Jacobo / Santiago hermano de Jesús (#440)

Jacobo / Santiago

Héctor Alves

 

 

Aparentemente hay cuatro Jacobo en el Nuevo Testamento y todos reciben mención en el Evangelio según Mateo cuanto menos: el hijo de Zebedeo, quien era hermano de Juan, en el 4.2; el hermano de nuestro Señor, 13.55; el hijo de Alfeo, 10.2; y el hijo de María, 27.56. Algunos encuentran cinco, y otros solamente tres. Parece claro que se trata de un mismo hombre, un hermano de nuestro Señor, al hablar de Jacobo en Mateo 13.55, Marcos 6.3, Hechos 1.13, 12.17, 15.13, Gálatas 1.19, 2.9 y Judas 1. Creemos también que él escribió la Epístola de Santiago. [Jacobo y Santiago son un mismo nombre].

 

1 Corintios 15.7 reconoce la conversión de este hombre: el Señor en resurrección “apareció a Jacobo”.  Evidentemente los hermanos de Jesús vivían con su madre en Nazaret. Juan 7.5 realza que “ni aun sus hermanos creían en él”. Pareciera que esta condición continuó hasta la muerte de Jesús, ya que desde la cruz Él encomendó su madre al cuidado del apóstol Juan. Aparente-mente a la sazón María era viuda, aunque no se nos dice. Nuestro Señor había cortado todos sus lazos naturales, como deja en claro Mateo 12.46 al 50. Sentía que su madre se relacionaría mejor con el discípulo a quien Él amaba, que con sus hijos incrédulos.

 

Percibimos que un gran cambio tuvo lugar en esta coyuntura. El gran capítulo de la resurrección nos informa que Cristo fue visto por Jacobo, refiriéndose sin duda a su hermano. Se puede inferir que la entrevista fue en privado, como fue la de Pedro. ¿Fue en esta ocasión que este hombre le confesó Señor? No sabemos.

Hechos 1.13,14 da un indicio de quiénes eran sus compañeros. Figura con los apóstoles en el versículo 13 y luego dice que proseguía en oración unánime junto con las mujeres y los hermanos del Señor. En Gálatas 2.9 Jacobo, Pedro y Juan figuran juntos. Obsérvese que cuando Pedro fue liberado de la cárcel, de una vez mandó a decírselo a Jacobo, Hechos 12.17.

La tradición cuenta mucho en torno de Jacobo, y si es confiable podemos aprender bastante. Se dice que le llamaban el Justo y el Santo; que sus rodillas eran tan duras como las de un camello por estar arrodillado tanto en oración; que cuando salía de su casa se percibía que andaba cojo por haber estado arrodillado tanto tiempo.

 

Aprendemos de 1 Corintios 9.5 que era casado. Es evidente que se residenció en Jerusalén, y pronto era uno de los líderes de la iglesia en esa ciudad. Pablo menciona a Jacobo antes de Pedro y Juan en el contexto de su recomendación a predicar el evangelio a los gentiles. Esto merece ser tomado en cuenta. Gracias a las pocas referencias a él en Hechos de los Apóstoles, y de afirmaciones que figuran en las Epístolas, no es difícil definir su carácter. Tenía la capacidad de discernir entre lo correcto y lo incorrecto, y no admitía compromiso. Se puede decir que no era un hombre de principios mixtos. Aun cuando aborrecía la impiedad, actuaba con gracia, y sabía qué hacer en momentos de crisis.

 

Jacobo [Santiago] no se ocupaba tanto de doctrina que de deber. Se ha dicho que Pedro es el apóstol de la esperanza, Juan el apóstol del amor y Jacobo el apóstol de la sabiduría. Su epístola ha sido tildada el Evangelio del Sentido Común. En el 1.5 nos invita: “Si alguno … tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente”. No era tanto de un giro evangelístico, como eran Pedro y Pablo, sino se destacaba en él el don de exhortador. Su interés era la vida y el testimonio del creyente, y ministraba sobre estos temas con reprimenda y consuelo.

Él clama en términos diáfanos en contra de la mundanalidad. “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mudo, se constituye enemigo de Dios”. Habla en este contexto de la compasión del Espíritu, diciendo que nos anhela celosamente. Jacobo emplea lenguaje cortante acerca de aquel miembro desordenado que es la lengua, pero a la vez consuela a los santos al declarar: “El Señor es muy misericordioso y compasivo”.

 

El consejo de este hombre amerita mención. Hechos 15 trata de la conferencia clave en Jerusalén, y en el versículo 13: “Jacobo respondió diciendo …” Dio buen consejo, y fue aceptado. Había guardado silencio oyendo el testimonio de Pablo, Bernabé y Pedro antes de hacer saber su parecer. Sus comentarios sobre la circuncisión revelan coraje y convicción. Hoy día muchos carecen del coraje a divulgar sus convicciones, y otros, por supuesto, no las tienen. Jacobo fue franco en aquel concilio, y lo fue en su epístola. Su ministerio proporciona palabras apropiadas para nuestro día.

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