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937. La nave Ocean Ranger

#937

 

el 14 de febrero de 1982
¡Una fecha negra en la historia de Terranova!

 

Aquella noche una tempestad del Atlántico del Norte desató su furia contra el taladro petrolero más grande del mundo. Poco antes de las 8:00 una gigantesca ola de veinte metros cayó sobre la Ocean Ranger. La tripulación de 84 hombres se había acostumbrado a tempestades en alta mar, pero esta vez estaban intranquilos ante una sacudida tan violenta. Efectivamente, toneladas de agua habían deshecho una portilla en la sala de control del lastre, inundando los tableros, dando lugar a cortocircuitos y activando alarmas por dondequiera.

Los investigadores sugieren ahora que la nave ha podido resistir aquello si los operadores tan sólo hubieran cortado la corriente eléctrica. ¡Su única salvación estaba en no hacer nada! Más bien, por cinco horas intentaron un sinfín de medidas para remediar la situación. Pero en vano; la Ocean Ranger se hundía. Dos horas después de la orden de abandonarla, el drama terminó con la pérdida de 84 vidas humanas.

 

Información falsa

Dieciséis meses más tarde una comisión oficial emitió su informe. Dos conclusiones clave fueron que la tripulación no estaba debidamente instruida en cómo atender a la emergencia, y la nave no contaba con un instructivo claro por escrito para orientarles. Las medidas tomadas aquella noche se basaron en las ideas de uno y otro abordo y sirvieron para sellar la suerte de todos. Trágicamente, el taladro fue al fondo del mar porque sus oficiales se guiaron por información falsa, sin un manual que ha podido decirles qué hacer. Uno tiene que pensar que, en cierta medida, habían sido traicionados. Para ellos, fue demasiado tarde cuando se formularon recomendaciones claras para asegurar que aquello no volviera a suceder.

Y, este mundo también es una nave que se hunde. Nadie puede frenar lo que está sucediendo. Pero, a Dios gracias, ¡no estamos sin un instructivo enteramente adecuado! Es cierto que por todos lados abunda información falsa, pero el lector cuidadoso descubre que la Biblia revela claramente el plan de salvación que Dios ha trazado. Nos asegura en Hechos 4.12: “Este Jesús … en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Jesucristo es quien puede salvarnos de la condenación eterna.

 

Esfuerzos inútiles

No son para olvidarse los momentos finales de aquella tragedia. Llegó una nave que suministraba el taladro, con su bote salvavidas tripulado por casi treinta que se afanaron  para rescatar a sus compañeros. Pero aquella embarcación dio una vuelta de campaña. Un oficial abordo logró tocar el chaleco de uno de sus tripulantes en el agua, pero una ola reclamó su presa. Treinta muertos más, no obstante todas las cuerdas de salvamento que se echaron. ¡Nadie tenía fuerza suficiente como para rescatar a esos pobres hombres que estaban intentando salvar a otros!

 

Uno poderoso

¡Son igualmente inútiles los intentos del hombre a salvarse espiri-tualmente! La religión, reforma y educación son algunas de las medidas que se ofrecen como su esperanza, pero a la postre ellas fracasan. La Biblia es tajante: “No por obras, para que nadie se gloríe”, Efesios 2.9. Es sólo cuando dejamos de confiar en nuestro pecaminoso yo impotente que la salvación puede ser una realidad. Dios nos dice en Romanos 5.6: “Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”.

Aunque todos están perdidos en pecado y están lejos de Dios, hay uno poderoso para salvar a todo aquel que acuda a Él por fe. Escuche las palabras de Jesús: “El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar a lo que se había perdido”, Lucas 19.10. Y: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, Mateo 11.28.

Exclamó el apóstol Pablo que éste era “el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”, Gálatas 2.20. Y usted también: ¿por qué no le recibe de una vez como su Salvador?