¿Algún beneficio? (#9926)

9926

¿Algún beneficio?

 

¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?
Marcos 8.36,37

 

Jesús había venido enseñando que Él tendría que sufrir mucho, y aun ser puesto a la muerte. Llamó a la multitud, y dijo: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Todo aquel que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa mía y del evangelio, la salvará”.

Y lanzó sus preguntas penetrantes:¾

  • ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?
  • ¿Cuánto podrá pagar el hombre por su alma?

Hay mucho involucrado en sus preguntas. Lo captamos más cuando sigue: “El que se avergonzare de mí y de mis palabras … el Hijo del Hombre se avergonzará también de él cuando venga con la gloria de su Padre y con los santos ángeles”.

Son preguntas comprensivas. Nadie puede decir que no le aplican. Jesús no está pidiendo favores, ni proponiendo negocios. Él está exigiendo que cada cual evalúe si propia situación y su propio futuro. Usted, por ejemplo: ¿ganancia o pérdida? ¿cielo o infierno? El mundo entero no lo va a ganar, ni su vida eterna la va a comprar, pero se perderá si descuida su alma en el intento.

Son preguntas instructivas. Enseñan tres verdades: que la vida suya vale más que el mundo entero; que Él sólo puede salvarla; y que la actitud que usted asume ante Él determinará su destino eterno. Unos años más tarde el apóstol Pablo iba a declarar: “No me avergüenzo del mensaje del evangelio, porque es poder de Dios para que todos los que creen alcancen la salvación”.

Son preguntas atractivas. Claro está que a uno le gustaría ser monarca de todo lo que ve. Ganar al mundo entero le ayudaría olvidarse de Dios. Pero la voz divina nos despierta: ¿De qué le sirve?

Son preguntas decisivas. Uno no puede ganar y ganar. O gana el mundo (supuestamente) y pierde su alma; o pierde lo que el mundo ofrece, y gana su vida en la estima de Dios. O paga el precio que el mundo exige, o toma su cruz para ser discípulo de Aquel que murió por usted en la cruz que el mundo le dio.

Son preguntas correctivas. “Mis pensamientos no son sus pensamientos, ni sus caminos mis caminos”, dijo Dios siglos antes. Muchos suponen que la muerte pone fin a todo, pero el Señor relató del hombre que “alzó sus ojos, estando en tormentos”. La advertencia es, “Prepárate para venir al encuentro de tu Dios”.

Son preguntas persuasivas.  No queremos perder nuestros ahorros, ni nuestra salud. Pero somos propensos a tomar livianamente el peligro real de perder la salvación que tanto necesitamos y que Dios ofrece por sencilla, sincera fe en Jesucristo como Salvador suficiente y personal.

Son preguntas conclusivas. Es esto o aquello; usted elige. Hay un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a Sí mismo en rescate por todos. Él vino para salvar a los pecadores. La mira de fe al que muerto en la cruz infalible la vida le da. Si opta en vano por el mundo, se perderá eternamente.

 

 

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