Apolos (#409)

 

Apolos

 Jack Hay

 

 

Muchas veces se piensa en Apolos como el gran rival de Pablo pero fue la asamblea en Corinto que intentó promover un espíritu de competición. En realidad, Pablo enfatizó su solidaridad cuando dijo: “El que planta y el que riega son una misma cosa”, 1 Corintos 3.8. Nobles varones de Dios siempre resisten intentos a separarles el uno del otro.

La mayor parte de lo que sabemos de Apolos se recoge en Hechos 18. Tenía un abanico de características positivas.

La palabra elocuente en v. 24 señala que un comunicador de primera. Esta facilidad de hablar bien no es un sustituto por el poder espiritual, 1 Corintios 2.1 a 4, pero la habilidad de expresarse lúcidamente es necesaria en un predicador o maestro. No todo hermano es capacitado por Dios para usar su Palabra públicamente, de manera que “cualquiera puede dar ministerio” es tan antibíblico que “uno solo puede ministrar”. Una presentación embrollada puede ser evidencia de una carencia de don: “Procuró el Predicador hallara palabras agradables”, Eclesiastés 12.10.

El término elocuente figura a veces en traducción como instruido. Aquí también, los conocimientos de por sí nunca capacitan a uno para el servicio de Dios, pero tampoco lo descalifican, porque Dios toma para sí siervos de todos los antecedentes posibles. Moisés era hombre casado y Jeremías un soltero. Daniel era un príncipe y Amós un boyero. En Hechos 13.1 es probable que figuren un africano y un europeo además de hombres de la raza judía. Así, el estado civil, la posición social y la raza de uno no son consideraciones mayores en cuanto al servicio para Dios. De manera similar, los conocimientos no son ni ayuda ni estorbo. Pablo igualaba a Apolos en intelecto, habiendo sido instruido por lo menos en parte a los pies de Gamaliel, pero los sin letras y del vulgo − Pedro y Juan − eran igualmente valiosos en la obra de Dios. ¡Lo de interés primario fue que habían estado con Jesús! Decídase usted ser de máxima utilidad para Él, cualesquiera su cuociente de inteligencia o logros académicos.

Su segundo activo fue el hecho de ser “poderoso en las Escrituras”. La Palabra de Dios había saturado su corazón y mente. Esta clase de conocimiento requiere diligencia en la lectura y meditación, en el estudio y la atención. Reconocemos que en esta coyuntura su comprensión era limitada, pero no importa por cuánto tiempo y cuánto celo tiene uno para estudiar su Palabra, continuará descubriendo tesoros nuevos.

No hay un atajo a ser poderoso en las Escrituras. Prepárese para la dedicación que esto requiere. Así como los de Berea, escudriña la Escritura cada día. Como el salmista, medite en ella día y noche. Como Job, estime sus palabras más que su comida diaria. En esta materia, ¡la idea de un curso intensivo de nivelación es absurda!

 

El v. 25 llama la atención a su celo. Era “de espíritu fervoroso”, o como reza una traducción literal, hervía. No por ser un académico le faltaba entusiasmo. Su presentación de la verdad divina nunca era monótona y fría. ¡Él no daba discursos al pueblo de Dios con las manos metidas en los bolsillos, como si estuviera medio dormido!

A riesgo de ser tildado de entre-metido o fanático, ¡sea interesante! El Señor Jesús tenía un celo por la casa de Dios que le consumía. El salmista era celoso en la adoración y su corazón rebosaba palabra buena, Salmo 45.1. Juan el Bautista era celoso en testificar; era una antorcha que ardía y alumbraba, esparciendo calor y luz. Epafras era celoso en súplicas, Colosenses 4.13. Que hombres como estos nos inspiren, porque la complacencia y la inercia son influencias enfriadoras en una asamblea. El formalismo petulante, tibio, laodiceano es muy desagradable al Señor.

Ser un entusiasta no le hizo a Apolos descuidado, porque enseñaba diligentemente (“acertadamente”) lo concerniente al Señor. Ahimaz era hombre bueno y tuvo gran deseo de correr para informar a David, pero no supo decir qué había sucedido, 2 Samuel 18. Su celo excedió su conocimiento. Apolos no sacrificaba la fidelidad sobre el altar del celo, y este equilibrio es loable. El entusiasmo puede engendrar des-cuido, y la advertencia de la Escritura es: “Maldito el que hace indolentemente la obra de Jehová”, Jeremías 48.10. En las cosas del Señor, sea celoso y a la vez cauteloso; así era Apolos.

 

El v. 26 destaca dos características más. La primera es su coraje; él hablaba “con gran vehemencia”, o con denuedo. “El justo está confiado como un león”, Proverbios 28.1. Hay ocasiones cuando la presentación de la verdad divina requiere coraje. No todo auditorio es receptivo al mensaje. Al joven Jeremías se le dijo: “No temas delante de ellos”, Jeremías 1.8. En Corinto, se le mandó a Pablo: “No temas, sino habla, y no calles”. La mayoría de nosotros necesitamos ser animados de esta manera. Cuando por necesidad el ministerio es correctivo, está fuera de orden presentar la verdad de una manera chocante o sarcástica, pero por otro lado diluir o suavizar para evitar ofensa es manifestar una cobardía que no se veía en Apolos.

La segunda virtud del versículo es su espíritu de maestro. Hemos observado ya que en esta coyuntura su conocimiento era deficiente. Detectándolo, Aquila y Priscila atendieron a la necesidad discretamente. ¡No formaron un escándalo a la salida de la sinagoga! “Le tomaron aparte”. Pacien-temente, le alumbraron y él hizo bien al no protestar. ¡Él, el erudito Apolos, prestó atención a dos refugiados fabricantes de tiendas! Su humildad es hermosa.

No todo creyente es tan receptivo y dispuesto a recibir la Palabra de Dios. Pablo dijo a los tesalonicenses: “Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a éste señaladlo”, 2 Tesalonicenses 3.14. El joven rey Josías tal vez fue complaciente con las reformas que puso en marcha, pero cuando se desempolvó la Ley de Jehová, y fallas fueron sacadas a la luz, su respuesta a la Palabra fue inmediata. Su corazón era tierno, 2 Crónicas 24.37. Que usted sea caracterizado por esta disposición a ser enseñado.

 

Después del ministerio en Éfeso, Apolos se trasladó a Corinto. Viajó provisto de una carta de recomendación de Éfeso, como era la práctica en el Nuevo Testamento. En Hechos 9 Saulo llegó a Jerusalén sin una carta y esto creó una dificultad. Las circunstancias eran anormales debido al apuro con que salió de Damasco, pero el incidente sirve para demostrar los problemas que pueden presentarse. Cíñase al patrón bíblico para evitar conster-nación de parte de aquellos a quienes va a llegar.

Su estadía en Corinto resultó ser de mucha bendición para los santos. “Fue de gran provecho”. Esta ayuda fue variada. Poderosa y públi-camente, y con mensajes basados en la Biblia, él presentó el evangelio a los judíos de la ciudad. Toda predicación del evangelio debe apelar de la misma manera a las Escrituras. El Nuevo Testamento registra solamente unos pocos mensajes evangélicos, pero ellos contienen abundantes citas de la Biblia. Siga ese patrón.

Obviamente, la predicación de Apolos fue eficaz, porque Pablo le describe como un servidor por medio del cual los corintios habían creído, 1 Corintios 3.5. Con todo y ser poderoso en las Escrituras, su hambre por conocer la Biblia no impidió su carga por los perdidos. No permita usted que su afán por comprensión espiritual entumezca su sentido de responsabilidad por los perdidos que están al borde de la ruina eterna.

Su ministerio en Corinto ha debido ser refrescante para los santos, porque Pablo lo asemeja a un campo que él había sembrado. El servicio como este para el pueblo de Dios es de valor inestimable, especialmente en días de desánimo y debilidad. Filemón y Onesífero refrescaron a los santos. ¿Dónde están sus homólogos modernos? En medio de toda la enseñanza, exhortación y corrección, abra espacio para el ministerio refrescante que puede ser como el agua fría a un alma sedienta.

 

Finalmente, aunque él era afectuoso y entusiasta, receptivo y cola-borador, tenía fibra. Tenía convicción. Pablo le rogó visitar Corinto de nuevo en un tiempo de crisis, “mas de ninguna manera tuvo la voluntad de ir por ahora”, 1 Corintios 16.12. Cortésmente, decidió por su propia cuenta delante del Señor respecto a sus movimientos y ministerio. Usted nunca debe permitir que otro le persuada hacer algo contra su propia voluntad, ni forzar la barrera contra sus dudas acerca de un proyecto. Los padres de Juan el Bautista resistieron presión a llamar su hijo Zacarías. Ahab presionó fuertemente a Nabot, pero este negó negociar su heredad. Entonces, sea como Apolos, combinando una disposición afectuosa con una determinación férrea a estar en la corriente de la voluntad de Dios.

 

 

 

 

Héctor Alves

 

 

Los últimos versículos de Hechos 18 relatan un incidente hermoso. Un judío de Alejandría en Egipto, Apolos por nombre, llegó a Éfeso y se ocupó en hablar con denuedo en la sinagoga. Aquila y Priscila le oyeron y se dieron cuenta de que deberían exponerle más acertadamente el camino de Dios. Por segunda vez esta pareja digna tenía a un siervo de Dios como huésped, pero ahora no era un Pablo enseñándoles a ellos, sino uno a quien ellos podían enseñar. Apolos había llegado a buena hora, y es instructivo observar en el libro de los Hechos del Espíritu Santo la dirección suya en los movimientos de los siervos del Señor.

Observamos cinco cosas – todas positivas – en esta breve presentación de Apolos: 29

 

1 Elocuente.     Apolos era convincente en sus intervenciones, un don natural que no todos tenemos. Moisés protestó: “¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra … soy tardo en el hablar y torpe de lengua”, Éxodo 4.10, pero con todo Dios lo usó grandemente. La elocuencia es deseable, pero no es una necesidad en el servicio del Señor. Por cierto, puede ser poca provechosa aparte del número 2. que sigue. Un obrero de alto perfil se quejaba de aquellos que tienen un montón de palabras y una cucharada de sustancia en sus mensajes.

2 Poderoso en las Escrituras.      Uno no domina ampliamente la Palabra de Dios por ser elocuente, sino por la lectura asidua, oración, meditación y alimentación en ella. Tenemos aquí la base del poder y la utilidad para Dios.

3 Instruido en los caminos del Señor.       La expresión da a entender una preparación por instrucción oral. Viviendo en Alejandría, asiento del saber de la época, y obligado a asistir a la sinagoga, sin duda Apolos aprendió de los rabinos los libros de Moisés y los Profetas, y habrá conocido criterios acertados acerca del Mesías.

4 De espíritu fervoroso.                 Su espíritu estaba cautivado por lo que creía. Su elocuencia venía acompañada de calor; sus intervenciones no eran secas ni frías. Sus palabras comunicaban convicción.

5 Solamente conocía el bautismo de Juan.          Instruido solamente en la enseñanza del Bautista, él estaba restringido en el uso del Antiguo Testamento. Creemos que sí predicaba acerca del Señor Jesús, pero con un conocimiento limitado de su muerte y resurrección. La traducción correcta es la de la Versión Hispano Americano; él “enseñaba con exactitud las cosas referentes a Jesús”. No estaba instruido en toda la doctrina del evangelio de la gracia de Dios, pero lo que sabía de Cristo hacía arder su alma.

 

Llegamos ahora a una cualidad sobresaliente en este hombre. Estaba dispuesto a ser enseñado.

Por lo general los hombres de gran don no quieren oír a otros, y menos a uno que hace carpas junto con su esposa. Sin duda Aquila y Priscila lo trataron sabiamente, sin tildar a Apolos de ignorante. Él era un judío que no había circulado entre cristianos. Las Escrituras guardan silencio acerca de su conversión y bautismo; la Palabra de Dios no registra estas cosas en toda biografía.

Podemos sobrentender que Apolos era convertido y bautizado con el bautismo de Juan como creyente en el Señor Jesucristo, v. 25. Aquila y Priscila le expusieron con mayor exactitud el camino de Jesús; en otras palabras, le enseñaron la doctrina cristiana. Le dijeron lo que sabían de Cristo, el bautismo del creyente y la iglesia local.

Priscila compartió este ministerio con su esposo. Hizo bien al enseñar, tratándose del círculo familiar. Y, el alumno tuvo la gracia de recibir instrucción espiritual de un artesano y su mujer. Hoy día un Apolos puede ser elocuente, estudioso y fervoroso, pero si no conoce todo el consejo de Dios él no puede conducir al pueblo suyo a la plenitud de la doctrina apostólica. Por estar limitado en lo que sabía más allá del Antiguo Testamento y lo que decía el Bautista, y aun estando en lo cierto en lo que decía acerca de estos temas, Apolos no podía abundar sobre el sentido de Pentecostés, el derramamiento del Espíritu y la formación de la Iglesia.

Mejor orientado ahora, Apolos fue a Corinto. “Queriendo él pasar por Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen”. Es la primera mención de una carta de recomendación. Entonces, “con gran vehemencia los refutaba públicamente a los judíos”. Esto nos retrotrae al v. 24, “poderoso en las Escrituras” y dispuesto a usarlas.

Es interesante la referencia a Apolos en 1 Corintios 16.12: “Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a vosotros con los hermanos, mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tenga oportunidad”. Algunos entienden esto en el sentido que Apolos no estaba de un todo de acuerdo con Pablo, pero no es el caso. Apolos sentía tan poca envidia hacia Pablo que Pablo hacía Apolos. El gran apóstol había escrito en el 3.6 de la misma carta: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios”. 30

 

La razón porqué Apolos no quería viajar a Corinto se encuentra en el 3.4. Unos decían: “Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos”. Pablo confiaba plenamente en la integridad de su consiervo, pero es probable que este temiera que una visita a esa asamblea en ese momento fomentaría un espíritu partidista. En esto vemos el ejercicio y la humildad de este hombre bueno.

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