Día del Señor estaba en curso. Pablo les exhorta a los santos a no dejarse mover fácilmente ni que se conturben. Posiblemente fue con esto en mente que terminó la carta con las palabras: “la salutación es de mi propia mano”, 3.17. Sus epístolas genuinas llevaban su propia firma. Notamos que por esta misma exhortación él está enfatizando que la venida del Señor era de esperarse aún; ellos van a congregarse en torno de Él, una confirmación deleitosa de que aquella venida era una certeza.

Él abunda sobre esto en los vv 4 al 11, señalando el factor tiempo. Nunca debemos olvidar que Dios tiene un cronograma. El Día del Señor, dice, no puede preceder una apostasía. “Lo que detiene” hoy día debe ser quitado antes de que se manifieste una anarquía final; por el momento la iniquidad está refrenada. Muchos entienden que es la Iglesia que está deteniéndola, y ella, por supuesto, será quitada en la venida del Señor. Es evidente que cuando el mal se manifieste plenamente, será una persona, el Anárquico, el Inicuo. Él emanará una arrogancia impía, actividades satánicas y toda influencia perversa. Pero su destrucción es segura, ya que el Señor le destruiré por la luz y la gloria de su presencia.

Cuán importante es para los creyentes ser establecidos en la verdad. Serán los que la han rehusado que creerán la “mentira” en los años del Anticristo. Es un pensamiento solemne reconocer que el Dios que envía su verdad es quien enviará el gran engaño para que crean “la mentira” aquellos que le han rechazado.

 

 

2.13 al 17
Palabras de confianza

El pasaje comienza con otra expresión de gratitud por los creyentes en Tesalónica. Hay un toque hermoso en lo que dice, ya que no da gracias a Dios por nada de lo que habían hecho por Él, ni por su respuesta a lo que Él hizo por ellos, sino que estaba pensando en ciertas evidencias de la obra de Dios en y por ellos, cosa que queda más allá de la intervención humana. Le dio gracias a Dios por su propósito maravilloso en ellos. “Debemos” dar gracias, dice, y ellos estaban en el deber de dar gracias a Él por ellos mismos. Eran hermanos amados en el Señor. ¿Puede usted encontrar una descripción superior a esta de la relación de los creyentes al Señor?

Él reflexiona sobre la elección de parte de Dios. Son escogidos para salvación y el misterio de aquella elección quedará para siempre sin explicación por ser resultado de una gracia soberana. Pero su propósito y fin es la salvación en su sentido más amplio y completo. Él considera también el reclamo, o derecho, de Dios sobre ellos, realizado por medio de la santificación del Espíritu y su fe en la verdad. Aquí hay un eco de las palabras del Señor Jesús en su oración por los suyos: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”, Juan 17.17. El Espíritu y la Palabra son las agencias que ponen aparte a los creyentes para Dios, en mente y vida. Pablo relacionaba estas ideas con el llamamiento de los tesalonicenses.

Ellos habían sido llamados a obtener la gloria del Señor Jesucristo. Conviene notar que esta es lo máximo del llamamiento efectivo de Dios. Así que Pablo, en el espacio de pocas palabras, vincula la Deidad con la bendición pasada, presente y futura de los creyentes. Nada sorprende que haya dado gracias a Dios por ellos.

Es contra este trasfondo que el apóstol les exhorta a la estabilidad en sus vidas. Habían sido enseñados ciertas verdades fundamentales, bien por ministerio directo de la Palabra o por carta apostólica, y era preciso que se quedaren firmes en ellas. Observamos que las tradiciones de la verdad, enseñadas sanamente e impartidas espiritualmente, son vitales a la firmeza y el bienestar espiritual.

Pablo les encomendaba al Dios que les amaba, reconociendo como suyas la consolación y la buena esperanza. Ciertamente Él no más podría establecerles en toda buena palabra y obra, y la confianza de Pablo en ellos no fluctuaba.

capítulo 3
Palabras de comando

El capítulo comienza con un llamado del apóstol pidiendo la comunión en oración de parte de sus convertidos. Nos hacen sentir el vínculo estrecho entre él y los santos en Tesalónica. “Oren por nosotros” es su lenguaje, especialmente a la luz de dos necesidades: primeramente que la Palabra prospere, y también que sea frustrada la oposición de hombres perversos y malos. No era demasiado que el apóstol pidiera esto de ellos, habiéndose entregado fervoroso e incesantemente a la oración por sus convertidos. No es que aquellos que se oponían eran hombres de poca fe, sino hombres que nunca habían recibido la fe. Nunca habían obedecido al evangelio. ¡Cuánto significaría la oración recíproca en esa situación!

Pablo no dudaba de la lealtad de los creyentes y estaba seguro que obedecerían su llamado y actuarían con base en sus palabras. Ha debido ser un estímulo para él contar con su fidelidad, no sólo a él sino al Señor también. Aquí podemos reflexionar sobre la necesidad fundamental de orar por los fieles siervos de Dios. Más de lo que podemos saber, ellos necesitan nuestro apoyo ante el trono de la gracia.

Llegando al final de su carta, el apóstol gira una orden sobre algo serio. Algunos creyentes andaban desordenadamente; así como una nave que ha perdido su rumbo, ellos eran una amenaza a otros que querían andar rectamente delante del Señor. Nos llama la atención lo enfático del v. 7: ustedes saben de que manera deben imitarnos. Como en tantas otras ocasiones se emplea a sí mismo como modelo de una conducta correcta. ¡Oh, la importancia de un buen ejemplo! La enseñanza sana siempre debe ser reforzada en la vida diaria.

Aquellos que causaban problemas eran entremetidos, carentes en utilidad. Quizás esta actitud se originó en un enfoque distorsionado de la verdad de la venida del Señor. Si fue así, es por demás triste. Hay ocasiones cuando debemos evitar influencias malsanas entre los hermanos, pero no en un espíritu de enemistad sino de amor fraternal.

Ciertamente es hermosa la conclusión de la Epístola. En el v. 5 Pablo se había referido a la paciencia de Cristo, y ahora en el v. 16 encomienda a los santos al Señor de paz, que les de a ellos paz en todo tiempo y de todos modos, como rezan algunas traducciones. A la luz de la enseñanza de la Epístola, estos son valores valiosos para conocer y disfrutar. Pablo escribió las palabras finales con su propio puño y letra.

La Segunda Epístola a los Tesalonicenses

John Heading, Reino Unido; ¿ – 1990

Assembly Testimony, 1982-83

Ver

 

I       La posición de la Epístola

II       El concepto que Pablo tenía de los cristianos     1.1 al 4

III       El Señor manifestado desde los cielos               1.5 al 9

IV       Bendiciones para los santos                              1.10 al 12

Introducción al Capítulo 2

V       Doctrina verdadera y falsa,
y el hombre de pecado                                 2.1 al 5

VI       El que detiene ahora                                          2.6,7

VII       La actividad del hombre de pecado                    2.8 al 12

VIII       La responsabilidad del creyente ahora                2.13 al 17

IX       La obra de Dios en los suyos                             3.1 al 8

X       El problema que tenían los tesalonicenses          3.6 al 15

XI       La conclusión                                                     3.16 al 18

 

I – La posición de la Epístola

 

Están llenas de interés profético las dos cortas epístolas de Pablo a los tesa-lonicenses. Sin embargo, antes de estudiar cualquier epístola de la Biblia, debemos considerar de cerca su trasfondo y objetivos, tomando nota de cuál sea su ubicación en las Escrituras. Específicamente, nos incum-be averiguar cómo cada carta de Pablo encaja con sus viajes misioneros descritos en Hechos de los Apóstoles.

De estas dos epístolas espigamos algunas lecciones que Pablo enseñaba en Tesalónica en su segundo viaje. Por ejemplo: “Estando con vosotros, os predicamos que íbamos a pasar tribulaciones”, 1 Tesalonicenses 3.4. Y, más llamativo es el 2.5 en la segunda carta: “¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto?” (O sea, que el hombre de pecado se presentará en el templo y se hará pasar por Dios). No hay indicio alguno de esta clase de enseñanza detallada en los primeros nueve versículos de Hechos 17, donde leemos de la estadía relativamente corta de Pablo en su segundo viaje.

En otras palabras, el apóstol expuso todos los aspectos de la doctrina a los recién convertidos, sea que Lucas los haya registrado o no en Hechos. Traemos a coalición su enseñanza sobre la cena del Señor. “Recibí del Señor lo que también os he enseñado”, 1Corintios 11.23. De esto nada leemos en Hechos 18.1 al 11, donde encontramos el relato de su primera visita a Corinto. Aprendemos, entonces, que los que tienen uno o dos años en la fe deben tener una buena base en todo aspecto de la verdad presentado en la normativa apostólica, y que esto abarca cuestiones de comunión y servicio en la asamblea además de instrucción en la profecía.

Pablo mismo era un hombre maduro en estas verdades. Tenía diez años de convertido cuando emprendió su primer viaje misionero, y pasaron seis más antes de encontrarse en Tesalónica en su segundo viaje. Fue poco después que escribió estas dos cartas a la asamblea joven.

Son instructivas las razones por los movimientos de este hombre en el servicio del Señor. Para guiarle, Dios empleaba lo que podríamos llamar medios personales, medios naturales y medios espirituales.

Por ejemplo, al comienzo de su segundo viaje, cuando le acompañó Silas, Pablo dijo: “Volvamos a visitar a los hermanos en toda las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están”, Hechos 15.36. Fue un ejercicio personal o particular. Haciendo esto mismo, encontró en Derbe a uno, Timoteo, que había sido convertido en su visita anterior. Este, de quien daban buen testimonio los hermanos, acompañó al apóstol, y las iglesias eran confirmadas en la fe, 16.5. El Espíritu prohibió un viaje hacia el oeste a Éfeso y otras partes del Asia, siendo esta prohibición un medio espiritual.

Sucedido esto, el apóstol fue guiado por otro medio espiritual, el cual fue la visión del 16.9: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”. Tan sólo vio la visión, pero enseguida Lucas y los demás emprendieron viaje a Macedonia. Llegaron a Filipos, la ciudad principal de la zona, donde vieron algunos convertidos y una asamblea formada. Hubo un alboroto; fueron internados; y se marcharon. Tomaron la carretera este-oeste, viajando a Tesalónica en la encrucijada con el camino norte-sur. Fue una circunstancia natural que les condujo a Tesalónica.

Pablo predicó en la sinagoga por tres sábados, exponiendo con base en las Escrituras que Cristo tenía que padecer y resucitar, y que el Jesús que él anunciaba era este Cristo. Algunos creyeron, incluyendo gran número de griegos y algunas mujeres nobles. La iglesia fue instruida, y en esta ocasión envió donativos a Pablo, como sabemos por Filipenses 4.16.

Debido a un alboroto provocado por los judíos, Pablo, Silas y Timoteo se trasladaron a Berea donde encontraron más estorbos. Fue ejemplo de otra circunstancia natural que guió sus movimientos, ya que leemos en el 17.15 que Pablo fue llevado a Atenas, aun cuando Silas y Timoteo no. Viendo que la ciudad de Atenas estaba de un todo entregada a la idolatría, Pablo mandó que estos dos le acompañasen. Mientras esperaba su ayuda, “su espíritu se enardecía”, 17.16.

Llegados éstos, el apóstol estaba preocupado por la iglesia en Tesalónica y la persecución que había en esa ciudad. Así, despachó a Timoteo “para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe, a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones”, como lo expresó en 3.1 al 4. Otro motivo fue que Timoteo le trajese noticias, “no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano”, 3.5.

 

 

Mencionaremos de paso que Timoteo fue enviado por Pablo en diversas diligencias también:

  • a Tesalónica, para consolar en tribulaciones, 1 Tesalonicenses 3.2;
  • a Corinto, para comunicar enseñanzas, 1 Corintios 4.17;
  • a Macedonia, para concentrarse en las necesidades de Pablo, Hechos 19.22;
  • a Filipos, para cuidar al pueblo de Dios, Filipenses 2.20;
  • a Éfeso, para confrontar a los que enseñaban mala doctrina, 1 Timoteo 1.3.

Leemos, entonces, en 1 Tesalonicenses 3.6 que Timoteo volvió para encontrarse con Pablo en Corinto, trayendo noticias de la fe y el amor de los creyentes; de sus recuerdos de Pablo y su deseo de verle; y de algunos problemas. Fue para aclarar una de las dudas que él, junto con Silas y Timoteo, escribió su primera epístola a los tesalonicenses.

 

En 1 Tesalonicenses 1 Pablo trae a la memoria la fe y el servicio de aquellos cristianos. En el Capítulo 2, su propio servicio y conducta entre ellos. En el 3, la visita de Timoteo y el regocijo que resultó de las buenas noticias recibidas. En el Capítulo 4 Pablo atiende al problema profético que ellos tenían; a saber, que los ya difuntos no serían incluidos en el rapto cuando el Señor venga para buscar a su Iglesia. El apóstol corrige esto al mostrar que los muertos en Cristo serán los primeros en ser levantados, inmediatamente antes de los que estén vivos sobre la tierra.

Finalmente, en el Capítulo 5 él explica que “el día del Señor” caerá sobre la humanidad en general pero no sobre la Iglesia. El día del Señor (“día de Jehová”) es un concepto vinculado con el Antiguo Testamento; la Iglesia no será involucrada. Se emplearon acontecimientos históricos relacionados con Asiria y Babilonia para ilustrar ese período futuro; véase Isaías 13.6,9. Se trata del tiempo de juicio divino que acaecerá antes de que el Señor venga en gloria a reinar.

En Hechos 18.5 Silas y Timoteo regresan de Macedonia. Tengamos claro que no es el regreso descrito en el 17.15 ni tampoco el de 1 Tesalonicenses 3.6. Al contrario, es posterior a la entrega de la epístola.

Cuando todavía en Corinto, Pablo recibió noticias más recientes de que los tesalonicenses tenían más dificultades de índole profética, ahora sobre este “día del Señor”. Ellos estaban recibiendo enseñanza falsa, basada en una supuesta carta escrita por Pablo. Esta teoría errónea afirmaba que la persecución que los tesalonicenses estaban experimentando significaba que el día del Señor había llegado.

Así, Pablo, Silas y Timoteo escribieron la segunda epístola para corregir esta segunda enseñanza errónea. El día del Señor no estaba tan cerca. (No es de confundirse el día de Cristo con el día del Señor. Del día de Cristo leemos también en Filipenses 1.6 y 2.16).

En el Capítulo 1 de 2 Tesalonicenses Pablo ve la persecución presente de los creyentes a la luz de la venida del Señor en gloria y juicio en el futuro. En el Capítulo 2 es imposible que el día del Señor acontezca en el tiempo presente, ya que se asociará con “el hombre de pecado” una vez levantada la Iglesia, y este “hijo de perdición” será destruido cuando el Señor venga en gloria. En el día presente Dios concede arrepentimiento por medio de su Espíritu, pero en el futuro, quitado ya el Espíritu, enviará un gran engaño; 2 Tesalonicenses 2.11. Este período futuro es de un todo distinto de las circunstancias presentes, como, por ejemplo, Apocalipsis 4 al 20 difieren de los primeros tres capítulos de ese libro. Finalmente, en 2 Tesalonicenses 3 Pablo trata del comportamiento del pueblo del Señor en el presente, mientras espera que el Señor venga a buscarles, 3.5. No se informa quién llevó esta epístola a Tesalónica.

Cuatro años más tarde, al final de su tercer viaje, Pablo despachó a Timoteo y Erasto de Éfeso hasta la provincia de Macedonia (la cual incluía Filipos y Tesalónica) para preparar su llegada. A Tito le envió a la vez a Corinto para traerle noticias de esa iglesia antes que viajara a Corinto a través de Macedonia. Así fue que llegó a Troas y Macedonia, reuniéndose con Tito. En esta ocasión Pablo escribió su segunda carta a los corintios para que les llegara antes que él. Hechos 19.22, 20.1, 2 Corintios 2.13

En Macedonia, él pudo recorrer aquellas regiones, visitando a los tesalonicenses. En los capítulos centrales de 2 Corintios, Pablo recuenta la liberalidad de los de Macedonia al proveer por los cristianos necesitados en Jerusalén. Hechos 20.2, 2 Corintios 8.1 al 5, Romanos 15.25 al 31. La razón fue que ellos a sí mismos se dieron primeramente al Señor.

A la vez, se glorió en la colecta de los corintios para los de Macedonia, 2 Corintios 9.1 al 5. Pero cuando los de Macedonia llegaron con Pablo a Corinto, ellos tenían que ver esta comunión hacerse realidad conforme a lo que Pablo había dicho. Así fue que el apóstol pasó tres meses en Corinto, como leemos en Hechos 20.2: “… llegó a Grecia. Después de haber estado allí tres meses …”

Ahora de nuevo él viaja a Macedonia en su regreso, acompañado de Aristarco y Segundo de Tesalónica. De Aristarco sabemos que era compañero de Pablo en Hechos 19.29; colaborador en Filemón 24; y acompañante del apóstol en la cárcel, Colosenses 4.10. ¡Es evidente que la asamblea de Tesalónica produjo algunos grandes servidores en la obra del Señor!

Posterior a estos acontecimientos, Pablo se encontraba preso durante cinco años en Jerusalén, Cesarea y Roma. Nada se dice de contacto con los tesalonicenses durante ese período, excepto que Aristarco acompañó a Lucas y Pablo en el barco. En libertad de nuevo, el apóstol visitó una vez más en Macedonia, dejando a Timoteo en Éfeso. Hubo amplia oportunidad para ministrar sobre temas proféticos en la asamblea de Tesalónica. Hechos 21.28, 27.2, 1 Timoteo 1.3

Demas abandonó a Pablo poco antes de morir el apóstol, cuando éste estaba preso de nuevo. Demas amaba este mundo; o sea, quería la libertad más que la comunión con Pablo en sus cadenas. Se fue a Tesalónica, 2 Timoteo 4.10. Sin duda llevó consigo noticias del apóstol, pero las Escrituras guardan silencio sobre cómo la asamblea le recibió.

 

 

II – El concepto que Pablo tenía
de los cristianos;
1.1 al 4

 

Quienes persiguen, serán perseguidos por Dios tarde o temprano. Los que dan expresión de su odio hacia el testimonio del pueblo de Dios no escaparán juicio, y este juicio se describe en 2 Tesalonicenses 1.5 como “justo”. Al no haber juicio por venir, tampoco habría necesidad de que Cristo muriera, pero no hay tal cosa como una salvación universal.

Todos desconfiamos en los pronunciamientos de hombres que se acomodan a ideas antibíblicas. Por el contrario, el tema del juicio debería dar a los creyentes un sentido de urgencia en su testimonio. Así, al estudiar esta epístola, dejemos que nuestras mentes paseen ampliamente por las Santas Escrituras, notando lo que dicen proféticamente el Señor, sus apóstoles y sus profetas, además del libro del Apocalipsis, acerca del juicio.

 

1.1 Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses
en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo:

En cualquier estudio detallado de una epístola, debemos examinar los caracteres que aparecen a lo largo de la misma. Pablo fue el autor principal de 2 Tesalonicenses, y por ser un apóstol tenía autoridad para recibir una revelación divina y transmitirla para instrucción y edificación. Nos conviene conocer los detalles de su vida: conversión, carácter, llamamiento, viajes, enseñanza y padecimientos experimentados sobre un lapso de aproximadamente treinta y dos años.

Silas [Silvano] figura por vez primera en Hechos 15.22, descrito como uno de los varones principales entre los hermanos en Jerusalén. Los apóstoles y ancianos le escogieron de entre su propio número para acompañar a Pablo en la entrega de una carta a Antioquía. Este evento, aparentemente de poca importancia, alteró todo el curso de su vida.

En particular, Silas era un profeta, capacitado para exhortar a los hermanos con abundancia de palabras. Pablo sabía que había arriesgado su vida por el nombre del Señor Jesús, y le escogió como acompañante en su segundo viaje en lugar de Bernabé. Temprano en este viaje él sufrió persecución. Ciertos enemigos del evangelio prendieron a Pablo y Silas y les echaron en la cárcel, donde oraron y cantaron alabanzas a medianoche; Hechos 16.32,26,40.

Más adelante encontramos a Silas con Pablo en Tesalónica, y los dos despachados de la ciudad de noche. En una ocasión posterior, fue convocado por Pablo a venir de Berea a Antioquía, y de allí volvió con el apóstol a Corinto; Hechos 17.4,10,15, 18.5. Fue en esta época que se asoció con Pablo en la preparación de las dos epístolas a los tesalonicenses. Posteriormente Pablo se acordó de su propio servicio junto con Silas en Corinto, y seis años después Pedro escribió que éste era un hermano fiel: 2 Corintios 1.19, 1 Pedro 5.12.

Timoteo había conocido las Escrituras desde su niñez. Fue salvo durante el primer viaje de Pablo, y el apóstol se refirió a él como su hijo en la fe; 1 Timoteo 1.2, 2 Timoteo 1.2, 3.15,
1 Corintios 4.17. Pablo le encontró de nuevo al comienzo de su segundo viaje, y Timoteo se quedó con el apóstol durante casi todo el resto de su vida; Hechos 16.1 al 3, 2 Timoteo 4.9.

La Epístola está dirigida a la iglesia de los tesalonicenses. El vocablo iglesia era una palabra corriente en esa época, significando cualquier grupo llamado aparte. Esteban habló en este sentido de la iglesia en el desierto, y también encontramos el término para describir una reunión de los varones de Éfeso; Hechos 7.38, 19.39,41.

A menudo los escritores del Nuevo Testamento tenían que dar un sentido nuevo y espiritual a palabras corrientes. ¡No inventaron términos nuevos! Como creyentes, sabemos que la palabra iglesia se refiere a la congregación o asamblea en una localidad que se ocupa en servicio y adoración en el nombre del Señor conforme a la Palabra suya. Hoy por hoy se ha degenerado en un sentido religioso, significando quizás un mero edificio. A veces en las Escrituras el vocablo se refiere a todo el conjunto de creyentes habidos a partir del día de Pentecostés. Debemos saber hacer contraste entre la iglesia que es su cuerpo en Efesios 1.22, 23; la iglesia de Dios que está en Corinto en 1 Corintios 1.2; y las iglesias de Galacia en Gálatas 1.2.

La Biblia nunca habla de la iglesia de un cierto país. Reconocemos que puede prestarse a confusión hoy en día el usar el pronombre la con las palabras iglesia o asamblea en el sentido local, ya que algunos pueden entenderlo como denominacionalismo.

Esta iglesia estaba “en Dios el Padre”, lo opuesto de estar en el mundo. El carácter divino estaba sobre los miembros y la actividad de esa asamblea local. Cual “iglesia de Dios” (expresión que encontramos en 1 Corintios 1.2), ellos eran posesión suya con su origen en una obra divina. Cualquier iglesia local sería lo opuesto de lo que Jesús describió como “de su padre el diablo”, y “sinagoga de Satanás”, Juan 8.44, Apocalipsis 2.9.

Además, solamente los creyentes pueden estar en contacto con Dios como su Padre. Es una relación bendita que se basa en la resurrección y en el Espíritu Santo, ya que el Señor dijo que ascendía a “mi Dios y vuestro Dios”, Juan 20.17. Pablo agregó, “en el Señor Jesucristo”, el que hizo posible esta relación con el Padre. Este título amplio del Señor figura diez veces en la epístola. En su condición de Señor Él tiene autoridad sobre su pueblo que constituye la iglesia; en su condición de Jesús es el Salvador de su pueblo; y, en su condición de Cristo es el ungido del cielo, con derecho al título de su divinidad.

 

1.2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre
y del Señor Jesucristo.

La gracia y paz forman una introducción característica de las epístolas. Pablo comenzó su primera carta a los tesalonicenses de esta misma manera, y 2 Timoteo también, aun cuando esta fue escrita doce años después de aquella. Desde luego, los tesalonicenses gozaban ya de la gracia y la paz. Parece que Pablo quería que les fuesen aumentadas.

La gracia encierra bendiciones no merecidas. Fue por la gracia de Dios que Pablo fue lo que era e hizo lo que hacía. Al no asumir más una posición religiosa según la ley, no desechaba la gracia de Dios; 1 Corintios 15.10, Gálatas 2.21. A la vez, el corazón precisa de la paz —la que da el Señor, y no el mundo— cuando los enemigos y peligros rodean al creyente. En el ámbito práctico, incumbe a los creyentes tener paz entre sí y seguir lo que contribuye a la paz; Juan 14.27, 1 Tesalonicenses 5.13, Romanos 14.19.

 

1.3 Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno,
por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno
de vosotros abunda para con los demás;

El apóstol no sólo oraría por el pueblo de Dios, sino que daría gracias a la vez. Es un indicio de cómo debemos considerar el uno al otro, reflexionando sobre qué agradecer en cada uno. Este ejercicio es típico de las epístolas de Pablo. Se comentaba su fe en el mundo entero, Romanos 1.8; estaban enriquecidos en toda palabra y ciencia, nada faltando en ningún don, esperando la manifestación de Cristo, 1 Corintios 1.5 al 7; eran el recuerdo constante del apóstol, Filipenses 1.3; abundaban en fe, amor, esperanza y fruto, Colosenses 1.3 al 8; había amor y fe “hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos”, Filemón 5. ¡Qué temas podrían ocupar nuestras oraciones, tanto en la asamblea como en privado! Bien podríamos estar dando gracias por todo esto, ya que son temas espirituales, pero nuestra tendencia en la oración suele ser hacia cuestiones materiales.

En este caso Pablo da gracias por la fe y el amor de los santos. En el 1.3 de la primera epístola él se acordaba de la obra de su fe, una combinación que figura también en Gálatas 5.6, “la fe que obra por el amor”, y en 2 Tesalonicenses 1.11, “toda obra de fe con su poder”. Se había cumplido esta solicitud, de manera que ahora puede dar gracias que la fe de ellos va creciendo. A saber, la sustancia en la cual creían se estaba manifestando en la práctica. En lenguaje de Isaías 37.31, estaban echando raíces hacia abajo y dando fruto arriba. Se estaban edificando sobre su santísima fe; Judas 20.

En 1 Tesalonicenses 1.3 Pablo había orado también por “el trabajo de vuestro amor”. La frase hace saber que el amor es dinámico y no estático. Así, Dios amó al mundo y dio a su Hijo; Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella. En el caso tesalónico, se habían contestado las oraciones de Pablo; su amor estaba activo de hecho y en verdad, 1 Juan 3.18. Dios no sería injusto, olvidando el trabajo de su amor, Hebreos 6.10. Por lo tanto, Pablo se ocuparía en dar gracias.

Él había orado también por su “constancia en la esperanza”, pero ahora no da gracias con respecto a esta tercera solicitud. (Compárese el 1.3 en las respectivas epístolas). Sólo podemos entender que va disminuyéndose el efecto de la esperanza bienaventurada en los creyentes si no guardan una acertada doctrina profética. En el caso presente, se había disminuido su expectativa de subir para encontrar a Cristo en el aire, producto de haber pensado que la tribulación que sentían ellos mismos correspondía a la terrible persecución que habrá en escala mundial en el “día del Señor”.

 

1.4 tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis.

Con todo, Pablo se gloriaría entre las asambleas por la paciencia y fe de estos tesalonicenses. Al hablar acerca de nuestros hermanos, muchas veces señalamos sus fracasos, debilidades, faltas, carencia de fe, o mundanalidad de vida y servicio. Más bien debemos verlos como revestidos en Cristo, produciendo algo del fruto del Espíritu.

¡Lo que decía el apóstol al gloriarse es algo parecido a un informe misionero! Él escribió a los corintios acerca de la liberalidad de los de Macedonia, y a estos en Tesalónica de la colecta realizada en Corinto. Pedro relató cómo Dios había abierto la puerta de la fe a los gentiles en Cesarea, mientras que Pablo informó a la asamblea en Antioquía de lo que Dios había hecho con ellos entre los gentiles. 2 Corintios 8.1 al 5, 9.1 al 4, Hechos 11.1 al 18, 14.27.

Su aprobación aquí versa sobre el desenvolvimiento de las “persecuciones y tribulaciones” que padecieron, temas que se vinculan a menudo en el libro de Daniel con asuntos proféticos. En estas experiencias estaban siguiendo las pisadas del Señor, quien predijo: “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán”. Y: “En el mundo tendréis aflicción”. Juan 15.20, 16.33. La anterior parece ser provocada por unos pocos, pero la postrera por muchos.

Conviene comentar aquí que esta persecución generalizada no es “la gran tribulación”. La consecuencia en los creyentes debe ser que nos gloriemos en las tribulaciones, ya que no nos separan del amor de Cristo, Romanos 5.3, 8.35. Es muy llamativo que Pablo prosiga indicando que estas tribulaciones son señal de un juicio por venir.

 

III – El Señor manifestado desde los cielos;
1.5 al 9

 

1.5 Esto es demostración del justo juicio de Dios,
para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios,
por el cual asimismo padecéis.

Las tribulaciones sufridas por los tesalonicenses a manos de sus semejantes constituyeron una demostración de que los hombres tendrían que sostener el justo juicio de Dios. No es que a los creyentes les agrade que esto tenga que suceder, sino que sus circunstancias actuales anuncien que así será. Lázaro, por ejemplo, no se alegró por estar el rico en el Hades, ni Pedro por saber de lo que le sucedió a Herodes. El Señor, por su parte, consideraba trágico que Judas fuese el hijo de perdición, y lloró sobre Jerusalén al reconocer que se acercaban sus días de juicio.

Esta demostración, o señal manifiesta, es prueba de que el juicio caerá. Además, todos los juicios de Dios son justos, aun cuando el que sea apenas religioso evaluaría las cosas de otra manera. En otra parte Pablo escribió sobre “el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”, mientras que un ángel proclamó que “Ciertamente … tus juicios son verdaderos y justos”. Romanos 2.5, Apocalipsis 16.7, 19.2

En 1.5 al 7 se describe la posición de los santos, mientras que en los versículos 6, 8 y 9 se traza la de los incrédulos. Ser “tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis”, no es hoy por hoy una condición para entrar en el reino, ya que el nuevo nacimiento lo efectúa, Juan 3.5. Más bien escribía Pablo de los privilegios alcanzados por medio de los sufrimientos. Esto se amplía en otras partes; sus sufrimientos dieron por resultado que ellos fuesen la esperanza, gozo y corona de que Pablo se gloriaba. Sufrir por él conduce a reinar con él; 1 Tesalonicenses 2.20, 2 Timoteo 2.12, Apocalipsis 20.4.

 

1.6 Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación
a los que os atribulan,

Por cierto, habrá en aquel día un intercambio de posiciones; la tribulación actual de creyentes conduce a la tribulación futura para hombres impíos. Parece que esto no aplica a “la gran tribulación”, Mateo 24.21, sino al tiempo del fin cuando el Señor venga en gloria, como en el 24.22. Es preciso captar la diferencia entre el lapso de tribulación y el propio regreso en gloria. Mateo 24 aclara esta distinción, empleando dos vocablos griegos que se traducen como “fin”.

Suntéleia no es una terminación, sino indica una serie de acontecimientos que coinciden para señalar el fin en sí. Los discípulos emplearon esta palabra cuando le preguntaron al Señor acerca del “fin del mundo”, Mateo 24.3. Los versículos 4 al 28 de ese capítulo describen aquel período, y corresponden a los capítulos 4 al 18 del Apocalipsis y a Daniel 9.24 al 27.

Télos. El Señor empleó este otro término al contestar: “aún no es el fin”, 24.6; perseverar hasta el fin, 24.13; “entonces vendrá el fin”, 24.14. Se trata de una culminación, y es el tema de 24.29 al 41, como también de Apocalipsis 19 y de Daniel 7.9 al 14.

Así, en nuestro versículo, el 1.6, “pagar con tribulación” se refiere al segundo de los dos que hemos visto; o sea, cuando el Señor venga en gloria, como en el 1.7. Se enfatiza de nuevo que el juicio es justo, y nosotros que somos salvos debemos llevar en mente que 2 Timoteo 4.8, al hablar del tribunal de Cristo, describe al Señor como el juez justo. Cuando en vida sobre la tierra, los hombres piensan que dominan; pero, cuando el Señor venga en juicio, hará ver quién es el que manda, y empleará su autoridad con justicia.

 

1.7 y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste
el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder,

¡Cuán favorecidos los santos! La suerte suya será lo opuesto de aquellas tribulaciones; los que ahora están atribulados tendrán reposo con el Señor. Él nos da descanso al alma, Mateo 11.29, aun ahora cuando nuestras circunstancias exteriores distan mucho de ser llamadas “reposo”. Pero nuestra posición será de pleno reposo cuando, en el rapto, seamos extraídos de la turbulencia.

Pablo agrega, “con nosotros”. Aun cuando había sufrido más que cualquiera —2 Corintios 11.23 al 33— no le sería asignada una posición especial; él va estar con los demás del pueblo del Señor, y ellos con él. Con todo, nuestro descanso en las alturas será enriquecido por el reconocimiento de que hemos sido salvos de la ira a desatarse cuando el Señor se manifieste desde los cielos con los ángeles de su poder.

Este será, sin duda alguna, el momento mayor en la historia universal, salvo aquel de la muerte, resurrección y ascensión del Señor. ¡Cuántas veces las Escrituras hablan de este acontecimiento! Para mostrar cuán abundantes son estas referencias, vamos a proporcionarle al lector una lista extensa, para que vea por sí mismo cuánto habla la Palabra de Dios de la venida del Señor en gloria.

(i) Las setenta semanas profetizadas en Daniel 9.24 al 27 conducen a este evento, trayendo ellas “la justicia perdurable”. Habría siete semanas, o 49 años, hasta la construcción del templo; sesenta y dos, o 434 años, hasta la remoción del Mesías; luego, posterior a la época de la Iglesia, otra semana, o siete años, hasta este punto culminante.

(ii) Vendrá el Redentor a Sion; ¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras! Isaías 59.20, 64.1. La gloria de Jehová entró en la casa por la vía de la puerta que daba al oriente, Ezequiel 43.4. Una piedra fue cortada, no con mano, He aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, Daniel 2.34, 7.13. Se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, Zacarías 14.1 al 4. Vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, Malaquías 3.1. Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder … El Señor está a tu diestra; quebrantará a los reyes en el día de su ira, Salmo 110.1 al 5.

(iii) Hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino [previo a la transfiguración], Mateo 16.28. No me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor, Mateo 23.39. Verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria, Mateo 24.30, Lucas 21.27.

(iv) Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, Mateo 25.31. Veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo, Mateo 26.64. Este mismo Jesús … vendrá como le habéis visto ir al cielo, Hechos 1.11. El día del Señor vendrá como ladrón en la noche, 2 Pedro 3.10.

(v) He aquí, que viene con las nubes, Apocalipsis 1.7. Has tomado tu gran poder, y has reinado, 11.15 al 18. Mete tu hoz, y siega, 14.14 al 20. Vi el cielo abierto, … se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea, 19.11 al 21.

¿Puede haber testimonio más claro de ese gran día de intervención divina, cuando se vindicará el Señor en la escena de su rechazamiento?

Adicionalmente, Pablo afirma que esta llegada se realizará “con los ángeles de su poder”. El Señor presentó la parábola de las ovejas y los cabritos “con todos los ángeles”, Mateo 25.31. Creemos que la nube que se menciona más de una vez con respecto a esta venida sea no tan sólo literal, sino que incluya a la vez los ángeles y los santos. La grande nube de testigos en Hebreos 12.1 acompañará al Señor, como también los ejércitos celestiales de Apocalipsis 19.14.

En otra parte Pablo escribió acerca de la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos, 1 Tesalonicenses 3.13, mientras que Judas hace saber que vino el Señor con sus santas decenas de millares, versículo 14. No será el pueblo suyo que efectuará los juicios sobre los hombres impíos en esa ocasión; esta será obra del Señor mismo, quien herirá las naciones con la espada aguda que sale de su boca, Apocalipsis 19.15. Los ángeles participarán, 14.19, conforme dijo el Señor: “Los segadores son los ángeles”, Mateo 13.39, 49. Además, ellos juntarán a los escogidos desde un extremo del cielo hasta otro; 24.31.

 

1.8 en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron
a Dios, ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesucristo;

La humanidad será dividida en tres clases:

(i) los que participaron en la batalla de Armagedón; Apocalipsis 16.13 al 16. La gran bestia política y el dictador mundial con sus ejércitos lucharán contra los gobernantes del resto del mundo, y contra Israel a la vez, Zacarías 14.2. Pelearán luego contra el Cordero cuando aparezca en ese momento en gloria, Apocalipsis 17.14. Parece que Apocalipsis 19.11 al 21 se refiere a esta clase: “He aquí un caballo blanco …”

(ii) las naciones —las ovejas y los cabritos— que no habrán participado en ese gran enfrentamiento; Mateo 25.32. Parece que de éstos trata Apocalipsis 11.17, 18: “Tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos …”

(iii) “los malos”, Mateo 13.49. Parece que de ellos se habla en Apocalipsis 14.14 al 20; “El que estaba sentado sobre la nube metió su hoz …”

“En llama de fuego” es una descripción espantosa de este juicio. Físicamente, lo ha habido antes, cuando fuego salió de la presencia de Dios para consumir a Nadab y Abiú, Levítico 10.12. El fuego en Sinaí dio a entender juicio al no guardarse la ley. El trono en Daniel 7.9 era “llama de fuego”, y “un río de fuego procedía …” El Señor mismo tendrá ojos de discernimiento como llama de fuego, Apocalipsis 19.12.

Estos versículos describen al Señor y su juicio, pero otros describen la postrimería de aquellos que reciben ese tratamiento. El cuerpo de la cuarta bestia “fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego”, Daniel 7.11. “Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre”, Apocalipsis 19.20.

Pablo describe esto como venganza, un pensamiento que no agrada a los teólogos que no son evangélicos. Sin embargo, la raíz de esta palabra figura diecisiete veces en el Nuevo Testamento, de manera que no se puede evitarla. “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”, Romanos 12.19. Se afirma esto de nuevo en Hebreos 10.30, con la añadidura: “El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”

Esta será la porción de personas descritas de dos maneras:

(i) “los que no conocieron a Dios: Los hombres deben conocerle, porque se ha revelado en la creación. Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles, de modo que no tienen excusa. Pero, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, Romanos 1.18 al 21. Así que, ni el pagano se ha quedado en ignorancia.

(ii) “[los que no] obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesucristo:” Son los que oyen el mensaje del evangelio pero resueltamente se oponen. El evangelio no conlleva de hecho la obediencia: “No todos obedecieron al evangelio”, Romanos 10.16. “¿Cuál será el fin de aquellos que no obedecieron el evangelio de Dios?” 1 Pedro 4.17. Los creyentes, en cambio,

son precisamente aquellos que sí lo han obedecido; Romanos 6.17, Hebreos 5.9, 1 Pedro 1.22.

 

1.9 los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos
de la presencia del Señor y de la gloria de su poder,

Se trata de un juicio a realizarse antes del milenio; la destrucción definitiva ante el gran trono blanco tendrá lugar posteriormente. La “pena de eterna perdición” mejor ha podido ser traducida como “sufrir justamente, destrucción eterna”. [“Pagarán la pena eterna de perdición”, es como figura en la Vulgata]. Pablo empleó esta palabra en su primera epístola, 5.3, al hablar de los que dicen “Paz y seguridad”, pero les sobreviene “destrucción repentina”. Esta también es una referencia al segundo advenimiento, pero parece ser el gran trono blanco que está a la vista en 1 Timoteo 6.9, donde las muchas codicias “hunden a los hombres en destrucción y perdición”.

La destrucción no es de confundirse con la aniquilación. Al ser destruida una cosa, sus partes o componentes existen aún. Sea este juicio anterior o posterior al milenio, se lo describe como eterno. El Señor había empleado la misma calificativa al anunciar el juicio de “los cabritos” en Mateo 25.46.

Esta destrucción será: (i) “de la presencia del Señor:” Él dirá, “Apartaos de mí, hacedores de maldad”, Mateo 7.23. Para el pueblo de Dios, será todo lo contrario: “Os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”, Juan 14.3. Así estaremos siempre con el Señor; 1 Tesalonicenses 4.17. (ii) “de la gloria de su poder:” O sea, de la gloria manifestada en juicio cuando establezca su reino. El infierno nada sabrá de esta gloria. Su salida en gloria se describe en Apocalipsis 19.11 al 16, y la exclusión de la misma equivale lo del 19.21: “Los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba a caballo”.

 

IV – Bendiciones para los santos;
1.10 al 12

 

1.10 cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos
y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto
nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros).

Pero Pablo deja rápidamente esta escena funesta, deseando hablar del contraste absoluto que será la suerte de los creyentes. Y serán muchos, ya que el testimonio ha sido creído; o sea, hubo buena respuesta al evangelio. ¡Qué momento de júbilo cuando Él sea admirado en todos los suyos!

Estrictamente hablando, debe ser glorificado y admirado en nosotros aun ahora. La humanidad ha contado con siglos para ver a Cristo en los suyos; en el futuro, el tiempo para esto será corto. Ha dicho: “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí …”, Juan 17.22,23.

 

Si este despliegue ante el mundo es débil ahora, en aquel día tendrá una manifestación plena. Los hombres se quedarán admirados de la gloriosa manifestación de Cristo en los suyos. Inmediatamente antes, el mundo se habrá asombrado ante la bestia, Apocalipsis 13.3, y aun Juan se quedó momentáneamente perplejo ante el misterio de la Babilonia, 17.6,7.

Aun los moradores del cielo que habrán ganado la victoria sobre la bestia y su imagen cantarán: “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso …”, 15.2,3. En los tiempos de los tesalonicenses, ese pueblo de Dios sufría persecución por su fe, pero en la ocasión futura de este juicio, los hombres se maravillarán al ver a Cristo en ellos, y al contemplar las obras suyas en ellos. Los postreros serán los primeros, y con gran recompensa.

 

1.11 Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros,
para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento,
y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe
con su poder,

Con estos contrastes en mente, el apóstol ora por aquellos creyentes. En los versículos 3 y 4, daba gracias siempre por ellos, y ahora intercede siempre a favor de ellos. En el 3.1, vamos a leer de las oraciones de ellos a favor de él. Esto es típico de varias de las epístolas, donde leemos de diversos aspectos de la oración. En este versículo notamos tres.

(i) Que Dios les tenga por dignos de su llamamiento. Esto no quiere decir dignos del futuro estado eterno, ya que la tal cosa viene por gracia, y nuestro valor depende más bien de Cristo. Al contrario, creemos que se refiere al sufrimiento ahora a causa del reino, como en el 1.5; o sea, que la persecución no les fuese quitada, sino que destacara lo mejor en ellos. El hecho es que los creyentes primitivos fueron llamados a sufrir injustamente, cosa que conduciría a la alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, 1 Pedro 2.21, 1.7. En aquellos tiempos los cristianos fueron contados dignos de sufrir reproche por el nombre del Señor Jesús; Hechos 5.41.

(ii) Que Dios cumpla todo propósito de bondad en ellos. Su voluntad brilla a través de todas las circunstancias, parezcan ellas agradables o no. En el caso de Pablo, el beneplácito divino condujo el apóstol a sufrir grandes cosas por el nombre del Señor, Hechos 9.16, pero él aprendió a conformarse con el estado en que se encontrara, Filipenses 4.11.

(iii) Que Dios cumpliera con poder toda obra de fe. Hemos visto en 1 Tesalonicenses 1.3 que “la obra de vuestra fe” era tema de las oraciones apostólicas, y que el desarrollo de la misma fue causa de agradecimiento; véase el 1.3 de esta epístola. En otras palabras, la fe de Abraham en Romanos 4 conduce a sus obras y fe en Santiago 2.14 al 26. Con todo, la fe que se manifiesta externamente en obras es eficaz sólo por el poder de Dios; poco vale en esto la fuerza de la criatura.

 

1.12 para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo
sea glorificado en vosotros, y vosotros en él,
por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

Estas aspiraciones en oración surten efecto para con Dios. Se glorifica en nosotros el nombre del Señor Jesucristo cuando se efectúa la obra de Dios en nuestra vida y servicio. Sugerimos que esta gloria a su nombre se logra ahora sobre la tierra, cual primicia de la gloria futura que tendrá en los suyos, 1.10. Si es así, no se trata de lo mismo que 1 Pedro 1.7, donde la

prueba de nuestra fe en el tiempo presente se hallará en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

 

En lo que se refiere a gloria producida por nuestras vidas y servicio ahora, podemos citar varias referencias: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto”, Juan 15.8. “… este donativo, que es administrado por nosotros para gloria del Señor mismo”, 2 Co-rintios 8.19. “Y [las iglesias] glorificaban a Dios en mí”, Gálatas 1.24. “… que seáis … llenos de frutos de justicia … para gloria y alabanza de Dios”, Filipenses 1.11.

Con todo, Pablo agrega y vosotros en él, tratándose de una reciprocidad de gracia. Como resultado de su obra en nosotros, Él nos ha dado gloria, Juan 17.22, una condición que es futura también, ya que somos, según 1 Pedro 5.1, participantes de la gloria que será revelada. Se puede ver en Isaías 28.5 y 62.3 esta idea bendita de una reciprocidad. Primeramente, “En aquel día Jehová de los ejércitos será por corona de gloria y diadema de hermosura al remanente de su pueblo”. Luego, “Serás corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo”.

Todo esto es un gran estímulo en tiempos de persecución, ya que conlleva consecuencias futuras. Aun así, en el capítulo siguiente de nuestra epístola se hace ver que la persecución en este tiempo no es la misma del terrible período que está por delante.

 

Introducción al Capítulo 2

 

La Biblia proporciona una gran esperanza para todo creyente, pero a la vez predice días terribles sobre esta tierra. La masa de la humanidad y sus líderes se quedan indiferentes ante el hecho de que Dios haya hablado, creyendo más bien que el futuro será muy positivo una vez que se venzan las dificultades nacionales e internacionales del momento. Ellos esperan paz y seguridad, 1 Tesalonicenses 5.3, creyendo que por la cooperación mutua puedan volver espadas en rejas de arado, Isaías 2.4, no obstante las palabras del Señor sobre guerras y rumores de guerra, Mateo 24.6,7.

Aun creyentes inmaduros pueden pensar que estas cuestiones proféticas no son asunto suyo, pero Pablo enseñó esta materia de una vez a los nuevos convertidos en Tesalónica, 2 Tesa-lonicenses 2.5. Por cierto, los tesalonicenses habían pensado que la venida de Cristo por ellos era su esperanza. Era de anticiparse, y sucedería en un abrir y cerrar de ojos, 1 Co-rintios 15.52, mientras que su venida con ellos sería para traer ira sobre los incrédulos, y no se lo anticiparía, 1 Tesalonicenses 5.2, por cuanto será como viene ladrón en la noche.

Al escribir a estos cristianos, Pablo trató varios temas:

  • Capítulo 1: Consuelo en la persecución; el fin de los hombres incrédulos
  • 2:1 al 12: Corrección en cuanto a doctrina; el fin del hombre de pecado
  • 13 al 17: El llamamiento por el evangelio
  • Capítulo 3: Consecuencias del evangelio: una falla en particular que debía ser vencida

Ellos han debido conocer ya estas verdades; Pablo se las había instruido una vez que esa gente creyó, y también les escribió sobre estos temas en su primera epístola. Si hoy día las enseñanzas suyas se ignoran o se tuercen en no pocos casos, así fue en ese entonces. Les corrigió en amor, y hace falta hacer lo mismo en estos tiempos.

Para comprender el trasfondo del futuro, tenemos que tener presente que prevalecerán cuatro grandes hombres / sistemas:

(i) la bestia política, descrita como la cuarta bestia en Daniel 7.7,8, 19.26, Apocalipsis 13.1 al 10. Esto se refiere a tanto el líder como a su reino. Era el imperio romano cuando el Señor estaba aquí, y será renovado de una manera distinta una vez trasladada la Iglesia.

(ii) el falso profeta, el anticristo, el hombre de pecado, siendo a la vez la segunda bestia de Apocalipsis 13.11 al 17. Es el líder religioso descrito en 2 Tesalonicenses 2, con sede en Jerusalén.

(iii) el misterio de Babilonia la grande, Apocalipsis 17.1 al 6, que representa la religión apóstata en su apogeo. Tendrá su sede en Roma y se extenderá por el mundo entero.

Conviene mencionar aquí que el (i) destruirá al (iii), Apocalipsis 17.16 al 18, pero luego el Señor destruirá tanto al (i) como al (ii), Apocalipsis 19.20, en la ocasión en que el (i) intentará pelear contra el Cordero, Apocalipsis 14, 19.19. Ahora proseguimos:

(iv) el rey del norte, Daniel 11.40, perteneciendo al resto de las naciones pero sin estar bajo el control de la primera bestia, el (i). Este “rey” subirá a “la tierra gloriosa” para la batalla definitiva del Armagedón.

El Capítulo 2 de 2 Tesalonicenses trata mayormente del (ii), quien es el hombre de pecado, el hijo de perdición. A lo largo de nuestro estudio, debemos hacer contraste entre la venida y el carácter de Cristo y detalles similares en el anticristo.

 

V – Doctrina verdadera y falsa,
y el hombre de pecado;
2.1 al 5

 

2.1 Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo,
y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos,

Esta rogativa tiene que ser entendida en su contexto. El escritor habla de (i) la venida del Señor por los suyos y de (ii) nuestra reunión con Él cuando venga. Su propósito es de mostrar que la Iglesia no puede pasar por los acontecimientos conocidos como “el día del Señor”, sino que cuenta con la esperanza bienaventurada de esa venida. Esta venida y esta reunión no forman parte de lo que él hablará en los versículos siguientes. El propósito de todo el capítulo es el de quitar confusión de la mente de los tesalonicenses, ¡pero muchos expositores hoy día enseñan cuestiones proféticas como si la confusión tesalónica fuera correcta!

Fue a la “venida” como la esperanza del creyente que el Señor se refirió al decir en Juan 14.3, “Vendré otra vez”. Los tesalonicenses habían sabido de esto, ya que Pablo les habló de “esperar de los cielos a su Hijo … quien nos libra de la ira venidera”, 1 Tesalonicenses 1.10. Al hablar así, no se refería a la condenación eterna, sino a la ira en el “el día del Señor”.

En nuestro versículo, la “venida” es la parousía, significando presencia (o, “estar al lado”) y cómo será posible que estemos juntos. “Nuestra reunión con él” alude a lo que el autor ya les había expuesto en el 4.17 de la primera epístola: “Seremos arrebatados … y así estaremos siempre con el Señor”.

 

 

(Desde luego, hay en las Escrituras otros encuentros, pero no vienen al caso aquí. Se juntarán los escogidos de Israel, Mateo 24.31, Ezequiel 11.17, Zacarías 10.10. Habrá una reunión para juicio; Ezequiel 22.18 al 22, Mateo 13.40,41, 25.32. Y, hay en el día de hoy la reunión de la asamblea local, Mateo 18.20, Hechos 12.12, 14.27, 20.6).

 

2.2 que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar,
ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra,
ni por carta como si fuera nuestra,
en el sentido de que el día del Señor está cerca.

Semejante esperanza conforta e instruye el corazón en momentos de dificultad, tragedia y persecución. Pero, hay métodos falsos que maestros ilegítimos emplearían para introducir insidiosamente doctrina errónea que neutraliza esta esperanza. Aquí se describen estos métodos como espíritu, palabra y carta.

(i) “por espíritu:” a saber, por el inicuo que trabaja en los corazones humanos. ¿Puede haber el peligro de recibir “otro espíritu que el que habéis recibido”, 2 Corintios 11.4, o sea, uno de otro tipo que aquel que uno recibió al ser salvo? Sí; abunda ahí en el mundo de incredulidad “el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”, Efesios 2.2. En el futuro, algunos harán caso de “espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”, 1 Timoteo 4.1.

Se nos exhorta a no creer “a todo espíritu … porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”, 1 Juan 4.1 al 3. Leemos, otra vez con referencia al futuro, de “tres espíritus inmundos a manera de ranas”, Apocalipsis 16.13,14. De veras, tan sólo el Espíritu Santo conduce a toda verdad.

(ii) “por palabra:” a saber, por engaño en la predicación y enseñanza, siendo ésta la técnica más común hoy día. Leemos varias veces de hombres oponiéndose al apóstol Pablo y su enseñanza. Algunos difundieron informes falsos, afirmando que decía, “Hagamos males para que vengan bienes”, Romanos 3.8.

El apóstol sabía que algunos de los ancianos en Éfeso hablarían cosas perversas, Hechos 20.30. Había quienes querían pervertir el evangelio de Cristo, Gálatas 1.7, llevados por doquiera por todo viento de doctrina, empleando con astucia las artimañas del error, Efesios 4.14. Se tratan de filosofías y huecas sutilezas, Colosenses 2.8, aun afirmando que la resurrección ya se realizó, 2 Timoteo 2.18.

(iii) “por carta”, como si fuera de Pablo. Se había falsificado una epístola, posterior a 1 Te-salonicenses. Más adelante se emplearía este método con cierta frecuencia. Varios evangelios y epístolas llegaron a constituir lo que se llama ahora El Nuevo Testamento Apócrifo, y existen en estos tiempos biblias falsas con traducciones ilegítimas y varias añadiduras que las hacen aparecer como genuinas. Nuestra certeza está tan sólo en “Escrito está”, refiriéndose esta frase en primera instancia a citas en el Nuevo Testamento de lo dicho en el Antiguo.

Vamos a notar de paso que cuatro veces en 2 Tesalonicenses se emplea esta misma palabra carta (“epístola”): en el 2.2, “ni por carta como si fuera nuestra;” en 2.15, “habéis aprendido … por carta nuestra;” en 3.14, “lo que decimos por medio de esta carta;” y en 3.17, “el signo en toda carta mía”.

Los maestros falsos estaban diciendo más de que el día del Señor estaba cerca; decían que ya estaba presente. O sea, ellos afirmaban por su falsa epístola que la persecución de la Iglesia en ese entonces correspondía a la época terrible del día del Señor. De que ese “día” se

caracterizará por persecución, bien sabemos:

  • He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir
    la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores, Isaías 13.9.
  • Tocad trompeta en Sion, y dad alarma en mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano. Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra …, Joel 2.1,2

 

2.3 Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá
sin que antes venga la apostasía, y se manifieste
el hombre de pecado, el hijo de perdición,

Pablo buscaba mostrar que la enseñanza recibida era falsa, y que los tesalonicenses no deberían dejarse engañar en cuestiones proféticas. Este peligro se comenta en el Antiguo Testamento y en el Nuevo, debido a que Satanás quiere torcer la verdad. El Señor comenzó su discurso profético con la advertencia: “Mirad que nadie os engañe”, Mateo 24.4. Muchos vendrían diciendo, “Yo soy el Cristo;” y, si fuere posible, engañarían aun a los escogidos, 24.24.

Pablo contemplaba a aquellos que manejaban la Palabra de Dios con decepción, sabiendo que eran falsos apóstoles, obreros fraudulentos, 2 Corintios 11.13, pero por su parte él no andaba con astucia, “ni adulterando la palabra de Dios”, 4.2. En la última de sus cartas, advertiría que los malos hombres y engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados, 2 Timoteo 3.3.

Juan diría: “Muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo”, 2 Juan 7. Este (anticristo) es el epitafio del falso profeta, “que había hecho … las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia”, Apocalipsis 19.20.

¡Cuán necesario es que aun nosotros hoy día basemos nuestra doctrina sobre un fundamento firme!

Estos falsos profetas no reconocieron que ciertos acontecimientos tendrán que realizarse antes del día del Señor, pero no pueden mientras la Iglesia esté sobre la tierra. Primeramente tienen que manifestarse tanto la apostasía como el hombre de pecado, pero no pueden mientras el Espíritu Santo detenga durante esta época de la Iglesia.

Pablo no se refería a una apostasía general que ha existido a lo largo de siglos, como por ejemplo la condición descrita en Romanos 1.19 al 21: “… habiendo conocido a Dios … se envanecieron en sus razonamientos”.

Él habla más bien de la apostasía, una condición peor que cualquiera anterior. El hombre de pecado fomentará una rebelión religiosa, induciendo a los hombres a la adoración de la primera bestia (la política), quien a su vez traerá fuego del cielo, engañará a la humanidad, dará vida a la imagen de la bestia, e impondrá la marca de la bestia sobre la frente de sus súbditos. Apocalipsis 13.11 al 17.

Es de aprobarse esta traducción [v.g., la que tenemos en la Reina-Valera]: la apostasía, como también la de Apocalipsis 7.14, donde leemos de la gran tribulación. Esa tribulación también será única en su género, y bien la describe Daniel 12.1 como “tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente”.

Este hombre de pecado se caracterizará por pecado blasfemo, buscando exaltarse como hizo Satanás cuando, llamándose Lucero, intentó hacerse como el Altísimo; Isaías 14.12 al 15. Pero, siendo hijo de perdición, está destinado para destrucción eterna. Cual hijo de, se le tipificará una actividad que conducirá a la destrucción. Dieciséis veces se emplea el vocablo en este sentido, como por ejemplo en 2 Pedro 3.7, “el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos”.

Aparece sólo una vez más el título hijo de perdición, y es con referencia a Judas. Véase la oración del Señor en Juan 17.12. Por esto algunos han sugerido que la segunda bestia, el hombre de pecado, será Judas en reencarnación. Sugieren también que la primera bestia será Nerón, como se decía en Roma después de la muerte de ese tirano. Estas ideas carecen de autoridad bíblica.

Otros nombres dados al hombre de pecado, el hijo de perdición, son:

  • el rey [que] se ensoberbecerá, Daniel 11.36
  • el pastor inútil que abandona el ganado, Zacarías 11.17
  • otro que vendrá en su propio nombre, Juan 5.43
  • el inicuo, 2 Tesalonicenses 2.8
  • anticristo (o sea, el anticristo; también hay “los anticristos”, o falsos profetas) 1 Juan 2.22
  • el falso profeta, Apocalipsis 16.13, 19.20.

 

2.4 el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios
y es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.

 

Estamos ante uno de los versículos más sombríos del Nuevo Testamento, y es una descripción adicional del hombre de pecado.

Habla de la actitud que él tiene hacia la religión formal de su tiempo, y hacia el Dios verdadero. En cuanto a la religión, la rechazará y tomará para sí el templo. En cuanto al Dios verdadero, el hombre de pecado le rechazará por querer asumir para sí este honor. Hablando con propiedad, nuestro versículo es una continuación de los títulos en el anterior, para tildarle de “opositor” y “exaltador de sí”.

El verbo reflexivo se opone figura unas ocho veces en el Testamento, a veces en otra forma. Estando aquí el Señor, se le opusieron adversarios porque sanaba en el día sábado; Lucas 13.17. En la dispensación actual, dice Pablo en 1 Corintios 16.9: “muchos son los adversarios” al evangelio. Y, en 1 Timoteo 1.10 leemos de “cuanto se oponga a la sana doctrina”.

Viendo de nuevo hacia el futuro, parece que este hombre se opondrá a la falsa religión también, tal como la que se llama el misterio de Babilonia. En otras palabras, la exaltación propia constituirá su ambición suprema de estar por encima de sus semejantes en toda esfera: política, religiosa y social.

Queriendo exaltarse, será lanzado abajo, aun al lago de fuego; Apocalipsis 19.20. Queriendo ser Dios, será seguidor de Satanás, o el Lucero que una vez quería ascender al cielo: “En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono …”, Isaías 14.13. ¡Qué contraste con el Señor Jesucristo, el que se humilló aun hasta la muerte, y fue exaltado por Dios con un nombre por encima de todo nombre! Filipenses 2.6 al 11.

Al levantarse contra todo lo que se llama Dios, este hombre dominará la mera religión formal. Aun en estos tiempos hay muchos que se llaman dioses; en 1 Corintios 8.5 se habla de muchos dioses y muchos señores. Claro está que los habrá en el futuro, pero éste querrá abolirlos, colocándose por encima de todo lo que es objeto de culto (o veneración). Nos hace recordar el caso de Atenas, “mirando vuestros santuarios”, Hechos 17.5, o de los paganos en Romanos 1.25, “honrando y dando culto a las criaturas”.

Él se sentará en el templo. En el Nuevo Testamento se emplean dos palabras griegas para templo. Una de ellas se refiere a la totalidad de los atrios y edificios; o sea, lo que se veía desde afuera. Allí enseñaba nuestro Señor. La otra se refiere al santuario adentro; o sea, el interior, donde se realizaba el culto sacerdotal. El uso de esta palabra aquí da a entender que habrá un santuario judío en el tiempo futuro, y que el hombre de pecado penetrará hasta el recinto interior.

En el Antiguo Testamento el recinto de más adentro fue profanado por ídolos, pero en el tiempo por venir será corrompido por hombre. Fue en el templo en este sentido que Judas echó a tierra las treinta piezas de plata, Mateo 27.5, haciéndonos entender que él también penetró a donde no ha debido estar. El Señor profetizó que la abominación desoladora sería erigida en el lugar santo, correspondiendo ésta a la imagen o ídolo de la primera bestia que levantará el hombre de pecado; Apocalipsis 13.14,15.

Nuestra traducción afirma que éste se sentará en el templo de Dios como Dios, aun cuando estas dos últimas palabras se omiten de muchas traducciones. De todos modos, se hará pasar por Dios. Los hombres han intentado esto muchas veces, y entre ellos algunos pontífices de Roma. Pero esta será la osadía suprema, salvo la de Satanás en Isaías 14.14. Trágicamente, la gente se ha mostrado dispuesta a creer esta clase de engaño. A veces se le hace al impostor un héroe, como en el caso de Herodes: “¡Voz de Dios, y no de hombre!” Hechos 12.22.

Aquí encontrarán su máxima expresión las palabras de Cristo, cuando habló en Mateo 24.24 de falsos Cristos con sus grandes señales y prodigios. El pueblo aceptará al anticristo, cegado ya para creer la mentira, 2 Tesalonicenses 2.11. Cabe observar que el bendito Señor jamás hizo gala de su deidad, manifestando más bien al Padre. Este hombre de pecado será, en cambio, de un todo egocéntrico.

 

2.5 ¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros,
os decía esto?

En este punto Pablo interrumpe su exposición, señalando la necesidad de recordar ministerio habido y su enseñanza sobre este tema. Nos hace ver que el ministerio debe ser informativo, instructivo, interesante, acertado y convincente. Debe ser tal que pueda ser recordado, alcanzando tanto el corazón como la mente, para que se quede con uno. Las exposiciones aburridas e insípidas no surten efecto. Las palabras del Señor llenaban estos requisitos, y una consecuencia fue que los dos varones de Lucas 24.6 podían decir, “Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea”.

En sus dos epístolas a los tesalonicenses, Pablo insistió en la necesidad de recordar los ministerios recibidos, tanto hablados como escritos. Así escribió:

 

 

  • Os acordáis, hermanos … os predicamos el evangelio de Dios; Estando con vosotros,
    os predecíamos, de la manera que aprendisteis de nosotros …; de la manera que os hemos mandado; 1 Tesalonicenses 2.9, 3.4, 4.1, 4.11
  • Retened la doctrina que habéis aprendido; Cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto; 2 Tesalonicenses 2.15 (véanse también 1 Corintios 11.2 y 15.2), 3.10.

Parece que el provecho de un ministerio se prueba por sus manifestaciones más adelante en la vida de los oyentes.

 

 

VI – El que detiene ahora;
2.6,7

 

2.6 Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que
a su debido tiempo se manifieste.

Pablo vuelve al tema del hombre de pecado en los versículos 6 y 7, mostrando que éste no puede manifestarse ahora, antes del día del Señor, porque hay un impedimento; a saber, “lo que detiene”. Este verbo detener se traduce de diversas maneras: apoderarse, retener, ocupar, tener, enfilar, sujetar y poseer. En Hebreos 10.26, por ejemplo, leemos, “Mantengamos nuestra confianza”. En el versículo que nos interesa, la detención es con el fin de prohibir al hombre de pecado hacer lo suyo. Por cierto, ni se revelará hasta que el impedimento sea quitado. Apocalipsis 13.6 nos informa de su manifestación.

Ahora, tan sólo la Deidad puede restringir así. El mero hombre, aun siendo creyente, no puede resistir semejante fuerza satánica; el hombre no puede siquiera detener hoy día el avalancha de anarquía. Quien detiene a la bestia es el Espíritu de Dios, presente Él mismo, y obrando a la vez en el mundo a través del pueblo del Señor cual sal de la tierra. Ese pueblo es un preservativo contra la plena manifestación de ese hombre antes de “su debido tiempo”.

Él no puede presentarse antes del momento prometido. (Acordémonos que el Señor no podía ser crucificado hasta que llegara su “hora”). En el orden de Apocalipsis 13, este tiempo será inmediatamente después del surgimiento de la bestia política, el dictador quien subirá del mar para dominar al reavivado imperio romano.

 

2.7 Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad;
sólo que hay quien al presente lo detiene,
hasta que él a su vez sea quitado de en medio.

Un “misterio” es algo escondido hasta ser manifestado. Por ejemplo, “el misterio de la piedad”, 1 Timoteo 3.16, era la vida de Cristo, desde la ocasión de su manifestación hasta ser recibido arriba en gloria. Una vez cumplido todo, aquella vida santa dejó de ser un misterio en el sentido bíblico del término.

Este misterio de la iniquidad es un misterio ahora, por cuanto no ha sido revelado, ni puede ser en esta época de la Iglesia. No obstante, el proceso está actuando de una manera elemental. El botón aparece ahora, y la flor se verá más adelante.

 

Aun en este tiempo, la energía escondida de Satanás mezcla error con verdad, y aparentemente todo en el nombre de Cristo. Según el apóstol Juan, aquellos que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne, manifiestan, aun en esta época, el espíritu del anticristo. Él explica, 1 Juan 4.3, que este espíritu viene, pero a la vez ya está en el mundo. Muchos anticristos (“falsos profetas” es el término en el 4.1) han salido por el mundo, demostrando que ya es el último tiempo, 2.18, y así vendrá el anticristo en una ocasión futura. Pablo examina en algunas de sus epístolas, tales como 1 Corintios, Gálatas y Colosenses, el espíritu de confusión religiosa que impera actualmente.

Pero por el momento el botón no da paso a la flor; el que detiene no ha sido quitado de en medio. Cuán agradecidos debemos estar que haya Uno que detenga, porque de otra manera el testimonio estaría anonadado. ¡Mayor es el que está en nosotros, que el que está en el mundo! (1 Juan 4.4) El Espíritu en los creyentes sobrepasa por mucho a Satanás en el mundo, y no debemos subestimar su presencia ni su obra en los suyos, y cómo éstas impactan sobre el mundo.

Esto no parece referirse a la obra, el testimonio y el ejemplo del pueblo de Dios en sí, porque somos débiles en comparación con el poder de la incredulidad. Más bien, este freno es la poderosa influencia invisible del Espíritu. Estando el Señor en el mundo, los hombres querían matarle, pero no les fue permitido hasta el momento prefijado. “Entonces procuraban prenderle; pero ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora”, Juan 7.30. En otras palabras, ¡había un impedimento que ellos no sabían explicar!

Y, así será “hasta que él a su vez sea quitado de en medio”. Tal vez parezca extraño que haya habido controversia sobre el sentido de esta frase, más de todo de parte de aquellos que rehúsan ver que el juicio debe preceder la constitución del reino de Cristo sobre la tierra.

Una traducción literal —es decir, palabra por palabra— sería: “hasta afuera de en medio él esté”. Algunos entienden, entonces, “hasta que la anarquía se desarrolle de entre esto”, o, “hasta que el misterio aparezca a plena vista”. O sea, ellos no reconocen en la frase la idea de que el Espíritu sea quitado, para no seguir deteniendo, cuando la Iglesia vaya a estar con el Señor. Pero todo el argumento de Pablo es que la mano detenedora de Dios se quitará, y que esta circunstancia permitirá que los muchos hagan lo suyo.

Las palabras griegas para de en medio figuran varias veces en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, los ángeles “apartarán a los malos de entre los justos”, Mateo 13.49. Para otros ejemplos, véanse Hechos 17.33, 1 Corintios 5.2, 2 Corintios 6.17 y Colosenses 2.14. Es cierto, sin embargo, que esta frase griega no figura en otra parte del Testamento con el verbo pasar a ser.

Con todo, el señor William Kelly, en su exposición sobre estas epístolas a los tesalonicenses, cita a varios escritores clásicos que emplean la misma construcción gramatical en el sentido de ser removido, y no en el sentido de desarrollarse. Estamos sobre buena base, entonces, al creer que “de en medio” se refiere al rapto, y que la aparición del hombre de pecado seguirá ese evento.

Nada nos extraña, pues, que el Espíritu figure prominentemente en Capítulos 2 y 3 del Apocalipsis, donde están los mensajes para las iglesias, pero no así después de Capítulo 4. La razón es que la Iglesia ya ha sido quitada, y a partir de Capítulo 6 el mal está en pleno desarrollo, ausente ya la Iglesia de sobre la tierra.

 

 

VII – La actividad del hombre de pecado;
2.8 al 12

 

En esta sección, concluiremos nuestros comentarios sobre la descripción que Pablo da del hombre de pecado. El versículo 8 es una declaración general acerca de su manifestación y destrucción. El 9 trata de actividades suyas y el 10 del efecto sobre los hombres. Dios le permitirá actuar por un tiempo, 2.11, pero intervendrá oportuna-mente, 2.12.

 

2.8 Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con
el resplandor de su venida;

Este inicuo, un hombre sin ley, será revelado o descubierto una vez quitado Aquel quien por ahora le detiene. Apocalipsis 13 muestra que no habrá impedimento una vez que salga de la tierra el anticristo. Es interesante notar que la palabra manifestar, empleada con tanta frecuencia en el Nuevo Testamento, figura sólo una vez para dar a entender el descubrimiento de algo malo. A éste se le llama inicuo (“perverso”) por las descripciones dadas aquí y en Apocalipsis 13.11 al 17.

Se presentará como exento de la ley de Dios, aun cuando esa ley existirá todavía. Él obligará a los hombres adorar a la bestia política en vez de a Dios. Es más, esta palabra perverso figura siempre en el Testamento en el plural, como en Marcos 15.28 cuando nuestro Señor fue “contado con los inicuos”. Solamente aquí figura el término en el singular, proporcionando una descripción única de este personaje vil.

Los editores del texto griego nos informan que debería ser más amplio el título dado al Señor en este versículo; a saber, el Señor Jesús. Ningún reinado de santidad será posible antes que venga el Señor Jesús en gloria y juicio, cuando los santos le acompañarán desde el cielo y las dos bestias serán lanzadas al lago de fuego. Este advenimiento se describe como el resplandor de su venida, o sea, “la manifestación de su estadía (parousía)”

El término parousía no se refiere tan sólo a su venida por los suyos (como en 1 Corintios 15.23, 1 Tesalonicenses 4.15 y 2 Tesalonicenses 2.1), sino también a su regreso con ellos en gloria (como en Mateo 24.27); el contexto debe decidir la ocasión. Fácilmente se explica esta dualidad cuando nos damos cuenta de que la palabra quiere decir “presencia” (como en Filipenses 2.12).

Y, por su parte, la palabra traducida resplandor es, técnicamente, epifáneia, un vocablo que Pablo emplea cinco veces en sus epístolas pastorales como evidencia de cuán preciosa la idea le era hacia el final de su vida. Se lo emplea con referencia al primer advenimiento del Señor: “la aparición de nuestro Salvador”, 2 Timoteo 1.10; a su venida por los suyos: “hasta la aparición de nuestro Señor”, 1 Timoteo 6.14; y, a su venida en gloria: “el resplandor de su venida”, 2 Tesalonicenses 2.8. De nuevo, el contexto decide a qué ocasión se refiere.

El juicio será “con el espíritu [aliento] de su boca”. Este no es el mensaje del evangelio que ahuyenta la oscuridad para que el reino se ensanche. Más bien, es el medio de destrucción y remoción. Es la palabra de Dios en juicio que efectuará esta limpieza. Sus terrores se aprecian en una descripción similar en Isaías 30.33: “el soplo de Jehová, como torrente de azufre, lo enciende”. En otras palabras, el aliento suyo dio el comienzo —Génesis 2.7— y el aliento suyo marcará el fin. En Apocalipsis 19.15 el medio de juicio se describe como una espada aguda que sale de su boca.

 

2.9 inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás,
con gran poder y señales y prodigios mentirosos,

Ahora se trata el advenimiento —parousía— del hombre de pecado, cosa que sucederá en la semana setenta de Daniel 9.24 al 27. (Habría sesenta y nueve semanas hasta quitarse la vida al Mesías, después del cual comenzaría la época de la Iglesia, y luego la semana setenta que comienza después del rapto). En el Nuevo Testamento se emplea seis veces la palabra parousía en diferentes contextos en relación con los siervos del Señor, y las demás veces con respecto a Cristo, excepto esta vez cuando se refiere al hombre de pecado. En otras palabras, hay un contraste singular entre este suceso y la presencia del Señor de la cual se habla en los versículos 1 y 8.

La obra de Satanás constituirá el origen y la base de su actuación. He aquí un contraste absoluto con el poder de Dios en Cristo y en nosotros: la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, el poder que actúa en nosotros, Efesios 1.19,20, 3.20.

En el día de hoy, en cambio, es el espíritu del príncipe del poder del aire que opera en los hijos de desobediencia, 2.2. En el futuro, esto se multiplicará con gran poder y señales y prodigios mentirosos. Sin duda, los prodigios hacen maravillar la mente, mientras que las señales contienen un mensaje detrás del despliegue exterior. El Señor Jesús había advertido que esta actividad prevalecería, ya que falsos Cristos y falsos profetas harán grandes señales y prodigios, Mateo 24.24. Encontramos en Apocalipsis 13.12 al 14 grandes señales cuando la segunda bestia obtiene su poder del dragón.

 

2.10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden,
por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.

Este versículo muestra los efectos de esta actividad sobre la humanidad, y declara por qué los hombres se engañan.

(i) Porque no reciben el amor de la verdad para ser salvos. Leemos en el versículo 12 que se complacen en la injusticia, rechazando la verdad. Estos corazones desprovistos de Cristo, llenos de Satanás, se encuentran expuestos a toda influencia de afuera; por ser demasiado tarde, ellos no pueden defenderse.

Por lo tanto, son los que se pierden, siendo este el estado actual de los tales aun en vida. La paciencia de Dios para con la humanidad llega a su fin, como en los días de Noé. Parece que durante el día del Señor aquellos que se prestan para las actividades del anticristo se encuentran más allá de la posibilidad de ser salvos. La apostasía produce hombres que perecen.

(ii) Al contrario, reciben todo engaño de iniquidad. A lo largo de las edades, los hombres se han prestado al engaño: los magos de Faraón engañaron a los egipcios, con el resultado que se pensaba que algunas de las plagas no eran obra divina; Simón había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande, y ellos estaban dispuestos a creerle, Hechos 8.9 al 11.

En cuanto al futuro, el Señor Jesús advirtió a sus discípulos que los tiempos del fin se caracterizarán por la decepción; Mateo 24.5,11,24. Desde luego, serán engañados solamente los que perecen; o sea, los que llevan el número 666 o la marca de la bestia; Apocalipsis 13.16,17. Habrá los que rechazan la apostasía, llamados “los elegidos” en Mateo 24.24. Son los que ganan la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, 15.2. Por el otro lado, las copas de la ira de Dios caen sobre los que llevan la marca y adoran la imagen, 16.2.

Estos últimos no recibirán el amor de la verdad, pereciendo aun en vida. Nos hace recordar aquellos de 1 Corintios 16.22: El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema, o sea, maldito en juicio.

 

2.11     Por esto Dios les envía un poder engañoso,
para que crean la mentira,

(iii) Dios intervendrá. Les enviará “la eficaz operación de error”, [Versión Moderna de 1893], para que crean la mentira. Esto es exactamente lo opuesto de la obra del Espíritu, quien conduce a toda verdad. Para ver cómo se lo hará, podemos referirnos a 2 Crónicas 18.19 al 22, donde habría “espíritu de mentira” en boca de los profetas de Ahab, con el fin de inducirle a salir a la batalla, donde moriría.

Refiriéndose al pagano, Pablo escribió que Dios lo entregó a pasiones vergonzosas y una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen, Romanos 1.26,28. Aun en cuanto a Israel, Jehová afirmó: “Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos”, Salmo 81.12.

Pero en el futuro, la intervención de Dios será todavía más fuerte, cuando se obligará a los hombres creer a la mentira si no creen a la verdad. No habrá una posición neutral, cosa que el agnóstico de hoy estima tanto. La mentira se refiere, por supuesto, al hombre de pecado, sus engaños, obras y jactancias. Los hombres tendrán una perspectiva opuesta a Dios, aceptando al hombre de pecado como si fuera Dios y Cristo. Como el Señor Jesús explicó, ellos recibirán a otro que vendrá en su propio nombre; Juan 5.43.

 

2.12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron
a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.

Si los hombres están pereciendo aun en vida, entonces serán condenados —o sea, juzgados— al final de su vida, en el lugar y la ocasión apropiados. La razón por este juicio será que no creyeron a la verdad, y como consecuencia abrazaron la mentira. Puede haber neutralidad en estos tiempos, pero en ese entonces será imposible, dado el poder de Satanás y la ausencia del Espíritu.

La falta de fe no tan sólo conduce a creer a la mentira, sino también a desear la injusticia. Como Pablo reconoció en la última de las cartas suyas que tenemos, “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres … amadores de los deleites más que a Dios”, 2 Timoteo 3.1 al 4.

En el Nuevo Testamento, la expresión complacerse se usa siempre en cuanto a Dios o su pueblo; solamente una vez se refiere a los incrédulos. En estos tiempos los hombres se complacen tanto en el entretenimiento que involucra los deleites del pecado, y en el futuro será peor.

Además, esto no se está haciendo en ignorancia de la desaprobación divina; Pablo escribió de “quienes habiendo entendido el juicio de Dios … no solamente las hacen, sino que también se complacen con los que las practican”, Romanos 1.32. He aquí la explicación de por qué los medios de comunicación social y los lugares de diversión ponen tanto valor en el crimen y pecado. Es porque el corazón incrédulo se deleita en las tales cosas. Pero cuando se quita lo que ahora detiene, la situación será todavía peor, hasta que llegue el juicio.

 

VIII – La responsabilidad del creyente ahora;
2.13 al 17

 

Siguiendo la descripción de los terribles aconte-cimientos en el día del Señor, encontramos un contraste absoluto para los creyentes que van a estar con el Señor durante el desarrollo de aquel escenario. El Espíritu está obrando en aquellos que creen. Los del versículo 13 que tienen fe en la verdad están en contraste con los del versículo 10 que no recibieron el amor de la verdad. Los creyentes alcanzarán la gloria de nuestro Señor Jesucristo, a diferencia de otros que serán juzgados por el Señor de gloria. Serán confirmados en toda buena palabra y obra, a diferencia de los que serán objeto de la obra de Satanás, 2.9.

 

2.13 Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto
a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad,

 

Debido a este contraste, el apóstol dice que debe dar gracias siempre a Dios, repitiendo lo del 1.3. Esta palabra debemos figura treinta y cuatro veces más en el Nuevo Testamento, aparte del 1.3 y 2.13. Pablo se consideraba deudor, queriendo agradecer a Dios su bondad. Su agradecimiento era continuo, como también sus oraciones.

Es difícil explicar con precisión la frase “desde el principio”, ya que principio tiene tantos sentidos en la Biblia. “En el principio era la Palabra” se refiere a la existencia eterna del Señor Jesús en el pasado; Juan 1.1. El principio se refiere también a la creación del mundo: “Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra”, Hebreos 1.10; Dios creó varón y hembra “al principio de la creación”, Marcos 10.6. Le enseñaron “desde el principio” los que eran testigos, dice Lucas en el 1.2 de su evangelio, mientras que Marcos se refiere al ministerio de Juan el Bautista al hablar del “principio del evangelio”, 1.1.

Había también el principio de la experiencia de los apóstoles con Cristo: su enseñanza, Juan 8.25; su presencia, Juan 15.27; su persona, 1 Juan 1.1. Luego, el principio que era Pentecostés, Hechos 11.15, y más adelante el principio de la instrucción que los creyentes reciben, 1 Juan 2,7,24, 3.11. Así, al interpretar principio en nuestro versículo, tenemos que juzgar con base en el contexto, sin dogmatismo.

Es maravillosamente cierto que fuimos escogidos antes de la fundación del mundo, Efesios 1.4, pero parece que en nuestro versículo el apóstol tiene en mente el comienzo de la experiencia del creyente, aunque posiblemente otros expositores difieran de esta interpretación.

En realidad, tenemos aquí: (i) el punto de vista de Dios: Él nos ha escogido para salvación, para que no pasemos por la ira venidera; (ii) el punto de vista del creyente, visto en “la fe en la verdad;” (iii) el punto de vista de Pablo, expresado por “nuestro evangelio” en el versículo 14, el cual se ve brevemente en Hechos 17.3: “… declarando y exponiendo por medio de las Escrituras que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase …”

 

 

Merece comentario la referencia  a la santificación por el Espíritu. La santificación es el estado de haber sido puesto aparte, y hay varios aspectos de esta gran verdad.

  • Es definitiva. Es una obra divina que nadie puede copiar. “Santifícalos en tu verdad,
    Juan 17.17; Cristo Jesús, el cual ha sido hecho por Dios santificación, 1 Corintios 1.30; Habéis sido santificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios, 1 Corintios 6.11.
  • Es práctica; es una responsabilidad nuestra. La voluntad de Dios es vuestra santificación … que os apartéis …, 4.3.
  • Es profética, como en nuestro versículo. Por el Espíritu en nosotros, hemos sido salvos
    de la ira por venir. Cuando deje de impedir, y la Iglesia sea quitada, la ira caerá.

 

2.14 a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio,
para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Se especifican dos objetivos. (i) Nuestro llamamiento por el evangelio conduce a nuestra salvación; a saber, que no pasemos por el día del Señor y la ira que habrá en ese entonces. “Esperar de los cielos a su Hijo … quien nos libra de la ira venidera”, 1 Tesalonicenses 1.10. Tampoco pasaremos por el juicio de fuego cuando Él venga en gloria; 2 Tesalonicenses 1.8,9. (ii) Hemos sido llamados a participar de la gloria de Cristo. “… cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos”, 1.10. Esta gloria se refiere a cómo el Señor es y dónde está. “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”, Colosenses 3.4.

 

2.15 Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina
que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.

Pero nuestra esperanza no es tan sólo futura; hay la responsabilidad presente señalada aquí por las palabras, “así que”. El tema del día del Señor no es solamente una cuestión de doctrina. El futuro incide sobre el presente, ¡si es que los creyentes están de un todo seguros de que lo profetizado se realizará!

Hermanos es un término que se emplea dieciséis veces en la primera carta y siete en la segunda, y hace ver cuánto el apóstol estimaba a los cristianos. Es un nombre que ve a todos de una misma manera. En 1 Tesalonicenses 2.7,11 Pablo ve las cosas desde otro ángulo, refiriéndose a sí mismo como nodriza y como padre. Aquí en el 2.15, las exhortaciones son de pararse con firmeza y guardar con firmeza; se aluden a los pies y las manos en sentido espiritual.

Estar firme quiere decir quedarse inmovible ante presiones adversas; a saber, los vientos e inundaciones de doctrina. En otros pasajes, estamos firmes en la fe, 1 Corintios 16.13; en la libertad con que Cristo nos ha hecho libres, Gálatas 5.1; en un espíritu, Filipenses 1.27; en el Señor, 4.1, 1 Tesalonicenses 3.8; en las instrucciones impartidas, 2.15. De una manera similar, el hecho de retener significa aferrarnos a la doctrina sin titubear cuando hay influencias que nos provocarían a cambiar. Debemos retener la Cabeza, Colosenses 2.19; las enseñanzas, 2 Tesalonicenses 2.15; nuestra profesión, Hebreos 4.14; “lo que tienes”, Apocalipsis 3.11.

 

 

Podemos estar agradecidos de que el Señor tiene las siete estrellas en su diestra. Por supuesto, es posible retener prácticas y doctrinas falsas, como los de Pérgamo que guardaban las ideas erróneas de los nicolaítas, cosa que el Señor aborrecía; Apocalipsis 1.20, 2.1 y 2.15.

En particular, Pablo exhortaba que los tesalonicenses guardasen lo que se traduce en nuestra versión corriente como “doctrina”, y en algunas otras como “tradiciones”. [Ejemplos: Besson; Versión Moderna] No debemos apresurarnos a rechazar esa palabra tradiciones, ya que tiene aplicaciones tanto buenas como malas.

Tradiciones figura trece veces en el Nuevo Testamento en su forma original. Diez veces su sentido es negativo: “quebrantan la tradición de los ancianos”, Mateo 15.2; “celoso de las tradiciones de mis padres”, Gálatas 1.14. Tres veces el contexto es positivo: “retenéis las instrucciones [tradiciones] tal como os las entregué”, 1 Corintios 11.2; “que ande … no según la enseñanza [tradición] que recibisteis de nosotros”, 2 Tesalonicenses 3.6.

El vocablo quiere decir simplemente lo que es entregado de uno a otro, bien sea por los rabinos y otros líderes religiosos (en el sentido malo), o por los apóstoles (en el sentido bueno). Esta tradición se entregaba de dos maneras. Primeramente, “por palabra”, cuando Pablo estaba con ellos. Ejemplos: el tema de la cena del Señor; “lo que también os he enseñado;” y, la verdad de la muerte y resurrección de Cristo; “os he enseñado lo que asimismo recibí”, 1 Corintios 11.23, 15.3. En segundo lugar, “nuestra epístola”. O sea, lo que llamamos 1 Tesalonicenses (y de ninguna manera la epístola falsa que esa gente había recibido). Estas epístolas apostólicas constituyen una autoridad de aprobación divina, aplicable para todo tiempo.

 

2.16 Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre,
el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia,

La redacción del comienzo de este versículo expresa cariño. El Y aquí es como el Mas en el 3.11: “Mas el mismo Dios … dirijan nuestro camino”. Tenemos una oración pero a la vez una exhortación. Dos personas de la Trinidad figuran en íntima asociación: “el mismo Jesucristo”, y “Dios nuestro Padre”. En el versículo que acabamos de mencionar, encontramos: “el mismo Dios y Padre nuestro”, y “nuestro Señor Jesucristo”. (Algunos también encuentran el Espíritu Santo en el 3.12, ¡pero parece que están exprimiendo el texto demasiado!)

Antes de su oración en sí, Pablo hace mención del amor y la bondad de Dios: “nos amó y nos dio”. ¡De qué manera el Nuevo Testamento demuestra el amor que da! De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito. El sentir de Pablo era: “el Hijo de Dios que me amó, y se entregó a sí mismo por mí”, Gálatas 2.20. Ciertamente, “como había amado a los suyos … los amó hasta el fin, … sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas”, Juan 13.1,3; “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”, Efesios 5.25; “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano”, Juan 3.35. ¡Qué catálogo santo del amor y la bondad de Dios!

En este versículo, lo que esta gracia divina nos ha dado es:

  • una consolación eterna, o sea, consuelo y estímulo en cuanto a la eternidad. A la luz
    de la persecución del pueblo del Señor en la tierra, y de la ira por caer en el día del Señor cuando ellos van a estar arriba, los creyentes pueden ver más allá hasta la eternidad.
    En esto otros no pueden participar.
  • una buena esperanza por gracia. La esperanza también mira más allá del presente,
    y es una certitud presente para el pueblo de Dios. Se da gratuitamente, sin que sea manufacturada por esfuerzo propio (ya que los incrédulos pueden lanzar esta acusación). Pablo escribió a Tito en “la esperanza de la vida eterna”, 1.1, 3.7, acerca de “la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa”, 2.13.

 

2.17     conforte vuestros corazones, y os confirme
en toda buena palabra y obra.

La rogativa en sí consta de dos puntos, y el primero de ellos es consuelo para el corazón. De nuevo, damos a consuelo la idea de estímulo. Es lo que Dios da para animar a uno en tiempos de dificultad, y sin duda a los tesalonicenses les hacía falta en vista de los contratiempos que estaban viviendo. (“todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis”, 1.4) Pablo les había proporcionado consuelo en su primera epístola: “… como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros”, 2.11; “Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”, 4.18; “Por lo cual, animaos unos a otros”, 5.11.

La segunda parte es que sean ellos confirmados, tanto en palabra como obra. O sea, que no fuesen removidos del fundamento que tenían. La “palabra” era la enseñanza apostólica, haciéndonos pensar en 2 Pedro 1.12: “No dejaré de recordaros siempre de estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente”. La mención de toda obra hace ver la necesidad de uniformidad entre la doctrina profesada y la vida manifestada.

Si queremos interpretar literalmente esta referencia a “obra”, ¡podemos decir que su mención aquí es una introducción a lo que el escritor dirá en el capítulo siguiente!

La instrucción sobre lo que sucederá en el futuro debe impactar siempre en el estilo de vida en el presente. Al concluir su gran discurso sobre la doctrina de la resurrección, Pablo exhortó: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”, 1 Corintios 15.58.

IX – La obra de Dios en los suyos;
3.1 al 8

 

Aun cuando en esta epístola se expone el futuro en gran detalle, hay a la vez una abundancia de exhortación en cuestiones de rutina diaria. Así;

  • el Capítulo 1 demuestra cómo la doctrina profética nos afectará en el futuro,
    ● la sección 2.13 al 17 demuestra cómo nos afecta en el presente,
    ●  el Capítulo 3 trata muy directamente cierto aspecto de la vida cristiana que requería atención en la asamblea de Tesalónica.

En los versículos 1 y 2 Pablo presenta su deseo para sí mismo, y en 3 al 5 él habla de la obra que Dios está haciendo en sus santos. El meollo del capítulo lo encontramos en los versículos 6 al 15, y es una exhortación a corregir la conducta mientras se espere la venida del Señor. Y, los últimos dos versículos constituyen una conclusión breve a toda la epístola.

 

3.1 Por lo demás, hermanos, orad por nosotros,
para que la palabra del Señor corra y sea glorificada,
así como lo fue entre vosotros,

 

El autor manifiesta gran gracia al pedir que sus lectores se acuerden de él en la oración, y al expresar su confianza en el Señor en cuanto a ellos. Escribe estos comentarios antes de corregirlos en cuanto a su conducta.

Ya había empleado la descripción hermanos en el 2.13, manifestando de esta manera su cariño y respeto por los que él mismo había llevado a Cristo. Se insinúa una relación familiar, y es cosa triste cuando algún hijo rompe esta relación. Pablo deseaba que estos “hermanos” se ejercitaran en oración por él y Timoteo. Fue, en efecto, el anverso de las oraciones que él ofrecía por ellos.

Esta solicitud apostólica hace ver cuán importante es orar por los siervos del Señor que uno conozca personalmente. En otra parte este mismo hombre ora a favor de su ministerio entre los cristianos en Jerusalén, “Os ruego, hermanos, … que me ayudéis orando por mí”, Romanos 15.30. Y, aun encontrándose en cárcel, pedía oración en el sentido de que le fuese concedida oportunidad de evangelizar: “… orando también al mismo tiempo por nosotros”, Colosenses 4.3, Efesios 6.18.

En este caso, la solicitud fue que la Palabra corra y sea glorificada. En los Evangelios, correr tiene siempre un sentido literal, pero en las Epístolas se refiere al progreso en vida y servicio. Ejemplos tenemos en Gálatas 5.7 y Hebreos 12.1: “Vosotros corríais bien”, y, “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”. Este es el único caso en que la Palabra de Dios “corre”.

Él quería que no hubiese impedimento en su ministerio; las vidas que contradicen la Palabra impiden que ella surta efecto. Cuando impera la debida condición espiritual, “la Palabra de Dios no está presa”, 2 Timoteo 2.9. Es más: crece y prevalece poderosamente; Hechos 19.20. Además, es glorificada al producir resultados beneficiosos. Lo que había sucedido en Tesalónica podría darse en Corinto también, ya que Pablo había reconocido antes que en Tesalónica “la [Palabra] actúa en vosotros los creyentes”, 1 Tesalonicenses 2.13, y en Antioquía esto resultó en que los gentiles glorificasen a Dios; Hechos 13.48. Que sea también el caso en nuestro manejo de las Escrituras.

 

3.2 y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe.

Notemos cuidadosamente que la solicitud de Pablo por oración versó primeramente por el progreso de la Palabra de Dios; fue sólo en segundo lugar que mencionó que él mismo fuese librado de los opositores. Se refiere a los acontecimientos en Corinto, donde los judíos se le oponían y blasfemaban; Hechos 18.6. Es evidente que esta oración fue contestada más adelante, ya que Dios le dijo, “No temas, sino habla, … yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano” 18.9,10.

Perverso es estar fuera de orden. Malo figura a menudo en el Testamento, describiendo no sólo a los hombres sino al mundo, días, obras, conciencia, pensamientos y palabras. “Los malos hombres … irán de mal en peor”, 2 Timoteo 3.13. Uno que conocía la naturaleza humana desde el punto de vista divino les describe como “no es de todos la fe”. La impiedad estriba de una carencia de fe. Lucas expresa esta idea al decir, “otros no creían”, Hechos 28.24, mientras que otro afirmó que la palabra no fue “acompañada de fe en los que la oyeron”, Hebreos 4.2.

 

 

3.3 Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal.

Si los que sirven al Señor se encuentran rodeados de hombres impíos y carentes de fe, también es cierto que cuentan con la presencia del Señor, y Él es fiel. Hay una diferencia entre tener fe y ser fiel. Primero la fe, y como consecuencia la fidelidad. Dios no precisa de fe, pero manifiesta un cumplimiento fiel de sus promesas.

Esta fidelidad de parte suya encuentra amplia expresión en el Testamento. Por ejemplo: Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados …; Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados, 1 Co-rintios 1.9, 10.13. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará, 1 Tesalonicenses 5.24. Si fuéremos infieles, él permanece fiel, 2 Timoteo 2.13. Fiel es el que prometió, Hebreos 10.23, 1 Pedro 4.19, Apocalipsis 19.11.

Dice nuestro versículo que la fidelidad del Señor afirmará —lo cual es positivo— y guardará del mal —lo cual es negativo. Los creyentes serán arraigados en la verdad en vez de ser arrastrados por el error. Pablo habla del mal, dejando a entender que se trata de Satanás mismo. El Señor se refirió a éste en Mateo 13.19 como “el malo”, y Juan emplea la misma descripción (traducida en nuestra versión de uso corriente como “el maligno”) en su primera epístola; 2.13,14, 3.12, 5.18.

En otras palabras, somos guardados del poder actual de uno que operará con mayor eficiencia en el futuro, una vez quitada la Persona que le impide ahora.

 

3.4 Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor,
en que hacéis y haréis lo que hemos mandado.

Esto es llamativo. Pablo tenía confianza en la fidelidad del Señor en lo referente a los tesalonicenses. Él echa aquí la base para lo que va a decir enseguida, o sea, el tema principal del capítulo. La confianza que tenía era en cuanto a lo que ellos harían. Estaba seguro que el Señor obraría en ellos y por intermedio de ellos, ya que, según expresa en Filipenses 2.13, “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”, y, como escribe en Efesios 2.10, “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras”. Además, esta confianza era en cuanto al presente y el futuro: “hacéis y haréis”. Se trata de una actividad muy positiva; los creyentes no actuarían por gusto propio, sino harían “lo que hemos mandado”.

El mandato apostólico es mandato divino, aunque algunos que profesan religión rechazarían esta afirmación y esta autoridad. Tres veces encontramos mandamientos de Pablo en este mismo capítulo, a saber, en los versículos 6, 10 y 12: “Os ordenamos, hermanos”, y “Mandamos y exhortamos”. 1 Tesalonicenses 4.11 es otro caso: “Ocuparos en vuestros negocios”.

Esta idea de mandamiento apostólico es de aplicación amplia. En 1 Timoteo, leemos cinco veces: “te encargo”, o lenguaje similar. Timoteo mismo tenía que mandar y enseñar, 4.11.

 

3.5 Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios,
y a la paciencia de Cristo.

Pablo concluye aquí su párrafo corto, dándolo un toque de cariño antes de escribir el mandamiento del versículo siguiente. Todavía es asunto de la obra del Señor en los corazones de sus lectores. Es el que quiere “encaminar nuestros pies por camino de paz”, Lucas 1.79. Pablo ya había orado: “El mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirijan nuestro camino”, 1 Tesalonicenses 3.11.

En cuanto a la mención del amor de Dios, creemos que no se trata del amor suyo para con nosotros, sino del amor en el corazón de los que son suyos. Es, sugerimos, el amor práctico de los creyentes. “La paciencia de Cristo” encierra la idea de la perseverancia de Cristo [como encontramos la expresión en, por ejemplo, la Nueva Versión Internacional]. Nos dedicamos a la voluntad suya, y perseveramos en las pruebas que esto conlleva. Así fue con Juan en la isla de Patmos: “copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo”. La iglesia en Filadelfia, por su parte, había “guardado la palabra de mi paciencia”, dijo en Señor. Apocalipsis 1.9, 3.10. Encontramos en el 13.10: “Aquí está la paciencia de los santos”.

 

 

X – El problema que tenían
los tesalonicenses;
3.6 al 15

 

3.6 Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro
Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano
que ande desordenadamente, y no según la enseñanza
que recibisteis de nosotros.

Los versículos 6 al 15 constituyen un párrafo.

El apóstol emitió un mandamiento “en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. O sea, lo que dice es como si el Señor lo dijera en persona. La disciplina en una asamblea debe ser ejercitada con esta misma autoridad, como en 1 Corintios 5.4: “En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros …” Por su parte, los profetas hablaban con la misma autoridad, “en nombre del Señor”, Santiago 5.10.

El orden de Pablo fue que los hermanos se apartasen de aquellos que no cumplían con la instrucción apostólica. Esto no es lo mismo que la excomulgación, como por ejemplo: “… a quienes entregué a Satanás”, en 1 Timoteo 1.20. Más bien, es asunto de no tener comunión hasta que “todo hermano” manifestara el debido cambio de actitud y conducta. Sería mal testimonio ante el mundo que los de afuera se dieran cuenta de que la asamblea permitiera una conducta irregular.

El apóstol califica como desordenado cualquier andar que no se ajustara a la “enseñanza” [tradición] recibida. Este pensamiento figura como verbo en los versículo 7 y 11, donde se habla de andar desordenadamente, y como adjetivo en 1 Tesalonicenses 5.14, “amonestéis a los ociosos”. [En la Versión Moderna es turbulentos en el 5.14, en la Nueva Versión Internacional es perezosos, en la Hispano-Americano y la traducción de Besson desor-denados, en la Vulgata de Scío inquietos, en Nacar-Colunga revoltosos.] Se trata de uno sin el debido orden que las Escrituras exponen. Hagámonos una pregunta solemne: En este sentido, ¿cuántos hermanos y hermanas andan desordenadamente en el día de hoy?

Hemos comentado ya que la tradición / enseñanza puede ser buena o mala. (Véase el 2.15: “la doctrina que habéis aprendido”). Las tradiciones de los rabinos o de hombres son malas, “huecas sutilezas”, Colosenses 2.8, pero las apostólicas son buenas, “las instrucciones tal como os las entregué”, 1 Corintios 11.2.

 

En nuestro versículo es el apóstol que había impartido las instrucciones que la asamblea recibió. Pablo no vacilaba en enfatizar este punto: “la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros”, 1 Tesalonicenses 4.1. Pablo entregó de esta manera la enseñanza sobre el partimiento del pan y la de la resurrección; 1 Corintios 11.23, 15.1.

 

3.7 Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos;
pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros,

Pablo mismo siempre había dado un testimonio sin tacha. Su andar se ajustaba a la voluntad de Dios y estaba en acorde con su enseñanza, no sólo en cuanto a lo que se trata aquí, sino en todo. Su ejemplo queda visible en la primera epístola: “no como para agradar a los hombres, sino a Dios”, 2.4; “fuimos tiernos entre vosotros”, 2.7; “trabajando de noche y de día”, 2.9; “justa e irreprensiblemente nos comportamos”, 2.10.

Él, entonces, podría exigir con toda razón que los demás le siguieran. En el principio le habían seguido, “imitadores de nosotros y del Señor”, 1 Tesalonicenses 1.6, y a las asambleas en Judea, “imitadores de las iglesias”, 2.14. De cierto hemos recibido la exhortación de Hebreos 13.7: “Imitad su fe”.

Pablo era un modelo, “pues no anduvimos desordenadamente entre vosotros”. No había contradicción entre su vida y las dos epístolas. De otra manera, él no hubiera ganado almas ni hubiera podido corregir al pueblo del Señor.

 

3.8 ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos
con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros;

Llegamos por fin a la naturaleza específica del desorden. Sin embargo, el apóstol proporciona su propio ejemplo en el asunto antes de corregir a los tesalonicenses. Su intervención hubiera sido ineficaz si su proceder, aun en este solo punto, había sido tal que no podía corregir a los creyentes en la misma cuestión. Tal vez sea poco procedente, por ejemplo, exhortar a los nuevos en la fe que asistan a la reunión de oración de la asamblea, si uno mismo no lo hacía en su tiempo. Así que, ¡sea cumplido en la juventud!

Pablo no aceptaría hospitalidad gratis; tampoco alimento sin pagar, sino trabajaría de día y de noche para percibir entradas suficientes con que costear lo que necesitaba. Con este fin, nunca aceptaba donativos, salvo de los filipenses; véase Filipenses 4.15 al 17. (Esto está en marcado contraste con la salvación gratuita, “sin dinero y sin precio” según Isaías 55.1). Cuando en Corinto, él no recibía de otros, queriendo presentar el evangelio como algo gratuito, Hechos 18.3.

Claro está que ha podido vivir de dádivas, “pero no hemos usado de este derecho, … por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo;” “de nada de esto me he aprovechado”, 1 Co-rintios 9.12,15. Ha podido ser correcto que otros lo hiciesen, pero Pablo no. El Señor ha establecido que “a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio”, 9.14, y los evangelistas pueden “segar” de lo material si “siembran” lo espiritual, 9.11.

Y así es hoy día. Aquellos que tienen empleo, pero también sirven diligentemente al Señor en el resto de su tiempo, son parecidos a Pablo en su servicio. Aquellos que sirven a tiempo completo en la obra son como los de 9.11 y 14. El ejercicio corresponde a cada cual como delante del Señor; ninguno puede criticar el llamado en cualquiera de las alternativas cuando es del Señor. Pero es una situación peligrosa si uno está en la obra a tiempo completo sólo porque no puede, o no quiere, hacer otra cosa, ya que de hecho la tal persona está esperando que los que tienen empleo costeen la vida diaria suya y de los suyos.

Pablo trabajaba largas horas, de día y de noche, pero mantenía su entusiasmo en el servicio del Señor. En Corinto, “se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas”, Hechos 18.3. En Éfeso, “estas manos me han servido”, 20.34, y a los que le acompañaban. A los corintios escribió: “Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos”, 4.12. Pero aun en el trabajo diario, el Señor estaba directamente delante de Pablo, ya que de otra manera él no ha podido escribir: “Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”, Colosenses 3.23. Esto difiere a la experiencia de Pedro temprano en su carrera, ya que en Lucas 5.1 al 11 él fracasa en sus esfuerzos de pesca por haberse olvidado del Señor.

Contando con empleo propio, Pablo no era carga para los de Tesalónica; él daba y no recibía, 1 Tesalonicenses 2.9 y Hechos 20.35. Aun creyendo que la venida del Señor se acercaba, el apóstol se mantenía ocupado mientras esperaba, y esto le habilitaba para corregir a los tesalonicenses que pensaban de otra manera.

 

3.9 no porque no tuviésemos derecho, sino por daros
nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis.

¿Aquellos que sirven al Señor deben tener empleo a la vez? Pablo afirmó que tenía la autoridad de no trabajar. Cuando le cuestionaron sobre este asunto, dio a entender que tenía autoridad de servir al Señor pero no ocuparse en un empleo diario; 1 Corintios 9.3,4. No obstante, él no se valdría de esta libertad, ni de la de casarse (capítulo 7), ni la de comer cualquier alimento (capítulo 8). Al contrario, su empleo era un ejemplo a ser imitado.

Todo creyente debe prestar atención a esto: su estilo de vida, empleo, comunión y servicio forman un patrón y ejemplo. Aun si otros en derredor no quieren seguir un ejemplo piadoso, nosotros debemos manifestarlo en nuestro trabajo diario y en otras esferas.

Aun si no podemos percibir cómo el Señor nos guía, debemos ser modelos de fe. Podemos citar varios trozos de las Escrituras:

  • habéis sido ejemplos a todos … que han creído, 1 Tesalonicenses 1.7
  • sé ejemplo de los creyentes, 1 Timoteo 4.12
  • presentándote tú en todo como ejemplo, Tito 2.7
  • los ancianos … siendo ejemplos de la grey, 1 Pedro 5.3

 

3.10 Porque también cuando estábamos con vosotros,
os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar,
tampoco coma.

Con esta cuestión aclarada, Pablo procede a exhortar y corregir a los tesalonicenses. La enseñanza que da es la que les había dado al comienzo. Les había instruido en verdades proféticas, 1 Tesalonicenses 3.4, 2 Tesalonicenses 2.5, y en cómo vivir a diario, aun una cosa tan básica como su empleo. Si la mayoría hoy día parece no saber nada de esto, por lo menos los salvados deben saber con exactitud su posición ante sus prójimos y ante Dios.

Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. En el 4.11 de la carta anterior, él había rogado: “… ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado”. Pero ahora él se da cuenta de que hay una deliberada negativa de trabajar, y sin razón. Tengamos claro: él no está hablando del desempleo que está más allá del control del individuo que desea trabajar, sino del que está ocioso porque eso es lo que quiere.

Es interesante notar que en el desierto Dios proveyó maná para su pueblo, porque no les era posible ganar su pan con el sudor de su frente, pero quitó esta facilidad una vez que Israel entró en la tierra y tenía la posibilidad de disfrutar de su propia cosecha.

 

3.11 Porque oímos que algunos de entre vosotros
andan desordenadamente, no trabajando en nada,
sino entreteniéndose en lo ajeno.

Por fin el escritor llega a la deficiencia específica. Lo hace tarde en su epístola, a diferencia de su carta a los gálatas, por ejemplo. En ese caso, es en el 1.6 que pone el dedo sobre la llaga: “tan pronto os hayáis alejado …”

Pablo había oído —sin duda de boca de Timoteo, al regresar éste de su viaje— que algunos de ellos andaban mal y estaban ociosos. Como consecuencia, estaban metiéndose en lo ajeno. En gracia y amor, él había presentado su propio caso como ejemplo, exhortando antes de dirigirse al caso de ellos.

La conducta de estos hombres estaba en contraste con lo descrito en los versículos 7 y 9. También estaba en contraste con el andar ordenado del Señor Jesús en todo momento, y aun cuando sabía que la cruz le quedaba inmediatamente por delante. Creemos que estos señores en Tesalónica habían dejado su empleo por razonar que no hacía falta trabajar en vista de la pronta venida del Señor.

Al leer en la traducción corriente de entretenerse en lo ajeno, no nos damos cuenta de que hay un juego de palabras basado en el sonido de las palabras en el griego original. Pablo escribió en ese idioma trabajando y metiendo, o sea:

  • ergazamenous, una unidad de trabajo (de ahí “ergo” y “ergotina” en castellano)
  • periergazomenous, que es pasear a ver qué está sucediendo.

Un escritor ha parafraseado las palabras de Pablo de esta manera: “Algunos no se ocupan en su ocupación, sino se sobre ocupan en las ocupaciones de los demás”.

En otra parte escribió de ciertas “ociosas, andando de casa en casa … chismosas y entremetidas, hablando de lo que no debieran”, 1 Timoteo 5.13. Pedro empleó otro término al hablar de que un cristiano no debe “entremeterse [ser un observador sin autorización] en lo ajeno”, 1 Pedro 4.15. Cuando el cristiano no tiene nada que hacer, consecuencia de motivos o nociones errados, su vida se llena de actividad inapropiada. Tenemos que redimir el tiempo porque es poco lo que queda.

 

3.12  A los tales mandamos y exhortamos por nuestro
Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente,
coman de su propio pan.

Se invoca en nombre del Señor Jesucristo al instar a los lectores a una vida mejor y más acorde con su llamamiento. El trabajo debe ser sosegado. Esta palabra puede significar quietud, como en 1 Timoteo 2.11,12, “La mujer aprenda en silencio”, y en Hechos 22.2, cuando los judíos “guardaron más silencio”. En nuestro versículo el término encierra un sentido moral y espiritual, como en 1 Timoteo 2.2, “… que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad”. En otras palabras, que nos caractericemos por una vida y trabajo que no manifiesten desorden. Es en este espíritu que uno debe comer su propio pan: no esperando indebidamente recibir de otros, sino comprándolo uno mismo según convenga. En el versículo 10, quien no trabaje, no come; aquí, uno trabaja y come.

El Señor no hizo pan artificialmente para sí. “… no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre”, Lucas 4.2 al 4. Pero, Él proveyó para otros al alimentar a los cinco mil y los cuatro mil. Espiritualmente, Él es el Pan de Vida para su pueblo, pero aun así debemos trabajar por fe “por la comida que a vida eterna permanece”, Juan 6.27. En la esfera de lo tangible, trabajamos por nuestro pan “de corazón, como para el Señor y no para los hombres”, Colosenses 3.23.

 

3.13 Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien.

Hay más. No es sólo cuestión de trabajar para alimentar a uno y a los suyos, sino con miras al bienestar de otros. En cuanto a ejemplos en el Nuevo Testamento, mencionamos:

  • la ayuda dada cuando el hambre en Jerusalén, Hechos 11.27 al 30
  • el cuidado de las viudas, 1 Timoteo 5.3 al 16
  • la provisión que hizo Pablo para los que viajaban con él, Hechos 20.33 al 35
  • la ofrenda de las asambleas para los necesitados en Jerusalén, Romanos 15.26
  • y, más en general, Gálatas 6.10: “Según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos,
    y mayormente a los de la familia de la fe”.

 

3.14 Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta,
a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence.

Los verbos en los versículos 6 al 13 figuran en el plural; el autor escribía a “vosotros”. Pero ahora cambia al singular alguno. El enfoque en el 14 y 15 está sobre la responsabilidad individual y personal de cada cual.

Esto, por supuesto, no es como en el 1.8, donde se ven a los inconversos que “no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio”. Tampoco es el caso de Romanos 6.17, donde el mismo escritor dice a otros: “Habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina”.El propósito suyo había sido precisamente el de “la obediencia de los gentiles”, 15.18.

Este caso en 2 Tesalonicenses es el único en el Nuevo Testamento donde se visualiza una desobediencia específica de parte de un creyente.

La asamblea también tiene su responsabilidad en el asunto. Pablo no se dirigió a los ancianos (como en Hechos 20.28), aun cuando aquellos hombres eran responsables por cualquier admonición en la asamblea de Tesalónica; véase 1 Tesalonicenses 5.12 (“os presiden en el Señor, y os amonestan”). Más bien, exige a todos en la congregación a “señalar” al indi-viduo, o que estén en alerta para cualquier signo de desobediencia. Esto no da libertad a uno para autonombrarse como individuo piadoso que puede condenar a sus hermanos en la fe. Si vamos a catalogar a otro como habiendo fallado, tendremos que vernos bien a nosotros mismos. Si no, nuestra congregación se tornará bien hipócrita.

La acción a tomarse era la de no juntarse con él. Las otras circunstancias que provocan este modo de actuar se encuentran en 1 Corintios 5, versículos 9 y 11. La lista allí de los tipos de fracaso incluye al avaro, idólatra, maldiciente y borracho. Cuán cuidadoso debemos ser al intentar ensanchar la lista. Pablo agregó la falsa doctrina en 1 Timoteo 1.19,20.

Pero los objetivos pueden ser distintos en cada caso. En 1 Corintios 5 se entregó el hombre a Satanás (o sea, se le colocó fuera de la asamblea) “a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”. Pero en Tesalónica el objetivo era que el sujeto se avergonzara. Aquí, un sentido de culpa saldría a la luz, con un reconocimiento que su conducta no se ajustaba a su presencia en una congregación santa. Si el pueblo del Señor manifiesta un ejemplo de buenas obras, este patrón de conducta debería conducir a que sus opositores se avergüencen, y no tengan nada malo que decir de los tales cristianos; Tito 2.7,8. O sea, un debido comportamiento cristiano de parte de algunos incomoda a quienes no viven de esa manera.

 

3.15 Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano.

Se nota una gran medida de gracia; hermano es hermano, y nunca enemigo. El hecho de retener la comunión cristiana no quiere decir una falta de amor ni una actitud de enemistad. El que ha faltado en este asunto es todavía miembro de la familia, aun con su disciplina, pero no es posible la comunión que habría en otras circunstancias, ya que la asamblea no puede aceptar su manera de actuar.

No dudamos de que este procedimiento haya funcionado bien en los tiempos de Pablo. No había dónde más asistir; no había a la vuelta de la esquina otra congregación, deseosa quizás de aumentar su membresía, que toleraría una conducta desordenada. Hoy día es diferente; en estos tiempos de división, es fácil que uno busque otro grupo evangélico.

Pero en Tesalónica era preciso administrar una admonición, a saber, advertencia. Un neófito no lo haría, sino los ancianos, “los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan”, 1 Tesalonicenses 5.12. Pablo, por su parte, había amonestado “a todo hombre”, Colosenses 1.28; lo había hecho “a cada uno”, y esto “de noche y de día … con lágrimas”, Hechos 20.31. Todas las demás referencias a la admonición se relacionan con advertencias dentro del seno de la asamblea; ésta es la única realizada afuera.

Con esta exhortación, Pablo concluye el mensaje de su epístola. Quedan sólo los comentarios de despedida.

 

X I – La conclusión;
3.16 al 18

 

3.16 Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera.
El Señor sea con todos vosotros.

He aquí otra oración breve. La paz aquí es el estado de mente y corazón del creyente ahora, no obstante la tribulación que haya. Los hombres pueden hacer guerra en derredor, pero hay paz adentro. No viene por medios naturales, sino del Origen de toda paz verdadera: el mismo Señor de paz. Otros títulos que lleva son el Dios de paz, Romanos 15.33, 16.20, Filipenses 4.9, 1 Tesalonicenses 5.23, Hebreos 13.20, y el Rey de paz, Hebreos 7.2

No puede haber otra fuente de paz en un mundo gobernado por contención política, moral y religiosa, ya que el Señor dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da”, Juan 14.27. Además, como Pablo afirmó, está al alcance de uno en todo tiempo y bajo toda circunstancia. Los hombres claman, “Paz y seguridad”, 1 Tesalonicenses 5.3, pero a la postre vendrá la destrucción.

Básicamente, es la presencia del Señor que proporciona la paz a su pueblo. “El Señor sea con vosotros”, escribió Pablo. Este nexo entre su paz y su presencia se nota también en Romanos 15.33, “El Dios de paz sea con todos vosotros”; y, 2 Corintios 13.11 y Filipenses 4.9.

 

3.17 La salutación es de mi propia mano, de Pablo,
que es el signo en toda carta mía; así escribo.

En muchos casos otra persona escribió lo que Pablo dictaba. Uno de ellos es Romanos 16.22, donde el escribano agrega una notica a la página de inspiración divina: “Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor”.

Parece que Pablo tuvo que escribir la totalidad de la Epístola a los Gálatas, y esto con problemas de la vista: “Mirad con grandes letras [o sea, su escritura] os escribo de mi propia mano”, 6.11. En otras partes, enfatiza que la salutación fue “de mi propia mano”, 1 Corintios 16.21, Colosenses 4.18.

O sea, considerando la epístola falsa que los tesalonicenses creían ser auténtica del apóstol, Pablo resolvió autenticar sus cartas con su propio saludo escrito a mano suya. Nos parece que el versículo 18 fue escritura suya también. De todos modos, si su mano no escribió en toda epístola el voto por la gracia sobre el pueblo de Dios, la mención del mismo sí figura en cada caso.

 

3.18 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.

La gracia comienza la Epístola, 1.2, y la termina también. Se encuentra esto en todas las epístolas de Pablo. En 1 Timoteo 6.21, es “La gracia sea contigo”, mientras que en la postrera de sus cartas, en 2 Timoteo 4.22, encontramos el plural: “La gracia sea con vosotros”.

Es interesante observar que en solamente dos epístolas se añade algo después de la mención de la gracia. En Romanos 16.25 al 27 hay la gran alabanza o doxología, que comienza, “Al que puede confirmaros …” y continúa, “Al único y sabio Dios”. Es una excelente conclusión a las maravillas del Evangelio en aquel documento. En 1 Corintios 16.24, “Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros” sigue a “la gracia del Señor”, sin duda con el fin de asegurar a los corintios que no faltaba el amor, aun con toda la corrección que el autor les había administrado a lo largo de la carta.

Comparte este artículo: