Abisai (#469)

Abisai

 

Héctor Alves

 

Abisai, sobrino de David, era hermano de Joab y Asael. Joab era general del ejército y Asael “fue de los treinta”. Estos tres hermanos se dedicaron a la causa de David y se caracterizaban por gran celo en su lealtad a él.

Gracias a un acto de valor, Joab ascendió a la posición que tenía, pero es evidente que Abisai era más dedicado a David que lo era Joab. Él compartió el destierro con David, cosa que Joab no hizo, y estaba siempre cerca de él en momentos críticos. Sus hazañas incluyeron acompañar a David solo de noche en el campamento de Saúl, 1 Samuel 25.5 al 9; la matanza de trescientos filisteos; el rescate de David del gigante Isbi-benod, 21.16,17; y la derrota de los edomitas, 1 Crónicas 18.12.

Si bien Abisai no tenía la relevancia que disfrutaba su hermano, se ve que era el más honorable de los dos. Con todo y ser general, el nombre de Joab no está incluido en las listas de los notables, mientras que Abisai está entre los primeros.

Sus manos no estaban manchadas de la sangre de gente inocente, pero las de Joab más de una vez. No lo encontramos promocionándose a sí mismo. Su nombre, encontrado veinticuatro veces en los Libros de Samuel y Crónicas, quiere decir “padre de dones”, “bondadoso”, o también “fuente de riqueza”. Él cumplió con estos apelativos.

 

La primera mención de Abisai es una clave al resto de su vida. “Dijo David … ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo”, 1 Samuel 26.6. David estaba siendo cazado como una perdiz por los montes, y Saúl estaba dormido en su campamento. Acercándose al rey rendido en sueño, Abisai dijo, “Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano”, pero David respondió, “No lo mates”.

Ameritan atención las palabras de cada cual. ¿Quién irá? Yo. Abisai era valiente y devoto; su bienestar personal no entró en consideración. David hablaba de descender, no de ascender, y Abisai lo sabía, pero su descenso resultaría en su ascenso.

Ahora 2 Samuel 23.18: “Este alzó lanza contra trescientos [filisteos], a quienes mató … Era el más renombrado de los treinta …” No tuvo que tramar mal contra otros, al estilo de Joab, para ser reconocido; Dios le promovió.

 

Una vez terminada la enemistad generalizada contra David y coronado él rey sobre todo Israel, Abisai gozó de prestigio en el reino. Nos hace recordar que “si sufrimos, también reinaremos con él”, 2 Timoteo 2.12. Abisai había sufrido con David. Nunca pidió ascenso y más adelante estaba dispuesto a ocupar un lugar secundario cuando su hermano era el general. En el 10.9 leemos de una guerra contra los sirios y los amonitas. Al ver que tenía el enemigo delante y atrás, Joab desplegó los escogidos del ejército bajo su propio mando y entregó el resto en manos de Abisai. Este aceptó aquello sin quejarse, y Dios lo honró; los amonitas huyeron delante de él y se refugiaron en la ciudad.

 

Abisai estaba dedicado a David en su rechazamiento y siguió fiel a él cuando llegó a ser rey. Luego surgió la rebelión de Absalón, cuando de nuevo Abisai se identificó con David. Un hombre llamado Simei se presentó repen-tinamente cuando David huía de Jerusalén y llovió maldiciones sobre él. Abisai estaba junto al rey, y esto fue más de lo que podía tolerar. “¿Por qué maldice este perro muerto a mi Señor?” protestó Abisai. “Le quitaré la cabeza”. ¡Pero  David no lo quería! Abisai quiso hacer lo que creía procedente, pero fue demasiado impulsivo. Los hombres buenos no siempre son hombres sabios.

Se sometió a la voluntad del rey pero no estuvo de acuerdo. Tenía este abuso en su mente aun cuando David volvió en paz. “¿No ha de morir por esto Simei, que maldijo al ungido de Jehová?”

Este buen hombre desapareció poco después. Nada sabemos de su fin, pero podemos estar seguros de que no fue innoble, como lo fue el de su hermano Joab, quien fue muerto junto al altar.

 

En nuestros tiempos hay aquellos que  servirían con gusto si se les diera el primer lugar, pero no hay tantos que trabajan de muy buena gana cuando tienen una asignación secundaria. En la asamblea debe ser asunto de comunión, sirviendo juntos con Dios sin codiciar el liderazgo. El amo en Marcos 13.34 dio a cada uno su obra, y los soldados de Gedeón en Jueces 7 “estuvieron firmes cada uno en su puesto”.

 

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