El plan divino de salvación (#503)

EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN

Alex Marshall

 

 

Apreciado lector:

 

Este librito ha sido escrito especialmente para usted. Bien sea que usted esté interesado o no le preocupe, le sea indiferente o se encuentre angustiado en cuanto a su relación con Dios y la eternidad, en estas páginas encontrará palabras de instrucción. Por favor, léalas, y léalas CUIDADOSAMENTE.

 

El plan de salvación del hombre es comparado y contrastado con el plan de salvación de Dios; las excusas y objeciones populares son examinadas y contestadas, y las dificultades más comunes son presentadas. Además, se explican las verdades de la ruina por el pecado, la redención por sangre, la regeneración por el Espíritu Santo, y la recepción por fe.

 

Quizás hasta ahora usted haya pensado que para Dios es un asunto de poca importancia si usted es salvo o está perdido. Lea estas páginas y verá que, a pesar de sus pecados, Dios ama su preciosa alma, y anhela otorgarle perdón, paz, gozo y “delicias… para siempre” (Salmo 16.10).

 

 

EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN

 

“Te ruego que me excuses”.

 

Un distinguido hombre del Medio Oriente proveyó, a gran costo, un suntuoso banquete e invitó a muchos. Cuando llegó la hora para que vinieran los invitados, ninguno se presentó y todos se excusaron. El hecho es que ninguno de ellos deseaba ir y, por no tener la valentía de decir “No queremos”, dijeron “No podemos”. Cualesquiera que hayan sido sus motivos para rehusar expresar su opinión y asistir a la fiesta, sus excusas fueron sumamente absurdas (Lucas 14).

 

El primero dijo: “He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses”. ¿Cuál era el apuro? ¿No podía haber ido en otro momento? El segundo fue peor. “He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses”. ¿Qué daño le iba a hacer a los bueyes descansar una noche más? Además, sea que valieran o no el dinero que había pagado por ellos, ya los había comprado.

 

Pero la tercera excusa es la peor de todas. “Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir”. ¿Por qué no llevó a su esposa al banquete?

 

“Venid, que ya todo está preparado”.

 

La aplicación espiritual de esta historia debe ser evidente para todos. Habiendo pagado un costo infinito, Dios ha provisto un banquete para los pecadores perdidos. Él ha mandado a sus siervos que vayan por todo el mundo y proclamen las buenas noticias a toda criatura (Marcos 16.15).

 

“Ven –es la invitación– aún hay lugar”.

Oye con atención: “Aún hay lugar”.

El cielo listo está, Dios te quiere ver allá,

y aviso a todos da: “Aún hay lugar”.

 

La invitación es universal; nadie está excluido. Todo el que quiera puede venir. Millones ya han participado de este banquete y están ahora en la gloria; millones más van rumbo allá, y todavía se oye el clamor: “Aún hay lugar”.

 

Algunas personas piensan que la vida del cristiano es sombría y melancólica, y que participar del banquete del Evangelio les llenará el corazón de tristeza. No entienden que el Evangelio es “nuevas de gran gozo” (Lucas 2.10), no “malas noticias de gran miseria”.

 

Las personas de esta parábola fueron invitadas a una “gran cena”, no a un funeral, y en el pasaje paralelo en Mateo se nos dice que era una “fiesta de bodas” (22.2).

 

 

“Nunca en mi vida le he hecho nada malo a nadie “.

 

A menudo se oye esta excusa. Apreciado lector, ¿es esa la excusa suya? ¿Realmente cree que jamás ha hecho nada malo? ¿Alguna vez ha pecado en pensamiento, palabra o hecho? ¿Jamás ha tenido un pensamiento impuro, desagradable o perverso? ¿Nunca ha dicho algo precipitadamente, o una mentira, o ha tratado de engañar o confundir a alguien? ¿Ha amado a Dios con todo su corazón, alma, fuerzas y mente? ¿Ha amado a su prójimo como a sí mismo? “Oh, no”, dirá usted, “nadie lo ha hecho”.

 

No se preocupe por los otros ahorita; admita que usted ha pecado. Si alguien fuera hallado culpable de quebrantar las leyes de este país, ¿quién creería que tal persona no ha hecho nada malo? Estimado lector, de nada sirve encubrir el hecho de que usted no ha sido lo que debería haber sido, ni ha hecho lo que debería haber hecho. En otras palabras, usted es un pecador, y la Palabra de Dios declara que “el alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18.4), “porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6.23). Acepte que a los ojos de Dios está perdido y arruinado, y desista de todo intento de excusarse o esconder sus pecados.

 

 

“Voy a pasar la página”.

 

Está bien decir que usted va a “pasar la página” y empezar de nuevo. Pero déjeme preguntarle: ¿qué de las páginas anteriores, manchadas de culpa? Un niño en la escuela, después de manchar de tinta una hoja de su cuaderno, decide pasar la página, resuelto a tener más cuidado en el futuro. Pero “pasar la página” no quitó la que estaba manchada, y pronto el maestro notó las manchas y lo sancionó por su negligencia.

 

Es posible, apreciado lector, que alguna vez usted haya sido adicto al alcohol o a las groserías, o algún otro mal hábito, pero últimamente usted ha “pasado la página” y se ha convertido en lo que el mundo llama una persona “reformada”. Eso es bueno y apropiado, pero no olvide que UNA BUENA CONDUCTA DESDE AHORA JAMÁS ELIMINARÁ LAS DESOBEDIENCIAS PASADAS.

 

Estimado lector, “pasar la página” no le va a servir. Usted debe convertirse en una “nueva criatura” en Cristo Jesús.

 

 

“Dios es misericordioso”.

 

Satanás va de un lugar a otro con su montón de mentiras, dándole una a una persona y otra a otra. A uno le dice: “Dios es muy misericordioso como para castigar a los pecadores”, y si no le cree, entonces intenta con otra mentira: “Si Dios castiga al pecador en el infierno, el castigo no será eterno”.

 

El hecho de que “Dios es misericordioso” es una bendita verdad, pero Él también es SANTO y JUSTO, y jamás mostrará misericordia a expensas de su justicia. Todos sus atributos están en equilibrio y no pueden entrar en conflicto unos con otros. El que es paciente y lento para la ira “no tendrá por inocente al culpable” (Nahúm 1.3). Aquel prisionero que es llevado a la cárcel por los guardias ha aprendido por experiencia propia que el juez no permitirá que el criminal se quede sin castigo.

 

La gracia perdonadora de Dios fluye por un solo medio, y es la expiación de Cristo. Y todo el que rehúse aceptar la vida por medio de su muerte “morará con el fuego consumidor” para siempre (Isaías 33.14). “LOS MALOS SERÁN TRASLADADOS AL SEOL, todas las gentes que SE OLVIDAN DE DIOS” (Salmo 9.17). “El que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que LA IRA DE DIOS ESTÁ SOBRE ÉL” (Juan 3.36).

 

 

“Si uno hace lo mejor que puede, será salvo”.

 

¿Ha hecho usted lo mejor que ha podido? ¿Acaso no ha fallado vez tras vez, haciendo lo que no debía haber hecho, y omitiendo lo que sí debía haber hecho? “Yo no pretendo ser perfecto”. Absolutamente no, pero recuerde que admitir esto elimina cualquier esperanza de que usted sea salvo por sus obras. Uno solo pecado es suficiente para condenarlo, y usted sabe que ha cometido miles. ¿De qué sirve una suposición como “si uno hace lo mejor que puede”, cuando Dios ha declarado que NADIE JAMÁS HA HECHO TAL COSA?  “TODOS NOSOTROS nos descarriamos como ovejas” (Isaías 53.6). “TODOS se desviaron, a una se han corrompido; NO HAY quien haga lo bueno, no hay NI SIQUIERA UNO” (Salmo 14.3).

 

Apreciado lector que no es salvo, lo “mejor” que usted puede hacer es admitir que está perdido, arruinado, y sin esperanzas. Si usted no cometiera ningún pecado desde hoy hasta el día de su muerte, tampoco podría ser salvo, porque los pecadores no son salvos POR LO QUE HACEN, sino gracias a la virtud de LO QUE CRISTO HA HECHO POR ELLOS. “Mas al que NO OBRA, sino cree en aquel que justifica al impío, SU FE le es contada por justicia” (Romanos 4.5).

 

 

“¿No son suficientes las buenas obras?”

 

Cuando a los pecadores se les presenta que la salvación es sólo por gracia y “no por obras” (Efesios 2.9), es común escuchar cosas como: “Los cristianos no creen en las buenas obras”. Ese es un gran error. Lo que la Palabra de Dios nos muestra es que una persona que no es salva no puede hacer una buena obra, ya que una “buena obra” debe nacer de un buen motivo, el amor al Señor Jesucristo.

 

Cuando una persona es salva, desde ese mismo instante todo lo que hace debe ser hecho para la gloria de Dios. Tan pronto leemos de la conversión del carcelero de Filipos, lo vemos demostrando su fe por medio de sus obras. “Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas” (Hechos 16.33). Después lo vemos buscando obedecer al Señor en el bautismo. Él deseaba mostrar su amor obedeciendo a Aquel que dijo: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama” (Juan 14.21).

 

Estimado lector, “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11.6), y mientras usted no sea salvo, jamás tendrá la capacidad para hacer ni una sola “buena obra”. Crea en el maravilloso amor de Dios hacia usted, y verá que no será capaz de dejar de hacer obras para Él en gratitud por lo que Él ha hecho por usted.

 

 

“Es muy difícil ser cristiano”.

 

¿Se refiere usted a que es difícil llegar a ser cristiano? Si es así, está totalmente equivocado. “Pero una y otra vez he tratado de convertirme en cristiano y no he podido”. Entonces, usted no ha aceptado el plan de salvación de Dios, apreciado lector. Si no, usted estaría gozándose de saber que sus pecados han sido perdonados. Deje de tratar de ser salvo por sus propios esfuerzos. Cristo ya ha terminado su grandiosa obra, y la justicia ha quedado satisfecha. “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16.31).

 

“Yo me refería a que es difícil vivir la vida cristiana”. Se lo concedo. Sin embargo, permítame preguntarle: ¿Es más fácil servir a Satanás o a Cristo? ¿Quién es el mejor amo? ¿Quién da la mejor paga? Un cristiano es débil en sí mismo, pero Auel que lo SALVÓ ha prometido GUARDARLO, y ha declarado: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13.5). Es mucho más fácil servir al Señor Jesucristo que a Satanás.

 

Si sirve a Satanás, tendrá que darle la espalda a su mejor Amigo, despreciar o descuidar su gran salvación, resistir a su Santo Espíritu, pisotear al Hijo de su amor, e irse precipitadamente a la ruina eterna. Entonces, ¿por qué perderse para siempre cuando puede ser salvo ahora?

 

 

“No puedo dejar los placeres del mundo”.

 

A usted no se le pide que “deje” nada hasta que sea salvo. Es cierto que la salvación incluye ser librado de la esclavitud y el dominio del pecado, así como de su castigo, y usted no puede tener una cosa sin la otra. Tiene que ser todo o nada.

 

Sin embargo, Dios no le dice al pecador: “Deja los placeres y entretenimientos del mundo y Yo te daré el perdón de tus pecados y la paz”. Su plan es: “CREE EN CRISTO, y serás salvo tanto del poder como de la condenación del pecado”.

 

Una señora, al conversar con un cristiano al final de una reunión del Evangelio, dijo: “Dios no me va a salvar ahora”. “¿Por qué?” “He decidido ir a un baile el martes por la noche, y Él no me va a salvar hasta que yo desista de ir”. A ella se le mostró que “ahora” es el tiempo de Dios, y que Él estaba rogándole que aceptara un perdón gratuito y presente –tal como era y donde estaba. Esta palabra fue una bendición para ella, y no tengo añadir que no estuvo presente en ese baile porque tenía algo mejor.

 

Ahora, mientras usted lee estas líneas, “reciba” la salvación en Cristo por sencilla fe, y gustosamente “dejará” cualquier cosa que a Él no le agrade (Juan 1.12).

 

 

“Yo no quiero andar triste y melancólico”.

 

Muchos se imaginan que un cristiano es alguien que va por la vida cabizbajo, suspirando, y con una cara larga. Esta es una de las mentiras más grandes que Satanás ha inventado, y probablemente una de las más extensamente creídas.

 

El gozo verdadero y duradero es la porción de todo creyente. “¡Sombrío!” ¿Qué hay en el Evangelio que tenga la intensión de hacerlo a uno melancólico o sombrío?  ¿Acaso saber que sus pecados han sido perdonados hace que uno “ande con el ánimo caído”?  ¿O tener la seguridad de pasar la eternidad con el Señor Jesucristo en la gloria hará que uno se entristezca?  ¿Será que el criminal condenado que ha sido perdonado por las autoridades se va a sentir triste?

 

Solo en Jesús puedo confiar:

Él es mi canto, fuerza y luz.

La principal piedra angular,

      firme en la fuerte tempestad.

¡Cuán alto amor! ¡Profunda paz!

Tranquilo estoy, no temo más.

Consolador, mi todo es Él;

      reposo siempre en su amor.

 

El único que tiene derecho a ser feliz es el cristiano –sólo él ha sido librado de la esclavitud del pecado, la muerte, y el juicio.

 

Con razón el salmista podía decir: “BIENAVENTURADO aquel cuya transgresión ha sido perdonada” (Salmo 32.1); “En tu presencia hay PLENITUD DE GOZO; DELICIAS a tu diestra PARA SIEMPRE” (Salmo 16.11).

 

 

“Hay tantos hipócritas”.

 

¿Y esta es su excusa para no aceptar la invitación al banquete del Evangelio? Si es así, es bastante mala. Usted conoce a algunos que dicen ser cristianos, pero su conducta demuestra que son hipócritas. Aunque pertenecen a alguna iglesia, ellos hacen cosas que usted y otros –que no se llaman a sí mismos cristianos– no se rebajarían a hacer. Y usted está dispuesto a decir acerca de todos los que profesan ser cristianos: “¡Bonito grupo! Son un montón de hipócritas”.

 

Pero, por supuesto, este es un razonamiento bastante injusto. Los hipócritas son personas que profesan ser lo que no son. Y aquellos a los que usted se refiere profesan ser cristianos, pero no lo son. ¿Tenemos que concluir, entonces, que todos los que profesan son hipócritas? Eso sería tan ridículo como decir que todos los vendedores son ladrones, porque dos de ellos fueron condenados por robar.

 

El hecho de que algunos pretendan ser cristianos demuestra que la realidad ha de ser buena, porque la gente no falsifica lo que no vale nada. Sin embargo, supongamos que los cristianos verdaderos sean inconsistentes, ¿eso lo justificaría a usted a no ser uno? Ciertamente Pedro no podía justificarse de abandonar al Señor porque Judas había sido un hipócrita.

 

 

“Hay tantas opiniones distintas”.

 

“Realmente no sé qué hacer. Hay tantas opiniones que estoy confundido y no sé qué creer”. Si esta es su manera de pensar, permítame enfatizarle la importancia de ser guiado completamente por la segura Palabra de Dios. Hay un solo camino de salvación, y está claramente revelado en el Libro.

 

Una mujer moribunda estaba angustiada por su alma, y al preguntarle a muchos su “opinión” sobre la salvación, recibió muchas respuestas diferentes. Uno le dijo que “orara”, otro que “hiciera buenas obras”, y así sucesivamente. Un cristiano la visitó y ella le preguntó seriamente: “¿Cuál es su ‘opinión’ en cuanto a la salvación?” “No tengo ninguna”, fue la respuesta. La mujer estaba maravillada. “Usted parece asombrada”, le dijo el visitante, “pero si tuviera una opinión, ¿de qué le serviría? Sólo sería la opinión de otro mortal. Sin embargo, puedo darle algo mejor. Puedo decirle lo que Dios piensa”. El resultado de esa conversación fue que poco después aquella mujer halló paz al entender que la pregunta: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” fue contestada así: “Cree en el Señor Jesucristo, y será salvo” (Hechos 16.30-31).

 

 

“No importa lo que uno crea, con tal que sea sincero”.

 

Esto es lo que muchos dicen, pero veamos si es cierto. Un hombre que no se sentía bien fue al armario y por error agarró un frasco de veneno, bebió algo del contenido, y murió en gran agonía una hora después. ¿La sinceridad de su creencia le salvó la vida?

 

El guardia de un tren de pasajeros creía sinceramente que las vías estaban libres. “Muy bien, ¡adelante!”, gritó y, después de sonar su silbato, el tren partió. Pero estaba equivocado y el resultado fue un terrible choque, y muchas almas pasaron a la eternidad repentinamente.

 

La salvación o condenación del hombre depende de lo que cree. Si cree la mentira de Satanás, perecerá eternamente; pero si cree la verdad de Dios, se salvará eternamente.

 

Las Escrituras son muy claras en cuanto a este asunto. “Hay camino que AL HOMBRE LE PARECE DERECHO, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14.12). Una creencia sincera en ese camino termina en una destrucción para siempre. “EL QUE CREE EN EL HIJO tiene vida eterna” (Juan 3.36). “En él es justificado TODO AQUEL QUE CREE” (Hechos 13.39). Pero “EL QUE NO CREE, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3.36).

 

 

VERDADES BÍBLICAS PARA USTED

 

 

Hay un Salvador vivo para usted

 

Apreciado lector, si usted todavía no es salvo, ya es un pecador condenado, que está dirigiéndose a prisa a una eternidad de oscuridad y desespero, con la ira del Dios Altísimo sobre usted. “El que no cree ya ha sido condenado” (Juan 3.18).

 

No importa quién sea usted – rico o pobre, educado o inculto, religioso o inmoral – si no nace de nuevo, si no es una nueva criatura en Cristo Jesús, no puede ver el reino de Dios. “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3.7).

 

En cambio, si usted ha visto su culpa y el peligro en el cual se encuentra, y se está preguntando: “¿Hay salvación para mí?”, le puedo asegurar, con la autoridad de Aquel que no puede mentir, que puede ser salvo mientras lee estas líneas. Porque Él dijo: “Venid, que ya todo está preparado” (Lucas 14.17); “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6.2); “Mirad a mí, y sed salvos todos los términos de la tierra” (Isaías 45.22).

 

 

¿Sabía usted que está perdido?

 

El carcelero de Filipos sabía que estaba perdido. Si no, no hubiera preguntado qué debía hacer para ser salvo (Hechos 16.30-31). ¿Alguna vez se ha visto a sí mismo como un pecador perdido? ¿Dice usted: “Por supuesto, todos somos pecadores”? Eso es muy cierto, pero algunos son pecadores SALVADOS por gracia rumbo al cielo, mientras que otros están PERDIDOS, dirigiéndose a prisa a un destino de miseria sin fin.

 

Estimado lector, ¿es usted salvo, o está perdido? Enfrente la pregunta francamente. Si fuera llamado a encontrarse con Dios en este mismo instante, ¿está preparado? “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Habacuc 1.13). “Justicia y juicio son el cimiento de su trono” (Salmo 97.2). Si usted no es salvo, no se ha convertido, no ha sido perdonado, escuche lo que dice la Palabra de Dios: “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18.4); “Los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios” (Salmo 9.17).

 

Si usted sabe que está perdido, hay Uno que es capaz y está dispuesto a salvarlo. Su misión en este mundo era “buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19.10). Acepte que es un pecador perdido, y aprópiese del Salvador de pecadores perdidos, y la salvación será suya.

 

 

El fundamento de la salvación

 

Dios es santo y justo, y aunque es misericordioso y compasivo, “de ningún modo tendrá por inocente al malvado” (Éxodo 34.7). Él ha dicho en su Palabra: “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6.23). Entonces, ¿cómo puede alguien ser salvo si “todos pecaron”, y todos merecen la muerte segunda?

 

La Escritura ha declarado: “Sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9.22). ¡El pecado tiene que ser expiado! ¿Deben todos perecer eternamente? ¿No hay posibilidad de escape?

 

Una voz se escucha desde el trono de Dios: “Líbralo de descender a la fosa” (Job 33.24 NBLH). ¿Por qué? “HE HALLADO SU RESCATE”. ¿Cuál fue el rescate provisto por Dios para la redención de los pecadores?

 

“JESUCRISTO… SE DIO A SÍ MISMO EN RESCATE POR TODOS” (1 Timoteo 2.5-6). El precio del rescate ha sido pagado y aceptado. La justicia ha sido satisfecha, no con lo que usted ha hecho, sino CON LO QUE CRISTO HA HECHO POR USTED. En base a su obra terminada, Dios le invita y le ruega que acepte una salvación gratuita, completa y presente.

 

“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y a los que no tienen dinero, venid… sin dinero y sin precio” (Isaías 55.1).

 

 

Cómo ser salvo

 

Uno se pregunta cómo hay personas que todavía no son salvas cuando en su Palabra Dios ha mostrado clara y completamente cómo se puede obtener la salvación.

 

Muchos, en vez de ser guiados por lo que la Palabra de Dios dice, van con lo que Fulano o Mengano piensan, y así ignoran la incomparable gracia del Evangelio de Dios.

 

Si usted desea ser salvo, oiga lo que Dios le dice en la siguientes Escrituras:

 

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que TODO AQUEL QUE EN ÉL CREE, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3.16). “En él es justificado TODO AQUEL QUE CREE” (Hechos 13.39). “TODOS LOS QUE EN ÉL CREYEREN, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10.43). “EL QUE EN ÉL CREE, no es condenado” (Juan 3.18).

 

¡Oh! recibe pues su oferta;

no rechaces, no, su amor.

Dile: “De esas aguas dame,

y sabré su gran valor”.

Sin dinero y sin precio,

se te ofrece el grato don:

vida eterna, paz y gozo,

de tus culpas el perdón.

 

 

DUDAS DE LA GENTE

 

 

¡Es demasiado fácil!

 

Muchos tropiezan con la sencillez del Evangelio. Cuando se les presenta en toda su plenitud y generosidad, dicen que creer en el Señor Jesucristo es “DEMASIADO FÁCIL”.

 

Gracias a Dios que es “fácil” ser salvo. Pero aunque es “fácil”, no es “demasiado fácil”, ya que se obtiene al creer en AQUEL QUE HIZO LA OBRA DIFÍCIL – el Señor Jesucristo.

 

Para Él no fue “fácil” ser escarnecido e insultado por los hombres, ni ser azotado, escupido y crucificado. Tampoco le fue “fácil” ser desamparado por Dios en su humillación y agonía, ni tener que ser “herido… por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados” (Isaías 53.5).

 

Aunque es fácil para nosotros, es el único medio por el cual Dios puede salvar a los pecadores, y si el lector no es salvo de esta manera, jamás será salvo. “AL QUE NO OBRA, SINO CREE EN AQUEL QUE JUSTIFICA AL IMPÍO, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4.5).

 

 

“Siempre he creído en Jesús, pero no puedo decir que soy salvo”.

 

Puede estar seguro de que si esto es lo que usted dice o piensa, está completamente equivocado. Nadie puede decir que “siempre ha creído en Jesús”. Quizás usted ha creído bastante acerca del Señor Jesucristo, pero jamás ha creído realmente en Él. Usted no ha recibido su glorioso Evangelio, o si no ya sería salvo.

 

¿Qué es lo que usted cree en cuanto al Señor Jesucristo? “Creo que murió en el Calvario por los pecadores”. Creer eso no le hará a usted ningún bien. ¿Cree usted que Él derramó su sangre y sufrió y murió DEBIDO A SUS PECADOS? Si es así, verá que no hay ninguna razón para temer encontrarse con Dios. Si es así, sabrá por la Palabra de Dios que tiene vida eterna, y que no sufrirá condenación por sus pecados. Nadie puede creer en el Señor Jesucristo sin ser salvo, porque Él ha declarado: “TODOS LOS QUE EN ÉL CREYEREN, recibirán perdón de pecados” (Hechos 10.43); “En él es justificado TODO AQUEL QUE CREE” (Hechos 13.39); “el que cree en mí, TIENE vida eterna” (Juan 6.47). Como puede ver, si realmente ha creído en el Señor Jesucristo, Dios dice que usted es salvo.

 

 

“Yo no creo de la manera correcta”.

 

Si usted todavía no es salvo, entonces no ha creído en Jesucristo en ninguna manera. Las Escrituras no reconocen dos maneras de creer: una “correcta” y otra “incorrecta”. La gente puede hablar de una “fe viva” y una “fe muerta”, una “fe salvadora” y una “fe intelectual”, pero la Biblia solo habla de creer lo que Dios dice. Fe en el hombre y fe en Dios son la misma expresión; la diferencia no está en la fe, sino en la persona en la cual se ejerce la fe. Los que están perdidos, se pierden creyendo la mentira del diablo, y los que son salvos, se salvan al creer en la verdad de Dios. “Los demonios creen, y tiemblan” porque están condenados a una eterna perdición; y los que son salvos creen, y se alegran “con gozo inefable y glorioso” porque van a pasar la eternidad en feliz comunión con el Señor Jesucristo.

 

Pablo no le dijo al carcelero: “Cree en el Señor Jesucristo de la manera correcta, y serás salvo”. Si lo hubiera hecho, el pobre hombre pagano e ignorante no le hubiera entendido. Él sencillamente dijo: “Cree en el Señor Jesucristo”. Haga lo mismo, apreciado lector, “y serás salvo”. No piense en su manera de creer, sino en Cristo, el objeto de la fe.

 

 

“¿No debemos hacer obras para ganarnos la salvación?”

 

Esta pregunta a menudo es hecha por pecadores preocupados, así como por pecadores indiferentes. A veces se hace de esta manera: “¿Acaso la Biblia no dice que debemos ocuparnos en nuestra salvación? ¿Cómo, entonces, podemos reconciliar eso con la declaración de que sólo tenemos que creer para ser salvos?”

 

Cuando usted dice que “debemos ocuparnos de nuestra salvación”, ¿a quiénes se refiere? ¿Se refiere a toda persona, salva o no? Si es así, solo tiene que buscar la epístola y ver a quiénes está dirigida. Filipenses 1.1: “A TODOS LOS SANTOS en Cristo Jesús que están en Filipos”. Ellos ya eran salvos. Ellos no esperaban ser salvos; ellos sabían que ya eran salvos. “Amados míos”, dice Pablo, “ocupaos en vuestra salvación” (Filipenses 2.12). Ellos ya la poseían. “Vuestra” significa posesión. Ellos debían “ocuparse” en lo que Dios ya había hecho. Este pasaje ciertamente no hace ninguna referencia a los que no son salvos. Los que no son salvos están “muertos en pecados”, y por lo tanto no pueden ocuparse en su salvación. Además, la Escritura es bien clara y explícita: “Por gracia sois salvos… no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2.8-9).

 

 

“¿No tengo que orar para ser salvo?”

 

En ninguna parte la Escritura dice que la salvación se obtiene por la oración; en cambio, sí dice que los pecadores son salvos de una sola forma: por medio de la fe en la obra consumada por el Señor Jesucristo. ¿Acaso el Señor Jesucristo le dijo a Nicodemo: “Ora, y serás salvo”? No. “Que TODO AQUEL QUE EN ÉL CREE, no se pierda” (Juan 3.15).

 

En respuesta a la pregunta: “¿Qué debo hacer para ser salvo?”, ¿acaso Pablo respondió: “Ora fervientemente por el perdón, y lo obtendrás”? Absolutamente no. En cambio, él dijo: “CREE EN EL SEÑOR JESUCRISTO, y serás salvo” (Hechos 16.31). Usted no necesita suplicarle a Dios que lo salve; más bien, en este mismo momento Él le está rogando a usted que acepte la salvación (2 Corintios 5.20).

 

Si usted espera ser salvo por medio de la oración, será decepcionado, ya que la oración no le acercará al cielo. ¿Cómo se atreve a pedirle a Dios que lo salve mientras es culpable del terrible pecado de hacerle a Él mentiroso? “El que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo” (1 Juan 5.10-11).

 

En vez de continuar orando por la salvación, más bien hágala suya y acéptela como un regalo ofrecido por el Señor Jesucristo. “LA DÁDIVA DE DIOS ES VIDA ETERNA EN CRISTO JESÚS SEÑOR NUESTRO” (Romanos 6.23). “El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22.17).

 

 

“Si hago mi parte, Dios hará la suya”.

 

Un cristiano solía decir que le había tomado 42 años aprender tres cosas:

  1. Que él no podía hacer nada para salvarse a sí mismo.
  2. Que Dios no le pedía que hiciera algo.
  3. Que Cristo lo hizo todo.

 

Si usted aprende estas tres lecciones, jamás volverá a hablar de sus esfuerzos. “Su parte” es sólo admitir que es un pecador perdido y que merece el infierno, incapaz de hacer algo para salvarse. “Su parte” es dejar de pensar en que puede ser salvo por algo que usted haga o sienta. “Su parte” es únicamente creer que el Señor Jesucristo hizo todo lo que era necesario – que Él completó la obra de la expiación y pagó el precio del rescate con su preciosa sangre.

 

Cuando deje de tratar de ser salvo por sus esfuerzos y crea en el Señor Jesucristo, quien hizo todo y pagó todo, vendrá a ser hijo de Dios, heredero de la gloria, y coheredero con Cristo. “Al que NO OBRA, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4.5).

 

“¡Consumado es!” por Cristo,

todo hecho está.

Salvación Él ha provisto,

sí, ¿le aceptas ya?

 

 

“Soy demasiado pecador”.

 

Algunos de los que dicen esto en verdad piensan que son demasiado malos para ser perdonados; pero en muchos casos sólo se dice en falsa humildad, como una excusa para continuar en el pecado. No cabe duda de que usted es un gran pecador, y mucho peor de lo que se imagina. “Usted no tiene idea de lo malo que soy”. No sé, y además no quiero saber, pero de una cosa sí estoy seguro: Dios sabe todo sobre usted. Desde que usted era un bebé en los brazos de su madre, Él lo ha cuidado y amado más que sus propios padres.

 

A pesar de su pecado y necedad, Dios tiene los brazos abiertos para recibirlo. El hijo pródigo fue recibido por su padre así como estaba, andrajoso y desgraciado, miserable y pobre, y Dios quiere salvarlo a usted ahora tal como está. Acepte que es un pecador y aprópiese del Salvador de pecadores perdidos. “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6.37).

 

Aunque sea “demasiado pecador”, usted no está fuera del alcance de la gracia perdonadora de Dios, y usted puede recibir ahora el perdón completo y gratuito de todos sus pecados al creer en Aquel que murió por usted. “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6.47). “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19.10).

 

 

“Nadie puede tener la certeza de que será salvo”.

 

La respuesta de Pablo a la pregunta más importante de todas fue muy explícita: “Cree en el Señor Jesucristo, y SERÁS SALVO”. Él no dijo: “Cree en el Señor Jesucristo, y tendrás buenas posibilidades de ser salvo”.

 

Muchos dicen que sería “muy presuntuoso” que alguien fuera “hasta el extremo” de decir que SABE que es salvo. Ellos afirman que “nadie puede tener la certeza”, y que todo lo que podemos hacer es tener una “humilde esperanza”. ¡Qué diferente de lo que enseñaron el Señor Jesucristo y los apóstoles! Pablo dice: “Vivimos CONFIADOS SIEMPRE” (2 Corintios 5.6). El apóstol Juan dice: “Os escribo a vosotros, hijitos, porque VUESTROS PECADOS OS HAN SIDO PERDONADOS por su nombre” (1 Juan 2.12). “Nosotros SABEMOS que hemos pasado de muerte a vida” (1 Juan 3.14). Todo pecador que cree en el Señor Jesucristo está SEGURO de que es salvo. En verdad sería “muy presuntuoso” dudar de la Palabra de Dios. “El que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso” (1 Juan 5.10), pero el que cree en Cristo tiene la divina promesa: “SERÁS SALVO” (Hechos 16.31).

 

 

“¿Puede alguien ser salvo en seguida?”

 

En la misma hora de la noche en que el carcelero preguntó: “¿Qué debo hacer para ser salvo?”, también experimentó su conversión y fue bautizado. Y además se añade que él “se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios” (Hechos 16.34). En tan solo una hora toda su casa fue salva y bautizada. De nada sirve que la gente diga que nadie puede ser salvo de inmediato, porque la Escritura muestra claramente que los que se mencionan en el Nuevo Testamento fueron salvos EN EL MISMO MOMENTO EN QUE CREYERON. Algunos suponen que la salvación es un proceso gradual que requiere mucho tiempo y oraciones sinceras. ¿Cuánto tiempo le toma a uno “creer” lo que alguien le dice? Sólo un instante.

 

También se usa otra figura: mirar. “Mirad a mí, y sed salvos” (Isaías 45.22). ¿Cuánto tiempo le tomó a un israelita para ser curado de la mordedura de las serpientes? En un momento se estaba muriendo, y al siguiente estaba completamente curado por simplemente haber mirado a la serpiente de bronce. “Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía” (Números 21.9); “y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3.14-15).

 

En el mismo instante que uno “cree” en Jesucristo, o lo “mira” a Él como Aquel que sufrió y murió por sus pecados, es salvo.

 

La mirada de fe al que ha muerto en la cruz

infalible la vida nos da.

Mira, pues, pecador, mira pronto a Jesús,

y tu alma la vida hallará.

 

 

“No me he arrepentido lo suficiente”.

 

¿Qué es lo que quiere decir? “Que no estoy lo suficientemente acongojado por mis pecados”. Y si usted lo lamentara muchísimo, ¿estaría Dios más dispuesto a perdonarlo de lo que está ahora? “Creo que sí”. Entonces déjeme decirle que está completamente equivocado.

 

“Pero, ¿acaso no dice la Biblia que si no nos arrepentimos, todos pereceremos igualmente?” Sí, pero, ¿cuál cree usted que es el significado bíblico de la palabra “arrepentirse”? Si usted contesta que es “remordimiento por el pecado”, está equivocado. Eso no es lo que significa, sino un cambio de mentalidad. Fíjese en el significado de la palabra en esta parábola que contó el Señor Jesucristo: “Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, ARREPENTIDO, fue” (Mateo 21.29). Sin duda este cambio produce tristeza, pero la tristeza y el arrepentimiento son dos cosas completamente diferentes. “Porque ya sabéis que aun después, deseando [Esaú] heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas” (Hebreos 12.17); “ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis CONTRISTADOS PARA ARREPENTIMIENTO” (2 Corintios 7.9).

 

Cuando Dios lo llama a arrepentirse y creer en el Evangelio, Él desea que usted haga a un lado sus ideas equivocadas, y crea las buenas noticias que Él le proclama. Quizás antes usted pensaba que necesitaba sentir mucho remordimiento para poder ser salvo. ¡Cambie su forma de pensar! O quizás usted suponía que tenía que primero “sentir” algún gran cambio para poder saber que es salvo. ¡Cambie su forma de pensar! Crea primero en el gran amor que Dios le tiene a usted, así como está revelado en su Evangelio, y sabrá que tiene vida eterna. “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5.24).

 

 

“No puedo amar a Dios”.

 

Cierta mujer estaba sumamente preocupada en cuanto a su alma. Oraba y se esforzaba sinceramente por “amar a Dios” para obtener el perdón de sus pecados. Sin embargo, al hacer eso más bien su corazón parecía endurecerse más.

 

Había una serie de reuniones en su localidad, y una noche el predicador dijo: “Algunos piensan que Dios les exige que lo amen para que puedan ser salvos. Entonces comienzan a examinar sus corazones y no pueden hallar ni una sola partícula de amor hacia Él. Si nosotros no pudiéramos ser salvos hasta que lo amáramos”, continuó diciendo, “entonces jamás podríamos ser salvos. Pero la bendita verdad es que ¡ÉL NOS AMA A NOSOTROS!”.

 

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4.10).

 

En el mismo momento en que ella se dio cuenta de que Dios la había amado tanto que había dado a su Hijo en propiciación por los pecados de ella, su corazón se llenó de paz y gozo, y no pudo evitar amar a Aquel que había hecho tanto por ella. “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4.8).

 

¿Ha estado usted tratando de amar a Dios para ser salvo? Si es así, ríndase. Es cierto que usted debe amar a Dios, pero mientras usted no sea salvo no podrá hacerlo. Medite en el amor de Dios hacia usted, y usted podrá decir: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4.19).

 

 

“No me siento lo suficientemente preocupado”.

 

Muchos, cuando se dan cuenta de su peligro, se preocupan por sus sentimientos hacia Dios, EN VEZ DE PREOCUPARSE POR LOS SENTIMIENTOS DE ÉL HACIA ELLOS. Parece que nunca consideran la siguiente pregunta: “¿Mi salvación depende de lo que yo siento hacia Dios, o de lo que Él siente hacia mí?”.

 

Una y otra vez escuchamos el comentario: “No me siento lo suficientemente preocupado”, o, “No siento suficiente remordimiento”. Tales personas han leído o escuchado de alguien que se encontraba en una profunda turbación de alma, y creen que ellos deben pasar por una experiencia similar. No se parecen a la mujer que, cuando se le preguntó cómo atravesó el “Pantano del Desaliento” (mencionado en el libro El Progreso del Peregrino, de Juan Bunyan), respondió: “Yo no pasé por ese camino; yo fui directo a la Cruz”.

 

No piense en su preocupación, o en su deseo de preocuparse, sino pregúntese: “¿Está dispuesto Dios a salvarme ahora?” Vez tras vez Él declara en su Palabra que su deseo es que usted no perezca, sino que sea salvo eternamente (vea Ezequiel 33.11 y 1 Timoteo 2.4-6). Deje de preocuparse por sus sentimientos. Piense en el maravilloso amor de Él hacia usted, mostrado en el regalo de su amado Hijo unigénito. Usted puede ser salvo ahora en base a lo que Él hizo y sufrió. “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”.

 

 

“Si fuera cristiano, fracasaría”.

 

Eso es lo que muchos dicen. De hecho, es un problema común entre los que están interesados en la salvación de su alma.

 

“A menudo he tratado de ser cristiano y he fracasado. A veces llegué a pensar que lo era, pero pronto desaparecieron los sentimientos de alegría, y volví a ser tan malo como antes. Así que no tiene sentido que profese serlo”. Usted no necesita preocuparse por “no tirar la toalla”. Lo que necesita es creer en el Señor Jesucristo, y en el momento en que lo haga obtendrá la vida eterna (Juan 3.36), y tendrá la certeza de que no se perderá jamás (Juan 10.28).

 

Luego, después que usted ya sea salvo, el mismo Cristo que lo salvó de la ira, lo salvará del pecado ahora y lo mantendrá a salvo hasta que llegue a la gloria. “Llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1.21); y Él “es poderoso para guardaros sin caída” (Judas 24), y ha prometido no dejar ni desamparar a los que ponen su confianza en Él. En el momento en que usted crea en Jesucristo, será suyo, y Él ha prometido que su Palabra le guiará, cuidará, guardará y le dará la fuerza y la gracia para vivir para Él. “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo” (Isaías 41.13).

 

 

“¿No sería un atrevimiento decir que uno es salvo?”

 

¿Atrevimiento de qué? “Sería un atrevimiento que alguien dijera que sabe que es salvo”.

 

Pero si Dios declara que usted puede estar seguro, y le dice cómo, ¿usted diría que es un “atrevimiento” creer en Él? “Claro que no”. Entonces oiga lo que Él quiere decirle: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, PARA QUE SEPÁIS QUE TENÉIS VIDA ETERNA” (1 Juan 5.13).

 

En vez de ser un “atrevimiento” creer lo que Dios dice, dudar de Él es ser culpable del peor pecado que una persona puede cometer. “Pero no puedo decir que soy salvo”. Entonces, ¿no ha creído en el Señor Jesucristo? “¡Claro que sí!” Entonces usted está equivocado, porque la Escritura dice claramente que “el que cree en el Hijo TIENE vida eterna” (Juan 3.36); y si usted dice que no es salvo, es imposible que haya creído en Cristo.

 

“Yo creo en Cristo, pero no puedo decir que soy salvo”. Entonces usted está diciendo que Dios es mentiroso, porque una y otra vez Él dice que todo aquel que cree en Jesucristo tiene vida eterna (vea Juan 6.47). Pero “el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo” (1 Juan 5.10-11).

 

 

“No siento ningún cambio”.

 

Por supuesto que no. ¿Cómo podría, si su mente está ocupada en lo que USTED SIENTE HACIA DIOS, en vez de ocuparse en lo que ÉL SIENTE HACIA USTED? Mientras continúe mirando adentro de su frío y desdichado corazón, se volverá más y más miserable. Obsesionarse con su frialdad o su dureza, su deseo de ser amado o de sentir remordimiento, su fe o sus fracasos, le hará realmente infeliz.

 

La paz no se deriva de una mirada hacia adentro; sólo se consigue mirando a Cristo, pensando en lo que Él hizo y sufrió por nosotros, y no por medio de nada que nosotros podamos haber hecho o sufrido por Él.

 

Es por eso que te invito

a mirar hacia la cruz

y contemples el Calvario,

donde encontrarás la luz

del que hizo las estrellas

y murió para salvar

a cualquiera que creyere

que Él murió en su lugar.

 

Mientras usted no crea en Cristo, no podrá disfrutar del amor que Él le tiene a usted. Primero necesita creer en su amor y su muerte, y en el momento en que entienda que esa gran obra fue terminada y que la justicia divina ha sido satisfecha completamente, la paz verdadera llenará su corazón y su amor fluirá abundantemente hacia Aquel que le amó y en entregó a sí mismo por usted. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5.1).

 

 

“¿Cómo debo venir a Cristo?”

 

Cierto campesino, muy preocupado por su alma, le preguntó a un predicador si le podía explicar lo que quería decir con “venir a Cristo”. “He estado escuchando”, le dijo, “un sermón muy sincero, y hemos sido exhortados a ‘venir a Cristo’. Pero estoy molesto porque nunca se nos dijo cómo venir a Él. ¿Podría usted decirme?”

 

“¿Puede volar a Él?”, le preguntó el predicador. “No, no puedo”. “¿Puede caminar con los pies para ir a Cristo?”, insistió. “Tampoco”. El predicador entonces le dijo que debía acudir a Cristo con su mente y su corazón, no con su cuerpo. En otras palabras, tenía que CREER EN AQUEL QUE MURIÓ PARA QUE ÉL PUDIERA VIVIR. “¿En serio? ¿Así de sencillo? ¡Ahora entiendo!”, le dijo y se fue regocijándose.

 

Escucha pobre pecador,

en Cristo hay perdón.

Oh ven a Él y cree en Él,

en Él hay salvación.

 

Apreciado lector, ¿aún no ha venido a Cristo? ¡Hágalo ahora! Él no puede mentir, y ha prometido que si cree en Él, tiene vida eterna.

 

 

“No puedo comprenderlo”.

 

¿A qué se refiere? “Veo que Cristo ha llevado mi castigo, y que Dios ha quedado perfectamente satisfecho con lo que Él ha hecho, pero de una u otra manera, no puedo saber que tengo vida eterna”.

 

Su error es que se está enfocando en lo que puede comprender con su mente, en vez de enfocarse en la realidad de la salvación de Dios. Supongamos que usted ha sido condenado por algún crimen cometido, y que pudiera escoger entre una larga condena o pagar una multa elevadísima. Pero un amigo paga la suma en su totalidad, y te trae el recibo. ¿Tendría miedo, entonces, de ir a la cárcel? “No”. ¿Por qué no? ¿Acaso “comprendió” algo? “No”. Entonces, ¿por qué no tendría miedo? “Porque la multa ya fue pagada”. ¿Y se necesitaría que “comprendiera” o “se aferrara” a algo en su mente? “Claro que no”.

 

Dios nos dice en su Palabra que Cristo “se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2.6) y, en base a lo que Él ha hecho, usted puede ser salvo. No piense en lo que puede “comprender”, sino crea en la realidad de la muerte de Cristo por usted, y entonces sabrá que es salvo y que todos sus pecados han sido perdonados.

 

 

“No me siento salvo”.

 

A Martin Lutero se le preguntó si SENTÍA que sus pecados habían sido perdonados, a lo que él respondió: “No, no siento que hayan sido perdonados, pero LO SÉ porque Dios lo dice en su Palabra”.

 

Pablo no dijo: “Cree en el Señor Jesucristo, y TE SENTIRÁS salvo”. Mas bien dijo: “Cree en el Señor Jesucristo, y SERÁS salvo”. Nadie puede SENTIR que sus pecados han sido perdonados. Si le preguntáramos al hombre del ejemplo anterior, cuya multa fue pagada por su amigo, si siente que su deuda fue pagada, nos respondería: “No, no SIENTO que ha sido pagada. Sólo LO SÉ porque tengo el recibo, y ME SIENTO FELIZ porque sé que ha sido pagada”. Y así es con usted, apreciado lector. Primero tiene que creer en el amor que Dios le mostró a usted en la cruz del Calvario, y entonces se sentirá feliz porque SABE que es salvo.

 

Un cristiano solía decir: “Sentimientos, sentimientos, sentimientos… ¡No se preocupe por sus sentimientos! Yo sólo me aferro a la verdad de que Cristo murió por mí, y que Él es mi seguridad por toda la eternidad”.

 

Seguro estoy, cuán firme es

la base de mi fe.

Él dijo: “Consumado es”;

ya nada temeré.

 

 

“Dios dice que soy salvo, y tiene que ser verdad”.

 

Esas fueron las palabras dichas por un joven la noche que halló paz. Estimado lector, ¿puede usted adoptar esas mismas palabras? “¡Cuánto quisiera!” Realmente no hay nada que le impida hacerlo ahora mismo. Jesucristo ya murió en el Calvario. Él “padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos” (1 Pedro 3.18), y Dios ha declarado que todo aquel que cree en Él tiene vida eterna (Juan 5.24, 6.47). Por lo tanto, si usted cree en Él, quien ya sufrió la ira y la maldición por usted, entonces tiene la garantía de la Palabra de Dios que le asegura que es salvo.

 

“No siento que sea salvo”. Yo tampoco, pero gracias a Dios lo sé, simplemente porque Él lo dice en su Palabra, y estoy seguro de que Él siempre dice la verdad. La salvación no es por medio de los sentimientos, sino por fe en lo que Cristo hizo por nosotros. “El evangelio… es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1.16).

 

Cristo sintió el peso de los pecados suyos y míos cuando exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27.46). Y usted, mientras lee estas líneas, puede creer que Él llevó su castigo y, como aquel joven, podrá decir: “Dios dice que soy salvo, y tiene que ser verdad”.

 

 

“Todavía tengo tiempo”.

 

Antes de terminar, permítame preguntarle: ¿Es usted salvo?

 

“Tengo la intensión de ser salvo, pero no tengo prisa”. ¿En serio? Usted dice que no tiene prisa, ¡y está a un paso de la muerte! Cuando Dios le pregunte por qué despreció su perdón, y descuidó su salvación tan grande, ¿qué le responderá? Por favor, no permita que Satanás lo arrulle en una cuna de falsa seguridad. El tiempo es corto, y la eternidad está cerca.

 

¿Se atreve usted a permanecer un minuto más sin ser salvo? “Ahora” es el tiempo de Dios; “mañana” podría ser demasiado tarde. La negra nube de la ira de Dios ya está sobre usted, y si usted permanece en así, la voz del cielo resonará: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma” (Lucas 12.20).

 

No lo aplace más. No se quede con dudas en cuanto a su futuro. El que salva a los pecadores ha prometido “guardarlos”, y en el momento en que usted crea en Cristo, Él le dará el poder para vencer al mundo, a Satanás y al pecado, y le dará las fuerzas para vivir para Aquel que murió por usted.

 

 

CONCLUSIÓN

 

 

Usted necesita nacer de nuevo. “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3.7).

 

La reformación no es regeneración. Pasar la página no quitará las anteriores. Una buena conducta futura no elimina las desobediencias pasadas.

 

Dios está dispuesto a salvarlo AHORA. “He aquí ahora el tiempo aceptable” (2 Corintios 6.2). “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta” (Isaías 1.18).

 

La salvación es un regalo gratuito. Y por lo tanto no se puede ganar ni comprar con buenas obras, oraciones, o ritos religiosos. “La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús” (Romanos 6.23). “No por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2.9).

 

La justificación es sólo por fe. Esto es lo que las Escrituras enseñan claramente. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5.1). “Y si por gracia, ya no es por obras” (Romanos 11.6). “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16.31).

 

 

Tal como soy, sin más decir
que a otro yo no puedo ir,
y Tú me invitas a venir,
bendito Cristo, vengo a Ti.

 

Tal como soy, sin demorar,
del mal queriéndome librar;
me puedes sólo Tú salvar,
bendito Cristo, vengo a Ti.

 

Tal como soy, en aflicción,
expuesto a muerte, perdición,
buscando vida, paz, perdón,
bendito Cristo, vengo a Ti.

 

Tal como soy, tu grande amor
me vence, y con grato ardor
servirte quiero, mi Señor;
bendito Cristo, vengo a Ti.

 

 

 

 

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