Directamente al cielo (#9907)

9907

 

Directamente al cielo

 

Traducido del francés

 

―Es algo espantoso morir, Mamá”, dijo la joven cuyo fin se acercaba. ―Cierto, hija”, respondió la madre, ―y yo desearía morir por ti. Pero, ¿por qué has de temer? El sacerdote ya vino, y te confesaste”. ―Sí, yo confesé todo lo que pude recordar, y me dio la absolución, pero con todo y eso no me siento tranquila. De todas maneras tengo que ir al purgatorio, y tú sabes, Mamá, que eres pobre”.

La infeliz madre sintió la fuerza de estas últimas palabras, pero de inmediato respondió, ―Cierto, María, pero yo trabajaré día y noche para pagar las misas por tu alma. ¿Has de pensar que tu mamá descansaría mientras tú estés sufriendo en ese lugar?

―En estos días he estado pensando en mi prima Catalina”, respondió la joven enferma. ―Ella murió feliz, pero no se había confesado ni recibido la absolución. Ni creía en el purgatorio, sino sabía con toda seguridad que iba directamente al cielo“.

―Catalina era hereje, m‘hija. Ella se encontraba fuera de la verdadera iglesia. Es mejor ser infeliz que morir como ella, en el error”. Continuó María: ―He estado pensando mucho en las palabras que la prima repetía: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo. Tu vara y tu callado me infundirán aliento. ¿Qué quería decir ella con eso? Yo no tengo nada que me dé aliento, y nadie que me acompañe por ese valle oscuro”.

―Calla, calla, querida; tu enfermedad está debilitando tu mente. Deja todo eso en manos del señor cura. Trata de descansar, y no pensar en Catalina”.

―Trataré, Mamá, pero cuán bendito sería ir directamente al cielo“. ―Ah, eso no es para pobres pecadoras como nosotras. ¡Pero aquí viene Jaime!

Él había recibido la noticia de su hermana, y vino a despedirse de ella. La madre salió del cuatro para seguir con los quehaceres de la casa. Jaime se sentó, afligido al ver cómo su hermana se había cambiado. La conversación pronto se tornó sobre la prima, y cómo ella había fallecido recientemente. ―Oh, Jaime, ¡cuánto anhelo sentirme así! Catalina decía que ella no tenía por qué confesarse ni recibir absolución, porque …

―Porque Cristo había muerto por ella, y Él llevó los pecados de Catalina sobre Sí en la cruz”, respondió Jaime con voz firme.

―Entonces, ¿por qué temer? El hecho tan sublime que Jesús haya realizado esa obra tan grande a su favor era para la prima la prueba del amor que Él tenía para ella. Claro que podía morir en paz y gozo, porque iba a donde está Él”.

Con asombro María fijó su mirada sobre su hermano. Al rato logró preguntarle: ―Jaime, ¿acaso tú también eres hereje?‖

―Despreocúpate, María. Yo no he renunciado a la verdad, sino que me regocijo en ella. He leído la Palabra de Dios por mí mismo. Encontré expresado en la Biblia tanto amor hacia nosotros, pobres e incumplidos que somos, que para mí no hay más nada que puede compararse con ella. Allí he encontrado lo que acabo de decirte, y tengo la seguridad de que mis pecados han sido perdonados. Soy feliz”.

El hermano prosiguió: ―Voy a leerte algunos pasajes de la Biblia, María”. Sacó su Nuevo Testamento y comenzó con el conocido versículo Juan 3.16: De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.

Entonces en la primera carta a Timoteo: Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Y: Hay uno solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.

Jaime citó aquel versículo en el Antiguo Testamento, en Isaías 53: Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Y leyó en
1 Juan: La sangre de Jesucristo su Hijo –el Hijo de Dios el Padre– nos limpia de todo pecado.

―¡Qué bellas son esas palabras! ¿Pero cómo puedo saber que son para mí?‖

―¿Crees en el Señor Jesucristo, María? ¿No sientes el peso de tus pecados? Puedes entonces discernir en estas preciosas palabras la tierna voz del Salvador. Ahora Él nos dice: Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar“.

―Es palabra fiel que Cristo vino para salvar a los pecadores, y esto te incluye a ti, ¿verdad? La sangre de Jesucristo justifica a todo aquel que cree en Él. Los pecados de los creyentes están perdonados. Ellos son hechos hijos de Dios, y tienen la vida eterna”.

―Así fue con Catalina. Ella partió de este mundo para estar presente con el Señor Jesús. Mi querida hermana, mira sólo a Jesús, y comprenderás la verdad de estas palabras”.

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