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663. ¿Lo entiendes?

#663

No pierdas tiempo intentándolo. Es imposible. Si quieres frustrar a tus amigos, diles que expliquen el diagrama, pero tampoco podrán.

Es una ilusión. Hay tres tubos y tres extremos, todos redondos, como deben ser. Pero resulta que no es así. Más bien, allí abajo dos tubos son cuadrados, ¡y el otro no existe! En el medio, algo pasa para despistarnos.

También es así en uno de los problemas más importantes en cuestiones religiosas, y quizás por esto la gente no quiere enfrentarse con lo principal de su vida. Hay dos extremos que a muchos parecen no unirse bien.

Hay el amor de Dios. Todo el mundo ha oído de esto. “Dios es amor”, dice la Biblia. Por esto se dice que todo se resolverá bien, aunque puede haber lágrimas por ahora.

En el otro extremo está la justicia de Dios, y su disgusto del pecado. De nuevo la Biblia es tajante: “La paga del pecado es muerte”, y nadie que haya pecado puede esperar entrar en el cielo. Parece que estamos eliminados, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

Así, ¿cómo se unen estos dos extremos: el amor de Dios para con nosotros y su absoluta intolerancia del pecado en nosotros? No es asunto de líneas mal trazadas, como en el diagrama. El problema es mucho mayor, y el costo de resolverlo fue infinito. El amor de Dios y la justicia de Dios se enfrentaron en el cuerpo del Salvador sobre la cruz del Calvario.

El Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, nos amó tanto como para tomar sobre sí nuestros pecados. El Justo se dio por los injustos, para llevarnos a Dios. También escribió el apóstol Pedro: “Llevó El mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. O sea: “Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.

¿Lo tomarás como tu Mediador —tu Salvador— y dirás con el apóstol Pablo: “Me amó y se entregó a sí mismo por mí”?

 

Las citas bíblicas son de Romanos 6.23, 3.23, 5.8; 1 Juan 4.16; Apocalipsis 21.27; 1 Pedro 2.24, 3.18; Gálatas 2.20.