La muerte habla (#9667)

9667
La muerte habla

D.A. Jones
San Felipe, Chile

La muerte es el tema principal en la mente de la mayoría cuando el calendario indica el l de noviembre. Reclama la atención y es cierto que algo tiene que decirnos. Aun antes de ese día, los cementerios se llenan de personas que desean honrar a sus deudos. Es una tradición que nos legaron los conquistadores.

La memoria hace volver la imagen de los seres queridos. La gente pensará en los días asoleados, cuando los difuntos paseaban en el patio, o iban al trabajo, o contaban historias a su manera. Recordarán los gestos propios e inimitables y quizás algunos se imaginarán oir la voz como si sonara ayer en casa. Seguramente los vivos pensarán en aquel día sombrío, cuando el sol de la vida se puso y el ser querido fue por el camino de todos los hombres. Algún día nos tocará a nosotros.

Pocas cosas seguras

En la vida hay pocas cosas cien por ciento seguras. La fecha de la muerte no se precisa con seguridad, pero la muerte misma, sí. La mano fría de este enemigo caerá indefectiblemente sobre cada uno que posee vida en verdad; empezamos a morir al momento de nacer.

Un científico dijo: “Con nuestros estudios, junto con las nuevas drogas, hemos podido prolongar la vida”. Si bien es cierto que han logrado alargar la vida, no han podido evitar la muerte. Por tanto, en cualquier día que visite usted el camposanto, las lápidas tienen un mensaje; cada persona, por buena que sea, tiene que pasar por la puerta de la muerte. Algún día le tocará a usted.

¿Adónde voy a parar?

¿No es cierto que sentimos un vivo anhelo por una palabra reconfortante respecto al más allá? Alguien dice: “Si sólo supiera qué me espera después de mi vida aquí”. Otro dice: “Si sólo alguien me dijera adónde voy a parar”. Amigo, para esto tenemos la Biblia.

La Biblia es el libro inspirado por Dios. No contiene ningún error, ni mentira. Habla del pasado, del presente y también del porvenir. Su clara enseñanza nos da la seguridad que deseamos. Por ejemplo, Jesucristo dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque este muerto, vivirá”. (Evangelio de Juan 11:25). De esta frase del Señor Jesús, entendemos que creyendo en Él, podemos tener la esperanza de resucitar a la vida eterna con Él.

Si hay alguien que nos puede proveer vida para después de la muerte, es el mismo Jesucristo. El ya entró en la muerte, y a los tres días resucitó. Está vivo en este momento y, como dice la Biblia, puede “salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”. (Hebreos 7:25)

¿Por qué murió Jesús?

¿Por qué murió el Señor Jesús, ya que volvió a vivir tan luego? La misma Biblia contesta: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8). Cristo murió llevando sobre sí la sentencia de muerte que pendía sobre nosotros. Cristo entró en la muerte para satisfacer todas las justas demandas del Santo Dios en contra nuestra.

Lo que hizo Jesucristo en la cruz fue totalmente satisfactorio para Dios. Ya que ahora vive, Dios ofrece nueva vida al pecador. Esta nueva vida significa ser perdonado de los pecados y aceptado en la presencia de Dios. La persona que reconoce su culpabilidad y acepta la provisión de salvación que hay del Señor Jesucristo es salva y goza de la vida eterna. “Si morimos con Cristo creemos que también viviremos con el: sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de el”. (Romanos 6:8,9)

Una consideración

Pensar en la muerte produce solemnidad y más de uno se ha hecho la pregunta: “Cuando otros algún día visiten el sepulcro mío, ¿dónde estaré yo?” La Biblia habla de solamente dos lugares adonde podremos llegar; el cielo y el infierno. He aquí la promesa para quienes confían en Cristo como en su Salvador; están “ausentes del cuerpo y presentes al Señor”. (2 Corintios 5:8).

Los que no confían en Cristo en forma exclusiva, deben ser advertidos de lo que la Biblia dice: “Ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio”. (Hebreos 10:26, 27).

Cristo Jesús dice: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna: y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”, Juan 5.24.

 

 

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