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604. ¿Dónde pasarás la eternidad?

#604

Adaptado por Carlos Tomás Knott

Sabemos que la vida es corta. Dios dice: «No sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece» (Santiago 4:14). La muerte es «una sola vez», no hay reencarnación, y el juicio que viene después de la muerte es seguro y severo. La Palabra de Dios dice que «está establecido para los hombres que mueran una sola vez y después de esto el juicio» (Hebreos 9:27). Amigo, la muerte se acerca. ¿Dónde pasarás la eternidad? ¿Dónde estarás?

Muchos dicen que no creen en nada después de la muerte, pero es un hablar, y no es cierto, porque a estos mismos la muerte les da miedo, y tratan de evitarla. Otros dicen que creen en el cielo y en el infierno, pero desafortunadamente no se preocupan mucho por cuál de los dos sitios será el suyo. Se desvelan más por los setenta años o más de esta vida, aunque saben que por larga que sea esta pequeña vida, es sólo un momento de la eternidad. ¿Y dónde estarás tú?

Amigo, detente a pensar con cordura lo que significa una eternidad de alegría perfecta. «Bueno», dices, «yo creo en Dios. No hago mal a nadie y vivo lo mejor que puedo, más o menos. ¿Qué más puedo hacer?» Dios tiene una respuesta.

Está bien creer en Dios, no hacerle mal a nadie y hacer las cosas lo mejor que se pueda, si uno verdaderamente vive así. Sin embargo, según la Palabra de Dios, eso no puede llevarte al cielo. Aun los demonios creen en Dios (Santiago 2:19). Así que no le haces a Dios ningún favor creyendo que Él existe, porque es verdad, lo creas o no. Dios no estableció «buenas obras» como el camino al cielo. Efesios 2:8,9 y Tito 3:5 lo ponen clarísimo. Ni la Iglesia, ni el bautismo, ni la confesión, ni la primera comunión, ni la confirmación, ni el sacerdote, ni ningún sacramento, ni tus buenas obras pueden ayudarte a merecer la vida eterna. Si en algo de eso has puesto tu confianza, no estás preparado para la eternidad.

Dios te explica en su Palabra cómo prepararte para la eternidad. Nicodemo, un hombre importante entre los judíos, fue una noche a hablar con Jesús, quien le dijo: «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» (San Juan 3:3). Y aquél le preguntó a Jesús: «¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?» (San Juan 3:4). La respuesta de Jesús fue: «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo» (San Juan 3:6,7).

¿Has nacido de nuevo? No es una ceremonia de la Iglesia. Es una conversión, de una vez para siempre, y a la vez es un renacimiento espiritual que decidirá tu destino eterno. Sin esto, no estás preparado, y la eternidad viene, se acerca a ti a la velocidad de 60 minutos cada hora y 60 segundos cada minuto. No te sobra tiempo. Esta puede ser tu última oportunidad. Si mueres después de leer este escrito, amigo, ¿dónde pasarás la eternidad?

Reconoce tus pecados

Y en cuanto a eso de no hacer mal a nadie, bueno, sé un poco más honesto. No eres perfecto, ni mucho menos. Lee en el Evangelio de San Marcos 7:20 a 23 y observa lo que Dios ve en tu corazón: «… las avaricias, las maldades, el engaño …». ¡Venga, hazlo! Toma la Biblia, busca y lee Romanos 1:22 a 32, y verás cómo Dios describe no sólo el corazón, sino los hechos «… contiendas, soberbios, desobedientes …». ¿Insistes en que no has hecho mal a nadie después de leer esto? Entonces, has hecho el mal de llamarle a Dios mentiroso, así que no te vale más este dicho.

Yo sé que esto es incómodo, pero es necesario que sepas la verdad. ¿Para qué te voy a mentir y engañar como tantos ya han hecho, diciéndote que eres bueno y que no hay nada que temer? Si les crees, es porque quieres creerlo, porque es engaño. Y tus consejeros y tus propias opiniones y filosofías todas te abandonarán en los portales de la muerte, cuando pases a la eternidad. ¿Y dónde pasarás la eternidad?

Porque sé la respuesta, sigo exhortándote como amigo que busca tu bien. Debes reconocer que lo que Dios dice en su Palabra es verdad. Él dice que eres pecador perdido, seas incrédulo, agnóstico, ateo o aun muy religioso católico practicante. La religión falsa también es un pecado, ¿sabes? ¿Reconoces que has quebrantado las leyes divinas? «No hay justo, ni aun uno … por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:10, 23); «Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque» (Eclesiastés 7:20).

Arrepiéntete

Así que, si vas a prepararte para la eternidad, que está ahora todavía más cerca, debes arrepentirte de tus pecados. La Biblia dice que: «Dios … ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan» (Hechos 17:30). Jesucristo dijo: «Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente» (San Lucas 13:3). Él no decía lo que muchos dicen hoy, que Dios tendrá misericordia de todos. ¡No creas esas mentiras!

Piensa por un momento lo que tus pecados le han costado a Dios. Fue por nuestros pecados, los tuyos y los míos, que Dios, el Creador y Rey del universo, dejó su trono en los cielos. Por medio del milagro de la encarnación el Altísimo bajó a la tierra en la persona del Señor Jesús para sufrir, derramar su sangre y morir en la cruz del Gólgota, para tomar en su seno el juicio divino contra nuestros pecados, abriendo así el camino para libramos de la esclavitud del pecado y de la muerte y llevamos con Él a su gloria eterna: «En esto hemos conocido el amor (de Dios), en que Él puso su vida por nosotros» (1 Juan 3:16).

Ríndete al Señor Jesucristo

Entonces, debes creer con todo tu ser — intelecto, emociones y voluntad — ­confiar personalmente en este Señor Jesucristo que murió por tus pecados y resucitó para tu justifi­cación. Confía total y únicamente en Él, no en iglesias, santos, credos y sacramentos. Esto es más que creer intelectualmente que un dato histórico es verdad; es recibir al Señor Jesucristo en tu corazón y vida para que Él reine en ti como Señor y Salvador. El Apóstol Juan dice así del Señor Jesús: «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le reci­bieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (San Juan 1:11 12).

Así que, cuando le abres tu corazón al Señor Jesús y te entregas confiada y solamente a Él como tu Señor y Salvador personal, Dios promete perdonarte los pecados y salvarte, dándote vida eterna a partir de este momento, con la esperanza segura de estar en el cielo con Jesucristo inmediatamente des­pués de esta vida. El Apóstol Pablo dice: «ausentes del cuerpo, presentes con el Señor». ¡Dios te ofrece una eternidad feliz consigo, sin purgatorios, sin misas para los muertos, sin yacer inconscientemente en tinieblas, sin reencarnación para tratar de hacerlo mejor en otra vida!

Por la autoridad de la Palabra de Dios, puedes saber dónde pasarás la eternidad. El Apóstol Juan, inspirado por Dios, dice: «Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna» (1 Juan 5:13). Y Jesucristo pro­mete: «De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a conde­nación, mas ha pasado de muerte a vida» (San Juan 5:24). Considera otra vez cómo Dios te ofrece esta promesa. No dice «tal vez» ni «si sigues haciendo bien, un día podrías pasar de muerte a vida», ni «nadie sabe», ni nada de eso. La Palabra de Dios dice que el que cree, que es confiar en Jesucristo, «ha pasado de muerte a vida». ¡Ya! ¡Esta es la persona que está preparada para la eternidad! ¿Quieres ser tan feliz y estar tan seguro? Ahora mismo puedes, si quieres.