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610. ¿Dónde está el Cordero?

#610

 

Jesús es el Cordero cuya sangre salva

Escrito en Kérela, India

Alzó Abraham los ojos y vio el lugar de lejos. Tomó la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Y los dos iban juntos, como se narra en Génesis capítulo 22 de la Santa Biblia.

Habló Isaac a Abraham, y le dijo: “Padre mío”. Respondió el padre: “Heme aquí, hijo mío”. Y dijo Isaac: “Aquí están el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?”

Isaac había visto a su padre ofrecer muchos sacrificios, porque en aquel tiempo el sacerdocio era función del padre de familia.

Pero había algo nuevo y extraño en este viaje. Tres días antes ellos se habían marchado del hogar, acompañados de dos jóvenes que ahora fueron mandados a quedarse al píe del Monte Moriah en espera del regreso del patriarca y su hijo.

Contaban con sólo la leña, el fuego en un cántaro y el cuchillo. Y subieron la cuesta.

El pueblo pagano sacrificaba seres humanos; ¿será que Abraham tiene en mente hacer lo mismo? Sin un cordero, ellos no contaban con víctima, e Isaac parecía ser la única alternativa. Por esto él preguntó: “¿Dónde está el cordero para el holocausto?”

Isaac iba a aprender aquel día el sentido de la respuesta que recibió: “Dios proveerá para sí cordero, hijo mío”. Iban a encontrar un cordero trabado por los cuernos en un matorral, y sería ofrecido sobre el altar que construyeron, pero no antes de ser el hijo atado allí.

De veras, Dios se proveyó del cordero que satisfizo su demanda, justificó al patriarca y salvó a su hijo. Y en esto encontramos una ilustración clara y elocuente de Aquel que iba a padecer en el Calvario en lugar del pecador.

La angustiada pregunta, “¿Dónde está el cordero?” ha resonado en el corazón de multitudes. El mensaje de vida y esperanza ha sido la proclama de Juan el Bautista al ver acercarse a Jesús: “He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Es en Él que las palabras de Génesis 22 encuentran su cumplimiento. En los Evangelios Él es presentado al estilo de lo que Isaías escribió siglos después de Isaac, pero siglos antes del Bautista: “Como cordero es llevado al matadero y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda”.

Por esto, el apóstol Pedro explica que la salvación que Dios le ofrece a usted hoy es “con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo”.

Pero el libro del Apocalipsis, al final de la Biblia, presenta a este mismo como el Cordero coronado de gloria y honra, sentado sobre su trono celestial, objeto de la adoración de huestes salvadas y juez de los incrédulos que están eternamente perdidos.

La pregunta clave en este momento es si usted figura entre aquellos que, consecuencia de la decisión de recibirle como su Sustituto aquí y ahora, puede entonar, al son de la hueste celestial: “El Cordero que fue inmolado es digno de recibir la gloria y la alabanza”.

El cordero para Isaac fue puesto sobre un altar de piedra. El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo fue levantado sobre la cruz del Calvario. El mismo Cordero está sentado sobre un trono celestial.

Para usted, ¿dónde está el Cordero?