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698. Correspondencia única

#698

El viejo carguero Bidwell quedó varado, oxidándose, por quince años pero por fin fue remolcado a un “cementerio” de barcos. Los “picadores” comenzaron a deshacerlo, ¡y descubrieron que en una bodega sellada había 522 sacos de correspondencia!

Aquellas cartas habían llegado a Nueva York de muchas partes del mundo para ser transportadas a Santiago de Chile, pero se quedaron olvidadas, sin duda para la frustración de muchos chilenos que esperaban noticias o remesas de sus familiares.

Con una demora de quince años, la correspondencia les llegó, pero quién sabe cuántos de los destinatarios ya habían pasado a la eternidad. Fue consecuencia de un gran descuido, una falta de interés de alguien en la línea naviera.

¿Y usted se ha dado cuenta de que usted también tiene una gran remesa de correo valioso que a lo mejor está sin abrirse? Trae noticias de suma importancia, inclusive buenas nuevas, y está dirigido a usted personalmente.

Ha podido ser suyo quince o más años atrás. Ojalá que no sea necesario algún evento tan severo que la llegada de herreros con sopletes y seguetas para que descubra que Dios quiere comunicarse con usted.

¿Pero cuántos años tiene su ejemplar de la Santa Biblia en una bodega sellada? Tal vez su “bodega” sea una caja para libros y revistas viejos ¾ o, peor, una mente cerrada a todo mensaje acerca del pecado, la eternidad, la salvación del alma y la dicha de conocer personalmente a Jesucristo como Salvador y Señor.

Aquella Biblia vale mucho más que 522 sacos de correspondencia. Consta de sesenta y seis “libros” escritos a lo largo de quince siglos. Contiene preceptos, historia, poesía, e ilustraciones que revelan (y pueden consolar) el corazón suyo y el mío como ninguna otra fuente podrá.

El apóstol Pedro dice que su mensaje nunca fue traído por voluntad humana, sino que “santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. Dice también que los más antiguos de ellos “diligentemente indagaron acerca de esta salvación” queriendo saber “qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos”.

Sin tener claridad de la materia, ¡aquellos profetas del Antiguo Testamento anunciaban de antemano los sufrimientos de Cristo y las glorias que vendrán tras ellos!

Pero el Nuevo Testamento nos habla con mediana claridad acerca de aquella salvación. Dice que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día. Dice que no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

En fin, “en estos postreros días [Dios] nos ha hablado por el Hijo”. Y un párrafo en aquella gran carta enviada desde el cielo hace saber que “el que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.

Lea antes de llegar al cementerio. Solamente las Sagradas Escrituras le pueden hacer sabio para la salvación que es en Cristo Jesús, y en ningún otro.