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647. La obra maestra de da Vinci

#647

Aun cuando Leonardo da Vinci pintó también La Gioconda, generalmente se considera que su obra maestra fue el cuadro de La Ultima Cena. Él tardó seis años en hacerlo.

da Vinci (1452-1518) necesitaba y buscaba a uno que le sirviera de modelo para dibujar a Cristo. “Debo encontrar un hombre joven de vida pura”, dijo, “antes de reparar en la cara que necesito”. Alguien le habló de un joven corista de una de las iglesias de Roma, que era sano en su vida y bello de rostro. Cuando el artista lo vio, exclamó maravillado y gozoso: “¡Hasta que al fin encontré la cara que necesitaba!” Y así Pietro Bandinelli posó como modelo para pintar al Señor Jesús.

Pasaron años y el cuadro de La Ultima Cena aún no había sido terminado. Todos los discípulos habían sido dibujados excepto uno, Judas. Había tratado da Vinci de imaginarse la cara del traidor y grabarla en el lienzo, pero esto no le satisfacía. “Debo encontrar un hombre”, dijo, “cuyo rostro haya sido endurecido y desfigurado por su misma degeneración; uno en cuyas facciones se muestren los estragos de un mal vivir y de un corazón impío”.

Al fin un día en una de las calles de Roma encontró un infeliz mendigo, sucio, andrajoso y mal oliente; lo llevó a su estudio y le sirvió de modelo para pintar el rostro de Judas. Una vez terminado el trabajo, el artista le preguntó: “¿Cómo se llama usted?”

“Pietro Bandinelli”, respondió, “yo también le serví de modelo para dibujar a Cristo”.

¡He aquí la obra del pecado! El pecado arruina y afea a la persona. Pero aunque no todos hayamos alcanzado ese grado triste de degeneración como Pietro Bandinelli, el hecho es que el pecado ha separado a la humanidad de Dios, y la ha hundido en un abismo de ruina y muerte espiritual.

“El pecado entró en el mundo por un hombre”, dice Dios, “y por el pecado la muerte; así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron”. Y “por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios”, Romanos 5:12; 3:23.

Pero la obra de Cristo es restaurar al pecador; para eso vino del cielo, murió en la cruz y obró la redención para “deshacer las obras del diablo, y salvar lo que se había perdido”. Cristo no sólo salva al hombre (y a la mujer) de las consecuencias del pecado, o sea el infierno y la condenación, sino también lo libra del poder del mismo pecado y del dominio de las pasiones; lo imparte su misma vida, lo restaura a la comunión con Dios, y con su gracia lo capacita para vivir una vida digna, santa y feliz en este mundo.

Pues “si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, 2 Corintios 5:17.

Amigo lector, Cristo puede y quiere restaurarte a ti también, aun cuando seas una persona sana y digna moralmente; por medio del Espíritu Santo quiere regenerar tu corazón. El Señor quiere salvar tu alma, con su sangre borrar tus pecados, hacerte andar en “novedad de vida”, y concederte la gracia de vivir para Él, dando testimonio de su amor y de su poder. Recíbelo pues, en tu corazón como tu único y personal Salvador.