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616. La Y en el camino

#616

Cuando iba [Jesús] acercándose a Jerusalén, despacha dos de sus discípulos, y les dijo: «Id a ese lugar que tenéis enfrente, y luego, al entrar en ella, hallaréis atado un pollino, en el cual nadie ha montado hasta ahora. Desatadalo y traedlo. Y si alguien os dijere: ¿Qué hacéis?, responded que el Señor lo ha menester. Y al instante os le dejará traer acá».

Luego que fueron, hallaron el pollino atado afuera, delante de una puerta, a la entrada de dos caminos. Y le desataron.

Y trajeron el pollino a Jesús. Y habiéndole aparejado con los vestidos de ellos, montó Jesús en él.

[ Traducción de la Sagrada Biblia por Félix Torres Amat;
un extracto del capítulo 11 del Evangelio según Marcos ]

Ciertamente no es la costumbre del que escribe este folleto, la de citar la Biblia de una traducción al castellano tan antigua como la de esta edición sancionada por la así llamada Compañía de Jesús, o sea, los jesuitas.

Pero el caso es que es una de aquellas traducciones de la Biblia que capta el sentido preciso al decirnos que el pollino estaba «a la entrada de dos caminos».

Hemos podido usar otra, una que la gente erróneamente llama una Biblia protestante, donde los traductores expresan que estaba «entre dos caminos».

Y mi mensaje es, con todo respeto, que ese pollino es una figura de usted mismo. El punto sobresaliente que deseo recordarle es que usted está a la entrada de dos caminos. El uno conduce al cielo; el otro, al infierno.

«Entrad por la puerta estrecha» —Jesús habla— «porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella».

«Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan». Mateo 7.13,14.

Usted está: • atado • en la mente de Jesucristo • afuera • delante de una puerta • entre dos caminos.

Usted es objeto del vivo interés de Jesús mismo. No le extrañe que yo diga que el Espíritu Santo de Dios quiere escribir en la biografía suya: • «Trajeron el pollino a Jesús. • Montó Jesús en él».

De que «el Señor lo ha menester», usted puede estar absolutamente seguro. El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar al que se había perdido; Lucas 19.10.

El participó de la naturaleza nuestra, «para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre». Hebreos 2.14,15.

«Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres», es su gloriosa promesa en Juan 8.36. A cierta gente que había recibido a Cristo por fe para ser su Salvador, el apóstol Pablo escribió (Romanos 6.22): «Ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna».

Pero el pollino no sólo estaba atado. Estaba afuera; y delante de una puerta. La figura para nosotros es de una necesidad y una oportunidad, pero con un problema que sólo Jesucristo podía resolver. ¿Qué valía la puerta, si el pobre animal no podía entrar?

Lector: ¿Qué es el impedimento suyo? «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos,» proclamó el solo Salvador en Juan 10.9. «Os he puesto delante la vida y la muerte… Escoge, pues, la vida».