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919. Dónde hallar la paz

#919

Un intrépido viajero que cruzó el océano Atlántico hace algunos siglos (Se atribuye esto al varón de Humboldt), anotó así su impresión del primer temblor que sintiera en su vida:

«Nubes de polvo llenaban el aire; las montañas lanzaban guijarros al abismo; las aves volaban y chillaban desesperadas y enfatizaban la sensación de miedo y temor. Los animales salvajes huían de sus guaridas y la misma tierra, que se sentía tan firme, se movía como un mar embravecido bajo mis pies. Alzando mis ojos al cenit, vi lo único que permanecía en calma: el cielo no estaba perturbado por las convulsiones del planeta”.

¡Siempre habrá una mirada que nos dará una visión de tranquilidad! Hay un fundamento y un trono que permanecen estables y que son inmutables.

Si para usted el mundo está en convulsión por poderes naturales, por situaciones políticas y económicas o por depravación, pobreza e ignorancia, le invitamos a mirar hacia Dios, quien tiene para usted un mensaje de paz para quitar su zozobra.

Ciertamente a este mundo pertenecen los cardos y las espinas; es en nuestro mundo donde veremos hambre, enfermedad y muerte; es en nuestro entorno donde percibiremos envidias, intrigas y perfidia, pero lo admirable es que a este mundo vino el Hijo de Dios, Jesucristo, con el propósito de abrir un camino hacia Dios.

El mundo le contestó con injurias y desprecios; sus sienes fueron coronadas con espinas; su espalda, desgarrada con púas, y sus manos y pies horadados con clavos. Él conoció las tormentas más crueles que el hombre puede sentir: sus criaturas le injuriaron, su pueblo lo despreció, sus discípulos lo dejaron solo; uno de ellos le negó y otro lo vendió por el precio de un esclavo. Además, por tres largas horas, el cielo se oscureció, y aquella visión de lo tranquilo, lo sereno y lo estable, fue arrebatada de sus ojos. Más tarde, la oscuridad fue rasgada por el clamor: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Mateo 27:46.

Y todo esto, ¿por qué?

Para darnos una experiencia de paz, pues leemos: “Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”. A esto se añade: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”, Romanos 4:23, 5:1.

Amigo, ¿busca paz en este mundo en convulsión? Sólo la puede encontrar poniendo su mirada “en Jesús, el autor y consumador de la fe”, Hebreos 12:2, “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia”, 1 Pedro 2:24.

La promesa no es cambiar el mundo que ha sido contaminado por la mala administración del hombre, ni cambiar las condiciones que han convertido páramos en desiertos. La promesa no es cambiar los corazones de los hombres y quitarles sus intenciones malas y perversas. La promesa es cambiarlo a usted, y; al cambiarlo, poner su vida sobrela Rocaque es Cristo.

¿Está usted dispuesto?