Acab (#490)

Acab

 

N R Thomson

 

 

La vida del rey Acab demuestra cómo un hombre puede dejarse llevar por la influencia de una mujer.

¡Cuán importante es el matrimonio! Dos no pueden andar juntos si no están de acuerdo. Cuando uno se casa con una mundana, entonces la justicia comúnmente cede a la injusticia. En tal caso los casados llegan al acuerdo de andar juntos en caminos malos. “Acab … hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes que él. Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal, rey de los sidonios” (1 Reyes 16:30,31) .

El hacer grandes obras en la vida no repara el pecado delante de Dios. Acab siguió el ejemplo de Salomón en hacer obras suntuosas. Hizo edificios forrados en marfil cuyos restos permanecen hasta hoy (1 Reyes 22:39). Pero su maldad permanece escrita en la Biblia hasta hoy y no se borra. En una sola ocasión leemos que Acab se humilló, cuando oyó el mensaje del profeta de Dios, pero su humillación fue pasajera (1 Reyes 21:29). “A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba” (1 Reyes 21:25).

 

Quién fue aquella mujer? El nombre Jezabel significa “sin cohabitación” (o sea, siempre virgen). Pero tal nombre fue un disfraz, porque leemos de “las fornicaciones de Jezabel y sus muchas hechicerías” (2 Reyes 9:22). Ella servía al dios falso Baal: destruía a los profetas de Dios y sostenía a los falsos profetas. Acab fue convencido de que Baal no tenía poder y que Jehová era Dios. Elías le había informado que la sequía por tres años y medio vendría por su oración a Jehová. Después sobre el Monte Carmelo, Elías había demostrado el poder de Dios, quien contestó con fuego del cielo, y luego con lluvia por medio de su oración. Pero Jezabel no permitió que Acab fuera influenciado para bien. Ella amenazó de muerte a Elías tanto que él tuvo que huir (1 Reyes 19:2).

Sin embargo, en medio de tanta maldad en el reino, Abdías, mayordomo de la casa de Acab, demostró un carácter fuerte, y no se dejó llevar por Jezabel. Él escondió a cien de los profetas de Dios en una cueva, y dijo a Elías: “Tu siervo teme a Jehová desde su juventud” (1 Reyes 18:12). ¡Qué el Señor levante otros jóvenes fieles como Abdías que perseveren en posiciones de responsabilidad!

Otro hombre también resistió la maldad de Acab, pero sufrió a manos de Jezabel. Nabot sabía que la palabra de Dios no permitía la venta de la heredad (Levítico 25:23). Acab la codició para comprarla, pero Nabot prefirió obedecer a Dios antes que al rey. Jezabel no se dio por vencida. Ella mató a Nabot e incitó a su marido a tomar posesión de la hacienda de aquél (1 Reyes capítulo 21).

Al ejercer dominio sobre Acab, Jezabel dejó ejemplo que otras han seguido hasta hoy. En la iglesia de Tiatira había una como Jezabel. “Tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación” (Apocalipsis 2:20). Las falsas profecías de ella nos hacen pensar en 1 Reyes capítulo 22, cuando los falsos profetas aconsejaron a Acab y a Josafat.

Los misterios de la influencia del espíritu de mentira en los profetas demuestran que Dios no guarda en los caminos de la verdad a aquel que le desobedece, sino que permite su engaño. Como dice Pedro, “Hu o también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán encubiertamente herejías destructoras” (2 Pedro 2:1). “El Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores” (1 Timoteo 4:1) Si en Tiatira había tales influencias diabólicas, como en los días Acab, ¡cuánto más en estos postreros días!

 

Se habla de la fornicación que incitó Jezabel. Fue en sentido figurado como habla Santiago: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que amistad del mundo es enemistad contra Dios?” (Santiago 4:4). Cuando Acab y Josafat contrajeron parentesco, fue esto el resultado de la fiesta que Acab preparó para Josafat y su familia. Sin duda Jezabel ejerció influencia en casar a la hija Atalías con el joven Joram, hijo de Josafat. En Tiatira también había esta influencia de destruir la separación entre santos y mundanos.

Tal mundanalidad se ve entre las iglesias cuando las hermanas siguen el ejemplo de Jezabel. Ella “pintó los ojos con antimonio y atavió su cabeza “. (2 Reyes 9:3) Al contrario, “vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentos de adornos de oro o de vestid lujosos, sino el interno”. (1 Pedro 3:3). El ejemplo de mujeres con cabello teñido, cara o uñas pintadas, y con adornos mundanos, produce hijas más mundanas. Ellas, como Jezabel, buscan ejercer dominio sobre el hombre. Como ella seducía a “comer cosas sacrificadas a los ídolos”, éstas buscan su alimento espiritual con los idólatras, adorando las estrellas del cine y de televisión, y participan con los mundanos en sus juegos. Jezabel llevaba el nombre de “siempre virgen”, y las Jezabel modernas dicen que siempre son puras aun­que no mantienen la separación del mundo.

 

Una última referencia a Acab habla del “cordel de Samaria y la plomada de la casa de Acab” (2 Reyes 21:13). Esto indica que la medida de la paciencia de Dios para con Samaria era larga, pero llegó a su fin. Asimismo sería con Jerusalén y después con Tiatira. “Le he dado tiempo para que se arrepienta” (Apocalipsis 2:21). La plomada puesta a la casa de Acab demostró que Acab no era recto, sino que siempre se inclinaba hacia el mal, ejerciendo Jezabel la malvada influencia. Aquello nos alerta para tener andado con los pequeños desvíos de la rectitud, y con las influencias que nos hacen inclinar hacia la desobediencia.

 

 

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