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638. Promete y cumple

#638

 

José Tomás Boves era bestialmente cruel. Le agradaba ver a otros agonizar y por esto mandaba a quitar la piel de los pies de soldados republicanos que caían en las feroces luchas que a la postre librarían a las colonias venezolanas del dominio extranjero. Luego les hacía pisar vidrio roto.

Cierto llanero y su hijo fueron tomados presos en uno de los efímeros triunfos sobre las tropas de Bolívar en el Apure. El joven sabía que Boves y Morales tenían por costumbre matar a muchos de sus cautivos, pero no a todos. Se atrevió a pedir que todo y cualquier castigo cayera sobre él, y que su papá fuese libertado.

Boves lo miró sin pronunciar palabra, pero ordenó a sus secuaces, al oído del joven, que fuese llevado a la plaza del pueblo. “Quítenle las orejas y la nariz. Si no grita, si no llora, tanto él como el viejo pueden marcharse libres”.

Cuánta habrá sido la gratitud y admiración del padre cuando cayó la lanza y con ella una oreja de su noble hijo. Luego la otra. La sangre salió en chorros cuando le quitaron la punta de la nariz. El joven no abrió la boca y las exigencias de Boves quedaron enteramente satisfechas.

Pero todo fue en vano. “¿Qué importa? Acaben con los dos”, fue la orden.

¿Y ahora tú vas a poner a un lado este folleto, antes de que hablemos de Uno que sí cumple su promesa? Dios dio a su Hijo en rescate por nosotros. Jesús herido fue por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él. Cuando aún éramos débiles, Cristo a su tiempo murió por los impíos.

“Este ningún mal hizo”, fue la observación acertada del asustado centurión romano que supervisó aquella injusticia en el Calvario, por mucho la mayor que ha habido o habrá. Es que el Justo estaba muriendo por los injustos, para llevarnos a Dios.

Actuó de buena fe aquel joven de las guerras para nuestra independencia, pero su verdugo no. En cambio: “El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo. El que no cree, a Dios le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida. El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida”.

La seguridad que el Salvador te ofrece es: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”.

No eres ningún desafortunado llanero en la plaza ante las espadas de Boves, expuesto a traición. Eres, como era yo, un necesitado pecador ante el Santo Dios que ofrece y cumple. Ofrece la salvación y recibe con inexplicable amor a quien la acepta. Promete el juicio eterno a quien rechaza su oferta. El que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre Él.

En aquella plaza llanera, la razón estaba con un sincero y bondadoso muchacho, y la falta estaba con el mentiroso y cruel Boves. Hoy día la razón está con un bondadoso Padre que busca la reconciliación de sus errantes hijos, y la falta está con quienes no se interesan por lo que Él ha hecho y está diciendo.

Las principales citas bíblicas en este escrito se han tomado dela Primera Epístolade Juan y del Evangelio según Juan.