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682. ¡Verdades asombrosas!

#682

El adagio dice que “una mentira dará la vuelta al globo antes de que la verdad llegue a la puerta al lado”. Y es cierto.

A veces los detectives se fijan en el rostro de uno a ver si hay indicios de que miente. Se afirma que el área de la memoria en nuestro cerebro está al lado izquierdo, y que si queremos responder a una pregunta según recordamos los hechos, inconscientemente levantamos los ojos hacia el izquierdo. Pero la parte creativa del cerebro está al lado derecho, y si queremos inventar una respuesta falsa, los ojos giran al lado derecho. En otras palabras, estamos diciendo una mentira.

Parece que mentir es innato en el ser humano. El salmista exclamó, “Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentiras”, Salmo 58.3. El rey David confesó, “Dije en mi apresuramiento, ‘Todo hombre es mentiroso’“, Salmo 116.11.

Es sobremanera solemne reconocer que Dios odia la mentira tanto que nos dice, “Todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”, Apocalipsis 21.8. El rasgo innato de la mentira se debe a nuestra caída a través del pecado de Adán. Por esto todos nacimos pecadores y todos necesitamos un Salvador.

¡Un verdadero peligro hoy en día!

También hay algo siniestro en nuestra sociedad que debemos reconocer, y es decir una mentira con la Santa Biblia en la mano. La Biblia advierte que quienes hacen esto se exponen a sí mismos; habla de “la hipocresía de mentirosos … teniendo cauterizada la conciencia”, 1 Timoteo 4.2. Pedro advirtió a los cristianos de su época: “Habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras”, 2 Pedro 2.1. En otras palabras, si uno confía su alma a ellos, será condenado eternamente.

Aun cuando la situación es seria, hay un remedio sencillo. Hay algo puro y santo en el cual usted puede confiar su alma por la eternidad, y es algo que nunca le defraudará. Es algo se llama ¡la Verdad!

Pilato le preguntó a Jesús, “¿Qué es la verdad?” Juan 18.38. Jesús dice acerca del Padre, “Tu palabra es verdad”, Juan 17.17. De manera que si tengo algo de sentido común voy a recurrir solamente a la palabra de Dios, la Santa Biblia, para instrucción directamente de Dios en cuanto a cómo ser perdonado de todos mis pecados y tener asegurado un bendito hogar en el cielo.

¿Ha oído alguna vez la mentira de que un Dios amante nunca condenaría a una persona a la perdición? Bien, ¿y qué dice la verdad? ¡Ojo! “Los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios”, Salmo 9.17. No hace falta un título universitario para entender aquellas palabras, ¿verdad?

La mayoría exclama, “Si hago lo mejor que puedo, llegaré al cielo”. ¿Y dónde habrán recogido aquella mentira? ¡En la Biblia no está! Al contrario, la Santa Biblia establece claramente, “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no por obras, para que nadie se gloríe”, Efesios 2.8.9. Es la fe en Cristo, confiando en Él que murió en la cruz, que me salva del infierno. ¡No es por lo que uno haga; es un regalo!

Un regalo es algo que es dado libremente a una persona a expensas del dador. Dios nos ofrece la salvación como un regalo, una dádiva. “La paga del pecado es la muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, Romanos 6.23.

Los ojos vendados

Alguna gente sincera oye de sus guías espirituales que ellos no deberían interpretar la Biblia por sí mismos. Es comprensible. Aquellos religiosos saben que si sus feligreses leen la Biblia por su cuenta y piden a Dios mostrarles la pura, sencilla verdad, ellos van a descubrir que sus guías son mentirosos.

Mi buen amigo, un lector de escasa preparación no tendría dificultad en entender lo que he venido diciendo en este folleto. Sea honesto y reflexione. ¿Estas verdades están contradiciendo lo que usted ha pensado? Si es así, es hora de simplemente creer a Dios, ¿cierto?

Otra mentira que se oye a menudo es que todos vamos al cielo. ¿Es así la cosa? A ver qué dice la verdad, escuchando las palabras solemnes del Señor en Mateo 7.13,14: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. ¡Asombroso de veras!

Permítame desenmascarar una mentira más. “No importa lo que uno cree, con tal que sea sincero”. ¡Compare esto con la verdad! Jesús afirma: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mí”, Juan 14.6. Y Hechos 4.12: “No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Ninguna iglesia, ningún sacerdote, ningún profeta, ningún predicador puede salvarle a usted. ¡Sólo Cristo salva! Él murió por nuestros pecados. Él resucitó de entre los muertos. Él vive ahora en el cielo. Confíe en Él para su salvación, ¡esto sí es la verdad!