Isaac (#466)

Isaac

“Dónde está el cordero” es un folleto de evangelización basado en Isaac como ejemplo.

 

 Héctor Alves

 

 

“Después de muerto Abraham … Dios bendijo a Isaac su hijo; y habitó Isaac junto al pozo del Viviente-que-me-ve”, Génesis 25.11. “Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras”, Hebreos 11.20.

Estas dos escrituras resumen razonablemente bien la vida de Isaac. Él vivió más tiempo que su padre Abraham y más que su hijo Jacob, pero mucho menos está registrado de él que de cualquier de ellos. Unos doce capítulos se ocupan de Abraham y casi otro tanto de Jacob, pero solamente uno, el 26, se ocupa exclu-sivamente de Isaac.

La vida suya era ordinaria; Isaac no alcanzó las alturas que su padre conocía, ni su vida se marcó por tantos fracasos como la de Jacob. Con todo, Isaac experimentó bendición divina. Leemos mucho acerca de él antes de nacer, y su nacimiento representó un evento importante en la historia de la promesa hecha a Abraham. Su nombre quiere decir “risa”, relacionado sin duda con la risa de Sara y de Abraham ante la promesa de un hijo en la vejez.

 

Podemos considerar a Isaac como un tipo del Señor Jesucristo y también como un ejemplo del creyente común.

Anotaremos cuatro puntos acerca de este hombre como un tipo del Señor:

  • Como hijo. En Génesis 22 es “tu hijo, tu único, Isaac a quien amas”.
  • Como sacrificio. Cuando Isaac alcanzó una edad madura “Abraham ofreció a Isaac”, Hebreos 11.17. En la estimación de Dios, el padre sí ofreció al hijo; Dios reconoció la disposición del patriarca de hacerlo. Isaac murió sólo en figura, pero nuestro Señor en realidad.
  • Como esposo. El siervo consiguió una esposa para Isaac. En estos tiempos el Espíritu Santo está haciendo esta obra para Uno que se presentará a sí mismo una esposa en un tiempo futuro.
  • Como heredero. “Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac”, Génesis 25.5. Hebreos 1.2 habla de Cristo como “el Hijo, a quien constituyó heredero de todo”.

 

Los cuadros generalmente presentan a Isaac como un jovencito en la marcha a Moriah. Es un error. Era hombre formado ya, capaz de cargar leña montaña arriba y con capacidad para resistir a su padre al haber tenido el deseo de hacerlo.

El capítulo 22 de Génesis es un favorito de los lectores de la Biblia y la historia del monte Moriah es de gran interés. Es uno de los tipos más importantes del Calvario, una “sombra de bienes venideros”. Dos veces leemos que en el viaje padre e hijos fueron ambos juntos. Isaac guardó silencio, perplejo, y observó: “He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?” Todo el cuadro hace entrever su obediencia y sumisión; estaba plenamente de acuerdo con lo que estaba sucediendo, aun al ser puesto sobre el altar que su padre construyó.

“La trajo [a Rebeca] a la tienda de su madre … y se consoló Isaac después que de la muerte de su madre”, 24.67. Es evidente que él fue criado en esa tienda. Era casero cuando joven, y poco leemos que se haya movido fuera del círculo familiar.

 

Su disposición a ceder se destaca en los pocos incidentes narrados, especialmente en la cuestión de los pozos. Los abrió para sí, pero los pastores de Gerar se apropiaron de ellos. Isaac no se vengó, sino simplemente cavó otros. Ismael lo molestó continuamente de niño. Ya hemos visto su sumisión en el monte Moriah, como también su tristeza al perder a su madre cuando él tenía 40 años.

“Venía Isaac del pozo del Viviente-que-me-ve”, o Lahai-roi, el Dios que me está observando. Y así era en verdad. Llegó Rebeca, “y la amó”. Se ha dicho que el hijo que extraña a su madre difunta suele ser un esposo que ama. El detalle que meditaba en el campo, registrado al final del capítulo 24, nos da una idea de cómo era su carácter.

Era tiempo de hambruna, e Isaac se acudió a Abimalec rey de los filisteos en Gerar, 26.1. Hizo lo que había hecho su padre; el hambre dirigió sus pasos. No hemos sido informados si pidió consejo a Dios antes de hacer esto, pero Dios intervino con las palabras: “No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré”. Gerar quiere decir habitación, y leemos: “Habitó, pues, Isaac en Gerar”. ¿Hizo lo correcto? Acon-tecimientos posteriores hacen pensar que no. Gerar era una especie de pulmón entre Canaán y Egipto. Isaac iba rumbo a Egipto pero Dios no lo permitió llegar allí.

 

Encontramos una dificultad al leer “le bendijo Jehová” en aquella tierra. ¿Dios bendice cuando le desobedecemos? En el v. 3 dijo que lo bendeciría y Él cumplió aun cuando Isaac se aprovechó indebidamente de la oportunidad que había recibido. Isaac comenzó cavando pozos, pero aprendió que cada uno sería motivo de contienda mientras se quedara en esa tierra. Al alejarse de esa zona limítrofe, Jehová le hizo “ensanche” (Versión de 1893), y se le apareció Jehová de noche con una promesa de bendición.

Ahora Isaac edifica un altar (por primera vez según sabemos), v. 25, y lo hizo antes de abrir otro pozo. Altar, tienda, pozo: él le dio a Dios el primer lugar.

Es Hebreos 11 que nos orienta ahora: “Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras”, y Jacob por su parte bendijo a los hijos de José, a saber a Efraín y Manasés. Isaac y Jacob se caracterizan por actos de fe al final de la vida; el primero cuando pensaba que había llegado al final y el segundo cuando moría. Bendijeron a sus hijos respecto al futuro, aunque ellos mismos murieron en fe sin recibir las promesas.

Génesis 27 y 28 proporcionan detalles acerca de cómo Isaac bendijo a sus hijos.

La decisión de bendecir a Esaú no fue un acto de fe, sino se debía a no poco interés propio. Habrá sido un gesto de amor fraternal; Isaac lo amaba a éste porque había comido su guisado, y esto dio lugar a desobedecer la voluntad de Dios. Su parcialidad estaba a la vista, y nos hace reconocer que nunca debemos dejar que el afecto natural nos permita contravenir el amor; 25.33. No es de dudar que haya sabido que Esaú le vendió a Jacob su primogenitura, y percibía que Esaú era un profano, como lo expresa Hebreos 12.16. Fue cosa seria, entonces, bendecir a Esaú. Lo afligió a Isaac que Esaú se había casado con heteas, y sabía que Dios nunca quería que bendijera a su hermano, pero se empeñó en hacerlo. Así que leemos de las maquinaciones de Rebeca y de Jacob para frustrar el propósito de Esaú. Fueron innecesarias. Jacob hubiera quedado mejor parado al no haber hecho lo que hizo.

 

Fue cuando Isaac vio su propia necedad que alzó la voz y lloró. Se dio cuenta de que Dios había intervenido y que él no podía frustrar los propósitos divinos. Aprendió que Jacob debía tener la bendición principal, y vemos que en efecto la recibió. Al bendecir a sus hijos conforme con el propósito de Dios, actuó por fe, Hebreos 11.20. Le dijo a Jacob: “El Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te dé la bendición de Abraham”.

 

Isaac vivió por cuarenta años más, pero en la sombra; “fueron los días de Isaac ciento ochenta años”, 35.28. Nada leemos de él después de haber bendecido a sus hijos; aparentemente los años restantes fueron estériles, muy diferentes a los últimos años de su padre. ¿Se debió a su intento a invertir el orden divino y pronunciar una bendición sobre su hijo mayor? Había sido una iniciativa de la carne, y quizás por esto Dios guarda silencio acerca de este lapso final.

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