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695. ¿Cuál gran C?

#695

Si en la mente suya la gran C es cáncer, la letra le va a infundir temor. No hace mucho que esa terrible enfermedad quitó la vida de mi nieta. Mi mamá y ocho de mis hermanos murieron de cáncer. Soy uno de los cuatro en la familia que quedamos, y me han quitado la vejiga, un riñón y la mitad de un pulmón.

Quienes hemos vivido una racha de cáncer llevamos por dentro esa pregunta perenne: ¿Volverá? Hasta ahora, uno no se cura. Somos meramente sobrevivientes.

Aun cuando sé qué es someterme a una cirugía mayor, he podido enfrentarla sin espanto porque conozco otras palabras C que infunden confianza y paz.

Hace más de cincuenta años, me vi culpable de pecado y me di cuenta de que, ante el ojo de Dios, yo estaba condenado ya, al decir de Juan 3.18. Cuando confesé que era pecador, recibí la curación de mi pecado; fui convertido y recibí al Consolador quien es el Espíritu Santo que el Señor prometió en Juan 14.16. Soy auténtico cristiano, y por mi nuevo nacimiento puedo poner mi confianza en la Palabra de Dios. Desde una perspectiva espiritual, no soy meramente un sobreviviente sino una nueva creación, porque si alguno está en Cristo, nueva criatura es, 2 Corintios 5.17. Ahora espero su regreso cuando Él cambiará mi cuerpo mortal en uno de inmortalidad.

No tuve que costear ninguno de esos procedimientos médicos; el sistema canadiense de salud lo hizo. Cuando el Señor Jesús fue crucificado en el Calvario, Él consumó la obra de mi redención y pagó el costo de mi salvación. Él fue sepultado, pero su cuerpo no vio corrupción por cuanto fue resucitado el tercer día y llevado al cielo, Hechos 1.9.

No sé cuánto tiempo voy a estar aquí, pero tengo la certeza de que estaré ausente del cuerpo y presente al Señor, 2 Corintios 5.8. Pero tengo también la bendita esperanza de que posiblemente nunca voy a experimentar la muerte física, porque al marcharse el Señor Jesús prometió volver. Aquellos que le han recibido como su Salvador serán arrebatados … para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor, 1 Tesalonicenses 4.17.

Si la C del cáncer entra en la vida suya, ¿tendría el consuelo de contar con un hogar eterno que le espera en el cielo?