La muñeca acusadora (#9904)

9904
La muñeca acusadora

 

La Concepción, Chile

 

Una niñita llamada Esperanza vivía con su mamá y su hermanito, Carlitos, en una parte del campo donde no había tiendas surtidas de cosas lindas. Cierto día ella quiso tener una muñequita, y como no había donde comprarla, la mamá se la hizo de trapos, rellenándolos con granos de maíz secos y duros.

Aunque no era tan bonita como las que tienen muchas niñas, pues tenía un aspecto tosco, Esperanza quería mucho a su muñeca. Ella pasaba largas horas jugando a las visitas y llevándola a pasear como también hacen las niñas hoy día.

Un día Carlitos y Esperanza pelearon. Él había estado haciéndose un regio barquito de madera, y mientras tallaba con mucho cuidado uno de sus pequeños mástiles, llegó ella corriendo. Chocó e hizo caer el barquito al suelo, quebrándose varias de sus delicadas piezas. Muy indignado, Carlitos le gritó: “¿Por qué no te fijas por dónde vas? ¡Mira lo que has hecho!”

“¿Qué me importa a mí?” contestó Esperanza, aunque en realidad le importaba bastante. “¿Por qué habré hecho eso?” se preguntó a sí misma, y sintiendo mucha vergüenza, se apuró en salir.

“Me la va a pagar, la muy peleadera”, decía para sus adentros Carlitos, mientras juntaba las piezas del barco destrozado. Y al levantarse del piso se fijó en la muñeca que estaba acostada en una silla, ocurriéndosele al instante una idea.

Escondiendo la muñeca bajo su ropa, él partió rápidamente hacia el galpón de herramientas donde se buscó una pala. Luego corrió al fondo del jardín donde había un poco de tierra suelta, y haciendo un hoyo, sepultó en él la muñeca.

“¡Bueno, aquí terminó esto!” pensó Carlitos. “Así aprenderá a no romperme las cosas, y nada sabrá jamás qué fue de la muñeca”. Pero se olvidaba de Dios quien dijo, “El que encubre sus pecados no prosperará”, y en otra parte, “Sabed que os alcanzará vuestro pecado”. Proverbios 28.13, Números 32.23.

Pasaron muchos días y Esperanza lloraba amargamente porque su querida muñeca no aparecía. Buscaron por todas partes sin encontrarla. Era un misterio que no podía aclararse; la muñeca simplemente había desaparecido.

Carlitos por su parte trataba de disimular sus sentimientos, pues no estaba contento. Su maldad ya no le era motivo de alegría, sino más bien de pesar, y estaba convencido de que había hecho una cosa muy fea. Una vez hasta pensó en desenterrar la muñeca, pero comprendió cuán difícil le sería explicar cómo se había ensuciado tanto. Decidió dejarla donde estaba.

Sucedió que hubo una fuerte lluvia. Unos pocos días después, cuando la mamá salió a la huerta para buscar hortalizas, le llamó la atención una mancha de color verde al fondo del jardín, en un lugar donde no recordaba haber sembrado nada. Acercándose un poco más, vio unas cuantas plantitas de maíz que brotaban. Lo que era más extraño, tenían forma de una muñeca. ¡El pecado había sido descubierto, tal como dice la Palabra de Dios!

El pecado que se esconda en el corazón será descubierto en la misma forma algún día, y será un día muy triste para aquellos que no acudieron a Jesús para ser perdonados por Él. ¿Por qué no confías en Él hoy mismo? Así tú recibirás el perdón de tus pecados, y serás hecho limpio por la sangre del Salvador.

 

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