Judas, Tadeo, Labeo (#434)

Judas Tadeo Lebeo

 

Héctor Alves

 

 

En su Evangelio, Lucas hace referencia a los dos últimos de los apóstoles como “Judas hermano de Jacobo” y “Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor”. Al escribir el libro de Hechos, dice que subieron al aposento alto once varones, terminando la lista con “Judas hermano de Jacobo”, 1.13. Mateo, en cambio, nos habla de un “Lebeo, por sobrenombre Tadeo”, mientras que Marcos hace mención de Tadeo; tanto Mateo como Marcos colocan a este hombre en el décimo lugar en sus listas.

Sus nombres

Una vez más se nos presenta un problema de identificación, y de nuevo tenemos que reconocer que hay diferencias de criterio que nos impiden hablar con certeza. Se ha dicho que hubo un discípulo con tres nombres: Judas, Tadeo y Lebeo, y este criterio prevalece. Era hijo de Alfeo y hermano del Jacobo de quien hablamos en el capítulo anterior; Lucas 6.15,16. Es evidente, entonces, que hubo tres parejas de hermanos entre los doce: Jacobo y Juan, Pedro y Andrés, Jacobo y Judas. Cuidadosamente se distinguen entre ellos.

Quién sabe qué los dos Judas, como en Juan 14: “Le dijo Judas (no el Iscariote) …” pensaba Tadeo acerca del hecho de tener el mismo nombre que su compañero. ¡Lo cierto es que no parecen haber tenido nada en común sino el nombre! Mucho dice la Biblia acerca del infame Judas Iscariote y poco acerca del piadoso Judas Tadeo, de manera que podemos aprender que no es la publicidad que hace al hombre. No es cuestión de cuánto se habla de uno, sino de qué se podría decir.

Su pregunta

La única mención que tenemos de Tadeo aparte de los otros es esta misma en Juan 14.22. En el aposento alto, al final del ministerio del Señor sobre la tierra, le dijo éste: “Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?”

En la pregunta hay cierta nota lamentable; este hermano ha debido saber que el mundo no le tenía cabida para su Maestro. Apenas cinco versículos antes, Él había dicho al grupo que el Padre les iba a dar el Espíritu de verdad, “al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce”. El Señor había agregado que ellos, los discípulos, le conocían porque el Espíritu moraba con ellos, y estaba por morar en ellos, como Él mora en nosotros los creyentes hoy en día.

El Señor proseguía, hablando de guardar sus mandamientos y ser amado así del Padre. Pero Judas Tadeo estaba pensando todavía en la declaración intermedia: “Toda-vía un poco, y el mundo no me verá más, pero vosotros me veréis”. Esto él no entendía. Si Judas Tadeo hubiera tenido un concepto más adecuado de lo que es este mundo, y qué es por naturaleza cada corazón humano, nada le hubiera extrañado que el Señor se retirara del mundo. Su sorpresa hubiera sido, en cambio, que el Señor se dignara a revelarse a unos pocos.

Su servicio

El Espíritu no ha tenido a bien decirnos más acerca de este hermano en Cristo. Sus logros y triunfos, sus problemas y desaciertos, no sabemos. Había discípulos prominentes y los había poco conocidos, y entre el pueblo del Señor, y aun entre los siervos del Señor, es así todavía. Una misma promesa había para todos ellos por igual, y la hay para todos nosotros por igual: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

 

 

 

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