Enoc (#460)

Enoc

 

 Héctor Alves

 

 

El 5 es uno de los capítulos más tristes en el libro de Génesis; seis veces leemos “y murió”. Enoc es la única excepción.

La vida de Enoc fue la más corta de los antediluvianos, trescientos sesenta y cinco años, y la de su hijo Metusalén la más larga, novecientos sesenta y nueve años. Enoc era el séptimo de Adán y Génesis 2.2 dice que Dios reposó de su labor el séptima día, pero no leemos de una tarde de ese día. No carece de significado la mención de que Enoc haya sido el séptimo; siete es el número de lo completo y sugiere un ciclo cerrado. El primer hombre murió pero el séptimo fue trasladado. El primer hombre trajo pecado al mundo pero el séptimo tuvo el testimonio de haber agradado a Dios.

Sabemos de su testimonio oral; Judas nos informa que profetizó, diciendo: “He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares …” No sabemos por qué Dios no divulgó esto en Génesis; quedó oculto por más de 2500 años, y Judas lo comunica de conformidad con su contexto.

“Por la fe Enoc fue transpuesto para no ver muerte, y no fue hallado”, Hebreos 11.5. “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desa-pareció, porque le llevó Dios”, Génesis 5.24. Elías subió al cielo en un torbellino de fuego, y en la venida del Señor los santos serán arrebatados.

No está informado cómo Enoc fue traspuesto, pero el hecho de no haber sido encontrado sugiere que fue buscado. Su traslado fue un milagro de parte de Dios; antes no se había presentado algo como esto. Algunos enseñan que Dios le comunicó a Enoc de alguna manera que iba a ser trasladado, y que Enoc esperó por fe que sucediera. No creemos que las palabras “por la fe” tengan este sentido. Más bien, el contexto parece dar a entender que fue debido a su fe que Dios lo tomó. “No fue hallado, porque lo traspuso Dios”. Su traslado fue el galardón por vivir para agradar a Dios, y Él lo quitó a una edad menor que la de sus con-temporáneos cuando ellos murieron.

No hay nada que nos hace pensar que Enoc esperaba esto. Dios lo honró de una manera especial, así como a Elías, pero con la diferencia que éste sabía que iba a ser separado de Eliseo. Y así con nosotros. El apóstol Pablo nos ha dado la revelación que recibió tocante al traslado de la Iglesia en la venida del Señor, y es nuestra esperanza bienaventurada.

 

 

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