Gayo (#449)

Gayo

Héctor Alves

 

 

Veamos la prosperidad, la conducta y el amor de este buen hombre. Le encontramos en 3 Juan y leemos de él como “el amado, a quien amo en la verdad”.

“El anciano”, Juan el apóstol en la vejez, escribió esta Tercera Epístola a uno de los (posiblemente) cuatro Gayo mencionados en el Nuevo Testamento. Uno era de Macedonia, Hechos 19.29; otro de Derbe, 20.4, compañero de Pablo en su viaje a Jerusalén; otro, hospe-dador de Pablo, Romanos 16.23, que aparentemente vivía en Corinto; y en 1 Corintios 1.14 Pablo menciona haber bautizado a Crispo y a Gayo.

Es imposible insistir que Juan está escribiendo a uno de estos, y es hasta improbable. Se dice que el nombre era uno de los más comunes en el Imperio Romano de aquel entonces. Se cree que el apóstol escribió en el año 90, o más tarde, que sería unos treinta o más años después de lo que Pablo y Lucas narran de estos otros.

El nombre quiere decir “de la tierra”. Para algunos sería difícil aplicar esta idea a Gayo, un hombre que estaba prosperando espiritualmente, andando en la verdad y manifestando amor a sus hermanos. Pero no debemos confundir “de la tierra” con terrenal, o mundano. Gayo era procedente de la tierra pero no terrenal en su enfoque. “El primer hombre era de la tierra, terrenal”, 1 Corintios 15.47. Por otro lado, Pablo escribe de aquellos que “sólo piensan en lo terrenal”, Filipenses 3.19. Gayo claramente no pensaba en lo terrenal, sino en lo celestial.

 

El v. 2 habla de la prosperidad de su alma. Frecuentemente oímos que Gayo era enfermizo; no lo dice aquí, aunque posiblemente se insinúa. Lo que Juan deseaba para Gayo era que su salud corporal estuviera a la par con su condición espiritual; que su bienestar externo fuera como el interno. Muchas veces nuestra oración por otros es lo opuesto; queremos que nuestros hermanos prosperen de alma como lo están en lo temporal.

Juan consideraba que la espiritualidad de Gayo estaba asegurada. Le deseaba salud para poder seguir el curso ya trazado para honrar a Dios y servir a los hermanos. “Fielmente te conduces …”, v. 5. Es probable que un cristiano que está prosperando en el alma sea fiel en todo lo que hace por el Señor. No tenemos que preocuparnos por uno que está en buena condición espiritual, porque damos por entendido que está poniendo a Dios en primer lugar.

Por lo general un andar en la verdad y la prosperidad en el alma complementan el uno al otro. Cuando un creyente no está bien de alma, no es nada probable que ande en la verdad. Habrá pasos falsos en algún punto en el camino. Posiblemente esta condición y esta conducta de parte de Gayo estaban provocando el antagonismo que Diótrofes sentía hacia él, vv 9, 10. ¡Tanto ha sido el daño causado por la importancia propia y los celos de parte de algunos en una y otra asamblea!

 

La palabra verdad figura siete veces en esta pequeña epístola de catorce versículos. Tres veces tiene que ver directamente con Gayo. Juan le amaba en la verdad; la verdad estaba en él; él andaba en la verdad. Gayo era hombre práctico; no sólo tenía buen conocimiento de qué era la verdad, sino que la ponía por obra y por esto la promovía. Su vida se ajustaba a su conocimiento. Guardaba la verdad y la verdad le guardaba a él. Con razón Juan quería verle pronto y le deseaba paz.

Amor, como se usa aquí, se deriva de agápe. Normalmente el amor se conoce por las acciones que produce, y así fue en Gayo. Los vv 5 al 7 cuentan de su hospitalidad para con el pueblo del Señor. Este hombre recibió bien y despachaba bien a los visitantes.

Aparentemente eran hombres que habían salido, como el apóstol lo expresa, “por amor del nombre de [Dios], sin aceptar nada de los gentiles” (o: sin recibir ninguna ayuda de los paganos). Gayo conocía a algunos de ellos y a otros no. Quizás los que hablaban tan bien de él eran los mismos que habían sido objetos de su bondad. “Algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”, Hebreos 13.2.

Estos hermanos procedían de otras partes y de la asamblea de la localidad. Dependían del Señor porque recibían aportes solamente de personas renacidas. Juan deseaba conversar con Gayo cara a cara sobre esto y acerca de las actividades de algunos que entorpecían la obra.

 

Haríamos bien al emular a este hombre.

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