Elisabet (#140)

Elisabet

 E. L. Moore

 

Elisabet (Dios del juramento), esposa de Zacarías y madre de Juan el Bautista.

 


Elisabet es la primera madre destacada en el Nuevo Testamento. Ella y su marido aparecen en Lucas 1, dotados de cualidades sobresalientes: pertenecían al linaje sacerdotal, eran justos delante de Dios, andaban irreprensibles en todos los mandamientos, etc. Parece extraño que el Señor no los hubiera recompensado con hijos, puesto que la descendencia de parejas piadosas es reconocida como “herencia de Jehová” (Salmo 127:3).

¡Cuánto gozo habrán sentir ellos, al saber por intermedio del ángel Gabriel que no sólo tendrían un hijo varón, sino que también éste sería profeta, utilizado por Dios como precursor para preparar el camino al Redentor y Salvador!  Elisabet experimentó a una edad avanzada que Jehová “hace habitar en familia a la estéril, que se goza en ser madre de hijos” (Salmo 113:9).

 

Como Sara, ella fue honrada grandemente con un hijo especial en su vejez. Además, fue la última de tres mujeres estériles que después dieron a luz hijos que fueron nazareos, es decir, dedicados al Señor desde el vientre.   Podemos estar seguros que ella y su marido criaron al niño en el temor del Señor, observando estrictamente la ley sobre el nazareato.

Además de ser recordada por traer al mundo al prometido “Elías que había de venir” (Mateo 11:14), Elisabet es conocida por la bendición que le dio a María, quien la visitó durante los últimos tres meses de su embarazo. Elisabet, llena del Espíritu Santo en aquel momento, se refirió a su pariente como “la madre de mi Señor” (Lucas 1:43).

 

Sus Palabras – “Así ha hecho conmigo el Señor…se dignó quitar mi afrenta entre los hombres” (Lucas 1:25). “Se llamará Juan” (Lucas 1:60)  Pero su más notable expresión se encuentra en Lucas 1:42-45, y comprende ocho frases sublimes que se pueden resumir como sigue: la bendición pronunciada sobre María, la bendición sobre el vientre, el alto honor que ella sentía, el reconocer a María cual “madre de mi Señor”, la voz de la salutación, el gozo de la criatura todavía en el vientre, la bendición que resultaba de haber creído y el cumplimiento de la obra Divina.

 

 

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